Entrevistas en Radio Off The Record

Aunque ya lo he anunciado en mis redes sociales, me faltaba contarlo por aquí y no quiero dejar pasar más tiempo.

Estar de baja tanto tiempo (y no haberlo estado nunca antes) me llevó a buscar todos los medios posibles para no aburrirme, para aprovechar el tiempo y para intentar no caer en esa sensación tan horrible del confinamiento.

Pensé qué podría hacer para que estos casi cuatro meses no se convirtieran en tiempo perdido, y lo cierto es que puede que se me haya ido un poco de las manos.

Así, a modo de lista de la compra, os resumo todos los fregados en los que me he metido:

He escrito un poemario (para adultos).

He escrito una pequeña novela infantil.

He leído una barbaridad (ya casi he llegado al propósito que me propuse en Goodreads y no hemos llegado ni al quinto mes).

He hecho un curso de “Boot Camp Google Educador Level 1”, de (dicen) veinte horas.

Estoy haciendo el curso “El blog en la enseñanza”, de (dicen) cuarenta horas.

Estoy haciendo el curso “El taller de escritura: de la teoría a la práctica en el aula”, de (dicen) setenta horas.

Me encargo del Club de Lectura Infantil de la Librería Taiga, con un inicio precioso acompañado de Beatriz Osés.

He firmado dos contratos editoriales (uno, para “La hija del soplador de vidrio”, novela de la que ya os he hablado; otro, para una serie infantil de, por ahora, cinco libros de la que ya os hablaré cuando se acerque el momento de la publicación, aún algo lejano).

Me han hecho embajador de Casa del Libro.

Y, por último (de momento, y si no me olvido de nada), he empezado el proyecto que apunto en el título de la entrada y que me hace muy, muy, muy feliz: he empezado a grabar podcasts con entrevistas a gente relacionada con la literatura (porque escriben, porque editan, porque venden, porque leen, porque ilustran…) de la mano de Radio Off The Record.

Siempre me ha gustado mucho la radio y, aunque sea maestro, mi primera carrera fue Publicidad y RR.PP., por lo que soy licenciado en comunicación, aunque no sea periodista. Me gusta esa calidez, esa cercanía, esa comodidad que ofrecen las voces radiofónicas. Por eso, aproveché la posibilidad de grabar podcasts para iniciar esta serie de entrevistas y le pedí a Miryam, responsable de la radio, unirme a su equipo. La respuesta fue inmediata y, la verdad, no podría haber tenido más suerte, porque me ha acogido con los brazos abiertos y es una maestra genial.

Para no enrollarme más, os dejo el enlace con la primera entrevista. No había nadie más oportuno para iniciarme en esta aventura que quien es, en mi opinión, el mejor poeta nacional que tenemos ahora mismo. Una de las personas más cultas, íntegras, humildes y buenas que, por suerte, tengo en mi vida. Alguien a quien me unen casi veinte años de amistad y a quien no considero un amigo, sino un hermano. Y, sí, quien es mi maestro en mi versión poética (menudo lujo). Hablo, como muchos ya sabréis, de Manuel Francisco Reina. En la entrevista (que espero escuchéis) nos habla de literatura, de poesía, de cultura… Y, tal y como le pedí (y pediré a mis invitados e invitadas), nos leyó un poema de su último (y maravilloso) poemario, “El fiel de la balanza”, y, también, un poema de otra de mis poetas preferidas, Raquel Lanseros.

Feliz de estar donde estoy y con quien estoy.

Feliz de estar con vosotros.

Espero que os guste.

Crítica: Individuo armado

Título: Individuo armado

Autor: Cristian Álvarez

Editorial: Letraversal

Este libro llegó a mí de una manera muy especial.

Como os conté hace unos días, @casadellibro me ha hecho uno de sus embajadores (sigo sonriendo solo de pensarlo), y este “Individuo armado” era parte del primer regalo que me hicieron.

Si os soy sincero (y sabéis que siempre lo soy), no conocía este libro ni a su autor ni a la editorial. Por eso, entre otras cosas, me hace tan feliz esto de ser embajador de Casa del Libro: porque me va a descubrir lecturas que, de otra forma, quizá no llegara a conocer.

Siguiendo con la sinceridad, no es la poesía que suelo leer. De hecho, lo empecé con alguna reticencia. Y, sí, me costó algo entrar.

Pero entré.

Y empecé a saborear los versos, la poesía.

Y el sabor, aunque desconocido, se fue pegando a mi paladar.

Y me dejó muy buen sabor de boca. En lo poético, claro, porque es un poemario duro en el que la humanidad (o la deshumanización de lo humano) se expone con las tripas abiertas, entre disparos, tiroteos y masacres. Eso sí, de una forma muy original y (en mi opinión) muy bien resuelta.

Un poemario bien escrito, bien estructurado, bien pensado y, si me permitís la obviedad, muy bien armado.

Además de lo poético, no puedo escribir esta crítica sin hablar del exquisito trabajo de la editorial “Letraversal”Una edición preciosa sin perder la sencillez que la poesía pide. Muy bien cuidada, pero sin florituras innecesarias. La cubierta, en diseño y textura, es perfecta. Elecciones tomadas a la perfección en los aspectos técnicos. Mención especial (no sé si esto es acierto del autor, de la editorial o de ambos) para el poema “Karpestraat [Gante, 19.00 horas]”, que aparece escrito a mano por el poeta. Un detalle que puede parecer absurdo, pero que me ha encantado.

Dicho esto, paso a compartiros algunos versos para que podáis conocer un poco la poesía de Cristian Alcaraz.

“Al presionar vuestra bandera

edifico nuestro nuevo orden social.

Aquí mi tacto. Aquí los bits

que me componen”.

“Yo, ser que recibe,

dudo si soy un hombre

menos hombre.

Cuántas veces han entrado dentro de mí

para modificarme”.

Y, puede que mis versos favoritos del libro, precisamente del poema que aparece escrito a mano:

“Es esto la fascinación: me han enseñado

a retener el duelo

de la gente que se me parece”.

