Crítica: Como nace el agua

Título: Como nace el agua

Autor: Andrés París

Editorial: Huerga & Fierro

Leer a amigos a los que se tiene cariño es, a veces, un arma de doble filo, casi más aún si se trata de poesía, un género con el que, como sabéis, soy muy exigente, conmigo y con los demás. Siempre que me asomo a los versos de personas a las que quiero, lo hago con cierto miedo. ¿Me gustará? ¿Veré calidad? ¿Seré capaz de opinar con honestidad, empatía y, sobre todo, objetividad?

Eso fue, precisamente, lo que me pasó cuando abrí este libro de Andrés por primera vez. Aunque ya sabía que había –que hay– un poeta hecho, sus palabras de advertencia sobre su propio poemario me hicieron suspirar antes de hincarle el diente. Ya en la dedicatoria indica que ve distante este tercer poemario. Sé, por lo que me ha dicho en alguna ocasión, que ha encontrado esa “madurez” que todos los poetas buscamos (quizá, demasiado pronto) ahora. Que su mejor libro, con diferencia, es ese esperado “Donde el azul del mundo”, con el que acaba de ganar el “II Premio Internacional de Poesía Joven Antonio Santano”(¡enhorabuena!). Y puede que sea así, pero, ¿qué es un poeta sin sus inicios, sin esa primera búsqueda de su voz? 

Y empecé a leer. Y, sí, aunque vi algunos dejes de un poeta que se estaba haciendo (pocos y discutibles, como casi todo en esto de la poesía), se ve, de forma clara, que hay poeta. Por la sensibilidad. Por laoriginalidad (Andrés, además de poeta, es bioquímico, un hombre de ciencias amante de las letras). Por imágenes preciosas como “El mar se ahorca cada noche” o ese “corazón, primero de nube/y de rojo por herir después”

Hay poeta, sí, porque siempre lo ha habido. Y es un gusto leer a Andrés París sabiendo de cerca, además, de toda esa sensibilidad, esa mirada de niño voraz de aprendizajes, esa generosidad, esa humildad tan poco habitual entre muchos de esos “nuevos jóvenes poetas” que caminan levitando entre tertulias y recitales, como si hubieran inventado ellos la poesía o como si fueran la única bandera de poesía joven existente. Andrés tiene la calidad y tiene las cualidades, así que, estoy seguro, seguirá creciendo aún más y mostrando que tiene mucho que decir en su labor como poeta, además del maravilloso trabajo que está realizando en el campo científico.

Ya sabéis que no me gusta analizar los poemarios más allá de dar un par de pinceladas sobre ellos y sus autores o autoras, además de mostrar algunos versos. A lo que sí os invito es a que busquéis la poesía de Andrés París. Que leáis a Andrés París. Que crezcáis junto a él, del mismo modo que yo crezco un poco después de leer su poesía.

Además, por si fuera poco, el prólogo es de Marina Casado. Ahí es nada.

Lo que más me ha gustado: leer a Andrés conociéndolo tan bien; ver, en su poesía, a esa persona a la que tanto quiero; sentir orgullo por compartir con él todo lo bueno que le está llegando y saber que lo seguiré sintiendo a lo largo de muchos años.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, algunas palabras en determinados versos que, por poco frecuentes, a mí, personalmente, me han sacado un poco del poema. Pero ya digo que esto es una cosa mía, porque Andrés, amante del lenguaje como es, se esmera en navegar entre palabras.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“[…] es curioso,

la vida no puede ser un poema”.

Andrés París

Crítica: Los despertares

Título: Los despertares

Autor: Marina Casado

Editorial: Ediciones de la Torre

El destino ha querido que este, el primer poemario publicado por Marina Casado, me haya llegado después de haber leído otros tres (solo me queda leer “Mi nombre de agua”) y su novela juvenil. Spoiler: me lo he bebido.

Tanto hablando con ella (qué suerte ser amigo de una poeta a la que admiro tantísimo) como en el prólogo que introduce esta segunda edición (a cargo de la autora) como, también, en la dedicatoria que me escribió en el libro, Marina afirma sentir cierto “recelo” por este libro, por estos primeros poemas suyo publicados, justificándose (como si lo necesitara) en que era muy joven, muy inexperta y muy ilusa. ¿Mi opinión? Marina, siéntete muy orgullosa de que este fuera tu primer poemario publicado, porque es una maravilla.

