Crítica: Fantasma de primavera

Título: Fantasma de primavera

Autor: Gerard Bertrán Burgueño

Editorial: Ayuntamiento de Alhaurín el Grande

XIV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala

El Premio Internacional de Poesía Antonio Gala tiene un aspecto que nunca entenderé: publicar el libro ganador un año después, en el acto de entrega del premio del siguiente ganador (incomprensible, desde mi punto de vista).

Por ese motivo, mi libro, ganador este año, no verá la luz hasta junio de 2022 y, por ese motivo, pude recoger el libro que ganó la edición anterior cuando fui a recoger el premio.

Se trata de este “Fantasma de primavera”, de Gerard Bertrán Burgueño, que da inicio a esta nueva Colección “La Baltasara”, coincidiendo con que este ha sido el primer año que el acto ha tenido lugar en dicha finca, donde Antonio Gala vivió tanto tiempo y escribió una buena parte de sus libros (algo que, en realidad, tampoco tiene mucho sentido, porque el año pasado no ocurrió en La Baltasara).

Sin ahondar más en estos hechos, voy a hablaros un poco de este poemario, que es lo importante.

Según el jurado del premio, se trata de un libro “muy difícil de apreciar en lo poético, puesto que está planteado dentro de un gran prosaísmo”, y es esta afirmación (en mi opinión) la que define de forma clara la realidad del poemario.

Es un libro tan prosaico que podría decirse que los poemas podrían leerse como si fueran pequeñas historias, pequeños relatos que narran vivencias y anécdotas, solo que lo hacen en verso.

He de reconocer que, antes de leer el libro, no me llamaba mucho la atención. Si leo poesía, me gusta que el lenguaje sea poético, que la esencia sea poética, y el prosaísmo, en poesía, me suele chirriar bastante.

No ha sido el caso.

Sí es cierto que algunos poemas no han terminado de llegarme, precisamente, por ese prosaísmo, pero hay otros (la mayoría) que me han gustado mucho y que, justo por el hecho de aportarme algo a lo que no estoy acostumbrado, me han llegado. Puede que me haya ocurrido un poco como cuando admiro un cuadro bien pintado: trato de sacarle todo el gusto posible, ya que yo sería incapaz de reproducirlo.

Es cierto que decir “nunca” es un tanto arriesgado, pero no creo que mi poesía vaya a definirse por ser prosaica, porque me parece muy complicado, muy arriesgado y porque, aunque este “Fantasma de primavera” me haya gustado, no es la poesía con la que me identifico ni la que suelo leer.

No obstante, creo que es un poemario muy bien construido e intuyo mucho trabajo a la hora de darle forma, lo cual tiene mucho mérito. Además, me parece muy acertado que se premie distintos tipos de poesía (siempre que sea buena), así que considero que es una buena elección y me hace muy feliz recoger el testigo de Gerard como ganador de este premio.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que es justo ese detalle de ser una poesía muy prosaica lo que merece ser destacado. Haberme gustado sin ser la poesía que leo y haber sabido reconocer la calidad de los poemas y su dificultad me agrada, ya que siempre está bien descubrir gustos nuevos en esto de la lectura. Voy a destacar, también, los últimos versos de muchos de los poemas, versos que se quedan colgando al leerlos porque nos empujan a alguna parte, nos hacen pensar, le dan el significado al poema. Me ha pasado en varios encontrarme con los dos últimos versos y tener que releerlos más de una vez porque me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: aunque pueda resultar contradictorio, y como he dicho en la entrada, ese prosaísmo se me ha hecho demasiado evidente en unos pocos poemas, que son los que menos he disfrutado leer.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Experimentar la anunciación de la poesía.

Soñar despierto. Volver a casa”.

 Fragmento de “De paso”, Gerard Bertrán Burgueño 

Crítica: El pez rojo que nada en el pecho

Título: El pez rojo que nada en el pecho

Autor: Gioconda Belli

Editorial: Visor

XXX Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

Poeta mujer. Latinoamericana. Feminista. Recomendada por Manuel Francisco Reina. ¿Qué podía fallar?

La descubrí con su libro de poesía reunida “El ojo de la mujer”

https://jorgepozosoriano.com/2020/12/08/critica-el-ojo-de-la-mujer/ , y ya me enamoré de ella.

Este último poemario suyo, ganador del prestigioso Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, es una auténtica maravilla. 

