Sobre La bola negra (después de verla)

Si leísteis mi entrada anterior, en la que hablaba de algunos prejuicios que tenía antes de ver La bola negra, podréis ver en esta nueva entrada, una vez ya vista la película, que se cumplieron prácticamente todos. Ahora que la he visto y que, ya os digo, no he terminado de disfrutar y no me voy a sumar a la ola de comentarios exagerados y oportunistas diciendo que es la mejor película de la historia y esos «no consigo salir de ella», quiero dejar por aquí algunas preguntas que me hago y mi propia opinión, que será la mía, no la que la «viralidad» me dice que tenga y comparta.

En primer lugar diré que, sí, que la película, visualmente, es bonita; que hay poesía; que hay imágenes; que hay simbolismo; que la fotografía, la dirección de actores y demás tecnicismos cumplen. No voy a decir que es una mala película ni me voy a ir al otro extremo, pero, lo siento mucho, es una película más de la Guerra Civil, no mejor que muchas otras. Mucho marketing, muchos contactos, mucho saber qué y a quién usar, mucho arrimarse a los soles más cálidos… Y, sí, cómo no, Lorca.

Aquí, me hago varias preguntas. ¿Hasta dónde es lícito usar a un personaje histórico para inventarse una historia? ¿Hasta dónde es lícito conocer la historia y darle las vueltas oportunas hasta que se ajuste a lo que se quiere contar? ¿Hasta dónde es lícito valerse de una figura con el tirón de Federico García Lorca para asegurarse el éxito y hacer caja?

Comentándolo en pequeños grupos o en redes sociales, veo que hay algunos comentarios del tipo «no es un documental, no necesita ser fiel a la historia» como argumento para justificar la falta casi absoluta de rigor histórico. No es así. Yo no lo veo así, al menos. Si se tiene el arrojo (por hablar de forma pausada) de creerse con la capacidad de terminar una historia inacabada de una figura tan crucial como Lorca (no solo Los Javis, sino también el coguionista, Alberto Conejero, con su también atrevida La piedra oscura), hay que ser riguroso con lo que se cuenta. Si se usa a Lorca, se usa contando su historia como es. Si no va a ser así, se podría haber escrito una obra de teatro o una película sobre la Guerra Civil y el amor entre dos hombres sin tener a Lorca como principal reclamo, pero, claro, habría vendido mucho menos.

Dicho esto, pasemos a hablar un poco más de algunos aspectos que me han «molestado» de esta historia.

No me considero ningún experto en Lorca, pero sí tengo, por mi proximidad con personas que sí lo son, bastante información sobre su vida y sus últimos años, la suficiente para poner en duda mucho de lo que en la película se da por sentado. Comprendo que, para las personas que sean más ajenas a la biografía de Federico, la película cuenta lo que es y como es, que les parezca todo correcto y que crean que lo que ocurre en la película se ajusta a la perfección con la vida del poeta granadino, pero… no es así.

El principal error es que la figura de quien fue el último amor de Federico García Lorca se nombre solo de pasada y como si hubiera sido alguien que pasaba por allí sin pena ni gloria, sin importancia. En ese diálogo inventado entre Lorca (un Lorca, por otra parte, muy caricaturizado) y Rodríguez Rapún (seguramente, su gran amor, pero no el último), lo único que se dice (no sé si son palabras exactas) es:

–¿Y el rubio?

–No sé, estará en el Albacete.

Bueno, ese «rubio de Albacete», Juan Ramírez de Lucas, fue tan importante en la vida de Lorca que:

Lorca le dedicó un soneto precioso (que sí está manuscrito por Lorca en un papel, en un recibo de la Academia Orad y fechado en 1935, no como el papel que guarda el Rodríguez Rapún de la película, que nunca existió).

Fue la razón de algunos sonetos de los Sonetos del amor oscuro de Lorca, porque, si no, con qué motivo Luis Rosales le entregaría una copia de esos sonetos, y para quién, si no él, ese «Amor de mis entrañas, viva muerte/en vano espero tu palabra escrita», quien se separó de su gran amor para pedir, sin éxito, un permiso paterno que le permitiera irse junto a él a México.

La última carta que escribió Lorca (una carta preciosa en la que aconseja a Juan pausa para enfrentarse a su padre y a la vida) está dirigida a él.

A Lorca lo mataron justo en esa espera.

Con todo esto, creo que dejar su presencia en un par de frases que solo restan importancia a su existencia es un error imperdonable. Peor aún es peor saber que es un error a sabiendas, porque, obviamente, tantos Los Javis como Conejero conocían esta historia y, en lugar de ser fieles, decidieron usarla a su manera. Me explico:

La figura de Ramírez de Lucas sí está presente en la película, pero lo está a conveniencia y mezclada con otros personajes. El personaje de Sebastían se asemeja a Juan Ramírez de Lucas en algunos aspectos. Era mucho más joven, artista, enamorado con miedo. Formó parte del bando enemigo, como le ocurrió a Juan más tarde, cuando su padre le obligó a formar parte de la División Azul (aunque, claro, no aparece enamorado de Lorca, sino de Rodriguez Rapún, en un retorcimiento forzado y extraño de la historia). Fue quien guardó una relación casi en secreto durante toda su vida y pidió que todo se publicara cuando muriera.

