Crítica: Una nueva temporada en el infierno

Título: Una nueva temporada en el infierno (poemas inéditos)

Autor: Rafael Alberti

Edición: Manuel Francisco Reina

Editorial: Ediciones del Genal

Colección: Libros sobre ruedas

Acercarse a Rafael Alberti es acercarse a la POESÍA, así, con mayúsculas, a uno de los poetas más grandes que nuestro país ha dado, a un maestro de maestros, a un señor con todas las letras, a una figura imprescindible en las letras hispanas (y no solo en las letras), a una leyenda de la literatura nacional.

Si hay que nombras, por poner un número, a tres poetas españoles imprescindibles, Alberti es, sin duda, uno de esos tres nombres que hay que citar sí o sí.

Siendo conscientes de todo eso, encontrarnos, en pleno 2022, con poemas inéditos del poeta gaditano es, además de una noticia maravillosa, un regalo para todos los que amamos la poesía.

Que lo haga, además, en una colección que hace tanto bien a la cultura como esta de los “Libros sobre ruedas” (además de en el diario ABC), tan bien dirigida por su creador, Manuel Francisco Reina, y con unas palabras previas de alguien como él, con tanto conocimiento sobre la obra y la figura de Alberti (a quien tuvo de maestro), suma. Porque la cultura suma. El conocimiento suma. La poesía suma.

Y qué poemas. Qué intensidad. Qué dureza. Qué (hay que decirlo) temblor.

Porque la poesía sirve, a veces, para poner a cada cual en su sitio. Y entorno a la figura de Alberti se han dicho tantas tonterías y se han volcado tantas mentiras desde su propia familia (aquí queda muy bien explicado y documentado el nefasto papel de su hija Aitana, que es todo menos hija y a quien el mismo poeta, su propio padre, se ve obligado a apartar de su vida) y desde quienes se creyeron familia y solo quisieron (como de tantos otros poetas) aprovecharse, que es necesario poner ciertos puntos sobre ciertas íes. Porque lo peor que puede hacerse ante la generosidad es aprovecharse de ella en el peor sentido posible. Y porque algunas personas, con nombres, apellidos y cargos públicos nunca supieron estar a la altura de aquellos a quienes quisieron considerar sus maestros cuando lo único que hicieron fue chuparles la sangre en vida y tratar de seguir haciéndolo en muerte. Es algo que a mí me repugna. Y, por eso, agradezco muchísimo que se empiecen a contar ciertas verdades incómodas para esas personas, per necesarias para hacer justicia, poética y de la que ajusticia con toda su fuerza.

Por poneros un solo ejemplo de estos inéditos y desgarradores poemas, solo dejaré un verso, dedicado a su hija Aitana (fijaos en la dureza):

“Yo voy a destruirte. Tu imagen será menos

que el polvo derribado de una estatua de aire.

Serás en el recuerdo menos de lo que eras

en el túnel materno, antes de haber nacido”.

Poesía, amigos y amigas. Poesía y verdad. Poesía y justicia. Poesía y temblor. Y, por supuesto, poesía y Alberti. ¿Qué más se puede pedir?

Lo que más me ha gustado: TODO, así, sin más.

Lo que menos me ha gustado: que siga habiendo sanguijuelas aprovechándose de la poesía y de los poetas para seguir trepando.

¡Un abrazo!

“Su fragancia infinita envenena mis noches,

su futuro es el rayo fatal que me aniquila”.

Rafael Alberti

Crítica: Un hilo me liga a vos

Título: Un hilo me liga a vos. Mitos y poemas.

Autor: Beatriz Giménez de Ory

Ilustradora: Paloma Corral

Editorial: SM

Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2021

Qué libro más, más, más, más, más bonito…

Y qué feliz, feliz, feliz, feliz, feliz me hace que se premie, ni más ni menos que con el Premio Nacional, un libro así, que lo merece al 100% y que es una preciosidad de libro de una de las autoras más importantes que tenemos en nuestro panorama cercano.

Una de mis asignaturas pendientes (eternamente pendientes) es leer mucha más mitología, empezando por la clásica, y este libro es un acercamiento maravilloso a esos mitos y a esa cultura y, además, hilado con poesía.

Pocos libros se me ocurren más apropiados para que lean los niños y niñas y se sumerjan, quizá por primera vez, en el mundo clásico y, por supuesto, en la poesía.

