Presentación “Dame tiempo”

Muy buenas a todxs,

Escribo esta entrada solo para invitaros a la presentación del libro “Dame tiempo”, el próximo martes. 3 de diciembre, a las 19.00. El acto tendrá lugar en la Asociación de la Prensa, en el número 98 de la calle Claudio Coello, en Madrid.

Estaré en la mesa de presentación junto a distintas personalidades y es todo un honor y un premio para mí, así que, como comprenderéis, estoy muy contento 🙂

Se trata de un libro con veinticinco cuentos de distintos autores, incluido uno mío, e ilustrado por Marta Marbán de Frutos en el que el tiempo es un personaje más. El tiempo y lo que la falta de tiempo que pasamos con los peques conlleva. Además, los fines son benéficos y lo recaudado irá a Unicef, Aldeas Infantiles y Mensajeros de la Paz.

Seguro que será un acto precioso en el que hablaremos de temas muy interesantes para todo el que quiera acompañarnos (y a mí me haría muy feliz veros por allí).

Os dejo la información en la imagen, para que anotéis la fecha.

¡Gracias y un abrazo!

Crítica: Todo se olvida

Título: Todo se olvida

Autor: Carmen Guaita

Editorial: Khaf

Carmen Guaita es una de las personas a las que más admiro, respeto y quiero. Llegó a mi vida de la mano de otra de las personas a las que más quiero, respeto y admiro: Manuel Francisco Reina (leed cualquiera de sus libros, no os arrepentiréis). Desde que se cruzó en mi vida, hemos compartido muchos momentos preciosos (y los que nos quedan), pero aún no la había leído. Solo os digo una cosa: qué bien que, por fin, lo he hecho.

Estoy (y ella lo sabe) enamorado hasta el tuétano de su voz. Estaría escuchándola horas y mi nivel de atención no disminuiría nunca. Tenía mis sospechas de que esa forma de hablar tan suya sería también la voz que se reflejaría en su escritura. No me equivoqué. He leído este maravilloso libro con su voz, con su gesto, con su sonrisa y su abrazo, con su amor.

Qué historia tan bonita la de Criptana Senzi. Qué personajes tan bien creados que se te quedan debajo de la piel uno tras otro. Qué lenguaje más cuidado, más trabajado, más bien elegido. Qué ratos de lectura me ha dado este libro, de esos que, últimamente, me cuesta encontrar. Esperé varios meses hasta leerlo, porque pensé que era un libro de té, manta y lluvia repiqueteando en la ventana. Qué bien que esperé, porque lluvia, frío y té han sido muy buenos cómplices. Hay momentos para la lágrima y la sonrisa; para el amor y para el dolor; para la pomposidad y para la miseria; para la inocencia y para el descaro; para los sueños y las desilusiones. ¿No es la vida así, al fin y al cabo?

Si sigo escribiendo de Carmen y de su libro sin centrarme, puedo hacerlo durante muchos folios, así que, sin enrollarme más, paso a mi análisis habitual.

Puntos fuertes:

Los personajes: no sé si me había pasado alguna otra vez (si es así, habrán sido muy pocas veces), pero me han llegado al corazón todos los personajes de esta historia. El personaje de la protagonista, Criptana Senzi, es una auténtica delicia. La historia de una diva en toda regla, con sus miserias incluidas. Pero, ay, ese Pedro Benassar, esa Mercedes, ese Miguel Rojas, esa Miguela, ese Tirso, esa Cinta… Los he querido y los sigo queriendo. Qué personajes más auténticos, más humanos. Qué suerte encontrar unos actores y actrices tan bien gestados, con una evolución clara, pausada y perfectamente detallada. Además, en la historia inventada por Carmen, estos personajes ficticios se mezclan con otros reales, como Federico García Lorca, Manuel de Falla, Maria Callas o Coco Chanel, entre otros, que hacen que la vida de Criptana cobre, si cabe, más fuerza aún.

