Crítica: Leer después de quemar

Título: Leer después de quemar

Autor: Rafael Soler

Editorial: Olé libros

Para leer la poesía de Rafael Soler hay que hacerlo de manera correcta. No es Soler un poeta a quien se pueda leer en pijama, despeinado, con el cuerpo a medio despertar. Cuando se lee a Soler hay que pensar que se va a hacer algo solemne y, por esa solemnidad, requiere que cada cual se atavíe como mejor considere o pueda. 

Camisa bien planchada. Vestido bien plisado. Corbata o collar de perlas si me apuráis. Una buena copa de vino o, ya puestos, un buen güisqui. Y música. Jazz. Piano. Algo tranquilo, de película en blanco y negro, de concierto sudoroso en los años 50.

Entonces, sí. Entonces, podemos empezar a leer a Rafael Soler.

Fuera bromas, qué experiencia la de leer esta selección poética del autor. Porque no es un poeta al uso. No es una poesía académica, ni en las formas ni en el mensaje, pero qué poesía. Qué poemas más directos a la sien, qué versos tan punzantes, qué finales tan rotundos. Imposible quedar indiferente.

Porque Soler se mueve bien en la provocación, en el complicado juego de la seducción, es un gato salvaje que, bien con ronroneos o a zarpazos, deja, con su poesía, alguna señal visible en el cuerpo y más allá de él. Trasciende lo físico para llegar a lugares más profundos del consciente y el subconsciente. Deja huella.

Con un verso libre, alejado de estructuras a las que estemos acostumbrados (no las necesita), el poeta se hace gigante no solo en su corporeidad, sino, también, en su voz. Y no me refiero solo a su profunda voz de locutor de radio (qué voz), sino a su voz poética, a todo lo que tiene que decir a través de su poesía, que es mucho.

Este libro incluye poemas de “Los sitios interiores”“Maneras de volver”, “Las cartas que  debía”“Ácido almíbar”, y “No eres nadie hasta que te disparan”, por lo que incluye poemas de toda la obra poética del autor, a excepción de su último poemario, “Las razones del hombre delgado”, que me muero por leer. Por lo tanto, creo que es una muy buena forma de iniciarse en la poesía de Soler, si bien está a la venta, también, “Vivir es un asunto personal”, la poesía completa, también con Olé libros.

Por haceros partícipes, también, de la poesía de Soler, comparto algunos de los versos que más me han gustado.

De PODRÍAS JURAR QUE TUVO UNA LENGUA LLAMADA CAROLINA

“rehén en la penumbra quieta

rechaza ese temblor que llaman esperanza

repite

          perder para ganar es el secreto”.

De LVIII

“Yo no traje los acantilados

a este páramo de sangre

ni forjé las noches de tormenta que me dices

ni puse viento

en la acerada mies de tus entrañas”.

De ESTA VEZ SÍ, TE LO PROMETO

no es lo mismo morir a que te mueran

De ELOGIO DE UN TAJO EN NUESTRO CUELLO

“la tristeza es un charco a cuya orilla llegan

en busca de consuelo los suspiros

y aquel silencio oscuro que habitó entre nosotros”

De CUADERNO DE RODAJE

“como quien dice

solo ama bien quien bien padece

como quien dijo

cada Caín tiene su Abel y viceversa

De A TI, QUE SIEMPRE ME SOMETES

“Se empieza por ser dios

a ratos libres y a deshoras

Podéis buscar, también, el poema que cierra este libro y que es una auténtica maravilla: ASOMADO A UN INSTANTE QUE NO ES TUYO.

No me digáis que no tienen una fuerza impresionante…

Lo que más me ha gustado: leer, de una vez, a Rafael Soler (lo tenía muy pendiente), además de dos poemas que me han encantado, como son “Asomado a un instante que no es tuyo” y “Elogio de un tajo en nuestro cuello”. También, esos poemas en los que el poeta hace una apelación constante a un dios ausente, que son muy potentes.

Lo que menos me ha gustado: hay poco negativo que decir sobre la poesía de Soler. La única pega que puedo poner, y ya que he tenido el placer de escucharle recitar varios de sus poemas, es tener que leer con mi voz y no escucharlos en la suya. Quitando eso, nada que añadir.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

«pero es preciso indagar

es preciso indagar

solo así da su fruto

el vientre estéril de lo eterno”.

Rafael Soler

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Crítica: Los despertares

Título: Los despertares

Autor: Marina Casado

Editorial: Ediciones de la Torre

El destino ha querido que este, el primer poemario publicado por Marina Casado, me haya llegado después de haber leído otros tres (solo me queda leer “Mi nombre de agua”) y su novela juvenil. Spoiler: me lo he bebido.

