Crítica: Soy una nuez

Título: Soy una nuez

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Jordi Sempere

Editorial: Edebé “Premio Edebé de Literatura Infantil 2018”

Leer a Beatriz Osés es sinónimo de encontrar una literatura infantil para todos los públicos, además de una ternura tan universal como suya propia, tan necesaria como, muchas veces, difícil de encontrar.

De todo lo que he leído suyo, puede que esta haya sido la historia que más me ha gustado, y eso es mucho decir, porque me encanta todo lo que escribe. 

Será, quizá, porque la historia me ha tocado por dentro, traspasando mi piel para llegar a las vísceras con un tema, por desgracia, que sigue siendo motivo de debate: la igualdad de los seres humanos, independientemente de cualquier diferencia.

Me alucina y me horroriza seguir, en los tiempos que corren, escuchando argumentos racistas y xenófobos, aunque sea contra menores. Aunque, claro, si esos argumentos caben en la esfera política, en un congreso o una asamblea (como la de Madrid, sin ir más lejos) y se permiten y se blanquean, ¿qué esperamos encontrar?

Por eso, contra el odio y el “garrulismo”, siempre debe estar enfrente la cultura. La literatura. Los libros. Y este libro, aunque se recomiende a mayores de ocho años, tendría que ser leído por aquellos que apuntan con sus dedos y sus palabras llenas de odio a los más vulnerables, a los que menos tienen, a los que más necesitan de nosotros.

Porque Omar (o Nuez) representa a la perfección a todos esos seres humanos (porque, por mucho epíteto que usemos, son eso, seres humanos) que lo tienen todo perdido y, por lo tanto, ya no tienen nada más que perder. Y se juegan la vida, y llenan los mares de cadáveres, y solo esperan un tanto de humanidad.

Esa página donde Omar cuenta el inicio de su historia (el texto que aparece, también, en la contracubierta y que tuve la suerte de escuchar en la voz de Beatriz en uno de nuestros encuentros literarios) es de una belleza y crudeza abrumadoras. Tanto es así que lo quiero compartir por aquí y, en lugar de una cita breve al final, terminaré con esa introducción a un personaje que ya se ha quedado conmigo para siempre.

Bien por Edebé al premiar esta historia valiente y fundamental. 

Maravilloso por Beatriz, por querer contar una historia como esta. 

Además, las ilustraciones de Jordi Sempere son preciosas. 

Lo que más me ha gustado: puede que me quede con este texto. Leedlo y entenderéis por qué. 

Lo que menos me ha gustado: que este tipo de historias sigan siendo necesarias, porque eso indica que no estamos evolucionando, sino que estamos en plena involución.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Me llamo Omar y soy una nuez. Mi padre era jardinero y mi madre olía a canela. A los dos se los comió el mar poco antes de llegar a la playa. Los vi desaparecer mientras flotaba en aquella cáscara de nuez junto a otros desconocidos. De los tres, solo yo llevaba un pequeño salvavidas con mi nombre. Lo había escrito mi madre con un rotulador desgastado para que no lo olvidara nunca”.

Beatriz Osés en “Soy una nuez”.

Crítica: El pequeño ikigai

Título: El pequeño Ikigai

Autores: Francesc Miralles y Héctor García

Ilustraciones: Xuan Loc Xuan

Editorial: Destino (Planeta)

Un día me llevé la feliz sorpresa de que la cuenta @teenplanetlibro (la cuenta de libros para jóvenes del grupo Planeta) me seguía en Instagram y me escribía para decirme que querían enviarme este libro, pues pensaban que me podría gustar mucho. Como supondréis, les dije que sí (además de darles las gracias varias veces, pues la ocasión lo merecía).

He de decir, ya que siempre soy sincero en mis reseñas, que no es el tipo de libros que, por elección propia, leería. El mundo de los manuales de auto-ayuda, del coaching, de las teorías sobre cómo ser feliz o cómo hacer en la vida para que sea una vida disfrutada me suele echar para atrás.

Por lo tanto, empecé este libro con algunos recelos, aunque con ilusión y tratando de dejar de lado los prejuicios.

