Curso escolar 2020-2021

Como muchos veríais ayer (domingo, 16 de agosto), El País Semanal puso en portada “El desafío de los profesores ante la pandemia”. Un reportaje que ahonda en cómo fue el final del curso pasado desde el confinamiento hasta su final y en cómo algunos docentes vemos, con mucha preocupación, cómo puede ser este que está casi al caer.

Es un reportaje bastante amplio en el que se tocan muchos temas importantes, pero, como había que repartir el tiempo y el espacio entre todos los que participamos, se me quedaron algunos puntos que tratar. Por eso, esta entrada.

Para quienes no lo leyerais, si os interesa, os dejo el enlace:

https://elpais.com/elpais/2020/08/11/eps/1597146268_131560.html 

También por si no podéis acceder al reportaje escrito por tema de suscripciones, os dejo en enlace de YouTube al vídeo:

En primer lugar, que quede claro que no va a ser una entrada con colores políticos. De la política (y de los políticos) tengo mi opinión y me decanto hacia un lado, obviamente, pero mi intención con esta reflexión no es enfrentar a bandos de un color con los del otro. Además, como en este tema ni el gobierno central ni los autonómicos (de quienes depende la educación) han estado a la altura, no tendría mucho sentido debatir sobre quién lo está haciendo peor o quién tiene más responsabilidades.

También quiero dejar claro que ese desafío que da nombre al titular no nos atañe solo a los profesores. Tal y como les digo a mis familias en las reuniones al inicio de cada curso, la educación no tiene sentido si no se hace en equipo: centros escolares y familias; así que el desafío, tal y como se vio de marzo a junio, también es para ellas. Si voy más allá, y creo que es algo evidente, tampoco es solo un tema de profesores y familias. Nuestro trabajo se ha visto frente a un reto enorme no solo por el hecho de cómo afrontar esta situación (como ha ocurrido en, prácticamente, todos los sectores), sino porque trabajamos con niños que (disculpad la obviedad) “pertenecen” a unas familias y porque esas familias tienen unos trabajos y necesitan del tiempo en que sus hijos están en el colegio para desempeñarlos. Y ese, el de las complicaciones para la conciliación, ha sido (y será) uno de los grandes problemas que hemos enfrentado y enfrentaremos.

Antes de hablar un poco sobre cómo veo, con la información que tengo, el próximo curso, quiero hacer algo más de hincapié en lo que ya dije en el reportaje. Quienes conocen cómo trabajo (en primer lugar, mis alumnos y alumnas, sus familias y mis compañeros y compañeras) saben muy bien la forma en que entiendo la educación en edades tan tempranas (salvo nuevas noticias, suelo cubrir casi la totalidad de mi horario en primero y segundo de primaria). Por eso, saben que mi máxima preocupación cuando los colegios cerraron fue la estabilidad emocional de mis peques y de “mis” familias. En eso me volqué, movido, también, por mi colegio, que, con sus aciertos y sus errores, sí vio claro que lo emocional era lo más importante. Nunca me preocupó demasiado que se perdieran ciertos contenidos, que no pudiéramos terminar los libros (ese es otro tema con el que me alargaría bastante más) o que algunos conocimientos teóricos no llegaran de la mejor forma posible. Nada de eso es insalvable en estas edades. Lo emocional sí puede serlo. Yo siempre educo desde el cariño, desde el abrazo, desde la igualdad y el respeto, desde la ayuda en la gestión de las emociones… Desde el grupo. Eso es, para mí, lo más importante de la primaria (sobre todo, de los primeros cursos) y eso fue, precisamente, lo que más perdieron al no poder acudir al cole.

Por suerte, los y las peques nos han dado a todos y todas una lección enorme y me alegró mucho ver que estaban llevando la situación casi mejor que nosotros y nosotras. He de decir, también, que las familias del grupo que dejé en junio han estado de diez, volcadas en esa estabilidad emocional de sus hijos e hijas, haciendo malabares para que realizaran las tareas, superando la altura a la que siempre estuvieron. Esto no quita que las familias se hayan estresado, se hayan desesperado, se hayan frustrado, agobiado, enfadado… Su papel de padres, trabajadores (algunos y algunas) y “profes de apoyo” era muy complicado, por eso hablo de que el desafío es, también, para las familias.

Dicho todo esto (y no pensaba enrollarme tanto), hoy, a día 17 de agosto de 2020, comparto con vosotros y vosotras mis impresiones para la vuelta al cole que tan en boca de todos puso El Corte Inglés con esa brillante (apréciese el sarcasmo) campaña publicitaria (eso sí, si lo que buscaban era eso, estar en boca de todos, se habrán felicitado).

Lo primero que tengo que decir es que cada vez es más evidente que la educación, en España, importa lo justo. Se oye hablar (sin cesar) del ocio nocturno, del turismo, de si se puede o no se puede fumar en terrazas (ojalá lo prohíban, pero para siempre), de las residencias de mayores, de eventos deportivos, de aforos en bares, restaurantes y espectáculos varios… ¿Qué pasa con la vuelta al cole? Si no hubiera sido por esa campaña de El Corte Inglés, quizá no se habría hablado nada. E, insisto, estamos a 17 de agosto.

¿Nadie está preocupado? Y, lo que es peor, ¿nadie está ocupado en ello?

Desde el Ministerio de Educación lo único que se aporta es, básicamente, que cada comunidad autónoma se las apañe como pueda, para lo que da unas recomendaciones bastante vagas y para las que no era necesario ni redactar un documento, además de ser, en ocasiones, bastante complicadas (si no imposibles) de implementar. Lavado de manos, mascarilla, primar la educación al aire libre (¿?), ventilar los espacios, escalonar las entradas y los patios, evitar el contacto y, atención, garantizar una distancia en clase de metro y medio. No sé cuántos colegios han visto, pero que me expliquen cuántas aulas admiten a veinticinco (o más) niños y niñas separadas por un metro y medio. Porque, sí, se propuso bajar las ratios (algo fundamental, en mi opinión, no solo en tiempos de pandemia, aunque esta situación lo ponga aún más en evidencia), pero las comunidades pusieron el grito en el cielo con esa frase tan repetida por los políticos cuando se refieren a educación: “no hay dinero”.

Desde las consejerías de educación de las distintas comunidades autónomas, la pelota pasa a estar en los centros educativos. No sé si habéis visto que ha habido algunos equipos directivos que han dimitido en bloque al verse superados por una situación que no tendría que depender única y exclusivamente de ellos, tal y como ocurre. Organizar espacios. Retorcer horarios. Establecer todas las medidas que puedan (mamparas, geles, mascarillas, cartelería…). Reubicar a profesores. Y todo, por supuesto, por el mismo precio.

En Madrid, que es la comunidad en la que trabajo, os cuento las propuestas para la vuelta al cole, sacadas de la Consejería de Educación y Juventud (citaré literalmente).

“El inicio de curso se hará con normalidad si la situación sanitaria lo permite”.

¿Cómo os quedáis? “Con normalidad”. ¿Qué normalidad? “Si la situación sanitaria lo permite”. La misma situación que nos deja unas cifras de contagiados bestiales, con focos por todas partes, con hospitales que ya empiezan a colapsar (este, el de la sanidad en Madrid, es otro tema que también tiene lo suyo), con nuevas medidas casi a diario para limitar los contactos y los posibles contagios, con grupos de personas manifestándose en la Plaza de Colón, sin mascarilla, al grito de “¡libertad!” y de “bote, bote, bote, aquí no hay rebrote”… ¿De verdad creen que esta situación sanitaria va a permitir un inicio de curso con normalidad? Han tenido que cerrar campamentos de verano con grupos muy reducidos y uno o dos monitores… ¿De verdad piensan que no va a pasar lo mismo cuando colegios que, como el mío, tienen seiscientos alumnos y unos cuantos profes solo en primaria? ¿De verdad alguien piensa que estamos en esa situación?

Tras esta propuesta brillante, siguen tres posibles escenarios, con sus correspondientes medidas:

Escenario I: Presencialidad y medidas extraordinarias de higiene.

