Crítica: Desde el azul del mundo

Título: Desde el azul del mundo

Autor: Andrés París

Editorial: Alhulia

II Premio Internacional de Poesía Joven “José Antonio Santano”

Qué bonito es ver crecer, en lo poético, a personas a las que se quiere. Qué bonito ver, en la sonrisa de Andrés, la felicidad por haber logrado encontrarse, situarse y compartirse como poeta que ya se reconoce del todo en sus versos, que se enorgullece de ellos, que comenta, con su ilusión tan desbordante, que ahora sí, que ahora es él.

Y todo esto ocurre porque, de forma evidente, este no es ya el poemario de un poeta joven buscando su voz, sino el libro que presenta en sociedad la voz definitiva de Andrés París, su voz cuidada, armoniosa y, sí, su voz científica. Porque Andrés no podría elegir un mundo o el otro. Andrés los une, los imbrica, los enlaza con mimo hasta que el resultado es una simbiosis única que se plasma poema a poema.

Y el resultado es maravilloso.

Y este es un poemario muy especial, no solo por lo que ya he dicho, sino porque viene con premio bajo el brazo, un premio merecido para un poeta que lo merece todo, por escribir bien y por su forma de ser.

Un lenguaje cuidado. Un tema, el del amor, que no es tan habitual en un poemario que merezca la pena, que no caiga en los tópicos de siempre. Unas imágenes poco frecuentes por esa dualidad humanística-científica. Una edición, además, muy bonita que ayuda, cómo no, a que este libro sea más redondo aún. Un prólogode Marina Casado que es una preciosidad y que nos hace comprender mejor la poética de París.

Enhorabuena, Andrés, por evidenciar con este libro que el camino recorrido era el correcto, que los pasos los has ido dando en la dirección adecuada, que llegarás, como lo estás haciendo, al lugar que te corresponde.

Para que conozcáis un poco más la poesía de Andrés París, os dejo algunos versos.

Del poema “Antes”:

“El beso fue

el primer átomo”.

Del poema “Dos árboles”:

“La ciudad es un bosque

en el que se ha salvado

lo indivisible”.

Del poema “El amor”:

“Aunque el amor sea

una certeza, un diamante,

también desaparece”.

Del poema “La rosa”:

“Como el mar es infinito,

también alberga

la posibilidad

de una rosa”.

Decidme que no son bonitos…

Lo que más me ha gustado: aunque el libro me ha gustado mucho, aunque haya mil aspectos que resaltaría, me quedo (no puede ser de otra forma) con la sonrisa de Andrés. 

Lo que menos me ha gustado: que al amor le cueste ya encontrar buenos poetas. Suerte, eso sí, que tenemos a Andrés.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Cuando no hay nadie,

espero el brote de esta tierra”.

Andrés París, Desde el azul del mundo

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Crítica: La casa grande

Título: La casa grande

Autor: Rosana Acquaroni

Editorial: Bartleby Editores

Llegué a Rosana Acquaroni por esa maravillosa antología a cargo de Manuel Francisco Reina llamada “Mujeres de carne y verso”, una rosa de los vientos para ubicarse en lo mejor de la poesía escrita por mujeres en castellano que debería estar en todas las bibliotecas del mundo. Allí pude leer algunos poemas de “la Acquaroni” que ya me cautivaron, pero no ha sido hasta ahora cuando me he tomado en serio leerla con mayor detenimiento, con más pausa.

Yendo a una librería –como acostumbro a hacer– solo para ver la sección de poesía, la mirada de la Rosana niña de la cubierta (qué foto más preciosa) se clavó en mí, pidiéndome que la llevara conmigo. Y así hice. Y qué acierto. ¿Sabéis esos poemarios que te quiebran un poco los talones? ¿Esos como “Los trescientos escalones”, “Toco la tierra”, “La paternidad de Darth Vader”, “Travesía”, “El libro de Lilit”, «Welcome to mí» o “De las horas sin sol”? Ese es otro de esos libros. Otro que se va a mi lista de poemarios favoritos, de los que recomendaré siempre, de los que regalaré, a los que volveré una y otra vez.

