Crítica: El día que se perdió la cordura

Título: El día que se perdió la locura

Autor: Javier Castillo

Editorial: Suma de letras (Penguin Random House)

He de reconocer que, cuando un libro sufre un boom “propagandístico” tan grande como es el caso, me entran ciertos recelos. Últimamente, y con la explosión de las redes sociales y especialización de algunos perfiles, cada vez tengo más claro que el mercado editorial ha cambiado de forma radical y que, ahora, los libros más vendidos (más promocionados, mejor distribuidos) no son siempre los mejores. Ahora influyen otros muchos factores y se prima la garantía de éxito (por uno u otro motivo) antes que la calidad.

Dicho esto, no quiero decir que este libro sea malo, ni mucho menos. Me gusta leer novela policíaca en verano y un alumno me lo regaló en el final del curso, así que me vino de perlas. Lo cogí con muchas ganas porque el principio es brillante, pero la historia ha ido perdiendo hasta haberlo terminado ya un poco por obligación (como me pasó con la serie “Perdidos”, no sé si me entendéis).

Estoy seguro de que hay muchísimas reseñas, pero os dejo, como siempre, con mi análisis de puntos fuertes, lo que más me ha gustado y lo que menos.

Puntos fuertes:

El inicio: como comentaba, el principio del libro te deja con la boca abierta (algo siempre fundamental). El autor consigue en muy pocas palabras engancharte y eso, está claro, es un punto a favor.

Capítulos cortos y con finales “lazo”: para este tipo de lecturas a mí, al menos, me gusta que la historia avance rápido y no perderme en capítulos larguísimos (hay algunos más largos en el libro y se me hacían un poco bola), así que he agradecido que sean breves. Además, los finales son de esos que te dicen “venga, sigue leyendo un poquito más…”, y eso también me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: aunque insista, lo mejor del libro para mí, sin ninguna duda, es cómo empieza.

Lo que menos me ha gustado: aquí voy a hablar de dos aspectos. El primero es eso que comenté al principio, que la historia empieza muy bien y va perdiendo poco a poco hasta hacer que perdiera todo interés por saber qué ocurría al final. Hay algunos puntos que me chirrían mucho y que han ayudado que me haya ocurrido algo así, como una historia de amor que no me parece para nada creíble (por muy juvenil que sea), el tema secta (qué recurrente y qué poco me gusta) o el desenlace de algunas situaciones y personajes que tampoco me he terminado de creer. En segundo lugar, y tan importante como el primero, es que el libro tiene muchos errores orto-tipográficos y de estilo. El uso de la coma es bastante incorrecto. Hay descripciones que se nota que están metidas con calzador y que no pegan en absoluto. Los adverbios terminados en -mente (y yo no soy de esos que los tiene satanizados y que exige que no se usen jamás) es excesivo hasta el cansancio. Solo en la última página hay tres “ligeramente” (sí, tres), un “completamente” y un “rápidamente”. No sé a vosotros, pero a mí se me atragantan un poco. También he encontrado varios usos incorrectos de la perífrasis verbal “deber + de + infinitivo” y bastantes fallos más que, al ir sumando, hace que lea con menos interés.

Mi sensación final es, y lo digo sin ningún tipo de acritud, que un libro autopublicado llegó a un número de ventas muy importante (no entro en los motivos y, por supuesto, me parece maravilloso que el autor así lo haya conseguido) y que, como ocurre en ocasiones, una editorial potente quiso sacar beneficio (me parece igual de lícito) y se publicó la historia sin poner mucho empeño en corregir esos numerosos errores que van sumándose y que hacen un cómputo demasiado grande como para no tenerlos en cuenta a la hora de valorar el libro. Aun así (y aunque he sido más cañero de lo que esperaba), es una historia fácil de leer, entretenida y con momentos de intriga bastante buenos. ¿Lo recomendaría? Depende de a quién. ¿Leeré la segunda parte? No.