Por suerte, no siempre se tiene razón.

Por suerte, cosas que creemos no nos gustarán acaban por gustarnos, suponiendo algo distinto e inesperado, lo cual siempre es de agradecer.

Me ha gustado, sí. Lo he disfrutado. Es una lectura muy sencilla, en clave positiva (necesaria, en mi opinión, en los tiempos que corren), sin ser pretenciosa ni tratar de dar lecciones morales ni hacer juicios de valor(esas dos intenciones no suelen encajar mucho conmigo). Es una lectura bonita, en definitiva.

Los autores no “hablan” en términos de “no hagas esto porque te equivocas y serás un infeliz” ni “tienes que hacer lo que te decimos porque tenemos todas las claves para darle a tu vida el giro que necesita, aunque no te conozcamos” (si hubiera sido así, habría dejado la lectura a la cuarta página). Tan solo (y no lo digo como si fuera algo sencillo) hablan de sus experiencias vitales, así como las de algunos personajes importantes en la historia, para dar algunas pinceladas de cómo nosotros mismos podemos tomar las decisiones que mejor puedan irnos para que nuestra vida sea una vida feliz, una vida que podamos disfrutar. Y, en mi opinión, aciertan con los ejemplos, con los consejos, con las “tareas” que plantean.

Tanto el concepto del ikigai como la filosofía que el libro muestra son muy interesantes. Mensajes como el de tratar de conocernos mejor, de vivir con más pausa (esa “lentitud activa”), de aprender a habitar el mundo y no solo a ocuparlo (un concepto clave en la filosofía, por ejemplo, de Heidegger que me encanta y que he estudiado para escribir mi poemario “Escrito bajo las uñas”XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala), de intentar ser de la forma en que nos gustaría ser para poder, así, rodearnos de personas con las que nos gusta estar son mensajes, también, acertados y muy potentes.

Me gusta, también, que se hable de que no todos valemos para hacer algo en concreto y que tenemos que ser objetivos con nosotros mismos y tener los pies en la tierra. Muchos de estos libros y los mensajes que se lanzan en ellos son un tanto suicidas, en el sentido de que no ofrecen una visión realista de eso de perseguir los sueños. Siempre he dicho (y lo seguiré haciendo) que, por mucho que nos guste algo, hay que ser sensatos y saber si valemos o no para dedicarnos a ello. Por ponerme de ejemplo, a mí me encanta cantar, y lo hago en todas partes (en la ducha, en el cole, en casa, en el coche…), pero sé que no tengo una voz portentosa como para dejarlo todo y luchar por el sueño inalcanzable de ser cantante, llenar estadios y teatros y vivir de ello. En el mundo artístico, el ego es un enemigo interior que muchos no ven, y eso es peligroso. Si nos dejamos arrastrar por él, estaremos perdidos. Y, del mismo modo, si solo escuchamos a los aduladores y a quienes nos adoran y desoímos a aquellos que nos hablan con sinceridad, desde la objetividad, también nos costará mucho encontrarnos. Hay que ir con mucho cuidado en este sentido, y aplaudo que sea un mensaje que se incluya en este libro.

Esos mensajes, sumados a esa “flor” que se crea con las cuatro monedas (esa parte del libro me ha encantado), se abrazan para dejarnos un pensamiento claro en la cabeza al terminar el libro: “todo está por hacer” y, en gran parte, depende de nosotros cómo hacerlo.

Me veo trabajando este libro, estos conceptos y estos mensajes con mis peques, y estoy seguro de que lo haré. En realidad, algunas de las ideas del libro las tengo ya bastante asimiladas y, como profe, las trabajo en el aula, pero este concepto de ikigai puede ser muy interesante para darle más fuerza a mi voz.

Por último, para redondear el libro, las ilustraciones que nos vamos encontrando son una preciosidad, un complemento perfecto para el texto y muy en la línea de esta filosofía que emana de la lectura.

Lo dicho, agradecido a la editorial por el envío y a los autores por hacer un trabajo tan bueno. Ha sido una lectura que he disfrutado mucho.