Tanto hablando con ella (qué suerte ser amigo de una poeta a la que admiro tantísimo) como en el prólogo que introduce esta segunda edición (a cargo de la autora) como, también, en la dedicatoria que me escribió en el libro, Marina afirma sentir cierto “recelo” por este libro, por estos primeros poemas suyo publicados, justificándose (como si lo necesitara) en que era muy joven, muy inexperta y muy ilusa. ¿Mi opinión? Marina, siéntete muy orgullosa de que este fuera tu primer poemario publicado, porque es una maravilla.

Porque puede pecar de inocente, sí. Quizá beba demasiado del simbolismo (¿es esto un error? No lo creo). Puede contener algunas rimas que hoy no incluiría. Pero lo esencial es que es un librazo, que demuestra un conocimiento y unas habilidades poéticas a la altura de muy pocos, qué decir si hablamos de los primeros poemarios, casi siempre algo “alocados”.

Ya lo deja claro, además de en su poesía, cuando cita a poetas de la talla de AlbertiCernudaAlejandra Pizarnik o Dámaso Alonso, sin descuidar la maestría en la obra de Lewis Carroll, de la que hace gala en la última parte, donde Alicia es (si no me equivoco) un alter ego de Marina que reniega de sí misma, que se evita, que se esconde, que desaparece… para, finalmente, reafirmarse, hacer fuerte su voz, volverse una titánide.

Marina sabe (mucho) de poesía, y es algo que se ve ya en este primer poemario. Nos lleva de viaje por las distintas emociones; los meses más otoñales, con sus tonos dorados y tristes; por otros colores más azules y verdes cuando habla de la felicidad. Nos acerca a La Bella Durmiente y a Alicia, desde una perspectiva nueva, tridimensional, actual y fresca, con evocaciones al rock (ahí están las citas de Jim Morrison y su aparición como protagonista de algunos poemas), a la cultura pop, a las drogas, al absurdo típico de Carroll, pero con la brillantez de una de las mejores poetas en lengua española que tenemos. Una apuesta arriesgada, sí, pero resuelta con la solvencia habitual en Casado.

Quiero compartir con vosotros y vosotras algunos de los versos que más me han gustado, como suelo hacer, para dejaros el señuelo antes de que empecéis a leer a Marina…

De INEVITABLE MAR

“Estoy sola y el mundo tiembla

y siento la llamada del océano

que agita nombres grises en su lecho de muerte.

[…]

Era una niña tan anciana

que de mis manos se desprendían mariposas

y del fruto carnoso de mis labios

nacían los enigmas transparentes

que componen el viento.

[…]

Pero el mar no dejó que mi sombra naciera,

y sin sombra es difícil escalar realidades;

por eso estoy perdida y olvido este presente”.

De UN LUCERO MÁS

“y tú ya no eres tú

sino solo un lucero más sin nombre

dibujado en la esquina del raído presente”.

De ALICIA MULTIPLICADA II

“Una noche sin sombras,

Alicia descubrió la Madriguera

en el estrecho fondo de un vaso de cubata”

Y el poema A PROPÓSITO DE LA TRISTEZA lo copiaría entero, porque es una auténtica preciosidad, tan solo fijaos en los dos primeros versos:

“Estar triste es un mundo

alojado en los bordes del otoño”.

¿Qué le voy a hacer? Si, además de una persona maravillosa, es una POETA con mayúsculas, hay que decirlo.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: descubrir a esta Marina-Alicia-Belladurmiente-Cisne tan joven, tan suya ya desde los inicios, y comprender mejor de dónde viene la poesía de Marina Casado desde su origen. Además, como he dicho, ese “A propósito de la tristeza”, que pasa a ser ya un poema de cabecera que releeré de forma recurrente.

Lo que menos me ha gustado: quizá, por decir algo, el haber incluido los poemas todos seguidos y no al inicio de cada página, porque da una cierta sensación de agobio.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Octubre se va lleno de atardeceres rotos”.

Fragmento de “Octubre”, Marina Casado

Crítica: Los ojos fríos del vals

Título: Los ojos fríos del vals

Autor: Marina Casado

Editorial: Bajamar

Vuelvo a leer a Marina Casado y vuelvo a enamorarme de su poesía.

No lo puedo evitar. Su estilo me gusta tanto que se ha convertido ya en una de mis poetas de referencia, en alguien en quien confiar para cruzar poemas y decirnos qué opinamos, para (como ella también ha visto) caminar de la mano por esta andadura poética de ambos, porque nos respetamos tanto que, por lo que parece, nuestros estilos y temas se están entrelazando (y eso es algo que me encanta).