En cuanto a Rafael Rodriguez Rapún, pues… bueno, qué deciros. Que, sí, fue una figura importantísima en la vida de Lorca, seguramente su amor más importante, pero, como digo, no fue su último amor. No fue el único destinatario de los Sonetos del amor oscuro. No fue a quien Lorca esperaba antes de que lo mataran. Lorca no le escribió en un papel el (precioso) soneto que aparece a lo largo de la película y con cuyo último verso termina, a modo de mensaje final: «Mira que nos acechan todavía». Tampoco fue él quien tenía las pocas páginas escritas de La bola negra. De hecho, ni siquiera muere así, fusilado. ¿Qué sentido tiene contar que lo fusilan si murió por heridas en el campo de batalla? Aquí, una vez más (y esto son suposiciones mías), viene bien inventarse la historia para jugar con ese papel de Sebastián/Juan Ramírez de Lucas, para poner en relieve ese dolor de tener que luchar en el bando que ha asesinado al amor de tu vida. No le veo otro sentido, aunque no lo comparta ni me parezca justo ni le encuentre la lógica.

Hay otras muchas cosas a las que no les encuentro sentido o, por decirlo mejor, cuyo sentido no comprendo. Aquí también haré una lista, creo que se ve mejor.

La escena de Penélope Cruz. Ella es y está maravillosa, pero, ¿qué le aporta a la historia? ¿Qué suma, además de más minutos de rodaje en una película ya de por sí bastante larga? ¿Un alegato más sobre la libertad? Ya había suficientes a lo largo de la película. La impresión que me da es que está ahí para que Penélope le sume al proyecto, para internacionalizarlo, para darle más peso.

Lo mismo me ocurre con Glenn Close, aunque su papel no me parezca tan bien ejecutado como el de Cruz. Lo único que creo que aporta (además de eso mismo, darle más presencia internacional a la película) es ensalzar la figura de Ian Gibson, quien creyó tener la verdad absoluta de Federico García Lorca hasta que se habló de Juan Ramírez de Lucas a quien él, como en la película, siempre citó de pasada. Además, se aprovecha este papel para criticar que no haya grandes biógrafos/historiadores españoles sobre figuras como Lorca, pasando por alto a alguien tan importante como Agustín Penón o como a Manuel Francisco Reina.

Que aparezca Grindr como contraposición a la falta de libertad durante esos años tan oscuros me parece algo frívolo. El propio anciano que aparece al final deja claro que la libertad actual es digna de celebración cuando le dice a Alberto que su abuelo habría estado feliz al ver que vive con su novio, sin miedo ni escondites. Eso, por no hablar de una escena de sexo que está solo por eso, por el sexo. No hacía falta.

Aquí es cuando hago una de mis mayores críticas, y quiero que se me entienda bien. Antes de La bola negra, Los Javis habían hecho La llamada, Paquita Salas, Veneno y La mesías, además de aparecer en programas y concursos de televisión como Operación Triunfo, Mask Singer o el Ru Paul´s Drag Race español. Hasta aquí, mamarrachismo puro. Ojo, que soy muy fan del mamarrachismo y me gusta cómo Los Javis lo llevan a la pantalla. Paquita Salas me parece un aciertazo, me divierte muchísimo, me parece original, fresca, divertida… pero es eso, mamarrachismo. Entre eso y creerse expertos en Lorca… hay un mundo. Y es peligroso. De hecho, en La bola negra puede verse parte de ese mamarrachismo en momentos como las conversaciones entre Alberto y su madre (papel maravilloso y actuación maravillosa de Lola Dueñas), esas escenas de Grindr, el sexo o una fiesta desfasada en casa donde, ni más ni menos, se cita a Mario Vaquerizo. No sé a vosotros, pero a mí, que se nombre a Mario Vaquerizo en una película que gira alrededor de Lorca se me atraganta mucho.

Y esto creo que tiene una explicación (al menos, es la explicación que yo encuentro) y este es mi otro motivo principal para que no me haya gustado la película más que lo justo. La película es muy, muy pretenciosa. Y esto lo digo por varias razones. Ya he dicho que me parece de una pretenciosidad enfermiza creerse con capacidad de terminar una obra inacabada de Lorca o de escribir poesía que se incluye en La piedra oscura y en La bola negra pretendiendo ser Lorca. Pero, además, viendo la película, me parece que no solo se ha intentado ser Lorca, sino que, también, se ha intentado ser Almodóvar, se ha intentado ser Trueba y se ha intentado ser Garci, quizá dando por hecho que se va a convertir en la cuarta película española en ganar un Oscar (y ojalá sea así, pero aún no está ni nominada) y queriendo rendir ese homenaje a los tres directores españoles que lo han ganado ya. El poso de Almodóvar es claro (de hecho, El Deseo forma parte de la producción de la película) y se ve, por ejemplo, en ese papel de Lola Dueñas o en esa relación atormentada entre madre e hijo que es prácticamente una copia del núcleo principal de Todo sobre mi madre, esa madre que ha hecho lo posible por su hijo y un hijo que no conoce a su madre y que quiere saber más sobre su pasado y sobre su propio padre. ¿Coincidencia? No lo creo. En cuanto a Trueba y Garci, comparten momento histórico con Belle Époque y con Volver a empezar, además de ciertos temas como la memoria, la guerra, el exilio, la pérdida… Quizá me equivoque, pero me quedé con esa sensación, con esa necesidad de mostrarse como grandes directores a la altura de esos tres «monstruos» del cine español.

Salí de la sala con la sensación de haber querido meter demasiadas cosas en una batidora y esperar a ver qué mezcla aparecía, con la sensación de «quien mucho abarca, poco aprieta» y, sí, con la sensación de «más vale caer en gracia que ser gracioso» tan de mi madre.