En este escenario (para el que ni siquiera dan las condiciones qué implicarían olvidarnos de esa “normalidad” salvo por un banal “según la evolución de la pandemia”), todo lo que se plantea para primaria es: grupos estables de convivencia (léase “encaje imposible de bolillos”) y “se incentivará el uso de plataformas educativas, materiales digitales y dispositivos electrónicos con el fin de consolidar la transformación digital”. Ya está. Sí, sí, eso es todo. Ni siquiera merece la pena hablar de la brecha digital…

Escenario II: Semipresencialidad.

Para que se dé este escenario sí son más claros (sarcasmo, de nuevo). “Se plantea en caso de un empeoramiento de la evolución de la crisis del Covid-19, respecto de la situación actual”. Qué concisión, qué clarificador, qué útil… Aquí también hay más medidas (me sigo centrando solo en primaria), y os van a encantar:

Reducción de los grupos según dos criterios: distancia de metro y medio y convivencia estable de veinte alumnos (léase “tetris imposible y encaje de bolillos aún más imposible”). Para rematar su brillante plan, añaden una “organización en espacios alternativos en el centro o espacios municipales” (sin información alguna al respecto de esos espacios municipales) y “flexibilizar horarios y materias”. ¿Alguien me explica qué pasa con los centros que no dispongan de espacios suficientes y cómo se van a reducir los grupos sin esos espacios y sin más docentes? ¿De verdad nadie ve que están planteando un imposible? Contar con espacios que no se tienen, con personal que no se va a tener y con una flexibilización de horarios y materias complicadísima y que implicaría, además, que las familias también tuvieran que flexibilizar sus horarios es, simplemente, un absurdo.

Escenario III: Confinamiento.

Como estarán tan contentos con lo bien que han actuado durante el primer confinamiento (o mucho cambia todo o será el primero de varios), tan solo hablan de “teletrabajo”, “centro tres días abiertos tras el confinamiento” y “conectividad y dispositivos de alumnos/alternativas”. Vamos, que la pelota sigue en el tejado de la voluntad y disposición de los centros educativos y sus equipos directivos y docentes, porque la consejería no aporta NADA. Para comentar lo planteado para primaria en este último escenario, sus planteamientos son “clases diarias en línea y deberes” y “flexibilidad en currículos y horarios”. Todo esto, por supuesto, en manos de los profes. ¿Cómo iban ellos a perder tiempo diseñando nuevos currículos adaptados a esta nueva situación o pensando en soluciones? Mucho mejor decir “que los centros hagan todo lo que puedan, bajo su responsabilidad”, ¿no os parece?

Eso es todo lo que las autoridades educativas aportan a nivel nacional y a nivel de Comunidad de Madrid. ¿Tenéis todos y todas la impresión de que eso y nada es lo mismo, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que septiembre va a ser un caos absoluto, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que van a ir cerrando un centro tras otro nada más empezar el curso, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que no van a hacer nada más, de que seguirán improvisando y trasladando toda la responsabilidad a los centros escolares, o lo pienso yo solo?

De verdad, la solución (teniendo en cuenta la complicación de la situación que vivimos y que la solución perfecta no existe) es muy sencilla: recursos. Recursos en forma de nuevos espacios para poder disminuir las ratios. Recursos en forma de contratación de docentes para ocuparse de esos nuevos grupos y poder garantizar, así, esa creación de “grupos estables de convivencia”. Recursos en forma de tecnología, porque ni todos los centros ni todos los docentes ni todas las familias tienen igualdad de condiciones y, si el sistema educativo no es capaz de igualar esas diferencias… ¿para qué sirve? Pero, imagino, sabéis la respuesta, ¿verdad? “No hay dinero”.

Ahora, os pregunto, ¿conocíais esta información? Porque hay que escarbar un poquito para encontrarla… No, amigos y amigas, la educación no tiene la importancia que tendría que tener. Nunca la ha tenido y, o mucho cambia todo, nunca la tendrá.

Mientras tanto, yo sigo preocupado por cómo será todo; por cuánto se verán perjudicados y perjudicadas los y las peques, sobre todo en lo emocional; en cómo de alto será el grito de esa parte de la sociedad que entiende la escolaridad como la única forma en la que “deshacerse” de sus hijos e hijas durante el tiempo necesario; en cómo de alto será el grito de las empresas que sigan obcecadas en que la presencialidad es imprescindible cuando no lo es; en cuántas serán las excusas y contradicciones de las autoridades educativas; y, entre otras muchas preocupaciones, en cuánto tardarán los centros educativos, como los hospitales, en colapsar. Han tenido desde marzo, con todo el verano incluido, para dejar todo bien atado. Ahora entrarán las prisas y no dará tiempo a organizar un nuevo curso que viene con curvas…

Por lo pronto, me quedan dos semanas para terminar de relajarme, para seguir liberándome del estrés acumulado, para retomar energías, porque las necesitaré. Porque, sí, los profes hemos trabajado, y mucho. Nos hemos dejado la piel y los nervios para que las carencias educativas y emocionales fueran las mínimas, además de volcarnos en ser un apoyo para unas familias (con razón) desbordadas. Y nos hemos estresado. Mucho. En mi caso, un lumbago, un cuadro leve de ansiedad, algo de insomnio y unas semanas con hipertensión lo evidencian.

Para terminar, solo puedo enviar ánimos para todos y todas. Por supuesto, a la comunidad educativa (compis, estamos solos), pero, también, al resto de sectores (la idea de esta entrada no es anteponer mi trabajo a todos los demás), que, de igual modo, han sufrido y sufren las consecuencias devastadoras de este horror. Y, también, a las familias con hijos o hijas en edad escolar. Como siempre les dije a mis familias, aunque no existe la receta perfecta, todo será más sencillo con empatía, con comprensión y con colaboración.

Nota:

Reportaje: Guillermo Abril

Vídeo: Jaime Casal

Fotografías: Sofía Moro

“La educación es lo que sobrevive cuando todo lo demás se ha olvidado”.

Burrhus Frederic Skinner

Crítica: Poemas elegidos (Concha Méndez)

Título: Poemas elegidos

Autor: Concha Méndez

Editorial: Somos libros

Poesía, poesía y poesía. Para cuando necesito recrearme en la belleza del lenguaje, en la artesanía de las palabras. Para cuando mi lenguaje y mis palabras se me atascan y necesito seguir esas miguitas de pan que lancé algún día y se escondieron. Para cuando necesito leer, pero algo que me calme, que me temple, que me llene. Poesía. En estos días tan raros, donde el miedo, el estrés y la incertidumbre han sido el pan nuestro de cada día: poesía.

En cuanto la librería de mi casa abrió, me lancé a hacer un pedido de poemarios que os iré mostrando poco a poco (ya visteis la antología poética de Alfonsina Storni, os dejo el enlace debajo de este párrafo), y este fue uno de los que pedí.

https://jorgepozosoriano.com/2020/06/02/critica-antologia-poetica-alfonsina-storni/

Se trata de una colección de poemas de esta maravillosa autora, aderezada con fotografías de manuscritos, cartas, fotografías… Un trocito de la propia Concha Méndez gracias al cual la conocemos algo mejor, y, creedme, merece la pena conocerla.

En todo lo anterior, genial. Además, la edición del libro es una preciosidad (a pesar de que la pulcritud del blanco no admite mucho manoseo). Pero, en mi opinión, tiene una pega muy grande.

Con todo lo que ha escrito Concha Méndez; con su trayectoria y sus influencias (Lorca o Alberti, ni más ni menos); su importancia en la historia literaria; su calidad poética… ¿solo veintinueve poemas? Se me ha quedado muy, muy corto y, en cierto modo, todo ese acercamiento a la vida de la autora a través de otro tipo de documentos, no creo que sea suficiente para hacer lo propio a través de su poesía. La colección se estructura en sus distintos poemarios, sobre los que hay algo de información (año, tema, estilo…), y hay algunos libros de los que solo se incluye un poema. Difícil de ver esa evolución de la autora en tan solo un poema, ¿no creéis?

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

La edición: cuidada con mimo, llena de detalles preciosos (como el marcapáginas de tela incorporado. Un libro, en lo físico, muy, muy bonito.

Lo “extra”: todo el material incluido es una pasada y me ha encantado recrearme en esas cartas, fotografías y demás. Leer algunos de los poemas de Concha con su propia letra es una auténtica delicia.

