Crítica: Un bosque en el aire

Título: Un bosque en el aire

Autor: Beatriz Osés

Ilustradora: Luna Pan

Editorial: SM, “Premio El Barco de Vapor”

Qué grata sorpresa me llevé cuando supe que el “Premio El Barco de Vapor” 2021 iba, por segunda vez, a manos de mi querida amiga Beatriz Osés.

Cuando hablé con ella le dije lo que pienso, que es lo mismo que voy a decir por aquí: qué bien que se premie a autores que, además de escribir bien (ya sabéis que esto no siempre ocurre; lo de ser escritor y escribir bien, digo), son gente humilde, generosa y sencilla.

En el tiempo que llevo ya entrando en este mundillo, ya sea desde lo que escribo o las redes, y voy conociendo a más escritores, hay algo que suele repetirse casi siempre: quienes mejor escriben son los más agradables, los más cercanos, los más humildes y los más majos. Esta constante la tengo más que comprobada con Beatriz Osés. Y este premio lo pone aún más de relieve.

Por suerte, justo el día siguiente a la rueda de prensa que confirmaba este premio (además del “Premio Gran Angular” para Chiki Fabregat por “El cofre de Nadie”), compartí el Club de Lectura de la Librería Taiga de Madrid con Pedro Mañas (otro autor que encaja en esa descripción que hacía antes, además de haber ganado, también, el “Premio El Barco de vapor” con “La vida secreta de Rebecca Paradise”) y con la propia Beatriz Osés. Se empeñó en regalarme el libro y dedicármelo. Ahora mismo, escribiéndolo, creo que he debido de ser la primera persona a la que Beatriz ha dedicado este libro… ¡Qué honor más grande!

El libro es una preciosidad. De lectura cómoda, con un lenguaje sencillo y actual, muy divertido, con unos personajes tan peculiares como bien definidos (uno de los rasgos, en mi opinión, más característicos de la literatura de Beatriz Osés), con mucho humor y con varios mensajes muy potentes: el cuidado de la naturaleza, los problemas de la despoblación y los peligros del materialismo y el uso abusivo de las nuevas tecnologías. Sin que la historia tenga olor a “moralina”, sin hacerlo ni evidente ni excesivo. Vamos, que todo está en su justa medida. Además, incluir haikus (preciosos) y regalarnos otro tipo de conocimientos sobre árboles, refranes y más curiosidades es un acierto.

Para redondear el libro, las ilustraciones de Luna Pan son una preciosidad. 

La edición y el formato del libro son, también, perfectas.

Es una joya, la verdad. 

Y yo me alegro muchísimo por Beatriz, porque se lo merece.

Publico esta entrada a una hora de que le entreguen el premio y estoy tan contento como si me lo estuvieran dando a mí.

Solo me queda desear que, algún día, pueda ganar este premio, porque es uno de mis mayores retos como escritor…

Lo que más me ha gustado: diría tantas cosas… Podría hablar del mensaje, de los personajes, de los haikus, del humor… Pero creo que, aun habiéndome encantado todo eso, me quedo con la felicidad que me da saber que este tipo de premios se da a autores de la talla de Beatriz. 

Lo que menos me ha gustado: por decir una cosa (por absurda que sea), diré que lo que menos me ha gustado ha sido no ganar el premio yo, porque, sí, me presenté. Pero, insisto, feliz por saber que lo ha ganado Beatriz Osés.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“En el cerezo

amanecen las flores,

blancas de nieve”.

Beatriz Osés en “Un bosque en el aire”.

Crítica: Erik Vogler y los crímenes del rey blanco

Título: Erik Vogler y los crímenes del rey blanco

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Iban Barrenetxea

Editorial: Edebé

Sigo leyendo y conociendo mejor a Beatriz Osés (reciente ganadora, por segunda vez, del “Premio El Barco de Vapor”) y me gusta más y más.

Ya metidos en una literatura más juvenil, Beatriz nos presenta esta serie (ocho libros, por el momento) de novelas juveniles negras, con mucho misterio, crímenes y, sobre todo (en mi opinión), unos personajes muy originales y muy bien creados.

