Crítica: La pequeña librería de los corazones solitarios

Título: La pequeña librería de los corazones solitarios

Autor: Annie Darling

Editorial: Titania

No os voy a engañar… Este libro me hizo caer otra vez en algo que me ocurre a menudo: lo compré por el título y la portada. Bueno, y porque la primera frase en la contra es: “Había una vez, en una pequeña librería de Londres, una joven solitaria llamada Posy Morland, quien vivía rodeada de libros y se escondía tras las páginas de sus novelas románticas favoritas”. ¿De verdad alguien cree que podría resistirme a comprármelo? Lo bueno es que esa pequeña manía que tengo normalmente me sale bien y encuentro joyitas que, de otra forma, seguramente no habría llegado a leer. Tiene gracia que haya tantos libros recomendados en todas partes y en los mejores sitios en las librerías que no valen para nada y tantos otros que son maravillosos y que tienes que encontrar, por pura casualidad, en pequeñas librerías como la protagonista de esta genial novela, ¿no creéis?

Dicho esto, ahí voy…

Puntos fuertes:

El título: maravilloso, sin más. Quizá sea por lo que me encantan las librerías, pero un libro que ocurre en una librería (y en una tan preciosa como esta), ya tiene mi atención.

La librería: qué librería tan bonita, amigos, en serio. Es, para mí, la protagonista absoluta de la novela.

Los personajes: están tan bien definidos, se compenetran tan bien, encajan tan a la perfección…

Londres: qué os voy a decir de lo que amo a Londres… Los dos años que viví allí, sumados a las visitas que he ido haciendo desde entonces, me hicieron tenerla en un rincón muy especial de mi corazón y echarla muchísimo de veces. La novela habla de lugares por los que he estado, de negocios en los que he comprado, de productos que consumía… Ha sido, literalmente, una nueva visita a mi querida ciudad.

Lo que más me ha gustado: a partes iguales, creo que lo que más me ha gustado de esta novela es, por un lado, el protagonismo de los libros y, por el otro, el protagonismo de Londres. Dos de mis cosas favoritas en un solo libro, suficiente para que me guste, ¿no? Además, hay un alegato a conservar el encanto de las ciudades, a proteger sus negocios, a no hacer que todas las ciudades acaben siendo calcos unas de otras, con las mismas tiendas, las mismas cafeterías, las mismas librerías… “La gente como tú es la que le está arrebatando el alma a Londres, acabando con nuestro espíritu de comunidad”. Este es un tema que a mí me preocupa mucho y que me duele ver, también, en mi Madrid (incluso la cafetería que hay en el Teatro Real es un Starbucks…).

Lo que menos me ha gustado: aunque es un libro que me ha gustado mucho, y a pesar de que, al final, es más o menos necesario, me han sobrado bastante los capítulos de “Seducida por un canalla” (una pequeña novela que la protagonista va escribiendo y se intercala con la historia principal). Lo obvio de la historia romántica tampoco me gusta demasiado, pero es una historia bonita, de esas que te deja con el corazón un poco más sonriente.

Mi sensación final es que, aunque la historia es bonita, la historia en sí no es lo que más me ha gustado (de hecho, se me ha hecho un pelín largo… ¿Alguien más tiene la sensación de que hay muchos libros que serían mucho mejores con algunas páginas menos?). Vamos, que no me quedo con una sensación de “ay, qué historia tan bonita”, porque es bastante previsible y se sabe perfectamente cómo va a acabar más o menos desde el principio. Aun así, es una historia bonita (una de esas que compartiría con mi madre y a los dos nos encantaría), hay libros por todas partes, Londres por todas partes, unos personajes muy bien creados y, en definitiva, un libro que voy a recomendar porque creo que este tipo de historias con finales “Felices para siempre” (ya entenderéis) son necesarias de vez en cuando.

¿Conocíais este libro? ¿Qué os ha parecido si es que lo habéis leído y, si no, os apetece leerlo?

“Londres era un conjunto de librerías a las que habían puesto calles”.

Posy Morland, en “La pequeña librería de los corazones solitarios”

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Todos somos expertos en educación

Después de expresar mi opinión sobre la idea (errónea, a mi entender) de que todo el mundo puede escribir, hoy os voy a hablar de otro tema relacionado con escribir que también me genera bastante rechazo, por decirlo de una forma suave.