Conocer mejor a la autora: que una mujer de su época rodeada de tantos nombres importantes como sus amigos Lorca, Alberti o Cernuda, su novio Buñuel o su marido Manuel Altolaguirre brille (mucho) con luz propia es un meritazo. Una de las Sinsombrero, poeta espectacular, adelantada a su tiempo… Una mujer a quien tenemos que estar agradecidos.

Lo que más me ha gustado: es una pena que, tratándose de Concha Méndez, lo que más me guste es la edición del libro. Por supuesto que sus poemas son brutales (aunque falten muchos por incluir), pero me lo terminé en poquísimo tiempo y la sensación no fue la de “qué pedazo de poemario”, sino de “¿ya está?”. Veintinueve poemas me saben a muy, muy poco.

Lo que menos me ha gustado: creo que está claro, así que no voy a insistir en la escasez de poemas. No me gustan las antologías que incluyen poemas sin ton ni son y que tienen tres mil quinientas páginas, pero tampoco me parece de recibo poder leer solo unos poquitos poemas, si os soy sincero.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“No es mi envoltura, no,

ésta que veis tan torpe,

que me cubre los huesos.

Mi verdadero traje

es el que llevo dentro,

sudario imperceptible

sobre un cuerpo sin alma,

tal como quise ser”.

 “Poema”, Concha Méndez

Crítica: La delicadeza

Título: La delicadeza

Autor: David Foenkinos

Editorial: Seix Barral

Tercero de los cuatro libros que, de momento, me ha dejado mi vecina María. Qué bien lee esta chica… jeje.

Creo que ha entendido a la perfección qué libros me pueden gustar, porque, sí, este también me ha gustado. Es una historia distinta, menos original, podríamos decir, más “de pasar el rato”, pero es justamente eso lo que necesito en estos momentos: pasar el rato. En ese sentido, a cumplido su función a la perfección.

Es, básicamente, una historia sobre el amor. No es una novela romántica (ya sabéis que no soy lector de romántica), sino una novela en la que se habla del amor como una forma de relacionarnos con los demás, como un sentimiento que puede dirigir nuestras vidas, con todo lo bueno y todo lo malo que implica. No es una novela llena de amor, en la que solo importa el amor, en la que el amor lo puede todo (hasta lo que no tendría que consentirse nunca), en la que se repiten una vez más todos los clichés de muchas de esas novelas románticas que (y esto es cosa mía) tanta pereza me dan.

No me ha parecido un libro espectacular, no es un libro de esos que terminas agradecido al universo por haberlo puesto en tus manos, pero sí es una buena novela con una buena historia, con muchas ideas y frases que he ido anotando porque me han gustado mucho y con una estructura, eso sí, muy, muy original.

Dicho esto, paso a mi análisis:

Puntos fuertes:

La estructura: además de los capítulos en sí, el autor va intercalando otros capítulos en los que da datos que tienen que ver con la historia, pero de una forma muy particular. Desde definiciones del diccionario a datos históricos, reflexiones, curiosidades… La verdad es que me ha parecido muy original y refrescante.

La forma en que se acerca al amor: no es un secreto que no puedo con la típica historia de “chica buena y tímida se enamora de chico malo e imposible; el chico la desprecia de todas las maneras posibles; la chica lo aguanta todo; la chica pierde esa timidez; el chico se enamora de ella y se vuelve bueno. No las soporto, lo siento. Ya hablé de ella en esta entrada del blog:

https://jorgepozosoriano.com/2019/08/17/el-amor-y-los-arcos-evolutivos/

Esta historia no es así. Se habla de algunas aristas del amor de una forma real, cotidiana, creíble… Un acierto, en mi opinión.

La ligereza: como he dicho en la introducción, no es una novela que requiera un nivel de concentración pleno, y me ha llegado justo en el momento en que más necesito leer libros así. No entendáis “ligereza” con “simpleza”. Es un libro bueno que está muy bien escrito.

El final: después de decir que en “Una lectora nada común” el final era el que tenía que ser, tengo que decir exactamente lo mismo con este final. Tendréis que leerlo para descubrirlo…

Lo que más me ha gustado: que me ha traído recuerdos muy agradables en los que leí dos libros que me han recordado mucho a este: “La elegancia del erizo” (citado en este libro) y “Los ojos amarillos de los cocodrilos”. Dos libros de autoras francesas (como este) con historias similares. Ha sido un muy agradable reencuentro con esos momentos.

Lo que menos me ha gustado: este punto es algo personal. En la contraportada nos dicen que se conoce como “la novela de los diez premios”, porque ha ganado ese número de premios, además de ser finalista de los premios literarios franceses más grandes… Y, a ver, está bien, pero creo que se les ha ido un poco de las manos

Mi sensación final es que es una novela que os recomiendo si queréis leer una historia ligera, bien narrada, con momentos tiernos, duros, bonitos, complicados… No es brutal, pero está bastante bien.

“Quizás el dolor sea eso: una forma permanente de estar desarraigado de lo inmediato”.

La delicadeza

Crítica: La quinta víctima

Título: La quinta víctima

Autor: J. D. Barker

Editorial: Destino (Planeta)

Después de lo muchísimo que me gusto “El cuarto mono”, me moría de ganas por saber cómo continúa esta genial historia, así que lo he leído en cuanto he tenido ocasión.

https://jorgepozosoriano.com/2019/01/10/critica-el-cuarto-mono/

Sabéis que, de vez en cuando, me gusta un buen thriller, y J. D. Barker sabe cómo escribirlos, eso está claro (aunque no se le dé tanto bombo como a otros).

Eso sí, ni me ha gustado tanto como la primera parte ni me ha tenido tan ansioso por seguir leyendo. Esperemos que la tercera y definitiva entrega cumpla con las expectativas. Este acto intermedio me ha dejado, si os soy sincero, un poco frío.

Os dejo, como siempre, con mi análisis de puntos fuertes, lo que más me ha gustado y lo que menos, intentando no hacer spoilers para quien no haya leído la primera parte.

Puntos fuertes:

El villano: De esos que dan miedo y gustan a la vez; de los que están bien creados y son creíbles y comprendidos. Un punto muy a favor.

Los personajes: tanto los protagonistas como los secundarios, son personajes muy bien definidos.

La trama: para mantener al lector enganchado a lo largo de tantas páginas, ha de tratarse de una trama que lo merezca.

Lo que más me ha gustado: confirmar que J. D. Barker ha llegado a mi vida para quedarse. Que estaré pendiente de su carrera porque es un autor de referencia en la novela negra actual.

Lo que menos me ha gustado: como he dicho al principio, se me hecho mucho más lento y mucho menos vertiginoso que el primer libro. La historia continúa, los personajes se asientan y todo tiene sentido, pero no tiene el ritmo de “El cuarto mono”.

Por otra parte, y por muy aceptado que esté, el leísmo en la traducción es un punto que tampoco me ha gustado.

Mi sensación final es que el autor ha puesto todas las piezas en el tablero para hacer que nos quedemos pegados a las páginas de la tercera entrega en cuanto salga. Espero no equivocarme, porque estoy deseando saber cómo termina toda esta historia.

A los que lo habéis leído, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Muy pocas cosas en la vida son mejores cuando estás solo”.

D. Barker, en “La quinta víctima”.

Crítica: Sputnik, mi amor

Título: Sputnik, mi amor

Autor: Haruki Murakami

Editorial: Tusquets

Tercer libro que leo de Murakami y, sí, puedo confirmar que es uno de los autores que más me gusta leer. A veces, como ya he dicho varias veces, necesito ir a un valor seguro después de leer algunos libros que no me han terminado de gustar, y todo me hace pensar que el autor japonés va a ser uno de esos escritores que busque cuando necesite saber que voy a tener una buena lectura, que me voy a reencontrar con la buena literatura.

Lo cierto es que no sé cómo me hice con este libro. Lo cogí una tarde de casa de mi padre, pero no sé cómo llegó allí, si os soy sincero. No sé si lo compré después de leer “Kafka en la orilla” porque me gustó y se quedó ahí hasta ahora o si (ups), alguien me lo dejó y no lo he devuelto…

Yendo a lo importante. Me ha ENCANTADO. Qué gustazo ha sido leerlo. Qué lenguaje, qué historia tan bonita, qué personajes, qué conversaciones, qué viaje hacia uno mismo… De verdad os lo digo, una preciosidad.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El estilo: que Murakami escribe bien no es nada nuevo y no creo que haya nadie (le guste más o menos) pueda decir lo contrario. Qué dominio del lenguaje, qué metáforas más bien buscadas, qué lenguaje más poético… ¿A qué esperan para darle el Nobel?

