Enredando voces con Marta Ponce

Siempre he dicho que admiro a quien sabe dibujar o ilustrar bien, porque me encanta el arte y porque yo soy pésimo en esa disciplina…

Por eso disfruto tanto conversando con una ilustradora tan buena como Marta Ponce.

La conocí por sus preciosas portadas y las ilustraciones para Alma Editorial de las colecciones de cuentos de los Hermanos Grimm, Perrault y Andersen, y me enamoré de su trabajo porque es una pasada.

Por eso, sabía que tenía que entrevistarla.

Por eso me gustó tanto hablar un rato con ella.

Aquí os dejo la entrevista, espero que la disfrutéis tanto como lo hice yo.

Crítica: Soy una nuez

Título: Soy una nuez

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Jordi Sempere

Editorial: Edebé “Premio Edebé de Literatura Infantil 2018”

Leer a Beatriz Osés es sinónimo de encontrar una literatura infantil para todos los públicos, además de una ternura tan universal como suya propia, tan necesaria como, muchas veces, difícil de encontrar.

De todo lo que he leído suyo, puede que esta haya sido la historia que más me ha gustado, y eso es mucho decir, porque me encanta todo lo que escribe. 

Será, quizá, porque la historia me ha tocado por dentro, traspasando mi piel para llegar a las vísceras con un tema, por desgracia, que sigue siendo motivo de debate: la igualdad de los seres humanos, independientemente de cualquier diferencia.

Me alucina y me horroriza seguir, en los tiempos que corren, escuchando argumentos racistas y xenófobos, aunque sea contra menores. Aunque, claro, si esos argumentos caben en la esfera política, en un congreso o una asamblea (como la de Madrid, sin ir más lejos) y se permiten y se blanquean, ¿qué esperamos encontrar?

Por eso, contra el odio y el “garrulismo”, siempre debe estar enfrente la cultura. La literatura. Los libros. Y este libro, aunque se recomiende a mayores de ocho años, tendría que ser leído por aquellos que apuntan con sus dedos y sus palabras llenas de odio a los más vulnerables, a los que menos tienen, a los que más necesitan de nosotros.

Porque Omar (o Nuez) representa a la perfección a todos esos seres humanos (porque, por mucho epíteto que usemos, son eso, seres humanos) que lo tienen todo perdido y, por lo tanto, ya no tienen nada más que perder. Y se juegan la vida, y llenan los mares de cadáveres, y solo esperan un tanto de humanidad.

Esa página donde Omar cuenta el inicio de su historia (el texto que aparece, también, en la contracubierta y que tuve la suerte de escuchar en la voz de Beatriz en uno de nuestros encuentros literarios) es de una belleza y crudeza abrumadoras. Tanto es así que lo quiero compartir por aquí y, en lugar de una cita breve al final, terminaré con esa introducción a un personaje que ya se ha quedado conmigo para siempre.

Bien por Edebé al premiar esta historia valiente y fundamental. 

Maravilloso por Beatriz, por querer contar una historia como esta. 

Además, las ilustraciones de Jordi Sempere son preciosas. 

Lo que más me ha gustado: puede que me quede con este texto. Leedlo y entenderéis por qué. 

Lo que menos me ha gustado: que este tipo de historias sigan siendo necesarias, porque eso indica que no estamos evolucionando, sino que estamos en plena involución.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Me llamo Omar y soy una nuez. Mi padre era jardinero y mi madre olía a canela. A los dos se los comió el mar poco antes de llegar a la playa. Los vi desaparecer mientras flotaba en aquella cáscara de nuez junto a otros desconocidos. De los tres, solo yo llevaba un pequeño salvavidas con mi nombre. Lo había escrito mi madre con un rotulador desgastado para que no lo olvidara nunca”.

Beatriz Osés en “Soy una nuez”.

Crítica: El pequeño ikigai

Título: El pequeño Ikigai

Autores: Francesc Miralles y Héctor García

Ilustraciones: Xuan Loc Xuan

Editorial: Destino (Planeta)

Un día me llevé la feliz sorpresa de que la cuenta @teenplanetlibro (la cuenta de libros para jóvenes del grupo Planeta) me seguía en Instagram y me escribía para decirme que querían enviarme este libro, pues pensaban que me podría gustar mucho. Como supondréis, les dije que sí (además de darles las gracias varias veces, pues la ocasión lo merecía).

