Crítica: Los doce reinos del tiempo

Título: Los doce reinos del tiempo

Autor: Marina Casado

Editorial: Ediciones de la Torre

Esta primera novela de mi querida Marina Casado es una más de las conexiones que, como escritores, tenemos. En orden inverso, a ambos nos ocupa la poesía y la literatura infantil y juvenil. Y, creo (y me han dicho) que, incluso, tenemos un estilo de escribir parecido. Cierto o no, a mí, como ya sabéis, la poesía de Marina me vuelve loco y, ahora que se ha lanzado a la literatura juvenil, le auguro y deseo el mismo éxito, porque decir que Marina Casado es una buenísima escritora no es hacer ningún descubrimiento.

Dejando la poesía de lado, me encanta encontrarme con historias juveniles de esas que te mueven a pesar de haber dejado esa juventud en un pasado algo remoto. Esta es una de esas historias. 

Con una prosa cuidada, con un lenguaje que (esto no se puede evitar) es propio solo de los y las poetas, con unos personajes humanos, reales, cercanos y llenos de verdad y de ternura, esta novela es una delicia y una maravilla.

Mezclando de forma magistral la realidad con la fantasía, la historia con la actualidad, la realidad con los sueños, los protagonistas nos llevan por las calles de Madrid (algo que siempre me gusta) en busca de la resolución de varios conflictos que aparecen según vamos añadiendo páginas a nuestra lectura.

Como os decía, una maravilla y una delicia.

Amor, misterio, fantasía… Todo con esa delicadeza propia de la literatura de Marina que me enamoró desde que leí su primer verso.

Queridos, queridas, aquí hay autora para mucho tiempo. Y qué autora. 

Lo que más me ha gustado: además de la historia, que me ha encantado, compartir con Marina esta historia (que me regaló por mi cumpleaños), poder presentar nuestras últimas novelas juntos, conocerla, también, como narradora.

Lo que menos me ha gustado: no poder haberlo leído del tirón (mi vida está ahora un poco patas arriba), aunque, por fin, pude sentarme con algo de calma y terminarlo.

“Y me sentí ridícula después de haberlo dicho, porque no era algo que fuera pregonando a los cuatro vientos. Es cierto que en aquella época escribía pequeñas historias que solían acabar en la papelera antes de que alguien más pudiera leerlas, pero no sabía si eso alcanzaba la categoría de afición”.

Marina Casado, Los doce reinos del tiempo

Crítica: Arden las pérdidas

Título: Arden las pérdidas

Autor: Antonio Gamoneda

Editorial: Tusquets

Antonio Gamoneda lo conocí en persona escuchándolo recitar en un encuentro entre la poesía rumana y la poesía española celebrado durante la Feria del Libro 2021 en la Casa de Vacas de El Retiro. Resultado: me enamoré de él. No solo por lo que recitó y por cómo lo recitó, sino por lo que contó y cómo lo contó, por cómo es él, un poeta inmenso en el cuerpo de un hombre humilde y sencillo.

Supe, desde ese momento, que tenía que leerlo más allá de algunos poemas buscados en internet, y me he iniciado con este “Arden las pérdidas”, editado con la elegancia típica de Tusquets.

No sé si es el mejor libro de Gamoneda para empezar a leerlo ni si es su mejor libro, pero, con autores como él, creo que poco importa. Lo tenía que leer. Lo quería leer. Y eso he hecho. En mi primera visita a la preciosa “La cafebrería”, me hice con este poemario y con “El libro del frío”, también del poeta ovetense, un botín más que satisfactorio de mi paso por ese oasis literario.

Es un libro peculiar, o eso creo, con poemas breves (a veces, muy breves) y la aclaración del propio autor en una nota final de que son, en ocasiones, fragmentos de otros poemas suyos, recortes con o sin algunas variantes, diálogos con otros poetas. Original, desde luego, es. Y, si no me equivoco (tendré que verlo según lea más al poeta), una buena forma de acercarse a la poesía de Gamoneda.