Una rareza de libro, al fin y al cabo, tal y como están las cosas, pero un aciertazo editorial y un trabajo brillante de Beatriz Giménez de Ory, necesario en los tiempos que corren. Que los más pequeños y las más pequeñas aprendan, a través de la literatura, en la tradición, en nuestras raíces. Maravilla, de verdad. Maravilla.

Apolo y Eros. Orfeo y Eurídice. Ariadna y Teseo. Atenea y Aracne. Ícaro. Sísifo. Pandora. Polifemo y Odiseo. Penélope. Argos… Sonetos. Ovillejos. Nanas. Coplas…

Y todo con una delicadeza, con una maestría, con un cariño hacia la palabra, hacia la enseñanza (no podemos olvidar que Beatriz es profesora), hacia la búsqueda más allá de lo inmediato, de lo líquido, de lo banal. 

Un gusto, como digo, saber que tenemos escritores y escritoras tan cerca y con tanta calidad. Qué orgullo.

Lo que más me ha gustado: aprender más sobre esa asignatura pendiente, hacerlo con el añadido de la poesía. Y, sí, también haber podido conocer a Beatriz y comprobar que, sí, también es una persona genial.

Lo que menos me ha gustado: que este libro tendría que estar en todas partes, en todos los colegios, en todas las bibliotecas, en, si me apuráis, todas las casas, pero tengo la sensación de que interesan más otras cosas… Tendremos que esperar y ver lo lejos que llega.

¿Conocíais este libro? ¿Os pica la curiosidad para leerlo?

Gracias y un abrazo para todos.

“Los hilos a menudo son tan leves

que viajan por el aire inadvertidos”.

Este hilo, Beatriz Giménez de Ory

Crítica: Los despertares

Título: Los despertares

Autor: Marina Casado

Editorial: Ediciones de la Torre

El destino ha querido que este, el primer poemario publicado por Marina Casado, me haya llegado después de haber leído otros tres (solo me queda leer “Mi nombre de agua”) y su novela juvenil. Spoiler: me lo he bebido.

Tanto hablando con ella (qué suerte ser amigo de una poeta a la que admiro tantísimo) como en el prólogo que introduce esta segunda edición (a cargo de la autora) como, también, en la dedicatoria que me escribió en el libro, Marina afirma sentir cierto “recelo” por este libro, por estos primeros poemas suyo publicados, justificándose (como si lo necesitara) en que era muy joven, muy inexperta y muy ilusa. ¿Mi opinión? Marina, siéntete muy orgullosa de que este fuera tu primer poemario publicado, porque es una maravilla.

Porque puede pecar de inocente, sí. Quizá beba demasiado del simbolismo (¿es esto un error? No lo creo). Puede contener algunas rimas que hoy no incluiría. Pero lo esencial es que es un librazo, que demuestra un conocimiento y unas habilidades poéticas a la altura de muy pocos, qué decir si hablamos de los primeros poemarios, casi siempre algo “alocados”.

Ya lo deja claro, además de en su poesía, cuando cita a poetas de la talla de AlbertiCernudaAlejandra Pizarnik o Dámaso Alonso, sin descuidar la maestría en la obra de Lewis Carroll, de la que hace gala en la última parte, donde Alicia es (si no me equivoco) un alter ego de Marina que reniega de sí misma, que se evita, que se esconde, que desaparece… para, finalmente, reafirmarse, hacer fuerte su voz, volverse una titánide.

Marina sabe (mucho) de poesía, y es algo que se ve ya en este primer poemario. Nos lleva de viaje por las distintas emociones; los meses más otoñales, con sus tonos dorados y tristes; por otros colores más azules y verdes cuando habla de la felicidad. Nos acerca a La Bella Durmiente y a Alicia, desde una perspectiva nueva, tridimensional, actual y fresca, con evocaciones al rock (ahí están las citas de Jim Morrison y su aparición como protagonista de algunos poemas), a la cultura pop, a las drogas, al absurdo típico de Carroll, pero con la brillantez de una de las mejores poetas en lengua española que tenemos. Una apuesta arriesgada, sí, pero resuelta con la solvencia habitual en Casado.

Quiero compartir con vosotros y vosotras algunos de los versos que más me han gustado, como suelo hacer, para dejaros el señuelo antes de que empecéis a leer a Marina…

De INEVITABLE MAR

“Estoy sola y el mundo tiembla

y siento la llamada del océano

que agita nombres grises en su lecho de muerte.