Los personajes: tres (y algunos con poca relevancia). El narrador, un profesor joven de primaria (no recuerdo si se dice su nombre, pero, si es así, no debe de ser importante). Sumire, una joven que quiere ser novelista. Myû, una pianista reconvertida, por oblogación, en empresaria. Lo que ocurre entre ellos es… Es una pasada.

La esencia japonesa: esto también lo sabéis ya. Sabéis que la cultura (y la literatura) japonesa me atraen muchísimo, y esta historia es muy, muy japonesa.

El amor: no es un secreto que no soporto las manidísimas historias de la mayoría de libros de literatura romántica. Si quiero un amor de macarra descarado con chica buena y modosita que parece imposible, pero, tras vueltas y vueltas y vueltas, me pongo “Grease”. Al menos, disfrutaré de las canciones. Lo de aquí no es un amor de esos. Lo de aquí es un amor por descubrir; que se prohíbe a sí mismo; que se quiere cuando no se puede o se puede, pero no se quiere; que se pide; que se desea; que no se comprende… En definitiva, un amor que se cree y con el que, de una forma u otra, se conecta.

La extensión: me he quejado tantas veces de los libros que se hacen pesados por largos, por darle vueltas a lo mismo una y otra vez, por incluir páginas porque sí… Que encontrar una historia tan genial en poco más de doscientas páginas es un regalo.

Lo que más me ha gustado: que no he tenido la misma sensación que tengo con algunos libros, la de “leer para terminármelo”, sino que lo he leído porque quería leerlo. ¿No es eso lo que tendríamos que sentir con un libro?

Lo que menos me ha gustado: por ponerle un pero, diré que me han sobrado las referencias a intérpretes de piezas clásicas de la música. Me ha parecido que no servían para mucho y, sí, un poco pretenciosas.

Mi sensación final es que esto es lo que ocurre con los grandes autores. Murakami, en la literatura actual, es uno de los más grandes, y por eso defiendo siempre la fortaleza de los clásicos o los escritores como él. Porque siempre suponen una vuelta a la LITERATURA, con mayúsculas.

“Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y solo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio”.

Haruki Murakami, Sputnik, mi amor

Crítica: Los imaginarios

Título: Los imaginarios

Autor: A. F. Harrold

Ilustradora: Emily Gravett

Editorial: Blackie Books

He de reconocer que compré este libro por un motivo: la recomendación de J. A. Bayona. “He tenido la suerte de descubrir de adulto el libro que me habría encantado leer de niño”, dice el director, así que… Me lancé. También ayudó que lo editara una editorial que me gusta bastante, como Blackie Books, y su bonita edición: tapa dura y muy llamativa.

El mundo de la imaginación, como sabéis, me interesa mucho. Como profesor, intento que mis peques la trabajen y fortalezcan todo lo que puedan. Como escritor, y esto es una obviedad, no sería nada sin ella, sin la imaginación. Por lo tanto, este libro, con ese título… tenía que llegar a mis manos.

Lo empecé a leer en cuanto lo compré, hace ya algunos meses y, sin embargo, lo dejé. No supe si no era el momento, si esperaba otra cosa… No quise leerlo a desgana, así que lo guardé hasta que las ganas llegaran. Y llegaron hace algunos días. Y lo he leído. Y no, no era el momento. No me ha terminado de gustar.

Es cierto que la idea me gusta. Me gusta que haya un libro sobre los amigos imaginarios (yo quise tener uno, pero no lo tuve; mi imaginación ya estaba lo suficientemente ocupada, supongo). Me gusta el mensajeque, muy en la línea del anterior libro que leí, Peter Pan, habla de eso de crecer, de convertirnos en adultos, de perder el espíritu infantil y, con él, parte de nuestra capacidad imaginativa. Pero… ay, no sé. Me he vuelto a aburrir, como con Peter. Es más, lo he terminado leyendo corriendo y en vertical… No sé si se me ha convertido en un problema esto de pensar que hay libros que serían mucho mejores con unas cuantas páginas menos… Me pasa bastante a menudo. Puede que sea algo mío, pero de verdad pienso que este libro, con muchas páginas menos (y con una parte central mucho menos larga y aburrida), sería un libro mucho mejor.

Dicho esto, paso a mi análisis habitual.

Puntos fuertes:

La idea: ya lo he dicho, pero ese tema sabéis que me gusta mucho. La imaginación de los niños (y de quienes seguimos siéndolo un poco) es siempre motivo de celebración.

Los amigos imaginarios: o, más bien, quienes los tienen. Yo no lo tuve, como decía, pero me parecen muy importantes para quienes sí los necesitan. Estoy seguro de que les restarán miedos, vergüenzas; les darán seguridad; potenciarán mucho su imaginación… Y el mensaje que se da en el libro, el de que esos niños o niñas no están locos ni locas, me parece el acertado.

Zinzan: mi personaje favorito. Un gato muy peculiar con unas funciones muy chulas. Todo un descubrimiento.

Lo que más me ha gustado: pensándolo con el libro recién terminado, creo que lo mejor ha sido que, en parte, he vuelto a mi niñez.

Lo que menos me ha gustado: el nudo de la historia. Qué largo se me ha hecho. Qué aburrido. Qué ganas de acabarlo pronto para leer el final, y eso que el final se ve claro desde el principio. ¿Es necesario escribir libros pensados para niños tan largos y con partes tan tediosas?

Como conclusión… Creo que ya lo he dicho con otros libros. Por temática, por las ilustraciones (muy bonitas), por los personajes… Es un libro para niños, pero no muy pequeños, por lo que he mencionado antes. Si tenemos un libro infantil, en mi opinión, tiene que cumplir algunas reglas. Por ejemplo, no hacerse largo. No aburrir. No alargar la historia como un chicle para incrementar el número de páginas. Insisto: este libro me habría parecido genial con la mitad de páginas.

A los que lo habéis leído, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Las fotografías son lo único que tenemos de algunas personas. Eso y nuestros reecuerdos”.

Los imaginarios, A. F. Harrold

Crítica: La librería del Señor Livingstone

Título: La librería del Señor Livingstone

Autor: Mónica Gutiérrez

Editorial: autopublicado

Sí, sí y sí. Me habéis pillado. Un libro más que he comprado por las mismas razones por las que compré otros como “El guardián de los objetos perdidos” o “La pequeña librería de los corazones solitarios”, entre otros: el título, por un lado, y la combinación de libros y Londres, por otra. Ya lo he dicho en otras ocasiones: dadme un libro sobre una librería en Londres y me lo voy a leer. 

Lo cierto es que no suele ser un error este instinto mío. Una vez más, es un libro que me ha gustado bastante y cuya lectura he disfrutado mucho. Parece que estas novelas “feelgood” (en palabras de la autora en este mismo libro “historias en las que apenas ocurre nada extraordinario, cuyos protagonistas no son grandes héroes. Historias en las que la felicidad se mide en pequeños momentos y se halla en los gestos más cotidianos…”) me gustan de vez en cuando. Eso sí, creo que también hay mucha culpa en que sean novelas “feelgood” con libros y Londres…

Dicho esto, ahí voy con el análisis…

Puntos fuertes:

El título: no hace falta que diga más. ¿No me digáis que no es un título que os encante?

La librería: Moonlight Books es una preciosidad. Sus suelos de madera, su rincón de los románticos, su escalera, su cúpula abierta al cielo… Sin duda, es un personaje más en la novela, y un personaje maravilloso.

Los personajes: como buena novela de su género, los personajes son entrañables desde todos los puntos posibles. Distintos en edad, procedencia y mil aspectos más, todos se unen en torno a ese amor por los libros y por la vida londinense (dos de mis grandes amores, ya sabéis).  Me han gustado todos, desde los protagonistas hasta los secundarios, y eso es algo complicado de lograr y todo un acierto de la autora.