Ya desde el título podemos ver de qué trata este poemario: de aquello que ya no se tiene pero que aún se recuerda. De lo que se ha perdido, pero se mantiene de alguna forma. De la vida que pasa y nos pasa, en definitiva. Un tema tan recurrente en poesía como necesario, pasado por el sencillo y magnífico tamiz de un poeta esencial en la literatura en castellano, uno de los grandes.

Con un lenguaje sin pretensiones, con cercanía, con oficio y con una voz potente, precisamente, por la complicada sencillez con la que escriben los buenos poetas, los versos de Gamoneda se quedan enganchados en las pupilas, en los dedos, en los labios. Y se releen, porque piden ser releídos. Y se piensan, porque también eso reclaman.

Y, sí, se quiere más a Gamoneda, se le reconoce más, se le sitúa donde merece: entre los poetas que perdurarán en el tiempo, con esa llama encendida que arde, incluso, en lo que se pierde.

Lo que más me ha gustado: además de leer por fin en serio a Gamoneda, la última parte, con poemas en prosa más extensos, me ha gustado muchísimo.

Lo que menos me ha gustado: puede que algunos poemas demasiado breves que habría agradecido algo más extensos, aunque, entonces (claro), serían otra cosa distinta.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Es la agonía y la serenidad.

Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. En cualquier caso, ya

la única sabiduría es el olvido”.

Antonio Gamoneda”, en “Arden las pérdidas”.

El autobombo en redes sociales

Ayer lancé una pregunta por Instagram para pedir la opinión sobre el autobombo que muchos autores hacen de sus libros en redes, un tema que me genera bastante animadversión.

La pregunta era sencilla. Tras un texto que decía “¿Hasta qué punto es bueno ser autor y no parar de hacerse autobombo en redes sociales?”, se abrían dos opciones: “beneficia” o “perjudica”. El resultado fue ajustado. 20 votos para el “beneficia” y 17 para el “perjudica”; un 54 y un 46% respectivamente.

He de decir que algunos de los que votaron el “beneficia”, me preguntaron después o me plantearon su opinión por mensaje directo y, tras escucharme (o leerme, más bien), me dijeron que, viéndolo así, habrían votado la otra opción.

El caso es que, después de ver cómo se ha votado y de conversar con algunas personas al respecto, este, el del autobombo, es un tema que me interesa mucho para debatir.

Entiendo que muchos autores pequeños y/ o autopublicados vean en las redes sociales (Instagram y Twitter, principalmente) la única vía para dar a conocer sus libros. Yo mismo, como autor pequeño, publicado por editoriales pequeñas y con una cuenta de Instagram pequeña, lo entiendo y acepto que, obviamente, quienes tenemos perfiles en redes sociales destinados a tal fin, debemos emplearlos para llegar a más gente.

Hasta ahí, puedo asumir cierto autobombo, aunque a mí me cuesta mucho hablar de mis libros, por no hablar de promocionarlos o argumentar por qué la gente los tiene que leer sí o sí.

Lo que no soporto es ver a determinados autores y autoras, con mayor o menor nombre (porque este hábito no ocupa solo a cuentas minúsculas de autores muy poco conocidos), subir publicaciones y publicaciones, historias e historias de sus libros. Meterme en una cuenta de autor y ver dieciocho historias seguidas con sus libros. Mirar el feed de una autora y no ver más que sus libros por todas partes. Si a eso le sumamos, como ocurre a veces, frases del tipo “no podrás dejar de leer esta historia”; “un libro que te va atrapar desde la primera página” o “es un libro que tienes que leer” (entre otras muchas flores tiradas hacia uno mismo), qué queréis que os diga, me hace huir de la cuenta, del autor o la autora y del libro. Porque, sí, alabar el trabajo de uno mismo con frases de uno mismo sobre el libro de uno mismo queda un poquito feo. Al menos, así lo creo yo.

En una cuenta de autor tienen que estar sus libros, por supuesto. Es necesario ver alguno de sus textos, algunas pinceladas de su escritura, pero todo, pienso, con un poco de mesura. Tirando de dichos castellanos, sería eso de “lo poco gusta y lo mucho cansa”, no sé si me entendéis.