Porque puede pecar de inocente, sí. Quizá beba demasiado del simbolismo (¿es esto un error? No lo creo). Puede contener algunas rimas que hoy no incluiría. Pero lo esencial es que es un librazo, que demuestra un conocimiento y unas habilidades poéticas a la altura de muy pocos, qué decir si hablamos de los primeros poemarios, casi siempre algo “alocados”.

Ya lo deja claro, además de en su poesía, cuando cita a poetas de la talla de AlbertiCernudaAlejandra Pizarnik o Dámaso Alonso, sin descuidar la maestría en la obra de Lewis Carroll, de la que hace gala en la última parte, donde Alicia es (si no me equivoco) un alter ego de Marina que reniega de sí misma, que se evita, que se esconde, que desaparece… para, finalmente, reafirmarse, hacer fuerte su voz, volverse una titánide.

Marina sabe (mucho) de poesía, y es algo que se ve ya en este primer poemario. Nos lleva de viaje por las distintas emociones; los meses más otoñales, con sus tonos dorados y tristes; por otros colores más azules y verdes cuando habla de la felicidad. Nos acerca a La Bella Durmiente y a Alicia, desde una perspectiva nueva, tridimensional, actual y fresca, con evocaciones al rock (ahí están las citas de Jim Morrison y su aparición como protagonista de algunos poemas), a la cultura pop, a las drogas, al absurdo típico de Carroll, pero con la brillantez de una de las mejores poetas en lengua española que tenemos. Una apuesta arriesgada, sí, pero resuelta con la solvencia habitual en Casado.

Quiero compartir con vosotros y vosotras algunos de los versos que más me han gustado, como suelo hacer, para dejaros el señuelo antes de que empecéis a leer a Marina…

De INEVITABLE MAR

“Estoy sola y el mundo tiembla

y siento la llamada del océano

que agita nombres grises en su lecho de muerte.

[…]

Era una niña tan anciana

que de mis manos se desprendían mariposas

y del fruto carnoso de mis labios

nacían los enigmas transparentes

que componen el viento.

[…]

Pero el mar no dejó que mi sombra naciera,

y sin sombra es difícil escalar realidades;

por eso estoy perdida y olvido este presente”.

De UN LUCERO MÁS

“y tú ya no eres tú

sino solo un lucero más sin nombre

dibujado en la esquina del raído presente”.

De ALICIA MULTIPLICADA II

“Una noche sin sombras,

Alicia descubrió la Madriguera

en el estrecho fondo de un vaso de cubata”

Y el poema A PROPÓSITO DE LA TRISTEZA lo copiaría entero, porque es una auténtica preciosidad, tan solo fijaos en los dos primeros versos:

“Estar triste es un mundo

alojado en los bordes del otoño”.

¿Qué le voy a hacer? Si, además de una persona maravillosa, es una POETA con mayúsculas, hay que decirlo.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: descubrir a esta Marina-Alicia-Belladurmiente-Cisne tan joven, tan suya ya desde los inicios, y comprender mejor de dónde viene la poesía de Marina Casado desde su origen. Además, como he dicho, ese “A propósito de la tristeza”, que pasa a ser ya un poema de cabecera que releeré de forma recurrente.

Lo que menos me ha gustado: quizá, por decir algo, el haber incluido los poemas todos seguidos y no al inicio de cada página, porque da una cierta sensación de agobio.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Octubre se va lleno de atardeceres rotos”.

Fragmento de “Octubre”, Marina Casado

Crítica: Los ojos fríos del vals

Título: Los ojos fríos del vals

Autor: Marina Casado

Editorial: Bajamar

Vuelvo a leer a Marina Casado y vuelvo a enamorarme de su poesía.

No lo puedo evitar. Su estilo me gusta tanto que se ha convertido ya en una de mis poetas de referencia, en alguien en quien confiar para cruzar poemas y decirnos qué opinamos, para (como ella también ha visto) caminar de la mano por esta andadura poética de ambos, porque nos respetamos tanto que, por lo que parece, nuestros estilos y temas se están entrelazando (y eso es algo que me encanta).

Llegan estos ojos fríos del vals (su quinto poemario publicado) casi a la par que su maravillosa novela juvenil “Los doce reinos del tiempo”, dejando clara la versatilidad de esta poeta, que se atreve –con éxito y soltura– con todo tipo de literatura.

Llega con una editorial, Bajamar, que está haciendo una apuesta firme por cuidar una colección de poesía con poetas emergentes y poetas ya de altura, como es el caso de Marina Casado.