Casi todos sabréis que soy profesor de primaria. Llevo desde los dieciséis años trabajando con niños (muchos años como monitor de natación, desde los dieciséis hasta los veintisiete) y desde los veintisiete en adelante, como profesor. Dos cursos en Londres y ahora estoy en mi cuarto curso en Madrid. Lo cuento para que veáis que hablo desde el conocimiento, en primer lugar, de los niños, y, en segundo lugar, del ámbito escolar.

Una vez puestos en situación, vamos al tema. ¿Todo el mundo sabe tanto de educación y de temas tan controvertidos como peligrosos en el ámbito escolar como para escribir libros al respecto?Me refiero, en concreto, al tema del acoso (yo me niego a ponerle la coletilla de “escolar”, ya que la escuela no es el único lugar donde ocurre, no es siempre donde se genera, no es siempre la culpable y, desde luego, no es la única responsable). ¿Sabéis el daño que hace hablar de algo sin apenas saber de qué se está hablando?Sé que este es un asunto peliagudo, que muchos me podrán saltar con “puedo hablar del acoso porque yo lo sufrí”. Pues, lo siento, yo sufrí la pérdida de una madre de la noche a la mañana y no se me ocurriría escribir un libro sobre cómo llevar el duelo, ya que esa es tarea de los psicólogos(la mía fue maravillosa) y yo no soy nadie para ofrecerme a hacer charlas ni dar consejos sobre cómo tiene que ir ese proceso tan duro. Es más, a mí me hicieron acoso toda la vida, tanto en el colegio como en el instituto, pero tuve la inmensa suerte de tener una familia que me dio todas las herramientas posibles para que me resbalara: primero, me quisieron (y quieren) sin ningún tipo de parche, me enseñaron a quererme a mí mismo, me animaron cuando necesitaba ánimos y me hicieron ser fuerte y capaz de ignorar comentarios y actitudes de macarras. Sé que eso, a veces, no es suficiente. Que hay familias y familias. Personas y personas. Acosos y acosos. Precisamente por eso, creo que hablar de un tema así tan a la ligera, más que ayudar, genera todo lo contrario. Me canso de escuchar que en los colegios no se hace nada para evitarlo. Que los profesores lo sabemos y que miramos a otro lado. Os aseguro que es complicado que se dé un caso de acoso en un centro escolartal y como se entiende el acoso (quizás ese es el problema, que consideramos que son acoso muchas situaciones que no lo son, ayudados, también, por todos esos ¿expertos? en educación y prevención del acoso que ven en un asunto así una posible buena fuente de ingresos) y que, si se da, es muy poco probable que se mire hacia otro lado. Está claro que hay docentes y docentes, pero la inmensa mayoría está ahí por vocación, por amor a la educación y a los niños, así que, no, no es habitual que se ignore algo tan grave como una situación de acoso.

Dicho esto, saco el tema porque, como he dicho al principio, me descoloca mucho ver libros que se presentan como “medicinas” frente al acoso escritos por (¡sorpresa!) personas que no trabajan en la educación. ¡Toma ya! ¿Os imagináis que a mí me diera por escribir un libro sobre cómo tratar a las personas que acaban de sobrevivir a un atentado terrorista? ¿Alguien puede pensar que yo sería la persona más indicada para escribir un libro dando consejos sobre cómo fabricar el mejor avión que jamás pudiera existir? “¡Pero si no eres psicólogo ni ingeniero aeronáutico!” ¡Ah! ¿Es necesario ser un profesional de aquello sobre lo que se escribe y se aconseja?Está claro que no… Hay más de un libro y más de dos sobre cómo actuar en situaciones de acoso escritos por personas cuyo único mérito es, una vez más, ser influencer(escritor o no) o tener el morro de usar su posición de escritor para venderse a colegios, “¡que ahí hay mucho negocio!” A mí, la verdad, me da mucha pena y un poco de vergüenza. Quizá se debe a que yo soy una persona muy cauta y humilde; a que no me gusta hablar sobre lo que no sé (mucho menos, sentar cátedra); o a que no me gusta engañar a la gente que pueda leerme. El caso es que a mí no se me ocurriría escribir libros diciéndole a todo un gremio al que no pertenezco cómo hacer su trabajo, pero ya sabemos que sobre educación todo el mundo sabe más que los mismos profesores; que nosotros solo estamos ahí por las vacaciones que tenemos; y que cualquiera podría hacer nuestro trabajo. Una lástima, pero es así.

