Sobre La bola negra (antes de verla)

Desde que supe de la existencia de La bola negra, me he visto en la necesidad de escribir al respecto.

La realidad es que pensé que lo haría una vez que hubiera visto la película (cosa que no tardaré en hacer, aunque verla viviendo en los Estados Unidos es algo más complicado que si estuviera en España), pero me apetece dejar por escrito lo que pienso ahora mismo y, una vez que la haya visto, volver a escribir sobre ella desde otra perspectiva.

Puede que me equivoque en cada uno de los puntos que voy a desarrollar, pero me gusta la idea de ponerme frente al espejo y ver si tenía razón o si erraba de principio a fin (no tendré ningún problema en reconocer lo segundo si así ocurre). También puede ocurrir que, por hablar desde el desconocimiento, dé por hecho algunas cosas que no sean así, pero tampoco dudaré en autocorregirme si es necesario.

Lo primero que he de decir es que siempre me ha parecido bastante oportunista acercarse a la figura de Lorca, más aún cuando se cumplen años de su asesinato y cuando se conmemora el centenario de la Generación del 27. Hay muchas personas que han dedicado buena parte de su vida a leer y estudiar a Lorca, pero ver que, justo ahora, su figura se emplea para atraer el foco me chirría un poco. Quiero explicarme bien. Todo lo que sea reivindicar su figura, mantener su obra y su figura con vida, mantenerlo como parte de la lucha contra el odio y la homofobia me parece perfecto, pero… hay ocasiones en las que veo que el oportunismo es casi mayor. A esto se suma que me cuesta pensar que alguien se vea con el arrojo de terminar una obra inacabada de nadie, casi menos aún si es la de un genio como el autor granadino. Si yo tuviera esa oportunidad o ese deseo, pensaría «¿Quién soy yo para creerme capaz de escribir como si fuera Lorca?» y, directamente, abandonaría la idea.

Continúo esta «crítica» desde lo que creo que cuenta la película (insisto en que ni la he visto ni he querido leer demasiado al respecto porque quiero verla con la mirada lo más transparente posible). Si lo poco que he leído lo he entendido bien, se habla de Rodríguez Rapún como el último amor de Federico García Lorca, y está más que demostrado que eso no es así. Puede que fuera su gran amor, pero, con lo descubierto por Manuel Francisco Reina al documentarse para escribir su novela Los amores oscuros, con esos sonetos dedicados a un «rubio de Albacete» (o, lo que es lo mismo, a Juan Ramírez de Lucas), con las fechas en que se escribieron esos sonetos y con los testimonios de una persona tan próxima a Lorca como Margarita Ucelay (hija de Pura Maortúa Lombera, una de las fundadoras del Lyceum Club Femenino), que confirmó la fecha en la que se conocieron Juan y Federico, queda más que claro que aquel «amor de mis entrañas, viva muerte» y de quien «en vano espero tu palabra escrita» no era Rodríguez Rapún, sino Ramírez de Lucas, a quien Lorca esperó para irse juntos a México, ya que Juan, por entonces, era menor de edad y necesitaba un permiso paterno para abandonar el país que nunca llegó. Dicho esto (y si no me equivoco en lo creo plantea la película, en la que no sé si se llega a mencionar al verdadero último amor de Lorca), parece que se han seguido las tesis «oficialistas» que siguen empeñadas en negar la evidencia y las pruebas y siguen afirmando que el último amor de Lorca fue Rodríguez Rapún. Gracias a mi amistad con Manuel Francisco (además de por mi propio interés por uno de los mejores poetas que han existido), sé mucho sobre Lorca, así que me temo que veré la película con un ojo muy, muy crítico.

Aquí van algunas opiniones más personales o subjetivas (contra las que estoy luchando, no lo niego) y que no tienen que ver tanto con la película, sino con lo que la rodea.

