Sobre ‘Hogares impropios’

Quienes me sigáis por redes, leáis mi blog o me hayáis escuchado hablar sobre literatura y poesía en alguna charla, entrevista, recital o en las entrevistas que hago en Radio off the record (que retomamos ya en breve), sabréis cuál es mi opinión sobre el mercado editorial actual y, de forma más específica, sobre la poesía actual.

Siempre he sido lector de poesía y siempre he escrito poesía, desde muy pequeño, porque pronto supe que era algo que me llamaba, algo que estaba en mí y que, algún día, aprendería y haría con cierta soltura.

Recuerdo leer, de niño, a Miguel Hernández, a Machado, a Lorca, a Gloria Fuertes… Y escuchar cómo mis padres me leían algunos poemas. Del mismo modo, recuerdo escribirle un poema a mi madre con rimas propias de mi edad como uno de los primeros textos escritos por mí de los que tengo recuerdo (en cuanto pueda, subiré el poema a las redes, para que veáis mis orígenes, jeje). Como he dicho en algunas ocasiones, ya desde bien pequeño, poesía, poesía y poesía.

Con el tiempo seguí escribiendo algunos versos, sobre todo impulsado por el concurso de mi instituto, el Felipe II de Moratalaz, con un equipo de profesores y profesoras de lengua maravilloso y de quienes guardo muy buen recuerdo (Isabel, Carmen, Pilar, Trini, Alicia…), siguiendo en contacto aún con alguna de ellas, que siguen mi carrera como escritor. Si no recuerdo mal, aunque sí recibí algún premio con mis poemas, nunca gané el concurso salvo en una ocasión, aunque fue con un relato. Lo que sí sé es que ese aliciente me hizo seguir buscando esa voz que seguía diciéndome que escribiera poesía.

Después, aunque siempre he ido escribiendo algunos textos, la poesía quedó algo apartada mientras me sacaba las dos carreras, trabajaba, pasaba un año en Florencia, dos en Londres y, sobre todo, mientras empezaba a publicar mis libros de cuentos y la novela de fantasía juvenil. Un periodo largo en el que escribí muy, muy poca poesía y en el que tampoco leí demasiada.

El siguiente momento importante para mi yo poético fue, sin duda, el confinamiento. Aquella locura que nos tocó vivir y ante la cual cada uno tuvo que buscar la forma de no perder la cabeza supuso, para quienes realizamos alguna labor creativa y tuvimos la fuerza suficiente, un empujón al vacío. Entre otros entretenimientos, me lancé a publicar un poema al día por Instagram, y lo mantuve durante muchos, muchos días. Hoy, los leo y, sinceramente, tan solo salvaría algunos versos y algunas imágenes, aunque tendría que meter tijera y sutura en todos ellos. Eso sí, como ejercicio de escritura poética fue brutal, porque me obligué a explorar(me), a observar(me) y a crear(me) a través de la poesía. Como aprendizaje fue un paso fundamental.

En esta época escribí un poemario adulto (el primero que he cerrado estando conforme, aunque es algo peculiar) que sigue en un cajón y del que ya os hablaré cuando le llegue el momento y, también, algunos poemarios infantiles que, por el momento, no encuentran su lugar.

En los últimos años había leído más poesía de lo habitual, pero fue aquí cuando me hice un lector voraz de versos. Tengo que destacar, una vez más, el papel fundamental de mi maestro, Manuel Francisco Reina, que, por suerte para mí, fue despiadado con mi poesía, me guio sin dirigirme, me iluminó sin cegarme con su luz; y, además, viendo cómo iba siendo esa voz poética mía que ya empezaba a vislumbrarse, me recomendó infinidad de poetas y poemarios que podrían ser, como lo ha sido siempre él, un aprendizaje. Leí a Francisca Aguirre, a Ángela Figuera Aymerich, a Elsa López, a Guadalupe Grande, a Alberti, a Blas de Otero, a Antonio Hernández, a Gamoneda, a Rilke, a Gioconda Belli, a Raquel Lanseros… A un montón de poetas que, sí, fueron maestros desde el papel y la tinta.

También, cómo no, quise profundizar en la filosofía y, según el tema del que tuviera pensado escribir, leí a Ortega y Gasset, a Cicerón, a María Zambrano, a Hannah Arendt… Qué necesaria es la filosofía. Cuánto se aprende de ella.