A los que lo habéis leído, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Déjame contarte lo maravillosa que es la mente humana”.

Javier Castillo en “El día que se perdió la cordura”.

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Crítica: La pirámide roja

Título: La pirámide roja

Autor: Rick Riordan

Editorial: Montena

Este libro no estaba entre mis futuras lecturas, pero me lo regalaron por mi cumpleaños y, la verdad, fue todo un acierto. Desde que lo empecé me gustó mucho y la prueba es que me acaban de regalar la segunda parte: El trono de fuego.

Os dejo, como siempre, con mi análisis de puntos fuertes, lo que más me ha gustado y lo que menos.

Puntos fuertes:

Egipto: siempre me ha gustado la mitología y saber más sobre ellas es una de mis eternas tareas pendientes. En este libro se habla mucho de la mitología egipcia y de Egipto como la gran civilización que fue y, para mí, es muy interesante.

El humor: no es que te desternilles leyendo el libro (quizás leerlo con treinta y dos años influye), pero sí tiene un lenguaje muy adaptado al público juvenil e incluye varios comentarios y situaciones bastante divertidas.

La magia: siendo lector y escritor, entre otras cosas, de literatura fantástica, que incluya magia, hechizos y demás es siempre un punto a favor.

Lo que más me ha gustado: sin duda, conocer más sobre los dioses egipcios, sus lazos familiares, sus historias, cómo entendían los egipcios la creación del mundo, sus objetos… Simplemente, me encanta. (Que aparezca Londres también me gusta mucho).

Lo que menos me ha gustado: que sea una saga tan larga. Lo cierto es que no tengo mucho tiempo para leer y que tengo muchísimos libros pendientes y saber que tengo que emplear tanto tiempo en terminar la misma historia, ahora mismo, me da un poco de pereza.

Creo que los libros de Rick Riordan son, sobre todo, muy entretenidos. Quizás no sean libros perfectos en cuanto a estilo, estructuras gramaticales y demás, pero no se le puede negar que escribe historias muy interesantes. El hecho de que los personajes sean “reales”, al igual que los escenarios, también ayuda a conectar con lo que se cuenta y considero que es un acierto. Ahora me toca leer algo distinto (aún lo estoy decidiendo) y ya veré cuándo retomo la historia de los Kane.

A los que lo habéis leído, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Recordad a mi hermano que los egipcios creen en el poder del amanecer. Creen que cada mañana no da inicio solo a un nuevo día, sino a un nuevo mundo”

Rick Riordan, en “La pirámide roja”

 

Crítica: Persona normal, de Benito Taibo

Título: Persona normal

Autor: Benito Taibo

Editorial: Planeta (Crossbooks)

Después de verlo por tantos sitios, leer que era una maravilla, que había que leerlo sí o sí; recomendaciones, reseñas, críticas muy positivas… ¿Cómo no iba a leer “Persona normal”? Tuve que hacerlo y, aunque luego leeréis algunos puntos que me han chirriado un poco, lo cierto es que me alegro mucho de haberlo leído. Os dejo con los puntos fuertes antes de deciros lo que más y lo que menos me ha gustado, como acostumbraré a hacer siempre que haga alguna crítica literaria.

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Primero: y por encima de todo lo demás, el tío Paco. Qué delicia de personaje, qué ternura inspira, qué forma tan bonita de vivir, de querer, de educar… Una buena figura a la que intentar parecerse a la hora, en mi caso, de dar clase a mis alumnos.

Segundo: las recomendaciones de libros. Siempre es de agradecer que alguien con la autoridad suficiente nos recomiende lecturas, y el libro está plagado de ellas, todos reunidos al final del libro en “La biblioteca de Sebastián”.

Tercero: la forma de escribirlo. Sebastián es muybuen narrador, la lectura es fluida, sencilla, llena de esos momentos que te pellizcan el corazón un poquito… Todo eso (sobre todo lo último) a mí me gusta bastante cuando leo.