[…]

Era una niña tan anciana

que de mis manos se desprendían mariposas

y del fruto carnoso de mis labios

nacían los enigmas transparentes

que componen el viento.

[…]

Pero el mar no dejó que mi sombra naciera,

y sin sombra es difícil escalar realidades;

por eso estoy perdida y olvido este presente”.

De UN LUCERO MÁS

“y tú ya no eres tú

sino solo un lucero más sin nombre

dibujado en la esquina del raído presente”.

De ALICIA MULTIPLICADA II

“Una noche sin sombras,

Alicia descubrió la Madriguera

en el estrecho fondo de un vaso de cubata”

Y el poema A PROPÓSITO DE LA TRISTEZA lo copiaría entero, porque es una auténtica preciosidad, tan solo fijaos en los dos primeros versos:

“Estar triste es un mundo

alojado en los bordes del otoño”.

¿Qué le voy a hacer? Si, además de una persona maravillosa, es una POETA con mayúsculas, hay que decirlo.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: descubrir a esta Marina-Alicia-Belladurmiente-Cisne tan joven, tan suya ya desde los inicios, y comprender mejor de dónde viene la poesía de Marina Casado desde su origen. Además, como he dicho, ese “A propósito de la tristeza”, que pasa a ser ya un poema de cabecera que releeré de forma recurrente.

Lo que menos me ha gustado: quizá, por decir algo, el haber incluido los poemas todos seguidos y no al inicio de cada página, porque da una cierta sensación de agobio.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Octubre se va lleno de atardeceres rotos”.

Fragmento de “Octubre”, Marina Casado

Crítica: Travesía

Título: Travesía

Autor: Elsa López

Editorial: Hiperión

XIII Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”

Qué barbaridad.

Permitidme que eso sea lo primero que escriba sobre este poemario y que eso sea lo primero que leáis sobre mi opinión de él.

No seré yo quien descubra, a estas alturas, a Elsa López. De hecho, por fin han reconocido su carrera literaria con el Premio Canarias de Literatura a toda su obra. Ahí es nada. Además, ya hablé de ella después de leer “A mar abierto”, su poesía reunida entre los años 1973 y 2003, pero este libro es posterior (2005), y ya os digo que pasa a ocupar la breve (por selecta) colección de poemarios favoritos, entre los que se encuentran, por ejemplo, “La paternidad de Darth Vader”, de Manuel Francisco Reina; “Toco la tierra”, de Ángela Figuera Aymerich; “Los trescientos escalones”, de Paca Aguirre; “El libro de Lilit”, de Guadalupe Grande; “Matria”, de Raquel Lanseros; o “De las horas sin sol”, de Marina Casado. De verdad, qué auténtica maravilla.

El libro me llegó (no sorprenderá ya a nadie) de manos de Manuel Francisco Reina, quien, después de pasar varios días en La Palma en los Encuentros “Mujeres de carne y verso” rodeado de buenas poetas, me trajo este inesperado regalo que, como si fuera poco, venía dedicado por Elsa (casi me muero al verlo). “A Jorge Pozo Soriano, nuevo testigo de mi muerte…”, empieza esa dedicatoria, y yo, al leerla, no comprendí muy bien a qué se refería.

Solo he podido entenderlo al ir sintiendo cómo se me iban clavando los versos a medida que iba leyéndolos.

Porque, sí. El libro es una preparación para la muerte, la antesala de un adiós en la que poder aguardar sabiendo que ese final llega con una vida plena, repleta de un amor al que se refiere la poeta de forma constante, indicándole que todo está bien, que todo estará bien, que no ha de cambiar nada cuando el final llegue.

Y, será por lo espectacular de los poemas. Será por mi situación personal actual. Será porque yo también estoy viviendo un final y estas despedidas me han hecho temblar, me han hecho tener que pararme durante unos segundos, me han hecho llorar.

Qué forma más bella de despedirse, de escribir, de dejar la paz que se te intuye solo con verte o escucharte. Qué inmensa poeta eres. Qué privilegio leerte y tener cierta conexión contigo.

Hay versos y poemas que, como digo, han hecho que me estremezca (de manera literal), y quiero compartir algunos por aquí, porque la poesía hay que compartirla, porque quiero pediros que busquéis este libro y os hagáis con él, porque es uno de los mejores poemarios de una poeta en lengua castellana que se han escrito jamás (y, no, no estoy exagerando).

