Crítica: Territorio de luz

Título: Territorio de luz

Autor: Yuko Tsushima

Editorial: Impedimenta

Este libro me interesó desde la primera vez que lo vi. En este periodo oriental en el que estoy como lector, fui a la preciosa librería “Amapolas en octubre”, le expliqué a Laura lo que buscaba y me dio este libro y “Kitchen”, de Banana Yoshimoto (que leí y reseñé hace poco). Me fui de allí tan contento, qué os voy a decir. Es rara la vez que Laura no acierta.

Además, Impedimenta es una de esas editoriales que siempre me llaman la atención. Ediciones bonitas de títulos y autores muy interesantes. Normal que no me pudiera resistir.

Empiezo diciendo que este libro ha cumplido la principal función que le pedí: seguir dejándome entrar en la literatura oriental. Japón. Soledad. Relaciones complicadas y casi en la distancia. Y es un buen libro. Y la pluma de Tsushima es, por algo, una de las más respetadas en la literatura japonesa. Pero (¿se veía ya que venía un “pero”?) no me ha terminado de encantar.

No sé si ha sido porque esperaba que ocurriera algo que no ocurre. Que los saltos en el tiempo tan frecuentes me han descolocado más de la cuenta, sacándome, en ocasiones, de la lectura. El caso es que, al terminarlo, me ha dejado un poso escaso y me ha llevado a hacerme dos preguntas. La primera, “¿y así es como acaba?” La segunda, “¿cuál es la historia?”

En un resumen muy simple, “Territorio de luz” es la historia de una mujer que vive en Tokio con su hija pequeña después de separarse de su marido. Puede que yo sea algo más exigente, pero es que esa es la historia. No hay más. Algunos personajes muy secundarios de los que apenas me acuerdo. Situaciones algo duras en cuanto a la forma de relacionarse la protagonista con el resto, incluso su hija. Y, sí, aborda temas como la soledad, el rechazo de una parte de la sociedad hacia una mujer separada y la forma en que cría a su hija, la importancia de los refugios… Pero, no sé, no me ha aportado mucho, si os soy sincero.

Puede ser, también, que todos los libros que he leído en esta fiebre oriental me han gustado tanto que este se me ha quedado un poco corto. Quizá sea cosa de las expectativas.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La dureza: no esperaba que fuera un libro tan duro, sobre todo en esa relación materno-filial, y eso sí me ha impactado (aunque, ahora mismo, no es lo que más me apetece leer).

Las descripciones: sin ser espectaculares, están bien construidas, y eso es algo que siempre agradezco. 

Tokio: viajar a Japón, aunque sea a través de la literatura, es un placer muy agradable.

Lo que más me ha gustado: el descubrimiento de autores orientales que no había leído hasta ahora y la continuidad en esta inmersión que estoy haciendo en su literatura.

Lo que menos me ha gustado: además de lo que he descrito en el cuerpo de la reseña, hay algo que me ha “molestado” un poco. En la contracubierta se indica que Margaret Drabble (novelista y crítica literaria inglesa) afirmó que esta historia era “equiparable a cualquier obra de Virginia Woolf”, y, me vais a perdonar, pero… 

Mi sensación final es que no es un libro que vaya a recordar más de lo necesario. Estoy muy contento por haberlo leído y he disfrutado durante una buena parte de la lectura. Hay momentos en los que el lenguaje me ha gustado mucho. Pero, si tengo que elegir o recomendar libros de autores orientales, no creo que este sea uno de ellos. 

“Yo quería afinar su capacidad para percibir la felicidad”.

Yuko Tsushima, Territorio de luz

Crítica: Kitchen, Banana Yoshimoto

Título: Kitchen

Autor: Banana Yoshimoto

Editorial: Tusquets

No sé por qué he tardado tanto en adentrarme más en la literatura oriental, pero, supongo, lo que cuenta es que, por fin, lo he hecho. Qué bien que no me he limitado solo a Murakami, porque estoy descubriendo verdaderas joyas.