Ha habido un poco de confusión con la encuesta entre perfiles de poetas o de personas que escriben frases, llamémoslas, de motivación, o de amor o reflexiones (que, para mí, ya sabéis, no son poesía, pero ese es otro debate). No me refiero a esa exposición. Por supuesto, si una cuenta está dedicada a volcar poemas o ese tipo de textos, hay que subirlos, porque es lo que se busca con esa cuenta y lo que se quiere encontrar (eso sí, quizá también sería bueno colgar textos de otros autores que nos gusten, poemas que no sean de nuestra autoría y queramos compartir y otro tipo de publicaciones), pero mi pregunta no iba ahí, sino a todo lo que he comentado con anterioridad.

Puede que yo sea más tímido en ese aspecto de poner mi obra por las nubes. O que sea más vergonzoso. O más humilde. O un poco de todo. Pero no veréis en mis redes un autobombo como el que critico en esta entrada y, si lo hiciera algún día, exigidme que vuelva a poner los pies sobre la tierra. Os lo pido por favor. Si alguna vez me veis decir “hola, este es mi nuevo libro y es maravilloso, y os va a encantar, y os lo tenéis que leer porque está lleno de ingredientes geniales y blablabá” o si veis que no paro de subir publicaciones de mis libros con ese tipo de mensajes, paradme los pies. No soportaría ser así.

“La humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo”.

C. S. Lewis

Crítica: Bibliotecas imaginarias

Título: Bibliotecas imaginarias

Título: Bibliotecas imaginarias

Autor: Mario Satz

Editorial: Acantilado

Desde que vi el título y leí la contra de este “Bibliotecas imaginarias”, no pude resistirme a tenerlo.

Un libro con relatos sobre bibliotecas de todos los tiempos, sobre libros, sobre la lectura… Si me conocéis un poco sabréis que era un libro que tenía que leer sí o sí.

Y qué maravilla…

Con títulos tan sugerentes como “El impresor de Venecia”, “El hacedor de papel”, “El incendio del templo del saber” o “La salvación por la lectura”, entre otros muchos, estos cuarenta y dos relatos nos hacen viajar por la historia de las civilizaciones, de la humanidad, al fin y al cabo, descubriendo historias de personajes que, de una forma u otra, fueron importantes para el desarrollo del libro, su creación, su divulgación y su conservación.

Es un libro perfecto para leer sin agobios, ya que los relatos son breves e independientes, y se leen con esa sonrisa que nos nace cuando disfrutamos de historias bonitas, interesantes y muy bien narradas. Una pequeña joyita (como tantas de Acantilado) que merece la pena leer.

Lo que más me ha gustado: descubrir historias y personajes que no conocía y que son una delicia, además, por supuesto, de saber que hay quien se sigue interesando por destacar la importancia de los libros, hoy y siempre.

Como curiosidad, tengo que decir que me alegró muchísimo encontrar un relato que lleva por título “La cabaña del amigo de las musas”, donde se habla de Mnemósine y sus hijas, entre las que se encuentra Calíope, dos personajes que incluyo en mi poemario “Hogares impropios”, por lo que ha supuesto un reencuentro precioso con ellas.

Lo que menos me ha gustado: es un libro tan bien hecho y me ha parecido tan interesante que no puedo decir que tenga algo que no me haya gustado.

Mi sensación final es que creo que es un libro perfecto para leer con calma, con un cafecito o un té, en un jardín, antes de dormir… Sin la (a veces frecuente) pesadez de tener que seguir una historia larga y estar muy atentos a los detalles para continuar la lectura sin perdernos. Un libro, también, perfecto para regalar a cualquier amante de los libros.

“Leer es una de las formas más silenciosas de hacer el amor”.

Mario Satz, Bibliotecas imaginarias

Crítica: Manual de exilio

Título: Manual de exilio: Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones

Título: Manual de exilio

Autor: Velibor Colic

Editorial: Periférica

Compré este libro por dos motivos.

El primero, el título. Estaba escribiendo sobre el exilio y ver este título (respaldado por Periférica) me hizo quererlo.

El segundo, porque lo vi en un libro de Kim Thúy (en esos “otros libros de la editorial” que aparecen a veces), y ya sabéis que me gustan esas conexiones.