En contraposición, y como he visto que en algún lugar se ha comparado La bola negra con Las horas, de Stephen Daldry (Billy Elliot, El lector, Tan fuerte, tan cerca…), diré brevemente que, mientras Los Javis utilizan a Lorca para inventarse y retorcer la historia y hacer una película sin rigor histórico, Daldry, siguiendo el libro de Michael Cunningham, habla de Virginia Woolf siendo escrupulosamente veraz con su biografía y con su historia y que no escribe en boca de la genial autora británica, sino que cuenta su vida en un momento determinado, mientras escribe un libro determinado al tiempo que se inventa otras historias que, por un motivo u otro, tienen que ver con ese libro (La Señora Dalloway, terminado y maravilloso), creando unas conexiones que en ningún momento pervierten la biografía ni la obra de Woolf.

A modo de conclusión, y enlazando esta con mi entrada anterior, diré que sigo pensando muy exagerados y muy distorsionados los comentarios de que es la mejor película española de la historia o de que va a ganar todos los Oscar posibles antes siquiera de haber sido nominada como mejor película internacional (insisto, ojalá tenga todo el éxito del mundo, pero vamos a intentar lograrlo desde la cautela y la objetividad). Parece que ahora es necesario decir a gritos lo brutal que es La bola negra, que queda mal decir que no te ha gustado o que no te ha dejado por los suelos, emocionado hasta la lágrima interminable. Yo disfruté algunas partes, a mi manera. Me gustó verla para poder opinar con más claridad. Pero, no, no me ha encantado, no me parece «la gran película española», Los Javis no me parecen los grandes directores españoles ni el elenco me parece que esté a la altura de las mejores producciones de la historia del cine, pero ese es otro debate en el que prefiero no entrar.

Un último detalle, quizá menos importante, es el hecho de tener que demostrar que se conoce el universo lorquiano, el simbolismo lorquiano. Sabemos que Lorca nombraba a algunos de los personajes de sus obras de teatro con todo el sentido posible (ahí tenemos a Angustias o a Martirio) y, en esa misma línea, el nombre de Sebastián no parece estar elegido al azar. Todos tenemos la imagen de San Sebastián con el cuerpo atravesado por una multitud de flechas, como representación del calvario al que fue sometido, ese dolor constante, ese sufrimiento al necesitar seguir las propias ideas, aunque no sean las «correctas». Quienes hemos leído a Lorca, lo sabemos. Ahora, si, para justificar ese nombre, es necesario que, en un pueblo minúsculo, de repente aparezca una estatua gigantesca de San Sebastián y que, al huir, el propio Sebastián escale por su cuerpo agarrándose a las flechas… lo que parece es que se ha necesitado justificar ante el público que se conoce bien el simbolismo y, al tener que explicarlo, hay un precipicio tan oscuro como las bolas negras del casino.

Por todas estas razones, mi opinión de La bola negra es que no es ni mucho menos para darle tanto bombo, que es muy pretenciosa, que la mata la falta de rigor histórico y que lo mejor que tiene, además de aspectos técnicos y algunas interpretaciones, es la impresionante campaña de marketing y de promoción que, por el motivo que sea, se ha llevado a cabo.

Para entrar en Lorca, amigos y amigas, hay que hacerlo con cuidado, con respeto y con mucho rigor. Si no es así lo que queda (lo que me queda) es que se ha usado su figura para vender, para ensanchar, para aprovecharse de su luz y su inmensidad.

Y eso, a mi entender, está feo.

Sobre La bola negra (antes de verla)

Desde que supe de la existencia de La bola negra, me he visto en la necesidad de escribir al respecto.

La realidad es que pensé que lo haría una vez que hubiera visto la película (cosa que no tardaré en hacer, aunque verla viviendo en los Estados Unidos es algo más complicado que si estuviera en España), pero me apetece dejar por escrito lo que pienso ahora mismo y, una vez que la haya visto, volver a escribir sobre ella desde otra perspectiva.

Puede que me equivoque en cada uno de los puntos que voy a desarrollar, pero me gusta la idea de ponerme frente al espejo y ver si tenía razón o si erraba de principio a fin (no tendré ningún problema en reconocer lo segundo si así ocurre). También puede ocurrir que, por hablar desde el desconocimiento, dé por hecho algunas cosas que no sean así, pero tampoco dudaré en autocorregirme si es necesario.

Lo primero que he de decir es que siempre me ha parecido bastante oportunista acercarse a la figura de Lorca, más aún cuando se cumplen años de su asesinato y cuando se conmemora el centenario de la Generación del 27. Hay muchas personas que han dedicado buena parte de su vida a leer y estudiar a Lorca, pero ver que, justo ahora, su figura se emplea para atraer el foco me chirría un poco. Quiero explicarme bien. Todo lo que sea reivindicar su figura, mantener su obra y su figura con vida, mantenerlo como parte de la lucha contra el odio y la homofobia me parece perfecto, pero… hay ocasiones en las que veo que el oportunismo es casi mayor. A esto se suma que me cuesta pensar que alguien se vea con el arrojo de terminar una obra inacabada de nadie, casi menos aún si es la de un genio como el autor granadino. Si yo tuviera esa oportunidad o ese deseo, pensaría «¿Quién soy yo para creerme capaz de escribir como si fuera Lorca?» y, directamente, abandonaría la idea.