Empiezo por Los Javis. Aunque estoy casi seguro de que me caerían genial y de que, en el caso de conocernos, seríamos buenos amigos, en lo profesional me cargan un poco (bastante). Quizá no tenga que ver tanto con ellos, sino con esa facilidad que tenemos en España de encumbrar tan rápidamente a alguien de la noche a la mañana. Mi madre decía mucho eso de «Más vale caer en gracia que ser gracioso», y creo que es un dicho que se puede aplicar muy bien en nuestra forma de endiosar a determinadas personas, a veces muy pronto, a veces muy falsamente. Ha pasado con cantantes que, tras un éxito, están ya en todas partes, en todos los programas de televisión, en las revistas, en especiales… Con presentadores que pasan de ser unos completos desconocidos a estar en tres o cuatro programas a la vez… Con actores que han protagonizado alguna serie de éxito y parecen convertirse en los únicos actores del panorama nacional… Con escritores que (después de un trabajo de marketing brutal) lo rompen con una novela y ya se dice que serán los próximos Premios Nobel españoles y demás barbaridades… Y, creo, ha pasado con Los Javis. Quizá yo esté algo anticuado (no niego que, para algunas cosas, lo estoy), pero creo que cada artista debería ocupar su espacio y no invadir el resto, porque corre el riesgo de eso, de que acaban cargando al espectador, de que terminen por saturarnos. Con directores de cine tan inmensos en nuestro país como Almodóvar, Buñuel, Garci, Trueba, Bollaín, Coixet (por citar unos pocos), ahora parece que los mejores directores del universo son Los Javis y, a mí, eso me vuelve a chirriar bastante y me crea una animadversión de la que me cuesta mucho desprenderme.

Por último, algo que, sí, me enfada y me cansa mucho: lo de vender la piel del oso antes de cazarlo. Ni siquiera sabemos aún si La bola negra será seleccionada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos para competir por el Oscar (de momento, solo sabemos que es la candidata que ha seleccionado España) y ya he leído en infinidad de sitios que va a ganar no solo el galardón a mejor película internacional, sino que, directamente, va a ganar el Oscar a mejor película (algo que, si no me equivoco, solo ha ocurrido una vez en la historia, con la surcoreana «Parásitos») y que, además, se va a llevar los Oscar a mejor director, a mejor banda sonora, a mejor canción, a mejor actriz secundaria, a mejor actor y poco más que va a superar las once estatuillas que lograron Ben-Hur, Titanic y la tercera parte de El señor de los anillos. No me entendáis mal. Ojalá (y lo digo con toda la sinceridad del mundo) gane todos los premios que pueda. Lo que sea bueno para mi país, lo celebraré como el que más, incluso con más fuerza si se potencian la poesía y la figura de Lorca, pero… ¿podríamos esperar a ver qué ocurre antes de hacer premoniciones?

Para terminar, espero y deseo que, a pesar de mis reticencias, la película me guste (tengo muchas ganas de verla), pero, como os he dicho, tenía ganas de dejar por escrito estas sensaciones que tengo.

Volveré cuando llegue el momento…

Crítica: La historia del movimiento obrero de las hormigas

Título: La historia del movimiento obrero de las hormigas

Autor: Juan Carlos Mestre

Selección: Raquel Ramírez de Arellano

Editorial: Kalandraka

Nunca había leído a Juan Carlos Mestre. Había coincidido con él en algún acto, pero no nos conocemos en persona, así que nunca hablamos. Tan solo lo escuché. Hoy puedo decir que eso ha cambiado.

Seguimos sin conocernos y sin haber cruzado palabra alguna, pero ya lo he leído. Y lo he hecho en esta preciosísima colección que edita Kalandraka, una de mis editoriales favoritas, y que corre por cuenta de Raquel Ramírez de Arellano. Tanto este título como “La tibia mano de mi hija”, colección de poemas de Francisca Aguirre (a la que sabéis que adoro), que reseñé también aquí https://jorgepozosoriano.com/2024/12/21/critica-la-tibia-mano-de-mi-hija/ , son una delicia visual y me hacen desear muchos más títulos en esta nueva colección.

Lo primero que tengo que decir es que no tenía la más ligera idea de que Mestre, además de poeta, era tan (tan) buen pintor. Este libro está ilustrado por él y, creedme, son unos dibujos espectaculares que no pueden dejar indiferente a nadie. 

En cuanto al Mestre poeta, desde luego que no puede decirse que sea un poeta como otros muchos. Creo que la originalidad de su voz poética es evidente, y quizá esa sea la seña de identidad de su poesía. Poemas cargados de imágenes, de simbología, de juego, de humor en algunas ocasiones. Surrealismo. Fantasía. Experiencia. Sueños.