Gracias a Casa del Libro por la copia.

Gracias a Cristian Alcaraz por ser valiente y original, por traernos un poemario que trata de tiroteos, matanzas y armas, y todo lo que suponen para el mundo.

Gracias a Letraversal, por preocuparse por la poesía, por ocuparse de ella, y por hacerlo tan bien.

Gracias, también, a vosotrxs, por leerme siempre que hablo de libros.

“La bomba va a estallar en el bar”.

Wislawa Szymborska

Crítica: El fiel de la balanza

Título: El fiel de la balanza

Autor: Manuel Francisco Reina

Editorial: Cuadernos del laberinto

Aún recuerdo cuando, hace algunos años, fui de los primeros en escuchar algunos de los poemas que dan forma a este libro en la propia voz de Manuel Francisco Reina. Mi amistad con él lo ha convertido en mi hermano, ya sabéis, y aquella tarde en Madrid me quiso hacer ese regalo que hoy, tras un tiempo largo sin publicar poesía, adquiere forma física.

Por esa amistad fraternal, pude vivir buena parte de todas las vivencias que nutren estos versos. Y, por esas vivencias, la lectura de este libro ha sido dolorosa.

Son muchos los años, mucho lo compartido. En ambas casas. Conozco de primera mano todo lo que Manuel lleva dentro y, por eso, duele tanto leerlo una vez que lo ha sacado en forma de poema, aunque ya supiera todo lo que había ocurrido.

Una pena enorme saber que alguien a quien se quiere tanto haya tenido que pasar por esto.

Una pena que haya seres (por llamarlos de alguna forma) tan despreciables y oscuros.

Pero, por suerte, Manuel lleva la luz consigo, en su persona y en su literatura, y su inteligencia y maestríalo llevan a saber redirigir el sufrimiento hacia el propio beneficio, hacia la sanación de la enfermedad y la cauterización de la herida. Como dijo Félix Grande a propósito del maravilloso poemario “La paternidad de Darth Vader”“hay que poner a trabajar al dolor al servicio de la vida”. Y vaya si Reina lo cumple…

Catarsis en estado puro. Dolor. Lágrimas y alguna náusea. Leer este libro es una experiencia física, porque lo que duele se adhiere a la carne y traspasa las murallas óseas para hacerse camino hasta los órganos vitales. Es un libro, en palabras de la maravillosa Raquel Lanseros“que respira, siente y sangra como solo la verdad sabe hacerlo”. Porque hasta en eso acierta este poemario, en contar con una poeta de la talla y la humanidad de Lanseros para encargarse de la contracubierta.

“El fiel de la balanza”, cuyo título ya es premonitorio (además de precioso y preciso), es un poemario en prosa. Que nadie lo confunda con esa mal llamada “prosa poética” que no es más que escribir alguna frase y darle al “enter” del teclado después de un par de palabras. No. Este no es un libro de aforismos ni viene a descubrir nada desde el desconocimiento. Pocos poetas hay en el panorama nacional con la delicadeza, el conocimiento y las tablas de Manuel Francisco Reina. Ha tardado años y ha escrito muchos poemariosantes de lanzarse a escribir poesía en prosa, precisamente (y así me lo transmitió) por la dificultad que entraña. Una vez más, os pido y recomiendo: leed a quien sabe escribir y aprended de quien puede enseñarnos.

El resultado es un poemario absolutamente visceral, escrito desde la entraña, desde el borde del abismo en el que la memoria nos sitúa, en el que los recuerdos tratan de empujarnos al vacío. Un recorrido por una historia tan personal como deshumanizada por una de las partes. Tan llena de dolor y culpa como de aprendizaje y liberación.

Qué difícil es volcar la sangre sobre el blanco, ofrecerse al lector sin más protección que las últimas capas de piel, dispuesto a dibujarse el centro de la diana en la frente. Pero qué necesario. Tanto para quien lo escribe como para quien lo lee. Qué necesaria es, amigos y amigas, la poesía.

Dicho esto (porque me tiraría escribiendo horas y horas), paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

La dificultad: si escribir poesía es complicado, hacerlo en prosa lo es aún más. Solo algunos y algunas de los y las más grandes han sido capaces de salir con dignidad del intento. Autores como Aleixandre, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano (AUTORES), a los que ahora se suma, con demostrado merecimiento, Manuel Francisco Reina.

La valentía: la poesía, en mi opinión, ha de ser valiente. El poeta debe dejar de lado los miedos y las vergüenzas, las posibles miradas reprobatorias o condescendientes. En definitiva, tiene que tener el valor para estrujarse el corazón hasta que sangre. Esa es la poesía que llega o, al menos, la que más me llega a mí. 

La empatía: aunque haber sido partícipe de todo lo que aquí se cuenta es arma de doble filo, conocer muchos de los detalles que a otros pasarán desapercibidos me hace poder adentrarme más aún en este dolor compartido. Lo bueno, lo positivo de esta posición privilegiada por la cercanía es saber que, también, pude estar ahí para el consuelo. Al final, de eso trata la amistad.

El cariño: cuanto más se conoce a Manuel, más se lo quiere. Y cada poema nos lleva a conocerlo un poco mejor. Os animo a hacerlo. A leer su poesía. A conocerlo mejor, porque es una de esas personas sin las cuales el mundo sería más inhabitable.

Mi (pequeña) aportación: que mi nombre aparezca en este libro, aunque solo sea como autor de la fotografía del autor, es un privilegio inmenso que me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: no podría quedarme con una sola cosa, pero diré que leer poesía en prosa, ya que no estoy habituado y es una auténtica gozada.

Lo que menos me ha gustado: nada que ver con lo poético, obviamente. Solo puedo hablar del dolor que me ha causado, sin que eso sea algo negativo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Disfruta del presente pues la posteridad es mía”.

Manuel Francisco Reina, “Mientras dura la fiesta”, en “El fiel de la balanza”.

