Crítica: A mar abierto

Título: A mar abierto (poesía 1973-2003)

Autor: Elsa López

Editorial: Hiperión

Cuando me dejo aconsejar por personas que saben infinitamente más que yo de poesía, rara es la vez que no aprendo algo nuevo.

Hace ya tiempo que tenía en casa estos treinta años de la poesía de Elsa López y, por fin, me puse a leerla.

Fue complicado encontrarla. Será que no tiene miles de seguidores en Instagram o que no ha salido lo suficiente en la tele, pero me costó recorrerme varias librerías hasta dar con una que había tenido a bien darle cobijo a esta poeta tan maravillosa.

Nacida en Guinea Ecuatoria, vivió en La Palma, Madrid y Córdoba, ciudades en las que, entre otras tareas, preside la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, funda Ediciones La Palma (que publica, principalmente, poesía) o dirige la Fundación Antonio Gala.

En cuanto a su poesía, sin ser yo crítico, me arriesgaré a decir que recorre la senda de la naturaleza, de los mares, del amor, de lo erótico, de la maternidad, del desamor… Y lo hace con sencillez, con un vocabulario que no se enreda en complicaciones, lo que nos regala una poesía fácil de leer.

A lo largo de distintos poemarios, Elsa López se ha convertido para mí en una muy buena maestra del alejandrino. Y no solo eso, también me ha cautivado con esos versos tan suyos de veintiuna sílabas, agrupadas en tres golpes de siete sílabas cada una.

Pobres esos que dicen que escriben poesía, pero que nunca la leen…

En este libro constas los poemarios:

A esta obra poética sumará, también otros tantos poemarios, además de varias novelas, libros sobre antropología y guiones. Lo que se dice una mujer prolífica.

Elsa es una más de tantas poetas españolas poco consideradas para lo importantes que son. La sumo a ese elenco de Ángela Figuera AymerichPaca Aguirre o Gloria Fuertes, con la única diferencia de que, por suerte, Elsa López sigue viva. Muy, muy, muy buena poeta (aunque esto no lo haya descubierto yo…).

Lo que más me ha gustado: como he dicho antes, poder leer alejandrinos tan bien construidos y tan potentes. Ya me he lanzado a escribir algunos poemas usando este verso, como en el último que publiqué en Instagram.

Lo que menos me ha gustado: evidentemente, hay algunos poemarios que, por temática o tipo de poesía, me han gustado menos, como es el caso de “La casa cabrera”, pero no es eso lo que menos me ha gustado. Ese “honor” se lo dejo a la inmensa cantidad de erratas que contiene el libro. Tratándose de Hiperión y de una antología, la verdad es que esperaba un libro mucho más pulido. Una pena…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Tengo medido el mar

y averiguado el modo de envejecer la tarde”.

Elsa López

Crítica: Fantasma de primavera

Título: Fantasma de primavera

Autor: Gerard Bertrán Burgueño

Editorial: Ayuntamiento de Alhaurín el Grande

XIV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala

El Premio Internacional de Poesía Antonio Gala tiene un aspecto que nunca entenderé: publicar el libro ganador un año después, en el acto de entrega del premio del siguiente ganador (incomprensible, desde mi punto de vista).

Por ese motivo, mi libro, ganador este año, no verá la luz hasta junio de 2022 y, por ese motivo, pude recoger el libro que ganó la edición anterior cuando fui a recoger el premio.

Se trata de este “Fantasma de primavera”, de Gerard Bertrán Burgueño, que da inicio a esta nueva Colección “La Baltasara”, coincidiendo con que este ha sido el primer año que el acto ha tenido lugar en dicha finca, donde Antonio Gala vivió tanto tiempo y escribió una buena parte de sus libros (algo que, en realidad, tampoco tiene mucho sentido, porque el año pasado no ocurrió en La Baltasara).

Sin ahondar más en estos hechos, voy a hablaros un poco de este poemario, que es lo importante.

Según el jurado del premio, se trata de un libro “muy difícil de apreciar en lo poético, puesto que está planteado dentro de un gran prosaísmo”, y es esta afirmación (en mi opinión) la que define de forma clara la realidad del poemario.

Es un libro tan prosaico que podría decirse que los poemas podrían leerse como si fueran pequeñas historias, pequeños relatos que narran vivencias y anécdotas, solo que lo hacen en verso.