Con todo esto que cuento, mi voz poética se hizo una realidad. Por fin, con treinta y cinco años, me encontré. Y, por suerte, con esa misma edad, me encontraron.

En este 2021 tan horrible para mí en todo menos en lo literario, por fin, pude decir (no sin cierto pudor aún) que soy poeta.

En otro momento duro en mi vida, una baja por diversas enfermedades, me agarré a la poesía como mi mayor aliada, y, en esos meses nació “Escrito bajo las uñas”, el poemario con el que, como sabéis, gané el XV Premio Internacional de Poesía Antonio Galami primer reconocimiento como poeta. En este mismo año, la editorial Cuadernos del Laberinto me incluyó en esa preciosa antología de poesía breve que es “Laberinto breve de la imaginación”, rodeado de poetas a quienes leo y admiro.

En estos complicados años (y, ya, por fin, os hablo de “Hogares impropios”), mientras leía a poetas que me cortaban la respiración, vi que hay una corriente que ha tomado mucha (demasiada) fuerza en la poesía actual. Es un hecho (y hay que reconocerlo) que se está escribiendo algo que pretende ser poesía sin parecérsele apenasInfluencers, youtubers, cantantes, actores, actrices, famosos y famosas se han lanzado, con el beneplácito y el símbolo del euro en los ojos de determinadas editoriales, a escribir eso que yo llamo pseudopoesía, esas frases de azucarillo, esos textos misterwonderfulizados y creados a golpe de tabulador sin calidad, sin estudio, sin respeto y con muy poca calidad. Podría escribir muchos ejemplos y dar muchos nombres, pero os dejo esa tarea como entretenimiento. Al ver, horrorizado, esta tendencia me lancé a escribir algunos poemitas más como desahogo que como otra cosa, criticando esta situación. Al principio, los reuní bajo el título “La fe del converso”, aunque tampoco les hice demasiado caso. Los escribí, me desahogué, los olvidé.

Poco después vi que la Universidad Carlos III sacaba un premio de poesía en el que solo pedían 300 versos, así que revisé lo que tenía en cajones, encontré estos poemas, los retoqué algo y di forma a un poemario, ya bajo el título de “Hogares impropios”, que aparece en uno de los poemas. No lo gané. Eso sí, supe que tenía que mejorarlo y seguir intentando hacer algo con este poemario.

El siguiente paso fue ver que había otro premio donde podría encajar y que me valía por fechas, el Premio Provincia de Guadalajara de Poesía José Antonio Ochaíta. Eso sí, pedían un poemario de 500 a 1000 versos, casi el doble de lo que yo tenía, como mínimo. Me puse manos a la obra.

Retoqué lo que tenía. Eliminé algunos poemas. Leí (leí mucho). Escribí poemas nuevos. Leí (leí mucho más). Me exploré, me observé, creé… Y, en algo menos de 700 versos, “Hogares impropios” se cerró. Lo presenté al premio… y lo gané.

Y fui feliz. Muy feliz. Por el premio, por supuesto, por el reconocimiento que supone, porque es un nuevo empujón que me invita a seguir escribiendo poesía y, también, porque valida esta crítica que llevo tanto tiempo haciendo sobre esa corriente de poesía que no es poesía, de poetas que no son poetas, de esta evidente puesta en valor de la calidad (de seguidores y, por lo tanto, de ventas) ante la calidad, que importa cada vez menos y que nos ha llevado a un punto en el que ya ni se esconde.

El poemario, con un poema introductorio, se divide entres partes. “La voz poética”, que pretende ser un homenaje a la poesía de verdad, a los poetas de verdad; “La palabra que se recuerda”, que es una crítica a esa pseudopoesía actual; y “Ciegos para siempre”, que habla de las consecuencias de desabrazar a la poesía de verdad por abrazar esa nueva forma de escribir que ni siquiera considero poesía.

El premio lo recojo el 14 de enero en Guadalajara. Estoy viendo cuál es la mejor forma de que se publique, ya que las bases dan la opción a hacerlo con una editorial tradicional, en acuerdo con la Diputación. Saldrá, seguro. Lo compartiremos. Me muero de ganas.