El lenguaje: los que me conocéis sabéis lo que valoro en un libro que esté bien escrito. Suena a algo lógico, ¿verdad? Quien publica un libro será porque escribe bien. Del mismo modo, también sabéis mi opinión al respecto. Por desgracia, ya no vale escribir bien para publicar. No es necesario, quiero decir. Por eso, por lo que he disfrutado con cada página de este libro tan deliciosamente escrito, te doy las gracias, Carmen, por no ser influencer ni youtuber ni famosa. Te doy las gracias por ser tú. Maestra. Escritora. Una amante de las letrasque las mima porque está en su naturaleza. Gracias por este regalo tan bonito.

La estructura: mientras lo estaba leyendo, la propia Carmen me preguntó: “Las cartas, ¿se hacen pesadas?”. Antes de deciros lo mismo que le dije a ella, os aclaro que toda la novela está escrita mediante cartas, correos electrónicos, anotaciones de algunos personajes y transcripciones de distintas conversaciones. En un primer momento sí pensé que esa estructura sí podía hacerse pesada, pero, en mi opinión, es todo un acierto. Se harían pesadas si te sacaran de la historia, si te hicieran perder el hilo o si hubiera habido algún personaje a quien temer (por aburrido o por mal creado) en el momento de ver que “le tocaba” hablar a él. No es el caso. Me han gustado tanto todos y cada uno de los personajes que estaba deseando leer qué iban a contar. El hilo no se pierde en ningún momento. Es más, ese intercalado de cartas y de personajes está tan bien cosido que la historia y sus protagonistas evolucionan a un ritmo perfecto página a página. No, Carmen, no se hacen pesadas. Has arriesgado y has ganado el mayor premio: el de crear una historia redonda, bella y luminosa.

La ópera: es otro de los personajes, sin duda. El enorme conocimiento de Carmen del mundo operístico se refleja a la perfección y se enlaza con la historia como un diamante se engarza en el metal para crear una joya. Esos fragmentos de arias, esa humanización de los protagonistas de cada ópera que Criptana interpreta, así como de ella misma y el resto de cantantes. Me han entrado unas ganas inmensas de ver Madame Butterfly, Otello, Don Carlo, La forza del destino, La traviata, Tannhäuser, Turandot, I pagliaci… Qué alegría que la cultura genere cultura, ¿no os parece?

Lo que más me ha gustado: aunque todo lo “técnico” me merece la más cálida de las ovaciones, me voy a centrar en dos aspectos un poco más subjetivos que se me han enganchado al alma. El primero, saber que la autora es alguien a quien quiero tanto. Es precioso sentir orgullo por una persona tan querida. El segundo es que, como Criptana y algunos otros personajes, yo también soy manchego. Bueno, una de mis dos mitades lo es, por mi padre, que es de Almagro. Al leer algunos fragmentos he podido vivir esa hospitalidad manchega tan arraigada, sobre todo, en las mujeres. Esas invitaciones a sus casas para tratarte como a un rey. Esa generosidad llevada al extremo que, si no fuera por saber que les sale del corazón, podría llegar a incomodar. He revivido mi última vez en Almagro, donde las primas de mi padre se “peleaban” por acogernos en sus casas. Donde cada comida o cena era un banquete. Donde había que comerse hasta la última cucharada de sopa, hasta el último filete y hasta el último dulce, todo preparado con cariño y con el deseo de que su familia se siente bien, se sienta parte de ellos. He revivido esa sopa “despesita” de “La Sacrita”, una de las primas de mi padre. La Mancha no es solo tierra de molinos. También lo es de buenas gentes, hospitalaria y generosa como pocas.