Lo que más me ha gustado: sin lugar a dudas, ese pedazo de personaje que es el tío Paco. Solo por él ya merece la pena leer la historia.

Lo que menos me ha gustado: aun a riesgode que me echen a los leones, he de confesar que hay algo en el libro que hizo que tuviera que espaciar la lectura. No. No pude leerlo del tirón y he tardado bastante en terminarlo (aunque ha habido otras lecturas intercaladas). ¿El motivo? Quizás es cosa mía, pero ha habido varios momentos en los que he percibido un leve tufillo a “moralina”. Como si el autor tuviese la verdad absoluta sobre ciertos temas y tuviera que dejar claro que la vida hay que vivirla así, tal y como él dice, siguiendo al pie de la letra sus consejos porque, de lo contrario, estarás haciendo mal las cosas y malviviendo tu vida. Insisto en que quizás es cosa mía, pero he tenido esa sensación en bastantes ocasiones mientras leía.

Quiero incluir también que, aunque las recomendaciones de libros me parecen un punto a favor del libro, es cierto que también había veces en que me ha parecido que no era necesario incluirlos. Me explico. Ha habido veces en que he pensado “esto está escrito única y exclusivamente para meter a capón una recomendación literaria y ni me cuadra ni lo necesitaba”. ¿Me entendéis?

A pesar de estos puntitos negativos, recomiendo “Persona normal” y ya tengo varias anotaciones para leerles a mis alumnos, esperando que las enseñanzas del tío Paco les pellizquen el corazoncito igual que lo hicieron con el mío.

Si tenéis opiniones parecidas o contrarias a las mías, estaré encantado de leerlas.

Un abrazo,

Jorge Pozo Soriano

“Porque, si algo he aprendido, es que la literatura es un tesoro y hay que compartirlo”.

Benito Taibo , “Persona normal”

“La edad de la ira”, de Fernando J. López

Título: La edad de la ira

Autor: Fernando J. López

Editorial: Espasa

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Desde que lo de ser escritor se me va volviendo algo más serio, las lecturas me cuestan más y más. Empiezo muchos libros, pero acabo pocos. Encuentro motivos que antes ni veía para dejar un libro a medias. Me he vuelto muy estricto, muy escrupuloso o muy cretino (o todo a la vez). Llevaba ya tiempo rumiando la idea de comentar los libros que van cayendo en mis manos, pero esa falta de constancia como lector me lo ponían muy difícil. Al fin, desde que leí la primera página de “La edad de la ira”, lo tuve claro: se convertiría en mi primer abordaje en esto de los comentarios literarios.

Antes de empezar, os aviso, no voy a hacer reseñas ni sinopsis (eso es fácil de encontrar en las redes), sino que haré comentarios personales sobre lo que leo. En la medida de lo posible, intentaré que el comentario vaya acompañado de una foto más o menos interesante del libro en cuestión. Bienvenidos a esta nueva dedicación que espero disfrutéis tanto como lo hago yo.

“La edad de la ira”, de Fernando J. López, llegó a mí recomendado por mi primo Rubén (mil gracias) y esa recomendación sumada a que su autor se dedica también a la docencia, no tuve duda en comprarlo y llevármelo como lectura para las vacaciones. No me equivoqué al hacerlo. Incluso estando en el Caribe colombiano (como habréis visto en la foto), no he podido para de leer. En el avión, en la cama, en cada espera, en una tumbona, a orillas de la playa… ¿Qué tiene este libro para ser el primero en mucho tiempo que me leo del tirón, sin titubeos y totalmente enganchado? Intentaré ir paso a paso (el orden no implica que un paso me haya parecido más importante que otro):

Primero: el lenguaje. Claro. Conciso. NATURAL. Tal y como se espera de sus personajes y sus situaciones.

