Crítica: El columpio de Madame Brochet

Título: El columpio de Madame Brochet

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Emilio Urberuaga

Editorial: Edebé

Sigo conociendo más y mejor a Beatriz Osés y, cuanto más la conozco, más me gusta.

Y no solo me refiero a seguir leyendo libros suyos, que me encanta, sino, también, a haberla conocido en persona por fin gracias al Club de Lectura Infantil que organizo en la Librería Taiga y de seguir estrechando los lazos de la amistad que ya nos unen.

Hay que reconocer que, entre mucho sinsentido, las redes sociales nos traen, de vez en cuando, regalos en forma de personas, como ha sido el caso de Beatriz.

Este libro, que fue un regalo que me hizo, con dedicatoria incluida, ha sido una delicia. Si bien, en lo que se refiere a narrativa, me inicié en la pluma de Beatriz con “Benjamin Wilson y el caso de la mano maléfica” y me gustó mucho, esta historia, en mi opinión, la supera.

Me parece mucho más completa, absolutamente redonda, como un círculo anudado en los extremos. También me parece más divertida, más original, más entretenida y, en definitiva, mucho más libro. No en vano, fue finalista del Premio Edebé en 2016 y del Premio Nacional en 2018. Desde luego, es un libro que lo merece.

Mientras lo leía, se me iba formando una sonrisilla al pensar en algo que he confirmado nada más leer la última palabra y que le he comentado a Beatriz en seguida: si me dijeran que se ha descubierto una historia inédita de un autor que me encanta y me hubieran dado este libro para que lo leyera, no habría duda. Habría pensado que es una historia escrita por Roald Dahl.

Puede que suene atrevido. Roald Dahl es mucho Roald Dahl. Pero lo cierto es que, manteniendo el estilo ya muy reconocible para mí de Beatriz Osés, he descubierto muchos de los rasgos del genial escritor galés. Elhumor (a raudales); el protagonismo absoluto de los niños; la maldad de los adultos, especialmente de los padres; la pizca de magia… Muy en la línea de las mejores historias de Dahl, lo cual tiene un mérito inconmensurable, como os podréis imaginar.

Siempre digo que un buen libro infantil o juvenil tiene que ser capaz de gustar, también, al público adulto. Al menos en mi caso, Madame Brochet me ha enamorado de principio a fin, por lo que estoy segurísimo de que les encantará a los más peques.

De nuevo, las ilustraciones vienen de la maravillosa mano de Emilio Urberuaga, mejorando aún más este libro.

Una historia más que va a la lista de recomendaciones para mis alumnos.

Lo que más me ha gustado: ya que he leído casi todo de Roald Dahl, ha sido un regalazo poder revivir esas lecturas que tanto disfruté, sabiendo, además, que estaba leyendo a una amiga como Beatriz.

Lo que menos me ha gustado: ni una coma le cambiaría. Es una historia de diez.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“¡Después de tantos años, su deseo se había cumplido al fin!”.

Beatriz Osés en “El columpio de Madame Brochet”.

Crítica: Mexicana

Título: Mexicana

Autor: Manuel Arroyo-Stephens

Editorial: Acantilado

Acantilado siempre acierta con sus títulos. Es un verdadero lujo saber que, aun en estos tiempos, sigue habiendo editoriales que apuestan por la calidad de lo que publican. Si a esa certeza le sumamos lo bien que editan (aún no he visto ningún libro suyo ni mal editado ni poco atractivo en lo estético).

Este “Mexicana” me llamó la atención sin saber muy bien por qué. No sabía de qué trataba ni conocía al autor (personaje con una biografía muy, muy interesante, por cierto), pero leí unas pocas palabras de la contra y supe que quería leerlo: 

“Homenaje personalísimo a México y su abrumadora capital, a su pasado y su presente, a sus sabores, olores y colores, a sus cielos, tierras y mares, y, sobre todo, a sus personajes, propios y adoptivos, con quienes el autor tuvo la suerte de cruzarse durante los años que vivió entre México y España”.

Esta presentación, sumado a una portada tan preciosa y a saber, como digo, que Acantilado nunca defrauda, me hicieron querer leerlo. Y lo leí. Y no me equivoqué ni un poco en mi sospecha de que sería una muy buena lectura, y afirmo que lo es por varias razones.

Porque México es un país fascinante que me muero por descubrir, y con este libro se está en México. Los lugares, las costumbres, la gastronomía, el habla (cualquiera diría que el autor no vivió toda su vida en México), la fauna… Es impresionante la capacidad descriptiva de Manuel Arroyo-Stephens, de quitarse el sombrero.

Porque el lenguaje es ese lenguaje que sabéis que me gusta tanto. Un lenguaje cuidado, poético, estudiado. Siempre he creído que los autores latinoamericanos cuidan más el castellano que nosotros mismos y, aunque el autor de “Mexicana” nació en Bilbao, su estilo, al menos en este libro, es más cercano a ese otro lado del océano. Y, en mi opinión, es todo un acierto. Os pongo por aquí una pequeña muestra, porque son fragmentos de una belleza extraordinaria:

“Por muy luminoso que sea, el mar siempre es triste. Hay algo en él que recuerda a la muerte, que de algún modo la hace presente. Su inmensidad es pretenciosa, resulta excesiva. Cuando uno mira el mar más de quince minutos siente que piensa algo profundo”.

