Pido la paz y la palabra

Título: Pido la paz y la palabra

Autor: Blas de Otero

Editorial: Lumen

No creo que sea necesario hacer una reseña de este libro.

No lo creo, sencillamente, porque es uno de los libros de poesía más importantes que se han escrito jamás en castellano.

Porque no me atrevo a opinar sobre la poesía de un poeta de la talla de Blas de Otero.

Porque hay comentarios que no son necesarios.

Un poemario fundamental, por la época (1975), por el tema (poesía social y denuncia de lo vivido en España) y porque esa denuncia, por desgracia, podría hacerse, también, en nuestros días.

Solo os invito a leer este “Pido la paz y la palabra”, esencial en nuestra poesía, la española, para ser más conscientes aún de los y las poetas tan inmensos que hemos tenido y tenemos sin salir de nuestras fronteras.

Solo os invito a pedir, como lo hizo Blas de Otero, la paz y la palabra, aparcando este discurso del odio tan antiguo como innecesario y peligroso. 

Ante el odio y la violencia, paz. Ante los gritos y los escupitajos, palabra.

Ante el horror, poesía.

“Otros vendrán. Verán lo que no vimos.

Yo ya ni sé, con sombra hasta los codos,

por qué nacemos, para qué vivimos”.

Fragmento de “Yo soy aquel que ayer no más decía”, en “Pido la paz y la palabra”, Blas de Otero

Entrevista en El Generacional

No puedo dejar de insistir en la de momentos bonitos que siempre me ha traído la poesía.

Esta entrevista, en la que hablo como siempre lo he hecho sobre este género que tanto me fascina, además de hablar sobre el proceso de escritura, mi trayecto como escritor, la educación o mis otros libros, es uno más de esos momentos que tanto disfruto.

Gracias a William Alexander González Guevara por contactarme y recibir con tanto cariño mis palabras y gracias, también, a El Generacional, por acoger a la cultura entre sus páginas.

Os dejo con el enlace para que podáis leerla:

Crítica: A mar abierto

Título: A mar abierto (poesía 1973-2003)

Autor: Elsa López

Editorial: Hiperión

Cuando me dejo aconsejar por personas que saben infinitamente más que yo de poesía, rara es la vez que no aprendo algo nuevo.

Hace ya tiempo que tenía en casa estos treinta años de la poesía de Elsa López y, por fin, me puse a leerla.

Fue complicado encontrarla. Será que no tiene miles de seguidores en Instagram o que no ha salido lo suficiente en la tele, pero me costó recorrerme varias librerías hasta dar con una que había tenido a bien darle cobijo a esta poeta tan maravillosa.

Nacida en Guinea Ecuatoria, vivió en La Palma, Madrid y Córdoba, ciudades en las que, entre otras tareas, preside la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, funda Ediciones La Palma (que publica, principalmente, poesía) o dirige la Fundación Antonio Gala.

En cuanto a su poesía, sin ser yo crítico, me arriesgaré a decir que recorre la senda de la naturaleza, de los mares, del amor, de lo erótico, de la maternidad, del desamor… Y lo hace con sencillez, con un vocabulario que no se enreda en complicaciones, lo que nos regala una poesía fácil de leer.

A lo largo de distintos poemarios, Elsa López se ha convertido para mí en una muy buena maestra del alejandrino. Y no solo eso, también me ha cautivado con esos versos tan suyos de veintiuna sílabas, agrupadas en tres golpes de siete sílabas cada una.

Pobres esos que dicen que escriben poesía, pero que nunca la leen…

En este libro constas los poemarios:

A esta obra poética sumará, también otros tantos poemarios, además de varias novelas, libros sobre antropología y guiones. Lo que se dice una mujer prolífica.

Elsa es una más de tantas poetas españolas poco consideradas para lo importantes que son. La sumo a ese elenco de Ángela Figuera AymerichPaca Aguirre o Gloria Fuertes, con la única diferencia de que, por suerte, Elsa López sigue viva. Muy, muy, muy buena poeta (aunque esto no lo haya descubierto yo…).

Lo que más me ha gustado: como he dicho antes, poder leer alejandrinos tan bien construidos y tan potentes. Ya me he lanzado a escribir algunos poemas usando este verso, como en el último que publiqué en Instagram.

