Crítica: Dicen que no hablan las plantas

Título: Dicen que no hablan las plantas

Autores: muchos poetas

Propuesta de: Raquel Lanseros y Fernando Marías

Editorial: Anaya

Ilustradora: Raquel Lagartos

Dos detalles me hicieron querer este libro en cuanto salió: lo bonito que parecía (lo es más aún cuando se tiene entre las manos) y que tuviera algo que ver con RaqueLanseros, una de mis poetas actuales favoritas. Y no me equivoqué en hacerme con él.

La edición de Anaya es una absoluta preciosidad. El tamaño, el diseño, las espectaculares ilustraciones de Raquel Lagartos, que cubren las páginas por completo… Estéticamente no se le puede poner ni un solo pero (en mi opinión, solo uno, pero lo dejo para la parte de “lo que menos me ha gustado”).

En cuanto al contenido, nos encontramos con un montón de poemas de autores de la talla de Lorca, Machado, Béquer, Delmira Agustini, Rubén Darío, Rosalía de Castro, César Vallejo… Cincuenta y dos poemas (muchos de ellos, sonetos) que nos hacen recorrer las cuatro estaciones. Sus tonalidades, sus temperaturas, su flora, su fauna, el cambio de la vida según van cambiando ellas… Un viaje en toda regla. Sin levantarse del sofá y respirando, según se lee, la tierra húmeda de otoño, la escarcha invernal, los perfumes florales de la primavera y la sequedad del verano. ¿No es algo maravilloso?

Ya sabéis lo que me gusta la poesía. Por eso, me encanta que una editorial potente como es Anaya apueste por libros como este. Que se apueste por la poesía, por esta poesía, la de siempre, la de los que perduran, de los que no se irán nunca. Y me encanta que lo hagan así, a lo grande. Con un formato grande, en tapa dura, a todo color, con dos grandes como Lanseros y Marías a la cabeza del proyecto y con Lagartosmoviendo sus pinceles. 

Es un libro para tener, desde luego. Para tenerlo bien a la vista, como si fuera un cuadro, pero al alcance de la mano, porque nos pedirá volver a él una y otra vez. Y, también, es un muy buen libro para regalar. Para trabajar las estaciones ligadas a la literatura y a la poesía en el aula también puede ser una herramienta buenísima.

Lo que más me ha gustado: además de todo lo que ya he expuesto, me ha encantado que leer estos poemas me ha llevado a mi infancia. A ese descubrimiento de la poesía que me enamoró desde el principio. Porque, sí, de pequeño no solo leía a Gloria Fuertes. Leí a muchos de los y las poetas que aparecen en este libro. Algunos de esos poemas están aquí, y releerlos me ha hecho sonreír con dientes de leche.

Lo que menos me ha gustado: creo (y esto es cosa mía) que, en un libro cuidado al detalle, usar una tipografía tan simplona no suma. Si no me equivoco, es una Times New Roman de toda la vida, y es una pena. Otra tipografía más cercana a la caligrafía manual habría hecho del libro un objeto aún más bonito y, en el fondo, no es algo complicado de hacer.

¿Conocíais el libro? Si no es así, ¿os interesa?

¡Un abrazo!

“Abandonada al lánguido embeleso

que alarga la otoñal melancolía,

tiembla la última rosa que por eso

es más hermosa cuanto más ardía”.

Leopoldo Lugones, “Rosa de otoño”, en “Dicen que no hablan las plantas”.

Entrevistas en Radio Off The Record

Aunque ya lo he anunciado en mis redes sociales, me faltaba contarlo por aquí y no quiero dejar pasar más tiempo.

Estar de baja tanto tiempo (y no haberlo estado nunca antes) me llevó a buscar todos los medios posibles para no aburrirme, para aprovechar el tiempo y para intentar no caer en esa sensación tan horrible del confinamiento.

Pensé qué podría hacer para que estos casi cuatro meses no se convirtieran en tiempo perdido, y lo cierto es que puede que se me haya ido un poco de las manos.

Así, a modo de lista de la compra, os resumo todos los fregados en los que me he metido:

He escrito un poemario (para adultos).

He escrito una pequeña novela infantil.

He leído una barbaridad (ya casi he llegado al propósito que me propuse en Goodreads y no hemos llegado ni al quinto mes).

He hecho un curso de “Boot Camp Google Educador Level 1”, de (dicen) veinte horas.

Estoy haciendo el curso “El blog en la enseñanza”, de (dicen) cuarenta horas.

Estoy haciendo el curso “El taller de escritura: de la teoría a la práctica en el aula”, de (dicen) setenta horas.

Me encargo del Club de Lectura Infantil de la Librería Taiga, con un inicio precioso acompañado de Beatriz Osés.

He firmado dos contratos editoriales (uno, para “La hija del soplador de vidrio”, novela de la que ya os he hablado; otro, para una serie infantil de, por ahora, cinco libros de la que ya os hablaré cuando se acerque el momento de la publicación, aún algo lejano).

Me han hecho embajador de Casa del Libro.

Y, por último (de momento, y si no me olvido de nada), he empezado el proyecto que apunto en el título de la entrada y que me hace muy, muy, muy feliz: he empezado a grabar podcasts con entrevistas a gente relacionada con la literatura (porque escriben, porque editan, porque venden, porque leen, porque ilustran…) de la mano de Radio Off The Record.

Siempre me ha gustado mucho la radio y, aunque sea maestro, mi primera carrera fue Publicidad y RR.PP., por lo que soy licenciado en comunicación, aunque no sea periodista. Me gusta esa calidez, esa cercanía, esa comodidad que ofrecen las voces radiofónicas. Por eso, aproveché la posibilidad de grabar podcasts para iniciar esta serie de entrevistas y le pedí a Miryam, responsable de la radio, unirme a su equipo. La respuesta fue inmediata y, la verdad, no podría haber tenido más suerte, porque me ha acogido con los brazos abiertos y es una maestra genial.

Para no enrollarme más, os dejo el enlace con la primera entrevista. No había nadie más oportuno para iniciarme en esta aventura que quien es, en mi opinión, el mejor poeta nacional que tenemos ahora mismo. Una de las personas más cultas, íntegras, humildes y buenas que, por suerte, tengo en mi vida. Alguien a quien me unen casi veinte años de amistad y a quien no considero un amigo, sino un hermano. Y, sí, quien es mi maestro en mi versión poética (menudo lujo). Hablo, como muchos ya sabréis, de Manuel Francisco Reina. En la entrevista (que espero escuchéis) nos habla de literatura, de poesía, de cultura… Y, tal y como le pedí (y pediré a mis invitados e invitadas), nos leyó un poema de su último (y maravilloso) poemario, “El fiel de la balanza”, y, también, un poema de otra de mis poetas preferidas, Raquel Lanseros.

Feliz de estar donde estoy y con quien estoy.

Feliz de estar con vosotros.

Espero que os guste.

Crítica: El fiel de la balanza

Título: El fiel de la balanza

Autor: Manuel Francisco Reina

Editorial: Cuadernos del laberinto

Aún recuerdo cuando, hace algunos años, fui de los primeros en escuchar algunos de los poemas que dan forma a este libro en la propia voz de Manuel Francisco Reina. Mi amistad con él lo ha convertido en mi hermano, ya sabéis, y aquella tarde en Madrid me quiso hacer ese regalo que hoy, tras un tiempo largo sin publicar poesía, adquiere forma física.

Por esa amistad fraternal, pude vivir buena parte de todas las vivencias que nutren estos versos. Y, por esas vivencias, la lectura de este libro ha sido dolorosa.

Son muchos los años, mucho lo compartido. En ambas casas. Conozco de primera mano todo lo que Manuel lleva dentro y, por eso, duele tanto leerlo una vez que lo ha sacado en forma de poema, aunque ya supiera todo lo que había ocurrido.

Una pena enorme saber que alguien a quien se quiere tanto haya tenido que pasar por esto.

Una pena que haya seres (por llamarlos de alguna forma) tan despreciables y oscuros.

Pero, por suerte, Manuel lleva la luz consigo, en su persona y en su literatura, y su inteligencia y maestríalo llevan a saber redirigir el sufrimiento hacia el propio beneficio, hacia la sanación de la enfermedad y la cauterización de la herida. Como dijo Félix Grande a propósito del maravilloso poemario “La paternidad de Darth Vader”“hay que poner a trabajar al dolor al servicio de la vida”. Y vaya si Reina lo cumple…

Catarsis en estado puro. Dolor. Lágrimas y alguna náusea. Leer este libro es una experiencia física, porque lo que duele se adhiere a la carne y traspasa las murallas óseas para hacerse camino hasta los órganos vitales. Es un libro, en palabras de la maravillosa Raquel Lanseros“que respira, siente y sangra como solo la verdad sabe hacerlo”. Porque hasta en eso acierta este poemario, en contar con una poeta de la talla y la humanidad de Lanseros para encargarse de la contracubierta.

“El fiel de la balanza”, cuyo título ya es premonitorio (además de precioso y preciso), es un poemario en prosa. Que nadie lo confunda con esa mal llamada “prosa poética” que no es más que escribir alguna frase y darle al “enter” del teclado después de un par de palabras. No. Este no es un libro de aforismos ni viene a descubrir nada desde el desconocimiento. Pocos poetas hay en el panorama nacional con la delicadeza, el conocimiento y las tablas de Manuel Francisco Reina. Ha tardado años y ha escrito muchos poemariosantes de lanzarse a escribir poesía en prosa, precisamente (y así me lo transmitió) por la dificultad que entraña. Una vez más, os pido y recomiendo: leed a quien sabe escribir y aprended de quien puede enseñarnos.

El resultado es un poemario absolutamente visceral, escrito desde la entraña, desde el borde del abismo en el que la memoria nos sitúa, en el que los recuerdos tratan de empujarnos al vacío. Un recorrido por una historia tan personal como deshumanizada por una de las partes. Tan llena de dolor y culpa como de aprendizaje y liberación.

Qué difícil es volcar la sangre sobre el blanco, ofrecerse al lector sin más protección que las últimas capas de piel, dispuesto a dibujarse el centro de la diana en la frente. Pero qué necesario. Tanto para quien lo escribe como para quien lo lee. Qué necesaria es, amigos y amigas, la poesía.

Dicho esto (porque me tiraría escribiendo horas y horas), paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

La dificultad: si escribir poesía es complicado, hacerlo en prosa lo es aún más. Solo algunos y algunas de los y las más grandes han sido capaces de salir con dignidad del intento. Autores como Aleixandre, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano (AUTORES), a los que ahora se suma, con demostrado merecimiento, Manuel Francisco Reina.

La valentía: la poesía, en mi opinión, ha de ser valiente. El poeta debe dejar de lado los miedos y las vergüenzas, las posibles miradas reprobatorias o condescendientes. En definitiva, tiene que tener el valor para estrujarse el corazón hasta que sangre. Esa es la poesía que llega o, al menos, la que más me llega a mí. 

La empatía: aunque haber sido partícipe de todo lo que aquí se cuenta es arma de doble filo, conocer muchos de los detalles que a otros pasarán desapercibidos me hace poder adentrarme más aún en este dolor compartido. Lo bueno, lo positivo de esta posición privilegiada por la cercanía es saber que, también, pude estar ahí para el consuelo. Al final, de eso trata la amistad.

El cariño: cuanto más se conoce a Manuel, más se lo quiere. Y cada poema nos lleva a conocerlo un poco mejor. Os animo a hacerlo. A leer su poesía. A conocerlo mejor, porque es una de esas personas sin las cuales el mundo sería más inhabitable.

Mi (pequeña) aportación: que mi nombre aparezca en este libro, aunque solo sea como autor de la fotografía del autor, es un privilegio inmenso que me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: no podría quedarme con una sola cosa, pero diré que leer poesía en prosa, ya que no estoy habituado y es una auténtica gozada.

Lo que menos me ha gustado: nada que ver con lo poético, obviamente. Solo puedo hablar del dolor que me ha causado, sin que eso sea algo negativo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Disfruta del presente pues la posteridad es mía”.

Manuel Francisco Reina, “Mientras dura la fiesta”, en “El fiel de la balanza”.

Crítica: A las órdenes del viento

Título: A las órdenes del viento

Autor: Raquel Lanseros 

Editorial: Valparaíso

Hace no tanto que descubrí la poesía de Raquel Lanseros (gracias, Manuel) y, sin miedo a decirlo, puedo afirmar que ya es una de mis poetas contemporáneas favoritas.

Esta antología, con algunos de sus poemas publicados entre 2005 y 2015, es una muy buena muestra de la pluma poética de Raquel. Podría ponerle una infinidad de calificativos (todos positivos), pero creo que es mejor deciros lo que me ha gustado con un hecho concreto. Como algunos y algunas sabéis, siempre que leo poesía, tengo post-its para marcar los poemas que más me gustan, para volver a ellos siempre que lo necesite. Veinticinco han sido los que he usado. En una colección de cuarenta y seis poemas. No os confundáis. Esto no quiere decir que haya veintiún poemas que no me hayan gustado. No son poemas para decir “no me gustan”. Lo que quiere decir es que ha habido veinticinco poemas que me han encantado. Que me han hecho cerrar el libro para volver a leerlos. Que he leído varias veces. Que me han pellizcado el alma. Ya sabéis que soy muy estricto con la poesía, así que entenderéis que marcar la mitad de un poemario con post-its no es lo normal… Enhorabuena, Raquel.

Tiene este libro, además, algo que hace que me guste más aún. Con las antologías, a veces, me pasa que me quedo corto o que me sobran la mitad de los poemas. Las recibo con cautela, sin saber muy bien si me pasará una cosa o la otra. Esta colección está muy bien hecha. Es una muy buena muestra de la poesía de su autora. Si en “Matria” me cautivó en un solo libro, con este puñado de versos de otros de sus poemas puedo decir que me ha enamorado por completo. En esta sociedad actual en la que todo el mundo escribe “poesía”, qué bueno es esto de encontrar poetas de raza actuales.

Además, insisto, cuando puedes cruzar algunos mensajes con el autor o la autora por redes sociales y solo recibes agradecimiento, humildad y cariño (como me ha ocurrido con Raquel), la figura de, en este caso, dicha autora se engrandece aún más. Qué bueno “tenernos”, Raquel, aunque sea de esta forma tan leve.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El estilo poético: es el mismo punto con el que inicié la reseña de “Matria”, pero tengo que ratificarme en él. En mi opinión de aprendiz de poeta, la poesía es el género más complicado (por eso, entre otros motivos, me horroriza esa pseudopoesía que está, por desgracia, tan al alcance). Más complicado aún es, en mi opinión, escribir buena poesía con sencillez (o haciendo que parezca sencillo). Esos son, para mí, los poetas de verdad. Los que llevan la poesía en los latidos. Los que riegan, con su tinta, los corazones de quienes amamos leer este género, raíz de todos los demás.

“Quedarme” con Raquel: en los tiempos que corren, es difícil encontrar en el panorama nacional poetas actuales que me gusten tanto. A Raquel ya “me la quedo”. Por su maestría poética, por supuesto, pero, también, por el tipo de persona que me ha demostrado ser.

Lo que más me ha gustado: confirmar que lo de “Matria” no es una casualidad. Que Raquel Lanseros es una pedazo de poeta. Para muestra, algunos de los versos que más me han gustado de esta colección:

De “Doña Juana”:

“También conoce el riesgo porque ha visto

el abismo insondable que se extiende

justo donde comienza el desamor.

[…]

Es capaz de apostar todo su reino

por un segundo de ojos infinitos

por una infusión lenta de su alma

                               en medio de las almas”.

 

De “Invocación”

“Engáñenme los cantos de sirenas,

tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.

[…]

Llore yo todavía

  por sueños imposibles

    por amores prohibidos

       por fantasía de niña hecha añicos”.

 

Compartiría muchos, muchísimos más, pero os va a tocar comprar el libro, que los poetas no viven del aire… jeje.

Lo que menos me ha gustado: este es uno de esos pocos libros a los que no pongo pegas. Hay poemas que me han gustado algo menos, obviamente, pero no le cambio ni una coma. Muy, muy buena colección. Os la recomiendo con la certeza absoluta de que os va a encantar. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Sólo quien ha besado sabe que es inmortal”.

 “Entonces me besaste”, Raquel Lanseros

Crítica: Matria

Título: Matria

Autor: Raquel Lanseros 

Editorial: Visor

Últimamente, aunque me cuesta un poco leer (achaques que le dan a uno, qué le voy a hacer), estoy leyendo mucha poesía. Ya sabéis que me dejo guiar por quienes saben y que leo a quienes sé escriben poesía de verdad

Con este poemario me ha pasado algo que me ha gustado mucho. Sé que no debería ser así, pero me ha brotado una desconfianza bastante grande hacia la poesía de autores jóvenes o/y no consagrados. He visto tanta basura escrita bajo el paraguas de la poesía por parte de esos que yo llamo pseudopoetas que me cuesta atreverme a leer a quienes no se han ganado con calidad y con su obra el merecido respeto. No voy a dar nombres (aunque podría dar muchos), pero me horroriza ver que se escribe cualquier cosa y se le llama poesía sin serlo. Gracias a este poemario, he descubierto a una muy buena poeta. Que la poesía lo sea todo, pero que no todo sea poesía.

Raquel Lanseros ha conseguido hacerme disfrutar de una poesía de autora joven, bastante activa en redes sociales, con una más que dilatada carrera como poeta y con este libro, Matria, que es una delicia. Lo es (me atrevo a afirmar) porque Raquel es una poeta de raza, de verso trabajado, de poema leído, de estudio y, sobre todo, de respeto. Porque no escupe cuatro palabras sin sentido, les da un formato apropiado para el género y lo vende como poesía. Porque tiene sus propios recursos, sus matices, sus cambios y añadiduras, pero sin perder la tradición, sin querer romperlo todo, como hacen esos y esas que se las dan de poetas sin tener ni idea de cómo escribirla y que afirman no leerla ni estudiarla nunca porque no les interesa y (pobres) dicen que no lo necesitan. Raquel es el ejemplo de que se puede ser moderno al escribir poesía desde lo que la poesía es y ha de ser. Con su lenguaje. Con sus recursos. Con sus, digámoslo, “moderneces”, pero con sentido y, como digo siempre, con respeto al género.

El resultado es Matria, un poemario valiente y muy bien vertebrado que, para mi alegría, fue Premio Nacional de la Crítica y Premio Andalucía de la Crítica en 2019.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El estilo poético: no me gusta la poesía recargada, ñoña, simplona, repetitiva, burda, obvia; la que usa los mismos recursos y simbologías de siempre, la que se pierde en rimas rebuscadas, la pretenciosa y grandilocuente, la que no dice nada. La poesía de Raquel Lanseros no tiene ninguna de esas condiciones. En un solo poemario se ve claramente su voz poética, su estilo, y (debo decir) es una voz que me ha gustado mucho.

Conocer poetas actuales: sobra decir que Raquel no es una de esas “poetas” salidas de un programa de televisión o una cuenta dopada de seguidores en redes sociales que usan su fama (aprovechando que algunas editoriales les vale todo, incluso pervertir la poesía) para publicar sus “poemas”. De esos no me veréis leer nada. Pero sí es una poeta actual (muy actual, por suerte), y me ha encantado ver que, muy cerca, hay aún poetas que escriben esa poesía tan complicada de escribir.

La cercanía de la autora: pendiente de las redes sociales, cercana, muy agradablecariñosa, incluso. Solo he cruzado con ella un par de mensajes, pero se ve que tiene buen corazón y que es una persona sencilla, atributos que siempre he valorado muchísimo (gracias, Raquel).

Lo que más me ha gustado: como ya he dicho, descubrir en ella una poeta a la que poder acercarme cuando quiera poesía actual y de calidad. Como prueba, algunos de sus versos:

“Laten dentro de mí dos corazones.

Uno lleva conmigo cuántos años

desde que el sí y la sangre

supieron inscribirme en el azar”.

El otro es breve y frágil

apenas perceptible

aún cuenta por semanas su presente”.

“Me oigo gritarle al mundo desde dentro de ti

desde el tiempo y la nada que estoicos nos ignoran

me oigo decir que te amo

por encima de todo”.

¿No son unos versos maravillosos?

Lo que menos me ha gustado: esto puede ser cosa mía, pero la poesía me gusta leerla en castellano y que esté escrita en castellano. La poesía traducida no me entra igual y, aunque puedo leerla en inglés, italiano y francés, me llega bastante menos. Por eso, cuando he encontrado algunos poemas o versos en otros idiomas (un recurso muy valiente, todo sea dicho), me ha sacado un poco de la lectura. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“sobre el verso de ustedes yo he construido mi casa”.

 “Los poetas de América Latina”, Raquel Lanseros

(A esto me refiero con lo de escribir poesía desde el respeto a los maestros).