La educación no importa una mierda

Así de rotundo lo digo. Y así de mal dicho. Porque, me vais a perdonar, estoy harto.

No suelo meterme en política porque no es mi especialidad, pero como sí tengo algo de voz en el ámbito educativo, permitidme que exprese mi opinión viendo cómo funciona o, mejor dicho, cómo no funciona la educación en España. Al menos, por cercanía, en Madrid.

Hoy mismo escucho en los telediarios y leo en la prensa que en ningún momento está sobre la mesa cerrar los centros educativos. Esto, en una situación sanitaria absolutamente descontrolada y, vuelvo a poner el acento, porque es donde vivo y trabajo, en Madrid.

Hoy, que la mayoría de las comunidades autónomas están endureciendo las medidas (poco, en mi opinión, en la capital), nadie habla de cerrar los colegios. 

Vaya por delante que, como maestro, soy el primero que quiere que los centros educativos abran. En contra de lo que muchos puedan pensar (esos que siguen criticando a los profesores de forma casi sistemática por uno u otro motivo), las clases online son un horror para casi todo el cuerpo de profesores. No conozco a nadie que trabaje en educación contento con este teletrabajo impuesto, en ocasiones (como la de esta semana), de forma absurda e innecesaria. No olvidemos, tampoco, que los profesores y profesoras también tienen vida en sus casas. Que muchas familias que no se dediquen a la docencia tendrán que hacer malabares para teletrabajar y estar pendientes de sus hijos o personas a cargo, soy consciente y lo he visto; pero que los y las docentes también tenemos nuestras dificultades para trabajar desde casa, cada uno con sus peculiaridades. Pero, ay, la conciliación de los profesores importa un poco menos, parece ser.

Escribo esta entrada después de escuchar que “no se cierran los centros educativos porque la salud mental de los menores preocupa mucho”. Me entraría la risa si me hiciera gracia, pero no es el caso. Nos quieren vender la película de que les importa la educación, pero hay que estar bastante ciego para no ver que esa no es, ni de lejos, la realidad.

¿Por qué no son claros? ¿Por qué no dicen que la conciliación familiar sería IMPOSIBLE si los centros educativos no estuvieran abiertos? ¿Por qué no confirman la obviedad y asumen que, con los colegios cerrados, el sistema laboral se iría al garete? Si lo asumieran, además de no intentar reírse de la población, podrían justificar dar más recursos a los centros tanto para que esas clases online sirvieran para algo como para que profesores y alumnos no estuviéramos más expuestos al virus que nadie (a excepción de los sanitarios; gremio, también, vilipendiado hasta el hartazgo). Pero eso, claro, no va a pasar. En qué cabeza podría caber que se va a invertir en educación…

Muchos colegios/ docentes/ familias no tienen los recursos ni los conocimientos para asumir unas clases online. Si ha medio funcionado, no ha sido por la ayuda que se ha recibido desde las administraciones, sino por el buen hacer de muchos maestros y maestras (a veces, en lucha con equipos directivos que tienen cero empatía con sus equipos docentes). Porque nos hemos visto obligados a hacer el pino puente con las orejas para darle una vuelta a las clases presenciales y tratar de hacer algo útil de lo que nuestros alumnos pudieran sacar provecho. Sin olvidar, claro está, ser empáticos y comprensivos; hacer, también, de psicólogos con ellos y con sus familias. Una empatía que, por desgracia, no se ha dado siempre de forma recíproca (aunque yo no pueda quejarme, pues mis familias han sido y son maravillosas). Durante el confinamiento, os puedo asegurar, la mayoría de los profesores nos hemos desgastado casi por completo y hemos visto que la docencia a distancia, con niños y niñas de determinadas edades, tiene más bien poco sentido.

Si pensáramos única y exclusivamente en la salud, los colegios tendrían que ser los primeros lugares en cerrar. Seamos claros. No lo hacen tan solo porque se piensa en la economía. Y está bien (o no) que así sea. Y se comprende. Y se arrima el hombro. Pero que no nos vendan la moto y no digan que los centros educativos son seguros por cómo se han gestionado desde la administración; o que las clases online medio funcionan por lo que ellos han hecho. Que aplaudan a los centros educativos y a los docentes que han conseguido que así sea. Ya está bien de colgarse medallas inmerecidas.

La educación, como digo, importa una mierda. Lo puedo asegurar cuando veo que quienes están limpiando accesos y alrededores de nieve y hielo de los centros educativos son las propias familias y el personal no docente, con el “a ver si llegamos al lunes” en boca ya de muchos (lo de la gestión de las consecuencias del temporal en Madrid es otro tema). Veo que mi colegio pide por redes colaboración a las familias, con el mensaje de “qué orgullo” por bandera. A mí no me supone orgullo, sino vergüenza. Me avergüenza pensar que las administraciones no vean vital permitir la normalidad en los centros, que no pongan ni un solo medio para adecentarlos, que sean personas, digamos, “civiles” quienes se estén dejando los riñones en hacer todo lo posible para que los colegios puedan abrir, por eso, ya sabéis, de la preocupación de los políticos por la salud mental de los menores. Tiene bemoles.

Eso sí, las inspecciones para valorar los daños en los centros educativos se privatizan, no vaya a ser que no puedan sacar dinero, también, de las desgracias.