He de decir, ya que siempre soy sincero en mis reseñas, que no es el tipo de libros que, por elección propia, leería. El mundo de los manuales de auto-ayuda, del coaching, de las teorías sobre cómo ser feliz o cómo hacer en la vida para que sea una vida disfrutada me suele echar para atrás.

Por lo tanto, empecé este libro con algunos recelos, aunque con ilusión y tratando de dejar de lado los prejuicios.

Por suerte, no siempre se tiene razón.

Por suerte, cosas que creemos no nos gustarán acaban por gustarnos, suponiendo algo distinto e inesperado, lo cual siempre es de agradecer.

Me ha gustado, sí. Lo he disfrutado. Es una lectura muy sencilla, en clave positiva (necesaria, en mi opinión, en los tiempos que corren), sin ser pretenciosa ni tratar de dar lecciones morales ni hacer juicios de valor(esas dos intenciones no suelen encajar mucho conmigo). Es una lectura bonita, en definitiva.

Los autores no “hablan” en términos de “no hagas esto porque te equivocas y serás un infeliz” ni “tienes que hacer lo que te decimos porque tenemos todas las claves para darle a tu vida el giro que necesita, aunque no te conozcamos” (si hubiera sido así, habría dejado la lectura a la cuarta página). Tan solo (y no lo digo como si fuera algo sencillo) hablan de sus experiencias vitales, así como las de algunos personajes importantes en la historia, para dar algunas pinceladas de cómo nosotros mismos podemos tomar las decisiones que mejor puedan irnos para que nuestra vida sea una vida feliz, una vida que podamos disfrutar. Y, en mi opinión, aciertan con los ejemplos, con los consejos, con las “tareas” que plantean.

Tanto el concepto del ikigai como la filosofía que el libro muestra son muy interesantes. Mensajes como el de tratar de conocernos mejor, de vivir con más pausa (esa “lentitud activa”), de aprender a habitar el mundo y no solo a ocuparlo (un concepto clave en la filosofía, por ejemplo, de Heidegger que me encanta y que he estudiado para escribir mi poemario “Escrito bajo las uñas”XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala), de intentar ser de la forma en que nos gustaría ser para poder, así, rodearnos de personas con las que nos gusta estar son mensajes, también, acertados y muy potentes.

Me gusta, también, que se hable de que no todos valemos para hacer algo en concreto y que tenemos que ser objetivos con nosotros mismos y tener los pies en la tierra. Muchos de estos libros y los mensajes que se lanzan en ellos son un tanto suicidas, en el sentido de que no ofrecen una visión realista de eso de perseguir los sueños. Siempre he dicho (y lo seguiré haciendo) que, por mucho que nos guste algo, hay que ser sensatos y saber si valemos o no para dedicarnos a ello. Por ponerme de ejemplo, a mí me encanta cantar, y lo hago en todas partes (en la ducha, en el cole, en casa, en el coche…), pero sé que no tengo una voz portentosa como para dejarlo todo y luchar por el sueño inalcanzable de ser cantante, llenar estadios y teatros y vivir de ello. En el mundo artístico, el ego es un enemigo interior que muchos no ven, y eso es peligroso. Si nos dejamos arrastrar por él, estaremos perdidos. Y, del mismo modo, si solo escuchamos a los aduladores y a quienes nos adoran y desoímos a aquellos que nos hablan con sinceridad, desde la objetividad, también nos costará mucho encontrarnos. Hay que ir con mucho cuidado en este sentido, y aplaudo que sea un mensaje que se incluya en este libro.

Esos mensajes, sumados a esa “flor” que se crea con las cuatro monedas (esa parte del libro me ha encantado), se abrazan para dejarnos un pensamiento claro en la cabeza al terminar el libro: “todo está por hacer” y, en gran parte, depende de nosotros cómo hacerlo.

Me veo trabajando este libro, estos conceptos y estos mensajes con mis peques, y estoy seguro de que lo haré. En realidad, algunas de las ideas del libro las tengo ya bastante asimiladas y, como profe, las trabajo en el aula, pero este concepto de ikigai puede ser muy interesante para darle más fuerza a mi voz.

Por último, para redondear el libro, las ilustraciones que nos vamos encontrando son una preciosidad, un complemento perfecto para el texto y muy en la línea de esta filosofía que emana de la lectura.

