El pin parental

Me prometí a mí mismo escribir una entrada sobre lo que supone el pin parental, y lo hice después de cansarme bastante de escuchar a gente hablar al respecto sin haberse preocupado lo más mínimo por informarse y de hartarme de los mismos argumentos falsos y repetidos hasta la saciedad, quizá con la intención de que, a base de repetirlos, se vuelvan reales.

Si os soy sincero, no sé muy bien por dónde empezar. A mí este tema, como comprenderéis, me toca en lo personal, además de en lo profesional y, por supuesto, en lo humano. La falta de humanidad nunca me ha gustado, qué le voy a hacer.

Esta entrada es más larga de lo habitual, y puede que no os interese. Al fin y al cabo, lo que más subo al blog son reseñas de libros, y esto no es una reseña. Eso sí, es algo mucho más importante, así que os animo a leerla.

Voy a empezar diciendo que lo que me parece más grave es que semejante barbaridad haya copado el debate, diría, a nivel nacional. Llevo días escuchando que si sí, que si no; que si padres, que si hijos; que si profes, que si adoctrinadores; que si fu, que si fa. Es grave, amigos, muy grave que algo que está fuera de toda lógica, que se salta leyes a la torera, que se ha cimentado en mentiras, bulos e interpretaciones muy torticeras de según qué convenga retorcer sea motivo de debate. He lanzado una miniencuesta en mis stories de Instagram al respecto, y, siento decirlo, no es un tema que me parezca debatible. Por eso que os digo y en lo que ahondaré a continuación y porque, para que se genere un debate, tiene que haber dos posiciones reales con argumentos reales, y ni lo uno ni lo otro se da en este caso. Es como pensar que se puede debatir sobre los efectos positivos del nazismo o sobre si los blancos somos iguales que los negros en cuanto a derechos y libertades. Si pensáis que estos temas pueden ser sujeto de debate, creo que tenéis algún problemilla que resolver.

Hago un parón para comentar que estoy escribiendo la entrada en una cafetería y ya hay un grupo a mi lado opinando del tema, una vez más, sin tener ni idea…

Primero, creo, es bueno explicar qué es el pin parental y qué reclama. Para eso, nada mejor que volcar el propio documento, extraído, directamente, de la página del partido que lo ha propuesto.

 

Pin parental
Solicitud de información previa y autorización expresa

Al Director del centro educativo (Con copia al Director provincial de Educación) ………………………………………………………………………………………………….

Estimado Sr. Director:
Como padre/madre y/o tutor del alumno:………………………………………………………………

Ante la posibilidad de que mi hijo/a pueda ser adoctrinado en ideología de género contra mi voluntad y contra mis principios y valores morales, a través de contenidos curriculares en asignaturas, actividades tutoriales, talleres y clases sobre ideología de género, así como una educación afectivo sexual que incumpla el artículo 27.3 de la Constitución Española y los derechos que me asisten como padre, para que nuestros menores sean educados de acuerdo con nuestra ideología, nuestras propias convicciones y en el respeto a las mismas.

Por todo lo anterior, me dirijo a usted para solicitarle:

Que el Centro que usted dirige nos informe previamente a través de una AUTORIZACIÓN EXPRESA sobre cualquier materia, charla, taller o actividad que afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas o sobre la sexualidad, que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad de mi hijo/a; de tal modo que como padre/madre pueda conocerlas y analizarlas de antemano, reflexionar sobre ellas y en base a ello dar mi consentimiento o no para que nuestro hijo/a asista a dicha formación.

Así mismo considero imprescindible y os solicito, que la información que se nos facilite refleje una breve programación con la descripción de la actividad, sus contenidos objetivos, materiales, fecha, duración, nombre y titulación de la persona que lo imparte y entidad responsable de su organización o dirección. De no contar con dicha información previa y sin mi autorización firmada previamente a su impartición, le solicito como director del Centro, que exima la asistencia de mi hijo/a a dicha actividad, facilitándole la posibilidad de realizar una tarea alternativa durante la impartición de la citada actividad.

Esperando de usted que haga todo lo que esté en sus manos, para evitar que la ideología de género se siga propagándose impunemente entre los menores y que se nos permita como padres decidir si queremos, o no, que a nuestros hijos se les eduque en ideología de género le agradezco de antemano la colaboración del Centro para salvaguardar los derechos que me asisten como padre/madre en las cuestiones que afectan a la formación moral de mi hijo.

Y para que conste, firmo la presente en la fecha señalada: Firmado: DNI:

INSTRUCCIONES PARA PRESENTAR EL PIN PARENTAL

  1. Rellenar un modelo de PIN PARENTAL.(Descargarlo en la Web de VOX)
  2. Presentarlo por duplicado en la Secretaría del Colegio, dirigido a la Dirección del

Centro Escolar de tus hijos y al Director provincial de Educación de tu localidad. Quédate con una copia sellada.

  1. Tu copia nos la debes enviar por fax: o por correo postal.
  2. Debes tener en cuenta lo siguiente:
  • ✓ Hay que presentar un PIN PARENTAL por cada hijo.
  • ✓ Hay que presentar un PIN PARENTAL el padre y otro la madre; por separado.
  • ✓ Si en el Centro Escolar se negaran a sellaros el registro de entrada del PIN PARENTAL (aunque no tienen porqué), podéis hacer cualquiera de las siguientes acciones:

a.- Enviarla por Burofax.

b.-Enviarla por Correo Administrativo desde cualquier oficina de Correos.

c.-Acudir a presentarla con dos testigos.

d.-Haceros acompañar por un notario, que levante un acta de la entrega.

e.-Presentarla en el Registro de la Subdelegación del Gobierno, dirigida a la Dirección del Centro Escolar.

 

No sé a vosotros, a mí me parece un papel menos útil que el que se usa para hacer cucuruchos y llevar los churros.

