Resquemor en “bookstagram”

Ayer, el periódico “La vanguardia” incluía un artículo titulado “El postureo lector o aquellos que fingen que les gustan los libros” y, por lo que he podido ver en distintas redes sociales, no ha sentado demasiado bien a la comunidad “bookstagram” (para quienes no lo sepáis, cuentas de Instagram dedicadas a hablar de libros). 

Me he encontrado con ataques feroces a dicho artículo desde bastantes cuentas y, para contrastar una opinión con las otras, he buscado en prensa para leerlo.

Os lo dejo aquí, por si queréis hacer lo mismo:

https://www.lavanguardia.com/cribeo/cultura/20210117/6182109/postureo-lector-fingen-les-gustan-libros.html

De forma resumida, lo que afirman en el artículo es que hay cuentas en Instagram que se dedican a hablar de libros por postureo, por quedar bien, por sumarse a la moda o por pensar que leer los puede situar en un plano intelectual superior (hecho, este último, que se suele pensar sin que sea del todo cierto, por otra parte).

¿De qué se quejan algunos “bookstagrammers” y (por lo que he visto) algunos autores y autoras? Voy al lío…

Se quejan de que el artículo solo critica esa parte de las redes sociales y de los “bookstagrammers” en vez de hablar de que, en España, se lee. No es verdad. De hecho, el artículo empieza hablando de cómo una gran parte de la sociedad española ha leído más que nunca durante el confinamiento, aunque las librerías estuvieran cerradas.

Quienes se han ofendido dicen, también, que se podrían haber volcado los esfuerzos y el espacio en prensa para hablar de las bondades de la lectura en lugar de embarrar un determinado sector de “bookstagram”. Tampoco es verdad. El artículo habla del privilegio que supone leer, de que conseguir disfrutar de la lectura aporta múltiples beneficios y de que “leer un libro es un escape fabuloso para relajarse y desconectar” (cito, literalmente). Llega, incluso, y como colofón, a hablar de la lectura como una terapia emocional a la altura de la meditación. 

Quizás estos dos aspectos no sean suficientes, pero no se puede decir que el artículo solo intente desprestigiar a quienes (según la redacción) dudosamente tienen una mínima autoridad para hablar de libros y que no diga nada sobre los beneficios de leer o de los hábitos lectores porque, sencillamente, no es cierto.

¿Qué queda, entonces, de esas quejas que he podido leer? ¿De dónde sale tanto enfado? 

Si no me equivoco, lo que más ha cabreado a estas personas es el hecho de que el artículo pone el acento en un par de puntos que todos conocemos, pero que no muchos sabemos o queremos admitir.

El primero, que el postureo reina en la sociedad de hoy en día. Es más, me atrevería a decir que lo hace en prácticamente todos los campos y, por supuesto, de manera especial en Instagram. Quien no lo afirme, miente. Ojo, que no lo digo como algo negativo. Es bastante sencillo de entender, creo. No es necesario ni siquiera pensar en Instagram. Pensemos en las cámaras de fotos analógicas (si las recordáis) o en las digitales. ¿Alguien ha pensado alguna vez en hacer una foto sin preocuparse de que quedara bonita? Desde que la fotografía existe, corrijo, desde que cualquier forma de representación de la realidad existe, cualquiera que quisiera retratarla con un pincel, un bloque de mármol o una cámara de fotos, ha intentado hacerlo lo mejor posible. Voy a poner algunos ejemplos. “Naturaleza muerta con biblia”, de Van Gogh; “Lectura abandonada”, de Valloton; “El librero”, de Arcimboldo (de ¡1566!); o “Libro transformándose en mujer desnuda”, de Dalí. En todas estas obras aparecen libros como objetos decorativos. ¿Es malo? No. ¿Es criticable? En absoluto. ¿Es “postureo”? Si entendemos “postureo” como querer hacer una representación de la realidad lo más bonita posible, usando libros o cualquier otro objeto que se nos antoje, sí. Pero, insisto, no creo que haya nada malo en eso. Por retomar el inicio de este punto, postureo ha habido y lo habrá siempre. Lo que critica el artículo no es eso, sino la absurdez a la que los seres humanos hemos llegado de primar la apariencia por encima de todo y, en el caso de los libros (y como vengo denunciando desde hace ya mucho tiempo), el hecho irrefutable de que la cantidad (de seguidores) es mucho más importante que la calidad (de dichos libros).

El segundo, que se ha metido en el mismo saco a toda la comunidad “bookstagram” y se ha dicho que todos los que tengan cuentas dedicadas a los libros solo lo hacen por postureo, que nadie se lee los libros y que ni siquiera les gustan. Pero (siento decirlo), una vez más, no es verdad. El artículo afirma que una “inmensa mayoría” de personas a las que se pregunte nos dirá que le encanta leer y que esa afirmación puede, o bien ser verdad, o bien tratarse de “un curioso fenómeno: el postureo literario”. Y, ¡no nos engañemos! ¡Claro que hay gente así! Y, si la hay en la vida real y la descubrimos en conversaciones reales, ¿cómo no la va a haber en Instagram? Por supuesto que la hay, pero, del mismo modo que hay cuentas de moda en las que los y las influencers compran los últimos modelos, se hacen las fotos y los devuelven, o del mismo modo que cuentas que hablan de diversos temas son un auténtico fraude. Existen. Claro que existen. E, insisto, quien diga que eso no es así, está mintiendo.

¿Nadie conoce casos de cuentas que reseñan libros que ni se han leído porque las editoriales se los mandan gratis? ¿Nadie conoce a famosos que nada tienen que ver con la literatura que recomiendan libros solo por intereses económicos o diversos arreglos? ¿Nadie reseña tan solo o muchos más libros de aquellos autores que tienen más tirón para obtener mayor visibilidad, aunque no les gusten esos libros o autores o ni haya leído una sola página? ¿Soy el único que podría dar una lista inmensa de nombres?