Continúo esta «crítica» desde lo que creo que cuenta la película (insisto en que ni la he visto ni he querido leer demasiado al respecto porque quiero verla con la mirada lo más transparente posible). Si lo poco que he leído lo he entendido bien, se habla de Rodríguez Rapún como el último amor de Federico García Lorca, y está más que demostrado que eso no es así. Puede que fuera su gran amor, pero, con lo descubierto por Manuel Francisco Reina al documentarse para escribir su novela Los amores oscuros, con esos sonetos dedicados a un «rubio de Albacete» (o, lo que es lo mismo, a Juan Ramírez de Lucas), con las fechas en que se escribieron esos sonetos y con los testimonios de una persona tan próxima a Lorca como Margarita Ucelay (hija de Pura Maortúa Lombera, una de las fundadoras del Lyceum Club Femenino), que confirmó la fecha en la que se conocieron Juan y Federico, queda más que claro que aquel «amor de mis entrañas, viva muerte» y de quien «en vano espero tu palabra escrita» no era Rodríguez Rapún, sino Ramírez de Lucas, a quien Lorca esperó para irse juntos a México, ya que Juan, por entonces, era menor de edad y necesitaba un permiso paterno para abandonar el país que nunca llegó. Dicho esto (y si no me equivoco en lo creo plantea la película, en la que no sé si se llega a mencionar al verdadero último amor de Lorca), parece que se han seguido las tesis «oficialistas» que siguen empeñadas en negar la evidencia y las pruebas y siguen afirmando que el último amor de Lorca fue Rodríguez Rapún. Gracias a mi amistad con Manuel Francisco (además de por mi propio interés por uno de los mejores poetas que han existido), sé mucho sobre Lorca, así que me temo que veré la película con un ojo muy, muy crítico.

Aquí van algunas opiniones más personales o subjetivas (contra las que estoy luchando, no lo niego) y que no tienen que ver tanto con la película, sino con lo que la rodea.

Empiezo por Los Javis. Aunque estoy casi seguro de que me caerían genial y de que, en el caso de conocernos, seríamos buenos amigos, en lo profesional me cargan un poco (bastante). Quizá no tenga que ver tanto con ellos, sino con esa facilidad que tenemos en España de encumbrar tan rápidamente a alguien de la noche a la mañana. Mi madre decía mucho eso de «Más vale caer en gracia que ser gracioso», y creo que es un dicho que se puede aplicar muy bien en nuestra forma de endiosar a determinadas personas, a veces muy pronto, a veces muy falsamente. Ha pasado con cantantes que, tras un éxito, están ya en todas partes, en todos los programas de televisión, en las revistas, en especiales… Con presentadores que pasan de ser unos completos desconocidos a estar en tres o cuatro programas a la vez… Con actores que han protagonizado alguna serie de éxito y parecen convertirse en los únicos actores del panorama nacional… Con escritores que (después de un trabajo de marketing brutal) lo rompen con una novela y ya se dice que serán los próximos Premios Nobel españoles y demás barbaridades… Y, creo, ha pasado con Los Javis. Quizá yo esté algo anticuado (no niego que, para algunas cosas, lo estoy), pero creo que cada artista debería ocupar su espacio y no invadir el resto, porque corre el riesgo de eso, de que acaban cargando al espectador, de que terminen por saturarnos. Con directores de cine tan inmensos en nuestro país como Almodóvar, Buñuel, Garci, Trueba, Bollaín, Coixet (por citar unos pocos), ahora parece que los mejores directores del universo son Los Javis y, a mí, eso me vuelve a chirriar bastante y me crea una animadversión de la que me cuesta mucho desprenderme.

Por último, algo que, sí, me enfada y me cansa mucho: lo de vender la piel del oso antes de cazarlo. Ni siquiera sabemos aún si La bola negra será seleccionada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos para competir por el Oscar (de momento, solo sabemos que es la candidata que ha seleccionado España) y ya he leído en infinidad de sitios que va a ganar no solo el galardón a mejor película internacional, sino que, directamente, va a ganar el Oscar a mejor película (algo que, si no me equivoco, solo ha ocurrido una vez en la historia, con la surcoreana «Parásitos») y que, además, se va a llevar los Oscar a mejor director, a mejor banda sonora, a mejor canción, a mejor actriz secundaria, a mejor actor y poco más que va a superar las once estatuillas que lograron Ben-Hur, Titanic y la tercera parte de El señor de los anillos. No me entendáis mal. Ojalá (y lo digo con toda la sinceridad del mundo) gane todos los premios que pueda. Lo que sea bueno para mi país, lo celebraré como el que más, incluso con más fuerza si se potencian la poesía y la figura de Lorca, pero… ¿podríamos esperar a ver qué ocurre antes de hacer premoniciones?

Para terminar, espero y deseo que, a pesar de mis reticencias, la película me guste (tengo muchas ganas de verla), pero, como os he dicho, tenía ganas de dejar por escrito estas sensaciones que tengo.

Volveré cuando llegue el momento…

Crítica: La asombrosa tienda de la señora Yeom

Título: La asombrosa tienda de la señora Yeom

Autora: Kim Ho-Yeon

Editorial: Duomo Nefelibata

Voy a confesar un par de cosas:

La primera es que sí, que me compré es libro coreano solo porque iba a visitar Corea (la foto es allí, de hecho).

La segunda es que no, que no era mi primera opción. Más bien, ni siquiera era una opción, pero el tiempo me apremiaba, no había varios de los que sí tenía anotados para leer y este fue el elegido.

