Crítica: De las horas sin sol

Título: De las horas sin sol

Autor: Marina Casado

Editorial: Huerga & Fierro

Adquirido en: Caseta de Huerga & Fierro, Feria del Libro de Madrid

Muchos se preguntan para qué sirve la poesía. Por qué, en los tiempos que corren, sigue habiendo personas que siguen escribiendo poemas. Un género que casi nadie lee. Que es complicado de encontrar en la mayoría de librerías. Un género sobre el que (dicen) ya está todo inventado.

Por otra parte, muchos hemos hablado acerca de esa nueva (y mal llamada) nueva corriente poética, tan abundante en redes sociales como carente de calidad poética. Esos textos (ya sabéis que me niego a llamarlos poemas) se leen, se comparten, dan dinero y seguidores… La única explicación que he encontrado cuando he preguntado por ahí es que “es sencilla y se entiende”. Vamos, que ni se han parado a leer a poetas que escriben poesía de verdad y que se entiende y que nos (les) gusta lo simple, lo inmediato, lo que no les hace dedicar más de un segundo. Insisto: a mí, no me vale con eso.

Vuelvo a esta nueva crítica dos días después de haber tenido el inmenso honor de escuchar a Antonio Gamoneda hablar de poesía, además de recitarla. En su intervención, que escuché con el vello de punta, dijo que, a esos “poetas realistas” (así llama él a quien dice escribir poesía sin pudor ni vergüenza), siempre les dice lo mismo: “No se escribe la vida. Se vive la escritura”. Y yo, que sabéis que tengo un respeto enorme por los grandes poetas, no voy a añadir más al respecto.

Volviendo al primer párrafo, la poesía sirve. Claro que sirve. Y este “De las horas sin sol”, de Marina Casado, es un claro ejemplo de esta afirmación. En un rato sabréis por qué.

A Marina llegué después de que @elgeneracional , a través de @williamalex_26 ,la entrevistara. Como ha sido la siguiente en hablar de poesía después de mi entrevista, me interesé en leerla y vi, con alegría, que opinábamos de forma muy parecida respecto a lo que he expuesto antes. Además, viendo lo que tenía escrito hasta ahora, me llamó mucho la atención este poemario que hoy os traigo, y lo hizo por la simple razón de que, por desgracia, tenemos algo en común: haber perdido a uno de nuestros padres demasiado pronto. Este “De las horas sin sol” habla, precisamente, de esa pérdida que sufrió la autora, convirtiéndose en un precioso homenaje a su padre y, al mismo tiempo, en una terapia aplicada a sí misma a través de los versos, gracias a la poesía. Del mismo modo, y de forma indirecta, también me ha servido a mí para volver al recuerdo de mi madre, para verla en algunos de los poemas de Marina, para recuperar con más fuerza aún su recuerdo y, tal y como hizo ella al escribirlos, homenajearla con la lectura. Fijaos si la poesía sirve de algo…

El libro lo compré en esta maravillosa Feria del Libro de Madrid que tanto he disfrutado este año, con la suerte de que Marina vino a verme firmar y pudo dedicármelo “con la terrible conciencia de que me comprendes”. Y tanto que te comprendo. Y tanto que es terrible.

Poeta joven, pero con un buen catálogo de libros, madrileña, sincera, profesora de Lengua y Literatura, Licenciada en periodismo, Doctora Cum Laude en Literatura Española… Y, desde que cruzamos un par de palabras por redes y nos pusimos cara en El Retiro a los pocos días, amiga y poeta a la que seguiré leyendo, sin duda.

Porque, no. No todos los poetas jóvenes pertenecen a ese grupo de “poetas realistas” del que hablaba Gamoneda. No todos escriben desde la ignorancia y la falta de interés en la poesía. No todos viven por y para las redes y sus miles de seguidores. También hay poetas jóvenes, como Marina, que se toman muy en serio esto de escribir poesía. Que la leen, la trabajan, la respetan y la hacen aún más grande. Porque, sí. Sigue habiendo poetas a quienes merece la pena descubrir y leer.