Citan el artículo 27.3 de la Constitución, que dice “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Ay, cómo les gusta la Constitución (desde mi punto de vista, aunque eso es otro tema, ya un poco desfasada) cuando les interesa. Este artículo se puede retorcer como se quiera, pero no es un artículo, como ninguno otro, que valga más que los derechos fundamentales. No puede arrollar a los derechos fundamentales a la libertad, a una comunicación libre, a la libertad de expresión, a una educación libre o a la libertad de cátedra. Antes que ese tercer punto del artículo 27, están el primer y el segundo. El primero dice que todos tienen derecho a la educación y que se reconoce la libertad de enseñanza. El segundo, que la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales. Vaya, amigos. Parece que esos dos primeros puntos interesan menos o son menos importantes que su religión y su moral (la suya, claro, que es la única que vale; la moral de los demás no vale de nada).

Por otra parte, ¿solo me llama la atención a mí que únicamente les preocupe la igualdad de género y la diversidad sexual? Porque, puestos a pensar en temas, podrían haber añadido muchos más. Pero, no. Solo les preocupa que sus hijos no escuchen que el hombre y la mujer son iguales ni que es tan natural querer a alguien de tu mismo sexo como querer a alguien del sexo distinto. Qué moral más buena, ¿verdad? Por si no ha quedado claro, copio el párrafo en cuestión:

“Esperando de usted que haga todo lo que esté en sus manos, para evitar que la ideología de género se siga propagándose impunemente entre los menores y que se nos permita como padres decidir si queremos, o no, que a nuestros hijos se les eduque en ideología de género le agradezco de antemano la colaboración del Centro para salvaguardar los derechos que me asisten como padre/madre en las cuestiones que afectan a la formación moral de mi hijo”.

Disculpad, he tenido que levantarme al baño, me ha dado una arcada. “Evitar que la ideología de género se siga propagándose impunemente entre los menores”. ¡Toma ya! ¡No vaya a ser que los niños piensen que los hombres y las mujeres son iguales en cuanto a derechos y libertades! Eso, claro, por no hablar de la brillantez en la redacción: “se siga propagándose”. Se, se, se. Pim, pam, pum. En fin…

Importante es, también, que aquel que tenga esas preocupaciones y se crea con el derecho a exigir a un colegio que deje de hacer lo que, por ley, tiene que hacer, ha de presentar dos por hijo: del padre y de la madre. Así, claro, salen más firmas y el grito de odio puede ser más alto. Ya puestos, que vaya también el cura, la vecina de enfrente, la niñera y el butanero. Si es cuestión de acumular más y más firmas, que no quede.

Hasta aquí el análisis de ese documento tan instructivo.

Segundo, estos son los argumentos que se dan para que nazca el pin parental. Todos bulos, mentiras o interpretaciones fantasiosas de la realidad, como veréis.

  • Adoctrinamiento de niños menores de seis años con juegos eróticos. Falso.
  • Un vídeo de personas realizando distintas posturas sexuales que, ¡magia!, ha sido grabado en un museo brasileño donde hicieron una performance artística, pero que lo venden como si hubiera ocurrido en un colegio español. Falso.
  • Imágenes de un aula donde una mujer manipula un juguete sexual que, ¡magia de nuevo!, se grabaron en una universidad en Canadá. Falso.
  • A los niños se les enseña zoofilia en los colegios. Falso.
  • A los niños se les obliga a ser niñas y viceversa. Falso.
  • “Con el pin parental evitaríamos que los hermanos se penetraran” (lo entrecomillo porque son palabras textuales de un supuesto periodista). Falso.

Podría seguir con más ejemplos, pero si necesitáis más, creo que tenéis un problema grave.

Por si tenemos alguna duda al respecto del derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, yo os lo explico. El derecho llega hasta poder elegir a qué centro llevan a sus hijos. Fin. Sí, claro, tienen derecho a ser informados de qué se va a trabajar en el centro escolar. Insisto, a ser informados, no a decidir. Para informarse, con leer el curriculum y la programación del centro (ambos, documentos públicos) ya basta. Para decidir, no, queridos. Ahí no tienen derecho. Para decidir en educación están las leyes de educación. Ni siquiera los profesores tenemos ese derecho a decidir qué se va a trabajar en el centro. Respeto vuestro papel de padres, aunque mi papel de profesor no os merezca ningún respeto.

Y, no. Siento deciros que no, los niños no son propiedad de los padres. Los niños son individuos libres, tan libres como sus padres que, sí, tienen el deber de custodiarlos, pero no son sus propietarios. Si no hacéis caso a las leyes y a los distintos documentos que recogen los derechos humanos, haced caso al Papa Francisco, que dijo, exactamente “los padres son custodios y no propietarios de sus hijos”. Ya que no os preocupa lo que diga un cura y sí os da pavor lo que podamos decir los profesores, quizá sus palabras tengan más validez que las nuestras.

Tercero, voy a deciros todo lo que esta petición (exigencia, más bien) se salta.