Crítica: Este mar al final de los espejos

Título: Este mar al final de los espejos

Título: Este mar al final de los espejos

Autor: Marina Casado

Editorial: Torremozas

Premio Carmen Conde de Poesía 2020

Soy capaz de identificarme con pocos poetas. Por una parte, porque hacerlo con los grandes poetas que admiro y cuyo estilo puede ser un tanto parecido a la forma que tengo de escribir me da mucho reparo. Quién soy yo para compararme con esos y esas poetas que son historia de la poesía. En cuanto a los poetas jóvenes, me ocurre que hay algunos que pretenden dárselas de innovadores sin tener asentadas las bases. Para innovar en algo tan serio como la poesía no vale con hacer lo que a uno le venga en gana sin ton ni son, y hay muchos que así lo creen y, por desgracia, un sector de la poesía (con algunos premios de antiguo renombre que han perdido todo el prestigio) lo apoya. Quién sabe por qué. Con esos, aunque me corresponderían más por edad, no me identifico en absoluto. Sin embargo, sí hay una hornada de poetas jóvenes que escriben buena poesía sin tanta chorrada, con la tradición bien integrada, con respeto y con el conocimiento de un género tan complicado como el que nos ocupa. Entre esos y esas poetas jóvenes destaca, sin duda, Marina Casado

El primer libro que leí suyo fue “De las horas sin sol”, que me enamoró desde el primer verso y que reseñé hace poco: https://jorgepozosoriano.com/2021/09/22/critica-de-los-dias-sin-sol/ (sí, lo puse mal al principio y el nombre de la entrada sigue siendo incorrecto). En este libro ya vi un estilo con el que sí me identificaba, que me gustaba leer, que era, más o menos, similar a lo que yo escribía y que es ese tipo de poesía que disfruto leyendo. Un regalo, vaya, en toda esta vorágine de poetas de tres al cuarto que, encima, van de poetas consagrados.

En este libro que hoy os traigo, ese estilo, que es el de Marina, me ha vuelto a hacer disfrutar mucho de la poesía. A través de sus distintas partes, Marina se coloca frente a diversos espejos y se muestra frágil y vulnerable, se expone al lector sin escudos ni argucias, tal cual es y cual es siente. El hueco. La herida. La poesía. Espejos arrastrados por mares o mareas que arrastran, al mismo tiempo, a la autora. Que nos arrastran, por su sinceridad, a quienes la leemos.

“Habrá un hueco erigido de nostalgias,

una herida sin tiempo

                                           y la poesía,

la poesía que vino a salvarme la vida.

Mi vida: tres espejos

y al final este mar que a todos nos aguarda”

(De “Tres espejos sonámbulos”).

Como ya hablé de ella al reseñar “De las horas sin sol”, no quiero enrollarme más. No soy un estudioso de la poesía ni mis reseñas van en esa línea. Tan solo soy un lector feroz de poemas, un insaciable descubridor de poetas que habla de lo que le gusta y lo que no sin dármelas de erudito y sin usar palabras gigantescas para esconder las mil carencias que tengo. A la poesía, creo, se llega a través de la sencillez, y eso nadie me lo arrebatará nunca, por muchas trabas que me encuentre en el camino.

Seguiré leyendo a los grandes y, con alegría, descubriendo a poetas que ya son grandes para mí, también como personas, como es el caso de mi amiga Marina Casado.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: me quedo con ella, con Marina. Con su poesía, por supuesto, pero, por encima de todo, con la persona. Porque sé que, aunque nos hayamos conocido hace poco, compartimos mucho en común y, estoy seguro, compartiremos muchas más que están por venir.

Lo que menos me ha gustado: que este poemario, digno ganador del Carmen Conde, no corriera la misma suerte en uno de esos premios que van de importantes y que están, por desgracia, absolutamente denostados.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“La ausencia ocupa un hueco exacto

entre los huesos.”.

Fragmento de “Rigidez articular”, Marina Casado

Crítica: Una poética del exilio

Título: Una poética del exilio

Título: Una poética del exilio

Autor: Olga Amarís Duarte

Editorial: Herder

Cuando ya tenía claro que el exilio sería el hilo conductor del poemario que quería escribir (y que ya está escrito), estuve cotilleando por varias librerías para encontrar títulos sin pasar horas ante una pantalla. Me parecía mucho más bonito (y más poético), perderme entre estanterías y dejar que el aroma de los libros me guiara (sí, puede que esta sea la introducción más ñoña que haya hecho en mis reseñas).