“[…]

Así la luz que se va mitigando

hasta darme esta cálida sensación de vacío.

Así la dulzura de esta pena tan mía

que a nadie importa ya”.

“Que es imposible, amor, que vuelvas la cabeza

cuando ves que, dolida, me doblo sobre el suelo

congeladas las alas.

Es imposible, amor,

que yo me quede sola en medio de la calle

y tú me digas vete

y no notes el llanto que me acogota el pecho

ni entiendas que mi alma tiene los pies helados

de gris y transparente que está el frío.

Es imposible, amor, 

que el corazón despliegue tal suerte de tristeza

y tú no te des cuenta.

Que es imposible, amor,

recorrer este mundo sin saber ya de ti,

sin encontrar tus huellas sobre el barro”.

(Decidme que este, mi poema favorito del libro y uno de mis poemas favoritos ya del mundo, no es una auténtica preciosidad y no se os clava un poco en el pecho).

“[…]

Es encontrarse el mundo,

la belleza del mundo, por ejemplo,

su riguroso acierto, su armonía,

su deslumbrante forma de aparecer de pronto.

Y luego darte cuenta de que no está contigo

o que ha muerto

y ya no volverás a verlo ni a mirarlo

por culpa de la lluvia”.

“[…]

Yo miro el horizonte, las montañas,

sus abultados vientres,

sus rodillas hinchadas cubiertas de amapolas.

Y me limito a constatar el aleteo

y el suave parpadeo de los ángeles.

Navego hacia otras islas”.

“[…]

Y pienso en el arrastre del fondo del océano

y te clavo en el alma y sueño que estoy muerta”.

(¿Se puede escribir alejandrinos más bonitos y más bien hechos?)

Lo que más me ha gustado: podría decir mil cosas, pero tengo que quedarme con dos. Por un lado, tener el libro dedicado (gracias infinitas, Elsa). Por otro, sentir una conexión tan grande con la poesía de este libro que he sentido muchos versos y muchos poemas como parte de mi vida, de mis propias emociones, de mis tristezas y mis miedos. Poesía, queridos y queridas, siempre poesía. Y sus alejandrinos, por favor. Sus alejandrinos.

Lo que menos me ha gustado: del poemario no puedo decir absolutamente nada porque me he enamorado de todos y cada uno de los poemas. Solo, como ya he dicho muchas veces, que es una pena que este libro no esté en las secciones de poesía de todas las librerías de España, bien a la vista, mostrándolo con el orgullo que todos los que amamos este género deberíamos sentir al saber que Elsa López es nuestra, que su poesía es nuestra, que su legado es nuestro.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Por eso aunque me muera

no le digas a nadie cómo sientes el alma

o cómo te hace daño el saberme tan lejos.

No quiero que estés triste ni con la hiel partida”.

Elsa López

Crítica: Los ojos fríos del vals

Título: Los ojos fríos del vals

Autor: Marina Casado

Editorial: Bajamar

Vuelvo a leer a Marina Casado y vuelvo a enamorarme de su poesía.

No lo puedo evitar. Su estilo me gusta tanto que se ha convertido ya en una de mis poetas de referencia, en alguien en quien confiar para cruzar poemas y decirnos qué opinamos, para (como ella también ha visto) caminar de la mano por esta andadura poética de ambos, porque nos respetamos tanto que, por lo que parece, nuestros estilos y temas se están entrelazando (y eso es algo que me encanta).

Llegan estos ojos fríos del vals (su quinto poemario publicado) casi a la par que su maravillosa novela juvenil “Los doce reinos del tiempo”, dejando clara la versatilidad de esta poeta, que se atreve –con éxito y soltura– con todo tipo de literatura.

Llega con una editorial, Bajamar, que está haciendo una apuesta firme por cuidar una colección de poesía con poetas emergentes y poetas ya de altura, como es el caso de Marina Casado.

Quizá gracias a esa apuesta, Marina se ha atrevido a dejar de lado posibles pudores o encorsetamientos y ha dado rienda suelta a su voz más salvaje, más libre, más (en algunos momentos) modernista. Porque, a veces, escribir poesía supone aceptar y seguir ciertas normas –escritas o tácitas– que pueden llegar a ser una limitación de la creatividad, la forma o el estilo. Y, con poemarios cerrados de una forma (digamos) más clásica, este libro se sale de esas normas para abrir a la poeta casi en canal, para hablar y dejar por escrito que, también fuera de esos límites, es una de las mejores poetas que existen en el panorama nacional.

