Crítica: El océano al final del camino

Título: El océano al final del camino

Autor: Neil Gaiman

Editorial: Roca

Que Neil Gaiman es uno de los fundamentales en la literatura juvenil fantástica es sabido por todos (y no solo en ese género, no nos olvidemos de su maestría en el mundo del cómic), pero aún no había leído nada suyo. También es sabido por todos que, si entro en una librería, es muy raro que me contenga… Descubrí la librería “El olor de la lluvia”, entré (cómo no) y este libro estaba colocado en una mesita, esperándome, ofreciéndome mi primer Gaiman. No pude resistirme, lo compré y lo acabo de terminar de leer.

Antes de empezar con mi análisis, he de decir que la fantasía de Gaiman es, simplemente, maravillosa. Alejándose de niñerías y ñoñerías, sus historias son algo oscuras, algo tétricas, con la muerte acechando, con dolor, con sufrimiento, incluso de sus niños protagonistas. Quizá a algunos no os guste y prefiráis historias más edulcoradas, más típicas y con finales felices llenos de perdices. No es mi caso. Creo que este estilode Gaiman es uno de sus puntos más fuertes, y me encanta.

Sin más, os dejo con mis puntos fuertes y débiles.

Puntos fuertes:

La oscuridad: no puedo evitar que me encante que los temas oscuros aparezcan en libros escritos, en principio, para un público infantil y juvenil. Creo que, si desde la literatura fantástica, se tratan temas fundamentales como la tristeza, el sufrimiento e, incluso, la muerte, los niños y niñas que lean estos libros tendrán un aprendizaje emocional que no aparecerá si todo es bonito y perfecto.

El narrador en primera persona: aunque no creo que pudiera leer siempre en primera persona, me gusta más. Hay historias que, obviamente, tienen que usar la tercera persona con ese narrador omnisciente, pero la personalidad y cercanía que da la primera persona me gusta mucho más.

La magia: me encanta, me encanta, me encanta cómo se usa la magia en este libro. No quiero decir mucho por si os estropeo la historia, pero me ha parecido maravilloso cómo Gaiman usa la magia para construir este cuento (es, al fin y al cabo, un cuento).

Lo que más me ha gustado: que, gracias a este libro, he descubierto a Gaiman, que siempre recordaré esta historia precisamente por ese motivo y que Gaiman ha llegado a mi vida para quedarse.

Lo que menos me ha gustado: me cuesta sacarle algún punto negativo a este libro, si os soy sincero, así que creo que, en este aspecto, lo que menos me ha gustado es que he echado en falta algunas ilustraciones, porque habrían quedado genial.

A los que lo habéis leído, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

 

“No podía controlar el mundo en que vivía, no podía huir de las cosas, la gente o los momentos que me hacían daño, pero disfrutaba como un enano de lo que me hacía feliz”.

Neil Gaiman, en “El océano al final del camino”.

 

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Firma de libros

Hola a todxs,

Hoy vengo con buenas noticias 🙂 Las chicas de @ayaxiabookfest (podéis buscarlas en Instagram) han tenido la genial idea de buscar un espacio alternativo para esos autores que, como yo, tienen tan complicado firmar en la Feria del Libro de Madrid. Hoy en día es un hecho (porque lo sé, no porque lo piense) que a las editoriales solo les interesa vender libros como churros y que su estrategia se basa en llevar a firmar a “famosos, youtubers e influencers” (palabras textuales), lo que llevo ya bastante tiempo “denunciando”. Lo cierto es que me da mucha pena que se enfangue tanto un lugar que tendría que ser un paraíso de la literatura, pero de la de verdad, no la de venta fácil por fama, muchas veces, inmerecida.

Dicho esto, y siguiendo con lo importante, el sábado 8 de junio, de 10 a 16 horas, otros escritores (además de otras personas que venderán productos relacionados con los libros) y yo estaremos firmando ejemplares y conversando con todos los que os acerquéis al número 7 de la calle Academia de Madrid (muy cerca de El Retiro, así que podéis empezar o terminar la visita a la feria con nosotros. Habrá presentaciones de libros, venta, sorteos, firmas, alguna charla y, sobre todo, mucho amor por los libros.

Ya os lo recordaré cuando se acerque la fecha, pero, por el momento, ¡guardaos ese día!

Un abrazo fuerte.

Quiero ser de provincia

Bueno, en realidad soy muy feliz siendo madrileño, pero hay algo que ocurre en las provincias relacionada con el mundo de los escritores que, he de reconocer, me da mucha envidia.

Cuanto más me sumerjo en las redes sociales y conozco a escritores de uno y otro lugar, he confirmado algo que llevaba tiempo sospechando: fuera de Madrid, a los escritores los cuidan mucho mejor. Me explico. He visto cómo escritores de Zaragoza son tratados como auténticas estrellas en su tierra. Lo mismo he observado con escritores de Huelva, de Almería, de Santiago de Compostela, de Toledo… Los medios locales los promocionan, los entrevistan en sus radios, en sus periódicos, en sus programas de televisión. Veo que van a ferias, que las librerías de sus ciudades los acogen a ellos con cariño, al igual que a sus libros, que toman protagonismo en sus escaparates. Ojo, no digo que no se lo merezcan, no me malinterpretéis. Sé que lo merecen y, creedme, me alegro muchísimo por ellos y por saber que su tierra los trata tan bien. Lo que me choca es que, como decía antes, esto no ocurre en Madrid (o, al menos, yo no lo veo).

Sabéis que siempre he vivido mi faceta como escritor con toda la humildad del mundo y con mucho (mucho) trabajo. No me considero ni más ni menos que nadie. Soy escritor por vocación, al igual que la vocación me llevó a ser maestro. Un escritor que, a pesar de haber publicado tres libros, se siente nuevo en este mundillo. No pido que me lleven cada año a la Feria del Libro (ya sabemos que eso está prácticamente copado por famosos, youtubers e influencers, que son quienes mandan en las editoriales ahora mismo), ¿pero es tan complicado poder firmar en la Feria del Libro de mi barrio? ¡De mi barrio! Escribí al periódico del barrio cuando publiqué mi primer libro, al igual que hice con las librerías de allí. ¿Os han contestado a alguno? Porque, lo que es a mí, tampoco. Llamadme ingenuo o pretencioso, pero no creo que en un barrio obrero madrileño haya tantos escritores como para no tener ni un huequito en el periódico, las librerías o la feria… 

Los que me conocéis un poco sabéis que me da apuro pedir “favores”, que eso de ir rogando no va conmigo, que no soy de los que insisten por si molesto… Pero, siguiendo el refranero español, “quien no llora, no mama”, así que voy a aprovechar este pequeño espacio para reivindicar que a los autores madrileños nos encantaría que nuestra ciudad nos cuidara, nos promocionara y se volcara con nosotros un poco más de lo que lo hace. Es muy probable que esto no llegue a nada, pero no quería quedármelo dentro, así que, al menos, me viene bien compartirlo con todos vosotros.

¿Qué opinión tenéis al respecto? ¡Os leo a todos!

 

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Eduardo Galeano

Crítica: Todo lo que nunca fuimos

Título: Todo lo que nunca fuimos (Deja que ocurra 1)

Autor: Alice Kellen

Editorial: Planeta

Quise leerme este libro por cambiar un poco de registro y porque, según había visto en redes, se trataba de una buena historia creada por una buena escritora, aunque he de reconocer que me he dado de bruces con mis propios gustos y, a pesar de que es un libro bien escrito y, estoy seguro, con un público al que le encantará, no ha sido mi caso.

La novela juvenil-románticano es lo mío y creo que nunca lo será. Es cierto que he leído algunas historias como “La pequeña biblioteca de los corazones solitarios” ( https://jorgepozosoriano.com/2019/04/07/critica-la-pequena-libreria-de-los-corazones-solitarios/ ) que me han encantado, pero mucho me temo que este no ha sido el caso.

Insisto en que la historia está bien escritay en que mi opinión se basa, casi por completo, en que no es el género que suele gustarme. Sabiendo eso, os dejo con mi análisis de lo que más y lo que menos me ha gustado.

Puntos fuertes:

Los personajes: tanto Leah como Axel son creíbles, cada uno en su edad y sus circunstancias, y son un buen tándem.

Cómo está estructurado: con capítulos cortos y contados desde la voz de uno u otro personaje, la lectura se hace más amena.

El amor:en tiempos en los que el odio parece hacerle sombra al amor, que haya una historia tan potente de amor siempre es bien recibida.

La localización:Australia y yo tenemos una historia pendiente, así que me parece el lugar perfecto sobre el que leer.

Puntos débiles:

Lo previsible: los diálogos, los pensamientos de cada personaje al respecto de sus sentimientos, los reproches… Me parece todo muy obvio, muy infantilón, si me lo permitís, me ha llegado a cansar un poco.

Tantos detalles: en una historia así no me hacen falta tantos detalles, menos aún si se repiten tantas veces. Si se hacen uno o dos cafés. Si les apetece un té o no. Si van a surfear cada mañana… Me sobra la información de lo que se hace en cada momento, aunque eso es, quizás, algo mío.

El “empalague”: vale, si es una novela romántica tiene que haber amor, lo entiendo, pero ha habido muchos momentos en los que el azúcar me ha subido demasiado…

Lo que más me ha gustado: que, a pesar de pertenecer a ese género que a mí no me gusta demasiado, he de reconocer que está bien escrito, que el lenguaje está bien cuidado.

Lo que menos me ha gustado:es obvio que diga que el género es lo que menos me gusta. He intentado darle una oportunidad, pero no ha habido suerte.

Mi conclusión es que estoy casi convencido de que a todos los lectores del género les gustará e, incluso, leerán la segunda parte. No es mi caso, como habréis supuesto. Lo he leído, lo he disfrutado a mi manera y, para mí, la historia de Leah y Alex termina aquí. Aun así, no quiero dejar la idea de que pienso que es un mal libro. Sabéis que no suelo tener pelos en la lengua a la hora de hablar de mis lecturas y creed que, si pensara que el libro es malo, lo diría. No es así. Es, simplemente, un buen libro para otro tipo de lector, no para mí.

¿Lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?

¡Un abrazo!

“Quizá la culpa sea nuestra por planificar demasiado, ir marcando rutas que después uno nunca llega a recorrer. Y supongo que eso genera decepciones”.

Alice Kellen, en “Todo lo que fuimos”.

¿Y si Instagram no tuviera tantos “likes”?

Acabo de leer que Instagram se está planteando ocultar el número de “likes” que reciben nuestras fotos y que, de hecho, lo están ensayando en Canadá y, lo digo desde el principio, me parece todo un acierto. Es más, yo ocultaría, también, el número de seguidores.

Sabéis que he escrito varias entradas criticando, precisamente, la locura que las redes sociales han causado en mercados como el editorial. Es justo esa obsesión por conseguir “likes” la que ha llevado a cientos de niños a enviar fotos sin ropa (el tema del uso de redes sociales por menores es otro asunto que me enerva bastante, por otra parte) y a que la policía haya tenido que intervenir, pues era una mina de oro para pederastas. Esto es llevarlo un poco al extremo, sí, pero no olvidéis que es algo real, que está ocurriendo, que es tan evidente como palpable y triste.

Los psicólogos llevan tiempo advirtiendo de los peligros que la búsqueda de relevancia en redes conlleva, y esta situación se ha visto multiplicada por mil con la aparición de Instagram. Ojo, a mí es una red social que me encanta, pero creo que se nos ha ido de las manos por completo.

