De charla en Las Tertulias del Estay

¿Os acordáis cuando escribí esta entrada sobre lo poco que se nos “cuidaba” a los autores de grandes ciudades y lo mucho que se cuidaba a los autores de localidades más pequeñas? https://jorgepozosoriano.com/2019/05/10/quiero-ser-de-provincia/

Pues, bien. He tenido la suerte de que una periodista que viene de lo local haya dado conmigo (a veces, las redes traen estos regalos) y me haya ofrecido esa promoción tan necesaria como difícil de conseguir.

No solo eso. No ha sido una promoción sin más. Ha sido un momento genial en el que, además de disfrutar de la deliciosa comida del Restaurante Estay, hemos podido conversar sobre literatura en un ambiente relajado y amistoso. Además de Miryam Ponte, con su Radio Off The Line (qué iniciativa tan chula), también he compartido este ratito con el periodista y autor Javier Cid y Lidia González, editora de Nueva Estrella Editorial.

Qué gusto conocer a personas que siguen creyendo en la literatura de siempre, que apoyan a escritores pequeñitos como yo sin pensar solo en los seguidores que pueda tener en Instagram. Qué gusto poder disfrutar de estos ratitos tan agradables sin más pretensiones que disfrutar de algo que nos une y nos llena, como son los libros.

Gracias, de corazón, por contactarme, por contar conmigo, por creer igual que yo y por esos proyectos que, seguro, nos van a salir fenomenal.

Os dejo el enlace para que lo escuchéis, si os apetece.

https://www.radiofftherecord.com/2019/09/10/leer-es-viajar-a-mundos-extraordinarios/ 

Un abrazo enorme J

Anuncios

Reflexión sobre la publicación de reseñas

Hola a todxs. Llevo días rumiando si publicar o no una entrada sobre esto de escribir reseñas. Llevo ya varios años haciéndolo, intercalándolas con otro tipo de entradas sobre la literatura, la educación y lo poquito sobre lo que creo puedo hablar con algo de conocimiento.

Cuando pensé si hacerlo o no, tuve mis dudas. Por una parte, me apetecía dar mi opinión sobre los libros que leía. Me considero buen lector y creí que, quizá, posibles lectores encontraran en mis reseñas algo de información acerca de sus futuras lecturas. Por otra parte, sabía que ese mundillo tenía sus complicaciones.

Ya he hablado alguna vez de la endogamia, de los compadreos, del “pelotismo” a editoriales y/ o autores para recibir libros gratis… etc., etc., etc.; y, según voy avanzando (llevo ya más de veinte reseñas publicadas), me doy cuenta de que, en gran parte, tenía razón.

Al decidir hacerlo, tuve claro que no quería entrar en eso que critico. No haría reseñas llenas de pétalos y mariposas, no buscaría alagar a autores, editoriales ni otros perfiles solo por quedar bien o conseguir nada. Supe que iba a dar mi opinión, fuera buena, regular o mala, pues entendí que eso es lo que se debe hacer cuando se da una opinión. Siempre con humildad, siempre con respeto, siempre buscando la objetividad máxima (aunque, está claro, en las opiniones hay subjetividad), siempre intentando ser fiel a la sensaciones que me deja la lectura cuando la termino.

He hecho reseñas muy positivas y  sin ningún pero. He hecho otras muy positivas con algunos aspectos que no me han gustado. He hecho algunas más neutras en las que digo lo que me ha gustado y lo que no. He hecho unas pocas negativas en las que ni el libro ni el autor o autora ni las razones por las que un libro o un autor o autora están ahí me han gustado en absoluto.

Antes de escribir la conclusión de esta entrada, quiero recalcar que yo también soy escritor. Tengo tres libros y un trocito de otro publicados. He subido algún texto a las redes sociales. Soy consciente de que ni mis libros ni mis textos van a gustar a todo el mundo (¿algún autor o autora lo piensa?); igual que sé que, en caso de que le guste a alguien, es muy probable que haya algunos aspectos que no le terminen de convencer. Quede por delante que jamás pondré en duda la opinión de nadie sobre cualquier texto que  yo escriba. Nunca le diré a nadie que su opinión sobre cualquiera de mis historias es errónea, siempre y cuando no vea con claridad que la opinión sea malintencionada. Entiendo que un libro es como un hijo y que, lo que se dice sobre ellos, puede doler, pero hay que ser humildes y razonables si lo que se dice lleva parte de razón (¿no es así como se avanza?). No es que hayan escrito muchas reseñas sobre mis libros (es lo que tiene estar empezando en esto de publicar), pero sí he podido leer en las que se han hecho algunos comentarios sobre aspectos mejorables o no he recibido la máxima puntuación posible en caso de que quien escribe la reseña puntúe. A todos esos comentarios, a todas esas estrellas que no he llegado a alcanzar, a todos esos apuntes sobre qué podría mejorar les debo crecer como escritor. De nada me serviría que alguien que opina sobre un libro mío solo me dijera que todo es maravilloso, perfecto, que no cambiaría ni una coma, que todo lo que plasmo en el papel parece obra de un dios. Primero, porque es imposible. Segundo, porque me estarían mintiendo. Tercero, porque nada de eso me ayudaría a mejorar en mi escritura.