Es, la de Mestre, una poesía especial, no sé si única, pero sí muy particular, muy personal. Una poesía que quizá suene a tiempos más lorquianos, más albertianos que a tiempos actuales y, al mismo tiempo, actualcomo las voces de algunos poetas más jóvenes que pueden ver en esta forma de escribir su propia forma de ser poetas. 

Desde luego, no es la poesía que escribo ni que suelo leer, pero me gusta leer poesía diferente a la habitual si hay oficio detrás, si hay conocimiento, si hay un poeta detrás, y Juan Carlos Mestre tiene nombre propio en el universo poético en castellano, de eso no hay duda.

Si, además, leer sus poemas viene acompañado de una edición tan cuidada y bella como esta, hacerlo supone un regalo.

Lo que más me ha gustado: leerlo por primera vez. Ver sus dibujos por primera vez.

Lo que menos me ha gustado: he visto algún vídeo en el que dedica sus libros haciendo una acuarela. Quiero uno así. No tenerlo es lo que no me gusta.

Tú eras todas las dinastías que ha tenido la Tierra.

Juan Carlos Mestre

El tercer sacramento

Título: El tercer sacramento

Autora: Ana Blandiana 

Editorial: Visor

Ana Blandiana es una de las grandes damas actuales de la poesía, eso no se le escapa a nadie.

Tuve el gusto de que Casa del Libro me invitara a un acto con ella y, la verdad, a pesar de escucharla en su idioma, el rumano, y tener que esperar a que la traductora nos hiciera comprender, fue un lujo compartir ese tiempo con ella.

Habló de Rumanía, de la dictadura de Ceausescu, de cómo todo eso influyó en su poesía. Leyó poemas con esa voz que te rompe, aunque no entiendas ni una palabra (así de poderosa es la poesía). Nos atrapó a todos los asistentes y nos regaló un momento de esos que se recuerdan siempre.

Con un lirismo apabullante, la autora rumana se llena (nos llena) de preguntas sobre la condición humana(¿Qué sabemos?/¿A quién conocemos?), indaga sobre los pasos que vamos dando a lo largo de la vida. Duda y, en consecuencia, nos hace dudar. Se plantea interrogantes a sí misma, nos los plantea a los lectores, lo hace, incluso, a entidades superiores (¿Qué culpa? ¿Qué traición? ¿Qué falta?)

Es este libro un camino que recorre la nostalgia, la sentimentalidad, el sufrimiento, la incomprensión… Temas tan humanos que todos hemos transitado en algún momento, haciendo que estos poemas de Blandiana nos atraviesen con toda la fuerza con que fueron escritos.

Si os gusta la poesía, creo que es de obligado cumplimiento leer a esta autora, ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2024 y cuyo nombre siempre suena para ganar el Nobel de Literatura (sería más merecido que el último entregado, por ejemplo, aunque ese es otro tema). Si os gusta la poesía, acercaos a Ana Blandiana y disfrutad de sus versos. Es, simplemente, maravillosa.

Lo que más me ha gustado: como su poesía me ha encantado siempre, me quedo con haber podido hablar un ratito con ella (traductora mediante), decirle que los poetas españoles estábamos muy pendientes de su poesía y escuchar de ella que eso era un honor y que siga escribiendo, además de tener tres libros suyos dedicados.

Lo que menos me ha gustado: no poder entenderla cuando habla en rumano, porque su voz y su forma de hablar son una delicia.

“Atardece sobre mí,

tal como yo atardezco”.

Ana Blandiana

Crítica: Las Islas Cómplices

Título: Las Islas Cómplices

Autora: Manuel Francisco Reina

Editorial: El toro celeste

Nadie pone en duda que Manuel Francisco Reina, por trayectoria, por obra, por premios, por calidad o por la razón que sea, es uno de los poetas contemporáneos más importantes, uno de los (pocos) llamados a trascender.

Con este “Las Islas Cómplices”, que no es un libro nuevo, sino una reedición de un libro que ya se publicó en su momento (maravilla de editorial, que se ha propuesto recuperar este tipo de libros descatalogados) y que ahora reaparece en esta preciosa edición a la que ya nos tiene acostumbrados El toro celeste (hay que mencionar la imagen, bellísima, del artista segoviano Luis Moro).