En “Los ojos fríos del vals”, Marina convoca a los espíritus de Odette y Odile, de esos cisnes antagónicos que representan la realidad de la humanidad y del mundo, y lo hace a través de la poesía, por supuesto, pero, también, del cine, de los cuentos infantiles y, como es habitual en ella, de la música.

El resultado es un poemario tan arriesgado como acertado; tan personal como global; tan intrínseco como magnético. Un poemario que es la esencia de Marina, que es su voz desnuda, su latido poético. Un poemario que, como toda su obra, merece ser leído por quienes amamos la poesía y, sí, también por quienes queremos y admiramos a Marina, que somos muchos. 

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: la valentía que Marina demuestra al escribir algo que de le apetecía escribir, sin seguir más señales que su instinto, su buen hacer poético y sus ganas de salirse de “lo establecido”.

Lo que menos me ha gustado: que, ya que es novedad, pasará algo de tiempo hasta poder tener su próximo poemario (aunque esto lo salvo al leer los distintos poemas que va escribiendo y comparte conmigo, beneficios de la amistad).

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Devolvedles la voz a aquellos muertos.

A los hombres que aúllan debajo de la tierra,

a los huesos sin nombre, a los naufragios.

[…]

Devolvedles la voz

para que no se mueran”.

Fragmento de “1936”, Marina Casado

Crítica: Babilonia dream

Título: Babilonia dream

Autor: Alicia Louzao

Editorial: Bajamar

Es complicado hablar de los libros escritos por gente conocida, más aún si, como en este caso, lo ha escrito una amiga a la que se tiene mucho cariño.

No. No es el prolegómeno a una crítica negativa. El libro me ha gustado mucho, pero, para bien o para mal, es complicado cumplir la objetividad que siempre ejerzo en mis reseñas, y creo que es de justicia que lo diga.

Alicia la conocí en un recital de poesía y entró al grupo de Los Bardos unos pocos días antes de lo que hiciera yo, y vi en ella a una chica que vivía la poesía con dulzura, que la leía con ese acento tan mágico de las tierras gallegas, que empezaba a moverse en este universo, el poético, con todas sus peculiaridades.

Ganadora del VIII Premio de Poesía Jovellanos, y con varios poemarios publicados antes que el que nos ocupa, Alicia Louzao comienza a dar pasos firmes en la poesía, y lo hace con una voz muy característica, muy personal, muy (me atrevería a decir) arriesgada. Y (vuelvo a atreverme), es un riesgo que solventa con éxito.

Porque, para alguien como yo, acostumbrado a leer un tipo de poesía muy específico, a seguir unas normas en cuanto a métrica, ritmo y temas, a insistir en esos y esas poetas con los y las que puedo identificarme, es un reto leer a otro tipo de poetas, otro tipo de poesía. Y, no creáis, leo con cierto temor. Sobre todo, como dije al principio, si quien escribe es conocido. Y, sí, tuve ese temor al principio (aunque, por lo que le había escuchado, sabía que no era un temor muy grande), pero se fue diluyendo a medida que los versos avanzaban. Y, alejado de esos temores, he disfrutado mucho la lectura.

Sin ser yo un estudioso de la poesía que pueda (ni quiera) hablar de generaciones, tendencias, similitudes y demás, he encontrado en los poemas de “la Louzao” imágenes muy impactantes que beben, en muchos casos, de lo urbano, de la calle, de graffitis, pintadas; de recuerdos de la infancia; de la nostalgia de dejar atrás la niñez (un tema que me atrae bastante en lo poético); del cine; de la música; de los clásicos de la literatura… Una mezcla tan bien unida que consigue que, al leer poema tras poema, avancemos de la mano de la autora por su urbe personal, por sus recuerdos, sus miedos y sus preocupaciones.

Y eso, siempre, es de agradecer.