Amor. Feminismo. Crítica social. Homenaje a un poeta tan querido por ella como Ernesto Cardenal, o como a Katy, enferma de cáncer.

Todo, con ese castellano tan cuidado de las escritoras (y escritores) de Latinoamérica, tan cuidado por Belli.

Se habla, como digo, del amor, tanto el que se da a la pareja como a los hijos, los amigos o los amigos.

Hay feminismo, empoderamiento de la mujer, como es el brutal poema “Consejos para la mujer fuerte”:

Si eres una mujer fuerte

protégete con palabras y árboles

e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Hay, a través de la poesía (la tercera parte del poemario se llama “¿Qué puede hacer la poesía?”), crítica hacia quienes obvian el dolor del desconocido, del que sufre, como en el poema “¿Tiene patria el dolor?”, donde habla del drama de la inmigración; o en “Impunidad”, donde denuncia la violencia machista. Aquí os dejo un fragmento de ambos poemas:

¿Tiene patria el dolor?

Voces condenan a quienes sienten como propio

el ardor de los naufragios, la espalda que sangra del azotado.

Preguntan por qué llorar por desconocidos,

esos que no comparten su historia, su idioma, su pan de cada día”.

En el armario los vestidos de colores languidecen

víctimas de la doliente cobardía del esposo.

No me digáis que no queréis leer los poemas completos.

Desde luego, en poesía en castellano contemporánea, Gioconda Belli es una autora muy a tener en cuentay, por eso, os la recomiendo mucho.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que me quedo con la versatilidad de la autora, con cómo es capaz de expresar sentimientos tan distintos sin cambiar de voz, creando unos poemas muy distintos en cuanto al tema, pero siempre claros, limpios y rotundos.

Lo que menos me ha gustado: como en casi todo poemario, algunos poemas nos llegan algo menos. Hay varios por el final que no me han dicho gran cosa.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Escuchemos a las mujeres

sus pies danzan sobre la tierra

escuchémoslas

hagamos el silencio”.

 Fragmento de “Vamos a dibujar”, Gioconda Belli

Crítica: Nueva York después de muerto

Título: Nueva York después de muerto

Autor: Antonio Hernández

Editorial: Calambur

He querido leer a los poetas que han valorado y premiado mi libro, y he empezado por recuperar este “Nueva York después de muerto”, de Antonio Hernández, de quien había leído algunos versos.

Lo primero que tengo que decir es que no sé qué es esto, pero no es un libro. No sé qué hay escrito en sus páginas, pero no es poesía. Tengo algún conocimiento sobre la obra de Antonio Hernández, pero sé que no es poeta.

“Nueva York después de muerto” es otra cosa. Lo escrito en él son otra cosa. Antonio Hernández es otra cosa.

Este monumento poético, este homenaje a la poesía y a los poetas, este terremoto en verso no puede definirse solo como un poemario, como un libro de poesía, del mismo modo que a Antonio Hernández no se le puede considerar solo un poeta.

He leído mucha poesía y he buscado, casi siempre, consejo en quienes más saben de poesía para leer a determinados y determinadas poetas. Me he enamorado de Paca Aguirre, de Ángela Figuera Aymerich, de Miguel Hernández, de Lorca, de Gioconda Belli, de Raquel Lanseros, de Manuel Francisco Reina… He intentado, casi siempre, leer a poetas de quienes pudiera aprender, con los que pudiera crecer, además, por supuesto, de tratar de leer a poetas con quienes me emocionara, con quienes me sacudiera, con quienes dejaran poso.

No sé por qué he esperado tanto para leer a Antonio Hernández, quizás era este el momento preciso. La respuesta es “sí”. También me he enamorado de Antonio. 

Este libro es, además de un libro de poesía, un libro de historia, una novela, una obra de teatro, un ensayo, un artículo periodístico y, seguramente, mucho más. No soy experto en el término de “poesía total”, pero, aun sin serlo, está claro que este libro engloba ese concepto de principio a fin.

Ya la razón de su existencia, esa promesa de Antonio a su maestro, Luis Rosales, de que él escribiría el libro que su próxima muerte no le permitiría escribir a él, es poesía en sí misma. Qué reto, ¿no os parece? Prometerle a tu maestro (ni más ni menos que a Rosales) que tú vas a escribir el libro con el que él quiso cerrar el círculo de su obra. Qué reto, sí, y qué promesa tan generosa y tan bella.