“Me quema ahora el recuerdo. ¿Cómo iba a saber hasta qué punto esta memoria reciente iba a llenarlo todo, sin dejar sitio al reposo ni al sueño? Debí haberlo previsto, y en parte lo hice. Por eso el intento, quizá para ti desconcertante y contradictorio, por defenderme de ti, por defenderte de mí. Ese culto continuo al pudor y a la distancia. Hacer y sentir como si no se hiciese ni se sintiese nada”.

¿No os parece un lenguaje precioso?

También es buena lectura porque los personajes son casi magnéticos. Desde aquellos que son “simples” lugareños, amigos del autor o producto de su literatura, a esos que se redescubren gracias a su memoria. Ocurre con la gran Chavela Vargas, redescubierta y traída a España por el propio Arroyo-Stephens (os dije que su biografía era muy interesante), y a quien he querido acercarme para conocer mejor su vida y su música; y ocurre con Manuel Ulacia Altolaguirre, poeta y nieto de Manuel Altolaguirre.

Otro punto que me ha encantado es que aparezca Madrid. Ya he dicho en varias ocasiones que me hace muy feliz ver mi ciudad en los libros que leo.

Hablaría mucho más sobre la belleza y la rotundidad de este libro. De lo que lo he disfrutado. De la facilidad con la que a vertido una buena parte de México en mi sangre, el hambre de comida mexicana que me ha dado, incluso la necesidad de brindar con tequila. Y todo, amigos y amigas, a través de la lectura. De estas ciento seis páginas con música de mariachis y boleros; con ruido de cantina y tormenta; con aroma a totopos y picante.

Qué inmensidad se siente cuando te encuentras con un buen libro. 

Aquí os quiero contar el cambio que he decidido hacer en mis reseñas. Llevo varias en las que me doy cuenta que, al hablar de puntos fuertes, me repito, pues ya los he dejado claros al hablar del libro. Por ese motivo, a partir de ahora solo incluiré lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: la sensación real de haber estado en todas las localizaciones de las que habla el libro, de haberme sentido mexicano mientras leía, de haber sentido la necesidad (como veis en la foto) de comer comida mexicana; haberme empapado de la cultura del país azteca. Que un libro pueda conseguir todo eso es una gran parte de la magia de la literatura.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, encontrarme un “éstos” así, con tilde. 

Mi sensación final es que sigo pensando que las editoriales como Acantilado son absolutamente necesarias. Lo son por estar fuera de modas, de no pensar solo en cuántos libros podrán vender (cantidad), sino en la calidad de lo que publican. Sin estas editoriales, estoy seguro, nos quedaríamos sin conocer historias maravillosas de autores maravillosos, como es el caso de esta. Gracias.  

“México es el país donde todo es lo mismo, solo que es distinto”.

Manuel Arroyo-Stephens, Mexicana

Crítica: El misterio del gato negro

Título: El misterio del gato negro

Autor: Beatriz Osés

Ilustradora: Ester García

Editorial: Editora Regional de Extremadura

Vuelvo a Beatriz Osés y a otro libro suyo de misterio. Este “El misterio del gato negro” será el libro que trabajemos en el club de lectura de once y doce años en la Librería Taiga, así que tenía que prepararlo todo en condiciones. Además, @mividaentrelibros me confesó que era el libro preferido de uno de sus hijos, así que todo cobró más sentido aún.

Una vez más, Beatriz nos sumerge en un caso misterioso, aunque el público al que se dirige esta historia requería un asunto un poco más truculento y un lenguaje algo distinto, dos aspectos conseguidos a la perfección.

En esta historia, el protagonista tendrá que descubrir qué le pasó a Irene Conti, la anterior inquilina de su habitación. Una investigación guiada por el fantasma de la joven y un misterioso gato negro que da título al libro.

Un muy buen libro para iniciar a los lectores jóvenes en la novela negra, ya que tiene todos sus ingredientes adaptados a esas edades, suponiendo un gancho estupendo para futuros lectores de Agatha ChristieConan Doyle y compañía.

Además, introducir la muerte en la literatura infantil y juvenil, si se hace bien, puede suponer algo muy positivo para empezar a familiarizarse con ella y a comprenderla.

También es un libro breve y con una lectura sencilla que no querremos detener para averiguar lo antes posible qué ha ocurrido. Otro libro que recomendaré siempre que tenga ocasión.

Dicho todo esto, paso a mi análisis (algunos puntos coindiden con los de “Benjamin Wilson”).

Puntos fuertes:

Marca España: Beatriz Osés no necesita presentaciones y algunos de sus libros han sido traducidos a varios idiomas, por lo que su internacionalidad es un hecho, pero sigo diciendo que me encanta saber lo bien que se escribe literatura infantil y juvenil en España.