Dicho esto, este libro apareció ante mí en la preciosa “Librería de mujeres” de Madrid, y, claro, se vino conmigo.

Además de una preciosidad de libro (Herder no defrauda nunca y Olga Amarís Duarte ha hecho un trabajo maravilloso), me ha sido muy, muy útil. Tanto, que el poemario –que se divide en tres partes– lleva una cita de Hannah Arendt como introducción de la primera parte y tiene otra de María Zambrano que introduce la tercera. Lo he disfrutado, he aprendido mucho y, además, me ha venido de maravilla para inspirar algunos poemas y, como os digo, incluir una cita de cada una.

La vida y filosofía de Arendt siempre me ha interesado y recurro a ella de vez en cuando. Sobre María Zambrano no había leído nada aún, pero estoy seguro de que haré por conocerla mejor, porque es maravillosa.

Es un libro maravilloso para ver las similitudes entre las dos autoras, para conocer mejor (y de forma muy amena) sus pensamientos, sus contribuciones a la filosofía, el conocimiento, la poesía y, en definitiva, la vida.

Lo que más me ha gustado: agarrándome al “egoísmo”, me quedo con lo bien que me ha venido para dar forma a ese poemario.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, haber recurrido a Hannah Arendt (que lo merece) y no haber prestado la atención suficiente a una autora “nuestra” como es María Zambrano (aunque esto tiene fácil arreglo).

“[…] viniendo siempre del pasado y al que solo se puede regresar vadeando la distancia de la memoria”.

Una poética del exilio

Crítica: El cofre de Nadie

Título: El cofre de Nadie

Autor: Chiki Fabregat

Editorial: SM

Premio Gran Angular 2021

Desde que vi la noticia de las ganadoras de El Barco de Vapor (mi querida Beatriz Osés, con su fantástica y divertida novela “Un bosque en el aire”, de la que os dejo el enlace a la reseña: https://jorgepozosoriano.com/2021/05/11/2016/ ) y de Gran Angular, con este “El cofre de nadie”, de Chiki Fabregat, supe que iban a ser dos libros que me iban a encantar.

Y no me he equivocado.

Sí, he tardado más de la cuenta en acércame a Nadia, la protagonista de la novela de Chiki, pero lo importante es que ya he llegado. Aproveché que la iba a conocer y a presentar el sábado pasado con motivo del Calendario Solidario de Escritoras de Literatura Infantil y Juvenil en Librería Taiga de Madrid y lo he leído. Y me ha encantado. Me han encantado. Chiki es estupenda y esta novela es una maravilla. Y hay que leerla. Y es genial que se premie este tipo de historias, con este tipo de personajes, con este tipo de relaciones, con la vida caminando por todas las aristas posibles, no solo por las más frecuentes (aunque no, por ello, más normales).

Que Chiki tiene talento no es necesario decirlo, aunque no está de más valorar que sigue habiendo buenas escritoras entre esos libros que no escriben escritoras ni escritores y copan las listas de ventas por motivos muy distintos a la calidad. Pero, además, en esa tarde que compartimos (y por lo que me cuentan de ella), es buena persona. Eso, en los tiempos que corren, vale doble. Porque es un amor, no puedo decir otra cosa.

La historia es genial desde el principio. Los personajes son reales, con actitudes reales, conversacionesreales (maravilla de conversaciones), con relaciones reales, problemas reales… ¡Qué difícil es encontrar esto en un libro! Y la forma de escribir de Chiki es… (imaginad emoticono con los ojos de corazón). He tenido la sensación constante de estar ahí, junto al resto de personajes, formando parte de su historia, conversando con ellos y ellas, preocupándome por lo que les ocurría, porque yo también estaba viviendo lo que les pasaba. Me ha pasado con muy, muy pocos libros, y, al final, es uno de los mayores logros que se pueden conseguir como escritor, como escritora. No puedo hacer más que darle la enhorabuena a Chiki y a SM por premiar esta historia.