No sabremos cómo habría sido este “Nueva York después de muerto” escrito por Rosales, pero sí tenemos la certeza de que, escrito por Hernández, es una auténtica obra de arte y una, permitidme decirlo, absoluta barbaridad. 

Por algún motivo este libro es “Premio de la Crítica de Poesía Castellana”, en 2013, y “Premio Nacional de Poesía”, en 2014.

El título ya es clara evidencia del germen del libro. Sumar que la idea fue de Rosales confirma la sospecha, si es que la hubiera. Federico García LorcaNueva YorkLuis Rosales. Y, como hilo unificador de tres puntas, Antonio Hernández.

En pocos textos podrá saber más sobre Lorca, Rosales, Nueva York y el propio Hernández (que dan forma a un todo exquisito) que en este poemario no de discípulo, sino de maestro. De poeta con todas las letras. De poeta a quien no le falta nada. Esta aleación de géneros, de ciudades y de poetas es un libro que tendría que leer todo aquel que quiera acercarse a la poesía desde su verdadero significado y su verdadera complejidad. Se me ocurren pocos ejemplos más claros de lo que es la poesía que esta obra, magnífica, de Antonio Hernández.

Puntos fuertes:

Lo que más me ha gustado: después de dejar clara mi opinión sobre lo literario, voy a destacar que me hace muy feliz saber que este libro, tan brillante como arriesgado, obtuviera lo que merecía: Premio de la Crítica y, sobre todo, Premio Nacional. A esto sí se le puede llamar justicia poética.

Lo que menos me ha gustado: solo podría reprocharme no haberlo leído antes, pero, como digo, puede que este fuera el momento idóneo para hacerlo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“que en la desolación no hay tique de retorno,

ni aun por un instante, hacia la plenitud,

que en la vejez llaman arrugas

a las heridas, alopecia

a la calavera, memoria

al epitafio”.

Antonio Hernández”, en “Nueva York después de muerto”.

Los inicios de “Escrito bajo las uñas”

Como os he dicho, quiero compartir una pincelada de cómo fue el “nacimiento” de “Escrito bajo las uñas”, el poemario ganador del XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala.

Todo empezó con una palabra: CONTRADICCIÓN.

Esa palabra empezó a dar vueltas por mi cabeza, pensando en escribir un poemario que hablara de lo contradictorios que somos los seres humanos casi siempre.

Llevo mucho tiempo leyendo poesía, y leyendo a autores que van en la línea que me gusta leer y, por lo tanto, me gusta escribir (salvando las distancias, obviamente). He leído a Manuel Francisco Reina, a Francisca Aguirre, a Ángela Figuera Aymerich, a Guadalupe Grande, a Pilar Paz Pasamar, a Gioconda Belli, a Raquel Lanseros… 

Esa parte, la poética, la tenía más o menos cubierta. Suerte la mía de tener el maestro que tengo.

Me faltaba llenar la parte filosófica. Sabía que necesitaba darle una base filosófica firme, y, ahí, cojeaba un poco más.

Por eso, recurrí a la lectura de clásicos (Cicerón, Aristóteles, Séneca…) y, sobre todo, acudí a mi amigo Juanjo, profe de filosofía. Le dije la idea que tenía, pensó sobre ella y, un día, en mi casa, escribí diez caras de este cuaderno con sus recomendaciones, sus pensamientos, sus sugerencias.

A partir de ahí, escribir, escribir y escribir (y leer, leer y leer) hasta que me pareció suficiente.

Después fue “solo” revisar, corregir, pensar en la estructura, en el orden, en las citas…

Y, sí, parece que, como aparece en el cuaderno, he podido escribir “un final maravilloso”.

Qué difícil es escribir poesía. Siempre lo he dicho y, ahora que publico mi primer poemario, lo ratifico.

Eso sí, qué satisfactorio es…

En las fotos veréis, además del cuaderno, el boli (que era de mi madre) con el que escribí las anotaciones y ese primer poema escrito a mano.

El resto, como sabéis, es todo felicidad

XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala

Han pasado ya tres días desde que recibí la que, casi con toda seguridad, fue la llamada telefónica más bonita de mi vida.

