Crítica: Amapolas en octubre

Título: Amapolas en octubre

Autor: Laura Riñón Sirera

Editorial: Tres hermanas

Al terminar este libro, he llegado a una conclusión (o la he confirmado): es difícil leer a quien se quiere.

Enfrentarse a un texto escrito por alguien conocido al que se tiene, además, tanto cariño, nos sitúa un poco ante un abismo y (creo) condiciona un poco la lectura.

Tardé un tiempo en hacerme con “Amapolas en octubre” porque conocí a Laura antes que al libro, me adentré en la librería antes que en su historia.

Creo que lo compré (dedicado, por supuesto) en la cuarta o quinta visita. Me veía preparado para leerlo. Y, aunque tardé algo en hincarle el diente y lo he leído en dos partes porque no me lo llevé a la playa, ya está terminado.

Aquí es cuando vuelvo a esa conclusión que da inicio a la reseña: es difícil leer a quien se quiere. Y lo es porque te lanzas al interior de una persona con nombre, apellidos, sonrisa y abrazos. Porque no sabes hasta dónde la historia es real, hasta dónde alguna parte del sufrimiento narrado es propio, y eso, si se es mínimamente empático, duele. Y en este libro, en esta historia, hay sufrimiento. Por eso, he de reconocer que me ha costado un poco leerla.

Aun así, tengo que decir que he disfrutado de la lectura. He necesitado dejar de pensar en Laura y pensar que Carolina Smith no tiene nada que ver con ella (algo casi imposible), y he sido capaz de leerla y descubrir algunos detalles que me han gustado muchísimo.

Como sabréis quienes hayáis ido leyendo mis reseñas, me encantan los libros sobre libros y sobre librerías. Y este “Amapolas” tiene libros (muchos) y tiene, además, una librería preciosa y que existe. En ese sentido, no podía pedir nada más.

Además, qué libros. O, mejor dicho, qué autores. Plath, Alcott, Laforet, Shakespeare, Neruda, Woolf… Solo por descubrir el hilo que Laura ata a sus personajes, en un extremo, y a estos autores en el otro, merece la pena. Y, claro, si no se contenta con eso y le da un peso bastante importante a “La señora Dalloway”, que es mi clásico favorito, pues qué os voy a decir.

Es un libro que se lee de forma sencilla, al que le pega un té bien aromático (quizá tendría que haberlo leído en invierno), una música de piano y mucha paz. Porque, sí, este libro aporta paz, y mucha. Al menos, a mí me la ha regalado.

Dicho esto, os dejo con lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: todas las partes en las que, de una u otra forma, esos libros tan importantes en la historia de la literatura universal encajan con la historia creada por Laura y con sus personajes. 

Lo que menos me ha gustado: aquí tengo que ser muy sincero, ya sabéis que es uno de los fundamentos de mis reseñas. No puedo entender que en una sexta edición de una novela siga habiendo tantos, tantos, tantos, tantísimos errores. Puede que sea la deformación profesional y que ser profesor y corrector me hagan estudiar cada texto que cae en mis manos con más voracidad de lo normal, pero de verdad que es una barbaridad los errores que el libro tiene. Y es una pena, porque, además de esa sensación tan bonita que deja la historia, también queda el poso de esos errores. Tan sencillo como someter el texto a una buena revisión profesional, porque la historia está, y es una historia que merece la pena leer.

¿Lo conocíais o lo habéis leído? 

¡Un abrazo!

“Es sensacional cómo algunos libros consiguen transportarnos hasta el lugar que anhelamos”. 

Laura Riñón Sirera, Amapolas en octubre

Crítica: La librería ambulante

Título: La librería ambulante

Autor: Christopher Morley

Editorial: Periférica

En Instagram tengo una carpeta de publicaciones guardadas de libros que veo y quiero leer. Este era uno de esos libros.

En otra más de mis visitas a la librería Taiga (esa vez, para buscar un regalo), me di una vuelta por las estanterías y mesas y, cuando estaba a punto de irme sin comprar nada, apareció ante mis ojos, con su rojo tan atrayente, y… pues eso, que se vino a casa conmigo.