Este “Kitchen” fue un regalo (otro) de Laura, la excepcional librera de “Amapolas en octubre” (escritora, también). Una mañana de paseo (una de las mejores medicinas que estoy auto-administrándome en esta etapa), quise hacerle una visita. “¿Qué te apetece”, me dijo. “ “Estoy completamente en modo oriental”, respondí. Me dio dos libros. “Territorio de luz”, de Yuko Tsushima (lo leeréen breve) y “Kitchen”. “Es maravilloso”, añadió. Como siempre, no lo dudé. Pocas libreras recomiendan tan bien como esta vendedora de amapolas y sueños. No me equivoqué. No se equivocó. Es absolutamente maravilloso.

El libro se compone de dos relatos. El primero, “Kitchen” es precioso y tiene tres protagonistas de los que es imposible no enamorarse. El segundo, “Moonlight shadow”, que no comprendí muy bien porque no fui consciente hasta que llevaba varias páginas de que el libro contenía dos relatos diferentes, lo es más aún. Más breve, más intenso y, sí, más precioso. Pocas veces un libro me ha emocionado hasta la lágrima, y este lo ha conseguido. También es verdad que toca un tema, el de la muerte de un ser querido, que me arrastra, pero qué bien lo trata. Qué forma más delicada tienen los autores orientales de hablar de la muerte. Un aprendizaje, desde luego.

Banana Yoshimoto no la conocía. Ya os digo que estoy empezando a interesarme más por descubrir autores orientales. Creo que la lectura, al menos para quienes leemos mucho, va por etapas. Que lo que disfrutábamos mucho hace unos meses no nos satisface tanto tiempo ahora. Que algo que no nos apetecía nada antes nos acaba obsesionando y buscamos leerlo todo lo posible. Que volvemos a eso que dejamos. Que dejamos eso a lo que habíamos vuelto. Yo soy muy de obedecerme en todo lo que puedo, y, si el cuerpo me pide literatura oriental, es justo lo que le voy a dar.

Por el momento, he leído, del tirón, a Aki Shimazaki, a Kim Thúy y a Banana Yoshimoto, y tengo esperando el que mencioné antes de Yuko Tsushima y otro de Thúy (autora vietnamita que me enamoró desde la primera palabra suya que leí). Y seguiré en esta línea hasta que se me rasguen los ojos, porque me está encantando.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El tema: no es un secreto que me gusta leer sobre la tristeza, sobre el dolor, sobre la muerte… Sobre temas que me sacudan, que me emocionen, que me hielen. La forma en que tienen los autores orientales de tratar la muerte es única. Lo bonito que escriben, el estilo tan cuidado que tienen y esa cultura que tanto me atrae hacen que sea sano leerlos, casi terapéutico. Para mí, lo ha sido. He visto a mi madre en cada página que he leído, y eso es un auténtico regalo.

La extensión: también estoy en un momento en el que no me apetece leer libros demasiado extensos. La extensión de estos dos relatos es perfecta. Casi son fábulas. Justo lo que necesitaba. 

La esencia japonesa: esto también lo sabéis ya. Sabéis que la cultura (y la literatura) japonesa me atraen muchísimo, y esta historia es muy, muy japonesa.

El lenguaje: como los buenos autores japoneses, Banana Yoshimito hace un uso precioso del lenguaje. Cuidado en las descripciones y en los diálogos. Poético. Genial.

La puntuación: esto puede ser algo un tanto trivial para algunos, pero yo soy muy, muy, muy pesado con la puntuación al escribir. Sobre todo, con las comas. Y esta traducción está muy bien puntuada, con todas las comas en su sitio, y eso me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: claramente, haber podido revivir a mi madre a lo largo de todo el relato “Moonlight shadow”, para mí, mucho más potente que el propio “Kitchen”, que da título al libro. Qué regalo más bonito…

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, el formato. No me gusta mucho leer en bolsillo, y es una edición funcional, pero nada bonita. 