En esa llamada, el concejal de cultura del Ayuntamiento de Alhaurín El Grande, me comunicaba que mi poemario “Escrito bajo las uñas” había ganado el XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala, tras lo que fueron hablándome los integrantes del jurado, que son (ahí es nada) Manuel Salinas (presidente), Antonio Carvajal (Premio Nacional de Poesía), Antonio Hernández (Premio Nacional de Poesía y dos veces Premio Nacional de la Crítica, aunque no pudo estar) y Belén Molina (profesora en la Universidad de Málaga).

Creedme si os sigo que, durante la llamada, estaba ido. Escuchaba las voces como si me llegaran desde muy lejos, desde un sueño tan recurrente que me parecía, de nuevo, una ilusión.

Pero esas voces eran reales. Esas voces de maestros y expertos en poesía me estaban dando las razones por las que mi poemario había ganado el premio, con unanimidad del jurado y compitiendo contra otros 291 poemarios (record del premio), y ya solo pude luchar por no llorar durante la llamada.

Porque me emocioné muchísimo. 

Porque fue una sensación de “tanto tiempo luchando y el reconocimiento acaba de llegarme, ya está aquí, es una realidad”. Y es una sensación maravillosa, aunque me tiene bloqueado por completo.

Supongo que es normal que cueste tanto asimilar un primer premio, más aún si es uno tan importante como este. Si no lo es, seré raro, porque no soy capaz de asimilarlo.

Por el momento, solo me vienen un montón de imágenes a la cabeza.

Imágenes de todos los libros que he leído, especialmente los de poesía, que han sido siempre los que me han desgarrado (quizá, por eso, me hace tan feliz haber recibido mi primer premio literario como poeta).

Imágenes de todo lo que he escrito, desde esos primeros poemas a mi madre; de los cuentos que presentaba en el concurso de cuentos del trabajo de mi padre (y que gané en varias ocasiones); de los relatos y poemas con los que participaba en el concurso literario que organizaba mi instituto (con varios premios, también); de mis profesoras (todas mujeres) de lengua y literatura que he tenido desde la primaria hasta la universidad, que siempre me animaron a escribir porque veían algo en mí (mención especial a mi queridísima profesora de “Didáctica de la Lengua” y “Lectura y escritura creativa” en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, Marta Yolanda de Hoyos, que siempre supo que tenía que escribir “en serio”; de quienes me leéis y me seguís allá por donde vaya con mis historias…

Tengo que dedicar unas palabras destacadas, como siempre he hecho, a mi maestro: Manuel Francisco Reina. De este hecho, poder llamarlo “mi maestro” (porque lo es), tampoco soy del todo consciente, a pesar de que nos unen ya casi veinte años de amistad o, más bien, de unión familiar, porque es un hermano con todas las letras. Persona excepcional, generoso como pocos y con un talento literario inconmensurable, ha sido quien me ha guiado, quien ha sido (por suerte para mí) despiadado con los poemas que le he ido mostrando, quien me ha dicho “lee a este poeta, y a esta otra, y busca este libro, y lee y lee y sigue leyendo”, quien me ha enseñado tantísimo sobre poesía. No me puedo sentir más orgulloso de tenerlo en mi vida.

Tampoco puedo olvidarme de mi amigo Juanjo, a quien le pedí, una vez que tenía clara la línea que quería que siguiera este poemario, que me diera una “clase magistral” de filosofía, y llené más de ocho folios con anotaciones mientras lo escuchaba. Él siempre vio en mi a un poeta, y me ha acompañado, también, en cada poema que iba escribiendo y le mostraba, aportando siempre su lúcida visión filosófica de la vida.

Amigos, amigas, familia, mis primos y primas, mis tíos y tías, mi padre, mi madre… Mamá, te tengo constantemente en la cabeza, visualizando lo feliz que estarías en este momento, cómo lo estaríamos celebrando. No habría nada ni nadie capaz de quitarte la sonrisa de la cara. Este reconocimiento, como todo lo que consiga en la vida, será para ti. No sabes cuánto me faltas, pero tienes que saber que la literatura, especialmente la poesía, me sirve para revivirte y seguir teniéndote lo más cerca posible… 

Y no puedo decir mucho más, que estaréis hasta el gorro de leerme.

Que estoy muy feliz y deseando ver qué ocurre a partir de ahora, porque esto es un antes y un después en mi carrera literaria y me hace pensar que, quizá, sí; que puede que tenga algo que aportar a la poesía; y que, desde luego, voy a seguir escuchando, leyendo y aprendiendo, porque es la única forma de mejorar.