Podemos asegurarlo, también, cuando estamos a punto de vivir el enésimo cambio en la ley educativa. Por supuesto, sin consenso. No quiero entrar en las bondades o maldades de la Ley Celáa (eso sí, os pido, como siempre, que, antes de opinar, leáis la ley, no lo que digan sobre la ley unos u otros medios de comunicación), porque nos la tendremos que comer con patatas, igual que todas las demás y, sinceramente, no creo que sea ni mejor ni peor que las anteriores en lo profundo. Lo que me indigna es que se cambie cada vez que cambian los gobiernos, pero eso demuestra, como os digo, lo poco que les importa la educación a todos los gobiernos.

Dicho esto, seguiremos luchando por hacer que estos niños y niñas a quienes les ha tocado vivir esta situación tan horrible tengan el menor número de secuelas posibles. Seguiremos siendo responsables limitando nuestra vida social para evitar contagiar a nuestros alumnos, ya que lo de los grupos burbuja es una completa utopía imposible, por tanto, de cumplir. Seguiremos trabajando como siempre lo hemos hecho, con dedicación, con cariño, con profesionalidad, con mucha preocupación, con empatía, con toda la cercanía que podemos ofrecer, con el estrés de siempre multiplicado por diez, con cambios de criterios y de leyes constantes que nos entierran en papeleos, velando, como siempre lo hemos hecho, por esa salud mental de los menores que, a nosotros, sí nos preocupa.

Mientras tanto, que no os engañen, a la clase política y a una buena parte de la sociedad, la educación les seguirá importando una mierda.

Para terminar, acaba de llegarme la noticia de que Madrid retrasa la vuelta a los colegios hasta el próximo miércoles, 20 de enero, porque, dicen hay muchos centros con problemas de accesibilidad (¿sorprendidos? Familias, hay que ver el poco uso que le habéis dado a los picos y las palas…). No contentos con esta solución, fruto de su absoluta dejadez, se amplía el calendario escolar tres días en junio, para “reforzar la presencialidad”. Vamos, lo de siempre. Los profesores que, no hemos dejado de trabajar ni un solo día (en mi colegio, lunes y martes incluidos) y que seguiremos trabajando durante estos días de ampliación, tenemos que subsanar su incompetencia y alargar tres días más el calendario escolar. Porque, no lo dudemos, esos tres días más van a ser vitales para la formación de los alumnos y el curso no sería igual sin esta ampliación… En fin. Más de lo mismo.

(La imagen que añado es un artículo muy acertado, en mi opinión, que habla de esto mismo que critico).

“Educar la mente sin educar al corazón no es educar en absoluto”.

Aristóteles

“Pink sofa conversations”

Después de un año con más de 15.500 visitas al blog (gracias, gracias, gracias), empiezo este 2021 sin la idea que a veces he tenido de dejar de usarlo, que alguna vez ha rondado mi cabeza. Es tiempo, algunos dicen que los blogs están desfasados… Pero la verdad es que a mí me gusta esa independencia que mantiene con las redes sociales (quizá por el “desfase”), su funcionamiento sin algoritmos que te posicionen mejor o peor (aunque algo habrá) y, sobre todo, porque puedo escribir todo lo que quiera.

Si lo habéis leído, sabéis que, básicamente, escribo sobre dos temas: libros (que reseño, a mi manera) y educación. Y así seguirá siendo, porque son los dos ámbitos que más me interesan y en los que, creo, puedo hablar con la autoridad que me da dedicarme a esos dos mundos.

Dicho esto, hoy traigo algo que me hace mucha ilusión. Conozco a Alicia desde hace ya muchos años a raíz de su hermana. Las adoro a las dos, qué os voy a decir. Nos unen muchos hilos y, por desgracia, uno que nos ha marcado bastante a los tres y que ahora veréis.

Alicia, entre otras muchas cosas, es artista. Solo tenéis que ver sus perfiles en redes ( @clangdesign_ )o su web http://www.clangdesign.com para comprobar sus trabajos. Original al máximo, trabajadora como pocas… No puedo decir más que a mí me encanta todo lo que hace y que todos los éxitos que le lleguen son más que merecidos.

Hace unos años (unos seis o alguno más), mientras yo vivía en Londres, se me ocurrieron tres pequeñas historias que escribí del tirón en cuanto la inspiración se hizo palpable. Sus títulos son: “A la sombra de un gigante”“La chica con ojos de espejo” y “El último baile”. Las tres tienen una estética parecida tanto en la temática como en el lenguaje. Los tres tratan de la tristeza, pero desde la esperanza. Los tres con un lenguaje serio, pero muy simbólico y poético.

No se me ocurrió ninguna otra persona mejor para ilustrar esas historias que Ali (yo no había publicado nada aún), así que se lo propuse… Y el trabajo que hizo fue justo lo que necesitaban mis letras. De ahí nacieron tres álbumes ilustrados que, espero (esperamos) puedan ver la luz algún día (editoriales de España, dadles una oportunidad).

La historia la cuento en esta entrevista que me hace Ali (y que es el motivo de este post), aunque en inglés.

En resumen, yo escribí “El último baile” como regalo para mi madre. Ella era mi fan número uno, mi primera lectora siempre… Y pensé que, con lo que nos echábamos de menos, le gustaría leer una historia que hablara del inmenso cariño que siempre nos tuvimos y de todo lo que yo, como hijo suyo, quería decirle: el inconmensurable amor que tenía y tengo por ella, y cómo fue perfecta en su papel de madre.

La escribí, Ali la ilustró, unos amigos lo imprimieron, lo pusieron precioso y, el día de su cumpleaños, se lo llevaron a casa (yo seguía en Londres). Me dijo que fue “el mejor regalo que le habían hecho en la vida”. Yo no podía estar más contento.

