Crítica: Poemas, Hannah Arendt

Título: Poemas

Autor: Hannah Arendt 

Editorial: Herder

Siempre me ha gustado mucho Hannah Arendt como pensadora, y la he leído, en esa versión, en más de una ocasión.

Lo que no sabía era que, también, escribió algunos poemas. Así es mi cabecita loca…

Me gustó mucho la forma en la que este libro llegó a mí, porque no ocurrió que descubriera los poemas de Arendt y fuera a buscarlo. 

Como ya sabéis, me encanta perderme en las librerías. Hace unos días fui al Teatro Bellas Artes a ver a José Sacristán en “Mujer de rojo sobre fondo gris”, de Miguel Delibes. Aunque este es otro tema distinto, qué bestialidad de interpretación para un texto a la altura, solo, de Delibes. Volviendo al autor vallisoletano, esta de Sacristán y la de Lola Herrera en “Cinco horas con Mario” son las dos interpretaciones más espectaculares que he vivido en un teatro. Que viva la cultura.

A lo que iba. En la espera, di una vuelta por la librería Antonio Machado (visitadla si no lo habéis hecho, es una preciosidad). Mi idea inicial era encontrar el libro con el que Antonio Carvajal ganó el Premio Nacional de Poesía en 2012, porque también es miembro del jurado del Premio Antonio Gala que acaba de premiarme y me parece justo leer algo suyo. No lo encontré. Busqué entre los libros de poesía y no encontré nada que me apeteciera, así que fui a ver la sección de filosofía. Allí, colocado para que yo lo viera, estaba este libro, esperándome. “Poemas”“Hannah Arendt”. ¿Sabría el librero que yo iba a ir y lo puso ahí, para mí? Además, el tema del exilio me interesa bastante, y esa palabra aparece en la contra. Obviamente, el libro se vino conmigo.

Creo que hay algo en la forma de escribir poesía de Arendt que demuestra dos cosas diametralmente opuestas. Una, que es una escritora de los pies a la cabeza y que su lenguaje es abrumador. Dos, que no es o no fue poeta, entendido como persona que se dedica en cuerpo y alma a la poesía. Aunque el libro me ha gustado mucho y hay poemas e imágenes muy buenos y potentes (y aunque la edición sea una preciosidad), este poemario parece una colección de poemas anotados aquí y allá sin intención de que fueran publicados, sino, más bien, escritos por gusto propio, por satisfacción personal.

En las “Notas a la edición” se explica con brevedad que algunos de estos poemas ni siquiera fueron escritos a máquina ni revisados por la autora, lo que confirma un poco esa sospecha mía. A pesar de todo, no cabe duda de que estamos ante una de las pensadoras más importantes de la historia, que su conexión con la poesía es evidente y, en mi opinión, es una poeta más que destacable.

Además de los poemas, la explicación que Irmela von der Lühe, profesora de literatura alemana contemporánea, hace a modo de epílogo de libro en ese fragmento titulado “Sobre los poemas de Hannah Arendt” es otra delicia. Ya no solo por conocer más sobre esa aproximación poética de la autora, sino por saber más sobre ella, sus amistades y sus influencias.

Solo puedo agradecer a la Editorial Herder por hacer un trabajo tan bueno y al azar, por poner este libro ante mis ojos sin apenas esperarlo.

Lo que más me ha gustado ha sido, sencillamente, el maravilloso descubrimiento de la Hannah Arendt poeta, lo que me ha llevado, también, a conocer mejor su figura.

Lo que menos me ha gustado, por decir algo, que son pocos poemas… Pero son todos los que Arendt escribió, así que me parece más importante haberlos leído todos, aunque me habría encantado que fueran más.

Y vosotrxs, ¿conocéis a Hannah Arendt? ¿Os gustaría leer algo suyo?

“Ay, ¿quién querrá ponderar lo que no concibe?

¿Y quién querrá decir lo que solo se discierne 

tardíamente?

Pues tan pronto como lo agarra con ambas manos

deja de saber por qué lo sigue sufriendo.

Octubre por la mañana, Hannah Arendt

Crítica: Kitchen, Banana Yoshimoto

Título: Kitchen

Autor: Banana Yoshimoto

Editorial: Tusquets

No sé por qué he tardado tanto en adentrarme más en la literatura oriental, pero, supongo, lo que cuenta es que, por fin, lo he hecho. Qué bien que no me he limitado solo a Murakami, porque estoy descubriendo verdaderas joyas.