El misterio: mantener al lector pegado al libro para desentrañar la trama es un acierto en la literatura para el público infantil y juvenil. Si yo estaba deseando saber qué le había ocurrido a Irene, los más pequeños tienen que acabar mordiéndose las uñas… 

La fantasía: aunque es una historia “real”, introducir a un fantasma le aporta un plus a la historia, al menos eso me parece a mí.

Las ilustraciones: no son muchas, pero sí acompañan muy bien a la historia, y eso siempre se agradece.

Lo que más me ha gustado: estoy seguro de que lo que más voy a disfrutar es el momento en que compartamos impresiones en el club de lectura.

Lo que menos me ha gustado: una vez más, la brevedad, pero, claro, esto lo digo desde la edad que tengo y lo leído que estoy, jeje.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Me llamo Irene –musitó la voz–. Irene Conti”.

Beatriz Osés en “El misterio del gato negro”.

Crítica: Benjamin Wilson y el caso de la mano maléfica

Título: Benjamin Wilson y el caso de la mano maléfica

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Emilio Urberuaga

Editorial: Edebé

Hay unos cuantos autores y autoras nacionales de literatura infantil y juvenil de los que me fío al cien por cien. Beatriz Osés es una de allas, al igual que lo son @pedro.manas.romero , @lediciacostas , @loslibrosdelaoro o @margaritadelmazo . No es necesario irse tan lejos para encontrar muy buenas historias dedicadas a peques y jóvenes.

Este libro fue uno de los elegidos para el Club de Lectura Infantil de la Librería Taiga de Madrid, del que me voy a ocupar a partir de ahora. Será del que hablemos en el grupo de nueve y diez años, y creo que les va a encantar.

Aunque me encante la fantasía, siempre he dicho que libros para este público tan exigente que sean “reales” es, también, necesario. Me encanta leer y escribir sobre magia, criaturas fantásticas y hechizos, pero también me gusta mucho hacerlo sobre lo que un niño o niña puede encontrarse en su día a día. Sin ir más lejos, en su colegio. Todo eso, a pesar de que la historia en sí no sea muy realista. Os cuento.

Benjamin Wilson es un señor que, a punto de jubilarse, recibe una notificación del Ministerio de Educación para que vuelva a su colegio, ya que afirman que tiene siete años. Con un argumento así, y con la pluma e imaginación de Beatriz Osés, podéis imaginar que es una muy buena historia en la que, sobre todo, priman el misterio y el humor. Dos elementos, para mí, muy importantes en la literatura infantil y juvenil.

Es un libro breve, muy entretenido y muy recomendable, y podremos destriparlo a placer en el club de lectura.

Además, cuenta con las ilustraciones de Emilio Urberuaga, uno de los grandes ilustradores españoles que, ni más ni menos, ha ilustrado Manolito Gafotas, entre otros muchos. Todo un lujo, desde luego.

Será un libro que recomiende en el colegio, sin duda. Cómo me gusta que autores tan cercanos escriban historias tan geniales.

Dicho todo esto (aunque me enrollaría mucho más), paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

Marca España: sí, insisto. Es un auténtico lujo leer un libro de una autora de la talla de Beatriz Osés (ojead su curriculum literario) e ilustrado por Emilio Urberuaga, Premio Nacional de Ilustración 2011, sin ir más lejos. Cuánto talento tenemos en España, amigos y amigas. Y cuánto me gustaría que todo ese talento se valorara mucho más aún.

El humor: aunque, en realidad, catalogaría este libro como un libro de misterio, creo que el humor es lo más importante que encontramos en sus páginas. Un gancho perfecto para su lectura. 

El protagonista: Benjamin Wilson es un personaje estupendo. Inocente, torpe, concienzudo, justo… y muy divertido. Me ha cautivado.

Las ilustraciones: cuando un ilustrador es tan reconocible es por méritos propios. Y las ilustraciones de Emilio lo son.

Lo que más me ha gustado: poder compartir este libro con los lectores de Taiga y, además, contar con la propia autora, que nos acompañará si nada se tuerce.

Lo que menos me ha gustado: ¡que se me ha hecho muy corto! Es lo que tiene leerlo con treinta y cinco años, supongo…

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Según estos documentos, usted tiene siete años y está en edad escolar”.

Beatriz Osés en “Benjamin Wilson y el caso de la mano maléfica”.

Crítica: El amante

Título: El amante

Autor: Marguerite Duras

Editorial: Austral Mini

Uno de los regalos que la literatura y las redes me han traído ha sido la amistad virtual con Kim Thúy. Ella fue quien me recomendó, entre otros, este libro. Lo hizo porque le dije que me estaba enamorando de Vietnam y Marguerite Duras, nacida en Saigón, en la antigua Indochina Francesa, podría hacerme viajar por esas tierras tan atrayentes.

Fui a la librería y encargué esta edición, sencilla y muy barata, que, seguramente, no sea la mejor que hay, aunque me alegro de haber elegido esta.

Lo primero que tengo que decir es que no me ha parecido gran cosa.