Dicho esto (uno se queda más tranquilo reconociendo ciertas verdades), paso a hablar de lo que me ha parecido este libro.

Hacía ya tiempo que no leía una novela de las llamadas “feel-good”. Para mí, tuvieron su momento y, ahora mismo, se repiten bastante: negocios donde ocurren cosas buenas a las personas que lo frecuentan con la intención de dejar una buena sensación en el lector, hacerle pensar que no todo está perdido y que la humanidad aún guarda algunos rasgos de humanidad… La verdad, cada vez tengo más dudas al respecto. Creo que ya es hora de que este tipo de historias lleguen a su fin. Hay mucho que leer así y todo muy parecido. Algo así como ocurre con la nueva literatura romántica: lees unos pocos libros y ya has leído todos (siempre en mi opinión, claro está).

En cuanto a si me ha gustado o si no… Bueno, tampoco puedo decir que no me haya gustado (al fin y al cabo, estos libros están escrito justo para eso, para que gusten). La trama está bien construida, se conoce algo mejor la cultura coreana, tiene varios momentos tiernos… pero, la verdad, me ha parecido una historia prescindible (más aún sabiendo que fue el libro más vendido del año en Corea, con más de un millón de ejemplares vendidos, qué queréis que os diga, esperaba algo mejor.

Es entretenido, pasas el rato, pero nada más. Me ha ocurrido algo así como con esa película de sobremesa que pones un poco de fondo al mediodía para quedarte dormido y que, al despertar y perderte un buen trozo, te quedas tan contento como estabas. No sé si me explico.

Por lo que a mí respecta, ha llegado el momento de no leer (al menos, durante un tiempo largo) más novelas de este tipo.

¿La recomiendo? Si no habéis leído mucho feel-good, os puede gustar, aunque os recomendaría antes otras tantas, si os soy sincero.

Lo que más me ha gustado: esas pinceladas de cultura coreana.

Lo que menos me ha gustado: que, con el poco tiempo que tengo últimamente para leer, habría preferido algo que me aportara un poco más que algo de entretenimiento.

“La vida es lo que pasa mientras resuelves problemas”.

Kim Ho-Yeon

Crítica: El dolor de los demás

Título: El dolor de los demás

Autora: Miguel Ángel Hernández

Editorial: Anagrama

A veces hay libros que sabes que son buenos, pero con los que no conectas.

A veces sabes reconocer el buen oficio del escritor, pero no te engancha lo que ha escrito.

A veces es una recomendación de alguien de quien te fías por completo, pero termina por no convencerte.

Esto es justo lo que me ha pasado con este libro.

No sé si no era mi momento para leer una historia así; si la situación de guerras, muertes y sucesos constantes me hace huir de más dolor; si estoy en un punto en el que creo que el true crime se nos está yendo de las manos; o si, simplemente, este no es un libro para mí.

El caso es que he dejado el libro a medias, aunque no miento si digo que es evidente que Miguel Ángel Hernández no solo es un muy buen escritor, sino que ha realizado una labor de investigación y documentación descomunal y que ha sido capaz de hilar el suceso que vertebra esta historia con la suya propia.

Puede ser que ahora no me apetezca leer sobre la maldad humana, sobre asesinatos, sobre muertes ni tragedias. Puede que mi mente me pida algo diferente, algo menos angustioso, algo más esperanzador.

No ha sido mi lectura, está claro, pero quizá sí sea la vuestra.

Lo que más me ha gustado: esa mezcla de pasado y presente, del punto de vista anterior con el actual, de esas dos historias.

Lo que menos me ha gustado: no haber querido terminarlo, pero me suelo hacer caso si sé que no quiero seguir leyendo un libro.

“No sé si es egoísmo o la necesidad de vivir mi vida sin tener que dar explicaciones a nadie”.

Miguel Ángel Hernández

Crítica: Y en tu piel se quema el tiempo

Título: Y en tu piel se quema el tiempo

Autor: Sebastián Moreno

Editorial: El toro celeste (Colección La Calderona)

No acostumbro a leer teatro, menos aún a reseñarlo.

En realidad, no hay ninguna razón para que esto sea así más allá de que (creo) al teatro le cuesta más aún que a la poesía llegar a los lectores. Quizá sea que yo tampoco busque demasiado o que todo lo demás que leo me lleve ya mucho tiempo. O también puede ser que crea (equivocadamente) que me gusta menos leer teatro que cualquiera de los otros géneros.

Por eso, recibí este libro con una mezcla de miedo, respeto, ganas y duda.

Y… me lo he bebido. 

Antes de nada, tengo que decir que me ha gustado muchísimo, que he disfrutado como un enano leyéndolo, que ha sido un placer absoluto leerlo.

En primer lugar (permitidme que sea así), por el lenguaje de Sebastián Moreno, que es poético a rabiar, que es bonito, que está impecablemente cuidado, perfectamente elegido. Es un lenguaje tan bien construido que el tema, que es duro, se convierte en algo incluso bello. Y ese es el segundo punto que quiero destacar. El tema. VIH. Años en los que la enfermedad era un estigma, un horror, prácticamente una sentencia de muerte, el rechazo más absoluto. Como digo, un tema duro que, a pesar de un lenguaje tan hermoso, duele, se nos clava dentro, nos lastima y nos atemoriza y nos sacude como al protagonista de esta historia. Esa mezcla de un tema tan doloroso y un lenguaje tan apaciguador es la que permite que el texto fluya, al mismo tiempo, con el ímpetu de un río desbordado y al ritmo pausado de un arroyo escondido entre las montañas. La unión de lo visceral con el raciocinio. Del grito con la quietud. De la sangre con la cicatriz. Qué complicado es encontrar libros tan bien escritos, más aún cuando hablan sobre algo tan tremendo. Y eso es lo que ha conseguido hacer Sebastián Moreno con este “Y en tu piel se quema el tiempo”.