Temas raciales, temas lgtbi, temas familiares, de amistad, de juventud… Sin estar metidos con calzador, como ocurre a veces, solo para “cubrir expediente”. No. Todo es absolutamente creíble, todo es tan real como lo es la vida. Y todo es precioso. ¿Se nota lo que me ha gustado el libro?

Lo voy a recomendar siempre que pueda, porque me parece uno de esos libros que los adolescentes tienen que leer. Me ha recordado, en ese sentido, a “La edad de la ira”, de Nando López. Libros de verdad, auténticos, de personas geniales. Libros necesarios escritos por personas necesarias.

Lo que más me ha gustado: últimamente me repito en esta frase, pero, además de lo que me ha encantado la novela (todo lo que he escrito antes), sobre todo eso que tiene para sentirte dentro de la historia, me quedo con haber conocido a Chiki. Me quedo con ella.

Lo que menos me ha gustado: no le cambiaría ni una sola coma. Es un libro perfecto, en todos los sentidos.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Para compartir información hace falta mucha menos confianza que para compartir un silencio”.

El cofre de Nadie, Chiki Fabregat

Crítica: Ayobami y el nombre de los animales

Título: Ayobami y el nombre de los animales

Autora: Pilar López Ávila

Ilustradora: Mar Azabal

Editorial: Cuento de luz

Mejor Libro Ilustrado Infantil de 2018 según The New York Times y la Biblioteca Municipal de Nueva York

Ganador en los 2018 International Latino Book Awards

Medalla de Plata en los 2018 Moonbeam Children’s Book Awards

Por si los premios que acabo de escribir no fueran motivo suficiente para leer este libro, os voy a dar algunos más.

En primer lugar, quiero decir que subo este libro hoy, Día Mundial del Docente porque es una historia que, entre otros aspectos, habla de la importancia de la escuela, así que hoy era el día perfecto.

Ahora sí, voy a hablar de este maravilloso libro.

He de ser sincero y decir que no lo conocía hasta que supe que Pilar López Ávila iba a venir a Madrid y que yo tendría que presentarla (junto a otras cuatro autoras) con motivo del Calendario Solidario de Escritoras de Literatura Infantil y Juvenil 2022 (tengo pendiente subir entrada con información al respecto). Cuando vi el libro y todos los premios que había conseguido me entristeció muchísimo que un libro así, escrito por una autora nuestra, premiada en el extranjero, etc., etc., etc. no fuera conocidísimo aquí. Parece que hay que escribir en inglés para que nos demos cuenta de la importancia de un libro… ¡y aquí tenemos autores y autoras espectaculares!

Ni qué decir tiene que Pilar es un amor, que fue un placer presentarla y hablar con ella y, por supuesto, que es un placer leerla.

Álbum ilustrado con una historia breve, pero preciosa. Con unas ilustraciones muy originales. Con un mensaje potentísimo sobre la importancia de la escuela, de aprender, de las letras, las palabras, los nombres, el valor… Sobre la importancia de la lectura y la escritura. Con lo pesado que sabéis que soy con este tema, entended que me haya enamorado perdidamente de este libro. Qué historia más bonita para tratar ese tema con los y las peques y qué poco voy a tardar en compartirla con mis alumnos y alumnas.

Para rematarlo, lo tengo dedicado por la autora. Otra joya más para mis estanterías.

Lo que más me ha gustado: descubrirlo y, como he dicho, encontrar una historia preciosa y perfecta para que los niños se den cuenta (si no lo saben) de la importancia de aprender a leer.

Lo que menos me ha gustado: insisto en mi crítica. ¿Cómo un libro así es tan poco conocido en España?

¿Qué os parecen a vosotrxs los álbumes ilustrados? ¿Conocíais este libro? Si no es así, ¿lo buscaréis?

¡Un abrazo!

“En la escuela, Ayobami aprendió las letras.

A enlazarlas para formar sílabas.

A entrelazar las sílabas para formar palabras.

A mezclar palabras para formar frases.

Escuchó la música que nace de las palabras”.