Porque los buenos poemarios cuentan historias, nos incluyen en ella y nos hacen atravesar las vivencias de quienes los escriben. Y menuda historia hay en este libro. Y qué preciosidad de poemas para contarla. Qué regalo nos ofrece Rosana Acquaroni revelándonos este secreto familiar. Qué grande hay en la poesía, amigos y amigas, cuando la poesía es grande.

Por suerte, además, he tenido el inmenso honor de conocerla, de escuchar a Luis Rosales en su voz, de conversar un ratito con ella y de traerme el libro a casa con una dedicatoria que le suma aún más al libro. Ella fue, también, quien me dijo que escuchara el primer episodio del podcast “De eso no se habla”, titulado “Preguntan por ti”, en el que habla de esta historia de “La casa grande”, de la historia de su madre (historión) y del porqué de este libro.

¿Tengo que decir, de nuevo, la felicidad que le debo a la poesía?

Como acostumbro a hacer con los poemarios que leo, os dejo algunos versos como muestra, por si os animáis a haceros con el libro y leerlo completo (creedme, en esta ocasión, no hay riesgo de equivocación).

“De la casa grande

solo recuerdo aquel armario blanco

encallado en aquel largo pasillo

como en un río encajonado y pedregoso

Un útero vacío que no sangrase nunca

y alumbrara por dentro”.

“Y es así como encuentro la tibieza

de una madre que sangra en otra herida, 

que prende en otro cuerpo de mujer”.

“Cuando abres los ojos 

todo se desvanece.

Has cumplido de pronto veinte años

y te han dejado sola,

en el instante mismo en que la vida

nos suelta de la mano

                                        para siempre”.

“Este es mi oro, madre,

un cuerpo de mujer hecho palabra,

cartomancia de pájaros e insectos

–su abanico de alas deslumbrantes–

señalando caminos.

Una vez me dijiste:

No hay edad suficiente para acallar la infancia.

Y mi espejo se empaña cada vez que te nombro”.

Venga, que alguien se atreva a decirme que no te estremece… 😉

Lo que más me ha gustado: todo. Sin peros. Sin quitar un solo espacio entre palabras. 

Lo que menos me ha gustado: que haga falta, a veces, vivir algo duro para que existan historias que contar.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Nada me pertenece.

Ni siquiera el olvido”.

Rosana Acquaroni, La casa grande

Crítica: Pepper Seed

Título: Pepper Seed

Autor: Malika Booker

Editorial: Valparaíso

Creo que no es la primera vez (ni creo que sea la última) que digo que es un hecho que me estoy perdiendo poesía de otros países por mi “manía” de leer poesía escrita en castellano. Sé que es así y sé que no debería serlo, pero no puedo luchar contra mis gustos. Al menos, no siempre.

El asunto cambia si pongo un poco de mi parte y “me fuerzo” a leer a poetas que escriben otros idiomas (a ser posible, que pueda leer tal y como los escriben) y si las traducciones son buenas, algo que Valparaísogarantiza siempre.

Llevo ya varios poemarios de autores y autoras que escriben en inglés y, la verdad, aunque no se ajustan a esos requisitos tan estrictos que tengo cuando leo poesía, hay que reconocer que son muy potentes, que está bien leer poemas diferentes a lo que se suele leer y, desde luego, que hay temáticas e imágenes que no dejan indiferente en libros como este “Pepper Seed”.

Porque es un libro crudo, como la vida de su autora. Un libro en el que se puede sentir el dolor, escuchar los gritos de desesperación, oler la sangre. Un libro que supone un escalofrío, una mueca de angustia, un alarido. Un libro que estremece.

Y a mí, como ya sabéis, me gusta que me duela la poesía. No me importa en absoluto esa poesía vacía de todo, es (en mi opinión) mal llamada “poesía de la experiencia”, porque no supone ninguna experimentación. La poesía tiene que ser aguja, tiene que ser puñal, tiene que incrustarse bajo la piel del lector. Si no, es otra cosa. Tendrá otro nombre. Pero –como siempre he defendido y defenderé– no es poesía.

En este libro se habla de maltrato, de machismo, de crueldad, de abusos, de violencia, de desamparo. Se habla de víctimas y de culpables, y de cómo las víctimas arrastran el dolor recibido durante toda su vida, durante cada verso, a través de los poemas. Porque la poesía es eso, un conductor de emociones, un vehículo en cuyo interior se vierte todo aquello que queremos hacer llegar a otras partes, sacar de nosotros, compartir, tratando de que sea más llevadero tanto para quienes la escribimos como para quienes puedan leernos.

