Crítica: Travesía

Título: Travesía

Autor: Elsa López

Editorial: Hiperión

XIII Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”

Qué barbaridad.

Permitidme que eso sea lo primero que escriba sobre este poemario y que eso sea lo primero que leáis sobre mi opinión de él.

No seré yo quien descubra, a estas alturas, a Elsa López. De hecho, por fin han reconocido su carrera literaria con el Premio Canarias de Literatura a toda su obra. Ahí es nada. Además, ya hablé de ella después de leer “A mar abierto”, su poesía reunida entre los años 1973 y 2003, pero este libro es posterior (2005), y ya os digo que pasa a ocupar la breve (por selecta) colección de poemarios favoritos, entre los que se encuentran, por ejemplo, “La paternidad de Darth Vader”, de Manuel Francisco Reina; “Toco la tierra”, de Ángela Figuera Aymerich; “Los trescientos escalones”, de Paca Aguirre; “El libro de Lilit”, de Guadalupe Grande; “Matria”, de Raquel Lanseros; o “De las horas sin sol”, de Marina Casado. De verdad, qué auténtica maravilla.

El libro me llegó (no sorprenderá ya a nadie) de manos de Manuel Francisco Reina, quien, después de pasar varios días en La Palma en los Encuentros “Mujeres de carne y verso” rodeado de buenas poetas, me trajo este inesperado regalo que, como si fuera poco, venía dedicado por Elsa (casi me muero al verlo). “A Jorge Pozo Soriano, nuevo testigo de mi muerte…”, empieza esa dedicatoria, y yo, al leerla, no comprendí muy bien a qué se refería.

Solo he podido entenderlo al ir sintiendo cómo se me iban clavando los versos a medida que iba leyéndolos.

Porque, sí. El libro es una preparación para la muerte, la antesala de un adiós en la que poder aguardar sabiendo que ese final llega con una vida plena, repleta de un amor al que se refiere la poeta de forma constante, indicándole que todo está bien, que todo estará bien, que no ha de cambiar nada cuando el final llegue.

Y, será por lo espectacular de los poemas. Será por mi situación personal actual. Será porque yo también estoy viviendo un final y estas despedidas me han hecho temblar, me han hecho tener que pararme durante unos segundos, me han hecho llorar.

Qué forma más bella de despedirse, de escribir, de dejar la paz que se te intuye solo con verte o escucharte. Qué inmensa poeta eres. Qué privilegio leerte y tener cierta conexión contigo.

Hay versos y poemas que, como digo, han hecho que me estremezca (de manera literal), y quiero compartir algunos por aquí, porque la poesía hay que compartirla, porque quiero pediros que busquéis este libro y os hagáis con él, porque es uno de los mejores poemarios de una poeta en lengua castellana que se han escrito jamás (y, no, no estoy exagerando).

“[…]

Así la luz que se va mitigando

hasta darme esta cálida sensación de vacío.

Así la dulzura de esta pena tan mía

que a nadie importa ya”.

“Que es imposible, amor, que vuelvas la cabeza

cuando ves que, dolida, me doblo sobre el suelo

congeladas las alas.

Es imposible, amor,

que yo me quede sola en medio de la calle

y tú me digas vete

y no notes el llanto que me acogota el pecho

ni entiendas que mi alma tiene los pies helados

de gris y transparente que está el frío.

Es imposible, amor, 

que el corazón despliegue tal suerte de tristeza

y tú no te des cuenta.

Que es imposible, amor,

recorrer este mundo sin saber ya de ti,

sin encontrar tus huellas sobre el barro”.

(Decidme que este, mi poema favorito del libro y uno de mis poemas favoritos ya del mundo, no es una auténtica preciosidad y no se os clava un poco en el pecho).

“[…]

Es encontrarse el mundo,

la belleza del mundo, por ejemplo,

su riguroso acierto, su armonía,

su deslumbrante forma de aparecer de pronto.

Y luego darte cuenta de que no está contigo

o que ha muerto

y ya no volverás a verlo ni a mirarlo

por culpa de la lluvia”.

“[…]

Yo miro el horizonte, las montañas,

sus abultados vientres,

sus rodillas hinchadas cubiertas de amapolas.

Y me limito a constatar el aleteo

y el suave parpadeo de los ángeles.

Navego hacia otras islas”.

“[…]

Y pienso en el arrastre del fondo del océano

y te clavo en el alma y sueño que estoy muerta”.

(¿Se puede escribir alejandrinos más bonitos y más bien hechos?)

Lo que más me ha gustado: podría decir mil cosas, pero tengo que quedarme con dos. Por un lado, tener el libro dedicado (gracias infinitas, Elsa). Por otro, sentir una conexión tan grande con la poesía de este libro que he sentido muchos versos y muchos poemas como parte de mi vida, de mis propias emociones, de mis tristezas y mis miedos. Poesía, queridos y queridas, siempre poesía. Y sus alejandrinos, por favor. Sus alejandrinos.

Lo que menos me ha gustado: del poemario no puedo decir absolutamente nada porque me he enamorado de todos y cada uno de los poemas. Solo, como ya he dicho muchas veces, que es una pena que este libro no esté en las secciones de poesía de todas las librerías de España, bien a la vista, mostrándolo con el orgullo que todos los que amamos este género deberíamos sentir al saber que Elsa López es nuestra, que su poesía es nuestra, que su legado es nuestro.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Por eso aunque me muera

no le digas a nadie cómo sientes el alma

o cómo te hace daño el saberme tan lejos.

No quiero que estés triste ni con la hiel partida”.

Elsa López

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