Ayobami y el nombre de los animales, Pilar López Ávila

Crítica: Welcome to mí

Título: Welcome to mí

Autor: Eduardo Herrera Baullosa

Editorial: Cuadernos del laberinto

Adquirido en: caseta de Cuadernos del laberinto en la Feria del Libro de Madrid

A Eduardo lo conocí por las redes sociales gracias (qué raro) a Manuel Francisco Reina, y conectamos desde el primer segundo. Será que los dos amamos la poesía, que eso siempre une mucho.

Mi alegría llegó al ver que compartiríamos la antología “Laberinto breve de la imaginación”. Ya sabéis que me gusta rodearme de buenas personas y de buenos poetas.

Este libro, “Welcome to mí” lo adquirí, como indico, en la caseta de la editorial en la feria. De hecho, fui el primer en comprarlo. Tengo el primer ejemplar vendido de este poemario, y dedicado por el autor. Una joya en toda regla.

Siendo sincero, poco podía fallar. Editorial que me gusta. Una preciosa contra del propio Manuel Francisco Reina. Un autor del que sabía que podía fiarme. El resultado no podía ser otro: un libro maravilloso al que querré volver una y otra vez.

Además, con esa suerte mía, pude conocer a Eduardo, pasear por la feria (esto queda un poco Rocío Jurado, sí, “qué no daría yo…”), escuchar a Antonio Gamoneda, a Ana Blandiana y a otros y otras poetas de España y Rumanía, compartir cena, vino, anécdotas, poesía y sonrisas. Y cariño. Porque es un tío estupendo y, en una sola tarde, me llevé a un amigo que será para siempre. Un amigo que me trajo la poesía, algo que, últimamente, no me deja de ocurrir.

No sé cómo seguís leyendo mis reseñas, con lo que me enrollo…

En cuanto al libro solo puedo decir que es un librazo. Casi cien poemas (ahí es nada) en los que se tratan temas como el dolor, el sexo y la sexualidad, la infancia, el maltrato, la muerte… Temas que se tratan sin velos, sin ningún tipo de pudor ni eufemismos, algo que, al menos yo, agradezco en la poesía. 

La forma de escribir de Eduardo, además de valiente y sincera, es original por esa mezcla de vocablos españoles, cubanos y norteamericanos; por esos juegos con paréntesis y guiones que nos hacen detenernos en algunos términos; por el uso de símbolos hermosos, potentes, vitales.

Un buenísimo poemario de un buenísimo poeta. Un acierto esta bienvenida a la vida de un autor fundamental ya para mí.

Un poemario, además, con una edición muy bonita y cuidada de manos de Cuadernos del laberinto.

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado:

Del poema El otro

La cama y su vacío excéntrico como único resguardo.

Del poema Hábito de la (super)vivencia

por eso la próxima vez que me echen a los perros,

me pondré a lamer el dolor, rozando a toda costa

la parte más deliciosa de la herida.

Del poema Estafa

Una casa sin muertos no es un lugar seguro.

Pondría cien versos más, pero creo que es mejor que los descubráis junto al resto del poema.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: aunque la poesía es brutal y aunque la edición me encanta, me tengo que quedar con la persona. Con Eduardo. Me quedo con él.

Lo que menos me ha gustado: poco tengo que decir, pero, por poner algo, diré que hay algo bueno en este poemario que, quizá, encaje (para mí) en esta parte. Como he dicho, son casi cien poemas. Algo a lo que no estoy acostumbrado y que, con el tiempo mínimo que tengo, he tenido que leerlo en demasiadas tandas. Y, creedme, me habría encantado poder leerlo del tirón. Pero ya os digo que habría leído otros cien poemas más.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Abro bien los ojos y el silencio me parece demasiado obvio”.

 Fragmento de “Col-millo de leche”, Eduardo Herrera Baullosa

Crítica: Ave, Eros

Título: Ave, Eros

Autor: Ana Rodríguez Callealta

Editorial: La isla de sístola

Adquirido en: Librería Taiga Madrid

Cuando entrevisté a Abraham Guerrero Tenorio (poeta ganador del Adonáis) me recomendó a Ana Rodríguez Callealta y, como sabéis que soy muy bien mandado en esto de las recomendaciones poéticas de poetas en los que creo, la he leído.

Y me ha gustado.

Mucho.