Lo dicho, agradecido a la editorial por el envío y a los autores por hacer un trabajo tan bueno. Ha sido una lectura que he disfrutado mucho.

Dicho esto (como si fuera poco), voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que ya ha quedado claro, pero lo dejo, también, por aquí. La ausencia de paternalismo, de soberbia y de creerse en posesión de la verdad absoluta que muchos libros que podrían ir en la línea de este tienen. No es un libro que imponga, sino que sugiere. No critica, sino que pone en duda y nos hace dudar. No sentencia, sino que acompaña. Si hubiera impuesto, criticado y sentenciado, ni lo habría leído por completo. También me ha gustado mucho que nos incluyan a los maestros y profesores en las profesiones con vocación y misión, diciendo esta frase que me ha encantado: “En las aulas está el futuro de la humanidad”. GRACIAS.

Lo que menos me ha gustado: no lo voy a decir del libro, sino de mí mismo. Esa idea de que no me iba a gustar cuando lo tuve entre manos no fue acertada (a la vista está). Lo bueno es que se aprende de todo, así que me llevo, también, este aprendizaje. 

Mi sensación final es que creo que es un libro muy útil para trabajar estos conceptos con niños y niñas y adolescentes, ya que tanto el lenguaje como los ejemplos y la estructura del libro son muy apropiados para esas edades, algo que se agradece mucho. 

“Te puede encantar hacer algo, porque te relaja o te procura gran diversión, pero no ser bueno en eso. De hecho, encontrar cosas que te guste hacer es relativamente fácil comparado con ser bueno en ello”.

Francesc Miralles y Héctor García, El pequeño ikigai.

Enredando voces con Pedro Mañas

Uno de mis escritores favoritos de literatura infantil y juvenil.

Un enorme poeta (me enamoré de su poesía en cada poemario, especialmente “Ciudad laberinto”).

Autor de series como Anna Kadabra, Princesas Dragón o Cazapesadillas, entre otros muchos libros.

Un tío muy grande, en todos los sentidos posibles.

Aquí os dejo la charla que tuvimos en Radio Off the Record:

Hablando de literatura para Casa del Libro

Ya conté por aquí que Casa del Libro me hizo socio embajador y que es algo que me hizo (y me hace) muy feliz.

Como parte de ese programa tan genial de socios embajadores, me pidieron que escribiera una entrada para su blog hablando de literatura, de mis géneros favoritos, de mi vida como lector.

El resultado es esta entrada que os dejo por aquí.

Espero que la disfrutéis:

Crítica: El síndrome de Bergerac

Título: El síndrome de Bergerac. Una comedia heroica.

Autor: Pablo Gutiérrez

Editorial: Edebé

Desde que conozco a Beatriz OsésEdebé se ha convertido en una editorial que he leído mucho. Principalmente han sido sus libros, pero este que traigo hoy no lo ha escrito ella.

Esta novela juvenil, ganadora del “Premio Edebé de Literatura Juvenil”, me ha presentado a PabloGutiérrez, un autor que me ha recordado un tanto a algunos libros de mi admiradísimo Nando López.

En este libro conocemos a una peculiar pandilla de instituto que, gracias a una de esas profesoras tan necesarias en educación, deciden representar una obra de teatro: Cyrano de Bergerac.

Esta decisión sirve para hablar de otros muchos temas. De la amistad. Del amor. De los miedos. Del valor. Del compañerismo. Del esfuerzo. Del trabajo en equipo. De los errores. Del dolor. De la adolescencia. De la vida.

Y me ha hecho volver a esos años de adolescencia. A esos años de instituto en el que todo se vive de forma magnificada, siempre en hipérbole, siempre con ese dolor que supone darnos cuenta, poco a poco, de que nos hacemos mayores. Pero, por suerte, mis años de instituto fueron muy felices y los recuerdo con un cariño inmenso, así que la lectura ha sido un regalo que me ha hecho rejuvenecer unos cuantos años, volver a esa época en la que fui descubriendo el tipo de persona en la que me estaba convirtiendo, no muy distinta a la persona que soy ahora.

Solo por eso, por ese regalo, este libro me ha llegado dentro.