Del mismo modo, ¿nadie conoce autores pésimos que copan las listas de ventas solo por lo fuertes que son sus cuentas o las de sus parejas en Instagram? ¿Eso no nos molesta? ¿No lo denunciamos? ¿No lo criticamos?

Antes de que me echéis a los leones, quiero dejar claro que no pienso que toda la gente sea así ni que haya personas que sean así todo el rato. Si lo pensara, no estaría en Instagram, os lo puedo asegurar. Gracias a Instagram y, en particular, a las cuentas dedicadas a la literatura, he conocido a personas maravillosas con cuentas maravillosas que se esfuerzan mucho por fomentar la lectura, dar a conocer a autores nuevos, libros que les gustan, recomendaciones… ¡Son la inmensa mayoría! He podido contactar y llegar a tener cierta confianza a lectores interesados en lo que escribo y, es más, entablar cierta amistad con autores a los que admiro, como Raquel Lanseros, Pedro Mañas o Beatriz Osés. Y eso es algo que solo “bookstagram” puede conseguir. Al igual que yo pienso así, veo de forma muy clara esa misma idea en el artículo tan ciegamente criticado, solo que, al igual que los periodistas que lo han escrito, veo la realidad, veo el sinsentido y, como creo que tendríamos que hacer más a menudo, lo critico cuando tengo ocasión.

Si os soy sincero, no entiendo tanto resquemor, enfado ni tanta pompa ante una opinión como la vertida en este periódico. Yo tengo una pequeña cuenta dedicada, en parte, a los libros en la que invierto un determinado tiempo y para la que me ocurro las publicaciones lo que quiero y puedo y no me ha dolido dicho artículo ni un poquito. Ni siquiera me he dado por aludido, vaya. Y, puedo ir más allá, me he alegrado al ver que en prensa nacional se habla de todas estas estupideces a las que estamos llegando desde que las redes sociales, los seguidores y los likes son quienes marcan la calidad de cualquier producto.

No nos hagamos los ofendidos si estamos contentos con nuestras cuentas y si sabemos que no somos parte de ese “postureo literario”. Creo que hacerlo no ayuda. Lo que ayudaría a que no se ponga en duda que usar la red social reina del postureo (con permiso de Tik-Tok) para hacer algo tan positivo como la animación a la lectura es algo maravilloso es, como hace el artículo, reconocer a esas personas y no prestarles la más mínima atención.

Solo así, quiero creer, daremos más fuerza y más sentido a una comunidad creada por lectores y escritores para lectores y escritores tan genial como “bookstagram”.

“La estupidez no tiene fronteras, pero al estúpido hay que ponerle límites”.

Albert Einstein

La educación no importa una mierda

Así de rotundo lo digo. Y así de mal dicho. Porque, me vais a perdonar, estoy harto.

No suelo meterme en política porque no es mi especialidad, pero como sí tengo algo de voz en el ámbito educativo, permitidme que exprese mi opinión viendo cómo funciona o, mejor dicho, cómo no funciona la educación en España. Al menos, por cercanía, en Madrid.

Hoy mismo escucho en los telediarios y leo en la prensa que en ningún momento está sobre la mesa cerrar los centros educativos. Esto, en una situación sanitaria absolutamente descontrolada y, vuelvo a poner el acento, porque es donde vivo y trabajo, en Madrid.

Hoy, que la mayoría de las comunidades autónomas están endureciendo las medidas (poco, en mi opinión, en la capital), nadie habla de cerrar los colegios. 

Vaya por delante que, como maestro, soy el primero que quiere que los centros educativos abran. En contra de lo que muchos puedan pensar (esos que siguen criticando a los profesores de forma casi sistemática por uno u otro motivo), las clases online son un horror para casi todo el cuerpo de profesores. No conozco a nadie que trabaje en educación contento con este teletrabajo impuesto, en ocasiones (como la de esta semana), de forma absurda e innecesaria. No olvidemos, tampoco, que los profesores y profesoras también tienen vida en sus casas. Que muchas familias que no se dediquen a la docencia tendrán que hacer malabares para teletrabajar y estar pendientes de sus hijos o personas a cargo, soy consciente y lo he visto; pero que los y las docentes también tenemos nuestras dificultades para trabajar desde casa, cada uno con sus peculiaridades. Pero, ay, la conciliación de los profesores importa un poco menos, parece ser.

Escribo esta entrada después de escuchar que “no se cierran los centros educativos porque la salud mental de los menores preocupa mucho”. Me entraría la risa si me hiciera gracia, pero no es el caso. Nos quieren vender la película de que les importa la educación, pero hay que estar bastante ciego para no ver que esa no es, ni de lejos, la realidad.

¿Por qué no son claros? ¿Por qué no dicen que la conciliación familiar sería IMPOSIBLE si los centros educativos no estuvieran abiertos? ¿Por qué no confirman la obviedad y asumen que, con los colegios cerrados, el sistema laboral se iría al garete? Si lo asumieran, además de no intentar reírse de la población, podrían justificar dar más recursos a los centros tanto para que esas clases online sirvieran para algo como para que profesores y alumnos no estuviéramos más expuestos al virus que nadie (a excepción de los sanitarios; gremio, también, vilipendiado hasta el hartazgo). Pero eso, claro, no va a pasar. En qué cabeza podría caber que se va a invertir en educación…

Muchos colegios/ docentes/ familias no tienen los recursos ni los conocimientos para asumir unas clases online. Si ha medio funcionado, no ha sido por la ayuda que se ha recibido desde las administraciones, sino por el buen hacer de muchos maestros y maestras (a veces, en lucha con equipos directivos que tienen cero empatía con sus equipos docentes). Porque nos hemos visto obligados a hacer el pino puente con las orejas para darle una vuelta a las clases presenciales y tratar de hacer algo útil de lo que nuestros alumnos pudieran sacar provecho. Sin olvidar, claro está, ser empáticos y comprensivos; hacer, también, de psicólogos con ellos y con sus familias. Una empatía que, por desgracia, no se ha dado siempre de forma recíproca (aunque yo no pueda quejarme, pues mis familias han sido y son maravillosas). Durante el confinamiento, os puedo asegurar, la mayoría de los profesores nos hemos desgastado casi por completo y hemos visto que la docencia a distancia, con niños y niñas de determinadas edades, tiene más bien poco sentido.