Poeta joven (nacida en 1988), pero experta en el verso y alejada de modas tan oportunas como (espero) efímeras. Gaditana, como tantos buenos poetas (ahí están Alberti, Antonio Hernández, Raquel Lanseros, Manuel Francisco Reina o el propio Abraham, entre otros y otras). Original (mucho), sin abandonar la tradición. Con figuras, recursos e imágenes que me han gustado mucho y que son muy potentes. Con referencias literarias, mitológicas, cinematográficas.

Una poesía fluida a la vez que intensa. Sencilla de leer, pero muy bien trabajada. Una poesía muy buena de una muy buena poeta.

Además, el libro empieza con una cita de mi querida Ángela Figuera Aymerich. ¿Qué más se puede pedir?

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado:

Del poema Pliegos de cordel

Será verdad tal vez que el universo

en vez de contraerse se me expande

quemándome en su riego la razón.

Del poema In vitro

Prefiero proyectarme limitada:

sujeto femenino que ha llorado

y pide que lo adopten con su miedo.

Del poema Errata naturale

Los tigres se me ponen en los ojos

moviéndose hacia el dorso de tu boca,

dejándome desnuda en la estacada.

Sí, me gusta mucho un endecasílabo bien construido, no lo puedo evitar…

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: es algo que ya he dicho más de una vez, pero me quedo con ir descubriendo poetas tan buenas como Ana.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, una cita en uno de los poemas de uno de esos poetas que jamás leeré…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Tierra tú. Para tus muertos. Tierra tú.

Algo tendrán que comer”.

 Fragmento de “Jane Austen: ubi sunt?”, Ana Rodríguez Callealta

Pido la paz y la palabra

Título: Pido la paz y la palabra

Autor: Blas de Otero

Editorial: Lumen

No creo que sea necesario hacer una reseña de este libro.

No lo creo, sencillamente, porque es uno de los libros de poesía más importantes que se han escrito jamás en castellano.

Porque no me atrevo a opinar sobre la poesía de un poeta de la talla de Blas de Otero.

Porque hay comentarios que no son necesarios.

Un poemario fundamental, por la época (1975), por el tema (poesía social y denuncia de lo vivido en España) y porque esa denuncia, por desgracia, podría hacerse, también, en nuestros días.

Solo os invito a leer este “Pido la paz y la palabra”, esencial en nuestra poesía, la española, para ser más conscientes aún de los y las poetas tan inmensos que hemos tenido y tenemos sin salir de nuestras fronteras.

Solo os invito a pedir, como lo hizo Blas de Otero, la paz y la palabra, aparcando este discurso del odio tan antiguo como innecesario y peligroso. 

Ante el odio y la violencia, paz. Ante los gritos y los escupitajos, palabra.

Ante el horror, poesía.

“Otros vendrán. Verán lo que no vimos.

Yo ya ni sé, con sombra hasta los codos,

por qué nacemos, para qué vivimos”.

Fragmento de “Yo soy aquel que ayer no más decía”, en “Pido la paz y la palabra”, Blas de Otero

Crítica: Musgo

Título: Musgo

Autor: David Cirici

Ilustradora: Esther Burgueño

Editorial: Edebé “Premio Edebé de Literatura Infantil 2013”

ES-PEC-TA-CU-LAR.

Es lo primero que tenía que decir sobre este libro, porque me parece uno de los mejores libros de literatura infantil que he leído en mi vida, y sabéis que he leído muchísimos.

Llegó a mí de forma totalmente inesperada y gracias a la editorial Edebé.

No lo conocía, si os soy sincero, igual que no conocía al autor. Por eso, quizá, lo dejé en la estantería y no le presté demasiada atención hasta que, hace unos días, me apetecía algo “ligerito” para leer en la piscina. Musgo fue la elección. Y qué bien no haberlo dejado más tiempo acumulando polvo.

Qué historia más bonita. Qué bien está contada. Qué ternura hay en cada página. Qué forma más original de narrar un episodio tan cruel como una guerra: en la boca de un perro; en la boca de Musgo. Menudo acierto hacer una aproximación así. Menudo acierto hacer de un perro el narrador, porque esos matices que él puede ver pasan desapercibidos para nosotros, y son detalles preciosos que van directos a las emocionesmás primarias.