Mi sensación final es que estoy encantado de poder disfrutar de estos autores tan lejanos en lo físico como en lo cultural, pero tan próximos en lo poético y lo literario. A ver lo que me dura esta “fiebre”, pero, el tiempo que dure, leeré y leeré libros que vengan de ellos y ellas, porque es una MA-RA-VI-LLA

“Mi manera de actuar, al enamorarme, siempre ha sido la misma: atravesar un sitio corriendo muy deprisa”.

Banana Yoshimoto, Kitchen

Crítica: Hôzuki, la librería de Mitsuko

Título: Hôzuki, la librería de Mitsuko

Autor: Aki Shimazaki

Editorial: Nórdica

Sí, sí y sí. MARAVILLA. Qué bien he elegido esta vez, después de la desilusión de mi última lectura. 

Por si os ayuda a encontrar lecturas (y creo que esto ya lo he comentado alguna vez), tengo en Instagram una carpeta donde guardo esos libros que me voy encontrando y me llaman la atención. Este, desde que lo vi, se vino a esa carpeta. Y qué bueno el momento en que esa publicación se me cruzó, porque… Insisto, qué preciosidad de libro.

Solo el título fue más que suficiente para convencerme, ya sabéis que me encantan los libros que ocurren en librerías. Que la autora sea japonesa, con lo que me gusta la literatura nipona. Esa portada tan bonita, con la garantía, además, de Nórdica. Y una primera frase que no desvelo aún porque la dejo para la cita del final de la entrada y que me terminó de asegurar que tenía que llevármelo a casa. No podía fallar.

Qué historia más bonita. Qué estilo más bonito (a pesar de la sobriedad de los novelistas japoneses). Qué personajes más impecables. Qué escenarios, donde destacan la librería y esos paisajes nevados. Qué de pequeñas sorpresas que se van desvelando a lo largo de las páginas y que mantienen un ritmo perfecto. Y qué final tan bien atado, tan circular, tan mágico.

Me lo empecé anoche, en la cama, y lo he terminado hoy, con el café de después de comer (y eso que tenía trabajo que hacer). A esto me refiero cuando digo que no hace falta alargar una historia sin más sentido que acumular páginas y que, en ocasiones, es negativo hacerlo. Que una buena historia necesita las palabras justas. Y que existen, como es el caso, libros breves que se leen en unas pocas horas y que son auténticasjoyas.

No será el último libro que lea de esta autora, os lo puedo asegurar.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El disfrute: como sabéis, venía de leer aburrido, forzando la lectura… Leer este libro ha sido un auténtico disfrute, desde que lo hojeé en la librería hasta que lo he terminado en el sofá con el sabor del café, pasando por el rato que leí metido en la cama. Cómo me gusta encontrar libros así y disfrutarlos tanto…

Los personajes: pocos, los justos, pero muy bien planteados. Cada uno, incluido Sócrates, el gato, con su importancia y su esencia y personalidad bien marcadas. Si uno solo de ellos fallara, la historia se quedaría a medias. Qué bien traídos, de verdad. 

La cultura japonesa: presente, muy presente, como en todo buen libro japonés. Me sigue atrayendo cada vez más este país y esta cultura y, hasta que pueda ir, tendré que conformarme con su literatura, que también me gusta cada vez más.

Descubrir una nueva autora: no llega muchísima literatura japonesa a España (esa es mi sensación, al menos, quizá tenga que investigar más), así que es un lujo saber que los libros de Aki Shimazaki están por ahí, esperándome.

Que aparezca Madrid: en realidad, es un detalle trivial, pero me ha hecho mucha ilusión que aparezca mi ciudad en una historia tan lejana en la distancia.

Lo que más me ha gustado: todo, de verdad. Os aseguro que me he quedado con una sensación maravillosa después de leerlo. Qué bonito es leer bonito.

Lo que menos me ha gustado: no haberlo leído con la nevada de hace unas semanas, porque el entorno habría ayudado (creo) a que me hubiese gustado aún más.

