Firma de libros

Hola a todxs,

Hoy vengo con buenas noticias 🙂 Las chicas de @ayaxiabookfest (podéis buscarlas en Instagram) han tenido la genial idea de buscar un espacio alternativo para esos autores que, como yo, tienen tan complicado firmar en la Feria del Libro de Madrid. Hoy en día es un hecho (porque lo sé, no porque lo piense) que a las editoriales solo les interesa vender libros como churros y que su estrategia se basa en llevar a firmar a “famosos, youtubers e influencers” (palabras textuales), lo que llevo ya bastante tiempo “denunciando”. Lo cierto es que me da mucha pena que se enfangue tanto un lugar que tendría que ser un paraíso de la literatura, pero de la de verdad, no la de venta fácil por fama, muchas veces, inmerecida.

Dicho esto, y siguiendo con lo importante, el sábado 8 de junio, de 10 a 16 horas, otros escritores (además de otras personas que venderán productos relacionados con los libros) y yo estaremos firmando ejemplares y conversando con todos los que os acerquéis al número 7 de la calle Academia de Madrid (muy cerca de El Retiro, así que podéis empezar o terminar la visita a la feria con nosotros. Habrá presentaciones de libros, venta, sorteos, firmas, alguna charla y, sobre todo, mucho amor por los libros.

Ya os lo recordaré cuando se acerque la fecha, pero, por el momento, ¡guardaos ese día!

Un abrazo fuerte.

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Se ha secado un mar

Ayer se secó un mar,  el mar de la poeta Francisca Aguirre, ese mar en el que solo quería llorar a mares y que nadie lo notara. Hoy somos otros los que lloramos su pérdida. Francisa, Paca, era una de esas poetas a las que me he referido en otras entradas: una poeta de las de verdad, de las que escribían poesía respetando la poesía, estudiando la poesía, queriendo escribir poesía. Una de esas poetas que empiezan a escasear tras su muerte y la también reciente muerte de su marido e inmenso poeta Félix Grande.

Hoy, la poesía se queda un poco más huérfana, huérfana de versos trabajados y sentidos, redondos, llenos de sentido y simbolismo, de metáfora, de musicalidad… Huérfana de poesía llena de poesía.

Amigos, insisto en que recurráis a poetas como Paca, como Félix, como tantos otros que sí escriben poesía. Huid de versos vacíos, de poetas vacíos, de poemarios vacíos. No contribuyáis a que la poesía que se vende y se lee sea la que nos dicen que tiene que venderse y leerse porque es la que más beneficio económico le reporta a las grandes editoriales (esas que se han preocupado más bien poco por la poesía y ahora, con la fiebre influencer, quieren hacernos creer que la poesía es algo importante para ellas, si es que a eso se le puede llamar poesía). Buscad quiénes van ganando premios literarios de poesía (Francisca fue Premio Nacional de las Letras el año pasado), veréis que, os gusten más o menos, se conceden a poetas y no a concursantes de la televisión, cantantes ni youtubers. Id a las editoriales que llevan publicando poesía de verdad toda la vida: Calambur, Hiperion, Visor, Lumen, Alianza… Ahí tampoco veréis nuevos poetas sin ninguna poesía en su tinta. No os dejéis engañar por aquellos que creen haber descubierto ahora la poesía cuando la poesía se inventó hace ya algunos años. No os fiéis de esos “Cómo escribir poesía” que personas con más desvergüenza que maestría proponen a la ligera.

Paca Aguirre será siempre una opción muy buena para adentrarse en ese, su mar, su vasto e inmenso mar, que era su inmensa poesía.

“Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note”.

Testigo de excepción

Francisca Aguirre

Fraudes, estafas y engaños

La semana pasada escribí una entrada “denunciando” la poca seriedad que existe en el mercado editorial con respecto al éxito que los influencers están teniendo como escritores pensando que me acabarían echando a los leones. Lejos de acercarme siquiera a los colmillos del rey de la selva, fueron muchas las personas que me dejaron comentarios apoyando mi discurso y compartiendo esa denuncia.