Si pensáramos única y exclusivamente en la salud, los colegios tendrían que ser los primeros lugares en cerrar. Seamos claros. No lo hacen tan solo porque se piensa en la economía. Y está bien (o no) que así sea. Y se comprende. Y se arrima el hombro. Pero que no nos vendan la moto y no digan que los centros educativos son seguros por cómo se han gestionado desde la administración; o que las clases online medio funcionan por lo que ellos han hecho. Que aplaudan a los centros educativos y a los docentes que han conseguido que así sea. Ya está bien de colgarse medallas inmerecidas.

La educación, como digo, importa una mierda. Lo puedo asegurar cuando veo que quienes están limpiando accesos y alrededores de nieve y hielo de los centros educativos son las propias familias y el personal no docente, con el “a ver si llegamos al lunes” en boca ya de muchos (lo de la gestión de las consecuencias del temporal en Madrid es otro tema). Veo que mi colegio pide por redes colaboración a las familias, con el mensaje de “qué orgullo” por bandera. A mí no me supone orgullo, sino vergüenza. Me avergüenza pensar que las administraciones no vean vital permitir la normalidad en los centros, que no pongan ni un solo medio para adecentarlos, que sean personas, digamos, “civiles” quienes se estén dejando los riñones en hacer todo lo posible para que los colegios puedan abrir, por eso, ya sabéis, de la preocupación de los políticos por la salud mental de los menores. Tiene bemoles.

Eso sí, las inspecciones para valorar los daños en los centros educativos se privatizan, no vaya a ser que no puedan sacar dinero, también, de las desgracias.

Podemos asegurarlo, también, cuando estamos a punto de vivir el enésimo cambio en la ley educativa. Por supuesto, sin consenso. No quiero entrar en las bondades o maldades de la Ley Celáa (eso sí, os pido, como siempre, que, antes de opinar, leáis la ley, no lo que digan sobre la ley unos u otros medios de comunicación), porque nos la tendremos que comer con patatas, igual que todas las demás y, sinceramente, no creo que sea ni mejor ni peor que las anteriores en lo profundo. Lo que me indigna es que se cambie cada vez que cambian los gobiernos, pero eso demuestra, como os digo, lo poco que les importa la educación a todos los gobiernos.

Dicho esto, seguiremos luchando por hacer que estos niños y niñas a quienes les ha tocado vivir esta situación tan horrible tengan el menor número de secuelas posibles. Seguiremos siendo responsables limitando nuestra vida social para evitar contagiar a nuestros alumnos, ya que lo de los grupos burbuja es una completa utopía imposible, por tanto, de cumplir. Seguiremos trabajando como siempre lo hemos hecho, con dedicación, con cariño, con profesionalidad, con mucha preocupación, con empatía, con toda la cercanía que podemos ofrecer, con el estrés de siempre multiplicado por diez, con cambios de criterios y de leyes constantes que nos entierran en papeleos, velando, como siempre lo hemos hecho, por esa salud mental de los menores que, a nosotros, sí nos preocupa.

Mientras tanto, que no os engañen, a la clase política y a una buena parte de la sociedad, la educación les seguirá importando una mierda.

Para terminar, acaba de llegarme la noticia de que Madrid retrasa la vuelta a los colegios hasta el próximo miércoles, 20 de enero, porque, dicen hay muchos centros con problemas de accesibilidad (¿sorprendidos? Familias, hay que ver el poco uso que le habéis dado a los picos y las palas…). No contentos con esta solución, fruto de su absoluta dejadez, se amplía el calendario escolar tres días en junio, para “reforzar la presencialidad”. Vamos, lo de siempre. Los profesores que, no hemos dejado de trabajar ni un solo día (en mi colegio, lunes y martes incluidos) y que seguiremos trabajando durante estos días de ampliación, tenemos que subsanar su incompetencia y alargar tres días más el calendario escolar. Porque, no lo dudemos, esos tres días más van a ser vitales para la formación de los alumnos y el curso no sería igual sin esta ampliación… En fin. Más de lo mismo.

(La imagen que añado es un artículo muy acertado, en mi opinión, que habla de esto mismo que critico).

“Educar la mente sin educar al corazón no es educar en absoluto”.

Aristóteles

Crítica: La librería ambulante

Título: La librería ambulante

Autor: Christopher Morley

Editorial: Periférica

En Instagram tengo una carpeta de publicaciones guardadas de libros que veo y quiero leer. Este era uno de esos libros.

En otra más de mis visitas a la librería Taiga (esa vez, para buscar un regalo), me di una vuelta por las estanterías y mesas y, cuando estaba a punto de irme sin comprar nada, apareció ante mis ojos, con su rojo tan atrayente, y… pues eso, que se vino a casa conmigo.

Llevo tres libros leídos de la Editorial Periférica y, sin riesgo a equivocarme, creo que ya es una de mis editoriales favoritas.

Las reseñas de los otros dos libros las tenéis aquí:

Cárdeno adorno: https://jorgepozosoriano.com/tag/cardeno-adorno/

Recuerdos de un jardinero inglés: https://jorgepozosoriano.com/2020/12/28/critica-recuerdos-de-un-jardinero-ingles/

Sigo en un momento raro de mi vida en el que hasta leer algo largo me da pereza, me agobia, me genera cierta ansiedad. Si leéis los poemas que voy publicando en mi Instagram @jpozosoriano , veréis a qué me refiero. “Recuerdos de un jardinero inglés” y “La librería ambulante” me han parecido libros perfectos para este momento. No demasiado largos. Con historias sencillas (que no simples). Lecturas cómodas, de calidad, de descubrimiento de esos libros que, sin estar entre los clásicos reconocidos por todo el mundo, pertenecen a ese grupo privilegiado de libros que perdurarán siempre. Y eso, qué os voy a decir, me encanta.