Con unas ilustraciones de cubierta espectaculares de Iban Barrenetxea, y una muy buena edición de Edebé, esta saga se me presenta como una muy buena opción para engancharme de nuevo a esas épocas en las que leí tanta novela negra. El toque juvenil no implica, en absoluto, que sea una historia simple, y le aporta algo de frescura que, en momentos en los que tenemos la cabeza hasta arriba de historias, hasta se agradece.

Lo hemos trabajado en el Club de Lectura que organizo en la Librería Taiga de Madrid y ya hay mucho fan de esta serie protagonizada por un personaje tan peculiar como quien le da título. Lectores y lectoras que quieren seguir leyendo y leyendo para saber qué le deparará la vida a Erik.

Como otro punto a favor, el día 11 de mayo se publica el primer libro de una nueva serie, esta vez, protagonizada por el otro personaje principal de esta historia: Albert Zimmer. ¡Estad atentos!

Lo que más me ha gustado: los personajes, sin duda. Erik Vogler podría ser, perfectamente, la versión juvenil de Lisbeth Salander. ¡Ah! Y que Beatriz me lo haya dedicado con un genial “a mi friqui favorito en un año de infarto que solo acaba de empezar”.

Lo que menos me ha gustado: no habérmelo leído antes de leer “El misterio del gato negro”…

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Cuando Erik entró en el coche de su padre para dirigirse a casa de su abuela, en lugar de a Nueva York, supo que su pesadilla había comenzado”.

Beatriz Osés en “Erik Vogler y los crímenes del rey blanco”.

Segundo club de lectura infantil en Librería Taiga Madrid

Día muy especial ayer en Librería Taiga Madrid.

Segundo club de lectura infantil que hacemos juntos y cómo estaba la librería… ¡A reventar!

Y eso que se daban todas las condiciones, incluso, para haberlo tenido que cancelar…

Yo sigo con lumbago, por lo que mandé a mi versión robótica y tuve que responder con un sencillo “es que me duele mucho la espalda” a las mil veces que me preguntaron: “¿por qué andas tan raro?”

El primer autor que estuvo con nosotros, Pedro Mañas, está con ciática, y el pobre no solo vino y lo hizo fenomenal, sino que se hartó a dedicar libros a todos los fans de “Anna Kadabra”“Princesas Dragón”“Cazapesadillas” y demás y, por extensión, fans de él. Qué gusto fue desvirtualizarlo, al fin; confirmar lo que ya tenía claro: que es un tío majísimo, cercano, humilde y sencillo (además de un pedazo de escritor); y escucharlo recitar uno de mis poemas favoritos escritos por él: “Comida basura”, de su precioso poemario “Ciudad laberinto”, ganador del “Ciudad de Orihuela” con Kalandraka. Mil millones de gracias, Pedro.

La segunda autora, Beatriz Osés, había tenido una caída y tampoco se encontraba muy allá. En la librería ya tiene su grupo de admiradores (¿quién dice que los niños no leen?), y aprovechamos la ocasión, además de para hablar del libro en cuestión, el primero de la saga “Erik Vogler”, editado por Edebé, para celebrar con ella su reciente (y merecidísimo) “Premio El Barco de Vapor” por el libro “Un bosque en el aire”, ya sabéis, con SM. Nos hizo una promesa que estamos deseando ver cumplida, pero es secreto… Gracias, Beatriz, por tu amistad y tu generosidad siempre.

Vamos, que parecíamos tres ancianos hablando de literatura infantil y juvenil

Pero los tres, además de mis amigas de Taiga (gracias por este espacio que me ofrecéis), acabamos felices. Agotados, sí, pero muy felices. Porque nos encantan los libros y, al menos en mi caso, porque me encantan los peques (y tuve visita especial incluida que casi me hace llorar).

Una tarde maravillosa, qué os voy a decir…

“Para los niños trabajamos porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”.

José Martí

Enredando voces con Carmen Guaita

Quienes no conozcáis aún a Carmen Guaita, estáis de suerte.

Generosa, humilde, con un corazón inmenso, talentosa, con una voz que apacigua, con una sonrisa que enamora.

Buena maestra. Buena escritora. Buena amiga.

Os contaría mucho sobre ella, pero prefiero que lo escuchéis de su propia boca en esta (quizás está mal que lo diga yo) preciosa entrevista que pude hacerla y que ya está en Radio Off the Record.