A los pocos meses (algo más de tres), sin que nadie lo esperara, mi madre murió. En aquella noche que recuerdo a ráfagas, y en la que sentí todo el dolor del mundo envolviéndome, recuero que esa historia me vino a la cabeza y que, incluso, se la leí a un amigo, llorando a tempestades. 

Me pareció increíble que el último regalo que le hice a mi madre fuera ese y pensé (y pienso) que fue mi forma de despedirme de ella, que, con esa historia, le regalé la certeza de amor que merecía. Pensé (y pienso), también, que, si tuvo un par de segundos para pensar en mí cuando se estaba apagando, sería muy consciente de todo lo que la quise (y quiero) y de lo increíblemente feliz que fui todo el tiempo que compartimos.

Con los años, la vida nos dio otro golpe y la madre de Ali falleció

Y se cerró el círculo.

Y los dos estamos deseando que esta historia se publique para poder compartirla con el máximo de personas posibles. Porque creemos en esta historia y porque creemos que vosotrxs también lo haréis.

Y, ahora, os dejo el enlace a la entrevista (perdón por los errores con el inglés, que he visto algunos):

“Mamá, ¿me concedes este último baile?”

El último baile

El discurso del odio: homofobia

Con la reciente noticia del eurodiputado húngaro de extrema derecha József Szájer en una orgía con otros hombres en Bruselas. Sin poder dejar de poner el acento en que su partido es abiertamente homófobo y que ha propuesto una enmienda en la Constitución para exigir que las adopciones de niños sean solo por parte de familias heterosexuales porque lo contrario “pone en peligro el sano desarrollo de los niños”. Con partidos de ultraderecha que atentan contra derechos fundamentales y contra la propia naturaleza, en este caso, aflorando en países tan supuestamente progresistas como el nuestro. Con noticias muy recientes de palizas a parejas homosexuales en distintas ciudades españolas… Con todo eso, y con lo que tengo que dejarme en el tintero, quiero hacer una reflexión sobre ese discurso de odio contra los homosexuales que, aun estando en pleno siglo XXI, sigue existiendo.

Lo hago después de encontrar entre mis alumnos (de seis años) una naturalidad espectacular frente a la homosexualidad. Como se diría en Twitter: abro hilo.

Resulta que en el periodo semanal dedicado al “taller socioemocional“, esta semana decidí trabajar el amor, en su más amplio significado. Para ello, seleccioné varios cortos animados. En ellos se habla del amor a primera vista, del amor compartido, de amores que empiezan, de amores que acaban… Y, entre ellos, había uno de amor entre dos chicos.

Antes de comentar qué ocurrió, estaría muy bien que lo vierais (es precioso). Os dejo el enlace:

¿Ya lo habéis visto? Momento, entonces, para comentaros qué opinaron al respecto.

Después de ver todos los cortos, les pedí que los comentaran uno a uno. Cuando llegó el momento de comentar este, les pregunté si eso podía ocurrir en la vida real, y recibí un sonoro “¡nooooo!”. Tengo que reconoceros que me asusté un poco, pero, como casi siempre, los niños (insisto, de seis años) me dieron una nueva lección. Les pregunté por qué pensaban que no podía ocurrir y, al preguntar a una de mis peques, me respondió: “hombre, Jorge, ¡los corazones no pueden salirse del cuerpo!”. Insistí en lo que quería saber y pregunté si dos chicos o dos chicas podían enamorarse y ser novios o novias. TODOS y TODAS gritaron que sí.

Casi me los como, qué os voy a decir.

A lo que voy es, pensando en las palabras con las que inicio esta entrada, a la incomprensión de cómo puede haber sectores (más amplios de lo que pensamos) de la sociedad que siguen pensando que la homosexualidad es algo (por decirlo de una forma suave) peligroso cuando los niños (¡seis años!) tienen clarísimo que es algo sobre lo que ni siquiera hay una mínima duda. Si los niños, tan pequeños, saben perfectamente que dos chicos pueden quererse, del mismo modo que pueden hacerlo dos chicas, ¿en qué momento cabe ese discurso homófobo que sigue existiendo? ¿En qué momento a alguien le “cambia el chip” para pensar que ser homosexual está mal, hay que perseguirlo, agredir a homosexuales, intentar legislar contra sus derechos, que son, ni más ni menos, que los mismos que tienen los heterosexuales?

Me temo que todo cambia en el momento en que hay homofobia incrustada en la política y en los políticos (aunque luego intenten huir de orgías homosexuales bajando por cañerías), en los medios, en chascarrillos, “bromas”, chistes, conversaciones de bar, en “cuñadismos”.

Que no cuenten conmigo.

Desde mi posición de maestro, seguiré educando desde el respeto, la igualdad y la aceptación de “lo diferente” (entendido como lo menos habitual, sin que sea peyorativo). Porque mi moral me obliga a hacerlo y porque, como maestro, estoy obligado a hacerlo, tal y como ya expliqué en la entrada que escribí sobre el pin parental:

https://jorgepozosoriano.com/2020/01/21/el-pin-parental/

Y, para acabar, lo único que puedo deciros es que, como me ocurre casi a diario, los niños y niñas me demuestran que tienen más verdad en sus corazoncitos que muchos adultos. Eso, y que nunca me cansaré de aprender de ellos, porque, también, a pesar de su corta edad, son mis maestros.

Crítica: Tarde en el acuario

Título: Tarde en el acuario 

Autor: Nono Granero

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

Hace un tiempo, cuando no estaba tan metido como ahora en la poesía infantil, pregunté al bueno de Pedro Mañas por poemarios para niños de autores nacionales. Entre otros, me recomendó este “Tarde en el acuario”, incluido en la ESPECTACULAR Colección Orihuela de Kalandraka. No se equivocó al recomendármelo.