Crítica: Toda la violencia

Título: Toda la violencia

Autor: Abraham Guerrero Tenorio 

Editorial: Rialp

Este poemario me llegó por varias recomendaciones de personas de las que me fío, al menos en lo literario. Último ganador del “Premio Adonáis” (uno de los más importantes para jóvenes poetas), “Toda la violencia”, en mi humilde opinión y sin haber leído a los finalistas, merecía ganarlo

Lo merecía porque encierra una poesía honesta, personal, cotidiana y bien escrita. Una mezcla de la poesía de siempre con el toque propio de un autor que no tiene remilgos a la hora de desabotonarse las heridas desde un lenguaje tan propio como su propia experiencia.

La violencia, como vemos en las cinco partes del poemario, puede aparecer en todos los planos vitales. La familia. El amor. La muerte. La escritura. El capitalismo. Abraham describe muy bien esas violencias, y lo hace sin pretensiones, sin querer alardear de nada, con un verso descarnado que cuenta, además, con la dificultad de hacerlo sencillo.

Podría decir, sin desmerecer en absoluto esas partes, que puede ser más habitual encontrar esa poesía dolorosa o violenta en temas como la familia, el amor o la muerte. Quizá, aunque se traten desde un nuevo prisma, pues es, como digo, una poesía muy personal, sean temas más comunes. Insisto, sin que esto quiera decir nada contrario a que son muy buenos poemas abordados desde una muy buena postura. Lo que quiero decir con todo esto es que me ha parecido un acierto espectacular encontrar que se trata el tema de la violencia en aspectos tan poco tratados en lo poético como el oficio del escritor y las trampas del capitalismo. Esas dos últimas partes, por mucho que me hayan gustado las tres primeras, son las que más me han gustado. Por lo impropio, sí, pero porque (creo) es donde mejor se ve la esencia de este poeta que escribe sin pensar en ese “qué dirán” que, a veces, tanto limita. 

Licenciado en Filología Hispánica y profesor de lengua castellana, este poeta gaditano nos trae su visión del mundo en un poemario tan verdadero como esa violencia cotidiana que nos rodea.

Y a mí, que me encanta ver que no todos los jóvenes que quieren ser poetas se conforman con cualquier cosa, me alegra mucho descubrir a Abraham Guerrero Tenorio desde su esencia, que es su poesía.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El premio: ya sabéis que el tema de los premios literarios es bastante controvertido. Todos sabemos que, muchas veces, se mueven otros intereses ajenos a la calidad de los premiados, así que me gusta mucho descubrir que un premio tan importante como el “Adonáis” se aleja de lo naif y reconoce el trabajo de lo real. 

Lo personal: aunque me suele cansar la poesía cuando se abusa de lo personal, cuando solo se escribe desde lo que el poeta ha sufrido y el verso es siempre en primerísima persona (algo que me impide, si se repite más de la cuenta, en integrarme en la poesía), Abraham sabe compensar sus vivencias más dolorosas con una apertura hacia esa otredad que, al menos en mi caso, engancha más. Muy bien resuelto.

El tema: ya sabéis que la poesía que más me gusta es la que duele, y esta duele bastante. Maltrato, suicidio, soledad, pobreza… En este sentido, no le puedo pedir más a un poemario.

Lo que más me ha gustado: como he dicho al principio, las dos últimas partes: “Cuarta violencia” (sobre la escritura) y “Quinta violencia” (sobre el capitalismo). Me han hecho reflexionar sobre esos temas y sus consecuencias.

De “La luz azul” (Cuarta violencia):

“Y sin embargo yo, escribiendo

con las rodillas huérfanas

la constante deriva de la noche,

sintiendo el resplandor azul de la pantalla

abriéndose camino

hacia el oscuro centro de mi pecho”.

De “Chicos de barrio” (Quinta violencia):

“Hoy algunos, en paro y sin salida,

sentados en los bancos de la plaza

se miran las uñas y se preguntan

qué hacer con tanta tarde entre las manos”.

Sin duda, un muy buen poemario de un poeta joven que merece ser leído. Recomendado al cien por cien.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, para tratarse de un premio tan prestigioso como este, la edición no es para tirar cohetes. Demasiado simple, en mi opinión. 

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Nosotros,

estirpe de padres sin hijos,

ofrecemos nuestras manos vacías”.

 “Ofrenda”, Abraham Guerrero Tenorio

Día Mundial de la Poesía

Me ocurre algo con la literatura que se hace aún más grande con la poesía.

Si veo un libro anunciado por todas partes (medios de comunicación, sobre todo) y recomendado por todas partes (esas listas dirigidas por los medios de quienes dependen ciertas editoriales), suelo desconfiar.

Si ese libro es de poesía (o pretende serlo), desconfío por completo.

¿Alguna vez habéis visto anunciado en la televisión o metido con calzador en un programa televisivo un poemario? Un poemario de los de verdad, quiero decir, de los que escriben poetas de verdad. Yo, tampoco.

Para leer buena poesía, por desgracia, hay que escarbar mucho. Hay que buscar en otros canales que se alejan mucho de las luces y la purpurina, que están a años luz de las pantallas. Con la poca poesía que se lee (por desgracia), ¿de verdad pensáis que influencers que nada tienen que ver con la literatura saben recomendar un buen poemario?