  • El Decreto sobre Convivencia que, en más de seis artículos, trata temas relacionados con la LGTBIfobia, incluyendo el hecho de que se considera falta MUY GRAVE la discriminación por orientación sexual y que “exige que se incluyan y se reflejen en el plan de convivencia de los centros educativos las diversas situaciones de las personas amparadas por ellas, conforme a las definiciones que contienen en relación con los términos Trans y LGTBI”.
  • La Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación.
  • La Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual.
  • El Plan de Convivencia, que en sus artículos 12, 14, 16, 19 y 29 deja muy claro que la LGTBIfobia no tiene cabida en ningún centro educativo.
  • El curriculum de primaria. Por ejemplo, en su artículo 8 dice: “Los centros educativos, en consonancia con el desarrollo de sus competencias, garantizarán la inclusión de los contenidos ya contemplados en este Decreto de currículo y acordes a lo previsto en la Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual, en las programaciones docentes y velarán para que las mismas contengan pedagogías adecuadas para el reconocimiento y respeto de las personas LGTBI y sus derechos; o cita, en su artículo 4, los objetivos de respeto, defensa de los derechos humanos y el pluralismo, la no discriminación, una actitud contraria a la no violencia, a los prejuicios de cualquier tipo y a los estereotipos sexistas, entre otros; o que, en su artículo 8 dice que “la programación docente comprenderá la sensibilización en cuanto a las normas internacionales de derechos humanos y los principios de igualdad y no discriminación, incluidos los concernientes a la orientación sexual y la identidad de género”.
  • Resoluciones de Amnistía Internacional y Humans Right Watch, que afirman que los derechos LGTBI son considerados derechos humanos (¿no es grave tener que incluir esta afirmación?).
  • Las declaraciones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, reconociendo los derechos de las personas LGTBI en 2011; combatiendo la violencia y la discriminación por orientación sexual y la identidad de género en 2014; protegiendo contra la violencia y discriminación de las personas LGTBI en 2016; y pidiendo a países la abolición de la pena de muerte por homosexualidad. (Fijaos en las fechas, ¿eh? Hace casi dos días… Y, sí, para que no se nos olvide, en algunos países te matan por ser homosexual).
  • La Constitución Española, en sus artículos 20; y 27.1 y 27.2.
  • El Código Penal, donde los delitos contra las personas LGTBI se recogen como delitos de odio, con un agravante genérico de discriminación por sexo, orientación o identidad sexual o razones de género; o en su artículo 510, donde considera delito de discurso de odio la provocación a la discriminación o que se promueva directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra determinados grupos, incluido el LGTBI.
  • Derechos de los alumnos, como el pleno desarrollo de su personalidad o el respeto a su identidad, integridad y dignidad, entre otros.
  • Deberes de los alumnos, como respetar la dignidad, integridad e intimidad de todos los miembros de la comunidad educativa, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, evitando cualquier tipo de discriminación, entre otros.
  • Derechos del profesorado, como a la libertad de cátedra o a recibir la colaboración por parte de los padres para poder proporcionar un clima adecuado de convivencia escolar y facilitar una educación integral, entre otros.
  • Deberes del profesorado, como a respetar y hacer respetar las normas de convivencia, proporcionar una educación respetando la diversidad o a contribuir a que las actividades del centro se desarrollen en un clima de respeto, tolerancia, de participación y de libertad para fomentar en los alumnos los valores de ciudadanía democrática, entre otros.
  • Deberes de los padres, que son respetar la libertad de conciencia y las convicciones ideológicas, políticas, religiosas y morales, así como la dignidad, integridad e intimidad de los miembros de la comunidad educativa; conocer y respetar y hacer respetar las normas establecidas por los centros docentes y el proyecto educativo; y promover el respeto a las normas de convivencia.

Seguro que me dejo algo en el tintero, pero, vaya, se saltan unas cuantas cositas, ¿no?

Ah, los que os hayáis preguntado “¿y qué derechos de los padres se están saltando si no implantan el pin parental?” Muy sencillo: ninguno. Los derechos de los padres son: a recibir información sobre las normas que regulan la organización, convivencia y disciplina del centro (son documentos públicos); a ser escuchados en los procedimientos educativos de intervención ante las acciones (atención) CONTRARIAS a la convivencia escolar; y a colaborar en la prevención y corrección de las conductas (atención) CONTRARIAS a las normas de convivencia. FIN. No parece muy complicado de entender… Vamos, que va, incluso, en contra de sus propios derechos y deberes como padres.

 

Cuarto, mi sentir al respecto de todo.

Como los pocos argumentos que he escuchado para justificar este ataque han sido muy simples (además de falsos), voy a ponerme al mismo nivel y voy a explicar la situación con esa misma simpleza.

Imaginaos que estáis pensando el restaurante al que ir y, para tomar una decisión, leéis los menús de varios. Hay una hamburguesería, un buffet de carne argentina y un vegetariano. Vosotros lo que queréis es una buena hamburguesa porque os encanta la carne. Además, vais a pedir la más grande que haya y sin tomate ni cebolla ni lechuga porque no soportáis los vegetales. Qué asco de lechuga. Qué grima el tomate. Qué vomitera la cebolla. Al final, decidís ir al vegetariano y pedir, qué digo pedir, exigir una hamburguesa de buey sin vegetales. ¡Estáis en vuestro derecho! ¡¿Quién se han creído que son para no servirte lo que quieres?! ¿Vais a permitir que os obliguen a comer verduras? ¿Vais a consentir que os adoctrinen en el vegetarianismo o, lo que es peor, en el veganismo? Ay, qué situación más absurda, ¿verdad? Pues es muy parecida a lo que ocurre con el pin parental. Hay colegios públicos, concertados y privados. Laicos y católicos. Del Opus, incluso. Si yo soy ateo, no elegiré el del Opus, me parece obvio. Igual de obvio me parece que alguien homófobo o machista (sin que entienda ni respete que haya gente homófoba o machista, solo faltaba) no lleve a sus hijos a un colegio que no sea privado y ultracatólico. Después de saber que hay colegios en los que los profesores de naturales no han tenido la libertad para hablar de la evolución, me imagino que no habrá opción de nombrar la igualdad de género o la diversidad sexual, así que lo podrían llevar allí. Sin lechuga, sin tomate, sin cebolla y con extra de homofobia y machismo. Una receta perfecta para ellos, aunque no para sus hijos.

Ser homosexual no es un problema ni algo que haya que temer, además de que no se contagia ni nadie puede “volverse” homosexual, del mismo modo que nadie “se vuelve” heterosexual. Ni los padres ni los profesores tenemos ese poder de conversión, por suerte, sino que solo la naturaleza decide quién es heterosexual, homosexual o bisexual, como también es la naturaleza la que manda en lo relacionado con las personas transexuales. El problema y lo que da miedo es la homofobia, y eso, por lo que parece, sí es contagioso. Tampoco es un problema ser mujer. Ser machista sí lo es.

Los niños no son homófobos ni machistas. Aprenden a serlo. Si en sus familias les llevan a serlo, los maestros tenemos la obligación, ya no solo moral, sino por ley, de evitar que lo sean. Nuestra obligación es tratar esos temas por dos motivos bien sencillos (además, insisto, de que así lo recoge la ley): evitar la homofobia y el machismo y proteger a los alumnos LGTBI y a las niñas que puedan tener problemas por ser de sexo femenino.