El libro es una excursión al acuario en toda regla. A los mundos submarinos, a ese universo oceánico del que, según dicen, conocemos tan poco. Gracias a estos poemas, conocemos algo mejor algunos de los misterios que los mares y océanos ocultan, y lo hacemos, además, a través de la poesía. ¿Se puede pedir algo más?

Son poemas sencillos, muy bien escritos, muy originales, muy apropiados (me sale el profe que llevo dentro) para trabajar la poesía con niños pequeños. Como suelo hacer los miércoles, comparto con ellas algo de literatura (de momento, poesía), y este libro lo disfrutaron muchísimo. 

Las distintas especies que se presentan adquieren protagonismo verso a verso gracias a descripciones y situaciones muy acertadas, muy divertidas y, a veces, muy misteriosas

Con humor, pero sin ser ese el único recurso, los lectores vamos navegando y buceando en la poesía, viviendo una aventura acuática hasta llegar al final del libro. Una muy buena tarde, la verdad.

Además, como siempre, la edición es maravillosa (por algo Kalandraka ganó el tercer Premio Nacional a los Libros Mejor Editados en 2019) y las ilustraciones, a cuenta de Carmen F. Agudo, son preciosísimas.

Dicho esto, paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

Seguir conociendo buenos autores: como siempre he pensado y dicho (y por mucho que la adore), la poesía infantil española es mucho más que Gloria Fuertes. Gracias a ir investigando, a descubrir editoriales que se toman muy en serio la poesía para niños como Kalandraka y buscando entre los principales premios nacionales, me estoy haciendo experto en esta poesía, y he de reconocer que me encanta.

El tema: aunque los animales son un tema muy recurrente en la poesía infantil, hasta el punto de estar ya bastante manidos, este libro nos habla de especies tan raras que no cae en esa vuelta a lo mismo de siempre. Desde pirañas a narvales, pasando por peces fantasma o saltarines. En mi opinión, una idea muy buena.

La edición: no insistiré mucho más, pero es obligado decirlo de nuevo: qué bien edita Kalandraka.

Lo que más me ha gustado: como he dicho al principio, seguir descubriendo poetaspoemarios y poemasinfantiles que leer y releer, recomendar, compartir, seguir… Nono Granero y esta tarde que nos regala han sido todo un placer.

Lo que menos me ha gustado: ya lo he dicho alguna otra vez, pero es la única pega que le puedo poner: esas páginas dobles sin ninguna ilustración, aunque fuera chiquitita, se me atraviesan un poco. Quizá pido demasiado, pero en poemarios tan bonitos, me gustaría mucho más ver algo de color en todos los poemas. 

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿me haréis caso y leeréis algo suyo?

¡Un abrazo!

“Los esperamos con las aletas abiertas”.

Despedida del acuario, Nono Granero

Crítica: Arbolidades

Título: Arbolidades

Autora: David Hernández

Ilustradora: Maite Mutuberria

Editorial: Kalandraka (Premio de Poesía para Niñas y Niños “Ciudad de Orihuela” 2019)

Cuánta felicidad me está trayendo esta colección tan maravillosa de Kalandraka. Qué bueno es conocer a autores de poesía infantil y diferentes estilos. También, qué gusto es descubrir a ilustradores tan espectaculares.

Este “Arbolidades” es un poemario infantil atípico. Me explico. No tiene rima. No es sencillo de entender. No tiene humor (que no es necesario, pero ya me entendéis). 

Tengo que decir que, al principio, me costó entrar en el poemario. Quizá por ese hábito de enlazar poesía infantil con sencillez y humor (cuando mi poesía infantil no es así, al fin y al cabo) o porque venía de leer varios poemarios llenos de risas. Cuando asumí que no tenía ante los ojos un poemario de ese estilo y pude comprender el sentido de la historia que cuenta (porque cuenta una historia), me metí de lleno y me gustó mucho.

Quizá se deba, también, a que, a veces, pensamos que la poesía infantil es para niños y niñas pequeños y pequeñas, y nos olvidamos de que (más o menos), la niñez lega hasta los doce años. ¿Es un libro para peques? Yo diría que no (aunque a los míos se lo leí y estuvieron atentos, no entendían mucho). Pero es un libro maravilloso para niños en una edad algo más avanzada (¿alrededor de los nueve o diez años?), lo que, en sí, es muy positivo, porque veo poca poesía para esas edades.

Se trata de un paseo por la naturaleza, por el origen de las plantas, por sus semillas, sus hojas, sus ramas, sus troncos, su periplo vital, la interacción de animales y humanos con el mundo vegetal… Y acierta en esa historia. Muchos poemas son capaces de transportarnos a un bosque silencioso y tranquilo, con el agradable sonido del viento agitando los árboles y algunos animales haciendo su vida. He viajado con este poemario, y eso siempre es un regalo.

Mi sensación final es que me costó porque me propuse leerlo con la mirada de un niño pequeño y me perdí. En cuanto cambié esa mirada, me pareció un poemario muy bien hilado, con una simbología preciosa, con un mundo onírico muy reconfortante, con (como digo) una historia muy bien “narrada”. Además, las ilustraciones de Maite Mutuberria son una maravilla y se complementan con los poemas a la perfección. Muy buen tándem, desde luego.