Todo ello, sumado a una noticia que escuché ayer, me lleva a escribir esta nueva entrada para terminar de desenmascarar estos fraudes que se extienden prácticamente a cualquier ámbito. La noticia hablaba de varios descubrimientos que demostraban que infinidad de perfiles de influencers eran una verdadera estafa. Perfiles veganos que comen huevos y pescado. Viajeros a la altura de Phileas Fog que habían retocado todas sus fotos, realizadas en su propia casa. Y, así, un no parar de engaños que, sin ningún tipo de pudor, realizan muchos de ellos con el único fin de forrarse.

¿Creéis que esto no ocurre en el ámbito editorial? Siento deciros que los libros no se escapan a estas trampas. Me consta que hay perfiles que recomiendan libros sin haberlos siquiera abierto. Algunos que piden libros a editoriales para, después, venderlos y sacar un beneficio aún mayor. Y, sí, libros firmados por influencers o famosos que no han escrito ni una sola palabra.

Esto es lo que ocurre, amigos, cuando se le da más validez a un número de seguidores que a un mínimo de rigor o calidad. Todo se mueve bajo el lema “si vende, vale”, y todos somos culpables de que esto sea así. Editores, agentes literarios, libreros, periodistas, booktubers y bookstagrammers, blogueros y, sí, lectores.

No digo que todos sean malos ni que no haya gente honrada y decente en este mundo, pero, como con todo, hay que pensar un poco por nosotros mismos y no por lo que nos digan perfiles a quienes ni conocemos y de quienes poco nos podemos fiar. Hay perfiles maravillosos de personas maravillosas. Sed selectivos, amigos. Estudiad mínimamente los perfiles que frecuentáis. Quedaos con la calidad por encima de la cantidad y, seguro, todos saldremos ganando. No os vendáis ni permitáis que lo que se vende y es de mala calidad triunfe.

La literatura es algo demasiado importante como para mercantilizar con ella de una forma tan burda e injusta.

“Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”.

Mark Twain

Porque yo sigo creyendo en la literatura

Ayer mismo me topé con esta imagen que me tocó un tanto la fibra y, lo siento, necesito escribir una entrada para comentar esta situación.

Sé que puedo generarme algunas enemistades y que algunas personas se pueden sentir ofendidas. También, que algunos podréis achacar esta entrada a envidia, pero ya os digo que no. Por una parte, no siento envidia ninguna porque yo estoy contento con mi vida. Tengo un trabajo que me encanta, que me satisface y que me hace crecer cada día como persona y, además, tengo tres libros publicados que, poco a poco, van llegando al público, a colegios, a más lectores. Además, si algún día llego a ser alguien como escritor, prefiero hacerlo por mis méritos como escritor y no por mis seguidores en Instagram. Por otra, no voy a citar a nadie en concreto, así que espero que nadie se lo tome como un ataque personal.

Dicho esto, voy al lío.

Me llama mucho la atención que este artículo se incluya en la sección de literatura y que el titular sea ese que veis: “Los influencers conquistan la literatura”. No sé a vosotros, pero a mí me viene una pregunta a la cabeza: ¿qué consideramos literatura?Hace no mucho había una figura más o menos respetada, que pertenecía a un entorno intelectual y que estaba estrechamente relacionada con la cultura. Un escritor era alguien importante. Alguien que estaba ahí, donde tenía que estar, por su talento, por su dominio del lenguaje… En definitiva: porque era un buen escritor. ¿Qué hemos hecho para que, hoy, consideremos literatura cualquier texto, escrito por cualquiera? ¿Tener seguidores en una red social o canal de vídeos nos hace buenos escritores? ¿Salir en un programa de televisión nos convierte en los mejores poetas del momento? ¿Tener algún contacto influencer que promocione nuestro libro nos hace escribir bien?

Amigos, creo que nos estamos equivocando, y mucho. Investigo mucho las redes en busca de libros. Recorro librerías de cabo a rabo con esa misma intención. Los libros mejor distribuidos, los mejor promocionados, los más mimados, los que están en todas partes, a bombo y platillo son esos de ¿literatura? influencer.