Autopublicación: no hay ningún motivo por el que sea así, pero no suelo leer libros autopublicados. Este libro me ha demostrado que no hace falta una editorial para tener un libro bien escrito. Tiene algunas erratas y algunos errores, sí (como prácticamente todos los libros) y a mí, que soy muy pesado con ciertas cosas, me chirría tanto leísmo (por permitido que esté), pero es un libro bien escrito, con un lenguaje muy cuidado y bien editado. Es de agradecer, la verdad.

Las referencias a otros libros: a muchísimos libros, algo que, ya sabéis, siempre me gusta encontrar en un libro.

Londres: cuando fui a Londres por primera vez (de visita, con dieciséis años) me enamoré por completo. Volví al año siguiente (un día cada año, no os penséis que pasé meses allí) supe que tendría que vivir allí una temporada. Al llegar dispuesto a pasar un año allí (en 2013), pensé que sería un año como mucho, que no era una ciudad para más. Alargué mi estancia allí un año más, un año en el que me enamoré por completo (amor del de verdad) y, aunque me tuve que volver por la muerte de mi madre, supe que me equivocaba. Que no era una ciudad para un año. Que podría vivir allí para siempre y sería muy, muy feliz. Hoy en día pienso que volveré a vivir allí, al menos una temporada. Os cuento esto porque tal es mi amor por esa ciudad que solo el hecho de leer una buena novela que ocurra allí y que la trate bien, me hace estar allí en la distancia, y eso es uno de los mejores regalos que alguien puede hacerme (gracias, Mónica).

Lo que más me ha gustado: sin desmerecer a la historia y a sus personajes, que me han encantado, no puedo evitar decir que lo mejor de leer este libro, para mí, ha sido ese “viaje” a Londres. Me he visto allí, y os lo digo de verdad. Por Holborn, por el British Museum, por la City, por Covent Garden… Ay (acabo de suspirar, os lo prometo), mi Londres… ¡Cuánto lo echo de menos!

Lo que menos me ha gustado: creo que no es un libro del que pueda decir “esto no me ha gustado”, la verdad. Hay pequeñas cositas que no me han encantado, pero no como para afirmar que sea algo que el libro tenga y no me guste. Por lo tanto, voy a decir que, aunque me contradiga, lo que menos me ha gustado deriva de lo que más me ha gustado: quiero ir a Londres YA. Vamos, que la autora me ha dado aún más necesidad de volver… XD

Mi sensación final es que el libro ha cumplido todas mis expectativas. El último libro de este estilo que leí ( https://jorgepozosoriano.com/2019/04/07/critica-la-pequena-libreria-de-los-corazones-solitarios/ ) no me terminó de gustar del todo, y afronté el inicio de este con un “bueno, a ver qué me trae”. Me ha traído una lectura amena, divertida, llena de curiosidades, bien escrita, alegre… Perfecta para estos días, qué os voy a decir.

Os lo recomiendo, sí. Si os gustan las novelas “feelgood” con libros y Londres, como a mí, esta es un diez.

 

“Había empezado a comprender que la felicidad surge de los brotes más pequeños e inesperados”.

 “La librería del Señor Livingstone”

De nazis, comunistas y maricones

Os voy a contar lo que me ha pasado. Estaba (estoy) en casa, tranquilo, cuando me ha dado por mirar la prensa deportiva y me he encontrado con el titular de la fotografía:

“Primero me llamaron nazi, ahora comunista… y pronto dirán que soy maricón”.

Parad un momento. Dejad de continuar leyendo y volved a leer el titular de arriba. ¿No se os han puesto los pelos de punta? ¿No os ha dado una arcada? ¿No os indigna? ¿No os preocupa?

No voy a hablar de este señor (por llamarlo de alguna forma), pero sí de lo que mensajes así llevan asociados: una homofobia latente que, en pleno 2.020 sigue estando ahí.

Me pregunto, ¿qué tendrá que ver ser nazi con ser comunista y con ser “maricón”? Ya, para empezar, usar justo esa palabra dice mucho de quien la pronuncia, en un tono absolutamente despectivo, dañino, irrespetuoso, ofensivo, homófobo hasta el límite y que demuestra una incultura y, me lo vais a permitir, unaestupidez que roza lo simiesco. Bueno, me corrijo, hay simios con una inteligencia muy superior a personas como estas…

Ya hablé de este tema cuando escribí sobre el pin parental:

https://jorgepozosoriano.com/2020/01/21/el-pin-parental/

y, ahora, me veo en la necesidad de volver a hacerlo. Además, me ha venido a la mente una experiencia que yo mismo viví en mi segundo año de Magisterio, os cuento:

Al empezar la Mención Especial en Educación Física (la cual dejé tras ese año, como después comprenderéis), la primera asignatura fue “Expresión corporal”. Éramos un grupo bastante numeroso en el que había muchas personas a las que no conocíamos, porque éramos de distintas clases. La primera clase se basó en, siguiendo una música y unas directrices del “profesor” (sí, lo tengo que entrecomillar porque le tengo mucho respeto a esa palabra), movernos por el gimnasio, buscando expresarnos a través de nuestro cuerpo. Os imaginaréis que un poco de vergüenza nos dio, por lo que no es que expresáramos mucho… Al terminar, el “profesor” nos juntó con cara de circunstancia y nos dijo algo muy parecido a esto (no lo recuerdo palabra por palabra, pero casi):

“¿Qué os pasa? Casi no os habéis movido, y esto es expresión corporal. ¿Es que os da vergüenza algo? ¿Tenéis miedo de algo? ¿Acaso alguno es un asesino, un alcohólico, homosexual?”

Parad un momento. Dejad de continuar leyendo y volved a leer el párrafo de arriba. ¿No se os han puesto los pelos de punta? ¿No os ha dado una arcada? ¿No os indigna? ¿No os preocupa?

Un “profesor” de la Facultad de Educación, ¿eh? Después, a lo largo del curso, nos regaló otras muchas perlas homófobas, machistas, racistas… Un poco de todo, por hacer el kit completo. Yo me quejé, cómo no iba a hacerlo, pero nadie movió ni un solo dedo, como, me temo, ocurrirá con las declaraciones del futbolista de antes.

¿Tenemos que tolerar este tipo de comentarios? ¿No nos damos cuenta del daño que pueden hacer? ¿Por qué la gente que tiene un altavoz tan grande se dedica a lanzar mensajes de odio, y no lo contrario? ¿Es tan complicado respetar?

Yo, insisto, con mi pequeño altavoz como escritor y como maestro, gritaré todo lo alto que pueda que el odio no tiene cabida en el mundo. Que nadie puede menospreciar a nadie por su naturaleza, ya sea su color de piel, su orientación sexual o su procedencia. Que hay que respetar, por encima de todo, a las personas.

Quizás, algún día, se dejen de escuchar comentarios de este tipo. Quizás, algún día, se silencien los insultos racistas, homófobos, machistas y demás. Quizás, algún día…

“Rápidamente, entendió que el valor no depende de la fiereza, sino de la fuerza interior”.

De “Hip, un dragón especial”, cuento incluido en “Las bufandas de Lina y otros cuentos animalados”, Jorge Pozo Soriano

Crítica: Los diarios de Adán y Eva

Título: Los diarios de Adán y Eva

Autor: Mark Twain

Ilustradora: Sara Morante

Editorial: Impedimenta

Por fin leo este libro. Han pasado años (muchos) desde que vi su representación en teatro (tres veces) y me enamoré de la historia, además de las sublimes interpretaciones de Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá.

No había leído el libro, creo, porque aún no había encontrado una edición que susurrara mi nombre, pero esta sí lo hizo. Esta edición de Impedimenta, con las preciosas ilustraciones de Sara Morante, tenía que venirse conmigo. Así lo hizo, y hoy, por fin, he terminado de leerlo.

La historia es espectacular. La pluma y, sobre todo, el humor de Twain se notan en cada letra. Eso sí, tengo tan buen recuerdo de la obra de teatro que leer el libro no me ha dejado tan buen sabor como entonces.

Puntos fuertes:

El humor: he leído todo el libro con una sonrisa en la cara. Qué divertido es, qué situaciones más absurdas… De verdad, qué buen rato he pasado leyéndolo. Una buena lucha de sexos que, estoy seguro, os hará sonreír, también.