¿Qué opinión tenéis al respecto? Me encantaría escucharos y os aseguro responder todos los comentarios que dejéis con vuestras impresiones.

“La educación genera confianza. La confianza genera esperanza. La esperanza genera paz”.

Confucio

Fraudes, estafas y engaños

La semana pasada escribí una entrada “denunciando” la poca seriedad que existe en el mercado editorial con respecto al éxito que los influencers están teniendo como escritores pensando que me acabarían echando a los leones. Lejos de acercarme siquiera a los colmillos del rey de la selva, fueron muchas las personas que me dejaron comentarios apoyando mi discurso y compartiendo esa denuncia.

Todo ello, sumado a una noticia que escuché ayer, me lleva a escribir esta nueva entrada para terminar de desenmascarar estos fraudes que se extienden prácticamente a cualquier ámbito. La noticia hablaba de varios descubrimientos que demostraban que infinidad de perfiles de influencers eran una verdadera estafa. Perfiles veganos que comen huevos y pescado. Viajeros a la altura de Phileas Fog que habían retocado todas sus fotos, realizadas en su propia casa. Y, así, un no parar de engaños que, sin ningún tipo de pudor, realizan muchos de ellos con el único fin de forrarse.

¿Creéis que esto no ocurre en el ámbito editorial? Siento deciros que los libros no se escapan a estas trampas. Me consta que hay perfiles que recomiendan libros sin haberlos siquiera abierto. Algunos que piden libros a editoriales para, después, venderlos y sacar un beneficio aún mayor. Y, sí, libros firmados por influencers o famosos que no han escrito ni una sola palabra.

Esto es lo que ocurre, amigos, cuando se le da más validez a un número de seguidores que a un mínimo de rigor o calidad. Todo se mueve bajo el lema “si vende, vale”, y todos somos culpables de que esto sea así. Editores, agentes literarios, libreros, periodistas, booktubers y bookstagrammers, blogueros y, sí, lectores.

No digo que todos sean malos ni que no haya gente honrada y decente en este mundo, pero, como con todo, hay que pensar un poco por nosotros mismos y no por lo que nos digan perfiles a quienes ni conocemos y de quienes poco nos podemos fiar. Hay perfiles maravillosos de personas maravillosas. Sed selectivos, amigos. Estudiad mínimamente los perfiles que frecuentáis. Quedaos con la calidad por encima de la cantidad y, seguro, todos saldremos ganando. No os vendáis ni permitáis que lo que se vende y es de mala calidad triunfe.

La literatura es algo demasiado importante como para mercantilizar con ella de una forma tan burda e injusta.

“Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”.

Mark Twain

Porque yo sigo creyendo en la literatura

Ayer mismo me topé con esta imagen que me tocó un tanto la fibra y, lo siento, necesito escribir una entrada para comentar esta situación.

Sé que puedo generarme algunas enemistades y que algunas personas se pueden sentir ofendidas. También, que algunos podréis achacar esta entrada a envidia, pero ya os digo que no. Por una parte, no siento envidia ninguna porque yo estoy contento con mi vida. Tengo un trabajo que me encanta, que me satisface y que me hace crecer cada día como persona y, además, tengo tres libros publicados que, poco a poco, van llegando al público, a colegios, a más lectores. Además, si algún día llego a ser alguien como escritor, prefiero hacerlo por mis méritos como escritor y no por mis seguidores en Instagram. Por otra, no voy a citar a nadie en concreto, así que espero que nadie se lo tome como un ataque personal.

Dicho esto, voy al lío.

Me llama mucho la atención que este artículo se incluya en la sección de literatura y que el titular sea ese que veis: “Los influencers conquistan la literatura”. No sé a vosotros, pero a mí me viene una pregunta a la cabeza: ¿qué consideramos literatura?Hace no mucho había una figura más o menos respetada, que pertenecía a un entorno intelectual y que estaba estrechamente relacionada con la cultura. Un escritor era alguien importante. Alguien que estaba ahí, donde tenía que estar, por su talento, por su dominio del lenguaje… En definitiva: porque era un buen escritor. ¿Qué hemos hecho para que, hoy, consideremos literatura cualquier texto, escrito por cualquiera? ¿Tener seguidores en una red social o canal de vídeos nos hace buenos escritores? ¿Salir en un programa de televisión nos convierte en los mejores poetas del momento? ¿Tener algún contacto influencer que promocione nuestro libro nos hace escribir bien?