Dicho esto (como si fuera poco), voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que ya ha quedado claro, pero lo dejo, también, por aquí. La ausencia de paternalismo, de soberbia y de creerse en posesión de la verdad absoluta que muchos libros que podrían ir en la línea de este tienen. No es un libro que imponga, sino que sugiere. No critica, sino que pone en duda y nos hace dudar. No sentencia, sino que acompaña. Si hubiera impuesto, criticado y sentenciado, ni lo habría leído por completo. También me ha gustado mucho que nos incluyan a los maestros y profesores en las profesiones con vocación y misión, diciendo esta frase que me ha encantado: “En las aulas está el futuro de la humanidad”. GRACIAS.

Lo que menos me ha gustado: no lo voy a decir del libro, sino de mí mismo. Esa idea de que no me iba a gustar cuando lo tuve entre manos no fue acertada (a la vista está). Lo bueno es que se aprende de todo, así que me llevo, también, este aprendizaje. 

Mi sensación final es que creo que es un libro muy útil para trabajar estos conceptos con niños y niñas y adolescentes, ya que tanto el lenguaje como los ejemplos y la estructura del libro son muy apropiados para esas edades, algo que se agradece mucho. 

“Te puede encantar hacer algo, porque te relaja o te procura gran diversión, pero no ser bueno en eso. De hecho, encontrar cosas que te guste hacer es relativamente fácil comparado con ser bueno en ello”.

Francesc Miralles y Héctor García, El pequeño ikigai.

Las sirenas que siempre estarán juntas

No era mi intención hablar de este tema, pero los comentarios que he estado leyendo y los ataques hacia la persona de quien voy a hablar y hacia mí mismo me “obligan” a hacerlo.

Voy a hablar de un tema que, de forma incomprensible (al menos para mí), se ha convertido en un debate con una parte de las opiniones muy exageradas, muy agresivas y del todo absurdas.

Me refiero a la ilustración de las dos sirenas con el lema “Siempre juntas” que @madebycarol creó como homenaje y muestra de afecto ante al atroz crimen de Anna Y Olivia.

Muchísimas personas (muchas más que las que están en esa opinión exagerada, agresiva y absurda), entre las que me incluyo, compartimos la imagen cuando se supo el desenlace del caso.

Lo hicimos (al menos, yo lo hice) porque la noticia nos destrozó y porque esa imagen, y así lo dije en la publicación de su autora, aportaba dulzura a unos hechos tan monstruosos.

A partir de ahí, he leído de todo.

Que el crimen no tiene nada de dulce (¿en serio alguien entiende que se describe el crimen como dulce?).

Que es oportunista.

Que busca lucrarse con una tragedia (lucrarse, ¿con qué?).

Que edulcora el crimen, lo vuelve romántico, que las niñas no son sirenas, que ellas no querrían haber sufrido este desenlace… 

Que la madre no podría soportar ver a sus hijas como dos sirenas, como dos seres propios de la fantasía. Quizá prefiriera imaginárselas como en realidad ha ocurrido… (Es de locos el argumento, en serio).

De verdad, se nos va de las manos.

Qué forma más innecesaria de buscarle tres pies al gato, de polemizar y de atacar a una artista que, desde su creatividad, su talento y su afecto, ha querido poner una nota de color a un suceso tan gris.

¿Alguien me puede explicar de dónde nacen esos comentarios tan dañinos?

Nadie puso el grito en el cielo con los millones de “pececitos” que inundaron las redes con aquel otro crimen que no sacudió hace años. No se dijo que eran de mal gusto, que quienes lo compartimos éramos poco más que cómplices del asesinato, que estaban fuera de lugar, que un dibujo no tenía sentido, que el niño no era un pez…

No he visto a nadie tachar de oportunistas, por ejemplo, a los integrantes de “La oreja de Van Gogh” ni a su canción “Jueves”, que cuenta una historia de amor en los trenes del 11-M, donde murieron casi 200 personas (¿os acordáis? “Si fuera más guapa y un poco más lista. Si fuera especial, si fuera de revista”). No se les preguntó cómo eran capaces de hablar de amor en una tragedia semejante. No se les criticó que quisieran aportar su arte y su música para homenajear a las víctimas.