En las grandes librerías, además, los “poemarios” que están más a la vista son los que han escrito famosos, youtubers, influencers, cantantes, actores o actrices… Y te las ves y te las deseas para encontrar, por nombrar a algunos y algunas poetas, a Alberti, José Hierro, Guadalupe Grande, Manuel Francisco Reina, Raquel Lanseros, Francisca Aguirre, Ángela Figuera Aymerich, Pilar Paz Pasamar y muchos y muchas más que son figuras e historia de la poesía. Y es una verdadera pena. He llegado a ir a la sección de poesía de unos grandes almacenes y ver poemarios de todos esos “poetas” de los que hablo al principio de este párrafo y no encontrar ni un solo libro de García Lorca

Huyo, también, de los poemarios repletos de ilustraciones (preciosas, todo sea dicho), con tapa dura, a todo color, casi con destellos. No tengo ni un solo libro de poesía de todos esos poetas que he nombrado que sea así. Ninguna de las editoriales que publica poesía, como Hiperión, Pre-textos, Calambur, Visor, Renacimiento, Rialp o Cuadernos del laberinto, por poner algunos ejemplos, son así. Son libros sencillos. Libros que no necesitan de brillos que no sean los que aportan sus poemas. Si hay que adornar tanto unos (supuestos) versos, qué malos han de ser…

Por eso, a quienes queráis leer poesía, os pido que no os quedéis en lo básico. Que puede que iniciarse leyendo “poesía” simple pueda ayudar a leerla, pero la poesía no es simple, por suerte. Hay poesía sencilla de leer en poetas de verdad. Desconfiad de un “poemario” publicitado y promocionado a bombo y platillo, indagad en la trayectoria de su autor o autora, contrastad si su éxito se debe a la calidad de su literatura o a la cantidad de seguidores que tiene en redes (y esto vale para toda la literatura). Hay poetas buenísimos y buenísimas con cientos de premios de poesía en su carrera (algo tendrá que ver la calidad) que no están en ninguna librería, en contraposición a libros de algo que no sé definir, pero que no son poesía, en escaparates y en primera línea de las estanterías. Libros que han escrito personas cuyo único mérito es tener ese ejército de seguidores que asegurará unas ventas. Si no fuera así, ¿por qué editoriales de las más potentes y que nunca publican poesía, sí lo hacen ahora, con esos personajes? El negocio no es poesía, por mucho que a algunos les duela leerlo.

Dicho esto, quiero poner altavoz a esos y esas poetas que no necesitan focos ni editoriales gigantes ni un séquito de seguidores ni ilustraciones ni colores ni fantasías para regalarnos poemarios de verdad. Poemarios escritos desde el respeto, desde el estudio, desde el conocimiento, desde lo clásico, desde lo que se necesita para escribir poesía.

Ahí os dejo algunos nombres de poetas, con mayúsculas, y de algunas editoriales en las que se puede confiar.

Huid de la purpurina y de los nombres famosos. La poesía, amigos y amigas, no es eso.

Feliz Día Mundial de la Poesía.

“Una verdad que borre el caos que la guía

una verdad que nos defienda del terror

que nos hizo humanos y mortales”.

Francisca Aguirre

Crítica: Cartas a un joven poeta

Título: Cartas a un joven poeta

Autor: Rainer Maria Rilke

Editorial: Nørdica

 

Leí este libro hace muchos, muchos años, y no recordaba casi nada. Mi guía poético (ya sabéis de quién hablo) llevaba un tiempo diciéndome que lo releyera y, inmerso como estado en la creación de un nuevo poemario, pensé que era el momento perfecto.

 

Por eso, bajé a Taiga, la librería que tengo cerca de casa, y pasó una de esas situaciones mágicas que se dan con la literatura. Fui con la idea de preguntar si existía alguna edición bonita de este libro, pero no hizo falta. Al apoyarme en el mostrador, esta preciosa edición estaba ahí, frente a mis ojos, esperándome. ¿No es magia?

 

Me lo traje a casa, por supuesto, junto a otros cuantos libros (menos mal que es un vicio bueno). Y, sí, tenía que releerlo y este era el momento idóneo.

 

Ahora que el mundo está lleno de expertos (voy al plano literario, aunque esto es un fenómeno que se da en otros muchos). Que todos saben cómo hay que escribir, qué hacer para publicar, cómo relacionarnos con nuestros lectores, cómo vender libros y (ojo) cómo hemos de leer, ir a los clásicos es una burbuja de aire en medio de tanta estupidez y tanto ego.

 

Ahora, también, que las secciones de poesía de las librerías se llenan con productos preciosos en lo estético y atroces en lo poético (me ahorraré dar nombres), qué necesario es leer y escuchar a quien sabe de poesía.

 

Estas “Cartas a un joven poeta” son un referente, un faro, una mirada clavada en la nuestra y una garganta que nos grita “cuidado con la poesía”. Porque, como he dicho muchas veces, en poesía no vale todo y, por supuesto, no valen todos. Por mucho que las ediciones estén llenas de ilustraciones maravillosas y sean coloridas hasta el empalagamiento. Cualquiera que intente escribir poesía (de la de verdad, insisto) tendría que leer este libro, además de leer a quienes han dejado su nombre en este complicadísimo género. Ya sabéis que yo sigo intentando aprender al máximo posible porque, el día que publique poesía (si es que llega ese día), quiero hacerlo desde el respeto, la admiración y el amor que siento por la poesía y por los y las poetas.

 

El libro es un conjunto de cartas que Rilke envía a un joven poeta que busca consejo en sus palabras. Y vaya cartas… En ellas, el autor lo guía a través de temas como el amor, el dolor o la religión, además de darle consejos concretos para acercarse a la poesía, y lo hace desde el cariño, desde su sabiduría y su capacidad creadora, dejándonos, a quienes lo leemos con esa misma intención, un poso de aprendizaje muy, muy valioso.

 

Además, como ya he dicho y como puede verse solo con la cubierta, la edición es una preciosidad. Las ilustraciones de Ignasi Blanch solo mejoran un texto que las acoge y las agradece. El trabajo de Nørdica es impecable.

 

 

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

 

Puntos fuertes:

 

El aprendizaje: como he dicho muchas veces (porque lo pienso de verdad), los maestros están para aprender de ellos, y Rilke es, sin duda, un maestro. A quien pretenda escribir sin leer a aquellos que son historia de la literatura le deseo suerte…

La edición: fue amor a primera vista. Me encanta que haya editoriales que elijan clásicos de la literatura universal y hagan estas preciosidades. Es un libro maravilloso para tener y para regalar.

Las ilustraciones: sencillas, con historia, muy apropiadas… Un diez.