Lo que menos me ha gustado: voy a poner solo un pero, y no es uno que dependa de la autora. Me da mucha pena ver libros que se venden como churros y que están por todas partes sin estar siquiera bien escritos y ver otros, como este “Todo se olvida”, que merece estar entre los libros más importantes del año, más bien arrinconado en algunas librerías. Señores editores, libreros, periodistas, críticos y demás personas relacionadas con el mundo de la literatura, dejen de buscar solo el dinero y busquen, por encima de todo, la calidad. Ganaríamos todos, ustedes también.

Mi sensación final os la podéis imaginar. No me voy a extender más. Solo voy a insistir en darle las gracias a Carmen por habernos regalado una historia y unos personajes de los que, por contradecir al título, nunca voy a olvidar. Leedlo. Hacedme caso. Leed a Carmen es, me atrevo a decir, beneficioso para salud y para el alma.

“Aquí no se miente nunca: quien tiene hambre, pide pan; quien tiene sueño, cierra los ojos; quien babea, suelta sobre la camisa un salivazo espero; quien lo ha olvidado todo, nada pregunta; quien lo recuerda todo, no lo calla”.

Todo se olvida

De charla en Las Tertulias del Estay

¿Os acordáis cuando escribí esta entrada sobre lo poco que se nos “cuidaba” a los autores de grandes ciudades y lo mucho que se cuidaba a los autores de localidades más pequeñas? https://jorgepozosoriano.com/2019/05/10/quiero-ser-de-provincia/

Pues, bien. He tenido la suerte de que una periodista que viene de lo local haya dado conmigo (a veces, las redes traen estos regalos) y me haya ofrecido esa promoción tan necesaria como difícil de conseguir.

No solo eso. No ha sido una promoción sin más. Ha sido un momento genial en el que, además de disfrutar de la deliciosa comida del Restaurante Estay, hemos podido conversar sobre literatura en un ambiente relajado y amistoso. Además de Miryam Ponte, con su Radio Off The Line (qué iniciativa tan chula), también he compartido este ratito con el periodista y autor Javier Cid y Lidia González, editora de Nueva Estrella Editorial.

Qué gusto conocer a personas que siguen creyendo en la literatura de siempre, que apoyan a escritores pequeñitos como yo sin pensar solo en los seguidores que pueda tener en Instagram. Qué gusto poder disfrutar de estos ratitos tan agradables sin más pretensiones que disfrutar de algo que nos une y nos llena, como son los libros.

Gracias, de corazón, por contactarme, por contar conmigo, por creer igual que yo y por esos proyectos que, seguro, nos van a salir fenomenal.

Os dejo el enlace para que lo escuchéis, si os apetece.

https://www.radiofftherecord.com/2019/09/10/leer-es-viajar-a-mundos-extraordinarios/ 

Un abrazo enorme J

Reflexión sobre la publicación de reseñas

Hola a todxs. Llevo días rumiando si publicar o no una entrada sobre esto de escribir reseñas. Llevo ya varios años haciéndolo, intercalándolas con otro tipo de entradas sobre la literatura, la educación y lo poquito sobre lo que creo puedo hablar con algo de conocimiento.

Cuando pensé si hacerlo o no, tuve mis dudas. Por una parte, me apetecía dar mi opinión sobre los libros que leía. Me considero buen lector y creí que, quizá, posibles lectores encontraran en mis reseñas algo de información acerca de sus futuras lecturas. Por otra parte, sabía que ese mundillo tenía sus complicaciones.

Ya he hablado alguna vez de la endogamia, de los compadreos, del “pelotismo” a editoriales y/ o autores para recibir libros gratis… etc., etc., etc.; y, según voy avanzando (llevo ya más de veinte reseñas publicadas), me doy cuenta de que, en gran parte, tenía razón.