Me ha costado terminarlo. Mucho. Y lo primero que diré si me preguntan por este libro es que el autor me cae mal. Muy mal. Y lo digo totalmente en serio.

Si hay algo que deteste en las personas es la falta de humildad. Creo que hay que tener mucho cuidado con lo que se escribe de uno mismo (esto me lo dijo un amigo, muy buen poeta, sobre lo que escribió una chica que va de megaescritora siendo bastante mediocre, volviendo a eso de la falta de humildad), y esta especie de biografía del autor bosnio es un no parar de echarse flores, de alabar sus versiones de novelista, poeta y filósofo, de hablar maravillas de su físico y de contar (sea verdad o no, me interesa poco) sus conquistas amorosas (o, más bien, sexuales), siempre con mujeres espectacularmente guapas y jóvenes. 

No me gusta.

Y es una pena, porque hay fragmentos y frases muy potentes, pero todo eso que os digo se acaba acumulando hasta el punto de generar (al menos, a mí) un rechazo demasiado grande como para que el resto sobresalga.

Ni siquiera sé si me ha servido para escribir ese poemario del que os he hablado. Desde luego, y aunque podría haber incorporado alguna cita muy apropiada, como “demasiado exilio para un solo hombre” o “soy una mancha molesta y sucia, una bofetada en el rostro de la humanidad, soy un inmigrante”, no lo he hecho. No lo he hecho porque no he querido, porque no quiero hacerle ningún homenaje a quien no para de hacérselos a sí mismo. No me apetece alimentar egos ya de por sí bastante bien autoalimentados (como el de esa chica que he comentado antes).

Así que, aunque (insisto) el libro tiene fragmentos muy interesantes y hay algunas descripciones muy buenas, dignas de un buen escritor, no voy a decir más sobre este libro en el que parece que lo único que le preocupaba al autor es contarnos la de mujeres que ha conquistado, la de ciudades que conoce, la de idiomas que habla y de la todos, todos, todos los autores de renombre que ha leído (no para de hacer referencias al respecto), de los pintores que conoce (lo mismo), de los pensadores a los que lee y con los que trata (de nuevo, lo mismo), lo culto que es, lo gran escritor que es, lo ingenioso y divertido que es, lo encantado que está de conocerse. Se hace muy pesado, la verdad, y no es lo que espero encontrar en un libro.

Lo que más me ha gustado: como he dicho, algunos fragmentos e ideas, como esta “A continuación, me pongo a dieta. Renuncio a beber y a comer copiosamente, y en catorce días pierdo dos semanas”.

Lo que menos me ha gustado: creo que ha quedado bastante claro… 

“Según mis criterios, soy un hombre guapo: 1,95 de altura, rubio, con ojos azules, media melena, delgado, rebosante de talento y de inteligencia”.

Velibor-Quéguaposoyyquétipotengo- Colic, Manual de exilio

Crítica: Anna la dulce

Título: Anna la dulce

Autor: Dezso Kosztolányi

Editorial: Xordica

En el último paquete de libros que recibí de La Casa del Libro por ser embajador, me encontré con esta novela tan inesperada como atrayente.

Hacía ya un tiempo que no leía literatura clásica y nunca había leído a ningún autor húngaro (a pesar de tener en casa “La mujer justa”, de Sándor Márai), así que me ha sentado muy bien recuperar este tipo de lecturas.

He podido revivir esos momentos de mi adolescencia en los que empecé a conocer a los clásicos, y me ha gustado mucho la sensación.

Lo cierto es que el libro se presentaba bien. Una edición muy cuidada de una editorial, Xordica, que no conocía hasta ahora, una historia muy apetecible y los buenos comentarios que se leen en la contra, nada más y nada menos que de voces tan potentes como la del propio Márai y Thomas Mann.

“Anna la dulce” nos cuenta la historia de Anna, una criada húngara, mientras, alrededor de ella, se tejen lascostumbres de la época, la situación política y militar y, sobre todo, cómo era la sociedad húngara del momento. No soy yo muy de costumbrismos, pero qué bonito es aprender historia con buena literatura.