Dicho esto, quiero terminar diciendo que seguiré reseñando los libros que lea apuntando qué me ha gustado y qué no. ¿Os imagináis que solo reseñáramos los libros diciendo que todos son obras maestras, sin errores, sin nada que nos haya gustado un poco menos, plagados de aciertos y sin ningún error? Ningún libro es perfecto. Ningún autor es perfecto. Y, como ninguna opinión es perfecta, hay miles de blogs, canales y perfiles en redes sociales que vuelcan las suyas sobre lo que leen. Yo, simplemente, doy la mía. Puedo estar tranquilo al saber que no he opinado nada que no quisiera opinar, que he sido fiel a mi yo lector y crítico, fiel a mí mismo.

Solo espero que, si algún día me veis recriminándole a alguien una valoración negativa (siempre que haya respeto, insisto) sobre alguno de mis libros, me bajéis de las nubes y me devolváis a lo terrenal, porque se me habrá subido un poquito a la cabeza (espero que eso no ocurra nunca).

¿Qué pensáis al respecto? ¿Qué tipo de reseñas os gusta encontrar cuando buscáis la opinión sobre un libro?

Un abrazo para todos y todas 😉

“Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”.

Seneca

Club de lectura curso 2018-2019

Antes de terminar el curso le planteé a mi directora de etapa si le parecía bien montar un club de lectura para los padres y otro para los alumnos de secundaria. Le encantó la idea tanto como me encanta a mí.

Teníamos reciente la experiencia de la “merienda literaria” que hicimos para celebrar el Día del Libro y pensamos que podría estar muy bien hacerlo de una forma más estable.

Mi idea es leer un libro por trimestre, y he empezado por los libros que me apetece trabajar con los chicos y chicas de secundaria.

La edad de la ira, de Nando J. López, porque es una lectura adictiva y genial y por todos los temas que trata (y lo bien que están tratados).

Persona normal, de Benito Taibo, porque es un libro que hay que leer y estoy seguro de que les va a encantar esa relación tan maravillosa de Sebastián con el tío Paco y su forma de ver la vida.

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, porque los clásicos lo son por algo y porque es una joya de la literatura juvenil que, ojalá, pueda acercarlos a leer más clásicos.

Será la primera vez que me enfrente a una actividad como esta, pero la verdad es que me apetece muchísimo poder pasar un rato hablando de libros.

¿Qué os parecen estas lecturas? ¿Creéis que es una elección acertada?

¡Un abrazo!

“Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.

Miguel de Unamuno

Crítica: Deja cantar a la muerte

Título: Deja cantar a la muerte

Autora: Sandra Andrés Belenguer

Editorial: Cross Books (Planeta)

Conocí a Sandra por redes, crucé con ella algunas palabras y, gracias a todo, no dudé en ir a la presentación de este libro en la Casa del Libro de Gran Vía de Madrid. La presentación fue preciosa, me llevé el libro firmado y, creo, una amiga y escritora de referencia.

El libro lo tomé con muchas ganas porque sabía que Sandra escribía muy bien, que era honesta, sencilla, humilde y seria a la hora de enfrentarse a una historia. En ese sentido, no me ha defraudado. Se nota que Sandra es una escritora. Filóloga, sin ir más lejos.

No he leído “El fantasma de la ópera” (y no creo que lo haga), pero esta historia es una muy buena historia. Bien contada, con un lenguaje cuidado y muy rico, frases muy potentes y mucho, mucho amor. Quizás eso, lo del amor, sea lo que me ha “chirriado” un poco. Sabéis que no soy muy de romántica (y creedme, lo intento), y esas partes en las que el amor era lo que primaba se me han atragantado un poco.

No voy a adelantar más. Os dejo con mis puntos fuertes y débiles, en las que os destripo un poco más mi opinión sobre este libro.