Lo que menos me ha gustado: evidentemente, hay algunos poemarios que, por temática o tipo de poesía, me han gustado menos, como es el caso de “La casa cabrera”, pero no es eso lo que menos me ha gustado. Ese “honor” se lo dejo a la inmensa cantidad de erratas que contiene el libro. Tratándose de Hiperión y de una antología, la verdad es que esperaba un libro mucho más pulido. Una pena…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Tengo medido el mar

y averiguado el modo de envejecer la tarde”.

Elsa López

Crítica: Nueva York después de muerto

Título: Nueva York después de muerto

Autor: Antonio Hernández

Editorial: Calambur

He querido leer a los poetas que han valorado y premiado mi libro, y he empezado por recuperar este “Nueva York después de muerto”, de Antonio Hernández, de quien había leído algunos versos.

Lo primero que tengo que decir es que no sé qué es esto, pero no es un libro. No sé qué hay escrito en sus páginas, pero no es poesía. Tengo algún conocimiento sobre la obra de Antonio Hernández, pero sé que no es poeta.

“Nueva York después de muerto” es otra cosa. Lo escrito en él son otra cosa. Antonio Hernández es otra cosa.

Este monumento poético, este homenaje a la poesía y a los poetas, este terremoto en verso no puede definirse solo como un poemario, como un libro de poesía, del mismo modo que a Antonio Hernández no se le puede considerar solo un poeta.

He leído mucha poesía y he buscado, casi siempre, consejo en quienes más saben de poesía para leer a determinados y determinadas poetas. Me he enamorado de Paca Aguirre, de Ángela Figuera Aymerich, de Miguel Hernández, de Lorca, de Gioconda Belli, de Raquel Lanseros, de Manuel Francisco Reina… He intentado, casi siempre, leer a poetas de quienes pudiera aprender, con los que pudiera crecer, además, por supuesto, de tratar de leer a poetas con quienes me emocionara, con quienes me sacudiera, con quienes dejaran poso.

No sé por qué he esperado tanto para leer a Antonio Hernández, quizás era este el momento preciso. La respuesta es “sí”. También me he enamorado de Antonio. 

Este libro es, además de un libro de poesía, un libro de historia, una novela, una obra de teatro, un ensayo, un artículo periodístico y, seguramente, mucho más. No soy experto en el término de “poesía total”, pero, aun sin serlo, está claro que este libro engloba ese concepto de principio a fin.

Ya la razón de su existencia, esa promesa de Antonio a su maestro, Luis Rosales, de que él escribiría el libro que su próxima muerte no le permitiría escribir a él, es poesía en sí misma. Qué reto, ¿no os parece? Prometerle a tu maestro (ni más ni menos que a Rosales) que tú vas a escribir el libro con el que él quiso cerrar el círculo de su obra. Qué reto, sí, y qué promesa tan generosa y tan bella.

No sabremos cómo habría sido este “Nueva York después de muerto” escrito por Rosales, pero sí tenemos la certeza de que, escrito por Hernández, es una auténtica obra de arte y una, permitidme decirlo, absoluta barbaridad. 

Por algún motivo este libro es “Premio de la Crítica de Poesía Castellana”, en 2013, y “Premio Nacional de Poesía”, en 2014.

El título ya es clara evidencia del germen del libro. Sumar que la idea fue de Rosales confirma la sospecha, si es que la hubiera. Federico García LorcaNueva YorkLuis Rosales. Y, como hilo unificador de tres puntas, Antonio Hernández.

En pocos textos podrá saber más sobre Lorca, Rosales, Nueva York y el propio Hernández (que dan forma a un todo exquisito) que en este poemario no de discípulo, sino de maestro. De poeta con todas las letras. De poeta a quien no le falta nada. Esta aleación de géneros, de ciudades y de poetas es un libro que tendría que leer todo aquel que quiera acercarse a la poesía desde su verdadero significado y su verdadera complejidad. Se me ocurren pocos ejemplos más claros de lo que es la poesía que esta obra, magnífica, de Antonio Hernández.

Puntos fuertes:

Lo que más me ha gustado: después de dejar clara mi opinión sobre lo literario, voy a destacar que me hace muy feliz saber que este libro, tan brillante como arriesgado, obtuviera lo que merecía: Premio de la Crítica y, sobre todo, Premio Nacional. A esto sí se le puede llamar justicia poética.

Lo que menos me ha gustado: solo podría reprocharme no haberlo leído antes, pero, como digo, puede que este fuera el momento idóneo para hacerlo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“que en la desolación no hay tique de retorno,

ni aun por un instante, hacia la plenitud,

que en la vejez llaman arrugas

a las heridas, alopecia

a la calavera, memoria

al epitafio”.