Mirad si el pin es tan absurdo y está tan fuera de la ley que, de cumplirse, se estarían quebrando los propios derechos de los padres, esos que exponía antes. Nos obligaría a los centros educativos a incumplir la ley y nos haría cómplices de no cumplir con todo lo que leyes, decretos, resoluciones, declaraciones y demás nos obligan a cumplir.

Estos partidos y estos padres exigen estar informados. Bien, es uno de sus derechos. Por si, aun con todo lo explicado, no ha quedado claro, insisto: el curriculum de primaria es un documento público y a las programaciones, donde se incluyen esos contenidos y cómo se van a trabajar a lo largo del curso, incluidas charlas, talleres y actividades dentro del horario lectivo, cualquiera puede acceder. Unas programaciones, además, aprobadas por el claustro y por el Consejo Escolar, con representación, entre otros, de los padres.

Otro detallito que no se cuenta como es en realidad, es ese mantra que se repite de que los padres pueden decidir si sus hijos acuden a una charla, un taller o una clase en la que se hable de igualdad de género o diversidad sexual. Falso. Rotundamente falso. Ningún padre puede decidir qué va a trabajar su hijo o hija en horario lectivo. Todo lo programado, siguiendo el curriculum y las leyes educativas, es de cumplimiento obligatorio y, por lo tanto, evaluable. Si, por esos principios tan férreos de estos padres, deciden saltarse esas clases o actividades obligatorias, sus hijos no podrán ser evaluados al respecto, influyendo en la nota, y podrán incurrir en absentismo escolar, al tratarse de faltas injustificadas. Es más, no hay ninguna asignatura que lleve todo el peso de abordar los temas de igualdad de género ni de diversidad sexual. No, no os emocionéis. No lleva todo el peso una sola materia porque la ley educativa deja muy claro que son temas transversales para toda la etapa, esto es, que han de tratarse en todas las asignaturas en toda la educación primaria. Siguiendo con ejemplos apropiados a la simpleza de quienes argumentan a favor, es como si una familia decide no llevar a su hijo al colegio cuando se traten los animales vertebrados, las sumas con llevadas o la acentuación; solo que todo eso lo podrán aprender en casa, mientras que les será muy complicado aprender a respetar a las mujeres y a las personas LGTBI si son “educados” (sí, entre comillas) por familias machistas y homófobas.

De verdad, ¿qué problema tiene esta gente con las mujeres y los homosexuales? Que mujeres y homosexuales tengan derechos (no más que nadie, sino los mismos que todos), ¿les resta derechos a ellos? ¿Piensan, de verdad, que el hombre heterosexual es superior a las mujeres y a los homosexuales? ¿Cabe en la cabeza de alguien que un niño o niña se puede volver homosexual por escuchar que serlo es tan natural como ser heterosexual? Y, a las mujeres y homosexuales que lo apoyáis (porque, sí, los hay), ¿tan insano es vuestro juicio?

Podréis repetir hasta la saciedad todas esas barbaridades que decís, mintiendo sin sentir la más mínima vergüenza, hacemos en los colegios. Podéis seguir escupiendo odio. Podéis pensar que ser tan machos, tan hombres y tan españoles va a impedir que vuestros hijos puedan sufrir por ser homosexuales. Podéis retorcer la Constitución, las leyes y los derechos universales del modo más torticero posible, pero las leyes, los decretos, los derechos y las libertades están ahí. Por mucho que os empeñéis en anular lo que no os interesa o lo que no respetáis. Nosotros, los maestros, estaremos en frente. Enseñando y educando a vuestros hijos. Sí, educando. Porque esa es, también, nuestra obligación, por suerte para aquellos que vengan de familias como las vuestras. Y, para terminar, no. No os tengo que respetar. La homofobia no se respeta. El machismo no se respeta. La intolerancia no se respeta. Las agresiones no se respetan. El odio no se respeta. La violencia no se respeta. La discriminación no se respeta. Todo lo que vaya en contra de los derechos humanos no es respetable ni entra en la libertad de expresión ni en ninguna otra libertad o derecho. Por lo tanto, en mi yo maestro encontraréis siempre a alguien que les diga a vuestros hijos e hijas que la mujer y el hombre son iguales; que hay que erradicar la violencia, incluida la machista; que ser homosexual es algo natural y que serlo no tiene nada de malo, como no lo tiene ser heterosexual; que hay que respetar a las personas por ser personas, sin importar las diferencias. Encontraréis en mí, siempre, un educador que evite que vuestra educación retrógrada, fascista, machista, racista y homófoba sea la única que reciban.

Para concluir, diré: qué mal quieren estos padres si anteponen sus derechos (aunque sean sacados de la manga) a los de sus hijos…

 

“No quiero

amar en secreto,

llorar en secreto,

cantar en secreto.

No quiero

que me tapen la boca

cuando digo NO QUIERO”.

Ángela Figuera Aymerich, “No quiero”

Crítica: Los asquerosos

Título: Los asquerosos

Autor: Santiago Lorenzo

Editorial: Blackie Books

Este libro fue un regalo de mi hermano en mi último cumpleaños. Él, lector asiduo de thrillers, añadió la visibilidad del libro a la información de la contraportada, en la que nos cuentan que Manuel acuchilla a un policía antidisturbios y se nos vende como un “trhiller estático”. Ahí está uno de los principales problemas de este libro: no es un thriller. Para nada lo es. Y eso, en mi opinión, engaña al posible lector.

Lo cierto es que, visitando librerías, este libro está por todas partes. Es uno de esos libros que han calado, que se ha desmarcado de los típicos libros, que se nos presenta como uno de esos libros que “hay que leer”, algo que, como ya sabréis, tampoco es algo que me encante.

Es verdad que lo empecé con muchas ganas. Que el estilo desenfadado y fresco de Santiago Lorenzo me impactó para bien, que pensaba que iba a ser una lectura a remarcar, pero… bueno, mejor os dejo con mi análisis de puntos fuertes y menos fuertes, que, si no, me enrollo más de la cuenta.