Al decidir hacerlo, tuve claro que no quería entrar en eso que critico. No haría reseñas llenas de pétalos y mariposas, no buscaría alagar a autores, editoriales ni otros perfiles solo por quedar bien o conseguir nada. Supe que iba a dar mi opinión, fuera buena, regular o mala, pues entendí que eso es lo que se debe hacer cuando se da una opinión. Siempre con humildad, siempre con respeto, siempre buscando la objetividad máxima (aunque, está claro, en las opiniones hay subjetividad), siempre intentando ser fiel a la sensaciones que me deja la lectura cuando la termino.

He hecho reseñas muy positivas y  sin ningún pero. He hecho otras muy positivas con algunos aspectos que no me han gustado. He hecho algunas más neutras en las que digo lo que me ha gustado y lo que no. He hecho unas pocas negativas en las que ni el libro ni el autor o autora ni las razones por las que un libro o un autor o autora están ahí me han gustado en absoluto.

Antes de escribir la conclusión de esta entrada, quiero recalcar que yo también soy escritor. Tengo tres libros y un trocito de otro publicados. He subido algún texto a las redes sociales. Soy consciente de que ni mis libros ni mis textos van a gustar a todo el mundo (¿algún autor o autora lo piensa?); igual que sé que, en caso de que le guste a alguien, es muy probable que haya algunos aspectos que no le terminen de convencer. Quede por delante que jamás pondré en duda la opinión de nadie sobre cualquier texto que  yo escriba. Nunca le diré a nadie que su opinión sobre cualquiera de mis historias es errónea, siempre y cuando no vea con claridad que la opinión sea malintencionada. Entiendo que un libro es como un hijo y que, lo que se dice sobre ellos, puede doler, pero hay que ser humildes y razonables si lo que se dice lleva parte de razón (¿no es así como se avanza?). No es que hayan escrito muchas reseñas sobre mis libros (es lo que tiene estar empezando en esto de publicar), pero sí he podido leer en las que se han hecho algunos comentarios sobre aspectos mejorables o no he recibido la máxima puntuación posible en caso de que quien escribe la reseña puntúe. A todos esos comentarios, a todas esas estrellas que no he llegado a alcanzar, a todos esos apuntes sobre qué podría mejorar les debo crecer como escritor. De nada me serviría que alguien que opina sobre un libro mío solo me dijera que todo es maravilloso, perfecto, que no cambiaría ni una coma, que todo lo que plasmo en el papel parece obra de un dios. Primero, porque es imposible. Segundo, porque me estarían mintiendo. Tercero, porque nada de eso me ayudaría a mejorar en mi escritura.

Dicho esto, quiero terminar diciendo que seguiré reseñando los libros que lea apuntando qué me ha gustado y qué no. ¿Os imagináis que solo reseñáramos los libros diciendo que todos son obras maestras, sin errores, sin nada que nos haya gustado un poco menos, plagados de aciertos y sin ningún error? Ningún libro es perfecto. Ningún autor es perfecto. Y, como ninguna opinión es perfecta, hay miles de blogs, canales y perfiles en redes sociales que vuelcan las suyas sobre lo que leen. Yo, simplemente, doy la mía. Puedo estar tranquilo al saber que no he opinado nada que no quisiera opinar, que he sido fiel a mi yo lector y crítico, fiel a mí mismo.

Solo espero que, si algún día me veis recriminándole a alguien una valoración negativa (siempre que haya respeto, insisto) sobre alguno de mis libros, me bajéis de las nubes y me devolváis a lo terrenal, porque se me habrá subido un poquito a la cabeza (espero que eso no ocurra nunca).

¿Qué pensáis al respecto? ¿Qué tipo de reseñas os gusta encontrar cuando buscáis la opinión sobre un libro?

Un abrazo para todos y todas 😉

“Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”.

Seneca

Club de lectura curso 2018-2019

Antes de terminar el curso le planteé a mi directora de etapa si le parecía bien montar un club de lectura para los padres y otro para los alumnos de secundaria. Le encantó la idea tanto como me encanta a mí.

Teníamos reciente la experiencia de la “merienda literaria” que hicimos para celebrar el Día del Libro y pensamos que podría estar muy bien hacerlo de una forma más estable.