Sabéis más que de sobra que me gustan mucho los libros que hablan de libros, librerías o libreros. He leído (y reseñado) unos cuantos, y casi siempre son historias muy agradables en las que se busca conseguir algo que siempre, siempre, siempre me parece la mejor idea del mundo: hablar de todo lo positivo que aporta leer.

Este libro ha sido, para mí, todo un descubrimiento. Tres personajes principales muy bien creados (sobre todo, los dos más importantes); un escenario (ambulante) que es una delicia; algunos animales que también tienen su relevancia; humorternuraamoraventuras; y libros, muchos libros. Nada falla en este libro.

Dicho esto, os dejo con mi análisis de puntos fuertes y débiles.

Puntos fuertes:

Los escenarios: tanto esos pueblos de la “América profunda” con sus granjas como la propia librería ambulante me han parecido preciosos. La librería en sí es una pasada, y tratar de imaginármela cada vez que aparecía en escena ha sido un ejercicio muy bueno.

Los dos protagonistas principales: el tercero en discordia no me gusta tanto, aunque es necesario en la historia. Tanto el Señor Mifflin como la Señora McGill son una pareja de personajes espectaculares, que se complementan a la perfección y que dan pie a conversaciones y situaciones maravillosas. Solo por conocerlos, ya es un acierto leer este libro.

La edición: Periférica, en mi opinión, no pone su mayor empeño en editar libros espectacularmente bonitos. Son ediciones bastante sencillas, pero a las que no se les puede poner ni un pero. Además, consigue algo que pocas editoriales más tienen: hacen libros comodísimos de leer. Son cómodos al tacto, al tamaño, manejables, con el texto justo en cada página… Enamorado de esta editorial, os lo aseguro (y lo bonitos que quedan juntos, con ese tono de rojo tan vivo).

Conocer al autor: en la contraportada hay una frase que dijo Eugene O’Neill poco después de ganar elPremio Nobel de Literatura, y que es la siguiente: “Cuando tengo ganas de sonreír un poco, para que sean más ligeras las tardes, leo las primeras novelas de MorleyPara mí es un aliciente estupendo para buscarlas, no os quepa duda.

Puntos débiles:

Nada que decir en este aspecto. Tiene lo justo, en su justa medida y regado con humor, ternura y amor por los libros. 

Lo que más me ha gustado: como es de suponer, todo lo referente a la importancia que tienen los libros y a lo importante que es leer.

Lo que menos me ha gustado: en realidad son dos aspectos mínimos que nada tienen que ver con lo que me ha gustado la historia. Por un lado, la portada. No sé a vosotros, pero a mí no me convence. Por otro, algunos errores en la puntuación que no me ha gustado encontrar. Como digo, nada que desmerezca la calidad de este libro.

¿Lo conocíais o lo habéis leído? 

¡Un abrazo!

“Un buen libro debe ser simple. Y, como Eva, debe provenir de algún lugar entre la segunda y la tercera costilla: debe haber un corazón latiendo en su interior”. Christopher Morley, La librería ambulante

Crítica: Las voladoras

Título: Las voladoras

Autor: Mónica Ojeda

Editorial: Páginas de espuma

Si seguís mis reseñas, conoceréis a Mónica Ojeda de cuando leí su “Mandíbula”: 

https://jorgepozosoriano.com/2020/02/21/critica-mandibula/

Aquel fue un libro que me gustó mucho y que me hizo querer saber más de esta autora. Por eso, después de ver por redes este “Las voladoras”, me lancé a leerlo.

Se trata de un libro de cuentos (ocho) con un estilo, por lo que podido ver después de haber ya leído a la autora, muy asentado. Tal y como dije en la reseña de “Mandíbula”, Mónica Ojeda escribe muy bien y tiene un lenguaje tan rico y tan poético que siempre gusta leer. La temática, además, también debe de ser una pauta en sus escritos, ya que me ha recordado a esa historia donde lo macabro, lo sórdido y lo visceral cobran una importancia enorme.

¿Me ha gustado? Sí, sin duda. ¿Me ha encantado? Algunos de los cuentos, sí. Otros… no tanto. Quizás ha sido culpa mía, por haber leído todos los cuentos casi de golpe, pero el hecho es que me han resultado algo repetitivos. Podría decir que la mitad me ha gustado bastante y que la otra mitad se me ha hecho un tanto pesada. Más por el tema y, en algunos, la extensión. Que están todos muy bien escritos es innegable. Pero me ha costado leer varios. 

Puede que haya sido, como digo, porque todos los cuentos buscan (creo yo) y consiguen un retorcimiento de tripas del lector. Lo hace mediante esos hechos sombríos de muertes, de hechos prohibidos, de llevar al límite los morbos, de incestos, asesinatos, sangre, vísceras, vómitos… Para alguna historia, me cuadra y me gusta. Después de leer ocho historias en esa misma línea (y esto es pura opinión mía), me cansa.

Insisto en que me parece un buen libro y en que Mónica escribe a las mil maravillas. Pero, esta vez, no puedo ser tan positivo como lo fui con “Mandíbula”. 

Puntos fuertes:

El lenguaje: sigo pensando que los buenos autores latinoamericanos cuidan más el lenguaje que los propios españoles. En Mónica, eso es un hecho. Qué léxico más amplio, qué de vocabulario latino que, además de encantarme, nos transporta a esas latitudes… Además, a pesar de lo duro de lo que narra, qué lenguaje más poético. En este aspecto, un diez.