Más allá de la historia en sí, ese relato social tan bien presentado; esos personajes tan bien definidos; y, sobre todo (para mi gusto), esa forma tan maravillosa de escribir, dan forma a un muy bien libro. Y qué descripciones. En mi opinión, lo mejor del libro, Os dejo un ejemplo (algo largo, pero una delicia):

“Los desconocidos, los que veían por primera vez a ese joven alto y delgado, no se imaginaban que fuese tan divertido.

Jancsi era muy ágil de movimientos, pero también bastante sosegado, y eso aumentaba la impresión de distanciamiento que producía en sus interlocutores. Su vestimenta impecable y elegante también contribuía a subrayar ese aspecto un tanto reservado de su carácter. Era fuerte y musculoso, pero tenía el tórax estrecho, las manos pequeñas y la piel seca. Nunca sudaba, por mucho calor que hiciese. Su cabello, grueso, corto y del color del bronce, cubría un cráneo bien formado pero sorprendentemente pequeño, a cuyos lados parecían flotar dos orejas casi transparentes y sin bordes, como si hubiesen sido recortadas en papel y mal cosidas. Sus labios delgados le conferían un aire de obstinación y crueldad. Su rostro estaba desprovisto de vida y era de rasgos irregulares, todo ángulos y superficies caprichosamente superpuestas, hasta el punto que recordaba una escultura cubista tallada en madera”.

No me digáis que nos os habéis hecho una imagen clarísima del personaje…

Por cerrar la reseña, tengo que destacar la edición. Un poco obsesionado como estoy con la corrección (para algo soy corrector), he encontrado muy pocos (muy, muy pocos) errores. No sé si he visto más de una errata (creo que no) y la puntuación (que es una de mis mayores obsesiones) está prácticamente perfecta. Después de lecturas recientes donde la puntuación era un absoluto desastre, no sabéis lo que he agradecido encontrar un texto así de limpio.

Para terminar, y aunque sé tanto húngaro como arameo, creo que es de justicia aplaudir, también, la traducción de Judit Xantus. Un trabajazo, la verdad.

Dicho todo esto, paso a lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: volver a los clásicos, conocer a un nuevo autor, iniciarme en la literatura húngara y, como he dicho, esas descripciones tan espectaculares.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, la extensión de algunos capítulos que, mucho más largos que otros, cortan un poco el ritmo. 

¿Habéis leído a algún autor o autora de Hungría?

¡Un abrazo!

“Una nueva escoba siempre barre bien”.

Dezso Kosztolányi, Anna la dulce

Crítica: Amapolas en octubre

Título: Amapolas en octubre

Autor: Laura Riñón Sirera

Editorial: Tres hermanas

Al terminar este libro, he llegado a una conclusión (o la he confirmado): es difícil leer a quien se quiere.

Enfrentarse a un texto escrito por alguien conocido al que se tiene, además, tanto cariño, nos sitúa un poco ante un abismo y (creo) condiciona un poco la lectura.

Tardé un tiempo en hacerme con “Amapolas en octubre” porque conocí a Laura antes que al libro, me adentré en la librería antes que en su historia.

Creo que lo compré (dedicado, por supuesto) en la cuarta o quinta visita. Me veía preparado para leerlo. Y, aunque tardé algo en hincarle el diente y lo he leído en dos partes porque no me lo llevé a la playa, ya está terminado.

Aquí es cuando vuelvo a esa conclusión que da inicio a la reseña: es difícil leer a quien se quiere. Y lo es porque te lanzas al interior de una persona con nombre, apellidos, sonrisa y abrazos. Porque no sabes hasta dónde la historia es real, hasta dónde alguna parte del sufrimiento narrado es propio, y eso, si se es mínimamente empático, duele. Y en este libro, en esta historia, hay sufrimiento. Por eso, he de reconocer que me ha costado un poco leerla.

Aun así, tengo que decir que he disfrutado de la lectura. He necesitado dejar de pensar en Laura y pensar que Carolina Smith no tiene nada que ver con ella (algo casi imposible), y he sido capaz de leerla y descubrir algunos detalles que me han gustado muchísimo.