Quiero destacar, también, la maravillosa labor editorial que está llevando a cabo El toro celeste, especialmente el cuidado de estas colecciones tan cuidadas y casi recién nacidas.

Qué bonito es leer cuando se escribe tan bonito.

Lo que más me ha gustado: creo que ya ha quedado claro, pero, por si quedan dudas, me quedo con esa poesía en el texto, con el lenguaje.

Lo que menos me ha gustado: que tendré que leer más teatro a partir de ahora, con el poco tiempo para leer que tengo.

Cuando algo duele, lo primero que duele es el lenguaje.

Sebastián Moreno

Crítica: La historia del movimiento obrero de las hormigas

Título: La historia del movimiento obrero de las hormigas

Autor: Juan Carlos Mestre

Selección: Raquel Ramírez de Arellano

Editorial: Kalandraka

Nunca había leído a Juan Carlos Mestre. Había coincidido con él en algún acto, pero no nos conocemos en persona, así que nunca hablamos. Tan solo lo escuché. Hoy puedo decir que eso ha cambiado.

Seguimos sin conocernos y sin haber cruzado palabra alguna, pero ya lo he leído. Y lo he hecho en esta preciosísima colección que edita Kalandraka, una de mis editoriales favoritas, y que corre por cuenta de Raquel Ramírez de Arellano. Tanto este título como “La tibia mano de mi hija”, colección de poemas de Francisca Aguirre (a la que sabéis que adoro), que reseñé también aquí https://jorgepozosoriano.com/2024/12/21/critica-la-tibia-mano-de-mi-hija/ , son una delicia visual y me hacen desear muchos más títulos en esta nueva colección.

Lo primero que tengo que decir es que no tenía la más ligera idea de que Mestre, además de poeta, era tan (tan) buen pintor. Este libro está ilustrado por él y, creedme, son unos dibujos espectaculares que no pueden dejar indiferente a nadie. 

En cuanto al Mestre poeta, desde luego que no puede decirse que sea un poeta como otros muchos. Creo que la originalidad de su voz poética es evidente, y quizá esa sea la seña de identidad de su poesía. Poemas cargados de imágenes, de simbología, de juego, de humor en algunas ocasiones. Surrealismo. Fantasía. Experiencia. Sueños.

Es, la de Mestre, una poesía especial, no sé si única, pero sí muy particular, muy personal. Una poesía que quizá suene a tiempos más lorquianos, más albertianos que a tiempos actuales y, al mismo tiempo, actualcomo las voces de algunos poetas más jóvenes que pueden ver en esta forma de escribir su propia forma de ser poetas. 

Desde luego, no es la poesía que escribo ni que suelo leer, pero me gusta leer poesía diferente a la habitual si hay oficio detrás, si hay conocimiento, si hay un poeta detrás, y Juan Carlos Mestre tiene nombre propio en el universo poético en castellano, de eso no hay duda.

Si, además, leer sus poemas viene acompañado de una edición tan cuidada y bella como esta, hacerlo supone un regalo.

Lo que más me ha gustado: leerlo por primera vez. Ver sus dibujos por primera vez.

Lo que menos me ha gustado: he visto algún vídeo en el que dedica sus libros haciendo una acuarela. Quiero uno así. No tenerlo es lo que no me gusta.

Tú eras todas las dinastías que ha tenido la Tierra.

Juan Carlos Mestre

Crítica: La novia grulla

Título: La novia grulla

Autor: CJ Hauser

Editorial: Libros del Asteroide

Lo creáis o no, esta vez no me hice con este libro por mi amor incondicional y mi atracción irremediable por los libros de Asteroide, sino que ha sido otro préstamo, de nuevo de mi amiga María.

Es cierto que lo tenía apuntado para hacerme por él, pero ella me dijo que le había gustado y, aunque el dato tampoco es especialmente relevante para lo que cuenta el libro, sino que, más bien, es un pistoletazo de salida, las primeras palabras de la contracubierta me obligaron a pedírselo: “Diez días después de cancelar su boda, CJ Hauser se embarcó en una expedición a Texas para estudiar a la grulla trompetera. No pude remediarme.

Y, sí, el libro me ha gustado muchísimo. La vida de CJ Hauser es, desde luego, lo suficientemente interesante como para dejar testimonio de ella y, además, escribiendo sobre ella así de bien… era casi obligatorio hacerlo.

Con ese inicio de cancelación de boda y “huida” para estudiar grullas trompeteras en Texas (ay, Texas), Hauser hace un estudio minucioso y muy acertado sobre el amor. Sobre sus aproximaciones personales al amor, sí, pero muy extrapolables a muchas situaciones que todos hemos vivido alguna vez.

Amor. Desamor. Esperanza. Desilusión. Fortaleza. Ruina. Incredulidad. Ilusión. Y, también, familia, amistad, infancia… Un acercamiento a las relaciones personales desde una pluma muy bien afinada, con muchísimo humor, con sarcasmo, con frases a las que no puedes evitar volver o copiar y compartir en historias de Instagram (puede que sea el libro con el que más lo haya hecho).