“Enredando voces”, el podcast en el que converso con personas relacionadas de una u otra forma con la literatura, me está trayendo muchas alegrías.

Sabía que lo iba a disfrutar y tenía muchísimas ganas, pero está siendo aún mejor.

Y, como lo que importa hoy no son las palabras escritas, sino las que compartimos en esta entrevista, os dejo aquí el enlace, para que podáis escucharnos, para que conozcáis mejor a Carmen y esa historia de amor que mantiene con la literatura.

Crítica: Los días eternos

Título: Los días eternos

Autor: María Elena Higueruelo 

Editorial: Rialp

Este poemario llegó a mis manos gracias a Casa del Libro, que me lo regaló por ser embajador, junto a otros libros y regalos. Penúltima ganadora del “Premio Adonáis” (uno de los más importantes para jóvenes poetas), “Los días eternos”, es un poemario, en mi opinión, con luces y sombras. 

Los gustos por la poesía son muy personales, está claro. Hay quien busca leer a autores consagrados y los disfruta y otros a quienes no les ocurre. Hay, también, lectores de poesía más actual, menos honda, más naíf… No es mi caso. Por eso, quizá, no ha sido una lectura de la que pueda hablar maravillado.

No es un mal poemario, no me malinterpretéis, pero, habiendo sido ganador del Premio Adonáis, sinceramente, esperaba un libro espectacular, y no me lo ha parecido.

Hay poemas muy buenosfiguras muy bien halladas, es original (en ocasiones, para alguien como yo, demasiado), pero no ha llegado a conectar conmigo de la forma que esperaba más que unas pocas ocasiones y ha habido bastantes poemas que no me han gustado.

El poemario habla del tiempoDe la infancia, la adolescencia y la madurez (perdonadme, pero hablar de madurez con veinticinco años… Qué queréis que os diga…). Vamos, de un tema (el del tiempo a través de los procesos vitales) que está ya tan usado que necesita, al menos, algo más, una vuelta de tuerca, un retorcimiento que lo haga distinto a todo lo que ya se ha escrito y leído al respecto. 

Vuelvo a insistir en que, como siempre, lo que vuelco en mis reseñas es una opinión mía y no una verdad absoluta, pero, en ese sentido, el libro me ha traído muy poco nuevo.

Hay algunos poemas, sobre todo al principio, como “Biografía cero”, que sí me han gustado y que, incluso, he recitado en mi Instagram, pero no sabría decir si hay más poemas que me hayan gustado o que me hayan dejado indiferente.

Insisto, también, en que parte de mi opinión viene de saber que es un poemario con un premio muy prestigioso, y eso, guste o no, condiciona a la hora de opinar. Me cuesta creer (y tengo alguna constancia de otros libros finalistas y con accésit de esa misma edición) que este sea el mejor poemario presentado. Sin ir más lejos, uno de los accésito que se concedieron ese mismo año, “Toda la verdad”, de Diego Medina Poveda, fue, posteriormente, premiado con el “Premio Andalucía de la Crítica”. Siendo ambos autores andaluces, hay algo ahí que no me termina de cuadrar.

Lo que está claro es que, por suerte o por desgracia, los gustos de cada uno son los que son y que, también por suerte o por desgracia, hay libros para cubrir todos esos gustos.

Mi sensación final, y el poso que espero dejar a quien lea esta reseña, es que no es un mal poemario ni pienso que la autora sea una mala poeta, sino que no me parece un libro merecedor de un premio tan importante. ¿Lo recomendaría leer? No puedo decir que no merece la pena leerlo, porque hay detalles que sí me han gustado y, como digo, no es, en absoluto, un mal libro. Pero hay muchos otros libros de poesía, incluso actual, que recomendaría muchísimo más. Sin ir más lejos, el último ganador del mismo premio: “Toda la violencia”, de Abraham Guerrero Tenorio, reseñado, por si os apetece leer mi opinión, hace muy poco:

Lo que más me ha gustado: esos poemas del principio, más “clásicos”, sin menos florituras estéticas que a mí no me suelen gustar, con esas imágenes potentes, precisamente, por el dificilísimo hallazgo de la sencillez.

De “Biografía cero”:

“el mismo miedo difuso,

la misma ira repentina,

las mismas imprevisibles

y verdaderas ganas de llorar”.

