Crítica: El libro de Lilit

Título: El libro de Lilit

Autor: Guadalupe Grande 

Editorial: Renacimiento (Premio “Rafael Alberti” 1995)

Después de un tiempo buscando alguno de los libros publicados de Guadalupe Grande, al final me decidí a encargarlos al saber de su triste fallecimiento, el pasado 2 de enero.

Enamorado como estoy de la poesía de su madre, Francisca Aguirre, y con Félix Grande como padre (menudos genes), a Guadalupe tenía que leerla, y qué pena haber tardado tanto y, sobre todo, qué pena no haber hecho por conocerla, como sí conocí a sus padres.

Si os soy sincero, antes de este “Libro de Lilit” me hice con “Hotel para erizos”, pero alguien en quien confío a ciegas en esto de la poesía (quien se acaba de autoproclamar, no sin motivos, mi asesor literario) me dijo que este primer libro de Guadalupe era brutal. Como me conoce bien y sabe perfectamente la poesía que me gusta, le hice casi y, como siempre ocurre cuando lo hago, ha acertado de pleno.

Para continuar con la sinceridad, leí a Guadalupe con algo de miedo. Ser poeta siendo la hija, ni más ni menos, que de dos poetas de la talla de Paca y Félix (“Premio Nacional de las Letras” y “Premio Nacional de Poesía”, respectivamente y entre otros muchos galardones) no tiene que ser sencillo. Las comparaciones surgen siempre, en estos casos, y yo no quería caer en ese error. Cada poeta es solo suyo (si es de los buenos). Y Guadalupe es suya, muy suya, como muy suyos fueron sus padres.

Dicho todo esto, qué poemario, amigos y amigas. Qué absoluta maravilla. Qué complicado es (al menos, a mí me lo resulta) poemarios que te encrespen la piel de esta forma, que te leas de corrido porque te atrapan, que se disfruten tanto… De pocos, muy pocos libros de poesía puedo decir que me hayan gustado por completo. “Ítaca”, “Los trescientos escalones”, “Toco la tierra”, “La paternidad de Darth Vader”, “Solo tu nombre es mi enemigo” o las antologías “A las órdenes del viento”, “Pecábamos como ángeles” o“El ojo de la mujer” son algunos ejemplos. Solo poetas como Manuel Francisco Reina, la propia Paca AguirreÁngela Figuera AymerichRaquel LanserosGloria Fuertes o Gioconda Belli me dejan sin palabras y me hace leer y releer los mismos poemas una vez tras otra. En ese grupo se han colado Guadalupe Grande y “El libro de Lilit”. Y, por el momento, no devolveré el libro a la estantería, porque lo quiero releer ya mismo.

Sin enrollarme mucho más, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El descubrimiento: qué fácil y qué difícil, al mismo tiempo, tenía Guadalupe Grande ser una buena poeta, pero lo consiguió. Con creces. Su voz se separa de la de sus padres y se hace gigante. Qué mérito más enorme.

El tema: si habéis leído mis reseñas de poemarios y algo de la poesía que escribo, sabréis que la que más me gusta es la que duele. La poesía triste, la que brota de las entrañas, la que nace después de un desamor, una pérdida, una desilusión o algo que haya removido las tripas del poeta. El tema que se trata en este libro es uno de esos, y qué forma más brillante de expresar ese dolor, compartirlo y, casi con total seguridad, deshacerse un poco de él.

Lo que más me ha gustado: el libro en sí, al completo. Saber que, siempre que necesite volver a estos versos, Guadalupe y Lilit me estarán esperando.

Lo que menos me ha gustado: como he dicho antes, no haberla descubierto antes y haber podido hablar con ella sobre poesía, sobre sus padres y sobre la vida. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

* Si lo queréis adquirir, en la propia página de Renacimiento lo encontraréis sin problema y, además, a un muy buen precio (que conste que no se trata de una colaboración y compré, junto a “En la quietud del tiempo”, de Pablo García Baena, este libro).

¡Un abrazo!