Es una lectura fresca, aunque deja varios posos, como esas historias que te hacen sonreír o reír a carcajadas, pero que luego pinchan un poco porque narran momentos complicados, tristes, hirientes. Eso sí,Hauser nunca pierde la esperanza, como hemos de hacer nosotros. A pesar de los tropiezos, siempre halla la forma de ilusionarse de nuevo, incluso si el camino la lleva a estudiar aves.

Muy recomendado, sobre todo si vuestra vida amorosa (como la mía) deja un poco que desear, si acumuláis fracasos amorosos, si habéis pasado por rupturas, engaños y chascos y, aun así, seguís buscando luz en cada esquina.

Lo que más me ha gustado: la cantidad de citas que me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: quizá, que la historia ha ido perdiendo un poco, que el principio me ha gustado mucho más que el final.

“[…] y comprendí que no era algo tan extraordinario que una persona entendiera lo que otra persona necesita”.

CJ Hauser

Crítica: El cementerio de Everden

Título: El cementerio de Everden (saga)

Autor: Beatriz Osés

Ilustraciones: Mónica Armiño

Editorial: Planeta

Mensaje de Beatriz Osés un 4 de marzo por Instagram en el que me avisa de que presente el segundo libro de esta saga, “El cementerio de Everden, La desaparición de Madison Kelly”, en la Librería Taiga el día 15 de marzo. Mi respuesta terminaba con un “A ver si me puedo pasar” a lo que ella contestó con un “Ojalá pudieras venir, porque te pediría que me presentaras. Tú lo bordarías. Un besazo”. Cosas de “la Osés”.

El caso es que yo no me había leído los libros aún, pero los tuve un día 12 y me los leí del tirón, porque, la verdad, los dos son una delicia y se leen casi solos.

Me suele pasar esto con la gente a la que quiero, que me meto en “embolaos” porque me apunto a lo que me pidan. Y a Beatriz, ya lo sabéis, la quiero mucho.

Y se lo presenté el día 15, con la librería totalmente llena, con mucho niño y mucha niña, con amigos, familia y personas que conocí ese mismo día. No sé si, como ella pensaba, lo bordé o no, pero sí estoy seguro de que pasamos un rato muy divertido, que fue muy natural (como siempre intento que sean mis presentaciones), que nos reímos un montón y que, leyéndome la mano, Beatriz me auguró amor.

Hablamos de los libros, de su argumento, del proceso de escritura, de los personajes, de las ilustraciones, de algunas conexiones con otros libros suyos, de la familia, de la amistad, de vaqueros, aprendimos algunas (dos) palabras en alemán, cantamos el “Cumpleaños feliz”, comimos chuches… Lo que os decía, una tarde muy bonita que nos regaló la literatura.

Esto es lo mejor que me ha traído ser escritor: toda la gente maravillosa del mundillo a la que voy conociendo, esas conexiones tan especiales como la que tengo con Beatriz, poder formar parte de los libros, que son mis objetos favoritos en el mundo.

En cuanto a esta saga, qué voy a deciros, que son estilo Osés por los cuatro costados. Que tienen misterio, que están impecablemente escritos, que hay muchísimo humor (marca de la casa), con un grupo de protagonistas que es genial… A nadie se le escapa a estas alturas que Beatriz Osés es una de las mejores escritoras de infantil y juvenil del panorama nacional, como a mí tampoco se me escapa (y así lo dije en la presentación) que tardará poco en darle el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil o el Cervantes Chico. Ahora mismo, no veo a nadie que lo merezca más que ella.

En definitiva, que Beatriz Osés es apuesta segura para enganchar a niños y jóvenes a la lectura (y a adultos, si hiciera falta); que leer sus libros es una gozada; que, además (y como siempre digo), da gusto saber que, detrás de una buena escritora o un buen escritor, hay una buena persona. Beatriz es mucho de las dos cosas. Y yo tengo la inmensa suerte de ser su amigo y de que me pida que presente algunos de sus libros. A veces creo que, sí, que soy una persona muy afortunada.

Para rematar la reseña, qué preciosidad de ilustraciones de Mónica Armiño. Insisto, qué preciosidad.

* En cuanto al dedazo de la foto, podría contaros que fue un ente paranormal salido del propio cementerio que nos visitó, pero fue un ente bastante normal, la hermana de Beatriz.

Lo que más me ha gustado: los tres personajes principales. Son una verdadera delicia.

Lo que menos me ha gustado: la espera hasta leer el siguiente.

“¿Qué diantres hacía yo en este lugar?”

Beatriz Osés

Crítica: La pistola de mi padre

Título: La pistola de mi padre

Autor: Rafael Soler

Editorial: Contrabando

Antes de hacerme con el libro, pude abrazar a Rafael Soler. Lo hice el mismo día de la puesta de largo de esta, su última novela, en el edificio de la SGAE en Madrid, en la presentación con Luis Landero. Después del abrazo, vino la dedicatoria: “Para Jorge Pozo Soriano, al que tanto quiero”. Porque Rafa Soler es así. Rafa es de abrazar. De querer. De realidad. De acoger. De compartir. De acordarse siempre de que reclamo mis dos apellidos, más aún este año, que hace diez desde que perdí a mi madre. Y que Rafa Soler te quiera es ya de por sí un regalo que agranda aún más el regalo de leer cualquiera de sus libros. Qué suerte la mía.

Dicho esto, y como comprenderéis, estoy seguro de que, entre la objetividad con la que siempre escribo las reseñas de los libros que leo, se me colará algo de ese cariño que le tengo y que es inmenso. Eso sí, seré justo. Lo prometo. De verdad.