Hacerme amar más la poesía: no sé si llegará el día en que publique poesía, pero ese día, creedme, seré muy, muy, muy feliz.

 

Lo que más me ha gustado: resaltaría muchos puntos, pero voy a decir que lo que más me ha gustado ha sido la antepenúltima carta, quizá porque trata justo los temas que trato yo en el poemario que acabo de escribir.

Lo que menos me ha gustado: no puedo ponerle ni un pero al autor ni al ilustrador ni a la editorial ni a la traductora y responsable del epílogo. Este libro es un tesoro, y como tal lo tendré en casa.

 

Mi sensación final es que se trata de un libro cuya lectura es necesaria para cualquiera que quiera empezar a escribir poesía. Por eso, lo recomendaré siempre que tenga ocasión.

 

“Si no hay nada común entre usted y los hombres, trate de acercarse a las cosas que no le abandonarán”.

Rainer Maria Rilke

Crítica: Mãn

Título: Mãn

Autor: Kim Thúy

Editorial: Periférica

Hay amores que crecen con el paso de tiempo y con la insistencia, y eso es lo que me pasa con Kim Thúy y con Periférica.

Mi idilio con esta editorial no es tan reciente. Todo lo que he leído suyo me ha encantado, y sigo pensando que es una forma de editar casi perfecta. Libros bonitos, en la misma línea, con ese rojo tan atrayente, cómodos, ligeros… Me encantan, qué os voy a decir.

En cuanto a la autora, si con “Ru” https://jorgepozosoriano.com/2021/02/14/critica-ru/ descubrí a esta autora vietnamita (qué agradecido le estoy a esta fiebre oriental lectora) y pensé que leería más libros suyos, con “Mãn” lo he confirmado. Tengo algunas lecturas pendientes que me apetece mucho hacer (hoy mismo empezaré con “Territorio de luz”, de Yuko Tsushima), pero el tercer libro de Thúy, “Vy”, no tardará en llegar. Además, justo ayer, Periférica subió a su Instagram una publicación sobre esta maravillosa autora y anunciaron que, en septiembre, publicarán “Em”, su nueva novela. Sabéis quién se la leerá en cuanto salga, ¿verdad? (Por cierto, me encanta los títulos tan escuetos como cargados de significado, porque así es la literatura de Kim Thúy).

En esta novela se cuenta, de esa forma tan poética y cuidada de esta autora, la historia de “Mãn”, una inmigrante vietnamita en Canadá (como la propia Thúy) que encuentra su lugar en el mundo gracias a la amistad (qué personaje más bonito el de Julie), el amor (lo que me gusta encontrarme historias de amor reales y no las tan prefabricadas de muchos libros tan de moda) y, sobre todo, la cocina. Y, a través de la cocina, se nos muestra Vietnam, su Vietnam, sus sabores, olores, recuerdos, vivencias… Y qué forma tan bonita de viajar a Vietnam y al interior y a niñez de una autora como Thúy.

Una vez más, sin pretensiones. Con una pluma delicada y exacta, con un lenguaje medido al detalle, con una sencillez tan complicada de conseguir que casi no se encuentra en ninguna novela. 

La estructura, esta vez, es algo distinta. La historia se cuenta desde términos que aparecen en vietnamita y en español (muchos, relacionados con ingredientes y comidas) y a través de los cuales se estructura la vida de “Mãn”. Muy original y, en mi opinión, muy acertado.

Como habréis imaginado, sí. Una vez más… MA-RA-VI-LLA.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La delicadez: es muy difícil escribir prosa con tanta poesía y que no sea un error enorme. La poesía es poesía y la prosa, prosa. Mezclarlas, casi siempre (y a no ser que se tenga un dominio absoluto de ambas), supone un texto complicado de leer. No es el caso. Esta prosa tan poetizada de Kim Thúy es perfecta. Al menos, para mí, lector asiduo de poesía.

La estructura: una vez más, como he dicho, la estructura me parece un acierto. Leer pequeños fragmentos que van hilando una historia tan dulce como la de la protagonista ayuda a que la lectura sea tranquila, a que tenga la pausa necesaria para leer a esta autora, experta en esa pausa. 

El enamoramiento: lo puedo decir sin riesgo a equivocarme: Kim Thúy se ha convertido en una de mis escritoras favoritas. No tengo ninguna duda al respecto.

Vietnam: es un país que conozco muy poco, pero que siempre me ha fascinado. Por esa razón, encontrar tantos fragmentos de Vietnam en los libros de Thúy es un regalo que estoy disfrutando como un niño pequeño.

Lo que más me ha gustado: vuelvo a decir lo que dije al leer “Ru”: el lenguaje. No conozco muchos libros cuyo lenguaje me enamore de esta forma. Por decir algo distinto en cuanto a un aspecto que me ha gustado mucho, la forma en la que se trata la amistad y el amor me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: imposible apuntar nada en este punto. Una auténtica delicia de lectura. 

Mi sensación final es esa que os digo. Kim Thúy ha llegado a mi vida para quedarse, y haré que llegue a la vida de más personas recomendándola y regalándola.  

“Me saludó con el entusiasmo de una arqueóloga que hubiese descubierto la huella del primer beso”.

Kim Thúy, Mãn

Título: Mãn

Autor: Kim Thúy

Editorial: Periférica

Hay amores que crecen con el paso de tiempo y con la insistencia, y eso es lo que me pasa con Kim Thúy y con Periférica.

Mi idilio con esta editorial no es tan reciente. Todo lo que he leído suyo me ha encantado, y sigo pensando que es una forma de editar casi perfecta. Libros bonitos, en la misma línea, con ese rojo tan atrayente, cómodos, ligeros… Me encantan, qué os voy a decir.