Tampoco vi quejas ni insultos hacia quienes pegaron en sus ventanas millones de arcoíris cuando la pandemia en la que aún estamos se llevaba por delante a 300, 400 o 500 y hasta más de 800 personas diarias. Nadie argumentó que un arcoíris es un símbolo de alegría y buena suerte y que no tenía cabida en un momento tan horrible.

Insisto, ¿alguien me explica de dónde sale tanto odio en este caso de las sirenas?

Puestos así, dejemos de llevar flores a los muertos, porque las flores son coloridas, rebosan vida y nadie quiere flores cuando está hundido.

Puestos así, no hagamos nada por tratar de encontrar la forma de quitarnos de encima un poco de sufrimiento.

Puestos así, sigamos usando las redes, en lugar de para hacer red como sinónimo de comunidad, para escupir odio.

La violencia nunca se venció con más violencia.

El arte, desde el principio de los tiempos, ha servido y sirve para expresarnos, para encauzar el dolor y el sufrimiento, para acompañar, para sanar.

Escribo esta entrada para zanjar el tema aquí.

Quien no entienda mi opinión, que vuelva al inicio y la lea de nuevo.

Gracias a todas esas personas desinteresadas y talentosas que emplean su creatividad para hacer cosas bonitas, a pesar de tener que enfrentarse, como ha sido el caso, a ese vómito inherente a las redes sociales.

Esto es todo lo que tengo que decir.

“Es mi deber expresar los sufrimientos de las personas, los sufrimientos que nunca terminan y que son tan grandes como las montañas”.

Käthe Kollwitz

Hablando de literatura para Casa del Libro

Ya conté por aquí que Casa del Libro me hizo socio embajador y que es algo que me hizo (y me hace) muy feliz.

Como parte de ese programa tan genial de socios embajadores, me pidieron que escribiera una entrada para su blog hablando de literatura, de mis géneros favoritos, de mi vida como lector.

El resultado es esta entrada que os dejo por aquí.

Espero que la disfrutéis:

Crítica: El síndrome de Bergerac

Título: El síndrome de Bergerac. Una comedia heroica.

Autor: Pablo Gutiérrez

Editorial: Edebé

Desde que conozco a Beatriz OsésEdebé se ha convertido en una editorial que he leído mucho. Principalmente han sido sus libros, pero este que traigo hoy no lo ha escrito ella.

Esta novela juvenil, ganadora del “Premio Edebé de Literatura Juvenil”, me ha presentado a PabloGutiérrez, un autor que me ha recordado un tanto a algunos libros de mi admiradísimo Nando López.

En este libro conocemos a una peculiar pandilla de instituto que, gracias a una de esas profesoras tan necesarias en educación, deciden representar una obra de teatro: Cyrano de Bergerac.

Esta decisión sirve para hablar de otros muchos temas. De la amistad. Del amor. De los miedos. Del valor. Del compañerismo. Del esfuerzo. Del trabajo en equipo. De los errores. Del dolor. De la adolescencia. De la vida.

Y me ha hecho volver a esos años de adolescencia. A esos años de instituto en el que todo se vive de forma magnificada, siempre en hipérbole, siempre con ese dolor que supone darnos cuenta, poco a poco, de que nos hacemos mayores. Pero, por suerte, mis años de instituto fueron muy felices y los recuerdo con un cariño inmenso, así que la lectura ha sido un regalo que me ha hecho rejuvenecer unos cuantos años, volver a esa época en la que fui descubriendo el tipo de persona en la que me estaba convirtiendo, no muy distinta a la persona que soy ahora.

Solo por eso, por ese regalo, este libro me ha llegado dentro.

Luego tiene otros muchos detalles que lo hacen especial, como las referencias constantes a Harry Potter, la puesta en valor de los clásicos, el reconocimiento a esos profesores que dejan huella (yo tuve unos cuantos), la incorporación del teatro… Y unos personajes muy bien creados y, por lo tanto, muy creíbles.

