Crítica: La juguetería mágica

Título: La juguetería mágica

Autor: Angela Carter

Editorial: Sextopiso

Este fue uno de esos libros que compré porque me enamoré del título y de la portada. Algo arriesgado a lo que no puedo resistirme casi nunca, pero, por suerte, donde casi nunca me equivoco.

No conocía a la autora, pero que fuera británica fue de mucha ayuda. No sé qué tengo con las escritoras British. Me encanta cómo escribenAngela Carter ha sido todo un descubrimiento. Una autora con una forma de escribir tan bonita que, seguro, volveré a leerla. He de decir, no obstante, que es un libro que recomendaré o no según el tipo de lector. No sé si habéis leído a autoras como Virginia Woolf o a Sylvia Plath, pero, salvando las distancias, me ha ocurrido algo como con sus libros. Son libros en los que, si buscas una historia que te atrape y te haga seguir leyendo para saber qué va a ocurrir, si esperas esa intriga que te impide dejar la lectura, no son para ti. Tampoco te lo recomendaré si te aburres con largos pensamientos o descripciones larguísimas, porque este libro está plagado. A mí me encanta leer una página y media donde se describe el aspecto físico de un personaje nuevo o de un lugar, pero entiendo que haya gente a la que le desespere.

Como no quiero desvelaros más, voy directo a mis puntos fuertes y débiles.

Puntos fuertes:

El lenguaje: el vocabulario, las metáforas, las comparaciones y, por encima de todo, las descripciones son espectaculares. Qué forma tan bonita de escribir, qué descripciones tan cuidadas, tan detalladas (y, sí, tan largas).

“XXXX tuvo una premonición mientras XXXX estaba a su lado con esa chaqueta inmunda entre las sábanas limpias y bostezaba hasta que se le veían la arqueada catedral roja de la boca y los dientes amarillentos como un coro de niños descoloridos. Supo que un día se casarían y vivirían juntos toda la vida y que siempre, siempre, eternamente, habría sordidez y desorden y suciedad. Y bebés que lloraban y ropas para lavar y tostadas que se quemaban”.

Los personajes: niños huérfanos que van a vivir a casa de unos familiares desconocidos que, además, viven en una juguetería. Personajes con perfiles muy marcados que se relacionan generando lazos únicos. Además, el malo no es un malo arquetípico. Es un ser corriente y mundano, una persona que refleja su maldad en lo cotidiano, en lo familiar.

El título: con el título me ha ocurrido algo un poco extraño. Antes de leer el libro, como os he dicho antes, me enamoró. No me negaréis que es un título precioso, sobre todo para quienes adoramos la fantasía. Ahí llega la controversia. Por muy mágica que se presente la juguetería, no hay magia por ningún sitio. Ni una poca. Pensé que sería una historia con magia, con juguetes encantados, con fantasía… y nada de nada.

Lo que más me ha gustado: sin lugar a dudas, esas descripciones larguísimas llenas de comparaciones y metáforas. Por poneros un ejemplo de una más breve, leed esta maravillosa descripción: “El rosado pliegue femenino sonreía a lo largo entre sus muslos de satén”. ¿Hay una forma más bonita de describir esa parte del cuerpo de la mujer?

Lo que menos me ha gustado: además de ese “chasco” con el título (que me ha importado menos porque el libro me ha encantado), hay algunos otros aspectos que tampoco me han gustado demasiado. Uno ha sido que los capítulos son bastante largos, lo que me ha supuesto una lectura algo más pesada.

Mi sensación final es el resumen de todo esto que os he contado. A mí el libro me ha encantado porque me encanta esta forma de escribir que, aunque no ocurran cosas que te dejen con la boca abierta, te abre el corazón y lo hace sonreír con un lenguaje tan preciosamente utilizado. Sin embargo, sé que estos libros pueden hacerse un poco bola(a mí me ha ocurrido en algunos momentos). Si dudáis en leerlo, tendréis que valorar si queréis prescindir de una historia llena de sobresaltos y descubrir una magia que (quizás en eso cobra significado el título) aparece en lo cotidiano, en el día a día de sus personajes. Mi opinión es que es un muy buen libro de una muy buena autora, pero sed conscientes de que no es un libro para todos y, sobre todo, que no es un libro de fantasía.

“La vida era una calma hechizada”.

La juguetería mágica

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Reflexión sobre la publicación de reseñas

Hola a todxs. Llevo días rumiando si publicar o no una entrada sobre esto de escribir reseñas. Llevo ya varios años haciéndolo, intercalándolas con otro tipo de entradas sobre la literatura, la educación y lo poquito sobre lo que creo puedo hablar con algo de conocimiento.