En cuanto a la autora, si con “Ru” https://jorgepozosoriano.com/2021/02/14/critica-ru/ descubrí a esta autora vietnamita (qué agradecido le estoy a esta fiebre oriental lectora) y pensé que leería más libros suyos, con “Mãn” lo he confirmado. Tengo algunas lecturas pendientes que me apetece mucho hacer (hoy mismo empezaré con “Territorio de luz”, de Yuko Tsushima), pero el tercer libro de Thúy, “Vy”, no tardará en llegar. Además, justo ayer, Periférica subió a su Instagram una publicación sobre esta maravillosa autora y anunciaron que, en septiembre, publicarán “Em”, su nueva novela. Sabéis quién se la leerá en cuanto salga, ¿verdad? (Por cierto, me encanta los títulos tan escuetos como cargados de significado, porque así es la literatura de Kim Thúy).

En esta novela se cuenta, de esa forma tan poética y cuidada de esta autora, la historia de “Mãn”, una inmigrante vietnamita en Canadá (como la propia Thúy) que encuentra su lugar en el mundo gracias a la amistad (qué personaje más bonito el de Julie), el amor (lo que me gusta encontrarme historias de amor reales y no las tan prefabricadas de muchos libros tan de moda) y, sobre todo, la cocina. Y, a través de la cocina, se nos muestra Vietnam, su Vietnam, sus sabores, olores, recuerdos, vivencias… Y qué forma tan bonita de viajar a Vietnam y al interior y a niñez de una autora como Thúy.

Una vez más, sin pretensiones. Con una pluma delicada y exacta, con un lenguaje medido al detalle, con una sencillez tan complicada de conseguir que casi no se encuentra en ninguna novela. 

La estructura, esta vez, es algo distinta. La historia se cuenta desde términos que aparecen en vietnamita y en español (muchos, relacionados con ingredientes y comidas) y a través de los cuales se estructura la vida de “Mãn”. Muy original y, en mi opinión, muy acertado.

Como habréis imaginado, sí. Una vez más… MA-RA-VI-LLA.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La delicadez: es muy difícil escribir prosa con tanta poesía y que no sea un error enorme. La poesía es poesía y la prosa, prosa. Mezclarlas, casi siempre (y a no ser que se tenga un dominio absoluto de ambas), supone un texto complicado de leer. No es el caso. Esta prosa tan poetizada de Kim Thúy es perfecta. Al menos, para mí, lector asiduo de poesía.

La estructura: una vez más, como he dicho, la estructura me parece un acierto. Leer pequeños fragmentos que van hilando una historia tan dulce como la de la protagonista ayuda a que la lectura sea tranquila, a que tenga la pausa necesaria para leer a esta autora, experta en esa pausa. 

El enamoramiento: lo puedo decir sin riesgo a equivocarme: Kim Thúy se ha convertido en una de mis escritoras favoritas. No tengo ninguna duda al respecto.

Vietnam: es un país que conozco muy poco, pero que siempre me ha fascinado. Por esa razón, encontrar tantos fragmentos de Vietnam en los libros de Thúy es un regalo que estoy disfrutando como un niño pequeño.

Lo que más me ha gustado: vuelvo a decir lo que dije al leer “Ru”: el lenguaje. No conozco muchos libros cuyo lenguaje me enamore de esta forma. Por decir algo distinto en cuanto a un aspecto que me ha gustado mucho, la forma en la que se trata la amistad y el amor me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: imposible apuntar nada en este punto. Una auténtica delicia de lectura. 

Mi sensación final es esa que os digo. Kim Thúy ha llegado a mi vida para quedarse, y haré que llegue a la vida de más personas recomendándola y regalándola.  

“Me saludó con el entusiasmo de una arqueóloga que hubiese descubierto la huella del primer beso”.

Kim Thúy, Mãn

Crítica: Apostasía

Título: Apostasía

Autor: Antonio Díaz Mola 

Editorial: Pre-textos

Me vais a decir que siempre digo lo mismo, pero es la realidad. Si tengo que preguntarle a alguien sobre qué libros de poesía leer, ese es Manuel Francisco Reina. Y, si hay alguien que siempre acierta en las recomendaciones, es él. Precisamente porque sabe “un poquito” de poesía, me fío a ciegas. De hecho, una vez más, ha acertado de pleno.

Este poemario, “Apostasía”, ganador del XII Premio de Poesía Joven RNE-Fundación Montemadrid, es un muy buen poemario, al menos en mi humilde opinión. Y lo es porque, detrás de él, hay un muy buen poeta. Un poeta bastante joven, todo sea dicho. Pero no un poeta joven de los que abundan ahora y cuyos referentes son Mr. Wonderful y las frases de los azucarillos (ya sabéis que hago bastante referencia a estas dos fuentes de “literatura”), sino otros, como el propio Reina o, tal y como cita en algunos de sus versos, Catulo, Machado, Byron o Juan Ramón Jiménez. Y, ay, amigos y amigas, cuánto se nota siempre lo leído en lo escrito.

Estudiante de Filología Hispánica (cuánto se nota siempre lo estudiado en lo escrito), Antonio Díaz Mola nos trae un poemario personal, con un lenguaje muy cuidado, sencillo en la mayoría de sus versos (sencillo el lenguaje empleado), pero con un punto más de cultismo, de elaboración, de conocimiento. Para mí, un lenguaje muy bien medido y compensado. Su primer poemario publicado, y vaya forma de entrar en este mundo tan complicado. Con un premio más que merecido y, sobre todo, con una poesía de calidad, de emoción, de rasguño y de caricia. Además, estoy seguro, una poesía que llega desde el estudio, la lectura, la humildad y el respeto por el género. En definitiva, una mezcla de ingredientes muy bien seleccionados y cocinados con mano detallista y cuidadosa. 

No me cabe duda de que Díaz Mola dará mucho que hablar y ya os aseguro que leeré todo lo que escriba. Porque, sí, amigos y amigas, aquí hay un POETA.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El “nacimiento”: me alegra, y me alegra mucho, ver que sí hay poetas jóvenes a quienes se puede llamar poetas. Antonio Díaz Mola lo es. Este libro es la prueba evidente. Y, además, es un tío muy majo, muy cercano, muy humilde y muy agradecido, y eso, como sabréis, no es lo habitual y es algo que siempre suma.