Por poner algunos ejemplos, he leído el primer libro de alguien sobre el que he llegado a leer que es “el maestro del suspense” y que, en su nuevo libro, “despliega su virtuosismo narrativo”y os aseguro que, a nivel de narrativa, es un espanto. Plagado (plagado) de errores de puntuación (el uso de la coma es terrorífico); de errores de ortografía (como muestra, el uso equivocado de las perífrasis verbales “deber + de +infinitivo” y “deber + infinitivo”); o el abuso de los adverbios terminados en -mente (no muy bien vistos en literatura) hasta el punto de incluir en una sola página tres “ligeramente” (¡tres! ¡En una página!), un “completamente” y un “rápidamente”. Quizá me equivoque, pero a mí un libro tan mal escrito no me parece propio de un “maestro del suspense” ni me permite ver ningún tipo de “virtuosismo narrativo”. Un libro de ¿poesía? que se vende como churros por la fama de su no-autora, ya que ni siquiera lo ha escrito ella y, además, ha plagiado una de las ilustraciones. Un poeta que no conocía nadie hasta su aparición en la televisión y que, ahora, parece ser el mismísimo Federico García Lorca renacido.

Mi pregunta es bastante clara: ¿dónde estamos llegando en el mundo editorial? ¿Nos vale ya todo? ¿Vamos todos a lo fácil, a lo que vende sin apenas esfuerzo ni trabajo, a convertir algo tan preciado e importante como un libro en un producto de mercado sin más?Siendo muy sincero, me da pena. Mucha pena. Me da pena porque estamos diciéndole a nuestros niños (y de esto sé un poco porque trabajo con ellos día a día) que no importa escribir bien, que no pasa nada si no se saben las reglas ortográficas, que no hace falta que lean para aprender, que la poesía son dos líneas de ¿reflexiones vitales? con una ilustración bonita (plagiada, si hace falta) al lado. Que los grandes autores ya no interesan, porque ahora, son los influencerslos que conquistan la literatura. Ese, amigos, es el mensaje que estamos trasmitiendo. Estamos permitiendo que algo que debería estar cuidado con todo el mimo del mundo, la literatura (pero la de verdad), se vea pervertida y enfangada por el simple hecho de llenar las librerías de best-sellers malos y sin ninguna inversión de trabajo porque ahora, y esto es una realidad, ya no importa que un libro sea bueno, ni siquiera que el autor o autora escriba bien, sino que tenga tantos miles de seguidores, que asegure una promoción (muchas veces, endogámica por completo) fuerte sin esfuerzo de las editoriales y que, por lo tanto, venda, venda y venda con una inversión mínima.

Yo no soy fuerte en redes, aunque estoy contento con ir creciendo, aunque sea a paso lento. No me considero nadie para aconsejar cómo escribir o dejar de escribir porque solo tengo tres libros publicados, he sido finalista solo en dos concursos pequeñitos de escritura y he participado en una sola colección de cuentos y relatos (que verá la luz en breve); así que, sintiéndolo mucho, me da un poco de vergüenza intentar sentar cátedra sobre algo en lo que estoy empezando (aunque, sí, las redes están llenas de ¿expertos? en escritura, en literatura y, también, en cómo tenemos que hacer los profesores nuestro trabajo en temas tan peliagudos como el acoso).

¿Dónde vamos a llegar? La verdad, no lo sé, pero a mí se me cae el alma a los pies cuando voy a las librerías y veo las estanterías llenas de esta ¿literatura? influencer y tengo que buscar y rebuscar para encontrar a los verdaderos virtuosos de la narrativa, la poesía, el teatro o el ensayo.

Seguiré buscando mi lugar en este mundo tan complicado siendo sincero conmigo mismo, escribiendo (con mayor o menor éxito) convencido de lo que hago y la satisfacción de los comentarios positivos de mis lectores y, sobre todo, seguiré haciendo lo que siempre he hecho: leer LITERATURA.

“Los libros solo tienen valor cuando conducen a la vida y le son útiles”.

Herman Hesse

Fomento de la poesía en el CEIP Palomeras Bajas

Hay coles que se toman muy en serio lo de fomentar la lectura entre nuestros pequeños. Es el caso del CEIP Palomeras Bajas, quienes llevan a caso varias iniciativas maravillosas para lograr tan importante fin, como sus geniales “lunes poéticos”.

Ya el año pasado colaboré con ellos junto a mi querida y fiel Marta Marbán de Frutos y este año han querido comenzarlo con otro poema mío ilustrado también por ella.