Lo primero que tengo que decir es que “La pistola de mi padre” es creíble. Es creíble la historia, lo que ocurre y cómo ocurre, y es creíble que lo ha escrito Rafael Soler. Y es tan creíble que lo ha escrito él que, sin pretenderlo, lo lees con su voz, con esa voz tan suya, pero que también es un poco de quienes lo conocemos, porque la voz de Soler te invade la primera vez que la escuchas y ya reverbera en ti para siempre. Y lees toda la novela con su voz y no con la tuya, y eso es un gustazo, porque escuchar esa voz es conectar con él mismo, y es una de esas conexiones que no quieres perder nunca, que no quieres dejar de sostener jamás, igual que no quieres nunca dejar de escuchar esa voz de monzón que con tanta fuerza te golpea cada vez que la escuchas.

Continuaré diciendo que es literatura total porque, en este libro, vemos (leemos) a todos los escritores que hay en Rafael Soler: el novelista, el relatista, el poeta. Un menú completo. Primero, segundo y postre. Y un güisquito. O un gintonic. Con hielo. Sin artificios. Menú del día, en mesa con mantel de papel y servicio de pan incluido. Una comida en uno de esos restaurantes en los que comían (comen) las familias como los Cortázar, los protagonistas de esta historia. Costumbrismo español. Picaresca española. Café, copa y puro. Y un chupito de pacharán. 

El estilo de Soler es (y esto se dice mucho porque es verdad) inconfundible. Te agarra por la solapa del abrigo casi desde el título y te zarandea a su antojo, te abofetea según convenga, te escupe al hablar, te grita… y no te suelta porque, además, tampoco tú quieres que te suelte. Te secuestra y te dejas secuestrar. Síndrome de Estocolmo, lo llaman, pero bien podría llamarse Síndrome de Soler. Porque sigues leyendo absolutamente atrapado y, cuanto mayor es la vorágine, cuanto más incontrolable es el ritmo (esos diálogos que son como el final de un espectáculo de fuegos artificiales), más y más lees. Y te vuelves parte de esa vorágine, de ese espectáculo pirotécnico, de cada uno de los cañonazos que te llegan al pecho. Y es difícil, muy difícil, que tu estilo se reconozca desde la primera página, un privilegio con el que solo cuentan unos pocos, y Soler es, sin duda, uno de esos privilegiados.

Me lo he bebido. Literalmente. Y, porque uno tiene ciertas obligaciones que se lo impiden, pero, si me pilla de vacaciones, me lo habría leído de una sentada. 

Para terminar, me veo en la obligación de decir que sí, que supongo que el cariño me puede hacer leer de otra forma, pero nada de lo que digo aquí es mentira. Es más, seguramente me quede corto para que no me tachéis de partidista. 

Leed a Rafael Soler. En cualquiera de sus facetas. Y, si podéis, id a verlo a alguna presentación. Escuchad su voz. Abrazadlo, aunque sea en la distancia. Y dejaos abrazar. Queredlo como yo lo quiero, haceos ese favor.

Lo que más me ha gustado: la capacidad de sacudirte por completo de los diálogos.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, algunas erratas de más. Nada preocupante.

“La memoria es piadosa con los suyos”.

Rafael Soler

Crítica: La nieta del señor Linh

Título: La nieta del señor Linh

Autor: Philippe Claudel

Editorial: Salamandra

Tener buenas amistades es el mejor de los regalos, pero si, además, esas amistades son lectoras tan buenas como mi amiga María y te prestan libros cuando los necesitas, el regalo es doble.

Ella siempre hace unas recomendaciones de las lecturas que más le han gustado a final de año en sus redes, y, después de ver las de este año, le pedí algunos de los libros de los que habló. Curiosamente, este no estaba en esa lista, pero, cuando me dejó otros dos, me dijo “y añado este, porque sé que te va a gustar”. Y, sí, me ha gustado mucho.

Algunas veces también ocurre que los libros llegan cuando tienen que llegar, y es lo que ha ocurrido con este. Últimamente leo sobre todo de camino al trabajo, en el metro, pero, estando de baja, necesitaba algo así, no demasiado extenso, tranquilito.

Como curiosidad, he sabido que ya había leído a este autor llegando casi al final, porque no fui consciente hasta entonces de que es el autor de El archipiélago del perro, una novela que me encantó y que reseñé hace tiempo:

Sin que tengan nada que ver uno con otro, los dos me han gustado mucho.

Esta breve novela podría definirse con una sola palabra: ternura. Es una fábula muy tierna sobre las guerras, sobre el exilio, sobre la supervivencia, sobre la fortaleza humana, sobre el amor, sobre la familia, sobre la amistad, sobre la bondad, sobre el poder de la memoria. Es una historia amable que nos permite pensar que no todo está perdido, que existen personas buenas dispuestas a ayudar a quienes lo necesitan.

Una novela en la que tan solo un par de personajes son suficientes para abrazarnos y mantenernos pegados a las páginas, para hacernos sonreír, para insuflarnos esa ternura que atraviesa toda la historia, para, al terminar la lectura, reconfortarnos por dentro.

Una pequeña joya.

Lo que más me ha gustado: esos dos personajes tan maravillosos.

Lo que menos me ha gustado: que algo que ocurre al final se intuye bastante pronto, aunque no le ha restado a la historia.

“¿Qué es la vida sino un collar de heridas que cada hombre se cuelga del cuello?”.

Philippe Claudel