Este “Kitchen” fue un regalo (otro) de Laura, la excepcional librera de “Amapolas en octubre” (escritora, también). Una mañana de paseo (una de las mejores medicinas que estoy auto-administrándome en esta etapa), quise hacerle una visita. “¿Qué te apetece”, me dijo. “ “Estoy completamente en modo oriental”, respondí. Me dio dos libros. “Territorio de luz”, de Yuko Tsushima (lo leeréen breve) y “Kitchen”. “Es maravilloso”, añadió. Como siempre, no lo dudé. Pocas libreras recomiendan tan bien como esta vendedora de amapolas y sueños. No me equivoqué. No se equivocó. Es absolutamente maravilloso.

El libro se compone de dos relatos. El primero, “Kitchen” es precioso y tiene tres protagonistas de los que es imposible no enamorarse. El segundo, “Moonlight shadow”, que no comprendí muy bien porque no fui consciente hasta que llevaba varias páginas de que el libro contenía dos relatos diferentes, lo es más aún. Más breve, más intenso y, sí, más precioso. Pocas veces un libro me ha emocionado hasta la lágrima, y este lo ha conseguido. También es verdad que toca un tema, el de la muerte de un ser querido, que me arrastra, pero qué bien lo trata. Qué forma más delicada tienen los autores orientales de hablar de la muerte. Un aprendizaje, desde luego.

Banana Yoshimoto no la conocía. Ya os digo que estoy empezando a interesarme más por descubrir autores orientales. Creo que la lectura, al menos para quienes leemos mucho, va por etapas. Que lo que disfrutábamos mucho hace unos meses no nos satisface tanto tiempo ahora. Que algo que no nos apetecía nada antes nos acaba obsesionando y buscamos leerlo todo lo posible. Que volvemos a eso que dejamos. Que dejamos eso a lo que habíamos vuelto. Yo soy muy de obedecerme en todo lo que puedo, y, si el cuerpo me pide literatura oriental, es justo lo que le voy a dar.

Por el momento, he leído, del tirón, a Aki Shimazaki, a Kim Thúy y a Banana Yoshimoto, y tengo esperando el que mencioné antes de Yuko Tsushima y otro de Thúy (autora vietnamita que me enamoró desde la primera palabra suya que leí). Y seguiré en esta línea hasta que se me rasguen los ojos, porque me está encantando.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El tema: no es un secreto que me gusta leer sobre la tristeza, sobre el dolor, sobre la muerte… Sobre temas que me sacudan, que me emocionen, que me hielen. La forma en que tienen los autores orientales de tratar la muerte es única. Lo bonito que escriben, el estilo tan cuidado que tienen y esa cultura que tanto me atrae hacen que sea sano leerlos, casi terapéutico. Para mí, lo ha sido. He visto a mi madre en cada página que he leído, y eso es un auténtico regalo.

La extensión: también estoy en un momento en el que no me apetece leer libros demasiado extensos. La extensión de estos dos relatos es perfecta. Casi son fábulas. Justo lo que necesitaba. 

La esencia japonesa: esto también lo sabéis ya. Sabéis que la cultura (y la literatura) japonesa me atraen muchísimo, y esta historia es muy, muy japonesa.

El lenguaje: como los buenos autores japoneses, Banana Yoshimito hace un uso precioso del lenguaje. Cuidado en las descripciones y en los diálogos. Poético. Genial.

La puntuación: esto puede ser algo un tanto trivial para algunos, pero yo soy muy, muy, muy pesado con la puntuación al escribir. Sobre todo, con las comas. Y esta traducción está muy bien puntuada, con todas las comas en su sitio, y eso me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: claramente, haber podido revivir a mi madre a lo largo de todo el relato “Moonlight shadow”, para mí, mucho más potente que el propio “Kitchen”, que da título al libro. Qué regalo más bonito…

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, el formato. No me gusta mucho leer en bolsillo, y es una edición funcional, pero nada bonita. 