No sé si se debe a que no me ha gustado, sin más; a que esperaba mucho más; o a que mi “momento oriental” está llegando a su fin, pero, no. No me ha gustado.

Es cierto que es una historia que tiene un argumento atractivo y que, por supuesto, las localizaciones son maravillosas, pero hay varios aspectos que han supuesto que me haya resultado una lectura algo pesada y que, en definitiva, no sea un libro que me haya gustado mucho.

Lo peor de todo, y creo que es algo bastante significativo, es que, para ser un libro tan corto, se me ha hecho muy largo. Apenas 129 páginas en formato bolsillo y me ha costado mucho leerlo…

Durante la lectura, además de que es una historia de la que no puede sacarse mucho, he tenido la sensación de que se quedaba a medias entre la literatura oriental y la occidental. Me explico. Por lo poco que he leído a autores orientales, es un rasgo común en muchos de ellos y ellas escribir con frases cortas, sencillas, pero muy bien cuidadas. No incluir ninguna palabra que no sea absolutamente necesaria. Estructurar los libros en párrafos cortos y detallados. Aquí, esa estructura se da (o se intenta), pero no consigue el mismo resultado. Al menos, no lo ha conseguido conmigo.

Es una historia, desde mi punto de vista, lenta, repetitiva, aburrida en muchas partes, con saltos que sacan de la lectura… Y me da mucha pena, la verdad, porque lo empecé con muchísimas ganas, pero se ha ido desinflando hasta que he terminado leyéndolo en diagonal para terminarlo lo antes posible.

Además, se suma que la traducción no es muy allá (lo barato, al final, ya se sabe). Además de varias erratas, el leísmo termina por hacer daño en los ojos. Es tan evidente que, en la misma frase, se usa “le” como el masculino de “la”, lo cual es siempre es un error. Si el femenino es “la”, el masculino será siempre “lo”. Y si, por el contrario, el uso correcto es “le”, lo es para ambos géneros. Como ejemplo, este fragmento del libro:

“Sabía que la miraba. Ella también le miraba […]. Y después, al final, ya no le vio”.

Aunque haya casos y dialectos en lo que el leísmo se acepta, no me parece muy apropiado que un escritor o traductor tengan tal confusión. Llamadme exigente…

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La localización: países tan bonitos como Vietnam siempre merecen la pena ser leídos, aunque creo que podría haberse descrito de una forma mucho mejor.

La extensión: visto que se me ha hecho una lectura muy larga, lo cierto es que agradezco que tenga una extensión tan breve. 

Lo que más me ha gustado: leer algo de una autora a la que quería conocer, a pesar de que este primer contacto no haya sido como esperaba.

Lo que menos me ha gustado: tal y como he dicho, cuando una lectura tan breve se hace tan larga… 

Mi sensación final es que, por el momento, Marguerite Duras no será una autora a la que vuelva a leer. Tendré que volver a leer más literatura oriental (aún me queda uno de Kim Thúy sin leer) para ver si sigo en esa “fiebre” oriental o si ya se ha acabado hasta nuevo aviso. Aun así, como siempre, me gusta leer a nuevos autores de los que poder opinar. 

“Nunca he escrito creyendo hacerlo, nunca he amado creyendo amar, nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada”.

Marguerite Duras, El amante

Crítica: El fiel de la balanza

Título: El fiel de la balanza

Autor: Manuel Francisco Reina

Editorial: Cuadernos del laberinto

Aún recuerdo cuando, hace algunos años, fui de los primeros en escuchar algunos de los poemas que dan forma a este libro en la propia voz de Manuel Francisco Reina. Mi amistad con él lo ha convertido en mi hermano, ya sabéis, y aquella tarde en Madrid me quiso hacer ese regalo que hoy, tras un tiempo largo sin publicar poesía, adquiere forma física.

Por esa amistad fraternal, pude vivir buena parte de todas las vivencias que nutren estos versos. Y, por esas vivencias, la lectura de este libro ha sido dolorosa.

Son muchos los años, mucho lo compartido. En ambas casas. Conozco de primera mano todo lo que Manuel lleva dentro y, por eso, duele tanto leerlo una vez que lo ha sacado en forma de poema, aunque ya supiera todo lo que había ocurrido.

Una pena enorme saber que alguien a quien se quiere tanto haya tenido que pasar por esto.

Una pena que haya seres (por llamarlos de alguna forma) tan despreciables y oscuros.

Pero, por suerte, Manuel lleva la luz consigo, en su persona y en su literatura, y su inteligencia y maestríalo llevan a saber redirigir el sufrimiento hacia el propio beneficio, hacia la sanación de la enfermedad y la cauterización de la herida. Como dijo Félix Grande a propósito del maravilloso poemario “La paternidad de Darth Vader”“hay que poner a trabajar al dolor al servicio de la vida”. Y vaya si Reina lo cumple…

Catarsis en estado puro. Dolor. Lágrimas y alguna náusea. Leer este libro es una experiencia física, porque lo que duele se adhiere a la carne y traspasa las murallas óseas para hacerse camino hasta los órganos vitales. Es un libro, en palabras de la maravillosa Raquel Lanseros“que respira, siente y sangra como solo la verdad sabe hacerlo”. Porque hasta en eso acierta este poemario, en contar con una poeta de la talla y la humanidad de Lanseros para encargarse de la contracubierta.