Cualquier poemario de Reina es, ya sabéis, un regalo. Cierto es que es un regalo leerlo en cualquier género, pero lo de su poesía (en mi opinión) es una locura. Son unos cuantos los poemarios que tiene publicados (en un primer vistazo, cuento quince en mi estantería), y no hay ninguno que deje indiferente. Este, en concreto, que, como digo, llega para una segunda vida, aparece, creo, en un muy buen momento. Digo esto porque los últimos poemarios de Manuel Francisco, “Musa insumisa”, “Servido en frío” y “El fiel de la balanza” tocan otros temas más (vamos a decir) ásperos. El desamor, la traición, la envidia, la deslealtad, las crisis, el dolor, la desafección… y aquí, en estas islas de complicidad, existe todo lo contrario, respira todo lo opuesto: el amor, la felicidad compartida, la ilusión, la esperanza.

Un libro de un momento vital ya pasado hace muchos años, pero que regresa a la vida del autor y a las de todos quienes lo leemos para hacernos partícipes de un viaje, el de las relaciones amorosas, con todo lo que implican, recordándonos, también, que el paso del tiempo erosiona el dolor hasta suavizarlo lo suficiente como para quedarnos con lo bonito, con lo vivido, con lo aprendido, con el recuerdo. Elegir esa memoria sana en detrimento de la que nos hiere es un ejercicio complicado, pero enormemente inteligente, y esto es lo que percibimos con esta reedición tan acertada en el tiempo.

Quizá el amor llame al amor. Quizá la esperanza llame a la esperanza. Quizá la ilusión hace que uno puedo volver a ilusionarse. Lo que sí está claro es que la poesía llama a la poesía, que leer a un poeta de la talla de Manuel Francisco Reina no solo es un gozo asegurado, sino un aprendizaje, y aprender, en estos tiempos en los que estamos rodeados de expertos en nada, es otro de esos ejercicios que nos diferencian del resto, lo único que puede hacernos crecer, el camino –sí, más largo– que nos conducirá a un jardín en el que no haya solo espejos. 

Leed a Manuel Francisco Reina. Disfrutadlo. Aprended. Quizá, quién sabe, en vuestros jardines también florezca alguna rosa.

Lo que más me ha gustado: podría decir infinidad de cosas, pero creo que diré que hay algunos poemas, como Santa Lucía, Camarote 7137 o La cruz de hematites (por nombrar algunos) que son para leer casi a diario.

Lo que menos me ha gustado: que no lo leáis. Eso no me gustaría nada.

“Mi corazón como un diamante busca el tuyo”.

Manuel Francisco Reina

Crítica: Los no amados

Título: Los no amados

Autora: Juan Cobos Wilkins

Editorial: Bartleby

Desde que descubrí a Juan Cobos Wilkins (tarde, sí, lo asumo), tengo claro que es uno de esos poetas que se van a quedar para siempre conmigo.

Lo supe al leer “Donde los ángeles se suicidan”, esa selección personal de su poesía, y lo he confirmado al terminar este “Los no amados”, su último poemario publicado, de la mano de Bartleby.

Cobos Wilkins es, sin duda, un poeta diferente, siendo este un adjetivo poco común y muy valorado en la poesía. Al menos, así lo creo yo. Más allá de inventos raros, de car en modas o de olvidar la poesía para intentar escribir poesía (como hacen muchos y muchas), el autor onubense ahonda en su propia poética, que es única, valiéndose de su imaginería personal para hablar del tema poético por excelencia (el amor) sin caer en lo ya dicho, en lo ya propuesto, en lo ya creado. Su dominio absoluto de la lírica, sumado a una originalidad poco común, hacen que este sea un libro preciso desde lo impreciso, profundo desde la levedad, sólido desde lo etéreo. Un libro tan arriesgado como acertado.

Porque no es fácil hablar del amor en poesía (y digo esto mientras yo mismo intento dar forma a un poemario de amor). Menos aún si se trata el amor desde tantas y tan opuestas aristas. Amor carnal, amor platónico, amor extinguido, amor recién iniciado, amor imposible, amor dañino, amor verdadero, amor de tantos tipos que, de este poemario podrían salir muchos más, así de amplio es este libro. Así de amplia es la poesía de Cobos Wilkins.