He de reconocer que, antes de leer el libro, no me llamaba mucho la atención. Si leo poesía, me gusta que el lenguaje sea poético, que la esencia sea poética, y el prosaísmo, en poesía, me suele chirriar bastante.

No ha sido el caso.

Sí es cierto que algunos poemas no han terminado de llegarme, precisamente, por ese prosaísmo, pero hay otros (la mayoría) que me han gustado mucho y que, justo por el hecho de aportarme algo a lo que no estoy acostumbrado, me han llegado. Puede que me haya ocurrido un poco como cuando admiro un cuadro bien pintado: trato de sacarle todo el gusto posible, ya que yo sería incapaz de reproducirlo.

Es cierto que decir “nunca” es un tanto arriesgado, pero no creo que mi poesía vaya a definirse por ser prosaica, porque me parece muy complicado, muy arriesgado y porque, aunque este “Fantasma de primavera” me haya gustado, no es la poesía con la que me identifico ni la que suelo leer.

No obstante, creo que es un poemario muy bien construido e intuyo mucho trabajo a la hora de darle forma, lo cual tiene mucho mérito. Además, me parece muy acertado que se premie distintos tipos de poesía (siempre que sea buena), así que considero que es una buena elección y me hace muy feliz recoger el testigo de Gerard como ganador de este premio.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que es justo ese detalle de ser una poesía muy prosaica lo que merece ser destacado. Haberme gustado sin ser la poesía que leo y haber sabido reconocer la calidad de los poemas y su dificultad me agrada, ya que siempre está bien descubrir gustos nuevos en esto de la lectura. Voy a destacar, también, los últimos versos de muchos de los poemas, versos que se quedan colgando al leerlos porque nos empujan a alguna parte, nos hacen pensar, le dan el significado al poema. Me ha pasado en varios encontrarme con los dos últimos versos y tener que releerlos más de una vez porque me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: aunque pueda resultar contradictorio, y como he dicho en la entrada, ese prosaísmo se me ha hecho demasiado evidente en unos pocos poemas, que son los que menos he disfrutado leer.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Experimentar la anunciación de la poesía.

Soñar despierto. Volver a casa”.

 Fragmento de “De paso”, Gerard Bertrán Burgueño 

Enredando voces con Abraham Guerrero Tenorio

Hablar de poesía con quien sabe de poesía siempre es una delicia.

Abraham es, como debería ocurrir siempre, un tipo sencillo, humilde y cercano a quien no se le ha subido a la cabeza el éxito.

Ni siquiera después de ganar uno de los premios de poesía joven más importantes del panorama nacional: el Adonáis.

Lo ha ganado con su fantástico poemario “Toda la violencia”.

Aquí os dejo nuestra charla en Radio Off the Record

Crítica: Nueva York después de muerto

Título: Nueva York después de muerto

Autor: Antonio Hernández

Editorial: Calambur

He querido leer a los poetas que han valorado y premiado mi libro, y he empezado por recuperar este “Nueva York después de muerto”, de Antonio Hernández, de quien había leído algunos versos.

Lo primero que tengo que decir es que no sé qué es esto, pero no es un libro. No sé qué hay escrito en sus páginas, pero no es poesía. Tengo algún conocimiento sobre la obra de Antonio Hernández, pero sé que no es poeta.

“Nueva York después de muerto” es otra cosa. Lo escrito en él son otra cosa. Antonio Hernández es otra cosa.

Este monumento poético, este homenaje a la poesía y a los poetas, este terremoto en verso no puede definirse solo como un poemario, como un libro de poesía, del mismo modo que a Antonio Hernández no se le puede considerar solo un poeta.

He leído mucha poesía y he buscado, casi siempre, consejo en quienes más saben de poesía para leer a determinados y determinadas poetas. Me he enamorado de Paca Aguirre, de Ángela Figuera Aymerich, de Miguel Hernández, de Lorca, de Gioconda Belli, de Raquel Lanseros, de Manuel Francisco Reina… He intentado, casi siempre, leer a poetas de quienes pudiera aprender, con los que pudiera crecer, además, por supuesto, de tratar de leer a poetas con quienes me emocionara, con quienes me sacudiera, con quienes dejaran poso.