“El fiel de la balanza”, cuyo título ya es premonitorio (además de precioso y preciso), es un poemario en prosa. Que nadie lo confunda con esa mal llamada “prosa poética” que no es más que escribir alguna frase y darle al “enter” del teclado después de un par de palabras. No. Este no es un libro de aforismos ni viene a descubrir nada desde el desconocimiento. Pocos poetas hay en el panorama nacional con la delicadeza, el conocimiento y las tablas de Manuel Francisco Reina. Ha tardado años y ha escrito muchos poemariosantes de lanzarse a escribir poesía en prosa, precisamente (y así me lo transmitió) por la dificultad que entraña. Una vez más, os pido y recomiendo: leed a quien sabe escribir y aprended de quien puede enseñarnos.

El resultado es un poemario absolutamente visceral, escrito desde la entraña, desde el borde del abismo en el que la memoria nos sitúa, en el que los recuerdos tratan de empujarnos al vacío. Un recorrido por una historia tan personal como deshumanizada por una de las partes. Tan llena de dolor y culpa como de aprendizaje y liberación.

Qué difícil es volcar la sangre sobre el blanco, ofrecerse al lector sin más protección que las últimas capas de piel, dispuesto a dibujarse el centro de la diana en la frente. Pero qué necesario. Tanto para quien lo escribe como para quien lo lee. Qué necesaria es, amigos y amigas, la poesía.

Dicho esto (porque me tiraría escribiendo horas y horas), paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

La dificultad: si escribir poesía es complicado, hacerlo en prosa lo es aún más. Solo algunos y algunas de los y las más grandes han sido capaces de salir con dignidad del intento. Autores como Aleixandre, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano (AUTORES), a los que ahora se suma, con demostrado merecimiento, Manuel Francisco Reina.

La valentía: la poesía, en mi opinión, ha de ser valiente. El poeta debe dejar de lado los miedos y las vergüenzas, las posibles miradas reprobatorias o condescendientes. En definitiva, tiene que tener el valor para estrujarse el corazón hasta que sangre. Esa es la poesía que llega o, al menos, la que más me llega a mí. 

La empatía: aunque haber sido partícipe de todo lo que aquí se cuenta es arma de doble filo, conocer muchos de los detalles que a otros pasarán desapercibidos me hace poder adentrarme más aún en este dolor compartido. Lo bueno, lo positivo de esta posición privilegiada por la cercanía es saber que, también, pude estar ahí para el consuelo. Al final, de eso trata la amistad.

El cariño: cuanto más se conoce a Manuel, más se lo quiere. Y cada poema nos lleva a conocerlo un poco mejor. Os animo a hacerlo. A leer su poesía. A conocerlo mejor, porque es una de esas personas sin las cuales el mundo sería más inhabitable.

Mi (pequeña) aportación: que mi nombre aparezca en este libro, aunque solo sea como autor de la fotografía del autor, es un privilegio inmenso que me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: no podría quedarme con una sola cosa, pero diré que leer poesía en prosa, ya que no estoy habituado y es una auténtica gozada.

Lo que menos me ha gustado: nada que ver con lo poético, obviamente. Solo puedo hablar del dolor que me ha causado, sin que eso sea algo negativo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Disfruta del presente pues la posteridad es mía”.

Manuel Francisco Reina, “Mientras dura la fiesta”, en “El fiel de la balanza”.

Crítica: Toda la violencia

Título: Toda la violencia

Autor: Abraham Guerrero Tenorio 

Editorial: Rialp

Este poemario me llegó por varias recomendaciones de personas de las que me fío, al menos en lo literario. Último ganador del “Premio Adonáis” (uno de los más importantes para jóvenes poetas), “Toda la violencia”, en mi humilde opinión y sin haber leído a los finalistas, merecía ganarlo

Lo merecía porque encierra una poesía honesta, personal, cotidiana y bien escrita. Una mezcla de la poesía de siempre con el toque propio de un autor que no tiene remilgos a la hora de desabotonarse las heridas desde un lenguaje tan propio como su propia experiencia.

La violencia, como vemos en las cinco partes del poemario, puede aparecer en todos los planos vitales. La familia. El amor. La muerte. La escritura. El capitalismo. Abraham describe muy bien esas violencias, y lo hace sin pretensiones, sin querer alardear de nada, con un verso descarnado que cuenta, además, con la dificultad de hacerlo sencillo.