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado/impactado:

Del poema Salsa picante

Me dijeron que le separó las piernas y le dijo:

Voy a enseñarte que me robes, señorita.

Oí decir que sacó una cucharada de salsa de un cuenco blanco

y se la metió a la nieta en lo más hondo del coño.

Oí decir que se oyeron gritos en la casa durante todo el día.

Del poema Las hormigas rojan pican (algunos fragmentos)

Serás una puta como tu madre

me decía la abuela todo el tiempo

como si dijera buenos días.

[…]

Mi padre era todo para ella,

mi hermano, su mundo.

Sus hijas solo recibían insultos.

[…]

No puedo mencionar aquellas palabras clavadas para siempre,

no puedo hablar de los hombres bajo quienes permanecí indiferente,

tus palabras marcadas en la piel

de entre mis muslos, las piernas abiertas como una puta.

No me digáis que no golpean con una fuerza descomunal…

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: la facilidad con la que todo ese dolor ha sabido llegarme, cómo he podido ser protagonista de todo ese sufrimiento, comprenderlo para, sin hacerlo propio, apiadarme de él.

Lo que menos me ha gustado: quizá un poco denso para tratar temas tan duros, pero solo es un quizá… 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Estoy al borde de este acantilado esperando que

los huesos

se levanten y reclamen sus nombres”.

 Fragmento de “Saltadores”, Malika Booker

Crítica: Los nadies

Título: Los nadies

Autor: William Alexander González Guevara

Editorial: Hiperión

XXV Premio de Poesía Joven “Antonio Carvajal”

Mi historia con William es, permitidme que lo diga, una historia muy bonita. Para resumir e ir a lo que importa –este librazo–, diré que me pidió una entrevista para El Generacional cuando gané el Antonio Gala el año pasado, que la siguiente persona a la que entrevistó fue a Marina Casado, hoy una de mis personas fundamentales y una de mis poetas favoritas, y que, después de eso y de vernos en algunos encuentros literarios, nos reencontramos, una vez más, gracias a la poesía. Esta vez, eso sí, a la suya.

Y qué manera de empezar en esto de la poesía, William. Ya no solo por el premio, que también (de esto de los premios hablamos en esa entrevista), sino por el pedazo de poemario con el que te has estrenado. Qué bestia para tener la edad que tienes y ser lo primero que publicas. Qué recorrido más prometedor tienes por delante…

Supongo que esto pasa (y aquí voy a elucubrar como me apetezca) por varios motivos. Sin que el orden importe, William es una persona que tiene los tres elementos fundamentales para ser un buen poeta: una es el talento innato (no, no todo el mundo puede escribir bien poesía); otra es lo que ha leído, lo que ha escuchado, lo que se ha interesado por saber y por aprender (no, no todos los “poetas” lo hacen); y otra es ser un currante y ser muy exigente consigo mismo. Esos tres puntos, cumplidos de sobra. Si a todo esto, además, le sumamos que su vida, a pesar de su corta edad, es ya una vida muy larga, es difícil que el resultado no sea tan bueno como el que encontramos en este libro.

Porque este es uno de esos poemarios que no tendrían que haberse escrito porque implican sufrimiento, pero que, una vez ahí, es necesario escribir. Ya sabéis eso que Félix Grande escribió para el libro (librazo) La paternidad de Darth Vader, del tan querido y admirado por William y por mí Manuel Francisco Reina, eso de “hay que poner al dolor a trabajar al servicio de la vida”. A esta maravilla de consejo, yo le sumo que, si ese dolor lo experimenta un poeta, también hay que poner al dolor a trabajar al servicio de la poesía, o poner a la poesía a trabajar en contra del dolor. No sé cuál de las dos opciones sería más acertada.

En este poemario, como digo, hay sufrimiento, hay dolor. Hay injusticia, denuncia, hambre, tristeza, nostalgia… pero, también, hay amor, hay fortaleza, resiliencia, lucha, hermandad. Y hay mucha y muy buena poesía, con todas sus armas afiladas y a punto, con sus escudos y armaduras, también, protegiendo al poeta.