Puntos fuertes:

El estilo: me gusta mucho la forma de escribir del autor. No lo conocía hasta ahora. Es un escritor que, sin duda, sabe escribir y disfruta haciéndolo. Se nota y, en ese punto, la lectura de este libro es un acierto.

El léxico: qué riqueza de vocabulario. Qué maravilla, en ese aspecto. Os voy a poner algunas de las palabras que he anotado para buscar su significado (larguita, como veis): acendró, chiscón, mílite, mor, chines, diedro, miñón, adláteres, cenotafio, mansarda, artesa, sevicias, abluciones, , enjalbegar, quena, colegir, predio, talanquera, empercudir, falansterio, edáfico, gazmoñería, astroso, recua. ¿Qué os parecen? ¿Os animáis a buscar los significados de aquellas palabras que no conozcáis?

Las localizaciones: será simple coincidencia, pero en el libro aparecen localizaciones por las que paso a diario en mi camino de casa al colegio, como Torre Arias, Julián Camarillo o Arcentales, y, además, mi barrio de toda la vida: ¡Moratalaz! Obviamente, esto no suma para el resto de lectores, pero a mí me ha hecho mucha ilusión.

La situación del autor: puede que esto sea una estupidez, pero encontrar libros bien editados (me encanta esta editorial), bien distribuidos, bien promocionados y bien cuidades de autores que sean eso, autores, y no por ser famosos, youtubers o influencers, me parece todo un logro.

El punto filosófico: todo lo que le ocurre al protagonista hace que nos replanteemos algunas formas de vida, a dónde nos lleva esta vida atropellada que casi todos vivimos… Que nos replanteemos las cuestiones más antiguas de la humanidad: ¿quiénes somos y adónde vamos?

Puntos débiles:

Lo repetitivo: no sé hasta qué punto era necesario insistir tanto en la situación por la que pasa el protagonista para comprender lo que le ocurre. Quizá, si no fuera así, el libro se quedaría algo cojo, pero… Se me ha hecho pesado. Muy pesado. ¿Sabéis esa sensación de querer acabar un libro solo para ver si el final justifica haber seguido leyendo sin ganas? Me ha pasado. Como he dicho, me encantó el principio, pero, ufff… Se me ha terminado haciendo bola, la verdad.

La “moralina”: si hay algo que detesto en un libro es que el autor o la autora tratan a los lectores de idiotas si no actúan o piensan como ellos dicen. Aquí ocurre. De forma, además, muy descarada. A mí me parece genial que cada uno viva como quiera, siempre y cuando respete a los demás, pero aquí no he visto ese respeto. Aparecen frases como “…en la cola de qué espectáculo para faltos” o dar a entender que aquellos que se hacen la típica foto sujetando la Torre Inclinada de Pisa es imbécil. No sé a vosotros, pero a mí leer comentarios así no me gusta.

Lo que más me ha gustado: la forma de escribir, no tengo dudas. “Traía blanca hasta la sombra” y frases así, poéticas, trabajadas, bonitas de leer, hacen que, a pesar de ser una lectura que se me ha atragantado, haya podido disfrutarla.

Lo que menos me ha gustado: creo que ha quedado claro en los puntos que menos me han gustado. Sí. Lo siento, pero es una de las cosas que menos me gusta leer, y en este libro es demasiado evidente.

Lo he comentado con varios amigos y amigas y les ha pasado lo mismo. Algunos, incluso, no lo han podido terminar. No es un mal libro, está claro, y el autor tiene mucho oficio, pero me cuesta creer que nadie haya notado esa pesadez al leerlo, ese “venga, hombre, que pase algo ya; que ya sé que el protagonista hace ciento cincuenta mil apaños en casa con un destornillador; que ya sé que en el pueblo al que se muda no hay nada que hacer; que ya sé que odia vivir en sociedad; pero… ¡que pasa algo!” Una pena, porque la idea es buena y la forma en que está escrito es genial, pero no puedo decir que haya sido un libro que me haya encantado.

¿Lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?

¡Un abrazo!

“Todos somos candidatos a asquerosos”.

Los asquerosos

Otra luz (o, mejor, a oscuras)

Hoy he tenido la (mala) suerte de encontrarme con los “poemas” (no sabría cómo definirlos) de Alfred García y no puedo resistirme a escribir una entrada al respecto.

De verdad, me cabrea. Me cabrea mucho. Me indigna. Me horroriza. Me da vergüenza.

¿Qué están haciendo con la poesía? ¿Quién, en su sano juicio, lee este libro y opina que es poesía? Somos un país plagado de poetas inmensos. El país de Lorca, de Alberti, de Miguel Hernández, de Hierro, de Gloria Fuertes, de Pilar Paz Pasamar, de Paca Aguirre, de Aleixandre, de Juan Ramón Jiménez, Félix Grande, de los Machado… ¿De verdad, ahora, la nueva hornada de poetas son Alfred, Aitana y Ana Guerra? De verdad vamos a decir que lo de estos tres últimos es poesía después de haber leído “Poeta en Nueva York”, “Marinero en tierra”, “Los trescientos escalones”“El rayo que no cesa”. Un momento… Quizás es eso. Quizás es que quienes leen estos “poemas” no han leído a ninguno de los poetas (de los de verdad, quiero decir). Quizás es eso… Me gustaría pensar que es eso, porque la otra opción es mucho más dura y pasa por hablar de la estupidezy el borreguismo de los humanos.

Que estas personas cantan, estupendo. Que nos guste más o menos cómo cantan, estupendo. Para algo están los gustos. Pero esto no trata de gustos. Trata de un mercado editorial pervertido, absurdo, cobarde y lastimoso. Trata de editores que acuden a agencias en busca de famosos, y no de escritores. De medir la calidad de un texto en el número de seguidoresy, por lo tanto, en el beneficio económicopara la editorial. De manuscritos brillantes que se quedan en un cajón porque sus escritores no son influencers. De estantes en las librerías plagados de bodrios infumables y mal escritos de gente famosa. De perfiles en redes sociales que se dedican a hablar de libros, pero que no se atreven a decir, con todas las letras, que esta dinámica en la que estamos es vomitiva. Si hablamos de libros en nuestros perfiles, hay que hablar de libros. Y hay que decir lo que nos gusta y lo que no. Sobre todo cuando, como digo, no se trata de que nos guste más o menos, sino de un libro que es una estafa, un engaño, un sinsentido, una broma y, sí, una patraña. ¿A qué estamos jugando?