Quizá gracias a esa apuesta, Marina se ha atrevido a dejar de lado posibles pudores o encorsetamientos y ha dado rienda suelta a su voz más salvaje, más libre, más (en algunos momentos) modernista. Porque, a veces, escribir poesía supone aceptar y seguir ciertas normas –escritas o tácitas– que pueden llegar a ser una limitación de la creatividad, la forma o el estilo. Y, con poemarios cerrados de una forma (digamos) más clásica, este libro se sale de esas normas para abrir a la poeta casi en canal, para hablar y dejar por escrito que, también fuera de esos límites, es una de las mejores poetas que existen en el panorama nacional.

En “Los ojos fríos del vals”, Marina convoca a los espíritus de Odette y Odile, de esos cisnes antagónicos que representan la realidad de la humanidad y del mundo, y lo hace a través de la poesía, por supuesto, pero, también, del cine, de los cuentos infantiles y, como es habitual en ella, de la música.

El resultado es un poemario tan arriesgado como acertado; tan personal como global; tan intrínseco como magnético. Un poemario que es la esencia de Marina, que es su voz desnuda, su latido poético. Un poemario que, como toda su obra, merece ser leído por quienes amamos la poesía y, sí, también por quienes queremos y admiramos a Marina, que somos muchos. 

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: la valentía que Marina demuestra al escribir algo que de le apetecía escribir, sin seguir más señales que su instinto, su buen hacer poético y sus ganas de salirse de “lo establecido”.

Lo que menos me ha gustado: que, ya que es novedad, pasará algo de tiempo hasta poder tener su próximo poemario (aunque esto lo salvo al leer los distintos poemas que va escribiendo y comparte conmigo, beneficios de la amistad).

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Devolvedles la voz a aquellos muertos.

A los hombres que aúllan debajo de la tierra,

a los huesos sin nombre, a los naufragios.

[…]

Devolvedles la voz

para que no se mueran”.

Fragmento de “1936”, Marina Casado

Crítica: Los doce reinos del tiempo

Título: Los doce reinos del tiempo

Autor: Marina Casado

Editorial: Ediciones de la Torre

Esta primera novela de mi querida Marina Casado es una más de las conexiones que, como escritores, tenemos. En orden inverso, a ambos nos ocupa la poesía y la literatura infantil y juvenil. Y, creo (y me han dicho) que, incluso, tenemos un estilo de escribir parecido. Cierto o no, a mí, como ya sabéis, la poesía de Marina me vuelve loco y, ahora que se ha lanzado a la literatura juvenil, le auguro y deseo el mismo éxito, porque decir que Marina Casado es una buenísima escritora no es hacer ningún descubrimiento.

Dejando la poesía de lado, me encanta encontrarme con historias juveniles de esas que te mueven a pesar de haber dejado esa juventud en un pasado algo remoto. Esta es una de esas historias. 

Con una prosa cuidada, con un lenguaje que (esto no se puede evitar) es propio solo de los y las poetas, con unos personajes humanos, reales, cercanos y llenos de verdad y de ternura, esta novela es una delicia y una maravilla.

Mezclando de forma magistral la realidad con la fantasía, la historia con la actualidad, la realidad con los sueños, los protagonistas nos llevan por las calles de Madrid (algo que siempre me gusta) en busca de la resolución de varios conflictos que aparecen según vamos añadiendo páginas a nuestra lectura.

Como os decía, una maravilla y una delicia.

Amor, misterio, fantasía… Todo con esa delicadeza propia de la literatura de Marina que me enamoró desde que leí su primer verso.

Queridos, queridas, aquí hay autora para mucho tiempo. Y qué autora. 

Lo que más me ha gustado: además de la historia, que me ha encantado, compartir con Marina esta historia (que me regaló por mi cumpleaños), poder presentar nuestras últimas novelas juntos, conocerla, también, como narradora.

Lo que menos me ha gustado: no poder haberlo leído del tirón (mi vida está ahora un poco patas arriba), aunque, por fin, pude sentarme con algo de calma y terminarlo.

“Y me sentí ridícula después de haberlo dicho, porque no era algo que fuera pregonando a los cuatro vientos. Es cierto que en aquella época escribía pequeñas historias que solían acabar en la papelera antes de que alguien más pudiera leerlas, pero no sabía si eso alcanzaba la categoría de afición”.