Mi idea es leer un libro por trimestre, y he empezado por los libros que me apetece trabajar con los chicos y chicas de secundaria.

La edad de la ira, de Nando J. López, porque es una lectura adictiva y genial y por todos los temas que trata (y lo bien que están tratados).

Persona normal, de Benito Taibo, porque es un libro que hay que leer y estoy seguro de que les va a encantar esa relación tan maravillosa de Sebastián con el tío Paco y su forma de ver la vida.

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, porque los clásicos lo son por algo y porque es una joya de la literatura juvenil que, ojalá, pueda acercarlos a leer más clásicos.

Será la primera vez que me enfrente a una actividad como esta, pero la verdad es que me apetece muchísimo poder pasar un rato hablando de libros.

¿Qué os parecen estas lecturas? ¿Creéis que es una elección acertada?

¡Un abrazo!

“Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.

Miguel de Unamuno

Crítica: Deja cantar a la muerte

Título: Deja cantar a la muerte

Autora: Sandra Andrés Belenguer

Editorial: Cross Books (Planeta)

Conocí a Sandra por redes, crucé con ella algunas palabras y, gracias a todo, no dudé en ir a la presentación de este libro en la Casa del Libro de Gran Vía de Madrid. La presentación fue preciosa, me llevé el libro firmado y, creo, una amiga y escritora de referencia.

El libro lo tomé con muchas ganas porque sabía que Sandra escribía muy bien, que era honesta, sencilla, humilde y seria a la hora de enfrentarse a una historia. En ese sentido, no me ha defraudado. Se nota que Sandra es una escritora. Filóloga, sin ir más lejos.

No he leído “El fantasma de la ópera” (y no creo que lo haga), pero esta historia es una muy buena historia. Bien contada, con un lenguaje cuidado y muy rico, frases muy potentes y mucho, mucho amor. Quizás eso, lo del amor, sea lo que me ha “chirriado” un poco. Sabéis que no soy muy de romántica (y creedme, lo intento), y esas partes en las que el amor era lo que primaba se me han atragantado un poco.

No voy a adelantar más. Os dejo con mis puntos fuertes y débiles, en las que os destripo un poco más mi opinión sobre este libro.

Puntos fuertes:

La pluma de Sandra: aunque esto parezca de Perogrullo, me gusta encontrar un libro que esté bien escrito. Cada vez es menos habitual, por desgracia. Este libro y (estoy seguro) el resto de libros de Sandra podrán gustar más o menos, pero nadie podrá decir que están mal escritos.

París: para mí, la protagonista del libro. Los personajes son fuertes, pero la importancia que cobra la ciudad es, en mi opinión, mayor. Los lugares que cita, las catacumbas… Vamos, que me han dado ganas de volver a París y descubrirlo desde lo narrado en esta novela.

Las referencias a otros libros:

los baobas o la rosa de El Principito, el armario de Narnia, el andén 9 y ¾ de Harry Potter, Peter Pan… Me encanta, la verdad, me gusta ver libros en otros libros, creo que es un punto muy a favor del fomento de la lectura, un tema que tanto me importa.

La alianza entre lo clásico y lo moderno: creo que los dos están aunados a la perfección, y eso es un meritazo de Sandra. Dejar en la mirada ese gusto a clásico, a la literatura universal, sumado a referencias tan actuales es un acierto.

Lo que más me ha gustado: me quedo, sin dudarlo, con lo bien que está escrito y con las ganas que me han dado de volver a París. ¿Iré algún día con Sandra para que me enseñe los secretos de una ciudad que conoce tan bien?