Hoy he hecho un taller de literatura fantásticaen un colegio. Se me ha clavado en el corazón que ningún niño de sexto hubiera oído hablar de Michael Ende ni de “La historia interminable” (puedo entender que es un libro antiguo), pero que eligieran a Omar Montes como un personaje cuando les he planteado hacer una actividad usando la técnica del binomio fantástico de Rodari dice mucho del camino por el que va la cultura ahora mismo. Algo estamos haciendo mal, está claro. Muy mal.

No es envidia, podéis estar seguros. Por suerte, no escribo así. Y no es una crítica como escritor, sino como lector. Como maestro. Como alguien que se desvive por fomentar la lectura entre los más pequeños a diario. Como consumidor de poesía, de todas las edades, buscando siempre los mejores poemarios no solo para disfrutarlos, sino para compartirlos. Me veo en la obligación de criticarlo, de denunciarlo, de hacer lo posible por gritar a los cuatro vientos que eso que pretenden vendernos no es literatura, no es poesía, no merece mi respeto.

Lo siento, pero esta situación me desborda. Solo espero que esta escalada de lo estúpido, de lo absurdo y de la basura rebote contra el techo y vuelva a la normalidad. A que haya libros mejores y peores. Escritores que nos gusten más o menos. Opiniones y gustos sobre la calidad. Pero, por favor, que sean libros. Que sea literatura. Que sea.

La frase para esta entrada, de la siempre genial Mafalda, la saco del último artículo de Manuel Francisco Reina, otro poeta al que admiro y recomiendo, un poeta hasta arriba de premios literarios, con una barbaridad de poemarios premiados, pero que, por desgracia, no cumple el requisito más importante hoy en día para ser considerado un buen escritor y que las editoriales se dejen la piel por hacerse con tus textos: ni es famoso ni sus redes sociales están repletas de seguidores. Quizás tengas que aprender eso y desaprender toda la poesía que sabes, querido Manuel. No leas más, métete en algún reality o ten algún romance con una persona famosa. Entonces, quizá, tengas el lugar que te mereces en la poesía. Os dejo, también, su artículo. Merece la pena: https://www.elplural.com/opinion/metafora-platano_229720102 

“Que paren el mundo, que yo me bajo”.

Mafalda

Crítica: El ladrón de tiempo

Título: El ladrón de minutos

Autor: David Lozano

Ilustrador: David Guirao

Editorial: Edebé

Este libro llegó a mí de la mejor forma posible: recomendado y prestado por uno de mis alumnos. ¿Hay profesión más bonita que la mía? Como les dejo traer los libros que están leyendo para compartir unas páginas con sus compañeros, me enamoré del título y de la ilustración de portada, así que le dije que me gustaría leérmelo y me lo prestó. ¡Gracias, Huguete!

Se trataba de un libro que parecía tener todo lo que tiene que gustarme: un buen título, unas ilustraciones maravillosas de David Guirao (uno de mis ilustradores favoritos, con quien me encantaría trabajar en algún momento), conocer la literatura de David Lozano y, sobre todo, uno de mis temas preferidos en un libro: el tiempo.

No voy a decir que no me haya gustado. Es una buena historia, muy bien escrita y con algunos puntos muy buenos, pero, si tengo que ser sincero (y es lo que siempre hago en mis reseñas), se me ha hecho larguísimo y me ha aburridoen muchos más momentos de los que me ha entretenido…

Sin destriparos más, paso con mis puntos fuertes y débiles.

Puntos fuertes:

El tema: como os he dicho, el tiempo es uno de mis temas favoritos. Es más, diría que hasta me obsesiona un poco. El tiempo, la importancia de disfrutarlo, de exprimirlo al máximo… Y eso es, creo, lo principal de este libro.

La Tienda de Cosas Prohibidas y su vendedor, Don Vinicius: los capítulos que han ocurrido entre las paredes de esta tienda tan genial, con su misterioso y enigmático vendedor han sido mis preferidos. Un punto muy original que le ha dado frescura a esa lectura aburridilla que comenté antes.

Las ilustraciones: David Guirao es uno de los ilustradores nacionales que más me gustan. Le tengo el ojo echado desde hace mucho tiempo, así que ya tocaba leer alguna historia que hubiera ilustrado. Este ladrón de tiempo tendrá siempre ese honor.

El aprendizaje de palabras nuevas: a lo largo del libro, el protagonista va aprendiendo algunas palabras “raras” que dicen los adultos, lo cual supone que los lectores también las aprendan, y eso me ha gustado mucho.

Lo que más me ha gustado: quizá decir esto pueda entenderse mal (espero que no), pero lo que más me ha gustado es la originalidad de la tienda y el vendedor. Es lo que más me ha sorprendido y con lo que me quedo de este libro.

Lo que menos me ha gustado: ahora que he terminado de leerlo, se me queda la sensación de que la historia es muy, muy repetitiva y que es así durante prácticamente todo el libro hasta que todo cambia en los últimos capítulos. El final es bonito, sí, pero me ha parecido muy precipitado. Hay un par de aspectos más que me han chirriado un poco. Por un lado, que el protagonista esté obsesionado hasta la locura con llevar siempre encima un objeto y no soltarlo jamás de los jamases y, de repente, se lo olvide en el colegio. No me cuadra. Por otro, he tenido la sensación de que los toques de humor que se intuyen no me han llegado. Seguro que otros lectores sí los han percibido y les han parecido graciosos, pero, quizá por mi tipo de humor, no ha sido mi caso.

Mi impresión general es que es una historia original y bien narrada, pero que (y esto sabéis que me pasa bastante a menudo) se me ha hecho larga. Esta misma idea (que, insisto, es muy buena y original, con un final muy tierno) contada en menos páginas y sin que el prota esté tanto tiempo haciendo lo mismo me habría gustado mucho más.