El formato: me gustan mucho los libros de cuentos. Me parecen perfectos para momentos de bloqueo lector, de cambiar de género, de salir de alguna lectura algo más densa… Y, además, me parece muy complicado escribir buenos cuentos. En este libro, aunque algunos me hayan convencido menos, hay cuentos excelentes.

La posición de la autora: me repito, lo sé, pero me gusta ver que gente válida, con buena pluma, trabajo y respeto (como es el caso de Mónica Ojeda) va haciendo su camino en la literatura por méritos propios. Con los treinta y dos años que tiene, y los libros que ya lleva a sus espaldas, tiene un futuro muy, muy prometedor.

Lo que más me ha gustado: como cuento, me quedo con “Caninos”. Como punto a resaltar, insisto en el lenguaje y el estilo tan poético de Mónica.

Lo que menos me ha gustado: lo que ya he comentado antes. Una o dos historias sueltas de las que incluye el libro me habrían encantado. Ocho se me hace pesado, algo repetitivo y eso, al final, me resta.

Para terminar, no quiero que penséis que es una reseña negativa. Para nada. Me reafirmo en decir que Mónica es una muy buena escritora, con una imaginación desbordante, un uso del lenguaje espectacular y un valor enorme para escribir sobre ciertos temas sin pelos en la lengua. Sí es un libro que recomendaría, pero dejando muy claro que esos temas no son “agradables” de leer y que, desde mi punto de vista, no es un libro para todo el mundo.

¿Me recomendáis algún libro de cuentos?

Gracias y un abrazo para todos.

“El mundo estaba lleno de cosas terribles que podían dejar de verse si se cerraban los ojos, pero los oídos no tenían párpados”.

“Slasher”, en “Las voladoras”, Mónica Ojeda.

“Pink sofa conversations”

Después de un año con más de 15.500 visitas al blog (gracias, gracias, gracias), empiezo este 2021 sin la idea que a veces he tenido de dejar de usarlo, que alguna vez ha rondado mi cabeza. Es tiempo, algunos dicen que los blogs están desfasados… Pero la verdad es que a mí me gusta esa independencia que mantiene con las redes sociales (quizá por el “desfase”), su funcionamiento sin algoritmos que te posicionen mejor o peor (aunque algo habrá) y, sobre todo, porque puedo escribir todo lo que quiera.

Si lo habéis leído, sabéis que, básicamente, escribo sobre dos temas: libros (que reseño, a mi manera) y educación. Y así seguirá siendo, porque son los dos ámbitos que más me interesan y en los que, creo, puedo hablar con la autoridad que me da dedicarme a esos dos mundos.

Dicho esto, hoy traigo algo que me hace mucha ilusión. Conozco a Alicia desde hace ya muchos años a raíz de su hermana. Las adoro a las dos, qué os voy a decir. Nos unen muchos hilos y, por desgracia, uno que nos ha marcado bastante a los tres y que ahora veréis.

Alicia, entre otras muchas cosas, es artista. Solo tenéis que ver sus perfiles en redes ( @clangdesign_ )o su web http://www.clangdesign.com para comprobar sus trabajos. Original al máximo, trabajadora como pocas… No puedo decir más que a mí me encanta todo lo que hace y que todos los éxitos que le lleguen son más que merecidos.

Hace unos años (unos seis o alguno más), mientras yo vivía en Londres, se me ocurrieron tres pequeñas historias que escribí del tirón en cuanto la inspiración se hizo palpable. Sus títulos son: “A la sombra de un gigante”“La chica con ojos de espejo” y “El último baile”. Las tres tienen una estética parecida tanto en la temática como en el lenguaje. Los tres tratan de la tristeza, pero desde la esperanza. Los tres con un lenguaje serio, pero muy simbólico y poético.

No se me ocurrió ninguna otra persona mejor para ilustrar esas historias que Ali (yo no había publicado nada aún), así que se lo propuse… Y el trabajo que hizo fue justo lo que necesitaban mis letras. De ahí nacieron tres álbumes ilustrados que, espero (esperamos) puedan ver la luz algún día (editoriales de España, dadles una oportunidad).

La historia la cuento en esta entrevista que me hace Ali (y que es el motivo de este post), aunque en inglés.

En resumen, yo escribí “El último baile” como regalo para mi madre. Ella era mi fan número uno, mi primera lectora siempre… Y pensé que, con lo que nos echábamos de menos, le gustaría leer una historia que hablara del inmenso cariño que siempre nos tuvimos y de todo lo que yo, como hijo suyo, quería decirle: el inconmensurable amor que tenía y tengo por ella, y cómo fue perfecta en su papel de madre.

La escribí, Ali la ilustró, unos amigos lo imprimieron, lo pusieron precioso y, el día de su cumpleaños, se lo llevaron a casa (yo seguía en Londres). Me dijo que fue “el mejor regalo que le habían hecho en la vida”. Yo no podía estar más contento.

A los pocos meses (algo más de tres), sin que nadie lo esperara, mi madre murió. En aquella noche que recuerdo a ráfagas, y en la que sentí todo el dolor del mundo envolviéndome, recuero que esa historia me vino a la cabeza y que, incluso, se la leí a un amigo, llorando a tempestades. 

Me pareció increíble que el último regalo que le hice a mi madre fuera ese y pensé (y pienso) que fue mi forma de despedirme de ella, que, con esa historia, le regalé la certeza de amor que merecía. Pensé (y pienso), también, que, si tuvo un par de segundos para pensar en mí cuando se estaba apagando, sería muy consciente de todo lo que la quise (y quiero) y de lo increíblemente feliz que fui todo el tiempo que compartimos.

Con los años, la vida nos dio otro golpe y la madre de Ali falleció

Y se cerró el círculo.