Antonio Hernández”, en “Nueva York después de muerto”.

Los inicios de “Escrito bajo las uñas”

Como os he dicho, quiero compartir una pincelada de cómo fue el “nacimiento” de “Escrito bajo las uñas”, el poemario ganador del XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala.

Todo empezó con una palabra: CONTRADICCIÓN.

Esa palabra empezó a dar vueltas por mi cabeza, pensando en escribir un poemario que hablara de lo contradictorios que somos los seres humanos casi siempre.

Llevo mucho tiempo leyendo poesía, y leyendo a autores que van en la línea que me gusta leer y, por lo tanto, me gusta escribir (salvando las distancias, obviamente). He leído a Manuel Francisco Reina, a Francisca Aguirre, a Ángela Figuera Aymerich, a Guadalupe Grande, a Pilar Paz Pasamar, a Gioconda Belli, a Raquel Lanseros… 

Esa parte, la poética, la tenía más o menos cubierta. Suerte la mía de tener el maestro que tengo.

Me faltaba llenar la parte filosófica. Sabía que necesitaba darle una base filosófica firme, y, ahí, cojeaba un poco más.

Por eso, recurrí a la lectura de clásicos (Cicerón, Aristóteles, Séneca…) y, sobre todo, acudí a mi amigo Juanjo, profe de filosofía. Le dije la idea que tenía, pensó sobre ella y, un día, en mi casa, escribí diez caras de este cuaderno con sus recomendaciones, sus pensamientos, sus sugerencias.

A partir de ahí, escribir, escribir y escribir (y leer, leer y leer) hasta que me pareció suficiente.

Después fue “solo” revisar, corregir, pensar en la estructura, en el orden, en las citas…

Y, sí, parece que, como aparece en el cuaderno, he podido escribir “un final maravilloso”.

Qué difícil es escribir poesía. Siempre lo he dicho y, ahora que publico mi primer poemario, lo ratifico.

Eso sí, qué satisfactorio es…

En las fotos veréis, además del cuaderno, el boli (que era de mi madre) con el que escribí las anotaciones y ese primer poema escrito a mano.

El resto, como sabéis, es todo felicidad

XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala

Han pasado ya tres días desde que recibí la que, casi con toda seguridad, fue la llamada telefónica más bonita de mi vida.

En esa llamada, el concejal de cultura del Ayuntamiento de Alhaurín El Grande, me comunicaba que mi poemario “Escrito bajo las uñas” había ganado el XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala, tras lo que fueron hablándome los integrantes del jurado, que son (ahí es nada) Manuel Salinas (presidente), Antonio Carvajal (Premio Nacional de Poesía), Antonio Hernández (Premio Nacional de Poesía y dos veces Premio Nacional de la Crítica, aunque no pudo estar) y Belén Molina (profesora en la Universidad de Málaga).

Creedme si os sigo que, durante la llamada, estaba ido. Escuchaba las voces como si me llegaran desde muy lejos, desde un sueño tan recurrente que me parecía, de nuevo, una ilusión.

Pero esas voces eran reales. Esas voces de maestros y expertos en poesía me estaban dando las razones por las que mi poemario había ganado el premio, con unanimidad del jurado y compitiendo contra otros 291 poemarios (record del premio), y ya solo pude luchar por no llorar durante la llamada.

Porque me emocioné muchísimo. 

Porque fue una sensación de “tanto tiempo luchando y el reconocimiento acaba de llegarme, ya está aquí, es una realidad”. Y es una sensación maravillosa, aunque me tiene bloqueado por completo.

Supongo que es normal que cueste tanto asimilar un primer premio, más aún si es uno tan importante como este. Si no lo es, seré raro, porque no soy capaz de asimilarlo.

Por el momento, solo me vienen un montón de imágenes a la cabeza.

Imágenes de todos los libros que he leído, especialmente los de poesía, que han sido siempre los que me han desgarrado (quizá, por eso, me hace tan feliz haber recibido mi primer premio literario como poeta).