Lo que menos me ha gustado: aquí voy a hablar de dos puntos. Algo más palpable y algo un poco más personal. Lo palpable es que, entre algunos capítulos, hay otras partes que la autora llama “Contrapunto” en las que deja de haber un narrador en tercera persona y son los propios personajes quienes, a través de sus pensamientos, avanzan en la historia. Sé que son necesarios y no voy a ser yo quien cuestione la decisión de Sandra de hacerlo de ese modo, pero sí diré que a mí me sacaban de la historia y que, al encontrarlos, mi sensación era un poco “ufff, otro contrapunto…”. El otro punto del que quiero hablar es, como os he dicho, más subjetivo. Sin haceros spoilers, es una historia de amor a tres bandas. Hasta ahí, todo bien. Lo que me ha trastocado un poco es cómo ocurre ese amor. Cómo los protagonistas masculinos asumen roles machistas y retrógados con la chica. Cómo la tratan, cómo luchan por su amor, a lo que llegan por conquistarla… Sé que no es algo que salga de Sandra y “El fantasma de la ópera” será “el culpable” de esos comportamientos, pero no puedo evitar pensar que, en algunos clásicos, muchas relaciones amorosas se basan en ese machismo, en ese “hago esto porque te quiero”, en ese “si no es conmigo, no será con nadie”, en eso que, por suerte, se denuncia tanto hoy en día y que, por desgracia, sigue ocurriendo. He tenido que preguntarme si la literatura ha influido (en parte) a que existan esos roles de género tan dañinos. ¿Qué opináis vosotrxs?

Mi sensación final es que, gracias a este libro, he descubierto a una gran escritora y a una muy buena amiga. Deja cantar a la muerte me ha acercado a esa literatura clásica que leí de pequeño y que me hizo amar la buena literatura, la que está bien escrita, la que se disfruta palabra a palabra porque las palabras las han escrito precisamente para eso, para disfrutarlas.

“La música siempre iba unida a un sentimiento, a una persona. Cuando ese sentimiento está preso por otros, cuando esa persona ya no existe, la música contiene el poder de encender el alma”.

Sandra Andrés Belenguer, “Deja cantar a la muerte”

Dame tiempo

Cuando alguien como Carmen Guaita me pide algo, le digo que sí antes de que me diga de qué se trata. Por si no la conocéis, Carmen es maestra, escritora y, por encima de todo (y hay que ir muy encima), es una persona maravillosa, llena de talento, de luz y que contagia ilusión por donde pasa. Fue ella quien me hizo la frase para la contraportada de “Un corazón para Opalina y otros cuentos fantabulosos” (una frase preciosa). Fue ella quien me presentó en mi colegio con ese mismo libro. Vino al colegio este pasado abril para hacer una actividad con los alumnos de tercero que disfrutaron un montón. Así que, sí, Carmen me propuso y yo acepté sin condiciones, y no me equivoqué.

Ayer, esa petición se materializó en forma de libro. Un nuevo libro que no es solo mío, sino que comparto con gente de la talla de Manuel Francisco Reina, Antonio Hernández, Nieves Herrero o el Padre Ángel, además de la propia Carmen. Un libro precioso, ilustrado por Marta Marbán de Frutos y con veinticinco cuentos “para la conciliación entre trabajo y familia” que son geniales. Un libro necesario, creo, y que, si no me equivoco, nos va a dar muchas alegrías.

Como sé que muchos llevabais ya un tiempo esperando libro nuevo (ya sabéis que las cosas de palacio no van muy deprisa), os invito a todos a que estéis al tanto de nuevos avances y, por lo pronto, os invito a todxs a la Feria del Libro de Madrid este domingo, día 16, a partir de las 18.30 en la caseta 289. Me encantaría veros, daros un achuchón y dedicaros este libro en el que tengo tanta ilusión depositada. Estarán conmigo (o, mejor dicho, yo estaré con ellas) Carmen Guaita y Marta Marbán, así que, si os pasáis, os lo podréis llevar muy bien dedicado.

Ya os seguiré contando. De momento, os mando un abrazo enorme 🙂

“Qué insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente”.

Goethe