Muy bien escrito, idóneo para el público al que va dirigido (y no solo para ese público), divertido… Un muy buen libro, la verdad.

Solo me falta saber cuánto de su vida como profesor hay en esta novela. Quizá, si se presta, podré salir de dudas si me deja entrevistarlo en Enredando voces

Dicho esto, voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: que sea una historia, como he dicho, en la que se valoren dos aspectos que yo valoro mucho: la profesión docente (de quienes la sienten de verdad) y los clásicos. En mi opinión, todo un acierto.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo (aunque puede que influya que no lo he leído en un momento en el que estuviera tranquilo), se me ha hecho un pelín largo. Puede que hubiera agradecido algunas páginas menos, pero esto es cosa mía.

Mi sensación final es que se trata de un libro perfecto para recomendar a estudiantes de bachillerato y a sus profesores. Que es un muy buen empujón para lanzarse a leer teatro y libros que siguen perdurando a lo largo de años y años, además de revivir o volver a amar a Harry Potter que, por casualidades de la vida, leí justo en mi adolescencia.

La foto, y esto era obligado, es en el instituto donde estudié. 

“En ocasiones, un beso aparece de improviso y ya nada vuelve a ser lo mismo”.

Pablo Gutiérrez, El síndrome de Bergerac

Crítica: Poemas, Hannah Arendt

Título: Poemas

Autor: Hannah Arendt 

Editorial: Herder

Siempre me ha gustado mucho Hannah Arendt como pensadora, y la he leído, en esa versión, en más de una ocasión.

Lo que no sabía era que, también, escribió algunos poemas. Así es mi cabecita loca…

Me gustó mucho la forma en la que este libro llegó a mí, porque no ocurrió que descubriera los poemas de Arendt y fuera a buscarlo. 

Como ya sabéis, me encanta perderme en las librerías. Hace unos días fui al Teatro Bellas Artes a ver a José Sacristán en “Mujer de rojo sobre fondo gris”, de Miguel Delibes. Aunque este es otro tema distinto, qué bestialidad de interpretación para un texto a la altura, solo, de Delibes. Volviendo al autor vallisoletano, esta de Sacristán y la de Lola Herrera en “Cinco horas con Mario” son las dos interpretaciones más espectaculares que he vivido en un teatro. Que viva la cultura.

A lo que iba. En la espera, di una vuelta por la librería Antonio Machado (visitadla si no lo habéis hecho, es una preciosidad). Mi idea inicial era encontrar el libro con el que Antonio Carvajal ganó el Premio Nacional de Poesía en 2012, porque también es miembro del jurado del Premio Antonio Gala que acaba de premiarme y me parece justo leer algo suyo. No lo encontré. Busqué entre los libros de poesía y no encontré nada que me apeteciera, así que fui a ver la sección de filosofía. Allí, colocado para que yo lo viera, estaba este libro, esperándome. “Poemas”“Hannah Arendt”. ¿Sabría el librero que yo iba a ir y lo puso ahí, para mí? Además, el tema del exilio me interesa bastante, y esa palabra aparece en la contra. Obviamente, el libro se vino conmigo.

Creo que hay algo en la forma de escribir poesía de Arendt que demuestra dos cosas diametralmente opuestas. Una, que es una escritora de los pies a la cabeza y que su lenguaje es abrumador. Dos, que no es o no fue poeta, entendido como persona que se dedica en cuerpo y alma a la poesía. Aunque el libro me ha gustado mucho y hay poemas e imágenes muy buenos y potentes (y aunque la edición sea una preciosidad), este poemario parece una colección de poemas anotados aquí y allá sin intención de que fueran publicados, sino, más bien, escritos por gusto propio, por satisfacción personal.

En las “Notas a la edición” se explica con brevedad que algunos de estos poemas ni siquiera fueron escritos a máquina ni revisados por la autora, lo que confirma un poco esa sospecha mía. A pesar de todo, no cabe duda de que estamos ante una de las pensadoras más importantes de la historia, que su conexión con la poesía es evidente y, en mi opinión, es una poeta más que destacable.