Y los dos estamos deseando que esta historia se publique para poder compartirla con el máximo de personas posibles. Porque creemos en esta historia y porque creemos que vosotrxs también lo haréis.

Y, ahora, os dejo el enlace a la entrevista (perdón por los errores con el inglés, que he visto algunos):

“Mamá, ¿me concedes este último baile?”

El último baile

Crítica: Recuerdos de un jardinero inglés

Título: Recuerdos de un jardinero inglés

Autor: Reginald Arkell

Editorial: Periférica

En una de mis múltiples visitas a la librería que tengo al lado de casa, Taiga, vi este libro en una mesa y me llamó la atención desde ese instante. Me gusta Periférica, la editorial. Me gustan los jardines. Me gusta (mucho) lo inglés. La portada es bonita. El título es bonito. Me lo apunté… Y me llegó por mi cumpleaños.

Llevaba un tiempo (desde el final del verano y la vuelta a este curso tan complicado) algo enfadado y distanciado de la novela. No sé si leí demasiadas en las vacaciones o si elegí mal mis últimas lecturas (aún tengo dos a medias), pero no me apetecía leer nada largo y de lo que tuviera que estar demasiado pendiente durante demasiado tiempo. Por eso, entre otras razones, me refugié en la poesía, que siempre se entrega en un abrazo infinito.

Cuando tuve este libro entre mis manos, supe que podría ser la lectura perfecta para volver a leer (y a disfrutar) una novela. Por suerte, mi instinto no me falló y leerlo ha sido todo un acierto y un regalo.

Se trata de una novela sencilla; sin pretensiones (cuánto lo agradezco); muy bien escrita; con una pareja de personajes principales muy bien creados y plasmados (sobre todo el protagonista); con otros personajes que acompañan muy bien; y con las flores, las plantas, los árboles y, en definitiva, los jardines como un personaje más. Y, no me olvido, con esa esencia británica que tanto, tanto me gusta presente en cada página.

No es una historia apasionante en la que vayamos a encontrar sorpresas, giros inesperados ni tensiones. No lo necesita. En su lugar, vamos a encontrar un lenguaje muy bien cuidado, algo de humor y mucha, mucha ternura. 

Antes de pasar a mi análisis de puntos fuertes y débiles, y sin destriparos la historia, os diré que el libro desarrolla a la perfección toda la vida de su protagonista, el Señor Pinnegar, desde que es niño hasta que envejece y, ligada a la suya, la vida de “su” jardín. No sé vosotrxs, pero yo no necesitaba nada más.

Puntos fuertes:

El paso del tiempo: en 222 páginas más bien ligeras (Periférica hace unos libros muy cómodos de leer, además de seleccionar muy buenas historias) nos cuentan toda la vida de su protagonista y lo que a su vida rodea. Sin ser largo ni hacerse pesado. Sin dar más detalles de los necesarios. Sin que importe dar algunos saltos largos en el tiempo. Y se nos queda una imagen clarísima de esa vida, con todo lo necesario para conocerlo sin fisuras. Maravilla.

El protagonista: este Señor Pinnegar, también conocido como “el joven Herbert” y “El Viejo Yerbas”, se ha convertido, para mí, en un clásico a la altura de La Señora Dalloway, o “el tío Paco” de “Persona normal”. Uno de esos personajes que te llegan y que se quedan. Algo, en mi opinión, muy difícil de conseguir.

El toque británico: no es un secreto que soy un enamorado de casi todo lo británico (y que echo muchísimo de menos Londres), así que siempre me reconforta “viajar” al Reino Unido de vez en cuando. ¿No es maravillosa la literatura?

La botánica: me ha gustado mucho imaginar (a veces, con la ayuda de Google) ese jardín tan espectacular que el Señor Pinnegar va creando. Descubrir nuevas plantas y flores, ordenarlas en mi cabeza para dar forma a un lienzo tan vivo como lleno de color. Como avisan en la contraportada: “En un jardín no se puede estar enfadado mucho tiempo”.

Puntos débiles:

No puedo encontrar ninguno. Ha sido la lectura perfecta en el momento perfecto. La he disfrutado muchísimo, me ha calmado, me ha divertido, me ha enternecido… ¿Qué más le podía pedir?

Lo que más me ha gustado: reencontrarme, por una parte, con la prosa y, por otra, con esa cultura anglosajona que me vuelve loco…

Lo que menos me ha gustado: por decir algo que nada tiene que ver con el libro, me han aumentado las ganas que tengo de visitar el Reino Unido de nuevo.

¿Lo conocíais o lo habéis leído? 

¡Un abrazo!

“Qué pena que la gente no dejara de pelearse y no pasara más tiempo en los jardines”.

Recuerdos de un jardinero inglés

Crítica: El secreto del oso hormiguero

Título: El secreto del oso hormiguero

Autora: Beatriz Osés

Ilustradora: Miguel Ángel Díez

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

Primer poemario ganador del “Premio de Poesía para Niños y Niñas Ciudad de Orihuela”, en 2008, inaugurando un concurso tan necesario como este para la poesía infantil. Y qué primer premio… 

Una historia a través de los sueños, de los secretos, de los misterios. Una historia con animales tan variopintos como un oso hormiguero, un bicho-bola, un tigre y hasta un gamusino. Originalidad sin perder las formas. Versos muy bien hilados para comprender esta historia. Porque, sí, el libro cuenta una historia, tan bonita al principio como al final.

Lo que más me ha llamado la atención del poemario es cómo un poema se une con otro, cómo el poemario va avanzando poema a poema, verso a verso, hasta llegar a un final que nos hace (a mí, al menos) cerrar el libro con una sonrisa llena de ternura.

La autora, Beatriz Osés, tiene un bagaje literario envidiable, pero de envidia sana, porque es de esas autoras trabajadoras al máximo, cuidadosas con su literatura y, además, cercana y agradable como se ve pocas veces. Un placer conocerte gracias a los libros, Beatriz.