Mientras avanzaba, y al terminarlo, supe que era una historia perfecta. Ya no solo por todo lo que he dicho hasta ahora, sino porque se cierra a la perfección. No le falta absolutamente nada para que el círculo que se abre al inicio se cierre exactamente de la forma en que tenía que hacerlo, con todo en su sitio, con cada elemento descubierto a lo largo de la historia en el lugar que le corresponde.

Musgo… A la altura de los personajes de literatura infantil más importantes y reconocidos, no me cabe duda. Qué labor de investigación perruna más grande debió de hacer el autor para hablar tan bien con una voz de perro, con sentimientos de perro, con movimientos, dudas y forma de perro. Qué maravilla, de verdad. Qué gustazo ha sido leer este libro.

A modo de apunte, me parece un libro estupendo para dos cosas (además de para disfrutar leyendo). Por un lado, es perfecto para que los niños y niñas sepan acerca de las guerras, de ese episodio tan oscuro como fue la II Guerra Mundial y todo lo que supuso. Por otro, es el mejor libro que se me ocurre para que lo lean todas las personas que aman a los perros.

Las ilustraciones de Esther Burgueño son muy bonitas (en blanco y negro, como la verían los perros), aunque me habría gustado encontrarme alguna más.

No miento cuando digo que se ha convertido en uno de mis libros infantiles preferidos. No exagero en lo que habéis leído. Lo recomendaré siempre, le diré a mis alumnos y alumnas que lo lean y, seguro, lo releeré más de una vez.

Qué gustazo es encontrarse con libros así. Más aún, si cabe, sabiendo que el autor es “nuestro”.

Lo que más me ha gustado: no me podría quedar con un solo aspecto. Es un libro perfecto, desde la primera página hasta la última.  

Lo que menos me ha gustado: por apuntar algo, como ya he dicho, me habría gustado ver algunas ilustraciones más. En cuanto a la historia, ningún pero.

¿Conocíais este libro? ¿Os pica la curiosidad para leerlo?

Gracias y un abrazo para todos.

“Los perros sabemos ver cuándo las personas se sienten desamparadas y un poco solas”.

“A veces parece mentira que las personas y los perros tengamos tantas cosas que decirnos y no podamos hablar. A veces las personas hablan sin saber hasta qué punto entendemos lo que nos dicen. A veces nosotros nos hacemos entender sin palabras, pero nunca sabemos verdaderamente si nos han entendido del todo”.

David Cirici en “Musgo”.

Crítica: Dónde van las tortugas cuando mueren

Título: Dónde van las tortugas cuando mueren

Autor: Beatriz Osés

Ilustradora: Ester García

Editorial: Edebé “Finalista Premio Edebé de Literatura Infantil 2015”

Vuelvo a la literatura infantil y lo hago de la mano de una de las grandes: Beatriz Osés.

Llevaba ya un tiempo leyendo literatura adulta (poesía, ensayo y novela), así que decidí buscar otro aire con este libro, que me envió la editorial Edebé (mil gracias) para completar mi colección de Beatriz (¡y todos dedicados!).

Es una historia breve, sencilla de leer, tierna (como los libros para niños de Osés), quizá más infantil y más sencilla de lo que esperaba, pero otra buena historia de la autora madrileña, muy apta como primera lectura.

No es el libro de Beatriz que más me gusta, pero se nota su pluma y eso siempre es un punto a favor.

Una buena historia para los niños que pierden una mascota, bien resuelta, con tres personajes con los que podrán identificarse muy bien y, como digo, fácil de leer.

Las ilustraciones de Ester García son bonitas (sin llegar a encantarme) y cumplen su función de dar algo de color al texto, algo que los y las peques agradecerán.

Lo que más me ha gustado: el tema, porque me gusta que los lectores que empiezan a leer tengan historias diferentes (y reales) a la mano. 

Lo que menos me ha gustado: quizá que, a pesar de haber sido finalista del Edebé, puede ser la historia que menos me ha gustado de la autora. Claro, que todo lo que había leído de ella me había encantado, así que gustarme algo menos sigue dejando al libro en muy buen lugar.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Tal vez, entonces, Leopolda sacaría de nuevo su cabeza escondida y hablaría la lengua de los océanos”.

Beatriz Osés en “Dónde van las tortugas cuando mueren”.