Llegan estos ojos fríos del vals (su quinto poemario publicado) casi a la par que su maravillosa novela juvenil “Los doce reinos del tiempo”, dejando clara la versatilidad de esta poeta, que se atreve –con éxito y soltura– con todo tipo de literatura.

Llega con una editorial, Bajamar, que está haciendo una apuesta firme por cuidar una colección de poesía con poetas emergentes y poetas ya de altura, como es el caso de Marina Casado.

Quizá gracias a esa apuesta, Marina se ha atrevido a dejar de lado posibles pudores o encorsetamientos y ha dado rienda suelta a su voz más salvaje, más libre, más (en algunos momentos) modernista. Porque, a veces, escribir poesía supone aceptar y seguir ciertas normas –escritas o tácitas– que pueden llegar a ser una limitación de la creatividad, la forma o el estilo. Y, con poemarios cerrados de una forma (digamos) más clásica, este libro se sale de esas normas para abrir a la poeta casi en canal, para hablar y dejar por escrito que, también fuera de esos límites, es una de las mejores poetas que existen en el panorama nacional.

En “Los ojos fríos del vals”, Marina convoca a los espíritus de Odette y Odile, de esos cisnes antagónicos que representan la realidad de la humanidad y del mundo, y lo hace a través de la poesía, por supuesto, pero, también, del cine, de los cuentos infantiles y, como es habitual en ella, de la música.

El resultado es un poemario tan arriesgado como acertado; tan personal como global; tan intrínseco como magnético. Un poemario que es la esencia de Marina, que es su voz desnuda, su latido poético. Un poemario que, como toda su obra, merece ser leído por quienes amamos la poesía y, sí, también por quienes queremos y admiramos a Marina, que somos muchos. 

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: la valentía que Marina demuestra al escribir algo que de le apetecía escribir, sin seguir más señales que su instinto, su buen hacer poético y sus ganas de salirse de “lo establecido”.

Lo que menos me ha gustado: que, ya que es novedad, pasará algo de tiempo hasta poder tener su próximo poemario (aunque esto lo salvo al leer los distintos poemas que va escribiendo y comparte conmigo, beneficios de la amistad).

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Devolvedles la voz a aquellos muertos.

A los hombres que aúllan debajo de la tierra,

a los huesos sin nombre, a los naufragios.

[…]

Devolvedles la voz

para que no se mueran”.

Fragmento de “1936”, Marina Casado

Crítica: Babilonia dream

Título: Babilonia dream

Autor: Alicia Louzao

Editorial: Bajamar

Es complicado hablar de los libros escritos por gente conocida, más aún si, como en este caso, lo ha escrito una amiga a la que se tiene mucho cariño.

No. No es el prolegómeno a una crítica negativa. El libro me ha gustado mucho, pero, para bien o para mal, es complicado cumplir la objetividad que siempre ejerzo en mis reseñas, y creo que es de justicia que lo diga.

Alicia la conocí en un recital de poesía y entró al grupo de Los Bardos unos pocos días antes de lo que hiciera yo, y vi en ella a una chica que vivía la poesía con dulzura, que la leía con ese acento tan mágico de las tierras gallegas, que empezaba a moverse en este universo, el poético, con todas sus peculiaridades.

Ganadora del VIII Premio de Poesía Jovellanos, y con varios poemarios publicados antes que el que nos ocupa, Alicia Louzao comienza a dar pasos firmes en la poesía, y lo hace con una voz muy característica, muy personal, muy (me atrevería a decir) arriesgada. Y (vuelvo a atreverme), es un riesgo que solventa con éxito.

Porque, para alguien como yo, acostumbrado a leer un tipo de poesía muy específico, a seguir unas normas en cuanto a métrica, ritmo y temas, a insistir en esos y esas poetas con los y las que puedo identificarme, es un reto leer a otro tipo de poetas, otro tipo de poesía. Y, no creáis, leo con cierto temor. Sobre todo, como dije al principio, si quien escribe es conocido. Y, sí, tuve ese temor al principio (aunque, por lo que le había escuchado, sabía que no era un temor muy grande), pero se fue diluyendo a medida que los versos avanzaban. Y, alejado de esos temores, he disfrutado mucho la lectura.

Sin ser yo un estudioso de la poesía que pueda (ni quiera) hablar de generaciones, tendencias, similitudes y demás, he encontrado en los poemas de “la Louzao” imágenes muy impactantes que beben, en muchos casos, de lo urbano, de la calle, de graffitis, pintadas; de recuerdos de la infancia; de la nostalgia de dejar atrás la niñez (un tema que me atrae bastante en lo poético); del cine; de la música; de los clásicos de la literatura… Una mezcla tan bien unida que consigue que, al leer poema tras poema, avancemos de la mano de la autora por su urbe personal, por sus recuerdos, sus miedos y sus preocupaciones.