Imágenes de todo lo que he escrito, desde esos primeros poemas a mi madre; de los cuentos que presentaba en el concurso de cuentos del trabajo de mi padre (y que gané en varias ocasiones); de los relatos y poemas con los que participaba en el concurso literario que organizaba mi instituto (con varios premios, también); de mis profesoras (todas mujeres) de lengua y literatura que he tenido desde la primaria hasta la universidad, que siempre me animaron a escribir porque veían algo en mí (mención especial a mi queridísima profesora de “Didáctica de la Lengua” y “Lectura y escritura creativa” en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, Marta Yolanda de Hoyos, que siempre supo que tenía que escribir “en serio”; de quienes me leéis y me seguís allá por donde vaya con mis historias…

Tengo que dedicar unas palabras destacadas, como siempre he hecho, a mi maestro: Manuel Francisco Reina. De este hecho, poder llamarlo “mi maestro” (porque lo es), tampoco soy del todo consciente, a pesar de que nos unen ya casi veinte años de amistad o, más bien, de unión familiar, porque es un hermano con todas las letras. Persona excepcional, generoso como pocos y con un talento literario inconmensurable, ha sido quien me ha guiado, quien ha sido (por suerte para mí) despiadado con los poemas que le he ido mostrando, quien me ha dicho “lee a este poeta, y a esta otra, y busca este libro, y lee y lee y sigue leyendo”, quien me ha enseñado tantísimo sobre poesía. No me puedo sentir más orgulloso de tenerlo en mi vida.

Tampoco puedo olvidarme de mi amigo Juanjo, a quien le pedí, una vez que tenía clara la línea que quería que siguiera este poemario, que me diera una “clase magistral” de filosofía, y llené más de ocho folios con anotaciones mientras lo escuchaba. Él siempre vio en mi a un poeta, y me ha acompañado, también, en cada poema que iba escribiendo y le mostraba, aportando siempre su lúcida visión filosófica de la vida.

Amigos, amigas, familia, mis primos y primas, mis tíos y tías, mi padre, mi madre… Mamá, te tengo constantemente en la cabeza, visualizando lo feliz que estarías en este momento, cómo lo estaríamos celebrando. No habría nada ni nadie capaz de quitarte la sonrisa de la cara. Este reconocimiento, como todo lo que consiga en la vida, será para ti. No sabes cuánto me faltas, pero tienes que saber que la literatura, especialmente la poesía, me sirve para revivirte y seguir teniéndote lo más cerca posible… 

Y no puedo decir mucho más, que estaréis hasta el gorro de leerme.

Que estoy muy feliz y deseando ver qué ocurre a partir de ahora, porque esto es un antes y un después en mi carrera literaria y me hace pensar que, quizá, sí; que puede que tenga algo que aportar a la poesía; y que, desde luego, voy a seguir escuchando, leyendo y aprendiendo, porque es la única forma de mejorar.

Os dejo la nota de prensa con la noticia y, si queréis ver el vídeo de la televisión local, no tenéis más que ir a mi Instagram, @jpozosoriano , donde está colgado.

Gracias, siempre, por estar.

Gracias, siempre, por leerme.

https://www.europapress.es/andalucia/malaga-00356/noticia-poemario-escrito-jorge-pozo-soriano-gana-xv-premio-poesia-antonio-gala-alhaurin-grande-20210520154533.html

Crítica: Dicen que no hablan las plantas

Título: Dicen que no hablan las plantas

Autores: muchos poetas

Propuesta de: Raquel Lanseros y Fernando Marías

Editorial: Anaya

Ilustradora: Raquel Lagartos

Dos detalles me hicieron querer este libro en cuanto salió: lo bonito que parecía (lo es más aún cuando se tiene entre las manos) y que tuviera algo que ver con RaqueLanseros, una de mis poetas actuales favoritas. Y no me equivoqué en hacerme con él.

La edición de Anaya es una absoluta preciosidad. El tamaño, el diseño, las espectaculares ilustraciones de Raquel Lagartos, que cubren las páginas por completo… Estéticamente no se le puede poner ni un solo pero (en mi opinión, solo uno, pero lo dejo para la parte de “lo que menos me ha gustado”).

En cuanto al contenido, nos encontramos con un montón de poemas de autores de la talla de Lorca, Machado, Béquer, Delmira Agustini, Rubén Darío, Rosalía de Castro, César Vallejo… Cincuenta y dos poemas (muchos de ellos, sonetos) que nos hacen recorrer las cuatro estaciones. Sus tonalidades, sus temperaturas, su flora, su fauna, el cambio de la vida según van cambiando ellas… Un viaje en toda regla. Sin levantarse del sofá y respirando, según se lee, la tierra húmeda de otoño, la escarcha invernal, los perfumes florales de la primavera y la sequedad del verano. ¿No es algo maravilloso?