Dicho esto, paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

La edad de los lectores: eso que, al principio, me chirriaba ha resultado ser todo un acierto. Me cuesta encontrar poesía para niños que buscan otro tipo de poemas, y este poemario es muy apropiado para esos niños.

El tema: siempre es bueno difundir un mensaje de respeto y cuidado de la naturaleza, y hacerlo a través de la literatura, de la poesía, es algo que me encanta.

Las ilustraciones: en mi opinión, tan importantes como los poemas. Es uno de los libros más bonitos en cuanto a ilustraciones que he visto. 

Lo que más me ha gustado: aunque no esperara decir esto, lo que más me ha gustado es que no tenga rima. Me encanta la poesía adulta sin rima, la de verso libre, la que busca un lenguaje poético sin la necesidad de rimar ningún verso (y es la que yo escribo casi siempre), pero me chocaba leer un poemario infantil sin ninguna rima. No la necesita. Los símbolos son tan potentes que la poesía se hace sola.

Lo que menos me ha gustado: como en casi todos los poemarios, hay algunos poemas que no me han gustado nada por su simpleza, algo que me chirría si los comparo con otros (la mayoría) tan bien creados.

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais esta colección y este premio? Si no es así, ¿me haréis caso y buscaréis alguno de estos libros?

¡Un abrazo!

“Te conviene saber que, cuando crezcas,

todo lo que ahora ves habrá cambiado”.

Carta de un árbol a una de sus semillas, David Hernández Sevillano

Crítica: Ítaca

Título: Ítaca

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Tigres de Papel, Colección Genialogías

Pocos poemarios me han sacudido tanto como este maravilloso “Ítaca”, de mi queridísima y admiradísima Francisca Aguirre. Su “Los trescientos escalones”“La paternidad de Darth Vader”, de mi requeridísimo y readmiradísimo Manuel Francisco Reina“Toco la tierra”, de Ángela Figuera Aymerich… Pocos libros de poemas hay a los que vuelva una vez tras otra, para leer y releer los poemas que me erizan la piel y me aceleran o ralentizan el corazón, algo que solo me ocurre cuando leo esta poesía, esta que dignifica al género, esta que se escribe con la inalcanzable grandeza que solo tienen unos pocos poetas, como los tres mencionados.

A Paca ya la tengo más que descubierta y no sabéis lo que me arrepiento de haber sido tan idiota de no provocar un encuentro con ella, aprovechando su inmensa amistad con Manuel Francisco Reina. Sí coincidí con ella y con Félix Grande en la presentación en el Ateneo de una novela de Reina, pero mi pudor y mi falta de atrevimiento para esas cosas nunca me llevaron a pedir el favor de haber podido tomarme un café con ella. Habría sido un regalo precioso…

Este poemario, mezcla de lo poético, lo mitológico y lo personal, es un círculo perfecto en lo artístico, una obra maestra de una maestra como lo fue y es Francisca Aguirre, una lectura obligada para aquellos que se consideren dignos lectores de poesía. Cuánto hay que aprender, aún, de quienes pueden enseñarnos algo sin pretenderlo, y qué poco se aprende (si es que se aprende algo) de quienes pretenden enseñar sin haber aprendido ellos primero. Leer a Paca es temblar, es sentir ese pellizco tan suyo en cada verso, leer un poema, cerrar el libro y los ojos, suspirar, dejar que su sabor invada cada hueco del cuerpo, volver a abrirlo y leerlo de nuevo. Es volvernos egoístas en la lectura por simple disfrute y por ver si se nos queda algo de poso en los dedos y en la memoria literaria. Qué delicia es leer a esta poeta, amigos y amigas. Qué delicia.

No he puesto post-its porque creo que es un poemario que ha de leerse de principio a fin, sin pasar por encima ningún poema, porque ese círculo perfecto quedaría mellado. El periplo de Paca y de su sombra convertida en Penélope ha de caminarse siguiendo todos sus pasos, tratando de hacer coincidir nuestras huellas con las suyas, acompañándolas en ese viaje, dejándonos arrastrar junto a ellas, perdiéndonos en su diálogo sin perdernos ni una sola de las palabras que se dirigen la una a la otra.

No puedo hacer esta reseña sin destacar la impagable labor que la Editorial Tigres de Papel, con esta Colección Genialogías se ha propuesto hacer. Relanzar poemarios de nuestras mejores poetas en estas ediciones tan cuidadas, tan respetadas, tan abrazadas, es digno de agradecer, y mucho. Además, tanto el prólogo de Marta Agudo como la entrevista que Isabel Navarro le hizo a Paca en 2016 y que sirve de broche para cerrar este libro son, también, textos en los que detenerse y respirarlos con toda la profundidad posible. Qué necesario es rescatar y ensalzar a todas estas poetas sin las cuales seríamos un poco más huérfanos en lo poético.

Aunque mis reseñas terminan con los puntos fuertes y débiles y lo que más y lo que menos me ha gustado, no tendría sentido hacerlo en esta. Cierto es que hay poemas que me han gustado más que otros, pero no sería capaz de decir qué es lo mejor de este poemario, quitando lo que ya he dicho, y, por supuesto, no tendría ni un solo motivo para hablar de cualquier debilidad entre sus versos. Quizá, por decir algo, no haberlo leído antes…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“No te asustes de la voracidad

de los que te aman:

su turno es anterior a los gusanos”.

Paca Aguirre, Telar, Ítaca

Crítica: Ciudad laberinto

Título: Ciudad laberinto

Autor: Pedro Mañas

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela, Premio de Poesía para Niñas y Niños Ciudad de Orihuela 2009)

Como ya conocéis al autor, al menos por lo pesado que soy yo, no voy a hacer una reseña al uso, sino una especie de carta de agradecimiento, tanto a él como a la editorial, que también lo merece por su maravillosa labor, su perfecta edición y por este premio tan importante en el mundo de la poesía infantil.