Y eso, siempre, es de agradecer.

Quiero destacar y, también, agradecer, la preciosa labor que la Editorial Bajamar está haciendo con la poesía, especialmente con esta colección que está dando voz a jóvenes poetas como Alicia, con cariño, con respeto y con una edición tan sutil como cuidada.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: descubrir que hay voces que se atreven a mostrarse con personalidad, con aplomo, y que escenarios corrientes, mundanos y menos concurridos pueden ser las localizaciones perfectas para la poesía. Creo que esa apuesta por lo cotidiano es un acierto en este Babilonia dream. Además de eso, hay repeticiones en algunos poemas que son maravilla.

Lo que menos me ha gustado: por lo (podríamos decir) rígido que yo soy con la poesía, quizás habría agradecido algo más de estructura, algo más de andamios. Eso sí, esta es la poesía de Alicia, no la mía, por la que ni mucho menos es una crítica negativa, sino algo que únicamente tiene que ver con mis gustos y mis hábitos como lector.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Los condenados tienen un himno que recoge todas las espinas que penetran en el pecho”.

 Fragmento de “Cántico. Espectáculo al aire libre”, Alicia Louzao

Crítica: Los doce reinos del tiempo

Título: Los doce reinos del tiempo

Autor: Marina Casado

Editorial: Ediciones de la Torre

Esta primera novela de mi querida Marina Casado es una más de las conexiones que, como escritores, tenemos. En orden inverso, a ambos nos ocupa la poesía y la literatura infantil y juvenil. Y, creo (y me han dicho) que, incluso, tenemos un estilo de escribir parecido. Cierto o no, a mí, como ya sabéis, la poesía de Marina me vuelve loco y, ahora que se ha lanzado a la literatura juvenil, le auguro y deseo el mismo éxito, porque decir que Marina Casado es una buenísima escritora no es hacer ningún descubrimiento.

Dejando la poesía de lado, me encanta encontrarme con historias juveniles de esas que te mueven a pesar de haber dejado esa juventud en un pasado algo remoto. Esta es una de esas historias. 

Con una prosa cuidada, con un lenguaje que (esto no se puede evitar) es propio solo de los y las poetas, con unos personajes humanos, reales, cercanos y llenos de verdad y de ternura, esta novela es una delicia y una maravilla.

Mezclando de forma magistral la realidad con la fantasía, la historia con la actualidad, la realidad con los sueños, los protagonistas nos llevan por las calles de Madrid (algo que siempre me gusta) en busca de la resolución de varios conflictos que aparecen según vamos añadiendo páginas a nuestra lectura.

Como os decía, una maravilla y una delicia.

Amor, misterio, fantasía… Todo con esa delicadeza propia de la literatura de Marina que me enamoró desde que leí su primer verso.

Queridos, queridas, aquí hay autora para mucho tiempo. Y qué autora. 

Lo que más me ha gustado: además de la historia, que me ha encantado, compartir con Marina esta historia (que me regaló por mi cumpleaños), poder presentar nuestras últimas novelas juntos, conocerla, también, como narradora.

Lo que menos me ha gustado: no poder haberlo leído del tirón (mi vida está ahora un poco patas arriba), aunque, por fin, pude sentarme con algo de calma y terminarlo.

“Y me sentí ridícula después de haberlo dicho, porque no era algo que fuera pregonando a los cuatro vientos. Es cierto que en aquella época escribía pequeñas historias que solían acabar en la papelera antes de que alguien más pudiera leerlas, pero no sabía si eso alcanzaba la categoría de afición”.

Marina Casado, Los doce reinos del tiempo

Crítica: Libro del frío

Título: Libro del frío

Autor: Antonio Gamoneda

Editorial: Siruela

Reconociendo (y viendo) la maestría de Gamoneda y su poesía, no va a ser este “Libro del frío” el poemario suyo que más me guste.

Hay figuras que (permitidme el juego fácil de palabras) te dejan helado (suena incluso peor escrito que pensado), pero ya sabéis que la poesía breve me gusta en su justa medida, y aquí casi todo es poesía breve.

Insisto en que Gamoneda es tan buen poeta que llega casi de cualquier forma, aunque no sea la que más nos guste, y que siempre se aprende cuando escribe un maestro. Creo, también, que es bueno que un poeta investigue distintas versiones de su poesía, que no escriba siempre de los mismos temas o de la misma forma, y estos poemas del Premio Cervantes 2006 hacen ver su escritura desde otra esquina, desde otro plano, desde otra mirada.