Quiero destacar y, también, agradecer, la preciosa labor que la Editorial Bajamar está haciendo con la poesía, especialmente con esta colección que está dando voz a jóvenes poetas como Alicia, con cariño, con respeto y con una edición tan sutil como cuidada.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: descubrir que hay voces que se atreven a mostrarse con personalidad, con aplomo, y que escenarios corrientes, mundanos y menos concurridos pueden ser las localizaciones perfectas para la poesía. Creo que esa apuesta por lo cotidiano es un acierto en este Babilonia dream. Además de eso, hay repeticiones en algunos poemas que son maravilla.

Lo que menos me ha gustado: por lo (podríamos decir) rígido que yo soy con la poesía, quizás habría agradecido algo más de estructura, algo más de andamios. Eso sí, esta es la poesía de Alicia, no la mía, por la que ni mucho menos es una crítica negativa, sino algo que únicamente tiene que ver con mis gustos y mis hábitos como lector.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Los condenados tienen un himno que recoge todas las espinas que penetran en el pecho”.

 Fragmento de “Cántico. Espectáculo al aire libre”, Alicia Louzao

Crítica: Libro del frío

Título: Libro del frío

Autor: Antonio Gamoneda

Editorial: Siruela

Reconociendo (y viendo) la maestría de Gamoneda y su poesía, no va a ser este “Libro del frío” el poemario suyo que más me guste.

Hay figuras que (permitidme el juego fácil de palabras) te dejan helado (suena incluso peor escrito que pensado), pero ya sabéis que la poesía breve me gusta en su justa medida, y aquí casi todo es poesía breve.

Insisto en que Gamoneda es tan buen poeta que llega casi de cualquier forma, aunque no sea la que más nos guste, y que siempre se aprende cuando escribe un maestro. Creo, también, que es bueno que un poeta investigue distintas versiones de su poesía, que no escriba siempre de los mismos temas o de la misma forma, y estos poemas del Premio Cervantes 2006 hacen ver su escritura desde otra esquina, desde otro plano, desde otra mirada.

Porque el sentimiento está. El mensaje está. La calidad está. Esta una visión brutal de envejecer, del deterioro, de la enfermedad y las pérdidas. Pero a mí, que soy más de leer o escribir poemas algo más extensos, estos se me quedan algo cortos. Quizá porque les veo tantas posibilidades de haber sido más largos que me quedo un poco a medias.

Pero esto es cosa mía. No seré yo quien diga que un poeta de la talla de Gamoneda no escribe bien. Es, supongo, cuestión de gustos.

Lo que más me ha gustado: puede que eso mismo que no me ha terminado de convencer sea, a su vez, lo que más me ha podido gustar: descubrir que, cuando se sabe lo que se hace, se es capaz de expresar mucho en poco espacio, con las palabras justas.

Lo que menos me ha gustado: algunos poemas más largos, porque hay muy poquitos de esos en este libro y bastantes de ellos me han dejado (no aprendo y vuelvo a los juegos fáciles de palabras) un poco frío (perdón).

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Es la impureza y la piedad, el alimento de los cuerpos abandonados por la esperanza”.

Antonio Gamoneda”, en “Libro del frío”.

Crítica: Las hogueras azules

Título: Las hogueras azules

Autor: Juan F. Rivero 

Editorial: Candaya

Premio del Gremio de Librerías al Mejor Libro de Poesía del Año

Que los libreros y libreras hablen siempre es bueno. Que recomienden, que comenten, que sean faro literario en esta selva editorial en la que nos encontramos. Es necesario. Y han vuelto a hablar. Y nos han traído sus libros preferidos del año. Y yo os traigo, gracias a su trabajo, la reseña de este poemario tan especial, tan sutil, tan delicado y tan bello.

A mí me pusieron en las manos este libro las encantadoras libreras de la Librería Cervantes y Compañía (no dejéis de visitarla si estáis en Madrid). Al preguntarles por algunos poetas, me dijeron, con el cariño puesto en las palabras, que, si me gustaba la poesía, me iban a recomendar este libro, que a ellas les había encantado. ¿Veis por qué digo que los libreros y libreras tienen que hablar?

Porque, sí, esas son las palabras que me salen nada más leerlo. Llamadme cursi, ñoño o lo que os parezca mejor, pero es un libro así, lleno de una levedad cargada de belleza, firme a pesar de lo liviano, acertado en la búsqueda de palabras, imágenes y formas para contener justo lo que era necesario. Qué difícil, ¿no creéis?