La vuelta de tuerca a la historia de Adán y Eva: a mí, sin ser muy bíblico, me ha encantado ver cómo se tocan temas como el inicio del lenguaje, de descubrimientos como el fuego, de la relación con la naturaleza, de las relaciones humanas

Las ilustraciones: siempre me gusta descubrir personas con talento, y el de Sara Morante me ha enamorado. Es un libro con muchas ilustraciones (algunas, a doble página), y me han gustado muchísimo todas. Me ha dado la sensación de disfrutar de la literatura mientras leía al tiempo que daba un paseo por un precioso museo. Enhorabuena, si me lees.

Lo que más me ha gustado: aunque la historia, la edición y las ilustraciones son perfectas, no es ninguno de esos tres puntos lo que me ha gustado. Lo mejor, para mí, ha sido el recuerdo. El recuerdo de haber visto la obra con dos muy buenas amigas (gracias, Lydia) y, por encima de todo, el recuerdo de haberla visto con mi madre. La recuerdo como si fuera ayer, sonriendo, llorando, agarrándome la mano, mirándonos para unir nuestras emociones… Cuánto he disfrutado del teatro con ella (la gran culpable de que me guste tanto), y esta obra, al igual que me pasó a mí, la disfrutó un montón.

Lo que menos me ha gustado: pensar que, por el momento, no podré volver a verla en teatro, porque iría otras trescientas veces más. Blanca, si has leído hasta aquí… ¿por qué no te planteas volver a interpretarla? Yo hago de acomodador, de relaciones públicas, vendo las entradas o lo que haga falta… J

Mi sensación final es la del recuerdo bonito junto a mis amigas y mi madre. He leído algunas frases recordando cómo las decían Blanca y Miguel Ángel, y he sonreído aún más al hacerlo.

Os invito a descubrir esta historia si queréis pasar un rato muy divertido o si queréis descubrir a quien es considerado, por muchos, el padre de la literatura norteamericana.

“Precipitarse es lo peor cuando se trata de crear una obra de arte noble y bella”.

Mark Twain, Los diarios de Adán y Eva

El pin parental

Me prometí a mí mismo escribir una entrada sobre lo que supone el pin parental, y lo hice después de cansarme bastante de escuchar a gente hablar al respecto sin haberse preocupado lo más mínimo por informarse y de hartarme de los mismos argumentos falsos y repetidos hasta la saciedad, quizá con la intención de que, a base de repetirlos, se vuelvan reales.

Si os soy sincero, no sé muy bien por dónde empezar. A mí este tema, como comprenderéis, me toca en lo personal, además de en lo profesional y, por supuesto, en lo humano. La falta de humanidad nunca me ha gustado, qué le voy a hacer.

Esta entrada es más larga de lo habitual, y puede que no os interese. Al fin y al cabo, lo que más subo al blog son reseñas de libros, y esto no es una reseña. Eso sí, es algo mucho más importante, así que os animo a leerla.

Voy a empezar diciendo que lo que me parece más grave es que semejante barbaridad haya copado el debate, diría, a nivel nacional. Llevo días escuchando que si sí, que si no; que si padres, que si hijos; que si profes, que si adoctrinadores; que si fu, que si fa. Es grave, amigos, muy grave que algo que está fuera de toda lógica, que se salta leyes a la torera, que se ha cimentado en mentiras, bulos e interpretaciones muy torticeras de según qué convenga retorcer sea motivo de debate. He lanzado una miniencuesta en mis stories de Instagram al respecto, y, siento decirlo, no es un tema que me parezca debatible. Por eso que os digo y en lo que ahondaré a continuación y porque, para que se genere un debate, tiene que haber dos posiciones reales con argumentos reales, y ni lo uno ni lo otro se da en este caso. Es como pensar que se puede debatir sobre los efectos positivos del nazismo o sobre si los blancos somos iguales que los negros en cuanto a derechos y libertades. Si pensáis que estos temas pueden ser sujeto de debate, creo que tenéis algún problemilla que resolver.

Hago un parón para comentar que estoy escribiendo la entrada en una cafetería y ya hay un grupo a mi lado opinando del tema, una vez más, sin tener ni idea…

Primero, creo, es bueno explicar qué es el pin parental y qué reclama. Para eso, nada mejor que volcar el propio documento, extraído, directamente, de la página del partido que lo ha propuesto.

 

Pin parental
Solicitud de información previa y autorización expresa

Al Director del centro educativo (Con copia al Director provincial de Educación) ………………………………………………………………………………………………….

Estimado Sr. Director:
Como padre/madre y/o tutor del alumno:………………………………………………………………

Ante la posibilidad de que mi hijo/a pueda ser adoctrinado en ideología de género contra mi voluntad y contra mis principios y valores morales, a través de contenidos curriculares en asignaturas, actividades tutoriales, talleres y clases sobre ideología de género, así como una educación afectivo sexual que incumpla el artículo 27.3 de la Constitución Española y los derechos que me asisten como padre, para que nuestros menores sean educados de acuerdo con nuestra ideología, nuestras propias convicciones y en el respeto a las mismas.

Por todo lo anterior, me dirijo a usted para solicitarle:

Que el Centro que usted dirige nos informe previamente a través de una AUTORIZACIÓN EXPRESA sobre cualquier materia, charla, taller o actividad que afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas o sobre la sexualidad, que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad de mi hijo/a; de tal modo que como padre/madre pueda conocerlas y analizarlas de antemano, reflexionar sobre ellas y en base a ello dar mi consentimiento o no para que nuestro hijo/a asista a dicha formación.

Así mismo considero imprescindible y os solicito, que la información que se nos facilite refleje una breve programación con la descripción de la actividad, sus contenidos objetivos, materiales, fecha, duración, nombre y titulación de la persona que lo imparte y entidad responsable de su organización o dirección. De no contar con dicha información previa y sin mi autorización firmada previamente a su impartición, le solicito como director del Centro, que exima la asistencia de mi hijo/a a dicha actividad, facilitándole la posibilidad de realizar una tarea alternativa durante la impartición de la citada actividad.

Esperando de usted que haga todo lo que esté en sus manos, para evitar que la ideología de género se siga propagándose impunemente entre los menores y que se nos permita como padres decidir si queremos, o no, que a nuestros hijos se les eduque en ideología de género le agradezco de antemano la colaboración del Centro para salvaguardar los derechos que me asisten como padre/madre en las cuestiones que afectan a la formación moral de mi hijo.

Y para que conste, firmo la presente en la fecha señalada: Firmado: DNI:

INSTRUCCIONES PARA PRESENTAR EL PIN PARENTAL

  1. Rellenar un modelo de PIN PARENTAL.(Descargarlo en la Web de VOX)
  2. Presentarlo por duplicado en la Secretaría del Colegio, dirigido a la Dirección del

Centro Escolar de tus hijos y al Director provincial de Educación de tu localidad. Quédate con una copia sellada.

  1. Tu copia nos la debes enviar por fax: o por correo postal.
  2. Debes tener en cuenta lo siguiente:
  • ✓ Hay que presentar un PIN PARENTAL por cada hijo.
  • ✓ Hay que presentar un PIN PARENTAL el padre y otro la madre; por separado.
  • ✓ Si en el Centro Escolar se negaran a sellaros el registro de entrada del PIN PARENTAL (aunque no tienen porqué), podéis hacer cualquiera de las siguientes acciones:

a.- Enviarla por Burofax.

b.-Enviarla por Correo Administrativo desde cualquier oficina de Correos.

c.-Acudir a presentarla con dos testigos.

d.-Haceros acompañar por un notario, que levante un acta de la entrega.

e.-Presentarla en el Registro de la Subdelegación del Gobierno, dirigida a la Dirección del Centro Escolar.

 

No sé a vosotros, a mí me parece un papel menos útil que el que se usa para hacer cucuruchos y llevar los churros.

Citan el artículo 27.3 de la Constitución, que dice “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Ay, cómo les gusta la Constitución (desde mi punto de vista, aunque eso es otro tema, ya un poco desfasada) cuando les interesa. Este artículo se puede retorcer como se quiera, pero no es un artículo, como ninguno otro, que valga más que los derechos fundamentales. No puede arrollar a los derechos fundamentales a la libertad, a una comunicación libre, a la libertad de expresión, a una educación libre o a la libertad de cátedra. Antes que ese tercer punto del artículo 27, están el primer y el segundo. El primero dice que todos tienen derecho a la educación y que se reconoce la libertad de enseñanza. El segundo, que la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales. Vaya, amigos. Parece que esos dos primeros puntos interesan menos o son menos importantes que su religión y su moral (la suya, claro, que es la única que vale; la moral de los demás no vale de nada).