Dicho esto, paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

El significado: ser el primer “Premio Orihuela” tiene un significado de una importancia espectacular y, me imagino, un honor impresionante para su autora. Además, lo merece. 

La “historia”: ese eslabonamiento de poemas me parece espectacular. Pocas veces he visto un hilo tan claro en un poemario infantil, desde el inicio hasta el final. Muy, muy buena idea.

La edición: como siempre que tengo un libro de Kalandraka en las manos, la edición es una maravilla. 

Lo que más me ha gustado: además de lo que he disfrutado leyéndolo, haber podido iniciar lo que se me antoja como una muy buena amistad con su autora, de la que, seguro, os hablaré más de una vez y a quienes os recomiendo buscar desde ya.

Lo que menos me ha gustado: no le pongo ni un pero. La poesía es muy buena, la edición es muy buena y las ilustraciones son muy buenas. Un libro, en mi opinión, perfecto.

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais ala autora? Si no es así, ¿me haréis caso y buscaréis alguno de sus libros?

¡Un abrazo!

“La vieja tortuga

bajo las estrellas

se siente menuda”.

Bajo las estrellas, Beatriz Osés

Crítica: El ojo de la mujer

Título: El ojo de la mujer

Autor: Gioconda Belli

Editorial: Visor

Si se habla de poesía nicaragüense, casi seguro el nombre que nace es el de Rubén Darío. No obstante, y sin quitarle ningún mérito al “Príncipe de las Letras”, figura fundamental en lo poético, yo me quedo con esta recién descubierta y ya objeto de mi amor literario Gioconda Belli. Quienes me seguís por Instagram, habréis visto que llevo algunas semanas compartiendo poemas y versos suyos, así que ya la conocéis, al menos, un poquito.

Sabéis que tengo predilección por la poesía escrita por mujeres, a excepción de algunos poetas hombres que me vuelven loco, como Manuel Francisco Reina, y este descubrimiento, recomendado por él mismo, se queda ya para siempre entre mis lecturas favoritas.

Este “El ojo de la mujer” es un libro de poesía reunida de la poeta centroamericana que habla de lo humano, del amor (qué poesía de amor más tangible), del sufrimiento, de la maternidad, del sexo, de la muerte… Y lo hace de una forma sencilla, sin imágenes rebuscadas ni impostadas, ofreciendo una poesía tan cercana como real, con el buen hacer de los autores y autoras de Hispanoamérica, esos y esas que cuidan el lenguaje y nuestro idioma común casi mejor que nosotros mismos.

Es un libro muy completo. Aquellos que argumentan no comprar libros de poesía porque son caros para lo poco que incluyen y lo breve de su lectura, este “ojo femenino” tiene, ni más ni menos, ciento treinta y cinco poemas, y el precio es bastante ajustado. Edición sencilla y correcta, como siempre encontramos en los poemarios editados por Visor.

Será, sin duda, un libro y una poeta a quien recomiende siempre que me pidan ideas sobre poesía. 

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El lenguaje: como he dicho, cuando hay calidad literaria, los autores hispanoamericanos tienen un trato de nuestro lenguaje mejor que el que le damos nosotros. En Gioconda Belli, ese trato es tan cuidado que sus poemas están llenos de dulzura.

Los poemas de amor: no suelen convencerme mucho los poemas de amor (ya sabéis que me va leer poesía “sufrida”), pero he podido encontrar, en este libro, poemas amorosos tan maravillosos como “Solo el amor resistirá” o “La orquídea de acero”. Espectaculares.

El homenaje a la poesía dentro de la poesía: he encontrado varios poemas dedicados a la poesía que me han hecho enamorarme aún más de este género. Versos tan potentes como “la poesía es la caricia del cuerpo abandonado” o “amo a los poetas —bellos ángeles lanzallamas—/ que inventan nuevos mundos desde la palabra”. No me digáis que no os despiertan ganas de leer poesía…

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, y sabiendo que es algo absurdo, que haya tantos poemas hace que se tarde mucho en leer el poemario completo, y eso puede restarle esa sensación final que se tiene (o que yo tengo) al leer un poemario, cerrar el círculo propuesto por el o la poeta y suspirar pensando “qué preciosidad de libro”.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Solo el amor resistirá

mientras caen como torres dinamitadas

los días, los meses, los años”.

 “Solo el amor resistirá”, Gioconda Belli 

El discurso del odio: homofobia

Con la reciente noticia del eurodiputado húngaro de extrema derecha József Szájer en una orgía con otros hombres en Bruselas. Sin poder dejar de poner el acento en que su partido es abiertamente homófobo y que ha propuesto una enmienda en la Constitución para exigir que las adopciones de niños sean solo por parte de familias heterosexuales porque lo contrario “pone en peligro el sano desarrollo de los niños”. Con partidos de ultraderecha que atentan contra derechos fundamentales y contra la propia naturaleza, en este caso, aflorando en países tan supuestamente progresistas como el nuestro. Con noticias muy recientes de palizas a parejas homosexuales en distintas ciudades españolas… Con todo eso, y con lo que tengo que dejarme en el tintero, quiero hacer una reflexión sobre ese discurso de odio contra los homosexuales que, aun estando en pleno siglo XXI, sigue existiendo.

Lo hago después de encontrar entre mis alumnos (de seis años) una naturalidad espectacular frente a la homosexualidad. Como se diría en Twitter: abro hilo.

Resulta que en el periodo semanal dedicado al “taller socioemocional“, esta semana decidí trabajar el amor, en su más amplio significado. Para ello, seleccioné varios cortos animados. En ellos se habla del amor a primera vista, del amor compartido, de amores que empiezan, de amores que acaban… Y, entre ellos, había uno de amor entre dos chicos.

Antes de comentar qué ocurrió, estaría muy bien que lo vierais (es precioso). Os dejo el enlace:

¿Ya lo habéis visto? Momento, entonces, para comentaros qué opinaron al respecto.