Os dejo la nota de prensa con la noticia y, si queréis ver el vídeo de la televisión local, no tenéis más que ir a mi Instagram, @jpozosoriano , donde está colgado.

Gracias, siempre, por estar.

Gracias, siempre, por leerme.

https://www.europapress.es/andalucia/malaga-00356/noticia-poemario-escrito-jorge-pozo-soriano-gana-xv-premio-poesia-antonio-gala-alhaurin-grande-20210520154533.html

Enredando voces con Antonio Díaz Mola

Poesía, siempre. Siempre, poesía. 

“Enredando voces” con Antonio Díaz Mola, ganador del Premio de Poesía Radio Nacional de España 2020.

Un poeta de los pies a la cabeza. Un poeta de oficio, humilde, currante, respetuoso… Atributos necesarios, aunque no se cumplan siempre.

Aquí os dejo la entrevista que le hago en Radio Off the Record.

Espero que la disfrutéis:

Poesía, poesía y más poesía…

Crítica: Dicen que no hablan las plantas

Título: Dicen que no hablan las plantas

Autores: muchos poetas

Propuesta de: Raquel Lanseros y Fernando Marías

Editorial: Anaya

Ilustradora: Raquel Lagartos

Dos detalles me hicieron querer este libro en cuanto salió: lo bonito que parecía (lo es más aún cuando se tiene entre las manos) y que tuviera algo que ver con RaqueLanseros, una de mis poetas actuales favoritas. Y no me equivoqué en hacerme con él.

La edición de Anaya es una absoluta preciosidad. El tamaño, el diseño, las espectaculares ilustraciones de Raquel Lagartos, que cubren las páginas por completo… Estéticamente no se le puede poner ni un solo pero (en mi opinión, solo uno, pero lo dejo para la parte de “lo que menos me ha gustado”).

En cuanto al contenido, nos encontramos con un montón de poemas de autores de la talla de Lorca, Machado, Béquer, Delmira Agustini, Rubén Darío, Rosalía de Castro, César Vallejo… Cincuenta y dos poemas (muchos de ellos, sonetos) que nos hacen recorrer las cuatro estaciones. Sus tonalidades, sus temperaturas, su flora, su fauna, el cambio de la vida según van cambiando ellas… Un viaje en toda regla. Sin levantarse del sofá y respirando, según se lee, la tierra húmeda de otoño, la escarcha invernal, los perfumes florales de la primavera y la sequedad del verano. ¿No es algo maravilloso?

Ya sabéis lo que me gusta la poesía. Por eso, me encanta que una editorial potente como es Anaya apueste por libros como este. Que se apueste por la poesía, por esta poesía, la de siempre, la de los que perduran, de los que no se irán nunca. Y me encanta que lo hagan así, a lo grande. Con un formato grande, en tapa dura, a todo color, con dos grandes como Lanseros y Marías a la cabeza del proyecto y con Lagartosmoviendo sus pinceles. 

Es un libro para tener, desde luego. Para tenerlo bien a la vista, como si fuera un cuadro, pero al alcance de la mano, porque nos pedirá volver a él una y otra vez. Y, también, es un muy buen libro para regalar. Para trabajar las estaciones ligadas a la literatura y a la poesía en el aula también puede ser una herramienta buenísima.

Lo que más me ha gustado: además de todo lo que ya he expuesto, me ha encantado que leer estos poemas me ha llevado a mi infancia. A ese descubrimiento de la poesía que me enamoró desde el principio. Porque, sí, de pequeño no solo leía a Gloria Fuertes. Leí a muchos de los y las poetas que aparecen en este libro. Algunos de esos poemas están aquí, y releerlos me ha hecho sonreír con dientes de leche.

Lo que menos me ha gustado: creo (y esto es cosa mía) que, en un libro cuidado al detalle, usar una tipografía tan simplona no suma. Si no me equivoco, es una Times New Roman de toda la vida, y es una pena. Otra tipografía más cercana a la caligrafía manual habría hecho del libro un objeto aún más bonito y, en el fondo, no es algo complicado de hacer.

¿Conocíais el libro? Si no es así, ¿os interesa?

¡Un abrazo!

“Abandonada al lánguido embeleso

que alarga la otoñal melancolía,

tiembla la última rosa que por eso

es más hermosa cuanto más ardía”.