Por otra parte, ¿solo me llama la atención a mí que únicamente les preocupe la igualdad de género y la diversidad sexual? Porque, puestos a pensar en temas, podrían haber añadido muchos más. Pero, no. Solo les preocupa que sus hijos no escuchen que el hombre y la mujer son iguales ni que es tan natural querer a alguien de tu mismo sexo como querer a alguien del sexo distinto. Qué moral más buena, ¿verdad? Por si no ha quedado claro, copio el párrafo en cuestión:

“Esperando de usted que haga todo lo que esté en sus manos, para evitar que la ideología de género se siga propagándose impunemente entre los menores y que se nos permita como padres decidir si queremos, o no, que a nuestros hijos se les eduque en ideología de género le agradezco de antemano la colaboración del Centro para salvaguardar los derechos que me asisten como padre/madre en las cuestiones que afectan a la formación moral de mi hijo”.

Disculpad, he tenido que levantarme al baño, me ha dado una arcada. “Evitar que la ideología de género se siga propagándose impunemente entre los menores”. ¡Toma ya! ¡No vaya a ser que los niños piensen que los hombres y las mujeres son iguales en cuanto a derechos y libertades! Eso, claro, por no hablar de la brillantez en la redacción: “se siga propagándose”. Se, se, se. Pim, pam, pum. En fin…

Importante es, también, que aquel que tenga esas preocupaciones y se crea con el derecho a exigir a un colegio que deje de hacer lo que, por ley, tiene que hacer, ha de presentar dos por hijo: del padre y de la madre. Así, claro, salen más firmas y el grito de odio puede ser más alto. Ya puestos, que vaya también el cura, la vecina de enfrente, la niñera y el butanero. Si es cuestión de acumular más y más firmas, que no quede.

Hasta aquí el análisis de ese documento tan instructivo.

Segundo, estos son los argumentos que se dan para que nazca el pin parental. Todos bulos, mentiras o interpretaciones fantasiosas de la realidad, como veréis.

  • Adoctrinamiento de niños menores de seis años con juegos eróticos. Falso.
  • Un vídeo de personas realizando distintas posturas sexuales que, ¡magia!, ha sido grabado en un museo brasileño donde hicieron una performance artística, pero que lo venden como si hubiera ocurrido en un colegio español. Falso.
  • Imágenes de un aula donde una mujer manipula un juguete sexual que, ¡magia de nuevo!, se grabaron en una universidad en Canadá. Falso.
  • A los niños se les enseña zoofilia en los colegios. Falso.
  • A los niños se les obliga a ser niñas y viceversa. Falso.
  • “Con el pin parental evitaríamos que los hermanos se penetraran” (lo entrecomillo porque son palabras textuales de un supuesto periodista). Falso.

Podría seguir con más ejemplos, pero si necesitáis más, creo que tenéis un problema grave.

Por si tenemos alguna duda al respecto del derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, yo os lo explico. El derecho llega hasta poder elegir a qué centro llevan a sus hijos. Fin. Sí, claro, tienen derecho a ser informados de qué se va a trabajar en el centro escolar. Insisto, a ser informados, no a decidir. Para informarse, con leer el curriculum y la programación del centro (ambos, documentos públicos) ya basta. Para decidir, no, queridos. Ahí no tienen derecho. Para decidir en educación están las leyes de educación. Ni siquiera los profesores tenemos ese derecho a decidir qué se va a trabajar en el centro. Respeto vuestro papel de padres, aunque mi papel de profesor no os merezca ningún respeto.

Y, no. Siento deciros que no, los niños no son propiedad de los padres. Los niños son individuos libres, tan libres como sus padres que, sí, tienen el deber de custodiarlos, pero no son sus propietarios. Si no hacéis caso a las leyes y a los distintos documentos que recogen los derechos humanos, haced caso al Papa Francisco, que dijo, exactamente “los padres son custodios y no propietarios de sus hijos”. Ya que no os preocupa lo que diga un cura y sí os da pavor lo que podamos decir los profesores, quizá sus palabras tengan más validez que las nuestras.

Tercero, voy a deciros todo lo que esta petición (exigencia, más bien) se salta.

  • El Decreto sobre Convivencia que, en más de seis artículos, trata temas relacionados con la LGTBIfobia, incluyendo el hecho de que se considera falta MUY GRAVE la discriminación por orientación sexual y que “exige que se incluyan y se reflejen en el plan de convivencia de los centros educativos las diversas situaciones de las personas amparadas por ellas, conforme a las definiciones que contienen en relación con los términos Trans y LGTBI”.
  • La Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación.
  • La Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual.
  • El Plan de Convivencia, que en sus artículos 12, 14, 16, 19 y 29 deja muy claro que la LGTBIfobia no tiene cabida en ningún centro educativo.
  • El curriculum de primaria. Por ejemplo, en su artículo 8 dice: “Los centros educativos, en consonancia con el desarrollo de sus competencias, garantizarán la inclusión de los contenidos ya contemplados en este Decreto de currículo y acordes a lo previsto en la Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual, en las programaciones docentes y velarán para que las mismas contengan pedagogías adecuadas para el reconocimiento y respeto de las personas LGTBI y sus derechos; o cita, en su artículo 4, los objetivos de respeto, defensa de los derechos humanos y el pluralismo, la no discriminación, una actitud contraria a la no violencia, a los prejuicios de cualquier tipo y a los estereotipos sexistas, entre otros; o que, en su artículo 8 dice que “la programación docente comprenderá la sensibilización en cuanto a las normas internacionales de derechos humanos y los principios de igualdad y no discriminación, incluidos los concernientes a la orientación sexual y la identidad de género”.
  • Resoluciones de Amnistía Internacional y Humans Right Watch, que afirman que los derechos LGTBI son considerados derechos humanos (¿no es grave tener que incluir esta afirmación?).
  • Las declaraciones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, reconociendo los derechos de las personas LGTBI en 2011; combatiendo la violencia y la discriminación por orientación sexual y la identidad de género en 2014; protegiendo contra la violencia y discriminación de las personas LGTBI en 2016; y pidiendo a países la abolición de la pena de muerte por homosexualidad. (Fijaos en las fechas, ¿eh? Hace casi dos días… Y, sí, para que no se nos olvide, en algunos países te matan por ser homosexual).
  • La Constitución Española, en sus artículos 20; y 27.1 y 27.2.
  • El Código Penal, donde los delitos contra las personas LGTBI se recogen como delitos de odio, con un agravante genérico de discriminación por sexo, orientación o identidad sexual o razones de género; o en su artículo 510, donde considera delito de discurso de odio la provocación a la discriminación o que se promueva directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra determinados grupos, incluido el LGTBI.
  • Derechos de los alumnos, como el pleno desarrollo de su personalidad o el respeto a su identidad, integridad y dignidad, entre otros.
  • Deberes de los alumnos, como respetar la dignidad, integridad e intimidad de todos los miembros de la comunidad educativa, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, evitando cualquier tipo de discriminación, entre otros.
  • Derechos del profesorado, como a la libertad de cátedra o a recibir la colaboración por parte de los padres para poder proporcionar un clima adecuado de convivencia escolar y facilitar una educación integral, entre otros.
  • Deberes del profesorado, como a respetar y hacer respetar las normas de convivencia, proporcionar una educación respetando la diversidad o a contribuir a que las actividades del centro se desarrollen en un clima de respeto, tolerancia, de participación y de libertad para fomentar en los alumnos los valores de ciudadanía democrática, entre otros.
  • Deberes de los padres, que son respetar la libertad de conciencia y las convicciones ideológicas, políticas, religiosas y morales, así como la dignidad, integridad e intimidad de los miembros de la comunidad educativa; conocer y respetar y hacer respetar las normas establecidas por los centros docentes y el proyecto educativo; y promover el respeto a las normas de convivencia.

Seguro que me dejo algo en el tintero, pero, vaya, se saltan unas cuantas cositas, ¿no?