Y yo me alegro mucho de que el primer libro de William, este maravilloso Los nadies, llegue de esta forma tan potente. Con premio. Con esta editorial. Con esta edición. Porque, no, tampoco los premios son siempre justos, pero es buenísimo saber que a veces sí lo son, como es este caso, y que se premia calidad, compromiso y buena poesía.

Enhorabuena, William. Por este y por el reciente y prestigiosísimo IV Premio de Poesía Ruiz Udiel. Me hace muy feliz que la vida, también, sea capaz de sonreírte.

Lo que más me ha gustado: ¿hace falta decir algo más? Leed el libro y veréis que es un libro espectacular.

Lo que menos me ha gustado: justo eso de lo que hablo, saber que, a veces, detrás de un poemario bueno hay dolor y sufrimiento, más aún cuando se trata de alguien a quien se tiene cierto cariño. 

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“¿Habrás echado de menos tu patria?

Sabes de lo que hablo,

ese sabor amargo de nostalgia”.

 Fragmento de “Prefacio”, William Alexander González Guevara

Crítica: Carta a un joven poeta

Título: Carta a un joven poeta

Autor: Virginia Woolf

Editorial: José J. de Olañeta

Que me leería hasta la lista de la compra escrita por Virginia Woolf es un hecho. Que me tendré que poner en algún momento de la vida a leer más libros suyos y a sumergirme un poco más en su vida y en su obra, también. No sé si hay alguna escritora que me pueda gustar más, la verdad. Y, claro, vi este libro y tuve que hacerme con él.

Fue en Málaga, en la (preciosa) librería Mapas y Compañía. Allí me estaba esperando, coronando una columna de libros de esta editorial que no conocía y que, según veo, tiene algunas joyitas a las que tendré que echar un ojo.

Se lee en un par de ratos y solo leer a Virginia merece la pena, pues es aprendizaje seguro. Además, ¿ella, mi escritora favorita, escribiendo sobre poesía? ¿Cómo no lo había leído antes?

En el libro se dirige a John Lehman y, desde su grandeza en la prosa (bastante poética, todo sea dicho, con esa forma de usar el lenguaje tan cuidada) le da ciertos consejos, ciertas advertencias sobre cómo acercarse a la poesía y a los y las poetas. Qué maravilla, que una de las escritoras más importantes de la historia te aconseje sobre la poesía, ¿no? Que yo no tengo queja sabiendo quiénes me han aconsejado y leído y ayudado a aproximarme a la poesía de la mejor manera posible, pero la Woolf es la Woolf, amigos, y hay que escuchar lo que dice. 

Y habla, hace ya unos cuantos años, de ciertos aspectos de la poesía y de los y las poetas que, supongo, no se han resuelto aún… “porque la mala poesía es casi siempre el resultado de olvidarse de uno mismo…”.

Si os cuento mucho, os escribo el libro entero, pero sí quiero decir que, para ser poeta, no vale eso de “escribo lo que me sale”, “yo no sigo ninguna norma, solo las mías” o “escribo poesía, pero no la he leído nunca”. La poesía, como toda disciplina artística, supongo, requiere estudio, práctica, respeto, pasión, lectura, borrones, escucha… y, sí, también, cierta capacidad que no todo el mundo tiene. Parece que se ha puesto de moda escribir “poesía” (así, entre comillas), que se hace en un rato y que todo vale, pero no, eso que escriben ciertas personas famosas, ciertos y ciertas cantantes, ciertos actores o actrices, por no hablar de ciertos y ciertas influencers no es poesía. Podrá ser otra cosa. Podrán ser frases, reflexiones, idas de olla o pretensiones inalcanzables, pero no, no es poesía. Y sobre algunos que se lanzan a la poesía desde la inmadurez absoluta, Virginia Woolf también tiene algo que decir: “Esto, estoy segura, es de la máxima importancia. La mayoría de los defectos en los poemas que he leído creo que se explican por el hecho de que se han expuesto a la feroz luz de la publicidad cuando eran todavía demasiado jóvenes”.

Por eso, leer lo que dicen grandes escritores como Virginia Woolf sobre la poesía es necesario. Y este pequeño libro es una maravilla que cualquier poeta agradecerá leer.

Lo que más me ha gustado: además de hacerme con libros en viajes (que es algo que me encanta hacer), volver a conectar con Virginia Woolf.