“Durante un tiempo estuve muerta

como una crisálida guardada en un cajón de cartón,

detenida en el umbral, olvidada del gusano y de la mariposa.

instante perpetuo, cómo duele despertar de tu sosegada indiferencia,

de tu dócil y atónita bondad”.

 “Oficio de crisálida”, Guadalupe Grande

Crítica: Ítaca

Título: Ítaca

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Tigres de Papel, Colección Genialogías

Pocos poemarios me han sacudido tanto como este maravilloso “Ítaca”, de mi queridísima y admiradísima Francisca Aguirre. Su “Los trescientos escalones”“La paternidad de Darth Vader”, de mi requeridísimo y readmiradísimo Manuel Francisco Reina“Toco la tierra”, de Ángela Figuera Aymerich… Pocos libros de poemas hay a los que vuelva una vez tras otra, para leer y releer los poemas que me erizan la piel y me aceleran o ralentizan el corazón, algo que solo me ocurre cuando leo esta poesía, esta que dignifica al género, esta que se escribe con la inalcanzable grandeza que solo tienen unos pocos poetas, como los tres mencionados.

A Paca ya la tengo más que descubierta y no sabéis lo que me arrepiento de haber sido tan idiota de no provocar un encuentro con ella, aprovechando su inmensa amistad con Manuel Francisco Reina. Sí coincidí con ella y con Félix Grande en la presentación en el Ateneo de una novela de Reina, pero mi pudor y mi falta de atrevimiento para esas cosas nunca me llevaron a pedir el favor de haber podido tomarme un café con ella. Habría sido un regalo precioso…

Este poemario, mezcla de lo poético, lo mitológico y lo personal, es un círculo perfecto en lo artístico, una obra maestra de una maestra como lo fue y es Francisca Aguirre, una lectura obligada para aquellos que se consideren dignos lectores de poesía. Cuánto hay que aprender, aún, de quienes pueden enseñarnos algo sin pretenderlo, y qué poco se aprende (si es que se aprende algo) de quienes pretenden enseñar sin haber aprendido ellos primero. Leer a Paca es temblar, es sentir ese pellizco tan suyo en cada verso, leer un poema, cerrar el libro y los ojos, suspirar, dejar que su sabor invada cada hueco del cuerpo, volver a abrirlo y leerlo de nuevo. Es volvernos egoístas en la lectura por simple disfrute y por ver si se nos queda algo de poso en los dedos y en la memoria literaria. Qué delicia es leer a esta poeta, amigos y amigas. Qué delicia.

No he puesto post-its porque creo que es un poemario que ha de leerse de principio a fin, sin pasar por encima ningún poema, porque ese círculo perfecto quedaría mellado. El periplo de Paca y de su sombra convertida en Penélope ha de caminarse siguiendo todos sus pasos, tratando de hacer coincidir nuestras huellas con las suyas, acompañándolas en ese viaje, dejándonos arrastrar junto a ellas, perdiéndonos en su diálogo sin perdernos ni una sola de las palabras que se dirigen la una a la otra.

No puedo hacer esta reseña sin destacar la impagable labor que la Editorial Tigres de Papel, con esta Colección Genialogías se ha propuesto hacer. Relanzar poemarios de nuestras mejores poetas en estas ediciones tan cuidadas, tan respetadas, tan abrazadas, es digno de agradecer, y mucho. Además, tanto el prólogo de Marta Agudo como la entrevista que Isabel Navarro le hizo a Paca en 2016 y que sirve de broche para cerrar este libro son, también, textos en los que detenerse y respirarlos con toda la profundidad posible. Qué necesario es rescatar y ensalzar a todas estas poetas sin las cuales seríamos un poco más huérfanos en lo poético.