Gracias, Pedro, por:

Gracias, Kalandraka, por:

No quiero alabar más a Pedro Mañas ni repetir lo muchísimo que me gusta leer todo lo que escribe porque, según me dice, le da un poco de apuro. Eso sí, si os gusta leer literatura infantil o la buscáis para peques que tengáis cerca, os garantizo como hago con pocos autores que os/les gustará.

Por hablar un poco del libro, se trata de una colección de poemas en la que diversos elementos de una ciudad son los protagonistas. Calles, plazas, mercados, alcantarillas, rascacielos, farolas… Con la maravillosa pluma poética y la originalidad de la poesía de Mr. Mañas. Me ha encantado, no puedo decir otra cosa.

Dicho esto, solo voy a decir dos poemas que son divertidísimos. Me han gustado muchísimo todos, pero quiero destacar estos dos porque, de verdad, me han hecho reírme un montón, igual que a mis alumnos.

Comida basura: un poema en el que Doña Rata y su marido se van a cenar al restaurante del basurero, iniciando un diálogo genial con el camarero. Os dejo un pequeño fragmento:

[…]

Y le pregunta el esposo:

“¿Y algo un poco más sabroso?”

“Tenemos salchicha rancia

con queso viejo y mohoso

recién traído de Francia

y que es muy apetitoso”.

Se vende todo: donde un vendedor que dice venderlo todo no tiene nada lo que necesita una clienta (y qué preciosidad lo que le pide). Coincide, además, que lleva la ilustración que más me ha gustado. Porque, sí, las ilustraciones, de mano de Silvina Socolovsky, son una preciosidad.

Por decir una sola cosa que no me ha gustado, justo el poema “Comida basura” no lleva ilustración… Me habría encantado ver ese “suculento” menú mientras leía sus versos. ¡Una pena!

Y poco más que añadir. Que me vuelve loco la poesía, como ya sabéis, incluida la infantil. Que me encanta leerla porque vuelvo a ser un niño. Que me encanta leérsela a mis niños y niñas y ver que lo disfrutan tanto. Que, si buscáis literatura infantil buena y bonita, buscad en el catálogo de Kalandraka ¡Ah! Y que leáis a Pedro Mañas, que es un fenómeno.

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿me haréis caso y leeréis algo suyo?

¡Un abrazo!

“He pintado un mapa

sobre la solapa

de mi libreta.

Un mapa pequeño

de una ciudad grande

que no se está quieta”.

Ciudad Laberinto, Pedro Mañas

Crítica: Contar es escuchar

Título: Contar es escuchar

Autor: Ursula K. Le guin

Editorial: Círculo de Tiza

Sin ninguna duda, el ensayo es el género que menos he leído en toda mi vida. Suenan a denso, ¿verdad?  A la verborrea incontenida de quien los escribe, a lección, a estudio, a “tochazo”. Un poco lo son, creo. Para escribir un ensayo hay que saber mucho del tema sobre el que se escribe, además de saber escribir bien (quizá, por eso, los famosos y los influencers no escriben ensayos, porque no saben mucho de ningún tema). Y, como se sabe mucho de algo, se escribe mucho sobre ese algo, se le da muchas vueltas, se da una opinión muy trabajada y firme. En definitiva, hay que estar muy interesado en un tema en concreto para leer un ensayo acerca de ese tema.

Esa, que el tema me interesa mucho, es la razón por la que mis ojos se fueron directos a este libro en cuanto lo vi el día que entré por primera vez en “Amapolas en octubre”, una preciosa librería en Madrid de la que me enamoré a primera vista. Bueno, en realidad, una de las dos razones. El subtítulo del libro es “Sobre la escritura, la lectura, la imaginación”. Me interesa. Mucho. El segundo motivo es quién lo firma. Ursula K. Le Guin, una de las reinas de la fantasía y la ciencia ficción, una eminencia, una maestraConclusión: comprado y devorado.

Lo compré en un momento en que estaba leyendo varios libros (leyendo más bien poco, todo sea dicho), y se coló con tal fuerza que casi me lo termino en unos pocos días. Entonces, la vuelta al cole me hizo (como casi siempre) leer menos, así que lo dejé algo aparcado hasta que mi cuerpo y mi mente se han vuelto a acostumbrar al día a día y, por fin, lo pude retomar y rematarlo.

Qué MARAVILLA de libro. Qué MARAVILLA de autora.

Se trata de una colección de textos de la autora, desde ponenciasconferenciascharlas y artículos hastameditaciones, en los que nos da su opinión y nos cuenta su experiencia sobre la escritura y la lectura. Qué lección sobre la profesión de escritor nos da en un momento donde la escritura está tan denostada. Qué forma de darle la importancia que requiere, el trato que necesita, la categoría que nunca debió perder… “Los escritores son profesionales en una era en que el capitalismo aspira a ser el árbitro de la calidad” (sí, no os voy a engañar, me ha encantado ver que lo que llevo ya un tiempo denunciando, también es denunciado por una autora de la talla de Ursula K. Le Guin).