Como sabréis quienes hayáis ido leyendo mis reseñas, me encantan los libros sobre libros y sobre librerías. Y este “Amapolas” tiene libros (muchos) y tiene, además, una librería preciosa y que existe. En ese sentido, no podía pedir nada más.

Además, qué libros. O, mejor dicho, qué autores. Plath, Alcott, Laforet, Shakespeare, Neruda, Woolf… Solo por descubrir el hilo que Laura ata a sus personajes, en un extremo, y a estos autores en el otro, merece la pena. Y, claro, si no se contenta con eso y le da un peso bastante importante a “La señora Dalloway”, que es mi clásico favorito, pues qué os voy a decir.

Es un libro que se lee de forma sencilla, al que le pega un té bien aromático (quizá tendría que haberlo leído en invierno), una música de piano y mucha paz. Porque, sí, este libro aporta paz, y mucha. Al menos, a mí me la ha regalado.

Dicho esto, os dejo con lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: todas las partes en las que, de una u otra forma, esos libros tan importantes en la historia de la literatura universal encajan con la historia creada por Laura y con sus personajes. 

Lo que menos me ha gustado: aquí tengo que ser muy sincero, ya sabéis que es uno de los fundamentos de mis reseñas. No puedo entender que en una sexta edición de una novela siga habiendo tantos, tantos, tantos, tantísimos errores. Puede que sea la deformación profesional y que ser profesor y corrector me hagan estudiar cada texto que cae en mis manos con más voracidad de lo normal, pero de verdad que es una barbaridad los errores que el libro tiene. Y es una pena, porque, además de esa sensación tan bonita que deja la historia, también queda el poso de esos errores. Tan sencillo como someter el texto a una buena revisión profesional, porque la historia está, y es una historia que merece la pena leer.

¿Lo conocíais o lo habéis leído? 

¡Un abrazo!

“Es sensacional cómo algunos libros consiguen transportarnos hasta el lugar que anhelamos”. 

Laura Riñón Sirera, Amapolas en octubre

Crítica: El pez rojo que nada en el pecho

Título: El pez rojo que nada en el pecho

Autor: Gioconda Belli

Editorial: Visor

XXX Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

Poeta mujer. Latinoamericana. Feminista. Recomendada por Manuel Francisco Reina. ¿Qué podía fallar?

La descubrí con su libro de poesía reunida “El ojo de la mujer”

https://jorgepozosoriano.com/2020/12/08/critica-el-ojo-de-la-mujer/ , y ya me enamoré de ella.

Este último poemario suyo, ganador del prestigioso Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, es una auténtica maravilla. 

Amor. Feminismo. Crítica social. Homenaje a un poeta tan querido por ella como Ernesto Cardenal, o como a Katy, enferma de cáncer.

Todo, con ese castellano tan cuidado de las escritoras (y escritores) de Latinoamérica, tan cuidado por Belli.

Se habla, como digo, del amor, tanto el que se da a la pareja como a los hijos, los amigos o los amigos.

Hay feminismo, empoderamiento de la mujer, como es el brutal poema “Consejos para la mujer fuerte”:

Si eres una mujer fuerte

protégete con palabras y árboles

e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Hay, a través de la poesía (la tercera parte del poemario se llama “¿Qué puede hacer la poesía?”), crítica hacia quienes obvian el dolor del desconocido, del que sufre, como en el poema “¿Tiene patria el dolor?”, donde habla del drama de la inmigración; o en “Impunidad”, donde denuncia la violencia machista. Aquí os dejo un fragmento de ambos poemas:

¿Tiene patria el dolor?

Voces condenan a quienes sienten como propio

el ardor de los naufragios, la espalda que sangra del azotado.

Preguntan por qué llorar por desconocidos,

esos que no comparten su historia, su idioma, su pan de cada día”.

En el armario los vestidos de colores languidecen

víctimas de la doliente cobardía del esposo.

No me digáis que no queréis leer los poemas completos.