Después de ver todos los cortos, les pedí que los comentaran uno a uno. Cuando llegó el momento de comentar este, les pregunté si eso podía ocurrir en la vida real, y recibí un sonoro “¡nooooo!”. Tengo que reconoceros que me asusté un poco, pero, como casi siempre, los niños (insisto, de seis años) me dieron una nueva lección. Les pregunté por qué pensaban que no podía ocurrir y, al preguntar a una de mis peques, me respondió: “hombre, Jorge, ¡los corazones no pueden salirse del cuerpo!”. Insistí en lo que quería saber y pregunté si dos chicos o dos chicas podían enamorarse y ser novios o novias. TODOS y TODAS gritaron que sí.

Casi me los como, qué os voy a decir.

A lo que voy es, pensando en las palabras con las que inicio esta entrada, a la incomprensión de cómo puede haber sectores (más amplios de lo que pensamos) de la sociedad que siguen pensando que la homosexualidad es algo (por decirlo de una forma suave) peligroso cuando los niños (¡seis años!) tienen clarísimo que es algo sobre lo que ni siquiera hay una mínima duda. Si los niños, tan pequeños, saben perfectamente que dos chicos pueden quererse, del mismo modo que pueden hacerlo dos chicas, ¿en qué momento cabe ese discurso homófobo que sigue existiendo? ¿En qué momento a alguien le “cambia el chip” para pensar que ser homosexual está mal, hay que perseguirlo, agredir a homosexuales, intentar legislar contra sus derechos, que son, ni más ni menos, que los mismos que tienen los heterosexuales?

Me temo que todo cambia en el momento en que hay homofobia incrustada en la política y en los políticos (aunque luego intenten huir de orgías homosexuales bajando por cañerías), en los medios, en chascarrillos, “bromas”, chistes, conversaciones de bar, en “cuñadismos”.

Que no cuenten conmigo.

Desde mi posición de maestro, seguiré educando desde el respeto, la igualdad y la aceptación de “lo diferente” (entendido como lo menos habitual, sin que sea peyorativo). Porque mi moral me obliga a hacerlo y porque, como maestro, estoy obligado a hacerlo, tal y como ya expliqué en la entrada que escribí sobre el pin parental:

https://jorgepozosoriano.com/2020/01/21/el-pin-parental/

Y, para acabar, lo único que puedo deciros es que, como me ocurre casi a diario, los niños y niñas me demuestran que tienen más verdad en sus corazoncitos que muchos adultos. Eso, y que nunca me cansaré de aprender de ellos, porque, también, a pesar de su corta edad, son mis maestros.

Crítica: Tarde en el acuario

Título: Tarde en el acuario 

Autor: Nono Granero

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

Hace un tiempo, cuando no estaba tan metido como ahora en la poesía infantil, pregunté al bueno de Pedro Mañas por poemarios para niños de autores nacionales. Entre otros, me recomendó este “Tarde en el acuario”, incluido en la ESPECTACULAR Colección Orihuela de Kalandraka. No se equivocó al recomendármelo.

El libro es una excursión al acuario en toda regla. A los mundos submarinos, a ese universo oceánico del que, según dicen, conocemos tan poco. Gracias a estos poemas, conocemos algo mejor algunos de los misterios que los mares y océanos ocultan, y lo hacemos, además, a través de la poesía. ¿Se puede pedir algo más?

Son poemas sencillos, muy bien escritos, muy originales, muy apropiados (me sale el profe que llevo dentro) para trabajar la poesía con niños pequeños. Como suelo hacer los miércoles, comparto con ellas algo de literatura (de momento, poesía), y este libro lo disfrutaron muchísimo. 

Las distintas especies que se presentan adquieren protagonismo verso a verso gracias a descripciones y situaciones muy acertadas, muy divertidas y, a veces, muy misteriosas

Con humor, pero sin ser ese el único recurso, los lectores vamos navegando y buceando en la poesía, viviendo una aventura acuática hasta llegar al final del libro. Una muy buena tarde, la verdad.

Además, como siempre, la edición es maravillosa (por algo Kalandraka ganó el tercer Premio Nacional a los Libros Mejor Editados en 2019) y las ilustraciones, a cuenta de Carmen F. Agudo, son preciosísimas.

Dicho esto, paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

Seguir conociendo buenos autores: como siempre he pensado y dicho (y por mucho que la adore), la poesía infantil española es mucho más que Gloria Fuertes. Gracias a ir investigando, a descubrir editoriales que se toman muy en serio la poesía para niños como Kalandraka y buscando entre los principales premios nacionales, me estoy haciendo experto en esta poesía, y he de reconocer que me encanta.

El tema: aunque los animales son un tema muy recurrente en la poesía infantil, hasta el punto de estar ya bastante manidos, este libro nos habla de especies tan raras que no cae en esa vuelta a lo mismo de siempre. Desde pirañas a narvales, pasando por peces fantasma o saltarines. En mi opinión, una idea muy buena.

La edición: no insistiré mucho más, pero es obligado decirlo de nuevo: qué bien edita Kalandraka.

Lo que más me ha gustado: como he dicho al principio, seguir descubriendo poetaspoemarios y poemasinfantiles que leer y releer, recomendar, compartir, seguir… Nono Granero y esta tarde que nos regala han sido todo un placer.

Lo que menos me ha gustado: ya lo he dicho alguna otra vez, pero es la única pega que le puedo poner: esas páginas dobles sin ninguna ilustración, aunque fuera chiquitita, se me atraviesan un poco. Quizá pido demasiado, pero en poemarios tan bonitos, me gustaría mucho más ver algo de color en todos los poemas. 

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿me haréis caso y leeréis algo suyo?

¡Un abrazo!

“Los esperamos con las aletas abiertas”.

Despedida del acuario, Nono Granero