Tras un inicio más de duda ante el amor, más de reconocimiento, de lupa interior, el cuerpo central del libro busca en todos aquellos caminos por los que el amor transita para terminar con un único y estremecedor poema que, para mí, es ya uno de mis poemas preferidos. Ese In nomine me ha dejado completamente inerme. El ritmo que tiene es abrumador, todo lo que dice y, sobre todo, cómo lo dice es la muestra exacta de la grandiosidad de la poesía de Juan Cobos Wilkins. 

Como he dicho al principio, se ha convertido por méritos propios en uno de mis referentes, en un poeta a seguir, a quien leer, de quien aprender.

Por eso, os recomiendo leerlo si os gusta la poesía. Sabéis que no suelo hacer malas recomendaciones…

Lo que más me ha gustado: aunque el libro al completo me ha encantado, me quedo con ese último poema, con In nomine, un poema que leeré muy a menudo.

Lo que menos me ha gustado: ningún pero. Maravilla de libro.

“Escribes

en el nombre de todos los no amados,

y alguien llega a tu vida

y tú no estás”.

Juan Cobos Wilkins

Crítica: La tibia mano de mi hija

Título: La tibia mano de mi hija

Autora: Francisca Aguirre (selección de Raquel Ramírez de Arellano)

Editorial: Kalandraka

Ilustraciones: Guadalupe Grande

Quienes me conocéis sabéis que Francisca Aguirre es mi poeta favorita. Que la leo y releo y releo y no me canso. Que me sigue pellizcando como nadie cada vez que vuelvo a ella.

Por eso, todo aquello que ayude a que más gente la conozca y la lea es un motivo enorme de celebración. Por eso celebro que una editorial de la talla de Kalandraka haya editado este maravilloso libro que, además, cuenta con trabajos de la hija de Francisca y Félix Grande, Guadalupe Grande, una magnífica artista plástica, además de una excepcional poeta.

Se trata de una selección poética de la obra de la genial poeta alicantina, un posible inicio en su poesía para quienes aún no se hayan acercado a ella o un regalo para quienes encontramos en Aguirre una fuente de disfrute e inspiración casi inagotable.

Incluye poemas tan rotundos como “Frontera”, “Testigo de excepción” o “Los trescientos escalones”, entre otros, una muestra de ese “temblor” que diría Alberti y que es, para mí, la piedra de toque de la buena poesía.

Volver a Paca es, además, volver a la memoria, al recuerdo, al dolor atravesado hasta esa “vida mejor” de la que hablaba Guadalupe. Porque leer a Paca duele, sí, pero sana, reencuentra, recompone. Leer a Paca es comprender mejor el mundo, habitarlo mejor, ser mejores personas. Todo eso es capaz de hacer la poesía. Todo eso es capaz de hacer su poesía.

Leed a Francisca Aguirre, será un regalo que os hará más grandes. 

Lo que más me ha gustado: la unión de los poemas de Francisca y los collages de Guadalupe es todo un acierto, así que, como ya he hablado en muchas ocasiones de lo que me encanta la poesía de Aguirre, quiero remarcar lo preciosa que es esta edición de Kalandraka.

Lo que menos me ha gustado: que siempre se me queda corto leer a Francisca Aguirre y quiero más (aunque he de decir que es una muy buena selección poética).

“Eres como un oráculo que no cree en el futuro”.

Francisca Aguirre

Crítica: Luz en retirada

Título: Luz en retirada

Autora: Álex Reyes

Editorial: Valparaíso

IX Premio Valparaíso de Poesía

Álex Reyes dice (me dijo a mí, al menos) que no es poeta. Que él es novelista (que, vale, también lo es), pero que no es poeta.

Me lo dice mientras nos ponemos cuerpo físico en la Feria del Libro de Madrid, mientras me dedica este poemario que es su “Luz en retirada”, y yo, obviamente, no me lo creo.

Me gusta, eso sí, la humildad (que no es fingida, esas cosas se notan), me gusta la calma cuando habla, su gesto tímido que es una evidencia más de que he hecho bien en no creer lo que me dice sobre lo de ser poeta.