Amigos, creo que nos estamos equivocando, y mucho. Investigo mucho las redes en busca de libros. Recorro librerías de cabo a rabo con esa misma intención. Los libros mejor distribuidos, los mejor promocionados, los más mimados, los que están en todas partes, a bombo y platillo son esos de ¿literatura? influencer.

Por poner algunos ejemplos, he leído el primer libro de alguien sobre el que he llegado a leer que es “el maestro del suspense” y que, en su nuevo libro, “despliega su virtuosismo narrativo”y os aseguro que, a nivel de narrativa, es un espanto. Plagado (plagado) de errores de puntuación (el uso de la coma es terrorífico); de errores de ortografía (como muestra, el uso equivocado de las perífrasis verbales “deber + de +infinitivo” y “deber + infinitivo”); o el abuso de los adverbios terminados en -mente (no muy bien vistos en literatura) hasta el punto de incluir en una sola página tres “ligeramente” (¡tres! ¡En una página!), un “completamente” y un “rápidamente”. Quizá me equivoque, pero a mí un libro tan mal escrito no me parece propio de un “maestro del suspense” ni me permite ver ningún tipo de “virtuosismo narrativo”. Un libro de ¿poesía? que se vende como churros por la fama de su no-autora, ya que ni siquiera lo ha escrito ella y, además, ha plagiado una de las ilustraciones. Un poeta que no conocía nadie hasta su aparición en la televisión y que, ahora, parece ser el mismísimo Federico García Lorca renacido.

Mi pregunta es bastante clara: ¿dónde estamos llegando en el mundo editorial? ¿Nos vale ya todo? ¿Vamos todos a lo fácil, a lo que vende sin apenas esfuerzo ni trabajo, a convertir algo tan preciado e importante como un libro en un producto de mercado sin más?Siendo muy sincero, me da pena. Mucha pena. Me da pena porque estamos diciéndole a nuestros niños (y de esto sé un poco porque trabajo con ellos día a día) que no importa escribir bien, que no pasa nada si no se saben las reglas ortográficas, que no hace falta que lean para aprender, que la poesía son dos líneas de ¿reflexiones vitales? con una ilustración bonita (plagiada, si hace falta) al lado. Que los grandes autores ya no interesan, porque ahora, son los influencerslos que conquistan la literatura. Ese, amigos, es el mensaje que estamos trasmitiendo. Estamos permitiendo que algo que debería estar cuidado con todo el mimo del mundo, la literatura (pero la de verdad), se vea pervertida y enfangada por el simple hecho de llenar las librerías de best-sellers malos y sin ninguna inversión de trabajo porque ahora, y esto es una realidad, ya no importa que un libro sea bueno, ni siquiera que el autor o autora escriba bien, sino que tenga tantos miles de seguidores, que asegure una promoción (muchas veces, endogámica por completo) fuerte sin esfuerzo de las editoriales y que, por lo tanto, venda, venda y venda con una inversión mínima.

Yo no soy fuerte en redes, aunque estoy contento con ir creciendo, aunque sea a paso lento. No me considero nadie para aconsejar cómo escribir o dejar de escribir porque solo tengo tres libros publicados, he sido finalista solo en dos concursos pequeñitos de escritura y he participado en una sola colección de cuentos y relatos (que verá la luz en breve); así que, sintiéndolo mucho, me da un poco de vergüenza intentar sentar cátedra sobre algo en lo que estoy empezando (aunque, sí, las redes están llenas de ¿expertos? en escritura, en literatura y, también, en cómo tenemos que hacer los profesores nuestro trabajo en temas tan peliagudos como el acoso).

¿Dónde vamos a llegar? La verdad, no lo sé, pero a mí se me cae el alma a los pies cuando voy a las librerías y veo las estanterías llenas de esta ¿literatura? influencer y tengo que buscar y rebuscar para encontrar a los verdaderos virtuosos de la narrativa, la poesía, el teatro o el ensayo.

Seguiré buscando mi lugar en este mundo tan complicado siendo sincero conmigo mismo, escribiendo (con mayor o menor éxito) convencido de lo que hago y la satisfacción de los comentarios positivos de mis lectores y, sobre todo, seguiré haciendo lo que siempre he hecho: leer LITERATURA.