Aunque mis reseñas terminan con los puntos fuertes y débiles y lo que más y lo que menos me ha gustado, no tendría sentido hacerlo en esta. Cierto es que hay poemas que me han gustado más que otros, pero no sería capaz de decir qué es lo mejor de este poemario, quitando lo que ya he dicho, y, por supuesto, no tendría ni un solo motivo para hablar de cualquier debilidad entre sus versos. Quizá, por decir algo, no haberlo leído antes…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“No te asustes de la voracidad

de los que te aman:

su turno es anterior a los gusanos”.

Paca Aguirre, Telar, Ítaca

Crítica: La herida absurda

Título: La herida absurda

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Bartleby Editores

No es la primera vez que os traigo a Francisca Aguirre (ni será la última, porque me acabo de comprar su “Ítaca”), así que no es necesario que os la presente.

Ya sabéis que es una de mis poetas favoritas y que, aun habiendo sido Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de las Letras Españolas (ahí es nada), creo que su nombre y su obra no ocupan el lugar que merecen. Queda demostrado en comprobar la poca gente que la conoce…

Este libro lo pedí en la librería que tengo al lado de casa el primer día que abrió después del confinamiento (tenía hambre de libros), y me lo trajeron hace bien poco, alegando problemas para que el distribuidor se lo facilitase. No sé si esa espera ha ido erosionando las ganas que tenía de leerlo o que mis expectativas eran muy altas, pero he de decir que, aun habiéndome gustado, no me ha encantado.

No es necesario decir que la poesía de Paca Aguirre es buena. Muy buena. Pero no me ha llegado del mismo modo en que lo ha hecho, por ejemplo, su poemario “Los trescientos escalones”.

https://jorgepozosoriano.com/2019/06/30/critica-los-trescientos-escalones

He puesto varios post-its para marcar los poemas que más me han gustado, pero van pegados a poemas que me han gustado, no a ninguno que me haya vuelto loco.

Dicho esto, no creo que hacer mi análisis habitual tenga mucho sentido, por lo que solo compartiré algunos de los versos que más me han gustado del libro.

“La muerte y el amor no tienen modos,

sólo tienen promesas absolutas,

paraísos repletos de misterio,

y una voracidad desesperada”.

“Niégate a que el destino te arrodille,

no consientas que el mundo te haga cómplice

de sus viejos rencores homicidas.

Tú no puedes estar desanimada

ya no te queda tiempo suficiente

para andarlo dilapidando en la miseria”.

Lo que menos me ha gustado: hay muchos poemas que van dedicados a personas y dirigidos a esas personas. Esto es una manía mía, pero no me suelen gustar los poemas en los que se nombra a personas concretas. Me sacan de las letras al no poder apropiarme de ellas. Si el poema no puede ser mío, sentirlo mío y darle mi propio sentido porque aparece un nombre específico… No me llega del mismo modo…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Definitivamente amo

el escándalo deslumbrante de la vida”.

Paca Aguirre

Crítica: Los trescientos escalones

Título: Los trescientos escalones

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Bartleby Editores

Hablar de Francisca (Paca) Aguirre es hablar de poesía. Poesía de esa que siempre reivindico, poesía pura, desgarradora, más aún en este maravilloso poemario en el que Paca se reconcilia con la muerte (asesinato, a garrote de vil) de su padre. No voy a contaros por aquí la vida de esta recién fallecida poeta, Premio Nacional de las Letras en 2018, pero sí os recomiendo que indaguéis en su historia, merece la pena.

Sabéis que leo mucha poesía y, como no soy experto, busco el consejo de quienes sí lo son. A muchos de los mejores poetas los he leído gracias a la recomendación de mi poeta preferido: Manuel Francisco Reina, amigo, además, de Paca y su marido, el también poeta Félix Grande. De pocas personas me fío más que de Manuel en lo literario. De momento, no se ha equivocado nunca al recomendarme a un poeta. Con Paca, el descubrimiento ha sido brutal.

Este libro me ha sacudido hasta los cimientos, me ha hecho suspirar al terminar algunos poemas, cerrar el libro y los ojos para saborear cada verso, agarrar un post-it y colocarlo en determinadas páginas para poder volver a releer esos poemas que más me han gustado.