Siempre insisto en la importancia de que los niños lean, que se lea con ellos, que se les escuche leyendo… En definitiva, que sientan que leer es algo divertido que se hace en familia y en el cole como algo natural y estimulante. En una sociedad sumida en un “pantallismo” cada vez más abusivo, siempre es agradable encontrar que, al menos algunos profes, sí nos esforzamos por que los libros, los cuentos, la poesía o el teatro sea vivido por nuestros alumnos como una opción muy a tener en cuenta a la hora de tener entretenimiento.

“El que ama a la lectura, tiene todo bajo su alcance”.

William Godwin

“Un corazón para Opalina” en la voz de Alba Cabello

¿Quién mejor que una sirena “real” para ponerle voz a mi sirena? Alba Cabello, ex-capitana del equipo nacional de natación sincronizada, con varias medallas a nivel europeo, mundial y olímpico (campeona europea y mundial), una luchadora incansable, una nadadora excepcional y una persona maravillosa, se convierte en Opalina y en el resto de personajes de este cuento, incluido en mi libro “Un corazón para Opalina y otros cuentos fantabulosos”, publicado por la editorial Endymion. Su voz se une a las preciosas ilustraciones de Marta Marbán de Frutos (mi otra mitad literaria) para que podáis disfrutar de este cuento de una forma distinta y original todas las veces que queráis.

Os dejo el enlace para que podáis acceder al vídeo. ¡No os olvidéis de comentar lo que os parece!

Gracias, Alba, por este favor que tan feliz me hace, ¡campeona!

 

“Cuando cuento que los mejores amigos de todo el Mar Plateado eran una sirena y un pulpo, nadie quiere creerme”.

Jorge Pozo Soriano, en “Un corazón para Opalina”

Mis mejores y peores lecturas de 2018

El día que se perdió la cordura, de Javier Castillo: aunque me encantó el detalle de mi alumno regalándomelo y me encanta leer novela negra en verano, este libro fue un auténtico fiasco. El claro ejemplo de “mucho ruido y pocas nueces” y de cómo una buena promoción puede hacer triunfar a libros malos, mal escritos (con multitud de errores gramaticales y ortográficos) y seguir estando en todas partes.

Lo mejor: la dedicatoria que mi alumno escribió.

Lo peor: que libros tan malos tengan tanto éxito y otros tantos que son maravillosos se queden en el camino.

Alternativas: El cuarto mono, de J. D. Barker; Morir no es lo que más duele, de Inés Plana

El bestiario de Axlin, de Laura Gallego: uno de los pocos libros de mi vida que no he podido terminar. Creo que el universo Laura Gallego se me hace ya un poco bola porque me parece más de lo mismo. Lentísimo y muy aburrido (y es una trilogía), con monstruos que no dan miedo y una historia de amor muy forzada, me supuso un enorme chasco, ya que lo empecé con muchas ganas.

Lo mejor: que la fantasía en español siga teniendo tanto éxito.

Lo peor: que sean siempre los mismos autores y que valga todo, escriban buenas historias o no.

Alternativas: La niña que bebió luz de luna, de Kelly Barnhill; El castillo ambulante (saga), de Diana Wynne Jones

El guardián de los objetos perdidos, de Ruth Hogan: sin buscar leerlo, comprado por casualidad para gastar una tarjeta regalo solo porque la portada y el título me gustaron, se ha convertido en una de mis mejores lecturas del año. Una historia preciosa, personajes maravillosos, momentos muy especiales… Es una de esas lecturas sencillas y deliciosas. Me ha encantado y lo recomiendo muy, muy, muy mucho.

Solo tu nombre es mi enemigo, de Manuel Francisco Reina: encontrar poesía actual buena, de calidad, bien escrita, con sentimiento hoy en día y no caer en eso que llamo pseudopoesía, mal escrita, simplona, casi sin forma ni fondo y llena de tópicos y traumas ya demasiado manidos es muy complicado. Por suerte, autores como Reina nos regalan versos únicos y poemarios redondos de principio a fin. Una delicia si os gusta la poesía de verdad.

¿Cuáles han sido vuestras mejores y peores lecturas del año?

“Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.

Miguel de Unamuno