Ah, los que os hayáis preguntado “¿y qué derechos de los padres se están saltando si no implantan el pin parental?” Muy sencillo: ninguno. Los derechos de los padres son: a recibir información sobre las normas que regulan la organización, convivencia y disciplina del centro (son documentos públicos); a ser escuchados en los procedimientos educativos de intervención ante las acciones (atención) CONTRARIAS a la convivencia escolar; y a colaborar en la prevención y corrección de las conductas (atención) CONTRARIAS a las normas de convivencia. FIN. No parece muy complicado de entender… Vamos, que va, incluso, en contra de sus propios derechos y deberes como padres.

 

Cuarto, mi sentir al respecto de todo.

Como los pocos argumentos que he escuchado para justificar este ataque han sido muy simples (además de falsos), voy a ponerme al mismo nivel y voy a explicar la situación con esa misma simpleza.

Imaginaos que estáis pensando el restaurante al que ir y, para tomar una decisión, leéis los menús de varios. Hay una hamburguesería, un buffet de carne argentina y un vegetariano. Vosotros lo que queréis es una buena hamburguesa porque os encanta la carne. Además, vais a pedir la más grande que haya y sin tomate ni cebolla ni lechuga porque no soportáis los vegetales. Qué asco de lechuga. Qué grima el tomate. Qué vomitera la cebolla. Al final, decidís ir al vegetariano y pedir, qué digo pedir, exigir una hamburguesa de buey sin vegetales. ¡Estáis en vuestro derecho! ¡¿Quién se han creído que son para no servirte lo que quieres?! ¿Vais a permitir que os obliguen a comer verduras? ¿Vais a consentir que os adoctrinen en el vegetarianismo o, lo que es peor, en el veganismo? Ay, qué situación más absurda, ¿verdad? Pues es muy parecida a lo que ocurre con el pin parental. Hay colegios públicos, concertados y privados. Laicos y católicos. Del Opus, incluso. Si yo soy ateo, no elegiré el del Opus, me parece obvio. Igual de obvio me parece que alguien homófobo o machista (sin que entienda ni respete que haya gente homófoba o machista, solo faltaba) no lleve a sus hijos a un colegio que no sea privado y ultracatólico. Después de saber que hay colegios en los que los profesores de naturales no han tenido la libertad para hablar de la evolución, me imagino que no habrá opción de nombrar la igualdad de género o la diversidad sexual, así que lo podrían llevar allí. Sin lechuga, sin tomate, sin cebolla y con extra de homofobia y machismo. Una receta perfecta para ellos, aunque no para sus hijos.

Ser homosexual no es un problema ni algo que haya que temer, además de que no se contagia ni nadie puede “volverse” homosexual, del mismo modo que nadie “se vuelve” heterosexual. Ni los padres ni los profesores tenemos ese poder de conversión, por suerte, sino que solo la naturaleza decide quién es heterosexual, homosexual o bisexual, como también es la naturaleza la que manda en lo relacionado con las personas transexuales. El problema y lo que da miedo es la homofobia, y eso, por lo que parece, sí es contagioso. Tampoco es un problema ser mujer. Ser machista sí lo es.

Los niños no son homófobos ni machistas. Aprenden a serlo. Si en sus familias les llevan a serlo, los maestros tenemos la obligación, ya no solo moral, sino por ley, de evitar que lo sean. Nuestra obligación es tratar esos temas por dos motivos bien sencillos (además, insisto, de que así lo recoge la ley): evitar la homofobia y el machismo y proteger a los alumnos LGTBI y a las niñas que puedan tener problemas por ser de sexo femenino.

Mirad si el pin es tan absurdo y está tan fuera de la ley que, de cumplirse, se estarían quebrando los propios derechos de los padres, esos que exponía antes. Nos obligaría a los centros educativos a incumplir la ley y nos haría cómplices de no cumplir con todo lo que leyes, decretos, resoluciones, declaraciones y demás nos obligan a cumplir.

Estos partidos y estos padres exigen estar informados. Bien, es uno de sus derechos. Por si, aun con todo lo explicado, no ha quedado claro, insisto: el curriculum de primaria es un documento público y a las programaciones, donde se incluyen esos contenidos y cómo se van a trabajar a lo largo del curso, incluidas charlas, talleres y actividades dentro del horario lectivo, cualquiera puede acceder. Unas programaciones, además, aprobadas por el claustro y por el Consejo Escolar, con representación, entre otros, de los padres.

Otro detallito que no se cuenta como es en realidad, es ese mantra que se repite de que los padres pueden decidir si sus hijos acuden a una charla, un taller o una clase en la que se hable de igualdad de género o diversidad sexual. Falso. Rotundamente falso. Ningún padre puede decidir qué va a trabajar su hijo o hija en horario lectivo. Todo lo programado, siguiendo el curriculum y las leyes educativas, es de cumplimiento obligatorio y, por lo tanto, evaluable. Si, por esos principios tan férreos de estos padres, deciden saltarse esas clases o actividades obligatorias, sus hijos no podrán ser evaluados al respecto, influyendo en la nota, y podrán incurrir en absentismo escolar, al tratarse de faltas injustificadas. Es más, no hay ninguna asignatura que lleve todo el peso de abordar los temas de igualdad de género ni de diversidad sexual. No, no os emocionéis. No lleva todo el peso una sola materia porque la ley educativa deja muy claro que son temas transversales para toda la etapa, esto es, que han de tratarse en todas las asignaturas en toda la educación primaria. Siguiendo con ejemplos apropiados a la simpleza de quienes argumentan a favor, es como si una familia decide no llevar a su hijo al colegio cuando se traten los animales vertebrados, las sumas con llevadas o la acentuación; solo que todo eso lo podrán aprender en casa, mientras que les será muy complicado aprender a respetar a las mujeres y a las personas LGTBI si son “educados” (sí, entre comillas) por familias machistas y homófobas.

De verdad, ¿qué problema tiene esta gente con las mujeres y los homosexuales? Que mujeres y homosexuales tengan derechos (no más que nadie, sino los mismos que todos), ¿les resta derechos a ellos? ¿Piensan, de verdad, que el hombre heterosexual es superior a las mujeres y a los homosexuales? ¿Cabe en la cabeza de alguien que un niño o niña se puede volver homosexual por escuchar que serlo es tan natural como ser heterosexual? Y, a las mujeres y homosexuales que lo apoyáis (porque, sí, los hay), ¿tan insano es vuestro juicio?

Podréis repetir hasta la saciedad todas esas barbaridades que decís, mintiendo sin sentir la más mínima vergüenza, hacemos en los colegios. Podéis seguir escupiendo odio. Podéis pensar que ser tan machos, tan hombres y tan españoles va a impedir que vuestros hijos puedan sufrir por ser homosexuales. Podéis retorcer la Constitución, las leyes y los derechos universales del modo más torticero posible, pero las leyes, los decretos, los derechos y las libertades están ahí. Por mucho que os empeñéis en anular lo que no os interesa o lo que no respetáis. Nosotros, los maestros, estaremos en frente. Enseñando y educando a vuestros hijos. Sí, educando. Porque esa es, también, nuestra obligación, por suerte para aquellos que vengan de familias como las vuestras. Y, para terminar, no. No os tengo que respetar. La homofobia no se respeta. El machismo no se respeta. La intolerancia no se respeta. Las agresiones no se respetan. El odio no se respeta. La violencia no se respeta. La discriminación no se respeta. Todo lo que vaya en contra de los derechos humanos no es respetable ni entra en la libertad de expresión ni en ninguna otra libertad o derecho. Por lo tanto, en mi yo maestro encontraréis siempre a alguien que les diga a vuestros hijos e hijas que la mujer y el hombre son iguales; que hay que erradicar la violencia, incluida la machista; que ser homosexual es algo natural y que serlo no tiene nada de malo, como no lo tiene ser heterosexual; que hay que respetar a las personas por ser personas, sin importar las diferencias. Encontraréis en mí, siempre, un educador que evite que vuestra educación retrógrada, fascista, machista, racista y homófoba sea la única que reciban.

Para concluir, diré: qué mal quieren estos padres si anteponen sus derechos (aunque sean sacados de la manga) a los de sus hijos…

 

“No quiero

amar en secreto,

llorar en secreto,

cantar en secreto.

No quiero

que me tapen la boca

cuando digo NO QUIERO”.

Ángela Figuera Aymerich, “No quiero”