Mi sensación final es que lo voy a recomendar y regalar todo lo que pueda, porque quiero compartir esa sensación de la que os hablo. Os animo a buscarlo y a leerlo. Es una verdadera joya. 

“Coloco en el escaparate unos libros de ocasión que acabo de comprar. Son más o menos las cuatro de la tarde y empiezan a caer copos de nieve”.

Aki Shimazaki, Hôzuki, la librería de Mitsuko

Crítica: Sputnik, mi amor

Título: Sputnik, mi amor

Autor: Haruki Murakami

Editorial: Tusquets

Tercer libro que leo de Murakami y, sí, puedo confirmar que es uno de los autores que más me gusta leer. A veces, como ya he dicho varias veces, necesito ir a un valor seguro después de leer algunos libros que no me han terminado de gustar, y todo me hace pensar que el autor japonés va a ser uno de esos escritores que busque cuando necesite saber que voy a tener una buena lectura, que me voy a reencontrar con la buena literatura.

Lo cierto es que no sé cómo me hice con este libro. Lo cogí una tarde de casa de mi padre, pero no sé cómo llegó allí, si os soy sincero. No sé si lo compré después de leer “Kafka en la orilla” porque me gustó y se quedó ahí hasta ahora o si (ups), alguien me lo dejó y no lo he devuelto…

Yendo a lo importante. Me ha ENCANTADO. Qué gustazo ha sido leerlo. Qué lenguaje, qué historia tan bonita, qué personajes, qué conversaciones, qué viaje hacia uno mismo… De verdad os lo digo, una preciosidad.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El estilo: que Murakami escribe bien no es nada nuevo y no creo que haya nadie (le guste más o menos) pueda decir lo contrario. Qué dominio del lenguaje, qué metáforas más bien buscadas, qué lenguaje más poético… ¿A qué esperan para darle el Nobel?

Los personajes: tres (y algunos con poca relevancia). El narrador, un profesor joven de primaria (no recuerdo si se dice su nombre, pero, si es así, no debe de ser importante). Sumire, una joven que quiere ser novelista. Myû, una pianista reconvertida, por oblogación, en empresaria. Lo que ocurre entre ellos es… Es una pasada.

La esencia japonesa: esto también lo sabéis ya. Sabéis que la cultura (y la literatura) japonesa me atraen muchísimo, y esta historia es muy, muy japonesa.

El amor: no es un secreto que no soporto las manidísimas historias de la mayoría de libros de literatura romántica. Si quiero un amor de macarra descarado con chica buena y modosita que parece imposible, pero, tras vueltas y vueltas y vueltas, se enamoran perdidamente y son felices y se hartan de comer perdices, me pongo “Grease”. Al menos, disfrutaré de las canciones. Lo de aquí no es un amor de esos. Lo de aquí es un amor por descubrir; que se prohíbe a sí mismo; que se quiere cuando no se puede o se puede, pero no se quiere; que se pide; que se desea; que no se comprende… En definitiva, un amor que se cree y con el que, de una forma u otra, se conecta.

La extensión: me he quejado tantas veces de los libros que se hacen pesados por largos, por darle vueltas a lo mismo una y otra vez, por incluir páginas porque sí… Que encontrar una historia tan genial en poco más de doscientas páginas es un regalo.

Lo que más me ha gustado: que no he tenido la misma sensación que tengo con algunos libros, la de “leer para terminármelo”, sino que lo he leído porque quería leerlo. ¿No es eso lo que tendríamos que sentir con un libro?

Lo que menos me ha gustado: por ponerle un pero, diré que me han sobrado las referencias a intérpretes de piezas clásicas de la música. Me ha parecido que no servían para mucho y, sí, un poco pretenciosas.

Mi sensación final es que esto es lo que ocurre con los grandes autores. Murakami, en la literatura actual, es uno de los más grandes, y por eso defiendo siempre la fortaleza de los clásicos o los escritores como él. Porque siempre suponen una vuelta a la LITERATURA, con mayúsculas.

“Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y solo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio”.

Haruki Murakami, Sputnik, mi amor