Leopoldo Lugones, “Rosa de otoño”, en “Dicen que no hablan las plantas”.

Crítica: Los días eternos

Título: Los días eternos

Autor: María Elena Higueruelo 

Editorial: Rialp

Este poemario llegó a mis manos gracias a Casa del Libro, que me lo regaló por ser embajador, junto a otros libros y regalos. Penúltima ganadora del “Premio Adonáis” (uno de los más importantes para jóvenes poetas), “Los días eternos”, es un poemario, en mi opinión, con luces y sombras. 

Los gustos por la poesía son muy personales, está claro. Hay quien busca leer a autores consagrados y los disfruta y otros a quienes no les ocurre. Hay, también, lectores de poesía más actual, menos honda, más naíf… No es mi caso. Por eso, quizá, no ha sido una lectura de la que pueda hablar maravillado.

No es un mal poemario, no me malinterpretéis, pero, habiendo sido ganador del Premio Adonáis, sinceramente, esperaba un libro espectacular, y no me lo ha parecido.

Hay poemas muy buenosfiguras muy bien halladas, es original (en ocasiones, para alguien como yo, demasiado), pero no ha llegado a conectar conmigo de la forma que esperaba más que unas pocas ocasiones y ha habido bastantes poemas que no me han gustado.

El poemario habla del tiempoDe la infancia, la adolescencia y la madurez (perdonadme, pero hablar de madurez con veinticinco años… Qué queréis que os diga…). Vamos, de un tema (el del tiempo a través de los procesos vitales) que está ya tan usado que necesita, al menos, algo más, una vuelta de tuerca, un retorcimiento que lo haga distinto a todo lo que ya se ha escrito y leído al respecto. 

Vuelvo a insistir en que, como siempre, lo que vuelco en mis reseñas es una opinión mía y no una verdad absoluta, pero, en ese sentido, el libro me ha traído muy poco nuevo.

Hay algunos poemas, sobre todo al principio, como “Biografía cero”, que sí me han gustado y que, incluso, he recitado en mi Instagram, pero no sabría decir si hay más poemas que me hayan gustado o que me hayan dejado indiferente.

Insisto, también, en que parte de mi opinión viene de saber que es un poemario con un premio muy prestigioso, y eso, guste o no, condiciona a la hora de opinar. Me cuesta creer (y tengo alguna constancia de otros libros finalistas y con accésit de esa misma edición) que este sea el mejor poemario presentado. Sin ir más lejos, uno de los accésito que se concedieron ese mismo año, “Toda la verdad”, de Diego Medina Poveda, fue, posteriormente, premiado con el “Premio Andalucía de la Crítica”. Siendo ambos autores andaluces, hay algo ahí que no me termina de cuadrar.

Lo que está claro es que, por suerte o por desgracia, los gustos de cada uno son los que son y que, también por suerte o por desgracia, hay libros para cubrir todos esos gustos.

Mi sensación final, y el poso que espero dejar a quien lea esta reseña, es que no es un mal poemario ni pienso que la autora sea una mala poeta, sino que no me parece un libro merecedor de un premio tan importante. ¿Lo recomendaría leer? No puedo decir que no merece la pena leerlo, porque hay detalles que sí me han gustado y, como digo, no es, en absoluto, un mal libro. Pero hay muchos otros libros de poesía, incluso actual, que recomendaría muchísimo más. Sin ir más lejos, el último ganador del mismo premio: “Toda la violencia”, de Abraham Guerrero Tenorio, reseñado, por si os apetece leer mi opinión, hace muy poco:

Lo que más me ha gustado: esos poemas del principio, más “clásicos”, sin menos florituras estéticas que a mí no me suelen gustar, con esas imágenes potentes, precisamente, por el dificilísimo hallazgo de la sencillez.

De “Biografía cero”:

“el mismo miedo difuso,

la misma ira repentina,

las mismas imprevisibles

y verdaderas ganas de llorar”.

De “Amiga imaginaria”:

“Le he dado ojos para verme

llorar y no hace nada.

Le he dado pies para venir

conmigo a todas partes.

Le he dado boca y me dice:

«El corazón se te está pudriendo»”.