Podría decir, sin desmerecer en absoluto esas partes, que puede ser más habitual encontrar esa poesía dolorosa o violenta en temas como la familia, el amor o la muerte. Quizá, aunque se traten desde un nuevo prisma, pues es, como digo, una poesía muy personal, sean temas más comunes. Insisto, sin que esto quiera decir nada contrario a que son muy buenos poemas abordados desde una muy buena postura. Lo que quiero decir con todo esto es que me ha parecido un acierto espectacular encontrar que se trata el tema de la violencia en aspectos tan poco tratados en lo poético como el oficio del escritor y las trampas del capitalismo. Esas dos últimas partes, por mucho que me hayan gustado las tres primeras, son las que más me han gustado. Por lo impropio, sí, pero porque (creo) es donde mejor se ve la esencia de este poeta que escribe sin pensar en ese “qué dirán” que, a veces, tanto limita. 

Licenciado en Filología Hispánica y profesor de lengua castellana, este poeta gaditano nos trae su visión del mundo en un poemario tan verdadero como esa violencia cotidiana que nos rodea.

Y a mí, que me encanta ver que no todos los jóvenes que quieren ser poetas se conforman con cualquier cosa, me alegra mucho descubrir a Abraham Guerrero Tenorio desde su esencia, que es su poesía.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El premio: ya sabéis que el tema de los premios literarios es bastante controvertido. Todos sabemos que, muchas veces, se mueven otros intereses ajenos a la calidad de los premiados, así que me gusta mucho descubrir que un premio tan importante como el “Adonáis” se aleja de lo naif y reconoce el trabajo de lo real. 

Lo personal: aunque me suele cansar la poesía cuando se abusa de lo personal, cuando solo se escribe desde lo que el poeta ha sufrido y el verso es siempre en primerísima persona (algo que me impide, si se repite más de la cuenta, en integrarme en la poesía), Abraham sabe compensar sus vivencias más dolorosas con una apertura hacia esa otredad que, al menos en mi caso, engancha más. Muy bien resuelto.

El tema: ya sabéis que la poesía que más me gusta es la que duele, y esta duele bastante. Maltrato, suicidio, soledad, pobreza… En este sentido, no le puedo pedir más a un poemario.

Lo que más me ha gustado: como he dicho al principio, las dos últimas partes: “Cuarta violencia” (sobre la escritura) y “Quinta violencia” (sobre el capitalismo). Me han hecho reflexionar sobre esos temas y sus consecuencias.

De “La luz azul” (Cuarta violencia):

“Y sin embargo yo, escribiendo

con las rodillas huérfanas

la constante deriva de la noche,

sintiendo el resplandor azul de la pantalla

abriéndose camino

hacia el oscuro centro de mi pecho”.

De “Chicos de barrio” (Quinta violencia):

“Hoy algunos, en paro y sin salida,

sentados en los bancos de la plaza

se miran las uñas y se preguntan

qué hacer con tanta tarde entre las manos”.

Sin duda, un muy buen poemario de un poeta joven que merece ser leído. Recomendado al cien por cien.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, para tratarse de un premio tan prestigioso como este, la edición no es para tirar cohetes. Demasiado simple, en mi opinión. 

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Nosotros,

estirpe de padres sin hijos,

ofrecemos nuestras manos vacías”.

 “Ofrenda”, Abraham Guerrero Tenorio

Día Mundial de la Poesía

Me ocurre algo con la literatura que se hace aún más grande con la poesía.

Si veo un libro anunciado por todas partes (medios de comunicación, sobre todo) y recomendado por todas partes (esas listas dirigidas por los medios de quienes dependen ciertas editoriales), suelo desconfiar.

Si ese libro es de poesía (o pretende serlo), desconfío por completo.

¿Alguna vez habéis visto anunciado en la televisión o metido con calzador en un programa televisivo un poemario? Un poemario de los de verdad, quiero decir, de los que escriben poetas de verdad. Yo, tampoco.

Para leer buena poesía, por desgracia, hay que escarbar mucho. Hay que buscar en otros canales que se alejan mucho de las luces y la purpurina, que están a años luz de las pantallas. Con la poca poesía que se lee (por desgracia), ¿de verdad pensáis que influencers que nada tienen que ver con la literatura saben recomendar un buen poemario?

En las grandes librerías, además, los “poemarios” que están más a la vista son los que han escrito famosos, youtubers, influencers, cantantes, actores o actrices… Y te las ves y te las deseas para encontrar, por nombrar a algunos y algunas poetas, a Alberti, José Hierro, Guadalupe Grande, Manuel Francisco Reina, Raquel Lanseros, Francisca Aguirre, Ángela Figuera Aymerich, Pilar Paz Pasamar y muchos y muchas más que son figuras e historia de la poesía. Y es una verdadera pena. He llegado a ir a la sección de poesía de unos grandes almacenes y ver poemarios de todos esos “poetas” de los que hablo al principio de este párrafo y no encontrar ni un solo libro de García Lorca

Huyo, también, de los poemarios repletos de ilustraciones (preciosas, todo sea dicho), con tapa dura, a todo color, casi con destellos. No tengo ni un solo libro de poesía de todos esos poetas que he nombrado que sea así. Ninguna de las editoriales que publica poesía, como Hiperión, Pre-textos, Calambur, Visor, Renacimiento, Rialp o Cuadernos del laberinto, por poner algunos ejemplos, son así. Son libros sencillos. Libros que no necesitan de brillos que no sean los que aportan sus poemas. Si hay que adornar tanto unos (supuestos) versos, qué malos han de ser…