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado:

Del poema Western, domingo

Tengo los ojos llorosos de pretéritos.

Tengo todos los sueños conspirados

para perder la fe en la realidad.

La vida se disfraza de domingo

con las alas cerradas.

Del poema La eternidad

Y cuando nos sonríe,

es también tu sonrisa

la que vive por dentro de sus labios,

y algo en la noche que no acaba

me descifra, despacio,

el guiño triste y victorioso de la eternidad.

Dicho esto, voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: haber descubierto a una nueva (para mí) poeta y ver que nos unen tantas cosas, algunas terribles; otras, maravillosas.

Lo que menos me ha gustado: que ahora tendré que hacerme con más poemarios de Marina. Para empezar, “Este mar al final de los espejos”, poemario ganador del Premio Carmen Conde de Poesía.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Cada ciudad escoge un corazón para llorarlo.”.

Fragmento de “Todas las lluvias que pasé contigo”, Marina Casado

Crítica: A mar abierto

Título: A mar abierto (poesía 1973-2003)

Autor: Elsa López

Editorial: Hiperión

Cuando me dejo aconsejar por personas que saben infinitamente más que yo de poesía, rara es la vez que no aprendo algo nuevo.

Hace ya tiempo que tenía en casa estos treinta años de la poesía de Elsa López y, por fin, me puse a leerla.

Fue complicado encontrarla. Será que no tiene miles de seguidores en Instagram o que no ha salido lo suficiente en la tele, pero me costó recorrerme varias librerías hasta dar con una que había tenido a bien darle cobijo a esta poeta tan maravillosa.

Nacida en Guinea Ecuatoria, vivió en La Palma, Madrid y Córdoba, ciudades en las que, entre otras tareas, preside la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, funda Ediciones La Palma (que publica, principalmente, poesía) o dirige la Fundación Antonio Gala.

En cuanto a su poesía, sin ser yo crítico, me arriesgaré a decir que recorre la senda de la naturaleza, de los mares, del amor, de lo erótico, de la maternidad, del desamor… Y lo hace con sencillez, con un vocabulario que no se enreda en complicaciones, lo que nos regala una poesía fácil de leer.

A lo largo de distintos poemarios, Elsa López se ha convertido para mí en una muy buena maestra del alejandrino. Y no solo eso, también me ha cautivado con esos versos tan suyos de veintiuna sílabas, agrupadas en tres golpes de siete sílabas cada una.

Pobres esos que dicen que escriben poesía, pero que nunca la leen…

En este libro constas los poemarios:

A esta obra poética sumará, también otros tantos poemarios, además de varias novelas, libros sobre antropología y guiones. Lo que se dice una mujer prolífica.

Elsa es una más de tantas poetas españolas poco consideradas para lo importantes que son. La sumo a ese elenco de Ángela Figuera AymerichPaca Aguirre o Gloria Fuertes, con la única diferencia de que, por suerte, Elsa López sigue viva. Muy, muy, muy buena poeta (aunque esto no lo haya descubierto yo…).

Lo que más me ha gustado: como he dicho antes, poder leer alejandrinos tan bien construidos y tan potentes. Ya me he lanzado a escribir algunos poemas usando este verso, como en el último que publiqué en Instagram.

Lo que menos me ha gustado: evidentemente, hay algunos poemarios que, por temática o tipo de poesía, me han gustado menos, como es el caso de “La casa cabrera”, pero no es eso lo que menos me ha gustado. Ese “honor” se lo dejo a la inmensa cantidad de erratas que contiene el libro. Tratándose de Hiperión y de una antología, la verdad es que esperaba un libro mucho más pulido. Una pena…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Tengo medido el mar

y averiguado el modo de envejecer la tarde”.

Elsa López

Crítica: Ítaca

Título: Ítaca

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Tigres de Papel, Colección Genialogías

Pocos poemarios me han sacudido tanto como este maravilloso “Ítaca”, de mi queridísima y admiradísima Francisca Aguirre. Su “Los trescientos escalones”“La paternidad de Darth Vader”, de mi requeridísimo y readmiradísimo Manuel Francisco Reina“Toco la tierra”, de Ángela Figuera Aymerich… Pocos libros de poemas hay a los que vuelva una vez tras otra, para leer y releer los poemas que me erizan la piel y me aceleran o ralentizan el corazón, algo que solo me ocurre cuando leo esta poesía, esta que dignifica al género, esta que se escribe con la inalcanzable grandeza que solo tienen unos pocos poetas, como los tres mencionados.

A Paca ya la tengo más que descubierta y no sabéis lo que me arrepiento de haber sido tan idiota de no provocar un encuentro con ella, aprovechando su inmensa amistad con Manuel Francisco Reina. Sí coincidí con ella y con Félix Grande en la presentación en el Ateneo de una novela de Reina, pero mi pudor y mi falta de atrevimiento para esas cosas nunca me llevaron a pedir el favor de haber podido tomarme un café con ella. Habría sido un regalo precioso…

Este poemario, mezcla de lo poético, lo mitológico y lo personal, es un círculo perfecto en lo artístico, una obra maestra de una maestra como lo fue y es Francisca Aguirre, una lectura obligada para aquellos que se consideren dignos lectores de poesía. Cuánto hay que aprender, aún, de quienes pueden enseñarnos algo sin pretenderlo, y qué poco se aprende (si es que se aprende algo) de quienes pretenden enseñar sin haber aprendido ellos primero. Leer a Paca es temblar, es sentir ese pellizco tan suyo en cada verso, leer un poema, cerrar el libro y los ojos, suspirar, dejar que su sabor invada cada hueco del cuerpo, volver a abrirlo y leerlo de nuevo. Es volvernos egoístas en la lectura por simple disfrute y por ver si se nos queda algo de poso en los dedos y en la memoria literaria. Qué delicia es leer a esta poeta, amigos y amigas. Qué delicia.

No he puesto post-its porque creo que es un poemario que ha de leerse de principio a fin, sin pasar por encima ningún poema, porque ese círculo perfecto quedaría mellado. El periplo de Paca y de su sombra convertida en Penélope ha de caminarse siguiendo todos sus pasos, tratando de hacer coincidir nuestras huellas con las suyas, acompañándolas en ese viaje, dejándonos arrastrar junto a ellas, perdiéndonos en su diálogo sin perdernos ni una sola de las palabras que se dirigen la una a la otra.

No puedo hacer esta reseña sin destacar la impagable labor que la Editorial Tigres de Papel, con esta Colección Genialogías se ha propuesto hacer. Relanzar poemarios de nuestras mejores poetas en estas ediciones tan cuidadas, tan respetadas, tan abrazadas, es digno de agradecer, y mucho. Además, tanto el prólogo de Marta Agudo como la entrevista que Isabel Navarro le hizo a Paca en 2016 y que sirve de broche para cerrar este libro son, también, textos en los que detenerse y respirarlos con toda la profundidad posible. Qué necesario es rescatar y ensalzar a todas estas poetas sin las cuales seríamos un poco más huérfanos en lo poético.

Aunque mis reseñas terminan con los puntos fuertes y débiles y lo que más y lo que menos me ha gustado, no tendría sentido hacerlo en esta. Cierto es que hay poemas que me han gustado más que otros, pero no sería capaz de decir qué es lo mejor de este poemario, quitando lo que ya he dicho, y, por supuesto, no tendría ni un solo motivo para hablar de cualquier debilidad entre sus versos. Quizá, por decir algo, no haberlo leído antes…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“No te asustes de la voracidad

de los que te aman:

su turno es anterior a los gusanos”.

Paca Aguirre, Telar, Ítaca