No sé por qué he esperado tanto para leer a Antonio Hernández, quizás era este el momento preciso. La respuesta es “sí”. También me he enamorado de Antonio. 

Este libro es, además de un libro de poesía, un libro de historia, una novela, una obra de teatro, un ensayo, un artículo periodístico y, seguramente, mucho más. No soy experto en el término de “poesía total”, pero, aun sin serlo, está claro que este libro engloba ese concepto de principio a fin.

Ya la razón de su existencia, esa promesa de Antonio a su maestro, Luis Rosales, de que él escribiría el libro que su próxima muerte no le permitiría escribir a él, es poesía en sí misma. Qué reto, ¿no os parece? Prometerle a tu maestro (ni más ni menos que a Rosales) que tú vas a escribir el libro con el que él quiso cerrar el círculo de su obra. Qué reto, sí, y qué promesa tan generosa y tan bella.

No sabremos cómo habría sido este “Nueva York después de muerto” escrito por Rosales, pero sí tenemos la certeza de que, escrito por Hernández, es una auténtica obra de arte y una, permitidme decirlo, absoluta barbaridad. 

Por algún motivo este libro es “Premio de la Crítica de Poesía Castellana”, en 2013, y “Premio Nacional de Poesía”, en 2014.

El título ya es clara evidencia del germen del libro. Sumar que la idea fue de Rosales confirma la sospecha, si es que la hubiera. Federico García LorcaNueva YorkLuis Rosales. Y, como hilo unificador de tres puntas, Antonio Hernández.

En pocos textos podrá saber más sobre Lorca, Rosales, Nueva York y el propio Hernández (que dan forma a un todo exquisito) que en este poemario no de discípulo, sino de maestro. De poeta con todas las letras. De poeta a quien no le falta nada. Esta aleación de géneros, de ciudades y de poetas es un libro que tendría que leer todo aquel que quiera acercarse a la poesía desde su verdadero significado y su verdadera complejidad. Se me ocurren pocos ejemplos más claros de lo que es la poesía que esta obra, magnífica, de Antonio Hernández.

Puntos fuertes:

Lo que más me ha gustado: después de dejar clara mi opinión sobre lo literario, voy a destacar que me hace muy feliz saber que este libro, tan brillante como arriesgado, obtuviera lo que merecía: Premio de la Crítica y, sobre todo, Premio Nacional. A esto sí se le puede llamar justicia poética.

Lo que menos me ha gustado: solo podría reprocharme no haberlo leído antes, pero, como digo, puede que este fuera el momento idóneo para hacerlo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“que en la desolación no hay tique de retorno,

ni aun por un instante, hacia la plenitud,

que en la vejez llaman arrugas

a las heridas, alopecia

a la calavera, memoria

al epitafio”.

Antonio Hernández”, en “Nueva York después de muerto”.

Crítica: Dicen que no hablan las plantas

Título: Dicen que no hablan las plantas

Autores: muchos poetas

Propuesta de: Raquel Lanseros y Fernando Marías

Editorial: Anaya

Ilustradora: Raquel Lagartos

Dos detalles me hicieron querer este libro en cuanto salió: lo bonito que parecía (lo es más aún cuando se tiene entre las manos) y que tuviera algo que ver con RaqueLanseros, una de mis poetas actuales favoritas. Y no me equivoqué en hacerme con él.

La edición de Anaya es una absoluta preciosidad. El tamaño, el diseño, las espectaculares ilustraciones de Raquel Lagartos, que cubren las páginas por completo… Estéticamente no se le puede poner ni un solo pero (en mi opinión, solo uno, pero lo dejo para la parte de “lo que menos me ha gustado”).

En cuanto al contenido, nos encontramos con un montón de poemas de autores de la talla de Lorca, Machado, Béquer, Delmira Agustini, Rubén Darío, Rosalía de Castro, César Vallejo… Cincuenta y dos poemas (muchos de ellos, sonetos) que nos hacen recorrer las cuatro estaciones. Sus tonalidades, sus temperaturas, su flora, su fauna, el cambio de la vida según van cambiando ellas… Un viaje en toda regla. Sin levantarse del sofá y respirando, según se lee, la tierra húmeda de otoño, la escarcha invernal, los perfumes florales de la primavera y la sequedad del verano. ¿No es algo maravilloso?

Ya sabéis lo que me gusta la poesía. Por eso, me encanta que una editorial potente como es Anaya apueste por libros como este. Que se apueste por la poesía, por esta poesía, la de siempre, la de los que perduran, de los que no se irán nunca. Y me encanta que lo hagan así, a lo grande. Con un formato grande, en tapa dura, a todo color, con dos grandes como Lanseros y Marías a la cabeza del proyecto y con Lagartosmoviendo sus pinceles. 

Es un libro para tener, desde luego. Para tenerlo bien a la vista, como si fuera un cuadro, pero al alcance de la mano, porque nos pedirá volver a él una y otra vez. Y, también, es un muy buen libro para regalar. Para trabajar las estaciones ligadas a la literatura y a la poesía en el aula también puede ser una herramienta buenísima.

Lo que más me ha gustado: además de todo lo que ya he expuesto, me ha encantado que leer estos poemas me ha llevado a mi infancia. A ese descubrimiento de la poesía que me enamoró desde el principio. Porque, sí, de pequeño no solo leía a Gloria Fuertes. Leí a muchos de los y las poetas que aparecen en este libro. Algunos de esos poemas están aquí, y releerlos me ha hecho sonreír con dientes de leche.

Lo que menos me ha gustado: creo (y esto es cosa mía) que, en un libro cuidado al detalle, usar una tipografía tan simplona no suma. Si no me equivoco, es una Times New Roman de toda la vida, y es una pena. Otra tipografía más cercana a la caligrafía manual habría hecho del libro un objeto aún más bonito y, en el fondo, no es algo complicado de hacer.

¿Conocíais el libro? Si no es así, ¿os interesa?

¡Un abrazo!

“Abandonada al lánguido embeleso

que alarga la otoñal melancolía,

tiembla la última rosa que por eso

es más hermosa cuanto más ardía”.

Leopoldo Lugones, “Rosa de otoño”, en “Dicen que no hablan las plantas”.

Crítica: Individuo armado

Título: Individuo armado

Autor: Cristian Álvarez

Editorial: Letraversal

Este libro llegó a mí de una manera muy especial.

Como os conté hace unos días, @casadellibro me ha hecho uno de sus embajadores (sigo sonriendo solo de pensarlo), y este “Individuo armado” era parte del primer regalo que me hicieron.

Si os soy sincero (y sabéis que siempre lo soy), no conocía este libro ni a su autor ni a la editorial. Por eso, entre otras cosas, me hace tan feliz esto de ser embajador de Casa del Libro: porque me va a descubrir lecturas que, de otra forma, quizá no llegara a conocer.

Siguiendo con la sinceridad, no es la poesía que suelo leer. De hecho, lo empecé con alguna reticencia. Y, sí, me costó algo entrar.

Pero entré.

Y empecé a saborear los versos, la poesía.

Y el sabor, aunque desconocido, se fue pegando a mi paladar.

Y me dejó muy buen sabor de boca. En lo poético, claro, porque es un poemario duro en el que la humanidad (o la deshumanización de lo humano) se expone con las tripas abiertas, entre disparos, tiroteos y masacres. Eso sí, de una forma muy original y (en mi opinión) muy bien resuelta.

Un poemario bien escrito, bien estructurado, bien pensado y, si me permitís la obviedad, muy bien armado.

Además de lo poético, no puedo escribir esta crítica sin hablar del exquisito trabajo de la editorial “Letraversal”Una edición preciosa sin perder la sencillez que la poesía pide. Muy bien cuidada, pero sin florituras innecesarias. La cubierta, en diseño y textura, es perfecta. Elecciones tomadas a la perfección en los aspectos técnicos. Mención especial (no sé si esto es acierto del autor, de la editorial o de ambos) para el poema “Karpestraat [Gante, 19.00 horas]”, que aparece escrito a mano por el poeta. Un detalle que puede parecer absurdo, pero que me ha encantado.

Dicho esto, paso a compartiros algunos versos para que podáis conocer un poco la poesía de Cristian Alcaraz.

“Al presionar vuestra bandera

edifico nuestro nuevo orden social.

Aquí mi tacto. Aquí los bits

que me componen”.

“Yo, ser que recibe,

dudo si soy un hombre

menos hombre.