Cuando pensé si hacerlo o no, tuve mis dudas. Por una parte, me apetecía dar mi opinión sobre los libros que leía. Me considero buen lector y creí que, quizá, posibles lectores encontraran en mis reseñas algo de información acerca de sus futuras lecturas. Por otra parte, sabía que ese mundillo tenía sus complicaciones.

Ya he hablado alguna vez de la endogamia, de los compadreos, del “pelotismo” a editoriales y/ o autores para recibir libros gratis… etc., etc., etc.; y, según voy avanzando (llevo ya más de veinte reseñas publicadas), me doy cuenta de que, en gran parte, tenía razón.

Al decidir hacerlo, tuve claro que no quería entrar en eso que critico. No haría reseñas llenas de pétalos y mariposas, no buscaría alagar a autores, editoriales ni otros perfiles solo por quedar bien o conseguir nada. Supe que iba a dar mi opinión, fuera buena, regular o mala, pues entendí que eso es lo que se debe hacer cuando se da una opinión. Siempre con humildad, siempre con respeto, siempre buscando la objetividad máxima (aunque, está claro, en las opiniones hay subjetividad), siempre intentando ser fiel a la sensaciones que me deja la lectura cuando la termino.

He hecho reseñas muy positivas y  sin ningún pero. He hecho otras muy positivas con algunos aspectos que no me han gustado. He hecho algunas más neutras en las que digo lo que me ha gustado y lo que no. He hecho unas pocas negativas en las que ni el libro ni el autor o autora ni las razones por las que un libro o un autor o autora están ahí me han gustado en absoluto.

Antes de escribir la conclusión de esta entrada, quiero recalcar que yo también soy escritor. Tengo tres libros y un trocito de otro publicados. He subido algún texto a las redes sociales. Soy consciente de que ni mis libros ni mis textos van a gustar a todo el mundo (¿algún autor o autora lo piensa?); igual que sé que, en caso de que le guste a alguien, es muy probable que haya algunos aspectos que no le terminen de convencer. Quede por delante que jamás pondré en duda la opinión de nadie sobre su opinión sobre cualquier texto que escriba. Nunca le diré a nadie que su opinión sobre cualquiera de mis historias es errónea, siempre y cuando no vea con claridad que la opinión sea malintencionada. Entiendo que un libro es como un hijo y que, lo que se dice sobre ellos, puede doler, pero hay que ser humildes y razonables si lo que se dice lleva parte de razón (¿no es así como se avanza?). No es que hayan escrito muchas reseñas sobre mis libros (es lo que tiene estar empezando en esto de publicar), pero sí he podido leer en las que se han hecho algunos comentarios sobre aspectos mejorables o no he recibido la máxima puntuación posible en caso de que quien escribe la reseña puntúe. A todos esos comentarios, a todas esas estrellas que no he llegado a alcanzar, a todos esos apuntes sobre qué podría mejorar les debo crecer como escritor. De nada me serviría que alguien que opina sobre un libro mío solo me dijera que todo es maravilloso, perfecto, que no cambiaría ni una coma, que todo lo que plasmo en el papel parece obra de un dios. Primero, porque es imposible. Segundo, porque me estarían mintiendo. Tercero, porque nada de eso me ayudaría a mejorar en mi escritura.

Dicho esto, quiero terminar diciendo que seguiré reseñando los libros que lea apuntando qué me ha gustado y qué no. ¿Os imagináis que solo reseñáramos los libros diciendo que todos son obras maestras, sin errores, sin nada que nos haya gustado un poco menos, plagados de aciertos y sin ningún error? Ningún libro es perfecto. Ningún autor es perfecto. Y, como ninguna opinión es perfecta, hay miles de blogs, canales y perfiles en redes sociales que vuelcan las suyas sobre lo que leen. Yo, simplemente, doy la mía. Puedo estar tranquilo al saber que no he opinado nada que no quisiera opinar, que he sido fiel a mi yo lector y crítico, fiel a mí mismo.

Solo espero que, si algún día me veis recriminándole a alguien una valoración negativa (siempre que haya respeto, insisto) sobre alguno de mis libros, me bajéis de las nubes y me devolváis a lo terrenal, porque se me habrá subido un poquito a la cabeza (espero que eso no ocurra nunca).

¿Qué pensáis al respecto? ¿Qué tipo de reseñas os gusta encontrar cuando buscáis la opinión sobre un libro?

Un abrazo para todos y todas 😉

“Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”.

Seneca

Crítica: Los trescientos escalones

Título: Los trescientos escalones

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Bartleby Editores

Hablar de Francisca (Paca) Aguirre es hablar de poesía. Poesía de esa que siempre reivindico, poesía pura, desgarradora, más aún en este maravilloso poemario en el que Paca se reconcilia con la muerte (asesinato, a garrote de vil) de su padre. No voy a contaros por aquí la vida de esta recién fallecida poeta, Premio Nacional de las Letras en 2018, pero sí os recomiendo que indaguéis en su historia, merece la pena.