Puntos fuertes:

La pluma de Sandra: aunque esto parezca de Perogrullo, me gusta encontrar un libro que esté bien escrito. Cada vez es menos habitual, por desgracia. Este libro y (estoy seguro) el resto de libros de Sandra podrán gustar más o menos, pero nadie podrá decir que están mal escritos.

París: para mí, la protagonista del libro. Los personajes son fuertes, pero la importancia que cobra la ciudad es, en mi opinión, mayor. Los lugares que cita, las catacumbas… Vamos, que me han dado ganas de volver a París y descubrirlo desde lo narrado en esta novela.

Las referencias a otros libros:

los baobas o la rosa de El Principito, el armario de Narnia, el andén 9 y ¾ de Harry Potter, Peter Pan… Me encanta, la verdad, me gusta ver libros en otros libros, creo que es un punto muy a favor del fomento de la lectura, un tema que tanto me importa.

La alianza entre lo clásico y lo moderno: creo que los dos están aunados a la perfección, y eso es un meritazo de Sandra. Dejar en la mirada ese gusto a clásico, a la literatura universal, sumado a referencias tan actuales es un acierto.

Lo que más me ha gustado: me quedo, sin dudarlo, con lo bien que está escrito y con las ganas que me han dado de volver a París. ¿Iré algún día con Sandra para que me enseñe los secretos de una ciudad que conoce tan bien?

Lo que menos me ha gustado: aquí voy a hablar de dos puntos. Algo más palpable y algo un poco más personal. Lo palpable es que, entre algunos capítulos, hay otras partes que la autora llama “Contrapunto” en las que deja de haber un narrador en tercera persona y son los propios personajes quienes, a través de sus pensamientos, avanzan en la historia. Sé que son necesarios y no voy a ser yo quien cuestione la decisión de Sandra de hacerlo de ese modo, pero sí diré que a mí me sacaban de la historia y que, al encontrarlos, mi sensación era un poco “ufff, otro contrapunto…”. El otro punto del que quiero hablar es, como os he dicho, más subjetivo. Sin haceros spoilers, es una historia de amor a tres bandas. Hasta ahí, todo bien. Lo que me ha trastocado un poco es cómo ocurre ese amor. Cómo los protagonistas masculinos asumen roles machistas y retrógados con la chica. Cómo la tratan, cómo luchan por su amor, a lo que llegan por conquistarla… Sé que no es algo que salga de Sandra y “El fantasma de la ópera” será “el culpable” de esos comportamientos, pero no puedo evitar pensar que, en algunos clásicos, muchas relaciones amorosas se basan en ese machismo, en ese “hago esto porque te quiero”, en ese “si no es conmigo, no será con nadie”, en eso que, por suerte, se denuncia tanto hoy en día y que, por desgracia, sigue ocurriendo. He tenido que preguntarme si la literatura ha influido (en parte) a que existan esos roles de género tan dañinos. ¿Qué opináis vosotrxs?

Mi sensación final es que, gracias a este libro, he descubierto a una gran escritora y a una muy buena amiga. Deja cantar a la muerte me ha acercado a esa literatura clásica que leí de pequeño y que me hizo amar la buena literatura, la que está bien escrita, la que se disfruta palabra a palabra porque las palabras las han escrito precisamente para eso, para disfrutarlas.

“La música siempre iba unida a un sentimiento, a una persona. Cuando ese sentimiento está preso por otros, cuando esa persona ya no existe, la música contiene el poder de encender el alma”.

Sandra Andrés Belenguer, “Deja cantar a la muerte”

Dame tiempo

Cuando alguien como Carmen Guaita me pide algo, le digo que sí antes de que me diga de qué se trata. Por si no la conocéis, Carmen es maestra, escritora y, por encima de todo (y hay que ir muy encima), es una persona maravillosa, llena de talento, de luz y que contagia ilusión por donde pasa. Fue ella quien me hizo la frase para la contraportada de “Un corazón para Opalina y otros cuentos fantabulosos” (una frase preciosa). Fue ella quien me presentó en mi colegio con ese mismo libro. Vino al colegio este pasado abril para hacer una actividad con los alumnos de tercero que disfrutaron un montón. Así que, sí, Carmen me propuso y yo acepté sin condiciones, y no me equivoqué.

Ayer, esa petición se materializó en forma de libro. Un nuevo libro que no es solo mío, sino que comparto con gente de la talla de Manuel Francisco Reina, Antonio Hernández, Nieves Herrero o el Padre Ángel, además de la propia Carmen. Un libro precioso, ilustrado por Marta Marbán de Frutos y con veinticinco cuentos “para la conciliación entre trabajo y familia” que son geniales. Un libro necesario, creo, y que, si no me equivoco, nos va a dar muchas alegrías.