Además de los poemas, la explicación que Irmela von der Lühe, profesora de literatura alemana contemporánea, hace a modo de epílogo de libro en ese fragmento titulado “Sobre los poemas de Hannah Arendt” es otra delicia. Ya no solo por conocer más sobre esa aproximación poética de la autora, sino por saber más sobre ella, sus amistades y sus influencias.

Solo puedo agradecer a la Editorial Herder por hacer un trabajo tan bueno y al azar, por poner este libro ante mis ojos sin apenas esperarlo.

Lo que más me ha gustado ha sido, sencillamente, el maravilloso descubrimiento de la Hannah Arendt poeta, lo que me ha llevado, también, a conocer mejor su figura.

Lo que menos me ha gustado, por decir algo, que son pocos poemas… Pero son todos los que Arendt escribió, así que me parece más importante haberlos leído todos, aunque me habría encantado que fueran más.

Y vosotrxs, ¿conocéis a Hannah Arendt? ¿Os gustaría leer algo suyo?

“Ay, ¿quién querrá ponderar lo que no concibe?

¿Y quién querrá decir lo que solo se discierne 

tardíamente?

Pues tan pronto como lo agarra con ambas manos

deja de saber por qué lo sigue sufriendo.

Octubre por la mañana, Hannah Arendt

Enredando voces con Nando López

De Nando López podríamos decir muchas cosas (y todas buenas).

Podríamos decir que es muy buen escritor (y nos quedaríamos cortos, porque es uno de los autores nacionales actuales más importantes).

Podríamos decir que es muy buen dramaturgo (y seríamos cautos, su trayectoria así lo demuestra).

Podríamos decir que es un tío comprometido (y sería poco, porque está comprometido, al 300%, con el colectivo lgtbi, por ejemplo).

Y podríamos decir que es un tío majísimo (y, de nuevo, seríamos poco generosos).

Para comprobarlo, no tenéis más que escuchar la fantástica entrevista que le hice en Radio Off the Record (fantástica por lo que cuenta y por cómo lo cuenta).

Es un poco más larga de lo habitual, pero merece la pena escucharla.

Día Mundial Contra la LGTBIfobia

Hoy, 17 de mayo, es el “Día Mundial Contra la LGTBIfobia” y, una vez más con este tema, creo que es mi obligación escribir al respecto.

Ocurrirá, como siempre ocurre, que habrá quien diga que estas “celebraciones” o “conmemoraciones” no tienen sentido o que son injustas, ya que no existe el “Día Mundial Contra la Heterofobia”, del mismo modo que no existe el “Día del Orgullo Heterosexual”.

Bastaría responder desde la obviedad, pero parece que no es suficiente.

Y no es suficiente, precisamente, porque aún es necesario poner el acento en estos días.

Porque sigue habiendo (y en aumento) agresiones lgtbifóbicas.

Porque sigue habiendo países donde no ser heterosexual es delito y está, incluso, penado con la muerte.

Porque no se está poniendo en entredicho que los profesores adoctrinemos en la heterosexualidad, sino que les digamos a nuestros alumnos y alumnas que ser bi, gay o trans es tan natural como ser hetero. No vaya a ser que, algún día, la sociedad lo entienda y podamos olvidarnos de reivindicaciones.

Porque nadie se ha sentido ofendido, insultado, vejado, agredido o asesinado por ser heterosexual, pero sigue ocurriendo todo eso con quienes no lo somos.

Por todos estos motivos, hoy, desde esta pequeña plataforma que son mis redes sociales y mi blog, grito que “no” a la homofobia, a la bifobia y a la transfobia; grito “no” a la intolerancia; grito “no” a la desigualdad; grito “no” al odio.

“Odio la palabra homofobia. No es una fobia. Usted no tiene miedo. Usted es un imbécil”.

Morgan Freeman

Enredando voces con Beatriz Osés

Ya ha pasado un mes desde el primero que publicamos, y este “Enredando voces” en el que converso con personas relacionadas de una u otra forma con la literatura no me ha dado más que alegrías.