“Los libros solo tienen valor cuando conducen a la vida y le son útiles”.

Herman Hesse

Crítica: El castillo ambulante

Título: El castillo ambulante

Autor: Diana Wynne Jones

Editorial: Nocturna

Vale, me compré este libro por tres motivos: el primero, que la película es una de mis películas favoritas (luego comentaré un poco sobre ella); el segundo, que lo editaba Nocturna; el tercero, que la edición es preciosa y han publicado los tres libros.

Aunque el libro me ha gustado, no ha sido tan bueno como esperaba. Quizá por el recuerdo de la película, pensaba que me iba a encantar, que no iba a poder parar de leer… y no ha sido así. Me ha gustado, sí. Creo que es un libro que los lectores de fantasía tenemos que leer (y, por supuesto, los escritores de fantasía), pero no es todo lo espectacular que me esperaba y, aunque sí está muy bien escrito y tiene detalles que me han gustado mucho, no estoy de acuerdo con Neil Gaiman cuando afirma que Diana Wynner Jones “es, sencillamente, la mejor escritora de libros de magia para lectores de todas las edades”. A mí, la verdad, se me ocurren bastantes autores mejores que ella, pero me imagino que eso, como casi todo, es cuestión de gustos.

Puntos fuertes:

La edición: a estas alturas todos sabemos lo bien y lo bonito que edita Nocturna. Son cómodos de leer (tapa blanda), y el hecho de que hayan publicado los tres libros a la vez, para mí, es un acierto.

Los personajes: esa mezcla de personajes tan dispares (un mago, un aprendiz de magia, una viejecita hechizada, un demonio del fuego…) crea situaciones muy divertidas y entrañables que nos dejan claro que todo funciona mejor si se juntan distintas fuerzas.

Los escenarios: empezando, claro está, por el propio castillo y todas sus peculiaridades, que es espectacular. Todos los lugares en los que ocurre la historia son geniales y están tan bien descritos que es muy fácil sentirse caminando por ellos, y eso siempre es de agradecer.

La magia: el mago Howl, la bruja del Páramo, demonios de fuego… Ya sabéis que todo (o casi todo) lo que tenga que ver con magia me gusta, y en esta historia la magia es un personaje más.

Lo que más me ha gustado: no sabría decir si me gusta más el castillo o el mago Howl. Desde luego, un personaje tan bien creado como este mago tenía que vivir en un lugar tan genial como su castillo ambulante.

Lo que menos me ha gustado: se me ha hecho un poco largo porque, en mi opinión, la historia avanza con demasiada lentitud y tampoco ocurre nada espectacular que te haga querer seguir leyendo. No se crea tensión, no hay secretos que quieras desvelar avanzando en la historia… Me ha faltado un algo más que ni siquiera al terminarlo he encontrado. Además, me ha hecho llevarme un pequeño chasco con la película. No por culpa de la autora, claro está, pero hay TANTAS cosas cambiadas que, por una parte, no he terminado de entender la necesidad de haberlo hecho y, por otra, he visto necesario cambiarlas, ya que a la historia del libro le falta chispa. Vamos, que el libro se me ha quedado en una lectura regular y ha hecho que la película deje de gustarme tanto.

Al saber que se trata de una trilogía, me dio un poco de pereza pensar que la historia continuaba, pero me he alegrado mucho al saber que, si bien las otras dos historias ocurren en el mismo lugar, son totalmente independientes, así que me apetece mucho leerlas sin la presión de comparar constantemente con una película.

A los que lo habéis leído, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Creo que deberíamos ser felices por siempre jamás”.

Diana Wynne Jones, en “El castillo ambulante”.

Los clichés en la literatura fantástica

Hace ya un tiempo que leí acerca de los clichés de la literatura fantástica y de lo malos, malísimos que son. Hay que evitarlos a toda costa. Si los usas, eres un escritor malísimo que no merece ser leído. Los libros que los contienen no deberían existir.

Sí, vale, tiendo a exagerar al máximo para expresar después mi punto de vista y, como quiero que me entendáis, necesitaba un primer párrafo así de contundente.