Es cierto que, en mi opinión, hay algunos textos menos interesantes o a los que he podido sacarles algo menos de provecho, pero hay otros que habría subrayado casi por completo (no suelo subrayar libros, pero me he quedado con muchas ganas de hacerlo con este). El final del libro, en “Sobre la escritura”, hay textos que, de verdad lo digo, tendrían que leer todos los escritores o quienes pretendan serlo. Esa parte, lo tengo claro, la leeré y releeré muchas veces más, porque es gracias a ideas así como más se aprende.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El aprendizaje: como escritor (o como proyecto de escritor) y como lector que soy, leer la experiencia de los más grandes en literatura acerca, precisamente, de escribir y leer es un aprendizaje que queda para siempre. Siempre me ha gustado enseñar (de ahí que sea profesor), pero también disfruto muchísimo aprendiendo, sobre todo si los maestros son MAESTROS con mayúsculas, como es el caso. Vuelvo a decir que todo aquel que escriba debería leer esa última parte de este libro.

Interesarme más aún por la autora: cuantos más nuevos “autores” leo, más me ratifico en mi gusto por los grandes autores. No quiero decir que no haya autores nuevos buenos, claro que los hay. Pero quienes han llegado a ser considerados los mejores autores no lo han hecho por moda, por fama ni por este afán absurdo por lo simple. Ursula K. Le Guin es quien es por méritos propios, y leerla siempre es una buena elección. Seguro que retomo sus “Historias de Terramar” en cuanto termine todo lo que tengo pendiente… 

Que se traduzcan y se traigan a España libros así: no sé si hay muchos libros de este tipo que yo no conozco, pero, si no es así, que traigan más. Ya sabéis que, aunque pueda leer en inglés y en italiano, me gusta mucho más hacerlo en castellano, así que, gracias a la editorial Círculo de Tiza por traernos esta joya.

Afianzarme en querer ser escritor: me sigue costando decir “soy escritor” (pocos me lo habréis escuchado decir). Y, sí, sigo diciendo “quiero ser escritor” aunque ya lo sea, al menos un poco. Libros como este me hacen querer serlo del todo, no solo ese poco. A eso me refiero.

Lo que más me ha gustado: acercarme a un género que apenas leo y bebérmelo. Una de mis mejores lecturas del año, sin duda, y un libro ya de referencia para siempre. 

Lo que menos me ha gustado: en este punto necesito hablar de dos aspectos que no me han gustado, a pesar de que me parezca un libro buenísimo y que nada tienen que ver con la calidad de los textos de la autora.

El primero es el cambio de título (esto es algo que me suele molestar bastante). El título original de este libro es “The wave in the mind” (“La ola en la mente”). Un título que, ya de por sí, me encanta y me gusta mucho más que “Contar es escuchar”. Pero es que, además, el título sale de una carta que escribe a una amiga, ni más ni menos, Virginia Woolf. Aúno las dos ideas. Ursula K. Le Guin, una escritora espectacular, titula su libro de ensayos sobre escritura, lectura e imaginación con palabras de Virginia Woolf, una de las escritoras más inmensas que existen en la historia. Un título con todo el sentido, literario al cien por cien, casi hipnótico. “Contar es escuchar” es un título obvio, nada literario y muy poco atrayente. La única razón que se me ocurre para este cambio es que se quisiera dejar claro lo que se iba a encontrar en el libro, pero, ¿hacía falta viniendo de quien viene y con un subtítulo como el que tiene? Sinceramente, no lo creo.

Lo segundo es la cantidad de errores ortotipográficos que tiene el libro. He perdido la cuenta de los errores de puntuación cuando hay un paréntesis o unas comillas (son muchísimos), además de otros como escribir “palabras claves” o erratas como escribir “volvió a hacerlo” en lugar de “volví a hacerlo” (esto, más comprensible, eso sí). Lo raro es que es la cuarta edición y esos errores siguen estando ahí, más que evidentes e hirientes. Una pena, porque la edición es bastante buena.

Mi sensación final es que, como ya he dicho, es una lectura necesaria para los escritores. Se lo recomendaría, también, a aquellos que se las dan de escritores sin serlo, sin haber leído un libro en toda su vida y sin saber escribir. Y a quienes amen la literatura, a esos y esas también os lo recomiendo. Mucho. Merece el tiempo invertido

“Para escribir una historia tienes que confiar en ti mismo, tienes que confiar en la historia y tienes que confiar en el lector”.

Ursula K. Le Guin

Sobre determinados premios de poesía…

“A la persona correcta tu mundo no le dará miedo, sino ganas de conocerlo”.

“Cuando la vida te regala personas extraordinarias, cuídalas. Esas no regresan”.

“Quien quiera estar, está, incluso en la distancia. Porque el interés no se oculta, se demuestra”.

“No detengas lo que se va ni te alejes de lo que está viniendo. Algunos cambios son buenos”.

“¿Y si te amas con la fuerza que usas para amar a otra persona?”.

No. No son frases encontradas en productos de Mr. Wonderful.

No. Tampoco son proverbios antiguos encontrados en azucarillos ni en galletas de la suerte.

No. No son frases encontradas en libros de autoayuda.

No. No son poemas.

¿O sí?

Esperad. Culpa mía. No lo he copiado bien.

“A la persona correcta

tu mundo no le dará miedo

sino ganas de conocerlo”.

“Cuando la vida te regala

personas extraordinarias,

cuídalas.

Esas no regresan”.

“Quien quiera estar,

está, incluso en la distancia.

Porque el interés no se oculta,

se demuestra”.

“No detengas lo que se va,

ni te alejes de lo que está viniendo.

Algunos cambios son buenos”.

“¿Y si te amas con la fuerza

que usas para amar a otra persona”.