Porque el sentimiento está. El mensaje está. La calidad está. Esta una visión brutal de envejecer, del deterioro, de la enfermedad y las pérdidas. Pero a mí, que soy más de leer o escribir poemas algo más extensos, estos se me quedan algo cortos. Quizá porque les veo tantas posibilidades de haber sido más largos que me quedo un poco a medias.

Pero esto es cosa mía. No seré yo quien diga que un poeta de la talla de Gamoneda no escribe bien. Es, supongo, cuestión de gustos.

Lo que más me ha gustado: puede que eso mismo que no me ha terminado de convencer sea, a su vez, lo que más me ha podido gustar: descubrir que, cuando se sabe lo que se hace, se es capaz de expresar mucho en poco espacio, con las palabras justas.

Lo que menos me ha gustado: algunos poemas más largos, porque hay muy poquitos de esos en este libro y bastantes de ellos me han dejado (no aprendo y vuelvo a los juegos fáciles de palabras) un poco frío (perdón).

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Es la impureza y la piedad, el alimento de los cuerpos abandonados por la esperanza”.

Antonio Gamoneda”, en “Libro del frío”.

Crítica: El año de la grava

Título: El año de la grava

Autor: J. Santatecla

Editorial: Valparaíso

Conocí a Jota en la caseta de Valparaíso de la Feria del Libro de Madrid, en septiembre. Un tío simpático, cercano, agradable en el trato, sonriente (aun con mascarilla) y, entre todo eso, poeta.

Y no solo “el poeta del metro” (si buscáis su historia, es bastante interesante), sino un poeta hecho con trabajo, con escucha, con respeto y con la certeza de que abrazarse a modas no lleva más que a callejones sin salida y que la poesía es otra cosa, que no sigue lo fácil, lo que vende, lo que rompe con toda la tradición… Y se nota en este libro. Se nota mucho que Jota ha leído, que ha escuchado, que ha consultado, que se lo ha tomado en serio y ha escrito poesía de verdad.

Sinceramente, se agradece que haya personas que, pudiendo tirar por lo fácil, se preocupen por cuidar la poesía, por aportar su pulso, mostrar sus miedos, dejarnos entrar por su herida a través de unos versos bien creados, a través de unas imágenes propias de las que los lectores podemos apropiarnos. No sé para vosotros, pero, para mí, eso es la poesíaidentificarnos en la imagen que el poeta nos muestra.

Este “El año de la grava” es un libro que me ha gustado mucho, y lo ha hecho por varios motivos. 

Además de lo que ya he dicho, me ha gustado mucho la originalidad en la estructura, esa conexión entre los dos mundos de Jota (el audiovisual y el poético), dejándonos muestras de ambas disciplinas en un poemario lleno de imágenes tan potentes que, sí, nos hace estar en una sala de cine, con los altavoces llenando el aire de metáforas e imágenes de una fuerza arrolladora.

Y, como no hay mejor muestra que los propios versos de Jota, aquí os dejo algunos:

Del poema 3-1-1:

El techo de los años se proyecta

en el contorno verde de los ojos.

Del poema 2-3-5:

Y vuelven las arrugas al retrato.

Memoria: suciedad en los cristales.

Del poema 1-4-3:

Cada noche regresa ese secreto

que parpadea en las fotografías.

Olvido. Memoria. Tiempo. Heridas. Pérdidas. Temas universales bajo el tamiz de Jota, que nos regala una poesía tan cercana como él, tan luminosa, tan sonriente detrás de cualquier barrera.

Seguiré leyendo a Jota. Seguiré pendiente de su evolución, porque sé que va a seguir evolucionando, creciendo, y que estará, por méritos propios, en el panorama poético actual. Y yo, sinceramente, me alegro de que sea así.

Lo que más me ha gustado: descubrir la poesía de Jota, por supuesto, y ver que bebe de la tradición, algo que se ve en algunas citas (ya sabéis que me encantan las citas en los poemarios) de poetas como Gamoneda, Brines o Blas de Otero.

Lo que menos me ha gustado: quizá, sin que esto quiera decir que sea mala, esa última parte de los embriones. No he podido conectar tanto como con el resto de poemas.

“La distancia se oxida con la sed,

subdivide los mapas, desorienta la flecha”.

 Fragmento de “2-1-1”, J. Santatecla, “El año de la grava”

Crítica: Arden las pérdidas

Título: Arden las pérdidas

Autor: Antonio Gamoneda

Editorial: Tusquets

Antonio Gamoneda lo conocí en persona escuchándolo recitar en un encuentro entre la poesía rumana y la poesía española celebrado durante la Feria del Libro 2021 en la Casa de Vacas de El Retiro. Resultado: me enamoré de él. No solo por lo que recitó y por cómo lo recitó, sino por lo que contó y cómo lo contó, por cómo es él, un poeta inmenso en el cuerpo de un hombre humilde y sencillo.