A los que lo habéis leído, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“La más importante de las preguntas es: ¿A cuántas personas he hecho felices?”.

David Lozano, en “El ladrón de tiempo”.

El amor y los arcos evolutivos

Hola a todxs. La entrada de hoy es una reflexión sobre algo que llevo un tiempo rumiando y que me apetece comentar por aquí.

Sabéis que no soy lector habitual de literatura romántica-juvenil y que lo poquito que he leído me ha reafirmado en mis hábitos, pues no me terminan de gustar. Será cuestión de gustos. He leído algunos libros de ese género muy bien escritos, pero muy vagos en lo que a mí más me preocupa en un libro: el contenido.

Esta idea ha ido creciendo en mi cabeza tras buscar reseñas sobre esos libros que he leído y encontrar bastantes comentarios del tipo “el arco evolutivo de los protagonistas es espectacular” o “la profundidad psicológica de los personajes es brutal”. Aquí es donde mi alarma lectora se activa y me pregunto: “¿habré leído yo una historia distinta?”

Me explico. En esas historias (y, por lo que he investigado, en otras muchas del género), el arco evolutivo se resume en: chica algo insegura conoce a chico algo macarra. Chica se enamora de chico. Chico se lo hace pasar mal en algunos momentos. Chica se crece y pierde un poco de esa inseguridad. Chico se suaviza y se enamora de la chica. Fin. No hay más. Un amor “imposible” que se hace posible. ¿Esto es una evolución de los personajes tan espectacular como para resaltarla? Estos romances, perdonadme la expresión, están más vistos que el tebeo. La película de Grease, sin ir más lejos. “A tres metros sobre el cielo”, si queréis una copia italiana (copia bastante mala, todo sea dicho). La historia de Quimi y Valle en Compañeros, por hablar de una serie. O cásicos como “Romeo y Julieta”o “La Celestina”, si me apuráis, ya dejaron escritos amores parecidos, salvando las distancias. Incluso “El patito feo”, sin amores manidos hasta la extenuación por medio, tiene ese mismo arco evolutivo “tan espectacular”. Hay miles y miles y miles de historias en libros y en el cine que hablan de una historia de amor de ese tipo. Queridxs lectorxs, eso no es un arco evolutivo, ni espectacular ni no espectacular. Eso está ya un poquito desgastado y a mí, sinceramente, me sorprende que se siga usando con éxito y recibiendo halagos. Se habla mucho de los clichés en la literatura fantástica (el elegido, el maestro, la orfandad de los protagonistas…), ¿peor qué pasa con los clichés en la romántica? ¿Qué pasa con el supercliché que supone ese tipo de romances? Son cien por cien previsibles, precisamente por todo lo que se usan, no aportan nada nuevo a la historia, son poco creíbles, aburren… Al menos, eso es lo que me pasa a mí cuando leo un libro con un amor así.

Un arco evolutivo espectacular es, por poner un ejemplo, el de Ana Ozores en “La Regenta”. O el de Snape en la saga “Harry Potter”. Para mí, llamadme iluso, que un personaje tenga un arco evolutivo bueno es hacerme dudar de cómo va a actuar; mantenerme en tensión; hacerme pensar que, en momentos, va a actuar de una forma y me sorprenda con lo contrario. Encontrar una historia de amor como tantas lo único que me lleva a pensar es en que sé cómo va a acabar nada más empezar.

No voy a incluir ejemplos por no herir sensibilidades, pero seguro que todxs habéis leído más de un libro con un romance tan simple como repetido.

¿Qué pensáis al respecto?

Un abrazo para todxs.

“Repetido y, a la larga, lo más dulce, amarga”.

Dicho popular

Crítica: La dependienta

Título: La dependienta

Autor: Sayaka Murata

Editorial: Duomo

Llevaba ya un tiempo queriendo leer este libro por diversos motivos. El primero, me atraía mucho físicamente (ya sabéis que la belleza entra, primero, por los ojos). El segundo, porque la literatura japonesa es como una ola para mí: a veces la siento muy cerca y, otras, se aleja tanto que me cuesta ir a por ella. Este libro se me acercó varias veces en librerías y en Instagram, así que, un día que fui a comprar un libro para una amiga (no sé a vosotros, pero a mí me encanta regalar libros), no me pude resistir y cayó en mis manos.

Además, me venía muy bien porque es un libro cortito (no me apetecía meterme en libros larguísimos) y manejable, perfecto para leer en la piscina, que es el sitio donde más leo en verano.

Para no desvelaros más, voy directo a mi análisis de puntos fuertes y menos fuertes.

Puntos fuertes:

La protagonista: Keiko Furukura me ha llegado dentro por lo absurdamente peculiar de su personalidad. Gracias a sus rarezas me ha hecho replantearme (una vez más) qué es normal y qué no lo es y cómo se llega a esa normalidad impuesta por la sociedad y que deja de lado a muchas otras personas que, para lo establecido, no son normales. Keiko no es normal (¿quién lo es?), y eso le hace ser un personaje único, muy original y hasta muy divertido.

La ambientación: Japón siempre me ha atraído muchísimo, y este libro habla de una pequeña parte de Japón (una tiendecita en un barrio japonés) que muestra muchos pequeños detalles de cómo es la sociedad japonesa.

La sencillez: a veces me gusta leer libros con un lenguaje tan elaborado que se mezcla con la poesía (como en el último libro que leí, “La juguetería mágica”) y, otras, me apetece leer algo sencillito y ligero. Por el lenguaje que usa la autora y por la extensión, es una muy buena opción para leer sin más pretensiones que disfrutar unos días de una buena historia.

Las situaciones absurdas: para Keiko no es absurdo porque ella es así, pero hay que reconocer que su forma de ver el mundo y de adaptarse a él es un tanto extraña, y eso genera situaciones y conversaciones que, por insólitas, son muy divertidas.