Sabéis que leo mucha poesía y, como no soy experto, busco el consejo de quienes sí lo son. A muchos de los mejores poetas los he leído gracias a la recomendación de mi poeta preferido: Manuel Francisco Reina, amigo, además, de Paca y su marido, el también poeta Félix Grande. De pocas personas me fío más que de Manuel en lo literario. De momento, no se ha equivocado nunca al recomendarme a un poeta. Con Paca, el descubrimiento ha sido brutal.

Este libro me ha sacudido hasta los cimientos, me ha hecho suspirar al terminar algunos poemas, cerrar el libro y los ojos para saborear cada verso, agarrar un post-it y colocarlo en determinadas páginas para poder volver a releer esos poemas que más me han gustado.

Es duro decir que se ha disfrutado algo que nace de un dolor tan palpable, pero la poesía, para mí, es eso: estrujar el corazón, hacerlo sangrar un poco, llegar a lo más primitivo de las emociones. Este poemario, sin duda, lo ha conseguido.

Puntos fuertes:

El estilo: la poesía de Paca es sencilla, con toda la grandeza que esa palabra significa en la poesía. No recurre a grandilocuencias ni a un lenguaje impostado. No lo necesita.

Conocer la historia de la autora: en tiempos en los que lo rancia de épocas que parecían superadas vuelve a emerger, es importante conocer las barbaridades que se hicieron en nombre de no sé sabe muy bien quién. Buscad y leed la biografía de Paca, también os removerá por dentro.

Lo que más me ha gustado: el poema “El último mohicano”, del que os dejo el inicio:

“No tuve nada y, sin embargo, de algún modo,

Comprendo que lo tuve todo.

No teníamos nada, nada

salvo el miedo, el dolor,

el estupor que produce la muerte.

Cuando mataron a mi padre

nos quedamos en esa zona de vacío

que va de la vida a la muerte,

dentro de esa burbuja última que lanzan los ahogados,

como si todo el aire del mundo se hubiese agotado de pronto.

Ahí nos quedamos,

como peces en una pecera sin agua,

como los atónitos visitantes de un planeta vacío”.

Lo que menos me ha gustado: sin duda, la sensación final que se queda al volver a estudiar esas atrocidades de un pasado no tan lejano, donde los que eran “españoles de bien”, esos que reclaman ahora poder, nos dejaron sin algunos de los mejores genios por pensar, ser o amar diferente.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Desdichados,

poca ganancia es la vuestra

si nunca habéis perdido nada”.

Paca Aguirre en “Los trescientos escalones”.

Feria del Libro de Madrid 2019

Feliz. Es la primera palabra, la primera sensación que se me viene a la mente si pienso en el día de ayer. Mi primera Feria del Libro de Madrid. Fui en calidad de invitado por Carmen Guaita (voy a decir que, también, en gran parte por Manuel Francisco Reina, que luego se me enfada), y junto a Marta Marbán de Frutos (amiga e ilustradora de todos mis libros hasta ahora, incluido este), Verónica Marcos, Irene Pomar y Pastora Vega (autoras, también, de un cuento para “Dame tiempo”). Una caseta llena de gente por dentro… y por fuera. Los que estuvisteis allí (nunca me cansaré de daros las gracias) visteis la cantidad de gente que había. ¡Tuvieron que pedir una valla! ¡Una valla en la Feria del Libro de Madrid es como atrapar la snitch dorada en un partido de quidditch! Una pasada que nunca me había imaginado y que nos hizo a todos estar muy contentos… y no parar de firmar libros. Desde las 18.30 hasta las 20.15 no paramos de firmar. Casi dos horas firmando y gente que venía y venía a por nuestro libro. No sé el número exacto de ejemplares que firmamos, pero sí sé que fueron muchos, muchísimos.

He de reconocer que saber que iba a firmar en la Feria del Libro de Madrid, aunque me suponía una alegría inmensa, sí me daba un poco de miedo. Miedo por estar allí y que no fuera nadie. Miedo a hacer el ridículo, a llevarme una experiencia desagradable de algo que, como os dije, siempre ha sido un sueño. Pero el miedo se me fue en cuanto llegué a la altura de la caseta y vi a todos los que estaban esperando a que llegara. Familias de los dos colegios en los que he trabajado en Madrid. Amigos. Compañeros. Familia. Y gente, que atraída por el tumulto, se acercaba a mirar o a comprar el libro. Una maravilla, no puedo describirlo más que con palabras gigantescas, porque fue algo muy grande.

Ayer me costó dormir, pero, sí, estoy feliz. He cumplido un sueño y lo he hecho de una forma que jamás había imaginado. Rodeado de personas con talento, de gente a la que siempre he querido, de lectores, en definitiva, que seguís creyendo en mí y apoyándome siempre que lo necesito.