Los clichés (o aquellos elementos que, por usados con frecuencia, se convierten en algo negativo) en la fantasía son, básicamente, estos:

  • Héroe huérfano
  • El elegido
  • El mentor anciano
  • La gente buena es guapa; la gente fea es mala
  • Mujeres florero y prescindibles
  • Heridas irreales que dejan que el protagonista siga luchando
  • El amigo grande y torpe que ayuda al protagonista
  • Objeto que, si tiene el villano, cambiaría el rumbo del mundo
  • Hadas, elfos y gnomos

Esta lista la he obtenido del vídeo de Ana González Duque en su canal de YouTube, del que os dejo el vídeo a continuación:

https://www.youtube.com/watch?v=_I7ZLT9utEM

Con todo el cariño y el respeto que le tengo a Ana, voy a hacer algo que ella pide en cuanto a los clichés: retorcerlos. Pero no voy a retorcer esos clichés, sino los argumentos de que son malos, malísimos y que hay que evitarlos a toda costa o, al menos, cambiarlos y darles un giro distinto.

Yo voy a reivindicar el papel del cliché en la literatura fantástica y lo voy a hacer con dos ejemplos claros, dos de las sagas de fantasía más exitosas de la historia: El Señor de los Anillos y Harry Potter.

Tanto Frodo como Harry son huérfanos; son los elegidos; tienen un mentor anciano con una barba bien larga y bien blanca (Gandalf y Dumbledore); les pasa de todo, nunca mueren (¡o hasta mueren y vuelven a la vida!) y siguen luchando; tienen un amigo grande y/ o torpe que los ayuda (Sam y Hagrid); intentan que los malos no encuentren el/ los objeto/ s con el/ los que cambiarían el rumbo del mundo (el anillo único o los horrocruxes); tienen criaturas fantásticas como gnomos, elfos y demás. Los clichés de gente buena y guapa o mala y fea y de las mujeres florero, por suerte, creo que han cambiado y que cada vez hay más protagonistas que no los cumplen, y esos clichés sí creo que deben evitarse. Pero, ¿el resto? He elegido estas dos sagas por conocidas, aclamadas y exitosas, pero podría nombrar mil más en las que se repiten casi todos estos clichés. No están retorcidos. Son esos mismos clichés, tal cual se nombran, incluso exagerados, y… ¡son dos sagas espectaculares! ¿Son malos libros por caer en casi todos estos clichés? ¿Son J. R. R. Tolkien o J. K. Rowling malos escritores por usarlos de una forma tan evidente? ¿Somos sus lectores bobos por amar sus obras, plagadas de clichés?

Sinceramente, creo que, con este tema, caemos un poco en algo que, desde mi punto de vista, es un error: querer teorizarlo todo, “manualizarlo” todo, hacer listas de todo y cubrir todo bajo el mismo paraguas. No creo que la calidad de un libro de fantasía dependa de si incluye o no estos clichés o el grado en que, si los tiene, los retuerza (a la vista está solo con dos ejemplos), sino de otros muchos factores que dependen más de la valía de los autores que de si cumplen las normas teóricas (y, muchas veces, ridículas) de la literatura. Yo he leído libros con clichés que me han encantado, libros con clichés que son infumables, libros sin clichés alucinantes (aunque no recuerdo ninguno que no tuviera, aunque fuera, uno solo) y libros sin ellos horrorosos. No me he parado a pensar en si esos libros cumplen o no esas normas. No me han gustado porque eran malos, aburridos, estaban mal escritos, eran demasiado obvios, no me aportaban nada nuevo… La “culpa” de que un libro sea bueno o malo no depende de esos clichés. Es más, me atrevo a decir que los clichés son, en cierto modo, necesarios. Muchos lectores de fantasía queremos que un joven con pocos recursos termine siendo un héroe; que, para ello, tenga un mentor como Gandalf o Dumbledore; que pueda luchar hasta el final; que tenga compañeros menos hábiles que ellos y no por ello menos valiosos… Harry Potter no sería Harry Potter sin todos esos clichés, igual que ocurriría con El Señor de los Anillos, Las Crónicas de Narnia, La historia interminable, Memorias de Idhún, los libros de Rick Riordan y otros tantos que caen en muchos de ellos.

Por todo ello, al contrario que los detractores de los clichés, yo voy a romper una lanza a su favor, apoyándome en todas las historias maravillosas que he leído y que, aun conteniendo millones de ellos, me han encantado y me han hecho vivir las mejores aventuras posibles.

Y, vosotros, ¿qué opinión tenéis sobre este tema?

Un abrazo para todos, ¡espero vuestros comentarios!

“Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos”.