Supe, desde ese momento, que tenía que leerlo más allá de algunos poemas buscados en internet, y me he iniciado con este “Arden las pérdidas”, editado con la elegancia típica de Tusquets.

No sé si es el mejor libro de Gamoneda para empezar a leerlo ni si es su mejor libro, pero, con autores como él, creo que poco importa. Lo tenía que leer. Lo quería leer. Y eso he hecho. En mi primera visita a la preciosa “La cafebrería”, me hice con este poemario y con “El libro del frío”, también del poeta ovetense, un botín más que satisfactorio de mi paso por ese oasis literario.

Es un libro peculiar, o eso creo, con poemas breves (a veces, muy breves) y la aclaración del propio autor en una nota final de que son, en ocasiones, fragmentos de otros poemas suyos, recortes con o sin algunas variantes, diálogos con otros poetas. Original, desde luego, es. Y, si no me equivoco (tendré que verlo según lea más al poeta), una buena forma de acercarse a la poesía de Gamoneda.

Ya desde el título podemos ver de qué trata este poemario: de aquello que ya no se tiene pero que aún se recuerda. De lo que se ha perdido, pero se mantiene de alguna forma. De la vida que pasa y nos pasa, en definitiva. Un tema tan recurrente en poesía como necesario, pasado por el sencillo y magnífico tamiz de un poeta esencial en la literatura en castellano, uno de los grandes.

Con un lenguaje sin pretensiones, con cercanía, con oficio y con una voz potente, precisamente, por la complicada sencillez con la que escriben los buenos poetas, los versos de Gamoneda se quedan enganchados en las pupilas, en los dedos, en los labios. Y se releen, porque piden ser releídos. Y se piensan, porque también eso reclaman.

Y, sí, se quiere más a Gamoneda, se le reconoce más, se le sitúa donde merece: entre los poetas que perdurarán en el tiempo, con esa llama encendida que arde, incluso, en lo que se pierde.

Lo que más me ha gustado: además de leer por fin en serio a Gamoneda, la última parte, con poemas en prosa más extensos, me ha gustado muchísimo.

Lo que menos me ha gustado: puede que algunos poemas demasiado breves que habría agradecido algo más extensos, aunque, entonces (claro), serían otra cosa distinta.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Es la agonía y la serenidad.

Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. En cualquier caso, ya

la única sabiduría es el olvido”.

Antonio Gamoneda”, en “Arden las pérdidas”.

Sobre ‘Hogares impropios’

Quienes me sigáis por redes, leáis mi blog o me hayáis escuchado hablar sobre literatura y poesía en alguna charla, entrevista, recital o en las entrevistas que hago en Radio off the record (que retomamos ya en breve), sabréis cuál es mi opinión sobre el mercado editorial actual y, de forma más específica, sobre la poesía actual.

Siempre he sido lector de poesía y siempre he escrito poesía, desde muy pequeño, porque pronto supe que era algo que me llamaba, algo que estaba en mí y que, algún día, aprendería y haría con cierta soltura.

Recuerdo leer, de niño, a Miguel Hernández, a Machado, a Lorca, a Gloria Fuertes… Y escuchar cómo mis padres me leían algunos poemas. Del mismo modo, recuerdo escribirle un poema a mi madre con rimas propias de mi edad como uno de los primeros textos escritos por mí de los que tengo recuerdo (en cuanto pueda, subiré el poema a las redes, para que veáis mis orígenes, jeje). Como he dicho en algunas ocasiones, ya desde bien pequeño, poesía, poesía y poesía.

Con el tiempo seguí escribiendo algunos versos, sobre todo impulsado por el concurso de mi instituto, el Felipe II de Moratalaz, con un equipo de profesores y profesoras de lengua maravilloso y de quienes guardo muy buen recuerdo (Isabel, Carmen, Pilar, Trini, Alicia…), siguiendo en contacto aún con alguna de ellas, que siguen mi carrera como escritor. Si no recuerdo mal, aunque sí recibí algún premio con mis poemas, nunca gané el concurso salvo en una ocasión, aunque fue con un relato. Lo que sí sé es que ese aliciente me hizo seguir buscando esa voz que seguía diciéndome que escribiera poesía.

Después, aunque siempre he ido escribiendo algunos textos, la poesía quedó algo apartada mientras me sacaba las dos carreras, trabajaba, pasaba un año en Florencia, dos en Londres y, sobre todo, mientras empezaba a publicar mis libros de cuentos y la novela de fantasía juvenil. Un periodo largo en el que escribí muy, muy poca poesía y en el que tampoco leí demasiada.