Desde luego, en poesía en castellano contemporánea, Gioconda Belli es una autora muy a tener en cuentay, por eso, os la recomiendo mucho.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que me quedo con la versatilidad de la autora, con cómo es capaz de expresar sentimientos tan distintos sin cambiar de voz, creando unos poemas muy distintos en cuanto al tema, pero siempre claros, limpios y rotundos.

Lo que menos me ha gustado: como en casi todo poemario, algunos poemas nos llegan algo menos. Hay varios por el final que no me han dicho gran cosa.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Escuchemos a las mujeres

sus pies danzan sobre la tierra

escuchémoslas

hagamos el silencio”.

 Fragmento de “Vamos a dibujar”, Gioconda Belli

Crítica: Soy una nuez

Título: Soy una nuez

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Jordi Sempere

Editorial: Edebé “Premio Edebé de Literatura Infantil 2018”

Leer a Beatriz Osés es sinónimo de encontrar una literatura infantil para todos los públicos, además de una ternura tan universal como suya propia, tan necesaria como, muchas veces, difícil de encontrar.

De todo lo que he leído suyo, puede que esta haya sido la historia que más me ha gustado, y eso es mucho decir, porque me encanta todo lo que escribe. 

Será, quizá, porque la historia me ha tocado por dentro, traspasando mi piel para llegar a las vísceras con un tema, por desgracia, que sigue siendo motivo de debate: la igualdad de los seres humanos, independientemente de cualquier diferencia.

Me alucina y me horroriza seguir, en los tiempos que corren, escuchando argumentos racistas y xenófobos, aunque sea contra menores. Aunque, claro, si esos argumentos caben en la esfera política, en un congreso o una asamblea (como la de Madrid, sin ir más lejos) y se permiten y se blanquean, ¿qué esperamos encontrar?

Por eso, contra el odio y el “garrulismo”, siempre debe estar enfrente la cultura. La literatura. Los libros. Y este libro, aunque se recomiende a mayores de ocho años, tendría que ser leído por aquellos que apuntan con sus dedos y sus palabras llenas de odio a los más vulnerables, a los que menos tienen, a los que más necesitan de nosotros.

Porque Omar (o Nuez) representa a la perfección a todos esos seres humanos (porque, por mucho epíteto que usemos, son eso, seres humanos) que lo tienen todo perdido y, por lo tanto, ya no tienen nada más que perder. Y se juegan la vida, y llenan los mares de cadáveres, y solo esperan un tanto de humanidad.

Esa página donde Omar cuenta el inicio de su historia (el texto que aparece, también, en la contracubierta y que tuve la suerte de escuchar en la voz de Beatriz en uno de nuestros encuentros literarios) es de una belleza y crudeza abrumadoras. Tanto es así que lo quiero compartir por aquí y, en lugar de una cita breve al final, terminaré con esa introducción a un personaje que ya se ha quedado conmigo para siempre.

Bien por Edebé al premiar esta historia valiente y fundamental. 

Maravilloso por Beatriz, por querer contar una historia como esta. 

Además, las ilustraciones de Jordi Sempere son preciosas. 

Lo que más me ha gustado: puede que me quede con este texto. Leedlo y entenderéis por qué. 

Lo que menos me ha gustado: que este tipo de historias sigan siendo necesarias, porque eso indica que no estamos evolucionando, sino que estamos en plena involución.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Me llamo Omar y soy una nuez. Mi padre era jardinero y mi madre olía a canela. A los dos se los comió el mar poco antes de llegar a la playa. Los vi desaparecer mientras flotaba en aquella cáscara de nuez junto a otros desconocidos. De los tres, solo yo llevaba un pequeño salvavidas con mi nombre. Lo había escrito mi madre con un rotulador desgastado para que no lo olvidara nunca”.

Beatriz Osés en “Soy una nuez”.

Enredando voces con Pedro Mañas

Uno de mis escritores favoritos de literatura infantil y juvenil.

Un enorme poeta (me enamoré de su poesía en cada poemario, especialmente «Ciudad laberinto»).

Autor de series como Anna Kadabra, Princesas Dragón o Cazapesadillas, entre otros muchos libros.

Un tío muy grande, en todos los sentidos posibles.

Aquí os dejo la charla que tuvimos en Radio Off the Record: