Crítica: Sputnik, mi amor

Título: Sputnik, mi amor

Autor: Haruki Murakami

Editorial: Tusquets

Tercer libro que leo de Murakami y, sí, puedo confirmar que es uno de los autores que más me gusta leer. A veces, como ya he dicho varias veces, necesito ir a un valor seguro después de leer algunos libros que no me han terminado de gustar, y todo me hace pensar que el autor japonés va a ser uno de esos escritores que busque cuando necesite saber que voy a tener una buena lectura, que me voy a reencontrar con la buena literatura.

Lo cierto es que no sé cómo me hice con este libro. Lo cogí una tarde de casa de mi padre, pero no sé cómo llegó allí, si os soy sincero. No sé si lo compré después de leer “Kafka en la orilla” porque me gustó y se quedó ahí hasta ahora o si (ups), alguien me lo dejó y no lo he devuelto…

Yendo a lo importante. Me ha ENCANTADO. Qué gustazo ha sido leerlo. Qué lenguaje, qué historia tan bonita, qué personajes, qué conversaciones, qué viaje hacia uno mismo… De verdad os lo digo, una preciosidad.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El estilo: que Murakami escribe bien no es nada nuevo y no creo que haya nadie (le guste más o menos) pueda decir lo contrario. Qué dominio del lenguaje, qué metáforas más bien buscadas, qué lenguaje más poético… ¿A qué esperan para darle el Nobel?

Los personajes: tres (y algunos con poca relevancia). El narrador, un profesor joven de primaria (no recuerdo si se dice su nombre, pero, si es así, no debe de ser importante). Sumire, una joven que quiere ser novelista. Myû, una pianista reconvertida, por oblogación, en empresaria. Lo que ocurre entre ellos es… Es una pasada.

La esencia japonesa: esto también lo sabéis ya. Sabéis que la cultura (y la literatura) japonesa me atraen muchísimo, y esta historia es muy, muy japonesa.

El amor: no es un secreto que no soporto las manidísimas historias de la mayoría de libros de literatura romántica. Si quiero un amor de macarra descarado con chica buena y modosita que parece imposible, pero, tras vueltas y vueltas y vueltas, me pongo “Grease”. Al menos, disfrutaré de las canciones. Lo de aquí no es un amor de esos. Lo de aquí es un amor por descubrir; que se prohíbe a sí mismo; que se quiere cuando no se puede o se puede, pero no se quiere; que se pide; que se desea; que no se comprende… En definitiva, un amor que se cree y con el que, de una forma u otra, se conecta.

La extensión: me he quejado tantas veces de los libros que se hacen pesados por largos, por darle vueltas a lo mismo una y otra vez, por incluir páginas porque sí… Que encontrar una historia tan genial en poco más de doscientas páginas es un regalo.

Lo que más me ha gustado: que no he tenido la misma sensación que tengo con algunos libros, la de “leer para terminármelo”, sino que lo he leído porque quería leerlo. ¿No es eso lo que tendríamos que sentir con un libro?

Lo que menos me ha gustado: por ponerle un pero, diré que me han sobrado las referencias a intérpretes de piezas clásicas de la música. Me ha parecido que no servían para mucho y, sí, un poco pretenciosas.

Mi sensación final es que esto es lo que ocurre con los grandes autores. Murakami, en la literatura actual, es uno de los más grandes, y por eso defiendo siempre la fortaleza de los clásicos o los escritores como él. Porque siempre suponen una vuelta a la LITERATURA, con mayúsculas.

“Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y solo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio”.

Haruki Murakami, Sputnik, mi amor

Crítica: Tony Takitani

Título: Tony Takitani

Autor: Haruki Murakami

Editorial: Tusquets

Aunque no he leído mucho de Murakami, sí que me ha gustado bastante lo que he leído suyo. Es uno de los grandes, no cabe duda, así que posar la mirada en sus letras suele ser un acierto.

Este libro lo compré para regalárselo a mi vecina. Lo vi y me gustó para ella. La portada es muy chula, la edición que ha hecho Tusquets es una maravilla y hay ilustraciones muy bonitas a lo largo de toda la historia. Lo siguiente fue esperar a que lo leyera y pedírselo. Además, acabo de comprar un bonsái y le pedí a ella algunas cositas que tiene por casa y pegaban en la foto (va, no me digáis que no cuadra todo genial).

Con los relatos breves tengo un poco de amor-odio. Me suelen gustar los que leo porque son de autores que me gustan (Roald Dahl, Ana María Matute, Virginia Woolf, Cortázar, Murakami, con este…), y me pasa algo curioso. Por una parte, hay algunos muy buenos y me gusta leer textos breves de vez en cuando. Por otra, tengo la sensación de que publicar algo así, en libro único (otra cosa son las antologías de relatos de un autor o autora), con esos precios… Solo ocurre por ser autores de renombre (algo obvio y comprensible, por otra parte). Vamos, que si este mismo relato lo presenta a alguna editorial un autor que no sea conocido, le dan las buenas tardes y le señalan la puerta de salida. Con esto no digo que sea un relato malo, ¿eh? No me malinterpretéis. Es un buen relato, pero… bueno, creo que me entendéis.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La edición: ya lo he remarcado antes y, creo, que la edición sea preciosísima es fundamental para justificar que libros que se leen en veinte minutos tengan estos precios.

Las ilustraciones: Ignasi Font es un ilustrador descomunal, así que cada una de sus ilustraciones es una delicia que refresca y suma a la historia de Murakami.

La esencia japonesa: la literatura japonesa tiene algo único, intrínseco, que me atrae mucho. Esa lentitud, esa delicadeza que parece va a romperse en la próxima palabra… Me gusta leer, de vez en cuando, esas voces tan distintas a las nuestras a la hora de narrar.

El tema: la soledad es un tema que siempre me ha atemorizado, y aquí se trata desde ese punto de vista tan particular del autor japonés. Además, asociarlo a la pérdida de los seres queridos… qué os voy a decir, me toca en lo personal.

Lo que más me ha gustado: poder disfrutar de Murakami sin tener que enfrentarme a un libro muy extenso a una historia complicada. Como sabéis, necesito alternar lecturas que requieren más tiempo y/ o concentración con otras más breves o sencillas. En ese sentido, ha sido el libro perfecto para el momento en que estaba.

Lo que menos me ha gustado: insisto en lo mismo que apunté cuando reseñé el relato “La cata”, de Roald Dahl, y en lo que ya he dicho antes. Por muy bonitos que sean y muy cuidada que esté la edición, este precio para una lectura de un rato me parece una barbaridad.

Mi sensación final es que me he quedado pensando en esa soledad, en ese pasar del tiempo aferrándonos (o borrando) algunos recuerdos, esa tristeza que nos desgarra cuando perdemos a quienes más queremos…

“Lo único que añun percibía era la sensación de pérdida dejada por algo que había existido”.

Haruki Murakami, “Tony Takitani