Gracias por tanto. Gracias por darme un recuerdo al que agarrarme siempre que las fuerzas flaqueen. Gracias, gracias y mil gracias. Gracias por hacerme feliz.

“Cuando lo que eres es lo que quieres ser. Eso es felicidad”.

Malcolm Forbes

Mi primera Feria del Libro

Si ayer tuve la oportunidad de estar como autor en un evento literario, hoy he tenido el inmenso placer de participar en mi primera Feria del Libro.

Gracias a Pilar Núñez, amiga y escritora, me invitaron a firmar en la Feria del Libro de Galapagar, un municipio del norte de Madrid que, por lo que he podido ver, cuida mucho la cultura y los libros. Me encanta ver que las ferias literarias no se producen solo en las grandes capitales y que, cada vez más, hay otros lugares que se suman a celebrarlas. Solo así los autores podemos conocer a nuevos lectores, ofrecer nuestra presencia y nuestras dedicatorias, contactar con el público y estar en ese, nuestro elemento, rodeados de libros y quienes los leen.

En un día triste por el cuarto aniversario de la muerte de mi madre, estoy muy agradecido a los organizadores por sacarme una sonrisa y aportarme un trocito de felicidad al que abrazarme. Lo malo es que ya me ha entrado el gusanillo de estar en ferias y las voy a necesitar de vez en cuando… 😉

En la foto, como siempre, con mi otra mitad. Firmando con Marta Marbán de Frutos, maravillosa como ilustradora y como amiga.

Un abrazo a todxs, ¡a seguir sumando!

Ayaxia Book Fest 2019

¡Holaaaa!

Acabo de volver a casa después de pasar el día en el Ayaxia Book Fest de Madrid y creo que es importante escribir una entrada para hablar de ello.

Lo primero que he de decir es que he ido con una sinusitis de caballo que me ha impedido estar al cien por cien. Menos mal que mi querida Marta ha venido a echarme una mano con la presentación.

Sabéis lo que nos cuesta a los autores de editoriales pequeñas, autopublicados o, simplemente, menos conocidos llegar al público, promocionarnos… En definitiva, darnos a conocer. Gracias a iniciativas como esta, es más fácil que las redes de contactos fluyan, que podamos descubrir a otros autores y nuevos lectores. Es cierto que he visto que estaba un poco más centrado en la literatura romántica, pero ha sido un gustazo poder pasar un ratito rodeado de libros, ilustraciones y otros muchos objetos literarios.

Poco a poco, libro a libro, evento a evento, lector a lector… voy creciendo, y es muy gratificante ver cómo todo el esfuerzo puesto en seguir logrando este sueño se va viendo recompensado.

Una vez más, gracias a todos los que lo vais haciendo posible.

Cumpliendo un sueño

Desde que era bien pequeño, al ir a un lugar determinado en una fecha determinada, era muy, muy feliz. Lo recuerdo con una inmensa alegría, seguro de que estar allí era para mí como un oasis para alguien perdido en un desierto o como una isla desierta para un náufrago. Era así, estoy convencido, porque estaba en mi medio. Ese era mi sitio. Quizá no ese en concreto, pero sí, algo así era mi sitio. De pequeño jamás tuve la certeza de que, algún día, podría acabar allí, pero no como visitante, sino como parte de todo aquello. Ni siquiera ahora, camino de los treinta y cuatro años y con la certeza de que va a ocurrir, no termino de creérmelo. Lo pienso desde que ayer supe que iba a ocurrir y me da miedo abrir del todo los ojos, por si despierto. Porque, sí, es uno de mis sueños más potentes, desde esos días en que iba allí y veía todo tan inmenso. Es un sueño que estoy a punto de cumplir. No me enrollo más (espero aceptéis las pinceladas literarias). Ese lugar del que hablo es la Feria del Libro de Madrid. El domingo 16 de junio estaré allí. Firmando un nuevo libro que está a punto de llegarme y del que os hablaré en cuanto lo tenga. Apuntaos la fecha y la hora, porque, ya que voy a cumplir este sueño, quiero hacerlo a lo grande, a lo enorme, y me encantaría que todos estuvierais allí.

Domingo 16 de junio a las 18.30 en la Caseta 289, junto a Carmen Guaita y a Marta Marbán de Frutos.

Creo que podéis haceros una idea de lo feliz que me hace poder daros esta noticia y, también, sabréis que esa felicidad se multiplicará cada vez que firme un libro para vosotrxs.

Gracias a los que estás siempre, a los que siempre estuvisteis, y gracias a los que estaréis.

“Al principio, los sueños parecen imposibles; luego, improbables; y, eventualmente, inevitables”.

Christopher Reeve