Es duro decir que se ha disfrutado algo que nace de un dolor tan palpable, pero la poesía, para mí, es eso: estrujar el corazón, hacerlo sangrar un poco, llegar a lo más primitivo de las emociones. Este poemario, sin duda, lo ha conseguido.

Puntos fuertes:

El estilo: la poesía de Paca es sencilla, con toda la grandeza que esa palabra significa en la poesía. No recurre a grandilocuencias ni a un lenguaje impostado. No lo necesita.

Conocer la historia de la autora: en tiempos en los que lo rancio de épocas que parecían superadas vuelve a emerger, es importante conocer las barbaridades que se hicieron en nombre de no sé sabe muy bien quién. Buscad y leed la biografía de Paca, también os removerá por dentro.

Lo que más me ha gustado: el poema “El último mohicano”, del que os dejo el inicio:

“No tuve nada y, sin embargo, de algún modo,

Comprendo que lo tuve todo.

No teníamos nada, nada

salvo el miedo, el dolor,

el estupor que produce la muerte.

Cuando mataron a mi padre

nos quedamos en esa zona de vacío

que va de la vida a la muerte,

dentro de esa burbuja última que lanzan los ahogados,

como si todo el aire del mundo se hubiese agotado de pronto.

Ahí nos quedamos,

como peces en una pecera sin agua,

como los atónitos visitantes de un planeta vacío”.

Lo que menos me ha gustado: sin duda, la sensación final que se queda al volver a estudiar esas atrocidades de un pasado no tan lejano, donde los que eran “españoles de bien”, esos que reclaman ahora poder, nos dejaron sin algunos de los mejores genios por pensar, ser o amar diferente.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Desdichados,

poca ganancia es la vuestra

si nunca habéis perdido nada”.

Paca Aguirre en “Los trescientos escalones”.

Se ha secado un mar

Ayer se secó un mar,  el mar de la poeta Francisca Aguirre, ese mar en el que solo quería llorar a mares y que nadie lo notara. Hoy somos otros los que lloramos su pérdida. Francisa, Paca, era una de esas poetas a las que me he referido en otras entradas: una poeta de las de verdad, de las que escribían poesía respetando la poesía, estudiando la poesía, queriendo escribir poesía. Una de esas poetas que empiezan a escasear tras su muerte y la también reciente muerte de su marido e inmenso poeta Félix Grande.

Hoy, la poesía se queda un poco más huérfana, huérfana de versos trabajados y sentidos, redondos, llenos de sentido y simbolismo, de metáfora, de musicalidad… Huérfana de poesía llena de poesía.

Amigos, insisto en que recurráis a poetas como Paca, como Félix, como tantos otros que sí escriben poesía. Huid de versos vacíos, de poetas vacíos, de poemarios vacíos. No contribuyáis a que la poesía que se vende y se lee sea la que nos dicen que tiene que venderse y leerse porque es la que más beneficio económico le reporta a las grandes editoriales (esas que se han preocupado más bien poco por la poesía y ahora, con la fiebre influencer, quieren hacernos creer que la poesía es algo importante para ellas, si es que a eso se le puede llamar poesía). Buscad quiénes van ganando premios literarios de poesía (Francisca fue Premio Nacional de las Letras el año pasado), veréis que, os gusten más o menos, se conceden a poetas y no a concursantes de la televisión, cantantes ni youtubers. Id a las editoriales que llevan publicando poesía de verdad toda la vida: Calambur, Hiperion, Visor, Lumen, Alianza… Ahí tampoco veréis nuevos poetas sin ninguna poesía en su tinta. No os dejéis engañar por aquellos que creen haber descubierto ahora la poesía cuando la poesía se inventó hace ya algunos años. No os fiéis de esos “Cómo escribir poesía” que personas con más desvergüenza que maestría proponen a la ligera.

Paca Aguirre será siempre una opción muy buena para adentrarse en ese, su mar, su vasto e inmenso mar, que era su inmensa poesía.

“Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note”.

Testigo de excepción

Francisca Aguirre