Después, leo su novela “Lo que no podré vivir” https://jorgepozosoriano.com/2024/09/18/critica-lo-que-no-podre-vivir/ , y compruebo que sí, que es novelista, que ahí no me ha mentido.

Luego, leo su poemario. Y me enamoro. Porque, en ese breve espacio de tiempo que compartimos, me mostró al poeta que es. Un poeta sencillo. Un poeta valiente. Un poeta humilde. Un poeta de verdad.

Este libro es un paso firme en la tierra (en La Tierra). Una deuda saldada. Una promesa cumplida. Es un grito arropado por el paso del tiempo, por la madurez, por ese olvido sin remedio por el que el dolor se acaba tamizando. Es un llanto que se comparte, amplificado por la fuerza de la poesía.

Es uno de esos libros que te dejan un nudo en la garganta, pero que lees con orgullo, con ese pensamiento de orgullo por quien ha sido capaz de volcar el dolor en papel, de emplear la forma de lo poético para tratar de dar belleza a lo horrible, para que la oscuridad del mundo no nos acabe devorando.

La poesía de Reyes es tan cruda como su prosa, igual de cercana, de desnuda, de humana. No hay poemaque nos haga caer en la indiferencia, porque cada uno de ellos nos arrastra a vivir las vivencias de quien los ha escrito, nos hermana, y eso, amigos y amigas, esa es la grandeza de la poesía: sentirnos del mismo modo que quien la escribe, aunque no hayamos vivido lo que nos cuenta.

El caso es que le tengo que perdonar esa mentira de que no es poeta, no tenérselo en cuenta, porque descubrirlo así, como el poeta que es, ha sido un regalo que no quería perderme.

Lo que más me ha gustado: podría citar varios, pero vale con decir tan solo que hay muchos poemas que me han hecho detenerme al terminarlos, respirar, y volver a leerlos.

Lo que menos me ha gustado: que quiero leer más poesía de Álex Reyes, pero no sé cuándo podré, con eso de que él es novelista…

“Cómo hacer para olvidarme

cómo

de esta agonía,

de estas pobres ganas de darte

un amanecer de luz quebrada”.

Álex Reyes

Crítica: Hiqit

Título: Hiqit

Autora: Marta Castaño 

Editorial: Bajamar

Primer Premio Nacional de Poesía Joven “Juan Ignacio González”

La primera vez que leí este poemario fue cuando solo era un manuscrito que alguien anónimo presentó al premio “Juan Ignacio González”, donde fui jurado.

He pensado si reseñarlo o no, por no tener claro si es habitual reseñar libros que has premiado, pero, al final, he pensado que, si creí en este poemario desde el principio porque me gustó tanto como para que fuera mi (firme) candidato a ganador, ¿por qué no iba a recomendároslo, como hago con tantos otros libros?

Como decía, lo leí por primera vez en el ordenador, junto a otros libros candidatos al premio, y, la verdad, tuve claro desde la primera lectura que sería mi apuesta.

Ser jurado de premios literarios es una responsabilidad, más (casi) si cabe cuando se trata de premios “jóvenes”, porque uno tiene la sensación de que puede marcar la diferencia en la carrera literaria de alguien, que tu decisión puede ser importante para quien gane este tipo de premios, así que asumí esta petición muy contento, pero también con mucha seriedad.

Después de este discurso (in)necesario, voy a lo que en realidad importa, que es al libro. Como digo, ya en la primera lectura vi que era un muy buen libro, que tenía una estructura muy bien trabajada, que el temaestaba muy bien hilado, que los poemas tenían ritmo, sentido, que las imágenes eran interesantes, que había un poso mitológico que (ya sabéis) me encanta… 

También contaba con otros elementos que siempre me gustan, como ese peregrinaje por el dolor, esa búsqueda de la belleza aun en los momentos más complicados, esa sanación a través de la poesía… Y, cómo no, el tema de las madres. Vamos, que reunía un montón de aspectos que me gustan en un poemario.

Lo que no he hecho aún es darle esa segunda lectura, ya en papel (me hace muy feliz ver mi nombre como miembro de ese jurado), porque tengo cien mil lecturas atrasadas, pero lo haré, desde otra perspectiva, con más calma, sin ninguna presión, solo con la seguridad de poder volver a disfrutarlo, como espero que también hagáis vosotros y vosotras.