Marina Casado, Los doce reinos del tiempo

Crítica: Este mar al final de los espejos

Título: Este mar al final de los espejos

Título: Este mar al final de los espejos

Autor: Marina Casado

Editorial: Torremozas

Premio Carmen Conde de Poesía 2020

Soy capaz de identificarme con pocos poetas. Por una parte, porque hacerlo con los grandes poetas que admiro y cuyo estilo puede ser un tanto parecido a la forma que tengo de escribir me da mucho reparo. Quién soy yo para compararme con esos y esas poetas que son historia de la poesía. En cuanto a los poetas jóvenes, me ocurre que hay algunos que pretenden dárselas de innovadores sin tener asentadas las bases. Para innovar en algo tan serio como la poesía no vale con hacer lo que a uno le venga en gana sin ton ni son, y hay muchos que así lo creen y, por desgracia, un sector de la poesía (con algunos premios de antiguo renombre que han perdido todo el prestigio) lo apoya. Quién sabe por qué. Con esos, aunque me corresponderían más por edad, no me identifico en absoluto. Sin embargo, sí hay una hornada de poetas jóvenes que escriben buena poesía sin tanta chorrada, con la tradición bien integrada, con respeto y con el conocimiento de un género tan complicado como el que nos ocupa. Entre esos y esas poetas jóvenes destaca, sin duda, Marina Casado

El primer libro que leí suyo fue “De las horas sin sol”, que me enamoró desde el primer verso y que reseñé hace poco: https://jorgepozosoriano.com/2021/09/22/critica-de-los-dias-sin-sol/ (sí, lo puse mal al principio y el nombre de la entrada sigue siendo incorrecto). En este libro ya vi un estilo con el que sí me identificaba, que me gustaba leer, que era, más o menos, similar a lo que yo escribía y que es ese tipo de poesía que disfruto leyendo. Un regalo, vaya, en toda esta vorágine de poetas de tres al cuarto que, encima, van de poetas consagrados.

En este libro que hoy os traigo, ese estilo, que es el de Marina, me ha vuelto a hacer disfrutar mucho de la poesía. A través de sus distintas partes, Marina se coloca frente a diversos espejos y se muestra frágil y vulnerable, se expone al lector sin escudos ni argucias, tal cual es y cual es siente. El hueco. La herida. La poesía. Espejos arrastrados por mares o mareas que arrastran, al mismo tiempo, a la autora. Que nos arrastran, por su sinceridad, a quienes la leemos.

“Habrá un hueco erigido de nostalgias,

una herida sin tiempo

                                           y la poesía,

la poesía que vino a salvarme la vida.

Mi vida: tres espejos

y al final este mar que a todos nos aguarda”

(De “Tres espejos sonámbulos”).

Como ya hablé de ella al reseñar “De las horas sin sol”, no quiero enrollarme más. No soy un estudioso de la poesía ni mis reseñas van en esa línea. Tan solo soy un lector feroz de poemas, un insaciable descubridor de poetas que habla de lo que le gusta y lo que no sin dármelas de erudito y sin usar palabras gigantescas para esconder las mil carencias que tengo. A la poesía, creo, se llega a través de la sencillez, y eso nadie me lo arrebatará nunca, por muchas trabas que me encuentre en el camino.

Seguiré leyendo a los grandes y, con alegría, descubriendo a poetas que ya son grandes para mí, también como personas, como es el caso de mi amiga Marina Casado.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: me quedo con ella, con Marina. Con su poesía, por supuesto, pero, por encima de todo, con la persona. Porque sé que, aunque nos hayamos conocido hace poco, compartimos mucho en común y, estoy seguro, compartiremos muchas más que están por venir.

Lo que menos me ha gustado: que este poemario, digno ganador del Carmen Conde, no corriera la misma suerte en uno de esos premios que van de importantes y que están, por desgracia, absolutamente denostados.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“La ausencia ocupa un hueco exacto

entre los huesos.”.

Fragmento de “Rigidez articular”, Marina Casado

Crítica: De las horas sin sol

Título: De las horas sin sol

Autor: Marina Casado

Editorial: Huerga & Fierro

Adquirido en: Caseta de Huerga & Fierro, Feria del Libro de Madrid

Muchos se preguntan para qué sirve la poesía. Por qué, en los tiempos que corren, sigue habiendo personas que siguen escribiendo poemas. Un género que casi nadie lee. Que es complicado de encontrar en la mayoría de librerías. Un género sobre el que (dicen) ya está todo inventado.