Luego tiene otros muchos detalles que lo hacen especial, como las referencias constantes a Harry Potter, la puesta en valor de los clásicos, el reconocimiento a esos profesores que dejan huella (yo tuve unos cuantos), la incorporación del teatro… Y unos personajes muy bien creados y, por lo tanto, muy creíbles.

Muy bien escrito, idóneo para el público al que va dirigido (y no solo para ese público), divertido… Un muy buen libro, la verdad.

Solo me falta saber cuánto de su vida como profesor hay en esta novela. Quizá, si se presta, podré salir de dudas si me deja entrevistarlo en Enredando voces

Dicho esto, voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: que sea una historia, como he dicho, en la que se valoren dos aspectos que yo valoro mucho: la profesión docente (de quienes la sienten de verdad) y los clásicos. En mi opinión, todo un acierto.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo (aunque puede que influya que no lo he leído en un momento en el que estuviera tranquilo), se me ha hecho un pelín largo. Puede que hubiera agradecido algunas páginas menos, pero esto es cosa mía.

Mi sensación final es que se trata de un libro perfecto para recomendar a estudiantes de bachillerato y a sus profesores. Que es un muy buen empujón para lanzarse a leer teatro y libros que siguen perdurando a lo largo de años y años, además de revivir o volver a amar a Harry Potter que, por casualidades de la vida, leí justo en mi adolescencia.

La foto, y esto era obligado, es en el instituto donde estudié. 

“En ocasiones, un beso aparece de improviso y ya nada vuelve a ser lo mismo”.

Pablo Gutiérrez, El síndrome de Bergerac

Enredando voces con Sandra Andrés Belenguer

Seguimos volcados con la literatura y la cultura en Radio Off the Record y, este pasado jueves, la invitada a Enredando voces ha sido la escritora Sandra Andrés Belenguer.

La conocí personalmente en la presentación de su libro “Deja cantar a la muerte”, en Casa del Libro de Gran Vía, y, solo en ese ratito, pude ver que era una apasionada de la literatura y que esa pasión puede verse en su forma de escribir.

Experta en Leroux y su fantasma de la ópera, Sandra mezcla misterio, amor, aventuras y otros muchos ingredientes en sus libros, con un estilo muy cuidado y muy propio.

Además, aunque no ha podido darnos mucha información, sacará novedad en el próximo mes de septiembre. ¡No podemos esperar a leerte!

Por si os interesa escuchar nuestra conversación y enamoraros de su voz, os dejo el enlace de la entrevista:

Enredando voces con Nando López

De Nando López podríamos decir muchas cosas (y todas buenas).

Podríamos decir que es muy buen escritor (y nos quedaríamos cortos, porque es uno de los autores nacionales actuales más importantes).

Podríamos decir que es muy buen dramaturgo (y seríamos cautos, su trayectoria así lo demuestra).

Podríamos decir que es un tío comprometido (y sería poco, porque está comprometido, al 300%, con el colectivo lgtbi, por ejemplo).

Y podríamos decir que es un tío majísimo (y, de nuevo, seríamos poco generosos).

Para comprobarlo, no tenéis más que escuchar la fantástica entrevista que le hice en Radio Off the Record (fantástica por lo que cuenta y por cómo lo cuenta).

Es un poco más larga de lo habitual, pero merece la pena escucharla.

Crítica: Dicen que no hablan las plantas

Título: Dicen que no hablan las plantas

Autores: muchos poetas

Propuesta de: Raquel Lanseros y Fernando Marías

Editorial: Anaya

Ilustradora: Raquel Lagartos

Dos detalles me hicieron querer este libro en cuanto salió: lo bonito que parecía (lo es más aún cuando se tiene entre las manos) y que tuviera algo que ver con RaqueLanseros, una de mis poetas actuales favoritas. Y no me equivoqué en hacerme con él.

La edición de Anaya es una absoluta preciosidad. El tamaño, el diseño, las espectaculares ilustraciones de Raquel Lagartos, que cubren las páginas por completo… Estéticamente no se le puede poner ni un solo pero (en mi opinión, solo uno, pero lo dejo para la parte de “lo que menos me ha gustado”).