Como sé que muchos llevabais ya un tiempo esperando libro nuevo (ya sabéis que las cosas de palacio no van muy deprisa), os invito a todos a que estéis al tanto de nuevos avances y, por lo pronto, os invito a todxs a la Feria del Libro de Madrid este domingo, día 16, a partir de las 18.30 en la caseta 289. Me encantaría veros, daros un achuchón y dedicaros este libro en el que tengo tanta ilusión depositada. Estarán conmigo (o, mejor dicho, yo estaré con ellas) Carmen Guaita y Marta Marbán, así que, si os pasáis, os lo podréis llevar muy bien dedicado.

Ya os seguiré contando. De momento, os mando un abrazo enorme 🙂

“Qué insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente”.

Goethe

¿Y si Instagram no tuviera tantos “likes”?

Acabo de leer que Instagram se está planteando ocultar el número de “likes” que reciben nuestras fotos y que, de hecho, lo están ensayando en Canadá y, lo digo desde el principio, me parece todo un acierto. Es más, yo ocultaría, también, el número de seguidores.

Sabéis que he escrito varias entradas criticando, precisamente, la locura que las redes sociales han causado en mercados como el editorial. Es justo esa obsesión por conseguir “likes” la que ha llevado a cientos de niños a enviar fotos sin ropa (el tema del uso de redes sociales por menores es otro asunto que me enerva bastante, por otra parte) y a que la policía haya tenido que intervenir, pues era una mina de oro para pederastas. Esto es llevarlo un poco al extremo, sí, pero no olvidéis que es algo real, que está ocurriendo, que es tan evidente como palpable y triste.

Los psicólogos llevan tiempo advirtiendo de los peligros que la búsqueda de relevancia en redes conlleva, y esta situación se ha visto multiplicada por mil con la aparición de Instagram. Ojo, a mí es una red social que me encanta, pero creo que se nos ha ido de las manos por completo.

Sé que hay muchos detractores de esta posible decisión que opinan que Instagram está justo para eso; que no serviría para frenar esa carrera hacia ser “influencers“; pero hay otros muchos que dicen que sería algo muy positivo, ya que podríamos centrarnos en el contenido real, y no en el que los “likes” nos dicen que tiene que gustarnos, además de no tener que obsesionarnos con subir contenido a todas horas por el simple hecho de que, si no lo hacemos, no llegaremos a ser importantes en las redes. Por otra parte, hay quienes critican esta iniciativa argumentando que sería un problema para el marketing de influencias... Qué queréis que os diga. Para mí, justo esa crítica es la que más me asegura que es la opción más acertada. Hacer creer a tantos niños y jóvenes que solo con ser famosos en redes les va a llevar a vivir como quieran es un grave error y una irresponsabilidad. Dejar en manos de gente inexperta cuyo único mérito es tener un perfil lleno de seguidores y “likes” el éxito de determinadas marcas y/ o productos es, desde mi punto de vista, muy tóxico. Sobre todo, como ya he dicho varias veces, cuando esos productos son los libros. Dejemos de dar prioridad a todo lo que escribe gente que no sabe escribir más que un breve texto que acompaña a sus fotos o su nube de etiquetas. Dejemos de leer los libros que los “likes” nos dicen que tenemos que leer, aunque no sirvan ni para calzar una mesa coja. Dejemos de regalar éxito en lo literario a quienes se pliegan a la tiranía de las redes sociales. Volvamos a leer a escritores, aunque no salgan en la tele ni tengan cien mil seguidores. Volvamos a buscar nuestras próximas lecturas en los canales que siempre funcionaron (librerías, bibliotecas, medios especializados, en nuestros amigos lectores…). Volvamos, amigos, a poner a los libros en el lugar que siempre les ha correspondido. Volvamos, en definitiva, a recuperar la cordura que nunca debimos dejar olvidada.

“En la sociedad, el hombre sensato es el primero que cede siempre. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes”.

Jean de la Bruyère

Todos somos expertos en educación

Después de expresar mi opinión sobre la idea (errónea, a mi entender) de que todo el mundo puede escribir, hoy os voy a hablar de otro tema relacionado con escribir que también me genera bastante rechazo, por decirlo de una forma suave.