Lo que menos me ha gustado: aunque comprendo que editar no es barato, el precio para un libro tan pequeño es algo elevado, creo. 

¿Cuánto os gusta Virginia Woolf?

¡Un abrazo!

Esa es tal vez tu tarea: encontrar la relación entre las cosas que parecen incompatibles y que, sin embargo, tienen una misteriosa afinidad; absorber sin temor cualquier experiencia que se te presente y saturarla por completo para que tu poema sea un todo y no un fragmento; repensar la vida humana en términos poéticos”.

 Virginia Woolf

Crítica: Como nace el agua

Título: Como nace el agua

Autor: Andrés París

Editorial: Huerga & Fierro

Leer a amigos a los que se tiene cariño es, a veces, un arma de doble filo, casi más aún si se trata de poesía, un género con el que, como sabéis, soy muy exigente, conmigo y con los demás. Siempre que me asomo a los versos de personas a las que quiero, lo hago con cierto miedo. ¿Me gustará? ¿Veré calidad? ¿Seré capaz de opinar con honestidad, empatía y, sobre todo, objetividad?

Eso fue, precisamente, lo que me pasó cuando abrí este libro de Andrés por primera vez. Aunque ya sabía que había –que hay– un poeta hecho, sus palabras de advertencia sobre su propio poemario me hicieron suspirar antes de hincarle el diente. Ya en la dedicatoria indica que ve distante este tercer poemario. Sé, por lo que me ha dicho en alguna ocasión, que ha encontrado esa “madurez” que todos los poetas buscamos (quizá, demasiado pronto) ahora. Que su mejor libro, con diferencia, es ese esperado “Donde el azul del mundo”, con el que acaba de ganar el “II Premio Internacional de Poesía Joven Antonio Santano”(¡enhorabuena!). Y puede que sea así, pero, ¿qué es un poeta sin sus inicios, sin esa primera búsqueda de su voz? 

Y empecé a leer. Y, sí, aunque vi algunos dejes de un poeta que se estaba haciendo (pocos y discutibles, como casi todo en esto de la poesía), se ve, de forma clara, que hay poeta. Por la sensibilidad. Por laoriginalidad (Andrés, además de poeta, es bioquímico, un hombre de ciencias amante de las letras). Por imágenes preciosas como “El mar se ahorca cada noche” o ese “corazón, primero de nube/y de rojo por herir después”

Hay poeta, sí, porque siempre lo ha habido. Y es un gusto leer a Andrés París sabiendo de cerca, además, de toda esa sensibilidad, esa mirada de niño voraz de aprendizajes, esa generosidad, esa humildad tan poco habitual entre muchos de esos “nuevos jóvenes poetas” que caminan levitando entre tertulias y recitales, como si hubieran inventado ellos la poesía o como si fueran la única bandera de poesía joven existente. Andrés tiene la calidad y tiene las cualidades, así que, estoy seguro, seguirá creciendo aún más y mostrando que tiene mucho que decir en su labor como poeta, además del maravilloso trabajo que está realizando en el campo científico.

Ya sabéis que no me gusta analizar los poemarios más allá de dar un par de pinceladas sobre ellos y sus autores o autoras, además de mostrar algunos versos. A lo que sí os invito es a que busquéis la poesía de Andrés París. Que leáis a Andrés París. Que crezcáis junto a él, del mismo modo que yo crezco un poco después de leer su poesía.

Además, por si fuera poco, el prólogo es de Marina Casado. Ahí es nada.

Lo que más me ha gustado: leer a Andrés conociéndolo tan bien; ver, en su poesía, a esa persona a la que tanto quiero; sentir orgullo por compartir con él todo lo bueno que le está llegando y saber que lo seguiré sintiendo a lo largo de muchos años.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, algunas palabras en determinados versos que, por poco frecuentes, a mí, personalmente, me han sacado un poco del poema. Pero ya digo que esto es una cosa mía, porque Andrés, amante del lenguaje como es, se esmera en navegar entre palabras.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“[…] es curioso,

la vida no puede ser un poema”.