En cuanto al contenido, nos encontramos con un montón de poemas de autores de la talla de Lorca, Machado, Béquer, Delmira Agustini, Rubén Darío, Rosalía de Castro, César Vallejo… Cincuenta y dos poemas (muchos de ellos, sonetos) que nos hacen recorrer las cuatro estaciones. Sus tonalidades, sus temperaturas, su flora, su fauna, el cambio de la vida según van cambiando ellas… Un viaje en toda regla. Sin levantarse del sofá y respirando, según se lee, la tierra húmeda de otoño, la escarcha invernal, los perfumes florales de la primavera y la sequedad del verano. ¿No es algo maravilloso?

Ya sabéis lo que me gusta la poesía. Por eso, me encanta que una editorial potente como es Anaya apueste por libros como este. Que se apueste por la poesía, por esta poesía, la de siempre, la de los que perduran, de los que no se irán nunca. Y me encanta que lo hagan así, a lo grande. Con un formato grande, en tapa dura, a todo color, con dos grandes como Lanseros y Marías a la cabeza del proyecto y con Lagartosmoviendo sus pinceles. 

Es un libro para tener, desde luego. Para tenerlo bien a la vista, como si fuera un cuadro, pero al alcance de la mano, porque nos pedirá volver a él una y otra vez. Y, también, es un muy buen libro para regalar. Para trabajar las estaciones ligadas a la literatura y a la poesía en el aula también puede ser una herramienta buenísima.

Lo que más me ha gustado: además de todo lo que ya he expuesto, me ha encantado que leer estos poemas me ha llevado a mi infancia. A ese descubrimiento de la poesía que me enamoró desde el principio. Porque, sí, de pequeño no solo leía a Gloria Fuertes. Leí a muchos de los y las poetas que aparecen en este libro. Algunos de esos poemas están aquí, y releerlos me ha hecho sonreír con dientes de leche.

Lo que menos me ha gustado: creo (y esto es cosa mía) que, en un libro cuidado al detalle, usar una tipografía tan simplona no suma. Si no me equivoco, es una Times New Roman de toda la vida, y es una pena. Otra tipografía más cercana a la caligrafía manual habría hecho del libro un objeto aún más bonito y, en el fondo, no es algo complicado de hacer.

¿Conocíais el libro? Si no es así, ¿os interesa?

¡Un abrazo!

“Abandonada al lánguido embeleso

que alarga la otoñal melancolía,

tiembla la última rosa que por eso

es más hermosa cuanto más ardía”.

Leopoldo Lugones, “Rosa de otoño”, en “Dicen que no hablan las plantas”.

Enredando voces con Beatriz Osés

Ya ha pasado un mes desde el primero que publicamos, y este “Enredando voces” en el que converso con personas relacionadas de una u otra forma con la literatura no me ha dado más que alegrías.

Desde Radio Off The Record, los jueves, a las 21.00, seguiremos apostando por los libros y por la cultura, trayendo al programa a invitados e invitadas que queremos que conozcáis o, en el caso de que sepáis quiénes sois, podáis saber más sobre su relación con la literatura.

Empezamos con Manuel Francisco Reina. Seguimos con Laura Riñón. Después, llegó Iván Alfaro. La siguiente fue Carmen Guaita. El turno de hoy es (creo que no podía ser de otra forma) para Beatriz Osés.

Con su serie “Albert Zimmer” recién aterrizada en las librerías y el “Premio El Barco de Vapor” que le acaban de entregar (su segundo en tres años), es la autora de infantil y juvenil del momento.

Me pierdo en la cantidad de premios y reconocimientos que ha obtenido su obra. Es uno de mis descubrimientos de este año (en lo literario y en lo personal), una de mis autoras de infantil y juvenil favoritas y, siendo objetivos, cuando llevas a la espalda premios como el “Ciudad de Orihuela”, el “Edebé”, dos “Barco de vapor” o “La Brújula” y has sido dos veces finalista del “Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil”, no es por suerte ni por nada que no sea talento.

Además, su visión como profesora de Lengua y Literatura nos dará, también, detalles de esa, a veces, complicada relación entre la educación y la lectura.

Solo tenéis que ir a https://www.radiofftherecord.com/2021/05/13/7622/ y encontrar un ratito para dejaros llevar por las palabras en esta charla entre amigos, entre colegas (en el sentido laboral), entre apasionados de la literatura.

Y, ya sabéis, nada mejor que un libro para conocer el mundo.

“No me entiendo sin la escritura”.

Beatriz Osés