Por otra parte, muchos hemos hablado acerca de esa nueva (y mal llamada) nueva corriente poética, tan abundante en redes sociales como carente de calidad poética. Esos textos (ya sabéis que me niego a llamarlos poemas) se leen, se comparten, dan dinero y seguidores… La única explicación que he encontrado cuando he preguntado por ahí es que “es sencilla y se entiende”. Vamos, que ni se han parado a leer a poetas que escriben poesía de verdad y que se entiende y que nos (les) gusta lo simple, lo inmediato, lo que no les hace dedicar más de un segundo. Insisto: a mí, no me vale con eso.

Vuelvo a esta nueva crítica dos días después de haber tenido el inmenso honor de escuchar a Antonio Gamoneda hablar de poesía, además de recitarla. En su intervención, que escuché con el vello de punta, dijo que, a esos “poetas realistas” (así llama él a quien dice escribir poesía sin pudor ni vergüenza), siempre les dice lo mismo: “No se escribe la vida. Se vive la escritura”. Y yo, que sabéis que tengo un respeto enorme por los grandes poetas, no voy a añadir más al respecto.

Volviendo al primer párrafo, la poesía sirve. Claro que sirve. Y este “De las horas sin sol”, de Marina Casado, es un claro ejemplo de esta afirmación. En un rato sabréis por qué.

A Marina llegué después de que @elgeneracional , a través de @williamalex_26 ,la entrevistara. Como ha sido la siguiente en hablar de poesía después de mi entrevista, me interesé en leerla y vi, con alegría, que opinábamos de forma muy parecida respecto a lo que he expuesto antes. Además, viendo lo que tenía escrito hasta ahora, me llamó mucho la atención este poemario que hoy os traigo, y lo hizo por la simple razón de que, por desgracia, tenemos algo en común: haber perdido a uno de nuestros padres demasiado pronto. Este “De las horas sin sol” habla, precisamente, de esa pérdida que sufrió la autora, convirtiéndose en un precioso homenaje a su padre y, al mismo tiempo, en una terapia aplicada a sí misma a través de los versos, gracias a la poesía. Del mismo modo, y de forma indirecta, también me ha servido a mí para volver al recuerdo de mi madre, para verla en algunos de los poemas de Marina, para recuperar con más fuerza aún su recuerdo y, tal y como hizo ella al escribirlos, homenajearla con la lectura. Fijaos si la poesía sirve de algo…

El libro lo compré en esta maravillosa Feria del Libro de Madrid que tanto he disfrutado este año, con la suerte de que Marina vino a verme firmar y pudo dedicármelo “con la terrible conciencia de que me comprendes”. Y tanto que te comprendo. Y tanto que es terrible.

Poeta joven, pero con un buen catálogo de libros, madrileña, sincera, profesora de Lengua y Literatura, Licenciada en periodismo, Doctora Cum Laude en Literatura Española… Y, desde que cruzamos un par de palabras por redes y nos pusimos cara en El Retiro a los pocos días, amiga y poeta a la que seguiré leyendo, sin duda.

Porque, no. No todos los poetas jóvenes pertenecen a ese grupo de “poetas realistas” del que hablaba Gamoneda. No todos escriben desde la ignorancia y la falta de interés en la poesía. No todos viven por y para las redes y sus miles de seguidores. También hay poetas jóvenes, como Marina, que se toman muy en serio esto de escribir poesía. Que la leen, la trabajan, la respetan y la hacen aún más grande. Porque, sí. Sigue habiendo poetas a quienes merece la pena descubrir y leer.

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado:

Del poema Western, domingo

Tengo los ojos llorosos de pretéritos.

Tengo todos los sueños conspirados

para perder la fe en la realidad.

La vida se disfraza de domingo

con las alas cerradas.

Del poema La eternidad

Y cuando nos sonríe,

es también tu sonrisa

la que vive por dentro de sus labios,

y algo en la noche que no acaba

me descifra, despacio,

el guiño triste y victorioso de la eternidad.

Dicho esto, voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: haber descubierto a una nueva (para mí) poeta y ver que nos unen tantas cosas, algunas terribles; otras, maravillosas.

Lo que menos me ha gustado: que ahora tendré que hacerme con más poemarios de Marina. Para empezar, “Este mar al final de los espejos”, poemario ganador del Premio Carmen Conde de Poesía.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Cada ciudad escoge un corazón para llorarlo.”.

Fragmento de “Todas las lluvias que pasé contigo”, Marina Casado