El siguiente momento importante para mi yo poético fue, sin duda, el confinamiento. Aquella locura que nos tocó vivir y ante la cual cada uno tuvo que buscar la forma de no perder la cabeza supuso, para quienes realizamos alguna labor creativa y tuvimos la fuerza suficiente, un empujón al vacío. Entre otros entretenimientos, me lancé a publicar un poema al día por Instagram, y lo mantuve durante muchos, muchos días. Hoy, los leo y, sinceramente, tan solo salvaría algunos versos y algunas imágenes, aunque tendría que meter tijera y sutura en todos ellos. Eso sí, como ejercicio de escritura poética fue brutal, porque me obligué a explorar(me), a observar(me) y a crear(me) a través de la poesía. Como aprendizaje fue un paso fundamental.

En esta época escribí un poemario adulto (el primero que he cerrado estando conforme, aunque es algo peculiar) que sigue en un cajón y del que ya os hablaré cuando le llegue el momento y, también, algunos poemarios infantiles que, por el momento, no encuentran su lugar.

En los últimos años había leído más poesía de lo habitual, pero fue aquí cuando me hice un lector voraz de versos. Tengo que destacar, una vez más, el papel fundamental de mi maestro, Manuel Francisco Reina, que, por suerte para mí, fue despiadado con mi poesía, me guio sin dirigirme, me iluminó sin cegarme con su luz; y, además, viendo cómo iba siendo esa voz poética mía que ya empezaba a vislumbrarse, me recomendó infinidad de poetas y poemarios que podrían ser, como lo ha sido siempre él, un aprendizaje. Leí a Francisca Aguirre, a Ángela Figuera Aymerich, a Elsa López, a Guadalupe Grande, a Alberti, a Blas de Otero, a Antonio Hernández, a Gamoneda, a Rilke, a Gioconda Belli, a Raquel Lanseros… A un montón de poetas que, sí, fueron maestros desde el papel y la tinta.

También, cómo no, quise profundizar en la filosofía y, según el tema del que tuviera pensado escribir, leí a Ortega y Gasset, a Cicerón, a María Zambrano, a Hannah Arendt… Qué necesaria es la filosofía. Cuánto se aprende de ella.

Con todo esto que cuento, mi voz poética se hizo una realidad. Por fin, con treinta y cinco años, me encontré. Y, por suerte, con esa misma edad, me encontraron.

En este 2021 tan horrible para mí en todo menos en lo literario, por fin, pude decir (no sin cierto pudor aún) que soy poeta.

En otro momento duro en mi vida, una baja por diversas enfermedades, me agarré a la poesía como mi mayor aliada, y, en esos meses nació “Escrito bajo las uñas”, el poemario con el que, como sabéis, gané el XV Premio Internacional de Poesía Antonio Galami primer reconocimiento como poeta. En este mismo año, la editorial Cuadernos del Laberinto me incluyó en esa preciosa antología de poesía breve que es “Laberinto breve de la imaginación”, rodeado de poetas a quienes leo y admiro.

En estos complicados años (y, ya, por fin, os hablo de “Hogares impropios”), mientras leía a poetas que me cortaban la respiración, vi que hay una corriente que ha tomado mucha (demasiada) fuerza en la poesía actual. Es un hecho (y hay que reconocerlo) que se está escribiendo algo que pretende ser poesía sin parecérsele apenasInfluencers, youtubers, cantantes, actores, actrices, famosos y famosas se han lanzado, con el beneplácito y el símbolo del euro en los ojos de determinadas editoriales, a escribir eso que yo llamo pseudopoesía, esas frases de azucarillo, esos textos misterwonderfulizados y creados a golpe de tabulador sin calidad, sin estudio, sin respeto y con muy poca calidad. Podría escribir muchos ejemplos y dar muchos nombres, pero os dejo esa tarea como entretenimiento. Al ver, horrorizado, esta tendencia me lancé a escribir algunos poemitas más como desahogo que como otra cosa, criticando esta situación. Al principio, los reuní bajo el título “La fe del converso”, aunque tampoco les hice demasiado caso. Los escribí, me desahogué, los olvidé.

Poco después vi que la Universidad Carlos III sacaba un premio de poesía en el que solo pedían 300 versos, así que revisé lo que tenía en cajones, encontré estos poemas, los retoqué algo y di forma a un poemario, ya bajo el título de “Hogares impropios”, que aparece en uno de los poemas. No lo gané. Eso sí, supe que tenía que mejorarlo y seguir intentando hacer algo con este poemario.

El siguiente paso fue ver que había otro premio donde podría encajar y que me valía por fechas, el Premio Provincia de Guadalajara de Poesía José Antonio Ochaíta. Eso sí, pedían un poemario de 500 a 1000 versos, casi el doble de lo que yo tenía, como mínimo. Me puse manos a la obra.