Ay, qué fallo más grande he tenido. Se me había olvidado darle al tabulador después de algunas palabras. Ahora, sí. Mucho mejor. Perfecto. POEMAS. Es más, poemas de premio. Incluso más, poemas premiados. 20.000€, ni más ni menos. Por escribir frases de azucarillo, de carpeta de adolescente, de galleta de la suerte, de taza de mercadillo, de libro de autoayuda y separarlas sin ton ni son para que, al menos, parezca que tengan forma de poesía.

Pero, no. No lo es. No es poesía. Será otra cosa. Alguna, quizá, de todas esas que acabo de enumerar. Quizás otra cosa distinta. Pero poesía no es.

Es tan evidente que este premio se lo ha sacado la editorial de la chistera para vender poesía como churros que da hasta un poco de nausea. Tres ediciones se han realizado de este premio. Las tres (oh, casualidad) para influencers o, al menos, personas que cuentan sus seguidores en Instagram por miles (más de 700.000 este último ganador). Porque, no, amigos y amigas. Como ya he dicho muchas veces, no hace falta saber escribir para ser escritor. No hace falta ser poeta para escribir poemas. No hace falta saber escribir bien para ganar premios. Basta con llegar con un aval que se convierta en el símbolo del dólar o del euro en los ojos de los editores. Basta con haber pasado por la televisión y haberse granjeado una buena horda de fans con capacidad de crítica mínima. Basta con comprar seguidores y likes en Instagram hasta reventar los números. Porque, sí, me he dado una vuelta por el Instagram de este último ganador y, con ochenta y ocho publicaciones (todas iguales, ¿poemas? escritos en negro sobre fondo blanco), cuenta con setecientos diecisiete mil seguidores. No he ido uno a uno, pero sí he bajado lo suficiente como para ver que muchos de ellos son falsos. Por algo el propio autor tuvo que publicar un vídeo en el que aseguraba existir y no ser una cuenta manejada por bots que vomitaban, perdón, escribían frases en su cuenta. Sin palabras. De verdad que me quedo sin palabras.

Esto, amigos y amigas, es lo que triunfa ahora. O lo que tiene que triunfar. Insisto, me quedo sin palabras.

Los premios literarios se entienden (o se deberían entender) solo como un trampolín para impulsar voces nuevas que lo merezcan o reforzar a voces ya existentes que lo merezcan. Una oportunidad brindada por las distintas editoriales para ayudar a esas voces. Hacer lo contrario es repugnante. Usar a personas sin ninguna calidad literaria como trampolín para que las editoriales ganen ventas fáciles es repugnante. Dejar en la cuneta a poetas con voces gigantescas en detrimento de influencers con menos poesía en su voz que vergüenza es repugnante. A mí, al menos, me repugna.

Sigo deseando a diario que, algún día, la estupidez humana toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Que la codicia humana toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Que la capacidad humana para hacer el ridículo toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Porque esto ya cansa, y mucho. Apesta, incluso. 

Por favor, dejen de un lado la estupidez. Dejen de un lado la codicia. Dejen de hacer el ridículo.

“Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.

Albert Einstein (en su versión científica).

“Hay dos cosas infinitas:

el universo

y la estupidez humana.

Y del universo

no estoy seguro”.

Albert Einstein (en la que podría haber sido su versión poética, quizá premiada).

Crítica: La herida absurda

Título: La herida absurda

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Bartleby Editores

No es la primera vez que os traigo a Francisca Aguirre (ni será la última, porque me acabo de comprar su “Ítaca”), así que no es necesario que os la presente.

Ya sabéis que es una de mis poetas favoritas y que, aun habiendo sido Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de las Letras Españolas (ahí es nada), creo que su nombre y su obra no ocupan el lugar que merecen. Queda demostrado en comprobar la poca gente que la conoce…

Este libro lo pedí en la librería que tengo al lado de casa el primer día que abrió después del confinamiento (tenía hambre de libros), y me lo trajeron hace bien poco, alegando problemas para que el distribuidor se lo facilitase. No sé si esa espera ha ido erosionando las ganas que tenía de leerlo o que mis expectativas eran muy altas, pero he de decir que, aun habiéndome gustado, no me ha encantado.

No es necesario decir que la poesía de Paca Aguirre es buena. Muy buena. Pero no me ha llegado del mismo modo en que lo ha hecho, por ejemplo, su poemario “Los trescientos escalones”.

https://jorgepozosoriano.com/2019/06/30/critica-los-trescientos-escalones

He puesto varios post-its para marcar los poemas que más me han gustado, pero van pegados a poemas que me han gustado, no a ninguno que me haya vuelto loco.

Dicho esto, no creo que hacer mi análisis habitual tenga mucho sentido, por lo que solo compartiré algunos de los versos que más me han gustado del libro.

“La muerte y el amor no tienen modos,

sólo tienen promesas absolutas,

paraísos repletos de misterio,

y una voracidad desesperada”.

“Niégate a que el destino te arrodille,

no consientas que el mundo te haga cómplice

de sus viejos rencores homicidas.

Tú no puedes estar desanimada

ya no te queda tiempo suficiente

para andarlo dilapidando en la miseria”.

Lo que menos me ha gustado: hay muchos poemas que van dedicados a personas y dirigidos a esas personas. Esto es una manía mía, pero no me suelen gustar los poemas en los que se nombra a personas concretas. Me sacan de las letras al no poder apropiarme de ellas. Si el poema no puede ser mío, sentirlo mío y darle mi propio sentido porque aparece un nombre específico… No me llega del mismo modo…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Definitivamente amo

el escándalo deslumbrante de la vida”.

Paca Aguirre