Casi todos sabréis que soy profesor de primaria. Llevo desde los dieciséis años trabajando con niños (muchos años como monitor de natación, desde los dieciséis hasta los veintisiete) y desde los veintisiete en adelante, como profesor. Dos cursos en Londres y ahora estoy en mi cuarto curso en Madrid. Lo cuento para que veáis que hablo desde el conocimiento, en primer lugar, de los niños, y, en segundo lugar, del ámbito escolar.

Una vez puestos en situación, vamos al tema. ¿Todo el mundo sabe tanto de educación y de temas tan controvertidos como peligrosos en el ámbito escolar como para escribir libros al respecto?Me refiero, en concreto, al tema del acoso (yo me niego a ponerle la coletilla de “escolar”, ya que la escuela no es el único lugar donde ocurre, no es siempre donde se genera, no es siempre la culpable y, desde luego, no es la única responsable). ¿Sabéis el daño que hace hablar de algo sin apenas saber de qué se está hablando?Sé que este es un asunto peliagudo, que muchos me podrán saltar con “puedo hablar del acoso porque yo lo sufrí”. Pues, lo siento, yo sufrí la pérdida de una madre de la noche a la mañana y no se me ocurriría escribir un libro sobre cómo llevar el duelo, ya que esa es tarea de los psicólogos(la mía fue maravillosa) y yo no soy nadie para ofrecerme a hacer charlas ni dar consejos sobre cómo tiene que ir ese proceso tan duro. Es más, a mí me hicieron acoso toda la vida, tanto en el colegio como en el instituto, pero tuve la inmensa suerte de tener una familia que me dio todas las herramientas posibles para que me resbalara: primero, me quisieron (y quieren) sin ningún tipo de parche, me enseñaron a quererme a mí mismo, me animaron cuando necesitaba ánimos y me hicieron ser fuerte y capaz de ignorar comentarios y actitudes de macarras. Sé que eso, a veces, no es suficiente. Que hay familias y familias. Personas y personas. Acosos y acosos. Precisamente por eso, creo que hablar de un tema así tan a la ligera, más que ayudar, genera todo lo contrario. Me canso de escuchar que en los colegios no se hace nada para evitarlo. Que los profesores lo sabemos y que miramos a otro lado. Os aseguro que es complicado que se dé un caso de acoso en un centro escolartal y como se entiende el acoso (quizás ese es el problema, que consideramos que son acoso muchas situaciones que no lo son, ayudados, también, por todos esos ¿expertos? en educación y prevención del acoso que ven en un asunto así una posible buena fuente de ingresos) y que, si se da, es muy poco probable que se mire hacia otro lado. Está claro que hay docentes y docentes, pero la inmensa mayoría está ahí por vocación, por amor a la educación y a los niños, así que, no, no es habitual que se ignore algo tan grave como una situación de acoso.

Dicho esto, saco el tema porque, como he dicho al principio, me descoloca mucho ver libros que se presentan como “medicinas” frente al acoso escritos por (¡sorpresa!) personas que no trabajan en la educación. ¡Toma ya! ¿Os imagináis que a mí me diera por escribir un libro sobre cómo tratar a las personas que acaban de sobrevivir a un atentado terrorista? ¿Alguien puede pensar que yo sería la persona más indicada para escribir un libro dando consejos sobre cómo fabricar el mejor avión que jamás pudiera existir? “¡Pero si no eres psicólogo ni ingeniero aeronáutico!” ¡Ah! ¿Es necesario ser un profesional de aquello sobre lo que se escribe y se aconseja?Está claro que no… Hay más de un libro y más de dos sobre cómo actuar en situaciones de acoso escritos por personas cuyo único mérito es, una vez más, ser influencer(escritor o no) o tener el morro de usar su posición de escritor para venderse a colegios, “¡que ahí hay mucho negocio!” A mí, la verdad, me da mucha pena y un poco de vergüenza. Quizá se debe a que yo soy una persona muy cauta y humilde; a que no me gusta hablar sobre lo que no sé (mucho menos, sentar cátedra); o a que no me gusta engañar a la gente que pueda leerme. El caso es que a mí no se me ocurriría escribir libros diciéndole a todo un gremio al que no pertenezco cómo hacer su trabajo, pero ya sabemos que sobre educación todo el mundo sabe más que los mismos profesores; que nosotros solo estamos ahí por las vacaciones que tenemos; y que cualquiera podría hacer nuestro trabajo. Una lástima, pero es así.

¿Qué opinión tenéis al respecto? Me encantaría escucharos y os aseguro responder todos los comentarios que dejéis con vuestras impresiones.

“La educación genera confianza. La confianza genera esperanza. La esperanza genera paz”.

Confucio