De “Amiga imaginaria”:

“Le he dado ojos para verme

llorar y no hace nada.

Le he dado pies para venir

conmigo a todas partes.

Le he dado boca y me dice:

«El corazón se te está pudriendo»”.

Lo que menos me ha gustado: además de todo lo que ya he argumentado, tengo que decir que no me gusta nada el título. Lo de la eternidad del tiempo es un concepto ya desgastado por el uso, y verlo, precisamente, en el título lo hace aún más hiriente. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“La despedida comienza siempre

mucho antes que la separación”. “Díptico: lunes, 21 de marzo de 2016”, María Elena Higueruelo

Crítica: La utilidad de lo inútil

Título: La utilidad de lo inútil

Autor: Nuccio Ordine

Editorial: Acantilado

Hace ya algo de tiempo que cada vez me intereso más por los clásicos, los ensayos y la filosofía.

No sé si, después de mi “fiebre oriental”, en la que solo leí libros de autores orientales (y que, de momento, parece que ha pasado), me está llegando otra fiebre lectora filosófica y ensayística, porque varios de los libros que tengo por leer van en esa línea.

Este que traigo hoy no es mío. Me lo prestó mi ya-conocida-por-todos vecina María cuando vio que estaba leyendo un libro de escritos de Hannah Arendt que lleva por título “Más allá de la filosofía. Escritos sobre cultura, arte y literatura”. Le expliqué que lo estaba leyendo porque me interesaba saber cómo se ha tratado el tema de la cultura desde la filosofía, así que no tardó en decirme que este “La utilidad de lo inútil” me venía al pelo. Y no se equivocó, porque lo he disfrutado muchísimo.

Se trata de un libro estructurado en tres partes: La útil inutilidad de le literatura; La universidad-empresa y los estudiantes-clientes; y Poseer mata: “Dignitas hominis”, amor, verdad. Termina con un ensayo de Abraham Flexner titulado “La utilidad de los conocimientos inútiles”.

La parte que más me ha interesado es la primera, sin duda, pues trae una mirada a lo largo de la historia sobre esa “inutilidad” indispensable de la literatura de la mano (o de la voz) de filósofosautores y pensadores. Una delicia, os lo aseguro.

En un mundo (ya lo he hablado muchas veces) en el que parece que todo se viene abajo; que la cultura se infravalora cada vez más; que la educación parece importar menos y menos; que cualquiera sabe más que nadie sin tener ni idea de nada; quien escribe afirmando que jamás se ha acercado a un libro (y se nota); o que lo que más se lee es lo más comercial, lo que más peso tiene en redes sociales y lo que va a portar, por ende, más beneficios; este libro y lo que nos enseña se vuelve absolutamente necesario.

No solo deja claro que el arte, la cultura y el saber es lo más útil a lo que podemos (y debemos) acercarnos, sino que no podemos dejar que los poderes económicos, mediáticos o de cualquier otro término esdrújulo nos lo arrebaten.

Ante el retroceso, educación.

Ante el odio, cultura.

Ante el servilismo, arte.

Ante la involución, literatura.

Y, ante lo mediocre, lo clásico.

Una sociedad que no lo arriesga todo a la educación de las personas, a su patrimonio cultural y artístico, al saber que ha arrastrado a lo largo de tantos y tantos siglos está abocada al fracaso más absoluto, al borreguismo, a un lugar donde los clásicos no se conozcan y se pongan pedestales a incultos que solo saben posar en redes, canales de YouTube o programas televisivos.

Yo no quiero una sociedad así y, quizá, por ese motivo, cada vez me acerco más a esa cultura que es la raíz más profunda de la Tierra, a la lectura de quienes, miles de años después, siguen teniendo una voz clara y rotunda, a quienes sí tienen algo que aportar.

Quizá, por ese motivo, tengo un cuaderno repleto con frases que he ido apuntando mientras leía este maravilloso libro. Porque un pueblo que olvida está condenado a la muerte.

Lo que más me ha gustado: ese recorrido a lo largo de la historia en el que voces tan importantes y variadas como las de Dante, Petrarca, Aristóteles, Shakespeare, Platón, Kant, Ovidio, Cervantes, Baudelaire, García Lorca, Italo Calvino o Heidegger nos llenan de motivos para proteger la cultura, el arte, la literatura, la educación y todas las demás “inutilidades” de quienes, conscientes de su poder, quieren limitarlas. Y afirmo esto, sí, en plena jornada de reflexión antes de las elecciones en la Comunidad de Madrid.