Por eso, a quienes queráis leer poesía, os pido que no os quedéis en lo básico. Que puede que iniciarse leyendo “poesía” simple pueda ayudar a leerla, pero la poesía no es simple, por suerte. Hay poesía sencilla de leer en poetas de verdad. Desconfiad de un “poemario” publicitado y promocionado a bombo y platillo, indagad en la trayectoria de su autor o autora, contrastad si su éxito se debe a la calidad de su literatura o a la cantidad de seguidores que tiene en redes (y esto vale para toda la literatura). Hay poetas buenísimos y buenísimas con cientos de premios de poesía en su carrera (algo tendrá que ver la calidad) que no están en ninguna librería, en contraposición a libros de algo que no sé definir, pero que no son poesía, en escaparates y en primera línea de las estanterías. Libros que han escrito personas cuyo único mérito es tener ese ejército de seguidores que asegurará unas ventas. Si no fuera así, ¿por qué editoriales de las más potentes y que nunca publican poesía, sí lo hacen ahora, con esos personajes? El negocio no es poesía, por mucho que a algunos les duela leerlo.

Dicho esto, quiero poner altavoz a esos y esas poetas que no necesitan focos ni editoriales gigantes ni un séquito de seguidores ni ilustraciones ni colores ni fantasías para regalarnos poemarios de verdad. Poemarios escritos desde el respeto, desde el estudio, desde el conocimiento, desde lo clásico, desde lo que se necesita para escribir poesía.

Ahí os dejo algunos nombres de poetas, con mayúsculas, y de algunas editoriales en las que se puede confiar.

Huid de la purpurina y de los nombres famosos. La poesía, amigos y amigas, no es eso.

Feliz Día Mundial de la Poesía.

“Una verdad que borre el caos que la guía

una verdad que nos defienda del terror

que nos hizo humanos y mortales”.

Francisca Aguirre

Crítica: Cartas a un joven poeta

Título: Cartas a un joven poeta

Autor: Rainer Maria Rilke

Editorial: Nørdica

 

Leí este libro hace muchos, muchos años, y no recordaba casi nada. Mi guía poético (ya sabéis de quién hablo) llevaba un tiempo diciéndome que lo releyera y, inmerso como estado en la creación de un nuevo poemario, pensé que era el momento perfecto.

 

Por eso, bajé a Taiga, la librería que tengo cerca de casa, y pasó una de esas situaciones mágicas que se dan con la literatura. Fui con la idea de preguntar si existía alguna edición bonita de este libro, pero no hizo falta. Al apoyarme en el mostrador, esta preciosa edición estaba ahí, frente a mis ojos, esperándome. ¿No es magia?

 

Me lo traje a casa, por supuesto, junto a otros cuantos libros (menos mal que es un vicio bueno). Y, sí, tenía que releerlo y este era el momento idóneo.

 

Ahora que el mundo está lleno de expertos (voy al plano literario, aunque esto es un fenómeno que se da en otros muchos). Que todos saben cómo hay que escribir, qué hacer para publicar, cómo relacionarnos con nuestros lectores, cómo vender libros y (ojo) cómo hemos de leer, ir a los clásicos es una burbuja de aire en medio de tanta estupidez y tanto ego.

 

Ahora, también, que las secciones de poesía de las librerías se llenan con productos preciosos en lo estético y atroces en lo poético (me ahorraré dar nombres), qué necesario es leer y escuchar a quien sabe de poesía.

 

Estas “Cartas a un joven poeta” son un referente, un faro, una mirada clavada en la nuestra y una garganta que nos grita “cuidado con la poesía”. Porque, como he dicho muchas veces, en poesía no vale todo y, por supuesto, no valen todos. Por mucho que las ediciones estén llenas de ilustraciones maravillosas y sean coloridas hasta el empalagamiento. Cualquiera que intente escribir poesía (de la de verdad, insisto) tendría que leer este libro, además de leer a quienes han dejado su nombre en este complicadísimo género. Ya sabéis que yo sigo intentando aprender al máximo posible porque, el día que publique poesía (si es que llega ese día), quiero hacerlo desde el respeto, la admiración y el amor que siento por la poesía y por los y las poetas.

 

El libro es un conjunto de cartas que Rilke envía a un joven poeta que busca consejo en sus palabras. Y vaya cartas… En ellas, el autor lo guía a través de temas como el amor, el dolor o la religión, además de darle consejos concretos para acercarse a la poesía, y lo hace desde el cariño, desde su sabiduría y su capacidad creadora, dejándonos, a quienes lo leemos con esa misma intención, un poso de aprendizaje muy, muy valioso.

 

Además, como ya he dicho y como puede verse solo con la cubierta, la edición es una preciosidad. Las ilustraciones de Ignasi Blanch solo mejoran un texto que las acoge y las agradece. El trabajo de Nørdica es impecable.