Lo que más me ha gustado: ya he dicho bastante en la reseña, pero también me gsuta mucho el hecho de haber sido “culpable” en parte de que este libro vea la luz.

Lo que menos me ha gustado: quizá, esa presión de leerlo siendo jurado, pero me siento muy orgulloso con la decisión tomada.

“¿cuánto extrañaremos

tu presencia?”.

Marta Castaño

Presentación de «Si el amor fuera un ala» en la Residencia de Estudiantes de Madrid

La tarde del miércoles 2 de octubre fue muy especial.

Pudimos compartir con mucha gente (estaba lleno) nuestra antología «Si el amor fuera un ala» en la Residencia de Estudiantes, un lugar con tanta historia como magia.

Para quienes no pudisteis ir, aquí os dejo el enlace al vídeo.

¡Espero que lo disfrutéis!

http://www.edaddeplata.org/edaddeplata/Actividades/actos/visualizador.jsp?tipo=2&orden=0&acto=7816

Crítica: Donde los ángeles se suicidan

Título: Donde los ángeles se suicidan

Autora: Juan Cobos Wilkins

Editorial: La Isla de Siltolá

Hacía tiempo que leer a un poeta nuevo para mí no me volaba la cabeza como lo ha hecho leer a Juan Cobos Wilkins.

Lo leí por recomendación de mi siempre fiable Manuel Francisco Reina. “Creo que te puede gustar”, me dijo, y rápido me hice con esta antología de la obra del poeta onubense que, para más inri, lleva ese título, “Donde los ángeles se suicidan”, porque es una muestra de los poemas en los que hablado de los ángeles.

Creo que ya es sabido por todos y todas que estoy algo obsesionado con los ángeles, que los veo por todas partes, que me persiguen y que, además de haber basado en ellos mi poemario “Alas para los ángeles”, siguen estando muy presentes en la poesía que continúo escribiendo. Por eso, además de por otros muchos motivos, leer estos poemas de Cobos Wilkins me ha abierto el cerebro en dos. 

Sabéis también que me cuesta encontrar a poetas de mi edad o más jóvenes que me encanten, quitando algunos ejemplos que ya he ido reseñando por aquí. No me cuesta admitir que me identifico mucho más con poetas de generaciones pasadas. Siempre hablo de lo importante que son para mí Francisca Aguirre, Ángela Figuera Aymerich, Antonio Hernández, Alberti, Cernuda, Elsa López, Margarit o el propio Manuel Francisco Reina, más joven que los anteriores, pero también con una poesía, digamos, menos “pretendiendo-ser-moderna”, mucho más asentada en la tradición poética contemporánea. A esta lista añado desde ya a Juan Cobos Wilkins, y lo añado para siempre.

Me ha gustado muchísimo su forma de hacer poesía, la multitud de imágenes con una originalidad muy poco frecuente, ese ritmo frenético, ese empleo tan acertado de los recursos poéticos y, obviamente, esa temática angelical que me tiene obsesionado.

He tenido que parar en varias ocasiones, detenerme para paladear como merecían algunos poemas, volver a leerlos, sonreír, estremecerme, amar determinados versos o poemas… Síntomas todos de lo que he disfrutado esta lectura.

Hay amor, hay desamor, hay infancia, hay memoria, hay ángeles, hay fe, hay desesperanza, hay duda… Y hay mucha, muchísima poesía, muchísimo oficio, muchísimo poso, muchísimo talento.

Siento muy dentro un amor más grande aún por la poesía después de haber descubierto la de este autor que no dudo en situar a la altura de los poetas españoles contemporáneos más grandes y que se convierte en uno de mis favoritos. Cuánta felicidad me regala la poesía siempre…

Lo que más me ha gustado: todo, todo, todo. Ha sido uno de los libros de poesía que más me han impactado en (me atrevería a decir) mi vida. Necesito leer la obra completa de Cobos Wilkins ya…

Lo que menos me ha gustado: además de no haberlo leído antes, comprobar que hay algunos libros suyos muy difíciles (por no decir imposibles) de encontrar, como “Espejo de príncipes rebeldes”, que me encantaría tener.

“y aún sobrevivir a lo que amo”.

Juan Cobos Wilkins