Llevo tres libros leídos de la Editorial Periférica y, sin riesgo a equivocarme, creo que ya es una de mis editoriales favoritas.

Las reseñas de los otros dos libros las tenéis aquí:

Cárdeno adorno: https://jorgepozosoriano.com/tag/cardeno-adorno/

Recuerdos de un jardinero inglés: https://jorgepozosoriano.com/2020/12/28/critica-recuerdos-de-un-jardinero-ingles/

Sigo en un momento raro de mi vida en el que hasta leer algo largo me da pereza, me agobia, me genera cierta ansiedad. Si leéis los poemas que voy publicando en mi Instagram @jpozosoriano , veréis a qué me refiero. “Recuerdos de un jardinero inglés” y “La librería ambulante” me han parecido libros perfectos para este momento. No demasiado largos. Con historias sencillas (que no simples). Lecturas cómodas, de calidad, de descubrimiento de esos libros que, sin estar entre los clásicos reconocidos por todo el mundo, pertenecen a ese grupo privilegiado de libros que perdurarán siempre. Y eso, qué os voy a decir, me encanta.

Sabéis más que de sobra que me gustan mucho los libros que hablan de libros, librerías o libreros. He leído (y reseñado) unos cuantos, y casi siempre son historias muy agradables en las que se busca conseguir algo que siempre, siempre, siempre me parece la mejor idea del mundo: hablar de todo lo positivo que aporta leer.

Este libro ha sido, para mí, todo un descubrimiento. Tres personajes principales muy bien creados (sobre todo, los dos más importantes); un escenario (ambulante) que es una delicia; algunos animales que también tienen su relevancia; humorternuraamoraventuras; y libros, muchos libros. Nada falla en este libro.

Dicho esto, os dejo con mi análisis de puntos fuertes y débiles.

Puntos fuertes:

Los escenarios: tanto esos pueblos de la “América profunda” con sus granjas como la propia librería ambulante me han parecido preciosos. La librería en sí es una pasada, y tratar de imaginármela cada vez que aparecía en escena ha sido un ejercicio muy bueno.

Los dos protagonistas principales: el tercero en discordia no me gusta tanto, aunque es necesario en la historia. Tanto el Señor Mifflin como la Señora McGill son una pareja de personajes espectaculares, que se complementan a la perfección y que dan pie a conversaciones y situaciones maravillosas. Solo por conocerlos, ya es un acierto leer este libro.

La edición: Periférica, en mi opinión, no pone su mayor empeño en editar libros espectacularmente bonitos. Son ediciones bastante sencillas, pero a las que no se les puede poner ni un pero. Además, consigue algo que pocas editoriales más tienen: hacen libros comodísimos de leer. Son cómodos al tacto, al tamaño, manejables, con el texto justo en cada página… Enamorado de esta editorial, os lo aseguro (y lo bonitos que quedan juntos, con ese tono de rojo tan vivo).

Conocer al autor: en la contraportada hay una frase que dijo Eugene O’Neill poco después de ganar elPremio Nobel de Literatura, y que es la siguiente: “Cuando tengo ganas de sonreír un poco, para que sean más ligeras las tardes, leo las primeras novelas de MorleyPara mí es un aliciente estupendo para buscarlas, no os quepa duda.

Puntos débiles:

Nada que decir en este aspecto. Tiene lo justo, en su justa medida y regado con humor, ternura y amor por los libros. 

Lo que más me ha gustado: como es de suponer, todo lo referente a la importancia que tienen los libros y a lo importante que es leer.

Lo que menos me ha gustado: en realidad son dos aspectos mínimos que nada tienen que ver con lo que me ha gustado la historia. Por un lado, la portada. No sé a vosotros, pero a mí no me convence. Por otro, algunos errores en la puntuación que no me ha gustado encontrar. Como digo, nada que desmerezca la calidad de este libro.

¿Lo conocíais o lo habéis leído? 

¡Un abrazo!

“Un buen libro debe ser simple. Y, como Eva, debe provenir de algún lugar entre la segunda y la tercera costilla: debe haber un corazón latiendo en su interior”. Christopher Morley, La librería ambulante