Lo que menos me ha gustado: que ha aumentado (mucho) mi necesidad de buscar más lecturas al respecto, de seguir sumergiéndome en la filosofía, de dejarme arrastrar por la sabiduría de los sabios, por esa utilidad de lo inútil.

Mi sensación final es que no me queda otra que recomendar la lectura de este libro y que os empapéis del peso de todos los postulados que vais a encontrar. Libros así son necesarios, imprescindibles, insustituibles, porque aúnan saberes que no han de perderse nunca.  

“Sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad”.

Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil

Enredando voces con Iván Alfaro

No todo en la literatura son las letras. Sobre todo, me atrevo a decir, en la literatura infantil.

En unos libros que se ofrecen a los más peques, lo visual cobra una importancia tremenda.

Ahí es donde entran los y las ilustradores e ilustradoras

Son quienes ponen el color, la luz, el reflejo de las palabras de los autores. Qué tarea más maravillosa…

En esta nueva entrevista, en este nuevo “Enredando voces”, en Radio Off the Record, he querido conversar con uno de los ilustradores a los que más admiro: Iván Alfaro.

Lo conocí por las redes sociales y, al instante, me enamoré de su trabajo. No sé si os pasará lo mismo que me pasó a mí, pero, en cuanto vi cómo ilustraba, pensé que eran las ilustraciones de un niño con la maestría de un adulto. Y me ocurrió eso por la ternura, por la inocencia, por el amor que se ve en todo lo que hace.

No voy a aburriros más con mis letras.

Esta vez, el tiempo es para Iván. Para sus colores. Para su inocencia. Para su magia.

Espero que disfrutéis escuchando el podcast.

Crítica: Los nombres propios

Título: Los nombres propios

Autor: Marta Jiménez Serrano

Editorial: Sexto Piso

Ya sabéis que soy sincero al cien por cien cuando leo y reseño un libro, y esta vez no será distinto.

Este libro me llegó gracias a Casa del Libro. Ya os conté que me han hecho embajador y que estamos empezando a hacer cositas muy chulas juntos. Una de ellas, la primera, fue hacerme un regalo con cuatro libros, dos libretas y una bolsa de tela (regalazo). Como saben que me interesa mucho la poesía, tres de los cuatro libros eran poemarios y, el cuarto, era esta novela. ¿Por qué? Me pregunté. Pero la respuesta, creo, es sencilla. Marta Jiménez Serrano ha sido accésit del último Premio Adonáis de Poesía (reseñé el poemario ganador, “Toda la violencia”, de Abraham Guerrero Tenorio, maravilloso), y esta novela es (en mi opinión) muy, muy poética.

En mi primer acercamiento a la sinceridad, confieso que, de primeras, no me interesó demasiado.

En el segundo acercamiento, confieso que, llevando treinta o cuarenta páginas, pensé en no seguir leyendo.

En el tercer acercamiento, confieso que fue Laura Riñón, escritora y dueña de la librería Amapolas en octubre, quien me dijo “Jorge, léela. Es una historia muy bonita”.

En el cuarto y último acercamiento, confieso que seguí leyendo, que la he terminado y que, sí, es una historia muy bonita y me ha gustado mucho

Una vez más, salirme de esos libros elegidos por mí mismo me ha traído un regalo.

Cuando entrevisté a Laura Riñón en “Enredando voces”, mi podcast literario, nos contó que había una moda de escribir novelas sobre la vuelta a la infancia, sobre volver a los pueblos donde veraneábamos, sobre reencontrarnos con, como diría Pilar Paz Pasamar, nuestros niños interiores.