Mi sensación final es que estoy encantado de poder disfrutar de estos autores tan lejanos en lo físico como en lo cultural, pero tan próximos en lo poético y lo literario. A ver lo que me dura esta “fiebre”, pero, el tiempo que dure, leeré y leeré libros que vengan de ellos y ellas, porque es una MA-RA-VI-LLA

“Mi manera de actuar, al enamorarme, siempre ha sido la misma: atravesar un sitio corriendo muy deprisa”.

Banana Yoshimoto, Kitchen

Crítica: Flores para la señora Harris

Título: Flores para la señora Harris

Autor: Paul Gallico

Editorial: Alba

¿Os acordáis de María, mi genial vecina de al lado? Ha vuelto a la carga con más libros prestados, así que esta reseña es gracias a ella.

Como iba a tener que viajar en metro, gracias al desastre que hizo en Madrid Filomena, le pedí este libro, que ya me había recomendado y que era ligero, “buenrollista” y finito. Desde luego, ha cumplido su misión: entretenerme en esos viajes.

La historia, desde luego, promete: una señora de la limpieza londinense cuyo mayor deseo es ir a la tienda de Christian Dior de París y comprarse un vestido. ¿No os parece un argumento genial para un libro?

Sin haceros esperar más, os diré que sí. Me ha parecido un buen libro. Feelgood total, que se agradece, en los tiempos que corren. Una historia breve, bonita, con Londres (ya sabéis mi enamoramiento absoluto) y París (que me encanta, también) como los pilares sobre los que se sustenta y con otro pilar más que también me ha enamorado, casi a primera vista: la señora Harris. Es imposible no morir de amor con esta mujer humilde, chapada a la antigua, trabajadora al máximo… y, sobre todo, tan soñadora. Es, sin duda, uno de esos personajes que se te queda en el corazón para siempre.

Por lo demás, sí quiero hacer algunos apuntes. Ha habido varios momentos que se me han hecho un poco pesados. He tenido la sensación, en algunos fragmentos, de que estaban metidos con calzador para explicar una parte de la historia y, para ser un libro bastante breve, se me ha hecho algo largo… 

Aun así, como ya he dicho, me ha parecido una historia bonita que nos deja el corazón un poco más blandito. Recomendado si os gusta el feelgood y si os apetece conocer a esta peculiar y maravillosa protagonista.

Dicho esto, paso a mi análisis:

Puntos fuertes:

El formato: que venga de María, que me lo prestara con esa ilusión de estar compartiendo conmigo un trocito de felicidad y que, además, esta señora Harris haya traído buenas noticias…

Los escenarios: Londres París. Nada más que añadir salvo un (qué ganas de viajar).

La bondad: justo en esta situación que nos está tocando vivir, pensar que hay personas bondadosas, generosas y dispuestas a alegrar las vidas de los demás es un hecho a recalcar.

La lucha por los sueños: siempre que hablo de este tema (y lo he hablado hace muy poco con una de mis mejores amigas) lo hago en los mismos términos. Creo con firmeza que hay que luchar por los sueños y hacer todo lo que esté en nuestras manos para alcanzarlos, pero sin despegar los pies de la tierra. Hay muchos, muchísimos casos de personas que se “estrellan” por haberse planteado metas inalcanzables o por haber dejado todo lo demás para correr hacia algo inasible. En mi opinión, en un error. Siempre que se tenga uno de esos sueños es mucho más fácil si se tienen en cuenta dos aspectos: el primero, saber si es realista y realizable; el segundo, no hacer que nuestra vida dependa única y exclusivamente de lograr ese sueño. Justo como hace la señora Harris, un ejemplo hasta para esto.

Lo que más me ha gustado: como he recalcado, la protagonista. Sus diálogos, su inocencia, su sencillez, la fuerza con la que lucha por conseguir su sueño, el poso que deja en las personas que la conocen… Ojalá(como dice mi vecina María) hubiera muchas más señoras Harris en el mundo. Sería un mundo mucho más bonito.

Lo que menos me ha gustado: esas partes un poco más densas que me han sobrado, aunque no han sido muchas y son llevaderas.

Mi sensación final es que es un libro bonito, sencillo, muy apropiado para desatancar bloqueos lectores o para intercalar entre lecturas más densas o extensasY, sobre todo, un libro recomendable si queréis hacer una nueva amiga literaria y terminar con una sonrisa.

“Si una persona quiere algo con la fuerza suficiente, siempre hay formas de conseguirlo”.

Flores para la señora Harris