Desde Radio Off The Record, los jueves, a las 21.00, seguiremos apostando por los libros y por la cultura, trayendo al programa a invitados e invitadas que queremos que conozcáis o, en el caso de que sepáis quiénes sois, podáis saber más sobre su relación con la literatura.

Empezamos con Manuel Francisco Reina. Seguimos con Laura Riñón. Después, llegó Iván Alfaro. La siguiente fue Carmen Guaita. El turno de hoy es (creo que no podía ser de otra forma) para Beatriz Osés.

Con su serie “Albert Zimmer” recién aterrizada en las librerías y el “Premio El Barco de Vapor” que le acaban de entregar (su segundo en tres años), es la autora de infantil y juvenil del momento.

Me pierdo en la cantidad de premios y reconocimientos que ha obtenido su obra. Es uno de mis descubrimientos de este año (en lo literario y en lo personal), una de mis autoras de infantil y juvenil favoritas y, siendo objetivos, cuando llevas a la espalda premios como el “Ciudad de Orihuela”, el “Edebé”, dos “Barco de vapor” o “La Brújula” y has sido dos veces finalista del “Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil”, no es por suerte ni por nada que no sea talento.

Además, su visión como profesora de Lengua y Literatura nos dará, también, detalles de esa, a veces, complicada relación entre la educación y la lectura.

Solo tenéis que ir a https://www.radiofftherecord.com/2021/05/13/7622/ y encontrar un ratito para dejaros llevar por las palabras en esta charla entre amigos, entre colegas (en el sentido laboral), entre apasionados de la literatura.

Y, ya sabéis, nada mejor que un libro para conocer el mundo.

“No me entiendo sin la escritura”.

Beatriz Osés

Segundo club de lectura infantil en Librería Taiga Madrid

Día muy especial ayer en Librería Taiga Madrid.

Segundo club de lectura infantil que hacemos juntos y cómo estaba la librería… ¡A reventar!

Y eso que se daban todas las condiciones, incluso, para haberlo tenido que cancelar…

Yo sigo con lumbago, por lo que mandé a mi versión robótica y tuve que responder con un sencillo “es que me duele mucho la espalda” a las mil veces que me preguntaron: “¿por qué andas tan raro?”

El primer autor que estuvo con nosotros, Pedro Mañas, está con ciática, y el pobre no solo vino y lo hizo fenomenal, sino que se hartó a dedicar libros a todos los fans de “Anna Kadabra”“Princesas Dragón”“Cazapesadillas” y demás y, por extensión, fans de él. Qué gusto fue desvirtualizarlo, al fin; confirmar lo que ya tenía claro: que es un tío majísimo, cercano, humilde y sencillo (además de un pedazo de escritor); y escucharlo recitar uno de mis poemas favoritos escritos por él: “Comida basura”, de su precioso poemario “Ciudad laberinto”, ganador del “Ciudad de Orihuela” con Kalandraka. Mil millones de gracias, Pedro.

La segunda autora, Beatriz Osés, había tenido una caída y tampoco se encontraba muy allá. En la librería ya tiene su grupo de admiradores (¿quién dice que los niños no leen?), y aprovechamos la ocasión, además de para hablar del libro en cuestión, el primero de la saga “Erik Vogler”, editado por Edebé, para celebrar con ella su reciente (y merecidísimo) “Premio El Barco de Vapor” por el libro “Un bosque en el aire”, ya sabéis, con SM. Nos hizo una promesa que estamos deseando ver cumplida, pero es secreto… Gracias, Beatriz, por tu amistad y tu generosidad siempre.

Vamos, que parecíamos tres ancianos hablando de literatura infantil y juvenil

Pero los tres, además de mis amigas de Taiga (gracias por este espacio que me ofrecéis), acabamos felices. Agotados, sí, pero muy felices. Porque nos encantan los libros y, al menos en mi caso, porque me encantan los peques (y tuve visita especial incluida que casi me hace llorar).

Una tarde maravillosa, qué os voy a decir…

“Para los niños trabajamos porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”.

José Martí