La “inclusión”: es una sorpresa descubrir a un autor y, después de leerlo, contactar por redes (algo bueno tienen) y crear cierta relación de amistad o, al menos, una unión en lo literario. Con Antonio, como me ha pasado con Raquel Lanseros, Pedro Mañas o Beatriz Osés, me quedo ya para siempre. ¿Será que ser buena gente suma a la hora de escribir bien?

El tema: a mí, que no me suele gustar nada la poesía mística, esta apostasía me ha parecido (disculpad el término), una bendición. Sin faltar al respeto de quien sí cree (solo faltaba), el poemario transcurre a lo largo de una puesta en duda de algunos dogmas cristianos, de ciertos imperativos y determinadas obligaciones. Muy bien escogido (el título, además, es una maravilla) y muy bien resuelto.

El premio: que se premie a un autor que no había publicado antes y comprobar que no ha sido por méritos ajenos ni digitales, sino por su propia valía, es muy de agradecer. Por premios así, seguimos teniendo la oportunidad de descubrir a nuevos poetas como el que nos ocupa.

La edición: no voy a descubrir nada nuevo, pero la edición de Pre-textos es una preciosidad. Ese color vino tinto y esa textura de la cubierta, sumado a un interior muy bien cuidado, nos regala un libro muy bonito por dentro y por fuera.

Lo que más me ha gustado: creo que me quedo con esa felicidad que me da que hay poetas jóvenes que beben de la tradición y los maestros y que escriben con mimo, oficio y humildad. Del mismo modo que critico a esos escritores “wonderfulizados”, creo que es obligación poner donde se merecen a autores como Antonio Díaz Mola. Os traigo algunos de los versos que más me han gustado:

De “Dios”:

“Todos los dioses siguen siendo iguales.

No han cambiado, no es tiempo de tal cosa

y cuentan el sermón desde la cima”.

De “Confesión”

“Tenemos una vida por delante

y, si me apuras,

una muerte constante en darnos calma”.

Si queréis conocer más, el libro es una MA-RA-VI-LLA (qué bien leo últimamente) y os recomiendo a todos haceros con él, ya me lo agradeceréis.

Lo que menos me ha gustado: la única pega que le pongo, por decir algo, es que no será un libro fácil de encontrar en librerías, que le costará mucho hacer buenas ventas porque no es un libro comercial ni lo ha escrito un autor mediático. Eso, ya sabéis, me da mucha rabia. Porque poemarios así tendrían que estar en las secciones de poesía del mayor número posible de librerías. 

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Ahí es donde imagino el principio

del lenguaje: querer nombrara el mundo

en un poema al filo del silencio”.

 “No habrá más paraíso que el paisaje”, Antonio Díaz Mola

Crítica: En la quietud del tiempo (antología poética)

Título: En la quietud del tiempo (antología poética)

Autor: Pablo García Baena

Editorial: Renacimiento

El día que decidí hacerme con “El libro de Lilit”, de Guadalupe Grande (preciosidad de poemario), tuve que hacerlo directamente en la web de Renacimiento. Como había un mínimo para tener los gastos de envío gratis, le pregunté, una vez más, a esa voz que me recomienda a determinados poetas. Me dijo “Pablo García Baena es un poeta al que tienes que leer”. Y, como siempre, le hice caso.

Y, sí. Era un poeta al que tenía que leer. Pero, no. No me ha vuelto loco como otros y otras a quienes he leído, orientado por esa voz. 

No digo que no me haya gustado. Ni se me ocurre decir que no es un buen poeta. La calidad de la poesía de García Baena es incuestionable. Su oficio poético es descomunal. Tiene un dominio del lenguaje y una capacidad de crear imágenes poéticas con un léxico casi infinito que pocas veces he visto. Pero, no. No ha terminado de encantarme, y creo que ha habido varios motivos.

En primer lugar, me ha parecido una poesía (me duele decirlo) algo antigua, desfasada, con demasiados términos algo rebuscados… Seguramente, el fallo es mío, por tener un léxico muchísimo más reducido que poetas de la talla de García Baena (Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1984, entre otros galardones), pero encontrar tantas palabras tan poco comunes me hace perderme un poco en la lectura y me saca del poema. Por poneros un ejemplo, este verso: “y el coturno falaz de la guardarropía”. Me gusta más la poesía con palabras que se usan en el día a día.

También, la tendencia a usar términos de plantas, animales y naturaleza de forma tan constante me aburre un poco. Alguna referencia me gusta, pero encontrarme poemas con tanto jazmín, tanta buganvilla, juncos, tanto jardín y tanto bosque… Se me atraganta. Y hay muchas de esas referencias así a lo largo de la poesía de Pablo García Baena: “lleno de leves malvas y azules nomeolvides/que gotean, en guirnaldas de trinos, del pico de los pájaros;/un jardín con caballos de mármol y verdina/que se encabritan al sentir la brida tibia de la primavera,/aplastando el corazón morado de los heliotropos”. Bonito, sí, muy bien elaborado, pero no es el tipo de poesía que me gusta leer.

Por último, en esta antología (bastante extensa), se incluyen muchos poemas dedicados a distintas personas. Esos poemas, salvo algunos muy concretos, no me gustan. No me gustan porque, para mí, lo mejor de leer poesía es poder sentirme identificado en las emociones y vivencias del poeta, y saber que ese poema ha sido escrito de manera explícita para alguien me arranca esa posibilidad. Lo mismo me ocurre con los poemas sobre lugares (ciudades, plazas, parques, pueblos…). No me suelen gustar en absoluto.

Por último, hay muchos (demasiados, para mí) poemas muy largos, que dan vueltas y se enredan en imágenes que me han hecho perder el hilo principal del poema.