Distinto ya desde que uno sabe que se va a ver inmerso en las tradiciones poéticas de China y de Japón. Porque, lejos de algunos haikus o tankas que podemos encontrar si buscamos un poco (yo mismo me atreví a escribir algunos en “Laberinto breve de la imaginación”, esa antología de poesía breve publicada por Cuadernos del Laberinto en la que participé), no estamos muy acostumbrados a adentrarnos en la poesía oriental, y es muy interesante (o así lo creo yo) buscar inspiración lejos de nuestras fronteras, de lo conocido, de lo que nos rodea.

Juan F. Rivero ha sabido beber de esas fuentes y nos las acerca a golpe de verso, con un cuidado propio, también, de esas culturas, con tacto, aroma, sonido y sabor a tierras lejanas donde buscar la belleza en la sutileza de lo cotidiano es casi una forma de vida.

Y yo me alegro, como me habréis leído o escuchado muchas veces, de que la juventud en un poeta no sea sinónimo de despreocupación por la tradición poética; de arrancar la raíz para sembrar malas hierbas; de creerse dueños de la certeza poética sin apenas saber qué es la poesía. Este poeta joven (nacido en 1991) tiene oficio, respeto y verdad en su escritura.  Sigamos a estos poetas y no a los poetas de escaparate, llegados al universo poético por méritos (o, más bien, deméritos) muy distintos a saber escribir poesía (llamémosle fama, llamémosle muchos seguidores, llamémosle venta asegurada, de una u otra forma). Y agradezcamos, también, la imprescindible labor de editoriales independientes como Candaya, que, además de hacer unas ediciones preciosas, apuesta por autores que sí, por autores que siempre, por autores que todo.

Gracias.

Lo que más me ha gustado: podría apuntar muchos aspectos, pero me voy a quedar con lo distinto que ha sido para mí leer un poemario así. Alejado (no en todo) de lo que suelo leer. Aunque suene a cliché, he podido viajar con los versos de Juan F. Rivero, un viaje sensorial que ha sido muy placentero. 

Lo que menos me ha gustado: quizá la parte de poemas más breves es algo extensa para mi gusto, pero solo es un quizá y, como sigo, solo para mi gusto.

Sin duda, un muy buen poemario de un poeta joven que merece ser leído. Recomendado al cien por cien.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Somos tangibles, tiernos

como el desorden de una habitación;

sentimos miedos nuevos

                                                  cada vez que diluvia

y asignamos un nombre

                                               a las cosas que amamos”.

 “Poemas para un biombo sobre la tristeza (Panel B)”, Juan F. RIvero

Crítica: El año de la grava

Título: El año de la grava

Autor: J. Santatecla

Editorial: Valparaíso

Conocí a Jota en la caseta de Valparaíso de la Feria del Libro de Madrid, en septiembre. Un tío simpático, cercano, agradable en el trato, sonriente (aun con mascarilla) y, entre todo eso, poeta.

Y no solo “el poeta del metro” (si buscáis su historia, es bastante interesante), sino un poeta hecho con trabajo, con escucha, con respeto y con la certeza de que abrazarse a modas no lleva más que a callejones sin salida y que la poesía es otra cosa, que no sigue lo fácil, lo que vende, lo que rompe con toda la tradición… Y se nota en este libro. Se nota mucho que Jota ha leído, que ha escuchado, que ha consultado, que se lo ha tomado en serio y ha escrito poesía de verdad.

Sinceramente, se agradece que haya personas que, pudiendo tirar por lo fácil, se preocupen por cuidar la poesía, por aportar su pulso, mostrar sus miedos, dejarnos entrar por su herida a través de unos versos bien creados, a través de unas imágenes propias de las que los lectores podemos apropiarnos. No sé para vosotros, pero, para mí, eso es la poesíaidentificarnos en la imagen que el poeta nos muestra.

Este “El año de la grava” es un libro que me ha gustado mucho, y lo ha hecho por varios motivos. 

Además de lo que ya he dicho, me ha gustado mucho la originalidad en la estructura, esa conexión entre los dos mundos de Jota (el audiovisual y el poético), dejándonos muestras de ambas disciplinas en un poemario lleno de imágenes tan potentes que, sí, nos hace estar en una sala de cine, con los altavoces llenando el aire de metáforas e imágenes de una fuerza arrolladora.

Y, como no hay mejor muestra que los propios versos de Jota, aquí os dejo algunos:

Del poema 3-1-1:

El techo de los años se proyecta

en el contorno verde de los ojos.