 

 

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

 

Puntos fuertes:

 

El aprendizaje: como he dicho muchas veces (porque lo pienso de verdad), los maestros están para aprender de ellos, y Rilke es, sin duda, un maestro. A quien pretenda escribir sin leer a aquellos que son historia de la literatura le deseo suerte…

La edición: fue amor a primera vista. Me encanta que haya editoriales que elijan clásicos de la literatura universal y hagan estas preciosidades. Es un libro maravilloso para tener y para regalar.

Las ilustraciones: sencillas, con historia, muy apropiadas… Un diez.

Hacerme amar más la poesía: no sé si llegará el día en que publique poesía, pero ese día, creedme, seré muy, muy, muy feliz.

 

Lo que más me ha gustado: resaltaría muchos puntos, pero voy a decir que lo que más me ha gustado ha sido la antepenúltima carta, quizá porque trata justo los temas que trato yo en el poemario que acabo de escribir.

Lo que menos me ha gustado: no puedo ponerle ni un pero al autor ni al ilustrador ni a la editorial ni a la traductora y responsable del epílogo. Este libro es un tesoro, y como tal lo tendré en casa.

 

Mi sensación final es que se trata de un libro cuya lectura es necesaria para cualquiera que quiera empezar a escribir poesía. Por eso, lo recomendaré siempre que tenga ocasión.

 

“Si no hay nada común entre usted y los hombres, trate de acercarse a las cosas que no le abandonarán”.

Rainer Maria Rilke

Crítica: Territorio de luz

Título: Territorio de luz

Autor: Yuko Tsushima

Editorial: Impedimenta

Este libro me interesó desde la primera vez que lo vi. En este periodo oriental en el que estoy como lector, fui a la preciosa librería “Amapolas en octubre”, le expliqué a Laura lo que buscaba y me dio este libro y “Kitchen”, de Banana Yoshimoto (que leí y reseñé hace poco). Me fui de allí tan contento, qué os voy a decir. Es rara la vez que Laura no acierta.

Además, Impedimenta es una de esas editoriales que siempre me llaman la atención. Ediciones bonitas de títulos y autores muy interesantes. Normal que no me pudiera resistir.

Empiezo diciendo que este libro ha cumplido la principal función que le pedí: seguir dejándome entrar en la literatura oriental. Japón. Soledad. Relaciones complicadas y casi en la distancia. Y es un buen libro. Y la pluma de Tsushima es, por algo, una de las más respetadas en la literatura japonesa. Pero (¿se veía ya que venía un “pero”?) no me ha terminado de encantar.

No sé si ha sido porque esperaba que ocurriera algo que no ocurre. Que los saltos en el tiempo tan frecuentes me han descolocado más de la cuenta, sacándome, en ocasiones, de la lectura. El caso es que, al terminarlo, me ha dejado un poso escaso y me ha llevado a hacerme dos preguntas. La primera, “¿y así es como acaba?” La segunda, “¿cuál es la historia?”

En un resumen muy simple, “Territorio de luz” es la historia de una mujer que vive en Tokio con su hija pequeña después de separarse de su marido. Puede que yo sea algo más exigente, pero es que esa es la historia. No hay más. Algunos personajes muy secundarios de los que apenas me acuerdo. Situaciones algo duras en cuanto a la forma de relacionarse la protagonista con el resto, incluso su hija. Y, sí, aborda temas como la soledad, el rechazo de una parte de la sociedad hacia una mujer separada y la forma en que cría a su hija, la importancia de los refugios… Pero, no sé, no me ha aportado mucho, si os soy sincero.

Puede ser, también, que todos los libros que he leído en esta fiebre oriental me han gustado tanto que este se me ha quedado un poco corto. Quizá sea cosa de las expectativas.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La dureza: no esperaba que fuera un libro tan duro, sobre todo en esa relación materno-filial, y eso sí me ha impactado (aunque, ahora mismo, no es lo que más me apetece leer).

Las descripciones: sin ser espectaculares, están bien construidas, y eso es algo que siempre agradezco. 

Tokio: viajar a Japón, aunque sea a través de la literatura, es un placer muy agradable.

Lo que más me ha gustado: el descubrimiento de autores orientales que no había leído hasta ahora y la continuidad en esta inmersión que estoy haciendo en su literatura.

Lo que menos me ha gustado: además de lo que he descrito en el cuerpo de la reseña, hay algo que me ha “molestado” un poco. En la contracubierta se indica que Margaret Drabble (novelista y crítica literaria inglesa) afirmó que esta historia era “equiparable a cualquier obra de Virginia Woolf”, y, me vais a perdonar, pero… 

Mi sensación final es que no es un libro que vaya a recordar más de lo necesario. Estoy muy contento por haberlo leído y he disfrutado durante una buena parte de la lectura. Hay momentos en los que el lenguaje me ha gustado mucho. Pero, si tengo que elegir o recomendar libros de autores orientales, no creo que este sea uno de ellos. 

“Yo quería afinar su capacidad para percibir la felicidad”.

Yuko Tsushima, Territorio de luz