Este es el enlace de la entrevista, por si os apetece escucharla (merece mucho la pena, creedme): https://www.radiofftherecord.com/2021/04/22/7581/

La propia Laura, en su cuenta de Instagram, dijo que “esta es una novela que ya hemos leído”, en clara referencia a esas historias que se están escribiendo sobre esa temática. Pero no lo hizo como una crítica negativa. De hecho, su opinión sobre el libro, tal y como me confesó en su librería, es muy, muy buena. Sobre el libro y, sobre todo, sobre el estilo de Marta. Que es joven, sí (nacida en el 90). Que es su primera novela, sí (quién lo diría). Que no ha traído una historia distinta a todas las demás (¿puede ocurrir eso?), pero que sí nos trae una muy buena novela, muy bien escrita, muy original en el planteamiento y, lo que a mí más me ha gustado, real, tierna y anclada a los recuerdos de infancia y juventud de, al menos, todos los que compartimos edades similares (yo nací en el 85).

Creedme si os digo que he vuelto a mi niñez una y mil veces mientras leía. Que he recordado las Noches de Reyes, flipando al leer sobre esos Kinder Schoko Bons que solo asocio a ese momento de mi vida. Los juegos infantiles. Los enfados por nadas que eran todo. Lo compartido con los primos, que son nuestros primeros amigos. Las conversaciones con adultos, algunos que nos entendían y otros que, no tanto. El (necesario) aburrimiento. Las películas y canciones de Disney. Las rajas de melón en el verano. La familia. Tantos hilos que me han unido a la historia de Marta…

Creedme si os digo que he vuelto a mi adolescencia una y mil veces mientras leía. Que he revivido las angustias del instituto. La vergüenza. La timidez. Los primeros amores. Los primeros besos. Las mentirijillas. La fuerza que adquirían los abrazos de los amigos y amigas. Las fiestas en casas. Los primeros tragos. Los primeros miedos. Las primeras veces. Los primeros siempres, aunque fueran perecederos.

Y, así, en ese paso de sabernos pequeños a creernos grandes, nos hacemos adultos. Y, también, creedme si os digo que he vuelto a mi primera etapa de adultez (¿la adultez tiene etapas?) una y mil veces mientras leía. La universidad. Cómo las relaciones cobran otro sentido. Cómo queremos huir del nido, aunque no nos atrevamos. Cómo pensamos que podemos con todo mientras nos tiemblan las canillas. Las decisiones. Cómo empezamos a comprender de verdad lo que es el sufrimiento en las desilusiones, las traiciones y, sobre todo, en las pérdidas. Incluso, casualidad, he revivido mi Erasmus en la misma ciudad donde la hace la protagonista: Florencia.

Marta, la protagonista, me ha gustado. Mucho. Pero, del mismo modo, me ha gustado muchísimo Belaundia Fu, su amiga imaginaria y narradora en una segunda persona que es una primerísima persona. Y, sobre todo, me he enamorado de la abuela y me he emocionado con un homenaje tan bonito sobre el papel de las abuelas. Yo perdí a las dos hace ya mucho (demasiado), y las he recordado gracias a esos actos, a esas conversaciones, a esa complicidad. Y, también, perdí a mi madre hace ya casi seis años (mucho más que demasiado) y, aunque no fuera abuela en la definición, lo era en la acción, en su forma de ser, de cuidar, de comprender y de querer. Y sí, Marta Jiménez afirma que es un regalo haber compartido veintidós años con la abuela, y me parece un buen punto de vista. Tanto que, aunque me parezca horrible haber podido disfrutar de mi madre solo veintinueve años, leer esa frase consuela, aunque sea un poco.

Dicho esto (como si fuera poco), voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: está claro, ¿no? Revivirme. Haber podido recuperar tantos momentos que, al fin y al cabo, me han hecho ser quien soy y estar donde me encuentro. Saberme en todas esas vivencias, reconocerme, abrazarme, comprenderme mejor. Gracias por eso, Marta.

Lo que menos me ha gustado: creo que la razón podría ser, precisamente, que es un libro con un lenguaje muy poético y plagado de recursos propios de la poesía, pero ha habido algunas estructuras que se me han hecho un poco repetitivas. Es lo único que puedo decir como algo que me haya gustado un poco menos. 

Mi sensación final es que estoy muy agradecido a Marta por escribirlo, a Casa del Libro por regalármelo y a Laura Riñón por decirme que no lo dejara. Porque me ha reconfortado mucho esta historia. Porque ese reflejo de mí mismo en el agua de una piscina lo he revivido tantas veces en mi vida real (muchas, muchas horas en piscinas) que me ha encantado asomarme, de nuevo, a él, a mí, a nosotros. Y porque, aunque me duela (mucho) siempre me gusta recordar a mi madre, porque ella fue Belaundia, Anuncia, Martín, Gabriel y todas las personas que lograron que mi vida, al menos la que llega hasta hoy, haya estado repleta de momentos que merece la pena vivir una y mil veces. 