Retoqué lo que tenía. Eliminé algunos poemas. Leí (leí mucho). Escribí poemas nuevos. Leí (leí mucho más). Me exploré, me observé, creé… Y, en algo menos de 700 versos, “Hogares impropios” se cerró. Lo presenté al premio… y lo gané.

Y fui feliz. Muy feliz. Por el premio, por supuesto, por el reconocimiento que supone, porque es un nuevo empujón que me invita a seguir escribiendo poesía y, también, porque valida esta crítica que llevo tanto tiempo haciendo sobre esa corriente de poesía que no es poesía, de poetas que no son poetas, de esta evidente puesta en valor de la calidad (de seguidores y, por lo tanto, de ventas) ante la calidad, que importa cada vez menos y que nos ha llevado a un punto en el que ya ni se esconde.

El poemario, con un poema introductorio, se divide entres partes. “La voz poética”, que pretende ser un homenaje a la poesía de verdad, a los poetas de verdad; “La palabra que se recuerda”, que es una crítica a esa pseudopoesía actual; y “Ciegos para siempre”, que habla de las consecuencias de desabrazar a la poesía de verdad por abrazar esa nueva forma de escribir que ni siquiera considero poesía.

El premio lo recojo el 14 de enero en Guadalajara. Estoy viendo cuál es la mejor forma de que se publique, ya que las bases dan la opción a hacerlo con una editorial tradicional, en acuerdo con la Diputación. Saldrá, seguro. Lo compartiremos. Me muero de ganas.

Crítica: Cielo

Título: Cielo

Título: Cielo

Autor: Javier Lostalé

Editorial: Fundación José Manuel Lara

Solo con ver a Javier Lostalé se intuye el tipo de persona que es. Al escucharlo, se puede ir aún más profundo, arrancar algunas capas más. Al leerlo, todo coincide y lo que al principio fue una intuición se vuelve una realidad.

Quizá sea solo mi impresión, pero Javier Lostalé, con el que he coincidido en algunos recitales y eventos poéticos, es un hombre sencillo, humilde, tranquilo, amigo de sus amigos, generoso… En definitiva, un hombre entrañable.

Con esa voz de radio, esa pausa en sus movimientos y, ahora que por fin lo he leído, esa sencillez en su poesía, puedo afirmar que Lostalé es uno de los poetas españoles más vivos que me suscitan un mayor interés. Este “Cielo” suyo así me lo ha demostrado.

Él mismo me dijo que se alegraba mucho de que hubiera leído este poemario, porque así me alejo de esos que lo identifican siempre con su libro más significativo, “Jimmy, Jimmy”. Aquel no lo he leído aún, pero este “Cielo” me ha gustado mucho, muchísimo.

La poesía de Lostalé es tal cual es él mismo (así lo he sentido yo, al menos). Una poesía real sobre la realidad del autor; sin aspavientos ni pretensiones que la alejen del lector, aunque no por ello simple; sencilla, como he dicho, pero desde esa sencillez tan complicada de lograr en este género; muy bien construida; una poesía profunda que invita a pensar y a pensarse, algo, al fin y al cabo, que debería ocurrir siempre que se lee este maravilloso género.

Prueba de estas palabras son algunos de los versos que comparto a continuación:

Del poema “Regresas”:

La luz que envuelve hoy tu casa,

mientras a ella regresas,

es la misma que un día te borró

en la dicha pasajera de saberte amado”.

Del poema “Náufrago”:

Entregado a los relámpagos de una piel,

ignoraste el latido permanente

de lo que en amor fue separado

tras la plena inundación.

Del poema “Crisálida”:

Crisálida es tu vida,

fuego sin advenimiento,

fecundación sin memoria.

Tan pura es tu quietud

que en eternidad te concibes.

No me digáis que no es una sencillez preciosa, que duele pero sana al mismo tiempo, que nos hace, sin casi darnos cuenta, empatizar con el dolor del poeta.

Al menos a mí me ha cautivado.

Lo que más me ha gustado: haberlo leído por fin, además de tenerlo dedicado y con un “Celebro también tu libro ganador del Antonio Gala que leeré” que me llena de orgullo.

Lo que menos me ha gustado: que he tenido que recorrerme mil librerías hasta que he encontrado un libro suyo. Será que no es influencer, que no ha salido en un talent show o que no tiene la fama suficiente…

“De nada te arrepientas:

tu existencia brilla ya

en su cielo completo,

allí donde la vida y la muerte

son la misma tiniebla blanca”.

Fragmento de “Cielo completo”, en “Cielo”,Javier Lostalé