Lo que menos me ha gustado: además de todo lo que ya he argumentado, tengo que decir que no me gusta nada el título. Lo de la eternidad del tiempo es un concepto ya desgastado por el uso, y verlo, precisamente, en el título lo hace aún más hiriente. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“La despedida comienza siempre

mucho antes que la separación”. “Díptico: lunes, 21 de marzo de 2016”, María Elena Higueruelo

Crítica: Individuo armado

Título: Individuo armado

Autor: Cristian Álvarez

Editorial: Letraversal

Este libro llegó a mí de una manera muy especial.

Como os conté hace unos días, @casadellibro me ha hecho uno de sus embajadores (sigo sonriendo solo de pensarlo), y este “Individuo armado” era parte del primer regalo que me hicieron.

Si os soy sincero (y sabéis que siempre lo soy), no conocía este libro ni a su autor ni a la editorial. Por eso, entre otras cosas, me hace tan feliz esto de ser embajador de Casa del Libro: porque me va a descubrir lecturas que, de otra forma, quizá no llegara a conocer.

Siguiendo con la sinceridad, no es la poesía que suelo leer. De hecho, lo empecé con alguna reticencia. Y, sí, me costó algo entrar.

Pero entré.

Y empecé a saborear los versos, la poesía.

Y el sabor, aunque desconocido, se fue pegando a mi paladar.

Y me dejó muy buen sabor de boca. En lo poético, claro, porque es un poemario duro en el que la humanidad (o la deshumanización de lo humano) se expone con las tripas abiertas, entre disparos, tiroteos y masacres. Eso sí, de una forma muy original y (en mi opinión) muy bien resuelta.

Un poemario bien escrito, bien estructurado, bien pensado y, si me permitís la obviedad, muy bien armado.

Además de lo poético, no puedo escribir esta crítica sin hablar del exquisito trabajo de la editorial “Letraversal”Una edición preciosa sin perder la sencillez que la poesía pide. Muy bien cuidada, pero sin florituras innecesarias. La cubierta, en diseño y textura, es perfecta. Elecciones tomadas a la perfección en los aspectos técnicos. Mención especial (no sé si esto es acierto del autor, de la editorial o de ambos) para el poema “Karpestraat [Gante, 19.00 horas]”, que aparece escrito a mano por el poeta. Un detalle que puede parecer absurdo, pero que me ha encantado.

Dicho esto, paso a compartiros algunos versos para que podáis conocer un poco la poesía de Cristian Alcaraz.

“Al presionar vuestra bandera

edifico nuestro nuevo orden social.

Aquí mi tacto. Aquí los bits

que me componen”.

“Yo, ser que recibe,

dudo si soy un hombre

menos hombre.

Cuántas veces han entrado dentro de mí

para modificarme”.

Y, puede que mis versos favoritos del libro, precisamente del poema que aparece escrito a mano:

“Es esto la fascinación: me han enseñado

a retener el duelo

de la gente que se me parece”.

Gracias a Casa del Libro por la copia.

Gracias a Cristian Alcaraz por ser valiente y original, por traernos un poemario que trata de tiroteos, matanzas y armas, y todo lo que suponen para el mundo.

Gracias a Letraversal, por preocuparse por la poesía, por ocuparse de ella, y por hacerlo tan bien.

Gracias, también, a vosotrxs, por leerme siempre que hablo de libros.

“La bomba va a estallar en el bar”.

Wislawa Szymborska

Crítica: El fiel de la balanza

Título: El fiel de la balanza

Autor: Manuel Francisco Reina

Editorial: Cuadernos del laberinto

Aún recuerdo cuando, hace algunos años, fui de los primeros en escuchar algunos de los poemas que dan forma a este libro en la propia voz de Manuel Francisco Reina. Mi amistad con él lo ha convertido en mi hermano, ya sabéis, y aquella tarde en Madrid me quiso hacer ese regalo que hoy, tras un tiempo largo sin publicar poesía, adquiere forma física.

Por esa amistad fraternal, pude vivir buena parte de todas las vivencias que nutren estos versos. Y, por esas vivencias, la lectura de este libro ha sido dolorosa.

Son muchos los años, mucho lo compartido. En ambas casas. Conozco de primera mano todo lo que Manuel lleva dentro y, por eso, duele tanto leerlo una vez que lo ha sacado en forma de poema, aunque ya supiera todo lo que había ocurrido.

Una pena enorme saber que alguien a quien se quiere tanto haya tenido que pasar por esto.

Una pena que haya seres (por llamarlos de alguna forma) tan despreciables y oscuros.