Sé que hay muchos detractores de esta posible decisión que opinan que Instagram está justo para eso; que no serviría para frenar esa carrera hacia ser “influencers“; pero hay otros muchos que dicen que sería algo muy positivo, ya que podríamos centrarnos en el contenido real, y no en el que los “likes” nos dicen que tiene que gustarnos, además de no tener que obsesionarnos con subir contenido a todas horas por el simple hecho de que, si no lo hacemos, no llegaremos a ser importantes en las redes. Por otra parte, hay quienes critican esta iniciativa argumentando que sería un problema para el marketing de influencias... Qué queréis que os diga. Para mí, justo esa crítica es la que más me asegura que es la opción más acertada. Hacer creer a tantos niños y jóvenes que solo con ser famosos en redes les va a llevar a vivir como quieran es un grave error y una irresponsabilidad. Dejar en manos de gente inexperta cuyo único mérito es tener un perfil lleno de seguidores y “likes” el éxito de determinadas marcas y/ o productos es, desde mi punto de vista, muy tóxico. Sobre todo, como ya he dicho varias veces, cuando esos productos son los libros. Dejemos de dar prioridad a todo lo que escribe gente que no sabe escribir más que un breve texto que acompaña a sus fotos o su nube de etiquetas. Dejemos de leer los libros que los “likes” nos dicen que tenemos que leer, aunque no sirvan ni para calzar una mesa coja. Dejemos de regalar éxito en lo literario a quienes se pliegan a la tiranía de las redes sociales. Volvamos a leer a escritores, aunque no salgan en la tele ni tengan cien mil seguidores. Volvamos a buscar nuestras próximas lecturas en los canales que siempre funcionaron (librerías, bibliotecas, medios especializados, en nuestros amigos lectores…). Volvamos, amigos, a poner a los libros en el lugar que siempre les ha correspondido. Volvamos, en definitiva, a recuperar la cordura que nunca debimos dejar olvidada.

“En la sociedad, el hombre sensato es el primero que cede siempre. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes”.

Jean de la Bruyère

El héroe que siempre quiso ser

Hoy la entrada es breve porque lo importante es que vayáis a leer a otro sitio. Como sabéis, mi carrera literaria la lleva la Agencia Editabundo, y me han pedido una pequeña historia para incluir en el magazine de su web. El resultado es el que os dejo en este enlace:

https://editabundo.com/index.php/project/el-heroe-que-siempre-quiso-ser/ 

La ilustración (que, no se a vosotrxs, pero a mí me encanta) corre por cuenta de Iván Alfaro https://ivanalfaro.com , alguien con quien, seguro, estaré en algún proyecto más pronto que tarde.

¿Lo leéis y me decís si os gusta? ¡Un abrazo!

Se ha secado un mar

Ayer se secó un mar,  el mar de la poeta Francisca Aguirre, ese mar en el que solo quería llorar a mares y que nadie lo notara. Hoy somos otros los que lloramos su pérdida. Francisa, Paca, era una de esas poetas a las que me he referido en otras entradas: una poeta de las de verdad, de las que escribían poesía respetando la poesía, estudiando la poesía, queriendo escribir poesía. Una de esas poetas que empiezan a escasear tras su muerte y la también reciente muerte de su marido e inmenso poeta Félix Grande.

Hoy, la poesía se queda un poco más huérfana, huérfana de versos trabajados y sentidos, redondos, llenos de sentido y simbolismo, de metáfora, de musicalidad… Huérfana de poesía llena de poesía.

Amigos, insisto en que recurráis a poetas como Paca, como Félix, como tantos otros que sí escriben poesía. Huid de versos vacíos, de poetas vacíos, de poemarios vacíos. No contribuyáis a que la poesía que se vende y se lee sea la que nos dicen que tiene que venderse y leerse porque es la que más beneficio económico le reporta a las grandes editoriales (esas que se han preocupado más bien poco por la poesía y ahora, con la fiebre influencer, quieren hacernos creer que la poesía es algo importante para ellas, si es que a eso se le puede llamar poesía). Buscad quiénes van ganando premios literarios de poesía (Francisca fue Premio Nacional de las Letras el año pasado), veréis que, os gusten más o menos, se conceden a poetas y no a concursantes de la televisión, cantantes ni youtubers. Id a las editoriales que llevan publicando poesía de verdad toda la vida: Calambur, Hiperion, Visor, Lumen, Alianza… Ahí tampoco veréis nuevos poetas sin ninguna poesía en su tinta. No os dejéis engañar por aquellos que creen haber descubierto ahora la poesía cuando la poesía se inventó hace ya algunos años. No os fiéis de esos “Cómo escribir poesía” que personas con más desvergüenza que maestría proponen a la ligera.

Paca Aguirre será siempre una opción muy buena para adentrarse en ese, su mar, su vasto e inmenso mar, que era su inmensa poesía.

“Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note”.

Testigo de excepción

Francisca Aguirre