Andrés París

Crítica: Álbum de familia

Título: Álbum de familia

Autor: Alejandro Pedregosa

Ilustradora: Carole Hénaff

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

Premio de Poesía para Niños y Niñas Ciudad de Orihuela 2020

La de tiempo que llevo para leer este libro y, entre unas cosas y otras, he tardado toda esta barbaridad para leerlo. He tardado tanto que, en la espera, ha habido un nuevo Premio Ciudad de Orihuela –“Circo”– que estoy deseando leer (espero que sin tanta espera, jeje).

Ya sabéis que la poesía infantil de Kalandraka es una de mis debilidades y que sus libros ocupan una buena parte de mis estanterías. Desde luego, si alguna familia quiere buscar poesía para sus hijos o hijas, empezar por aquí es todo un acierto y que pueden hacerse con cualquier libro de la colección sin correr riesgos. Todos sus libros son preciosos por dentro y por fuera y, además, cubren gustos muy distintos en cuanto a poesía se refiere.

Este “Álbum de familia” nos lleva de viaje por distintos lugares de la mano de sus personajes, trayéndonos detalles de su aspecto, su forma de ser, de sus raíces. Y eso, al menos a mí, me resulta muy bonito.

Con unos poemas breves y sencillos, a ese viaje lo acompañan unas ilustraciones preciosas de Carole Hénaff, con tanto protagonismo como los poemas y, seguro, muy atractivas para los y las peques.

Un libro para leer, precisamente, en familia. Descubriendo, así, otras formas de vivir, otros lugares y otras culturas. ¿No sirve para eso, precisamente, la literatura?

Lo que más me ha gustado: creo que voy a quedarme con la unión tan bonita de poemas e ilustraciones. Una comunión perfecta.

Lo que menos me ha gustado: sin que tenga que ver con el libro, haberlo tenido tanto tiempo en la estantería sin leerlo antes, porque se lee en un ratito. 

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿me haréis caso y leeréis algo suyo?

¡Un abrazo!

“Las pesadillas son humo

–qué alegría–

y se van con la mañana”.

Alejandro Pedregosa

Crítica: Incendio mineral

Título: Incendio mineral

Autor: María Ángeles Pérez López

Editorial: Vaso roto

Premio Nacional de la Crítica 2021

Estoy leyendo muy poco este verano, entre unas cosas y otras, pero, como siempre, la poesía marca la excepción.

Mientras sigo leyendo una amplia antología de Ángel González, he podido disfrutar de este incendio que María Ángeles Pérez López provocó con cada verso. Y qué placer sentir esas llamas en las pupilas al leer estos poemas en prosa

Me hice con el libro en la Feria del Libro de Madrid, aprovechando que, después, pude escuchar a la propia María Ángeles en una charla con más poetas cuyo anfitrión fue mi querido Rafael Soler. Suerte, también, la de poder cruzar unas palabras con ella al final del acto, regalarle mis “Hogares impropios” y recibir de ella una preciosa dedicatoria que fue un regalo. Ay, la poesía y los/las poetas…

Este libro, ganador del Premio Nacional de la Crítica (ahí es nada), es una suerte de viaje en el pasado (no solo de la autora, también del nuestro) a través de elementos que se convierten en origen, en raíz, en núcleo de nuestra existencia. Todo arde en ese lento trascurrir vital por el que todos deambulamos –muchas veces sin mapas ni brújulas–, en esos momentos en los que buscamos las respuestas que no somos capaces de encontrar, las razones de por qué nuestras huellas quedan en unos lugares y no en otros. Pérez López nos desgrana algunos de esos secretos a través del propio fuego, de los árboles, de los animales, de la naturaleza en su globalidad absoluta. Nos empuja a tiempos pasados, primigenios, donde el envoltorio no era tan pomposo como para no ver ni siquiera lo que hay en nosotros. Este libro es un aprendizaje, un viaje hacia la desnudez humana, la asunción de que somos, al fin y al cabo, solo aquello que somos.

Es, como he dicho, un libro de poemas en prosa (detesto la expresión de “prosa poética”, lo siento), y a mí, que siempre he sido más de poemas en verso, me ha encantado. Aun siendo poemas largos de lo que suele gustarme, son tan precisos que los he disfrutado mucho más de lo que ya esperaba (que era bastante, por otra parte). Es brutal el uso tan exacto del lenguaje de María Ángeles, su búsqueda constante de la palabra justa, esa concatenación del léxico que la lleva a escribir unos poemas casi circulares. Una maravilla, qué queréis que os diga.