Del poema 2-3-5:

Y vuelven las arrugas al retrato.

Memoria: suciedad en los cristales.

Del poema 1-4-3:

Cada noche regresa ese secreto

que parpadea en las fotografías.

Olvido. Memoria. Tiempo. Heridas. Pérdidas. Temas universales bajo el tamiz de Jota, que nos regala una poesía tan cercana como él, tan luminosa, tan sonriente detrás de cualquier barrera.

Seguiré leyendo a Jota. Seguiré pendiente de su evolución, porque sé que va a seguir evolucionando, creciendo, y que estará, por méritos propios, en el panorama poético actual. Y yo, sinceramente, me alegro de que sea así.

Lo que más me ha gustado: descubrir la poesía de Jota, por supuesto, y ver que bebe de la tradición, algo que se ve en algunas citas (ya sabéis que me encantan las citas en los poemarios) de poetas como Gamoneda, Brines o Blas de Otero.

Lo que menos me ha gustado: quizá, sin que esto quiera decir que sea mala, esa última parte de los embriones. No he podido conectar tanto como con el resto de poemas.

“La distancia se oxida con la sed,

subdivide los mapas, desorienta la flecha”.

 Fragmento de “2-1-1”, J. Santatecla, “El año de la grava”

Crítica: La curación del mundo

Título: La curación del mundo

Autor: Fernando Beltrán

Editorial: Hiperión

Conocí a Fernando Beltrán la tarde del 1 de diciembre, en la Tercera sesión del Ciclo “Poetas de Adonáis”en la Tertulia Montesinos, a la que fui para ver y a apoyar a mi querida Marina Casado, pues intervenía junto al propio BeltránRafael Soler y Miguel Galanes.

Qué lujo y qué rato más agradable.

Sin que tenga que ver con la reseña (o sí), necesito decir que yo llegué hundido. Que mi relación de más de seis años se había terminado solo dos días antes y que estuve a punto de quedarme en casa, pero no lo hice. Esa tarde lloviznaba en Madrid, así que caminé desde casa hasta el lugar donde tendría lugar el encuentro y me dejé abrazar por la poesía. Como siempre que hay buena poesía por medio, el abrazo fue infinito y absolutamente reconfortante.

Rafael Soler ya lo conocía, aunque no lo había escuchado recitar, y esa voz que tiene te atrapa desde el primer verso.

Con Beltrán y Galanes era mi primer encuentro y, si bien el segundo no terminó de gustarme, me enamoré por completo de Fernando. Por la historia que contó. Por cómo la contó. Por los poemas que recitó y por cómo lo hizo. Qué maravilla de poesía, qué voz, qué manera más magnética de recitar. Leyó un poema que, según contó, escribió en el confinamiento después de haber tenido un encuentro algo místico con una peregrina francesa y que mantuvo a la sala en absoluto silencio. Un poema largo (que no suelen ser mis preferidos), con unas repeticiones que se te iban clavando en el cerebro, con un ritmo perfecto, un sonidoperfecto, unas imágenes perfectas. Supe que tenía que encontrar ese poema para leerlo y releerlo y, al fin, lo encontré en este magnífico poemario que es “La curación del mundo”, abriéndolo, como una mariposa rompiendo la crisálida. 

A día de hoy puedo decir, por una parte, que ese “La jerarquía del ángel” es uno de mis poemas favoritos y que Fernando Beltrán se ha convertido en un poeta al que tendré muy, muy en cuenta.

Con una poesía muy personal, distinta sin tratar de quebrar la tradición, con repeticiones brillantemente traídas (me encantan las buenas repeticiones en poesía), con historia –la suya, la del poeta y un momento vital complicado– que se siente como propia… Una maravilla, de verdad. Un poemario que recomendaré y regalaré, porque lo merece.

Lo que más me ha gustado: ese poema inicial que voy a leer una y otra vez, sin dudarlo. Me parece un poema espectacular. También, encontrar poemas bastante largos que, lejos de aburrirme, me han tenido pegado a cada verso.

Lo que menos me ha gustado: sin que sea algo malo, porque creo que es muy acertado, me ha gustado tanto que se me ha hecho algo corto.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“A la naturaleza le da igual que mueras o no mueras”.

Inicio de “La jerarquía del ángel”, de Fernando Beltrán en “La curación del mundo”.