Pero, por suerte, Manuel lleva la luz consigo, en su persona y en su literatura, y su inteligencia y maestríalo llevan a saber redirigir el sufrimiento hacia el propio beneficio, hacia la sanación de la enfermedad y la cauterización de la herida. Como dijo Félix Grande a propósito del maravilloso poemario “La paternidad de Darth Vader”“hay que poner a trabajar al dolor al servicio de la vida”. Y vaya si Reina lo cumple…

Catarsis en estado puro. Dolor. Lágrimas y alguna náusea. Leer este libro es una experiencia física, porque lo que duele se adhiere a la carne y traspasa las murallas óseas para hacerse camino hasta los órganos vitales. Es un libro, en palabras de la maravillosa Raquel Lanseros“que respira, siente y sangra como solo la verdad sabe hacerlo”. Porque hasta en eso acierta este poemario, en contar con una poeta de la talla y la humanidad de Lanseros para encargarse de la contracubierta.

“El fiel de la balanza”, cuyo título ya es premonitorio (además de precioso y preciso), es un poemario en prosa. Que nadie lo confunda con esa mal llamada “prosa poética” que no es más que escribir alguna frase y darle al “enter” del teclado después de un par de palabras. No. Este no es un libro de aforismos ni viene a descubrir nada desde el desconocimiento. Pocos poetas hay en el panorama nacional con la delicadeza, el conocimiento y las tablas de Manuel Francisco Reina. Ha tardado años y ha escrito muchos poemariosantes de lanzarse a escribir poesía en prosa, precisamente (y así me lo transmitió) por la dificultad que entraña. Una vez más, os pido y recomiendo: leed a quien sabe escribir y aprended de quien puede enseñarnos.

El resultado es un poemario absolutamente visceral, escrito desde la entraña, desde el borde del abismo en el que la memoria nos sitúa, en el que los recuerdos tratan de empujarnos al vacío. Un recorrido por una historia tan personal como deshumanizada por una de las partes. Tan llena de dolor y culpa como de aprendizaje y liberación.

Qué difícil es volcar la sangre sobre el blanco, ofrecerse al lector sin más protección que las últimas capas de piel, dispuesto a dibujarse el centro de la diana en la frente. Pero qué necesario. Tanto para quien lo escribe como para quien lo lee. Qué necesaria es, amigos y amigas, la poesía.

Dicho esto (porque me tiraría escribiendo horas y horas), paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

La dificultad: si escribir poesía es complicado, hacerlo en prosa lo es aún más. Solo algunos y algunas de los y las más grandes han sido capaces de salir con dignidad del intento. Autores como Aleixandre, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano (AUTORES), a los que ahora se suma, con demostrado merecimiento, Manuel Francisco Reina.

La valentía: la poesía, en mi opinión, ha de ser valiente. El poeta debe dejar de lado los miedos y las vergüenzas, las posibles miradas reprobatorias o condescendientes. En definitiva, tiene que tener el valor para estrujarse el corazón hasta que sangre. Esa es la poesía que llega o, al menos, la que más me llega a mí. 

La empatía: aunque haber sido partícipe de todo lo que aquí se cuenta es arma de doble filo, conocer muchos de los detalles que a otros pasarán desapercibidos me hace poder adentrarme más aún en este dolor compartido. Lo bueno, lo positivo de esta posición privilegiada por la cercanía es saber que, también, pude estar ahí para el consuelo. Al final, de eso trata la amistad.

El cariño: cuanto más se conoce a Manuel, más se lo quiere. Y cada poema nos lleva a conocerlo un poco mejor. Os animo a hacerlo. A leer su poesía. A conocerlo mejor, porque es una de esas personas sin las cuales el mundo sería más inhabitable.

Mi (pequeña) aportación: que mi nombre aparezca en este libro, aunque solo sea como autor de la fotografía del autor, es un privilegio inmenso que me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: no podría quedarme con una sola cosa, pero diré que leer poesía en prosa, ya que no estoy habituado y es una auténtica gozada.

Lo que menos me ha gustado: nada que ver con lo poético, obviamente. Solo puedo hablar del dolor que me ha causado, sin que eso sea algo negativo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Disfruta del presente pues la posteridad es mía”.

Manuel Francisco Reina, “Mientras dura la fiesta”, en “El fiel de la balanza”.