Gilbert Keith Chesterton

Crítica: El guardián de los objetos perdidos

Título: El guardián de los objetos perdidos

Autor: Ruth Hogan

Editorial: Duomo Ediciones

Me compré este libro por mera casualidad, con la librería a punto de cerrar y, lo reconozco sin avergonzarme, porque el título y la portada me parecieron preciosos. Eso, sumado a que la información en la contracubierta me gustó, me obligaron a llevármelo sin apenas saber si me gustaría o si no, pero… ¡menudo acierto!

La historia es maravillosa, la localización (mi querido Reino Unido) es genial, los personajes son espectaculares, los diálogos son buenísimos, las descripciones, una gozada… ¿Algo malo? En mi opinión, no. Hacía mucho que un libro no me pellizcaba tanto. Llevo varias críticas negativas seguidas porque no daba con una historia de esas que disfrutas de verdad y me he reencontrado con la literatura no-juvenil con un libro de los que me gustan desde la primera a la última página y que (sorpresa) ¡está bien escrito!

Antes de ir con los puntos fuertes, los débiles y eso que os suelo contar, tengo que deciros que lo recomiendo al 1.000%. Pensad que yo no recibo libros (en parte porque no los pido), que ninguna editorial me “obliga” a reseñar sus libros y que, sí, todo lo que leo lo compro o me lo han regalado. Me han llegado historias truculentas sobre cuentas que mienten, engañan y van por la espalda para conseguir libros y que, a veces, esos libros son vendidos después, doblando el “morrismo”. Yo esto lo hago por gusto, por amor a los libros, por poder encontrarme con más lectores y porque, si a alguien le vale mi opinión para leer un libro, habré hecho algo positivo por la literatura.

Dicho esto, ahí voy…

Puntos fuertes (y van a ser bastantes, ya os aviso):

El título: no solo porque me parece precioso, sino por el sentido que tiene en la historia.

Los personajes: tan reales, tan divertidos, tan cercanos, tan capaces de hacerte sentir lo que ellos sienten… ¡Incluso los perros son unos personajes geniales! Mención especial para Sunshine, la daunzarina, y sus “buenas tazas de té”. ¿Puede incluirse en una historia un personaje con Síndrome Down y hacerlo tan, tan bien, tan creíble, tan humano, tan tierno? Parece ser que sí.

La historia en sí: hay tantos momentos de saltarse las lágrimas, de pellizco en el pecho, de sonrisa, de carcajada, de querer abrazar a quien más quieres, de desear sin miedo, de hacer algo bueno para alguien… ¿Se me nota mucho lo enamorado que estoy de este libro? ¡Y es amor verdadero!

Las historias dentro de una historia ya de por sí preciosa: sí, hay “mini-historias” dentro del libro que son una delicia. Todo un acierto, desde luego, porque parece que lees varios libros dentro de uno mismo.

Lo que más me ha gustado: la forma en que está escrito. A pesar de lo perfecto que es todo lo demás, creo que esto es lo que destaca por encima de todo. Después de leer tantos libros mal escritos, con errores, descuidados… ¿Sabéis el gusto que me ha dado leer un libro tan maravillosamente escrito? El cuidado del lenguaje, las descripciones (ay, esas descripciones…), los diálogos… Imaginaos ahora mismo el emoji con los ojos de corazón, porque expresa a la perfección mi estado.

Lo que menos me ha gustado: podéis creerme cuando os digo que no hay nada que no me haya gustado o que me chirríe en la historia. Por gustarme, me gusta hasta el papel utilizado (procedente de bosques gestionados sosteniblemente), con un tacto y un acabado imperfectos pero sensacionales, me gustan. Además, la imprenta solo emplea energía solar para funcionar, es la primera en el mundo que no utiliza el carbón… ¿Qué más se le puede pedir a este libro?

Mi sensación final creo que no hace falta darla porque me repetiría. Lo recomiendo y lo recomendaré siempre, releeré algunas partes más veces, lo regalaré… Gracias, Ruth Hogan, por escribir algo tan precioso (tanto como tu propia historia personal) y gracias, Duomo, por traerlo a España.

Contadme también si lo habéis leído y qué os ha parecido o si tenéis intención de leerlo.

¡Un abrazo fuerte!

“Si nunca te pones triste, ¿cómo sabrás lo que es la felicidad?”

Sunshine, en El guardián de los objetos perdidos.