Puntos débiles:

Las expectativas: voy a decir solo uno. Si bien es un libro que, como os digo, me ha gustado, tenía las expectativas mucho más altas. Si me dispongo a leer un libro que ha ganado el premio literario más prestigioso de Japón, el “Akutagawa”, y que todo el mundo pone por las nubes, me espero un libro bastante mejor que este. Vamos, que está bien y es entretenido y te hace replantearte algunas cosillas, pero no creo que sea para tanto, sinceramente. Está bien y ya, no creo que sea ninguna obra maestra.

Lo que más me ha gustado: que no me ha aburrido, no se me ha hecho largo, no se me ha hecho bola, no he llegado a un punto en el que estaba deseando que terminara… Algo que, últimamente, me pasa con bastantes libros.

Lo que menos me ha gustado: que me esperaba mucho más, como ya os he dicho. Estoy seguro de que hay historias de historias japonesas muchísimo mejores que esta.

Va a ser un libro que recomiende, principalmente, a aquellos lectores que estén buscando una lectura amena, tranquila y rápida, eso sí, advirtiéndoles de que, por mucho premio importante y por muchas alabanzas que vean, es un libro normalito. Ni van a encontrar un lenguaje elaboradísimo ni una literatura detallada, sino una historia sencilla (con sus momentos de hacerte pensar qué está pasando con la sociedad) escrita de forma sencilla. Al fin y al cabo, eso también es un logro.

¿Lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?

¡Un abrazo!

“El pasatiempo favorito de las personas normales es juzgar a las que no lo son”.

La dependienta

Reflexión sobre la publicación de reseñas

Hola a todxs. Llevo días rumiando si publicar o no una entrada sobre esto de escribir reseñas. Llevo ya varios años haciéndolo, intercalándolas con otro tipo de entradas sobre la literatura, la educación y lo poquito sobre lo que creo puedo hablar con algo de conocimiento.

Cuando pensé si hacerlo o no, tuve mis dudas. Por una parte, me apetecía dar mi opinión sobre los libros que leía. Me considero buen lector y creí que, quizá, posibles lectores encontraran en mis reseñas algo de información acerca de sus futuras lecturas. Por otra parte, sabía que ese mundillo tenía sus complicaciones.

Ya he hablado alguna vez de la endogamia, de los compadreos, del “pelotismo” a editoriales y/ o autores para recibir libros gratis… etc., etc., etc.; y, según voy avanzando (llevo ya más de veinte reseñas publicadas), me doy cuenta de que, en gran parte, tenía razón.

Al decidir hacerlo, tuve claro que no quería entrar en eso que critico. No haría reseñas llenas de pétalos y mariposas, no buscaría alagar a autores, editoriales ni otros perfiles solo por quedar bien o conseguir nada. Supe que iba a dar mi opinión, fuera buena, regular o mala, pues entendí que eso es lo que se debe hacer cuando se da una opinión. Siempre con humildad, siempre con respeto, siempre buscando la objetividad máxima (aunque, está claro, en las opiniones hay subjetividad), siempre intentando ser fiel a la sensaciones que me deja la lectura cuando la termino.

He hecho reseñas muy positivas y  sin ningún pero. He hecho otras muy positivas con algunos aspectos que no me han gustado. He hecho algunas más neutras en las que digo lo que me ha gustado y lo que no. He hecho unas pocas negativas en las que ni el libro ni el autor o autora ni las razones por las que un libro o un autor o autora están ahí me han gustado en absoluto.

Antes de escribir la conclusión de esta entrada, quiero recalcar que yo también soy escritor. Tengo tres libros y un trocito de otro publicados. He subido algún texto a las redes sociales. Soy consciente de que ni mis libros ni mis textos van a gustar a todo el mundo (¿algún autor o autora lo piensa?); igual que sé que, en caso de que le guste a alguien, es muy probable que haya algunos aspectos que no le terminen de convencer. Quede por delante que jamás pondré en duda la opinión de nadie sobre cualquier texto que  yo escriba. Nunca le diré a nadie que su opinión sobre cualquiera de mis historias es errónea, siempre y cuando no vea con claridad que la opinión sea malintencionada. Entiendo que un libro es como un hijo y que, lo que se dice sobre ellos, puede doler, pero hay que ser humildes y razonables si lo que se dice lleva parte de razón (¿no es así como se avanza?). No es que hayan escrito muchas reseñas sobre mis libros (es lo que tiene estar empezando en esto de publicar), pero sí he podido leer en las que se han hecho algunos comentarios sobre aspectos mejorables o no he recibido la máxima puntuación posible en caso de que quien escribe la reseña puntúe. A todos esos comentarios, a todas esas estrellas que no he llegado a alcanzar, a todos esos apuntes sobre qué podría mejorar les debo crecer como escritor. De nada me serviría que alguien que opina sobre un libro mío solo me dijera que todo es maravilloso, perfecto, que no cambiaría ni una coma, que todo lo que plasmo en el papel parece obra de un dios. Primero, porque es imposible. Segundo, porque me estarían mintiendo. Tercero, porque nada de eso me ayudaría a mejorar en mi escritura.

Dicho esto, quiero terminar diciendo que seguiré reseñando los libros que lea apuntando qué me ha gustado y qué no. ¿Os imagináis que solo reseñáramos los libros diciendo que todos son obras maestras, sin errores, sin nada que nos haya gustado un poco menos, plagados de aciertos y sin ningún error? Ningún libro es perfecto. Ningún autor es perfecto. Y, como ninguna opinión es perfecta, hay miles de blogs, canales y perfiles en redes sociales que vuelcan las suyas sobre lo que leen. Yo, simplemente, doy la mía. Puedo estar tranquilo al saber que no he opinado nada que no quisiera opinar, que he sido fiel a mi yo lector y crítico, fiel a mí mismo.

Solo espero que, si algún día me veis recriminándole a alguien una valoración negativa (siempre que haya respeto, insisto) sobre alguno de mis libros, me bajéis de las nubes y me devolváis a lo terrenal, porque se me habrá subido un poquito a la cabeza (espero que eso no ocurra nunca).

¿Qué pensáis al respecto? ¿Qué tipo de reseñas os gusta encontrar cuando buscáis la opinión sobre un libro?

Un abrazo para todos y todas 😉

“Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”.

Seneca