Cuántas veces han entrado dentro de mí

para modificarme”.

Y, puede que mis versos favoritos del libro, precisamente del poema que aparece escrito a mano:

“Es esto la fascinación: me han enseñado

a retener el duelo

de la gente que se me parece”.

Gracias a Casa del Libro por la copia.

Gracias a Cristian Alcaraz por ser valiente y original, por traernos un poemario que trata de tiroteos, matanzas y armas, y todo lo que suponen para el mundo.

Gracias a Letraversal, por preocuparse por la poesía, por ocuparse de ella, y por hacerlo tan bien.

Gracias, también, a vosotrxs, por leerme siempre que hablo de libros.

“La bomba va a estallar en el bar”.

Wislawa Szymborska

Crítica: El fiel de la balanza

Título: El fiel de la balanza

Autor: Manuel Francisco Reina

Editorial: Cuadernos del laberinto

Aún recuerdo cuando, hace algunos años, fui de los primeros en escuchar algunos de los poemas que dan forma a este libro en la propia voz de Manuel Francisco Reina. Mi amistad con él lo ha convertido en mi hermano, ya sabéis, y aquella tarde en Madrid me quiso hacer ese regalo que hoy, tras un tiempo largo sin publicar poesía, adquiere forma física.

Por esa amistad fraternal, pude vivir buena parte de todas las vivencias que nutren estos versos. Y, por esas vivencias, la lectura de este libro ha sido dolorosa.

Son muchos los años, mucho lo compartido. En ambas casas. Conozco de primera mano todo lo que Manuel lleva dentro y, por eso, duele tanto leerlo una vez que lo ha sacado en forma de poema, aunque ya supiera todo lo que había ocurrido.

Una pena enorme saber que alguien a quien se quiere tanto haya tenido que pasar por esto.

Una pena que haya seres (por llamarlos de alguna forma) tan despreciables y oscuros.

Pero, por suerte, Manuel lleva la luz consigo, en su persona y en su literatura, y su inteligencia y maestríalo llevan a saber redirigir el sufrimiento hacia el propio beneficio, hacia la sanación de la enfermedad y la cauterización de la herida. Como dijo Félix Grande a propósito del maravilloso poemario “La paternidad de Darth Vader”“hay que poner a trabajar al dolor al servicio de la vida”. Y vaya si Reina lo cumple…

Catarsis en estado puro. Dolor. Lágrimas y alguna náusea. Leer este libro es una experiencia física, porque lo que duele se adhiere a la carne y traspasa las murallas óseas para hacerse camino hasta los órganos vitales. Es un libro, en palabras de la maravillosa Raquel Lanseros“que respira, siente y sangra como solo la verdad sabe hacerlo”. Porque hasta en eso acierta este poemario, en contar con una poeta de la talla y la humanidad de Lanseros para encargarse de la contracubierta.

“El fiel de la balanza”, cuyo título ya es premonitorio (además de precioso y preciso), es un poemario en prosa. Que nadie lo confunda con esa mal llamada “prosa poética” que no es más que escribir alguna frase y darle al “enter” del teclado después de un par de palabras. No. Este no es un libro de aforismos ni viene a descubrir nada desde el desconocimiento. Pocos poetas hay en el panorama nacional con la delicadeza, el conocimiento y las tablas de Manuel Francisco Reina. Ha tardado años y ha escrito muchos poemariosantes de lanzarse a escribir poesía en prosa, precisamente (y así me lo transmitió) por la dificultad que entraña. Una vez más, os pido y recomiendo: leed a quien sabe escribir y aprended de quien puede enseñarnos.

El resultado es un poemario absolutamente visceral, escrito desde la entraña, desde el borde del abismo en el que la memoria nos sitúa, en el que los recuerdos tratan de empujarnos al vacío. Un recorrido por una historia tan personal como deshumanizada por una de las partes. Tan llena de dolor y culpa como de aprendizaje y liberación.

Qué difícil es volcar la sangre sobre el blanco, ofrecerse al lector sin más protección que las últimas capas de piel, dispuesto a dibujarse el centro de la diana en la frente. Pero qué necesario. Tanto para quien lo escribe como para quien lo lee. Qué necesaria es, amigos y amigas, la poesía.

Dicho esto (porque me tiraría escribiendo horas y horas), paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

La dificultad: si escribir poesía es complicado, hacerlo en prosa lo es aún más. Solo algunos y algunas de los y las más grandes han sido capaces de salir con dignidad del intento. Autores como Aleixandre, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano (AUTORES), a los que ahora se suma, con demostrado merecimiento, Manuel Francisco Reina.

La valentía: la poesía, en mi opinión, ha de ser valiente. El poeta debe dejar de lado los miedos y las vergüenzas, las posibles miradas reprobatorias o condescendientes. En definitiva, tiene que tener el valor para estrujarse el corazón hasta que sangre. Esa es la poesía que llega o, al menos, la que más me llega a mí. 

La empatía: aunque haber sido partícipe de todo lo que aquí se cuenta es arma de doble filo, conocer muchos de los detalles que a otros pasarán desapercibidos me hace poder adentrarme más aún en este dolor compartido. Lo bueno, lo positivo de esta posición privilegiada por la cercanía es saber que, también, pude estar ahí para el consuelo. Al final, de eso trata la amistad.

El cariño: cuanto más se conoce a Manuel, más se lo quiere. Y cada poema nos lleva a conocerlo un poco mejor. Os animo a hacerlo. A leer su poesía. A conocerlo mejor, porque es una de esas personas sin las cuales el mundo sería más inhabitable.

Mi (pequeña) aportación: que mi nombre aparezca en este libro, aunque solo sea como autor de la fotografía del autor, es un privilegio inmenso que me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: no podría quedarme con una sola cosa, pero diré que leer poesía en prosa, ya que no estoy habituado y es una auténtica gozada.

Lo que menos me ha gustado: nada que ver con lo poético, obviamente. Solo puedo hablar del dolor que me ha causado, sin que eso sea algo negativo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Disfruta del presente pues la posteridad es mía”.

Manuel Francisco Reina, “Mientras dura la fiesta”, en “El fiel de la balanza”.

Crítica: Toda la violencia

Título: Toda la violencia

Autor: Abraham Guerrero Tenorio 

Editorial: Rialp

Este poemario me llegó por varias recomendaciones de personas de las que me fío, al menos en lo literario. Último ganador del “Premio Adonáis” (uno de los más importantes para jóvenes poetas), “Toda la violencia”, en mi humilde opinión y sin haber leído a los finalistas, merecía ganarlo

Lo merecía porque encierra una poesía honesta, personal, cotidiana y bien escrita. Una mezcla de la poesía de siempre con el toque propio de un autor que no tiene remilgos a la hora de desabotonarse las heridas desde un lenguaje tan propio como su propia experiencia.

La violencia, como vemos en las cinco partes del poemario, puede aparecer en todos los planos vitales. La familia. El amor. La muerte. La escritura. El capitalismo. Abraham describe muy bien esas violencias, y lo hace sin pretensiones, sin querer alardear de nada, con un verso descarnado que cuenta, además, con la dificultad de hacerlo sencillo.

Podría decir, sin desmerecer en absoluto esas partes, que puede ser más habitual encontrar esa poesía dolorosa o violenta en temas como la familia, el amor o la muerte. Quizá, aunque se traten desde un nuevo prisma, pues es, como digo, una poesía muy personal, sean temas más comunes. Insisto, sin que esto quiera decir nada contrario a que son muy buenos poemas abordados desde una muy buena postura. Lo que quiero decir con todo esto es que me ha parecido un acierto espectacular encontrar que se trata el tema de la violencia en aspectos tan poco tratados en lo poético como el oficio del escritor y las trampas del capitalismo. Esas dos últimas partes, por mucho que me hayan gustado las tres primeras, son las que más me han gustado. Por lo impropio, sí, pero porque (creo) es donde mejor se ve la esencia de este poeta que escribe sin pensar en ese “qué dirán” que, a veces, tanto limita. 

Licenciado en Filología Hispánica y profesor de lengua castellana, este poeta gaditano nos trae su visión del mundo en un poemario tan verdadero como esa violencia cotidiana que nos rodea.

Y a mí, que me encanta ver que no todos los jóvenes que quieren ser poetas se conforman con cualquier cosa, me alegra mucho descubrir a Abraham Guerrero Tenorio desde su esencia, que es su poesía.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El premio: ya sabéis que el tema de los premios literarios es bastante controvertido. Todos sabemos que, muchas veces, se mueven otros intereses ajenos a la calidad de los premiados, así que me gusta mucho descubrir que un premio tan importante como el “Adonáis” se aleja de lo naif y reconoce el trabajo de lo real. 

Lo personal: aunque me suele cansar la poesía cuando se abusa de lo personal, cuando solo se escribe desde lo que el poeta ha sufrido y el verso es siempre en primerísima persona (algo que me impide, si se repite más de la cuenta, en integrarme en la poesía), Abraham sabe compensar sus vivencias más dolorosas con una apertura hacia esa otredad que, al menos en mi caso, engancha más. Muy bien resuelto.

El tema: ya sabéis que la poesía que más me gusta es la que duele, y esta duele bastante. Maltrato, suicidio, soledad, pobreza… En este sentido, no le puedo pedir más a un poemario.

Lo que más me ha gustado: como he dicho al principio, las dos últimas partes: “Cuarta violencia” (sobre la escritura) y “Quinta violencia” (sobre el capitalismo). Me han hecho reflexionar sobre esos temas y sus consecuencias.

De “La luz azul” (Cuarta violencia):

“Y sin embargo yo, escribiendo

con las rodillas huérfanas

la constante deriva de la noche,

sintiendo el resplandor azul de la pantalla

abriéndose camino

hacia el oscuro centro de mi pecho”.

De “Chicos de barrio” (Quinta violencia):

“Hoy algunos, en paro y sin salida,

sentados en los bancos de la plaza

se miran las uñas y se preguntan

qué hacer con tanta tarde entre las manos”.

Sin duda, un muy buen poemario de un poeta joven que merece ser leído. Recomendado al cien por cien.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, para tratarse de un premio tan prestigioso como este, la edición no es para tirar cohetes. Demasiado simple, en mi opinión. 

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Nosotros,

estirpe de padres sin hijos,

ofrecemos nuestras manos vacías”.

 “Ofrenda”, Abraham Guerrero Tenorio

Día Mundial de la Poesía

Me ocurre algo con la literatura que se hace aún más grande con la poesía.

Si veo un libro anunciado por todas partes (medios de comunicación, sobre todo) y recomendado por todas partes (esas listas dirigidas por los medios de quienes dependen ciertas editoriales), suelo desconfiar.

Si ese libro es de poesía (o pretende serlo), desconfío por completo.

¿Alguna vez habéis visto anunciado en la televisión o metido con calzador en un programa televisivo un poemario? Un poemario de los de verdad, quiero decir, de los que escriben poetas de verdad. Yo, tampoco.

Para leer buena poesía, por desgracia, hay que escarbar mucho. Hay que buscar en otros canales que se alejan mucho de las luces y la purpurina, que están a años luz de las pantallas. Con la poca poesía que se lee (por desgracia), ¿de verdad pensáis que influencers que nada tienen que ver con la literatura saben recomendar un buen poemario?

En las grandes librerías, además, los “poemarios” que están más a la vista son los que han escrito famosos, youtubers, influencers, cantantes, actores o actrices… Y te las ves y te las deseas para encontrar, por nombrar a algunos y algunas poetas, a Alberti, José Hierro, Guadalupe Grande, Manuel Francisco Reina, Raquel Lanseros, Francisca Aguirre, Ángela Figuera Aymerich, Pilar Paz Pasamar y muchos y muchas más que son figuras e historia de la poesía. Y es una verdadera pena. He llegado a ir a la sección de poesía de unos grandes almacenes y ver poemarios de todos esos “poetas” de los que hablo al principio de este párrafo y no encontrar ni un solo libro de García Lorca

Huyo, también, de los poemarios repletos de ilustraciones (preciosas, todo sea dicho), con tapa dura, a todo color, casi con destellos. No tengo ni un solo libro de poesía de todos esos poetas que he nombrado que sea así. Ninguna de las editoriales que publica poesía, como Hiperión, Pre-textos, Calambur, Visor, Renacimiento, Rialp o Cuadernos del laberinto, por poner algunos ejemplos, son así. Son libros sencillos. Libros que no necesitan de brillos que no sean los que aportan sus poemas. Si hay que adornar tanto unos (supuestos) versos, qué malos han de ser…

Por eso, a quienes queráis leer poesía, os pido que no os quedéis en lo básico. Que puede que iniciarse leyendo “poesía” simple pueda ayudar a leerla, pero la poesía no es simple, por suerte. Hay poesía sencilla de leer en poetas de verdad. Desconfiad de un “poemario” publicitado y promocionado a bombo y platillo, indagad en la trayectoria de su autor o autora, contrastad si su éxito se debe a la calidad de su literatura o a la cantidad de seguidores que tiene en redes (y esto vale para toda la literatura). Hay poetas buenísimos y buenísimas con cientos de premios de poesía en su carrera (algo tendrá que ver la calidad) que no están en ninguna librería, en contraposición a libros de algo que no sé definir, pero que no son poesía, en escaparates y en primera línea de las estanterías. Libros que han escrito personas cuyo único mérito es tener ese ejército de seguidores que asegurará unas ventas. Si no fuera así, ¿por qué editoriales de las más potentes y que nunca publican poesía, sí lo hacen ahora, con esos personajes? El negocio no es poesía, por mucho que a algunos les duela leerlo.

Dicho esto, quiero poner altavoz a esos y esas poetas que no necesitan focos ni editoriales gigantes ni un séquito de seguidores ni ilustraciones ni colores ni fantasías para regalarnos poemarios de verdad. Poemarios escritos desde el respeto, desde el estudio, desde el conocimiento, desde lo clásico, desde lo que se necesita para escribir poesía.

Ahí os dejo algunos nombres de poetas, con mayúsculas, y de algunas editoriales en las que se puede confiar.

Huid de la purpurina y de los nombres famosos. La poesía, amigos y amigas, no es eso.

Feliz Día Mundial de la Poesía.

“Una verdad que borre el caos que la guía

una verdad que nos defienda del terror

que nos hizo humanos y mortales”.

Francisca Aguirre

Crítica: El secreto del oso hormiguero

Título: El secreto del oso hormiguero

Autora: Beatriz Osés

Ilustradora: Miguel Ángel Díez

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

Primer poemario ganador del “Premio de Poesía para Niños y Niñas Ciudad de Orihuela”, en 2008, inaugurando un concurso tan necesario como este para la poesía infantil. Y qué primer premio… 

Una historia a través de los sueños, de los secretos, de los misterios. Una historia con animales tan variopintos como un oso hormiguero, un bicho-bola, un tigre y hasta un gamusino. Originalidad sin perder las formas. Versos muy bien hilados para comprender esta historia. Porque, sí, el libro cuenta una historia, tan bonita al principio como al final.

Lo que más me ha llamado la atención del poemario es cómo un poema se une con otro, cómo el poemario va avanzando poema a poema, verso a verso, hasta llegar a un final que nos hace (a mí, al menos) cerrar el libro con una sonrisa llena de ternura.

La autora, Beatriz Osés, tiene un bagaje literario envidiable, pero de envidia sana, porque es de esas autoras trabajadoras al máximo, cuidadosas con su literatura y, además, cercana y agradable como se ve pocas veces. Un placer conocerte gracias a los libros, Beatriz.

Dicho esto, paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

El significado: ser el primer “Premio Orihuela” tiene un significado de una importancia espectacular y, me imagino, un honor impresionante para su autora. Además, lo merece. 

La “historia”: ese eslabonamiento de poemas me parece espectacular. Pocas veces he visto un hilo tan claro en un poemario infantil, desde el inicio hasta el final. Muy, muy buena idea.

La edición: como siempre que tengo un libro de Kalandraka en las manos, la edición es una maravilla. 

Lo que más me ha gustado: además de lo que he disfrutado leyéndolo, haber podido iniciar lo que se me antoja como una muy buena amistad con su autora, de la que, seguro, os hablaré más de una vez y a quienes os recomiendo buscar desde ya.

Lo que menos me ha gustado: no le pongo ni un pero. La poesía es muy buena, la edición es muy buena y las ilustraciones son muy buenas. Un libro, en mi opinión, perfecto.

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais ala autora? Si no es así, ¿me haréis caso y buscaréis alguno de sus libros?

¡Un abrazo!

“La vieja tortuga

bajo las estrellas

se siente menuda”.

Bajo las estrellas, Beatriz Osés