“Vejez, divino tesoro. La juventud la tiene cualquiera”.

Marta Jiménez Serrano, Los nombres propios

Crítica: Sobre el dolor

Título: Sobre el dolor

Autor: Cicerón

Editorial: Los secretos de Diotima

Leer a los clásicos siempre ha sido una de mis asignaturas pendientes. Y, cuando hablo de clásicos, me refiero a romanos y griegos. A esos filósofos y pensadores que pusieron los cimientos del pensamiento y cuyos postulados, milenios después, siguen tan vigentes como cuando los plantearon.

Este pequeño (por extensión) libro llegó a mí en una de mis habituales visitas a la Librería Taiga Madrid

Llevaba unos días rumiando un poemario que quería escribir. Sabía, más o menos, qué temas quería tocar. Y el dolor era una de ellos.

Por eso, cotilleando por la librería, encontré esta colección propuesta por “Los secretos de Diotima” y, ya sabéis, llamaron mi atención. Me llevé este “Sobre el dolor” y “Sobre el desprecio de la muerte”, también de Cicerón. El primero ya ha cumplido su cometido y me ha servido en una buena parte del poemario que terminé esta misma semana (ya veremos qué ocurre con él). El segundo lo leeré buscando inspiración para otro poemario al que llevo tiempo dándole vueltas.

Y, por lo que estoy comprobando, los clásicos no suelen fallar, sencillamente, porque son una fuente inagotable de sabiduría.

De lectura muy sencilla por lo breve y lo conciso; con multitud de citas y frases que van directas a la consciencia; es un libro perfecto para aprender. Y ya sabéis que aprender es una de mis actividades favoritas.

Si os interesan el mundo clásico, la filosofía, los pensadores romanos y griegos… Esta colección es una maravilla. Os recomiendo echarles un ojo a sus títulos, seguro que encontráis alguno que os llame la atención.

Lo que más me ha gustado: que ha sido clave a la hora de estructurarme la mente de cara al poemario. Me ha dado una visión filosófica del dolor que no conocía e, incluso, me ha facilitado una cita (la que incluiré al final) para uno de los poemas.

Lo que menos me ha gustado: sin que sea nada negativo, que ha hecho aumentar mis ganas de acercarme más aún al mundo clásico. 

Mi sensación final es que todos y todas tendríamos, en mayor o menos medida, que acercarnos a lo clásico, a la raíz, a los cimientos. Si los pensamientos de estos filósofos y pensadores han trascendido a lo largo de tantos y tantos años, será por algo… ¿no creéis?  

“No es fuerte aquel que yace”.

Cicerón

Enredando voces con Laura Riñón

Seguimos entrevistando a personas relacionadas con la literatura en Radio Off the Record.

Esta semana le ha tocado el turno a Laura Riñón. Amiga. Escritora. Propietaria de la maravillosa librería “Amapolas en octubre”, en la calle Pelayo de Madrid.

Alguien que representa a la perfección el espíritu de la celebración del libro, de la lectura, de lo bueno que es compartir historias. No en vano, además de pensar (con acierto) que su librería es un hogar, también afirma que una librería es una farmacia porque “la literatura, lo que hace, es salvar”.

Y qué razón tiene.

No sé qué habría sido de mí sin la literatura en este año tan duro que nos ha tocado vivir.

Qué afortunados somos los que tenemos en Amapolas, también, una extensión de nuestro hogar.

Los que cruzamos su puerta con la confianza de quien visita a un familiar querido, de quien siempre recibe una sonrisa y un abrazo.

Y, por si eso fuera poco, Laura siempre tiene el libro que recomendarte.

Porque sabe de libros, mucho, y también sabe de personas, de momentos vitales, de sentimientos.

Quizá, en el fondo, sí sea un poco farmacéutica.

La entrevista, lo digo como lo siento, es una preciosidad. No por mí, sino por ella. Yo solo soy la excusa.

Os dejo el enlace.

Me hará muy feliz que la escuchéis.

Un abrazo muy fuerte y feliz Día del Libro.