Hay algunos poemas, como “Todo lo recubre piel humana” que he tenido que leer varias veces porque son… para morirse. Os dejo algunas partes de este poema, para que sepáis de lo que hablo:

“Cuando giran los cuerpos en sus piedras molares entregan la proporción áurea de su propio agotamiento, las toxinas que enfermaron en los bronquios, la dermis desgastada a causa de ese tránsito: el que va de lo orgánico a lo mineral, el que envía a través de las venas una tumultuosa proliferación de eritrocitos para que en el espesor calcáreo se abran cauces de sangre liberada”.

“Pero también en los barrios de Madrid o Palencia es piel humana la primera que arde y se estremece. No importa que parezca lo contrario”.

Y, así, dejaría por aquí un montón de fragmentos más, pero creo que es mejor que sean vuestros propios ojos los que los descubran en el libro, que, sí, por supuesto, recomiendo que busquéis y leáis.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Cuando llega la noche y tengo miedo, reconozco en mi nuca la correa con la que estoy atada al apellido”.

María Ángeles Pérez López, Incendio mineral

Crítica: No

Título: No

Autora: Francisco José Martínez Morán

Editorial: Pre-textos

I Premio Internacional de Poesía Francisco Brines

Ya sabéis que me dejo orientar, en cuanto a lecturas poéticas, de determinadas personas, y a Francisco José lo conocí por mi querida Marina Casado, así que no dudé en leerlo.

En una de las tantas visitas a la Feria del Libro de Madrid de este año, fuimos a verlo y compartimos conversación, dedicatorias y versos. Y yo me hice con este “No” de título tan conciso, con la siempre sobria y perfecta edición de Pre-textos (me encanta la paleta de colores que usa) y que se alzó con el I Premio Internacional de Poesía Francisco Brines.

Cuesta encontrar poetas nacionales contemporáneos entre tanto fango. Sabéis de sobra cuál es mi opinión sobre esos “poetas” con tan poco mérito como el de tener muchos seguidores en redes y/o ser famosos, con una poesía tan pobre a la que se lanzan las grandes editoriales para hacer caja, sin que la calidad importe. Entre todo ese barro, como digo, cuesta dar con poetas que merezca la pena leer (y los hay, está claro). Cuesta porque los poemarios de poetas con poco peso en redes o en platós de televisión (entre los que me incluyo) no están en las librerías, ni siquiera los que, aunque solo sea por haber ganado algún premio, puedan tener cierto interés. Hay que saber qué libro buscas, pedirlo, que lo encarguen, que lo traigan… Liarla un poco para, al final, conseguirlo. Por eso, también, son tan importantes las ferias de libros. Porque, si se huye de esas colas kilométricas de lectores de famosos, se puede encontrar a autores de verdad, a poetas de verdad, se puede encontrar, por ejemplo, a Francisco José Martínez Morán.

Porque su poesía merece este premio y merece ser leída. Porque es escueta, sutil, frugal. Porque está perfectamente medida. Lo está cada palabra, cada verso, cada idea e imagen. Es difícil, creo, llegar al lector de poesía con poemas tan breves. Hay que dominar mucho las reglas poéticas del mal entendido verso libre, que no supone escribir como a uno le dé la gana, ni mucho menos. Hay que ser muy buen poeta para situar todo en su lugar preciso y, además, crear poemas tan bonitos y tan “de pellizco” como muchos de los que hay en este libro.

Sabéis, también, que no hablo más de la cuenta de cómo es la poesía de un determinado poeta, sino que prefiero contaros una opinión breve e invitaros a que los leáis desde el ofrecimiento de algunos de esosversos. Estos son los que he seleccionado para poneros el anzuelo y que leáis a este poeta:

De ZURCIDO:

“Aquí y allá los versos se repiten:

siempre trazan las mismas obsesiones,

el mismo ramillete

de círculos y fobias;”.

De TENSÓ:

“Ahora ya no sirve la agudeza:

has descendido al barro y en el barro

se dilucidan todas tus opciones”.

De NOCTURNO (DESCONEXIÓN):

“Aquí, pero tan lejos.

Viajas en el preludio de lo roto”.

De ARCO DE MÍ:

“Que se lleve el incendio la memoria,

que arrase con la ruina

y deje tras de sí sólo silencio”.