Seguro que estos “problemas” se deben más a mí que a la propia poesía recogida en este libro. No quiero, ni por un segundo, que se piense que me veo capaz de argumentar en contra de un poeta de este calibre. Tan solo vuelco mi opinión sobre lo que me ha parecido su poesía, lo que he sentido al leerla, y la comparto con vosotros y vosotras.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

Conocer a un nuevo poeta: siempre es algo positivo leer por primera vez a un (buen) poeta. El aprendizaje que hay detrás de la lectura de poesía no tiene precio, y Pablo, aunque no sea un poeta que me encante, es un muy buen poeta, y hay que aprender de los maestros.

La edición: no son muchas las antologías poéticas con ediciones tan acertadas como esta. Muchas nos ofrecen poemas apelotonados, uno debajo del anterior, con tipografías minúsculas… Y esas ediciones me agobian mucho. Este es un libro bastante grande para tratarse de un poemario, pero, en mi opinión, es un acierto enorme.  

Lo que más me ha gustado: sin desmerecer que me ha gustado mucho descubrir la poesía de García Baena, se queda en mí una sensación que no he tenido muchas veces. Es más, dentro de esas veces que la he tenido, esta ha sido la mejor de todas. El sonido que se ha producido a lo largo de la lectura al pasar las páginas y, sobre todo, el olor de este libro han sido dos detalles que me han enamorado cada vez que lo abría. No sé si vais a creerme, pero el libro huele a tierra mojada tras la lluvia (a petricor, que es un nombre feísimo), y ese es, precisamente, uno de mis olores preferidos. Quizás os parezca absurdo comentarlo, pero de verdad que me ha sorprendido mucho y ha sudo muy, muy agradable.

Lo que menos me ha gustado: creo que lo he dejado bastante claro al hablar del libro, pero toda esa terminología tan fuera del lenguaje que se usa normalmente me ha impedido disfrutar como esperaba de este poeta.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Qué huellas de otros labios revives en mi boca”.

 Pablo García Baena 

Crítica: El libro de Lilit

Título: El libro de Lilit

Autor: Guadalupe Grande 

Editorial: Renacimiento (Premio “Rafael Alberti” 1995)

Después de un tiempo buscando alguno de los libros publicados de Guadalupe Grande, al final me decidí a encargarlos al saber de su triste fallecimiento, el pasado 2 de enero.

Enamorado como estoy de la poesía de su madre, Francisca Aguirre, y con Félix Grande como padre (menudos genes), a Guadalupe tenía que leerla, y qué pena haber tardado tanto y, sobre todo, qué pena no haber hecho por conocerla, como sí conocí a sus padres.

Si os soy sincero, antes de este “Libro de Lilit” me hice con “Hotel para erizos”, pero alguien en quien confío a ciegas en esto de la poesía (quien se acaba de autoproclamar, no sin motivos, mi asesor literario) me dijo que este primer libro de Guadalupe era brutal. Como me conoce bien y sabe perfectamente la poesía que me gusta, le hice casi y, como siempre ocurre cuando lo hago, ha acertado de pleno.

Para continuar con la sinceridad, leí a Guadalupe con algo de miedo. Ser poeta siendo la hija, ni más ni menos, que de dos poetas de la talla de Paca y Félix (“Premio Nacional de las Letras” y “Premio Nacional de Poesía”, respectivamente y entre otros muchos galardones) no tiene que ser sencillo. Las comparaciones surgen siempre, en estos casos, y yo no quería caer en ese error. Cada poeta es solo suyo (si es de los buenos). Y Guadalupe es suya, muy suya, como muy suyos fueron sus padres.

Dicho todo esto, qué poemario, amigos y amigas. Qué absoluta maravilla. Qué complicado es (al menos, a mí me lo resulta) poemarios que te encrespen la piel de esta forma, que te leas de corrido porque te atrapan, que se disfruten tanto… De pocos, muy pocos libros de poesía puedo decir que me hayan gustado por completo. “Ítaca”, “Los trescientos escalones”, “Toco la tierra”, “La paternidad de Darth Vader”, “Solo tu nombre es mi enemigo” o las antologías “A las órdenes del viento”, “Pecábamos como ángeles” o“El ojo de la mujer” son algunos ejemplos. Solo poetas como Manuel Francisco Reina, la propia Paca AguirreÁngela Figuera AymerichRaquel LanserosGloria Fuertes o Gioconda Belli me dejan sin palabras y me hace leer y releer los mismos poemas una vez tras otra. En ese grupo se han colado Guadalupe Grande y “El libro de Lilit”. Y, por el momento, no devolveré el libro a la estantería, porque lo quiero releer ya mismo.

Sin enrollarme mucho más, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El descubrimiento: qué fácil y qué difícil, al mismo tiempo, tenía Guadalupe Grande ser una buena poeta, pero lo consiguió. Con creces. Su voz se separa de la de sus padres y se hace gigante. Qué mérito más enorme.

El tema: si habéis leído mis reseñas de poemarios y algo de la poesía que escribo, sabréis que la que más me gusta es la que duele. La poesía triste, la que brota de las entrañas, la que nace después de un desamor, una pérdida, una desilusión o algo que haya removido las tripas del poeta. El tema que se trata en este libro es uno de esos, y qué forma más brillante de expresar ese dolor, compartirlo y, casi con total seguridad, deshacerse un poco de él.

Lo que más me ha gustado: el libro en sí, al completo. Saber que, siempre que necesite volver a estos versos, Guadalupe y Lilit me estarán esperando.

Lo que menos me ha gustado: como he dicho antes, no haberla descubierto antes y haber podido hablar con ella sobre poesía, sobre sus padres y sobre la vida. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

* Si lo queréis adquirir, en la propia página de Renacimiento lo encontraréis sin problema y, además, a un muy buen precio (que conste que no se trata de una colaboración y compré, junto a “En la quietud del tiempo”, de Pablo García Baena, este libro).

¡Un abrazo!

“Durante un tiempo estuve muerta

como una crisálida guardada en un cajón de cartón,

detenida en el umbral, olvidada del gusano y de la mariposa.

instante perpetuo, cómo duele despertar de tu sosegada indiferencia,

de tu dócil y atónita bondad”.

 “Oficio de crisálida”, Guadalupe Grande