Segundo: la ambientación. Nunca pensé que una historia de instituto (aunque el libro sea mucho más que eso) me iba a atrapar tanto. Lo mejor de todo ha sido que en cada momento veía mi instituto, el Felipe II, en Moratalaz, y veía mi propia adolescencia. He recordado mi paso por la secundaria y el bachillerato, a mis compañeros, a mis profesores… Y, aun con algunos momentos menos positivos, he vuelto a ser tan feliz como lo fui entonces (gracias, Fernando).

Tercero: los temas que se tratan y, sobre todo, cómo se tratan. Homosexualidad en la adolescencia (y no solo en la adolescencia). Sistema educativo. Bullying. Con permiso del autor, me hago dueño de todas y cada una de las afirmaciones que hace sobre los tres temas. No le cambiaría ni una coma a nada. Es más, sin creer mucho en el binomio “lectura obligatoria”, creo que este libro tendría que serlo, y no solo para alumnos, sino para profesores y, sobre todo, para padres. Hace poco las fieras de Twitter se me echaban encima por opinar sobre un tema que, por conocido desde varios prismas, me quema: el bullying. Solo porque dije que no hay que culpar de manera sistemática a los centros y sus profesores y que había que ir más allá, dependiendo de cada caso, y no olvidarnos de los grandes olvidados en titulares y noticias siempre que se da un nuevo (y triste) caso: los padres. Gracias de nuevo, Fernando, por hablar del tema sin tapujos. De esos momentos cruciales en la vida de los jóvenes (y no tan jóvenes), de los que hay que estar más (y mejor) pendientes; de esos profesores que, por uno u otro motivo, prefieren no ver y, por lo tanto, no actuar y se convierten en cómplices, pero también de los muchos docentes, entre los que me incluyo, que se dejan la piel en evitar que estas situaciones ocurran; gracias por cantar las miserias de un sistema educativo que hace aguas por todas partes; gracias por meter en el tablero del juego a los padres, a las familias. El día que profesores y familias entendamos que no somos contrarios, sino colaboradores en la formación y educación de los chavales, puede que (“puede que, puede que”) mejoremos en muchos aspectos.

Cuarto: el estilo. La mezcla de los testimonios de los distintos personajes con la narración de Santiago hace que la lectura sea amena y que dejar de leer sea un martirio al no poder avanzar en las pesquisas de este periodista con vocación de detective en quien todos los personajes se vuelcan para contar sus miserias, abriendo a cada uno en canal para comprender aspectos de sus vidas personales que van sorprendiendo al lector y que lo atrapa en una historia, la de Marcos, tanto como a él mismo.

Lo que más me ha gustado: con todos los puntos que he remarcado, creo que me quedo con la forma en que el autor trata esos temas tan en boca de todos, la mayoría sin mucha idea de nada. Por eso, leer algo sobre el bullying escrito por alguien tan válido como Fernando J. López y sentir que da en el clavo y que mis propias ideas al respecto son las mismas que él apunta me hace pensar que libros como el suyo son absolutamente necesarios y, por eso, quiero poner mi pequeño grano de arena para recomendarlo y para que pueda llegar al mayor número de personas posibles. Tengo claro que lo recomendaré en cada centro en el que trabaje, tanto a compañeros como a padres (mis alumnos son algo pequeños, pero algo podré hacer con ellos también).

Lo que menos me ha gustado: sinceramente, no haberlo leído antes. Con todo lo estricto, escrupuloso o cretino que me he vuelto con los libros, no puedo decir que haya algo que no me haya gustado, así que no haber podido descubrir a Marcos y a Fernando antes es lo que peor llevo de este hallazgo literario.

Dejad comentarios si os apetece, estaré encantado de contestarlos todos.

¡Un abrazo!

Jorge Pozo Soriano

“Puede que todo esto no sea más que la consecuencia de una sociedad errática que ya no sabe cómo canalizar su furia”.

Fernando J. López, “La edad de la ira!