De HIPÁLAGE (NOVIEMBRE):

“Camino sin propósito,

como cualquiera vive”.

Lo que más me ha gustado: me repito bastante en este argumento, pero, además de gustarme mucho la poesía de este poeta, me quedo con descubrir luz entre tanta cueva, de encontrar verdad entre tanta impostura.

Lo que menos me ha gustado: por ponerme algo pejilguero y caprichoso, algún poema largo, por tener el tiempo de poder introducirme más en él.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Repasas la penumbra.

Este es tu territorio:

nada te pertenece

con más limpia justicia

que la indefinición”.

Francisco José Martínez Morán

Crítica: Tiempo de paz y de memoria

Título: Tiempo de paz y de memoria (Treinta poemas comentados)

Autora: Mariluz Escribano Pueo

Edición: Remedios Sánchez

Editorial: Hiperión

Según de quién vengan las recomendaciones poéticas, me fío más o me fío menos. Si quien está a cargo de esta edición es Remedios Sánchez, las dudas se disipan al instante. Si, además, la poeta de la que hablamos es alguien de la altura de Mariluz Escribano y si algunos de quienes comentan los poemas tienen la autoridad poética de Manuel Francisco ReinaRaquel LanserosLuis Alberto de CuencaGioconda BelliRafael Soler o Antonio Gamoneda (entre otros y otras), ¿cómo no iba a leer yo este libro?

Es una lástima, hay que decirlo, que una poeta tan inmensa como Escribano tenga que ser “rescatada” y haya que justificar por qué ha de ser una de las autoras más importantes de la poesía en castellano. También, del mismo modo, es de agradecer que haya personas como Remedios Sánchez, ocupada en dignificar nuestra poesía desde su erudición poética, desde su buen hacer y desde el amor no solo a quien fue su maestra, sino a este género que tanto amamos ambos.

Es un libro perfecto para un primer acercamiento no solo a la obra de la poeta granadina, sino, también, a su persona, a su vida, a su historia, a todo eso que responde al por qué de su poesía. Esto se consigue gracias a los comentarios que poetas de peso (como los citados anteriormente) hacen sobre quién fue esta mujer tan generosa como talentosa, tan amplia como íntima, tan desconocida para muchos como necesaria para todos.

Porque la poesía de Mariluz Escribano se abre como un río, se hace grande desde la sencillez que solo alguien con una sensibilidad especial puede mostrar a través de unos versos limpios, comprensibles, de una introspección brutal que, no obstante, poseen una universalidad abrumadora.

Y esto en solo treinta poemas.

Estoy deseando leer más a Mariluz, profundizar más aún en su literatura, que es su vida, sus miedos, su dolor, su concordia y su memoria.

“Geografía de la memoria” no creo que tarde mucho en caer en mis manos…

Por dejaros algunos versos, me quedo con esta selección:

De LOS OJOS DE MI PADRE:

“Mi padre es un silencio que observa cómo crezco”.

De CANCIÓN DE TRISTEZA:

“Ahora tengo una mano de marfil

y otra de ausencia

y ejerzo de tristeza y de noviembre”.

De EL TIEMPO:

“Después de tantas lluvias

y atardeceres lentos,

ahora es tiempo de paz,

de paz y de memoria”.

De NO COMÍ PAN DE PADRE:

“Ahora sé que mi padre

edificó mi estampa,

despacito en las noches

en que crecen las lunas”.

De LOS NIÑOS SOLDADO:

“Tienen la piel oscura como oscura es la noche,

y los ojos tan negros como la piel de un toro,

guardan para sus madres una sonrisa dulce,

pero en sus casas suena el fragor de la guerra”.

Lo que más me ha gustado: descubrirla, como digo, no solo a través de su poesía (que es una maravilla), sino también a través de lo que fue, de cómo fue, de cuál fue su lugar en el mundo.

Lo que menos me ha gustado: por poner una pega, algunas erratas que mi ojo de corrector no puede pasar desapercibidas (que todo error en un libro sean un par de erratas, también os lo digo).

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Una silla vacía es el corazón del tiempo

Certeza que vivimos cuando algo se nos muere

y nos deja en las manos el helor del invierno”.

Mariluz Escribano Pueo