Ya sabéis lo que me gusta la poesía. Por eso, me encanta que una editorial potente como es Anaya apueste por libros como este. Que se apueste por la poesía, por esta poesía, la de siempre, la de los que perduran, de los que no se irán nunca. Y me encanta que lo hagan así, a lo grande. Con un formato grande, en tapa dura, a todo color, con dos grandes como Lanseros y Marías a la cabeza del proyecto y con Lagartosmoviendo sus pinceles. 

Es un libro para tener, desde luego. Para tenerlo bien a la vista, como si fuera un cuadro, pero al alcance de la mano, porque nos pedirá volver a él una y otra vez. Y, también, es un muy buen libro para regalar. Para trabajar las estaciones ligadas a la literatura y a la poesía en el aula también puede ser una herramienta buenísima.

Lo que más me ha gustado: además de todo lo que ya he expuesto, me ha encantado que leer estos poemas me ha llevado a mi infancia. A ese descubrimiento de la poesía que me enamoró desde el principio. Porque, sí, de pequeño no solo leía a Gloria Fuertes. Leí a muchos de los y las poetas que aparecen en este libro. Algunos de esos poemas están aquí, y releerlos me ha hecho sonreír con dientes de leche.

Lo que menos me ha gustado: creo (y esto es cosa mía) que, en un libro cuidado al detalle, usar una tipografía tan simplona no suma. Si no me equivoco, es una Times New Roman de toda la vida, y es una pena. Otra tipografía más cercana a la caligrafía manual habría hecho del libro un objeto aún más bonito y, en el fondo, no es algo complicado de hacer.

¿Conocíais el libro? Si no es así, ¿os interesa?

¡Un abrazo!

“Abandonada al lánguido embeleso

que alarga la otoñal melancolía,

tiembla la última rosa que por eso

es más hermosa cuanto más ardía”.

Leopoldo Lugones, “Rosa de otoño”, en “Dicen que no hablan las plantas”.

Crítica: Los días eternos

Título: Los días eternos

Autor: María Elena Higueruelo 

Editorial: Rialp

Este poemario llegó a mis manos gracias a Casa del Libro, que me lo regaló por ser embajador, junto a otros libros y regalos. Penúltima ganadora del “Premio Adonáis” (uno de los más importantes para jóvenes poetas), “Los días eternos”, es un poemario, en mi opinión, con luces y sombras. 

Los gustos por la poesía son muy personales, está claro. Hay quien busca leer a autores consagrados y los disfruta y otros a quienes no les ocurre. Hay, también, lectores de poesía más actual, menos honda, más naíf… No es mi caso. Por eso, quizá, no ha sido una lectura de la que pueda hablar maravillado.

No es un mal poemario, no me malinterpretéis, pero, habiendo sido ganador del Premio Adonáis, sinceramente, esperaba un libro espectacular, y no me lo ha parecido.

Hay poemas muy buenosfiguras muy bien halladas, es original (en ocasiones, para alguien como yo, demasiado), pero no ha llegado a conectar conmigo de la forma que esperaba más que unas pocas ocasiones y ha habido bastantes poemas que no me han gustado.

El poemario habla del tiempoDe la infancia, la adolescencia y la madurez (perdonadme, pero hablar de madurez con veinticinco años… Qué queréis que os diga…). Vamos, de un tema (el del tiempo a través de los procesos vitales) que está ya tan usado que necesita, al menos, algo más, una vuelta de tuerca, un retorcimiento que lo haga distinto a todo lo que ya se ha escrito y leído al respecto. 

Vuelvo a insistir en que, como siempre, lo que vuelco en mis reseñas es una opinión mía y no una verdad absoluta, pero, en ese sentido, el libro me ha traído muy poco nuevo.

Hay algunos poemas, sobre todo al principio, como “Biografía cero”, que sí me han gustado y que, incluso, he recitado en mi Instagram, pero no sabría decir si hay más poemas que me hayan gustado o que me hayan dejado indiferente.

Insisto, también, en que parte de mi opinión viene de saber que es un poemario con un premio muy prestigioso, y eso, guste o no, condiciona a la hora de opinar. Me cuesta creer (y tengo alguna constancia de otros libros finalistas y con accésit de esa misma edición) que este sea el mejor poemario presentado. Sin ir más lejos, uno de los accésito que se concedieron ese mismo año, “Toda la verdad”, de Diego Medina Poveda, fue, posteriormente, premiado con el “Premio Andalucía de la Crítica”. Siendo ambos autores andaluces, hay algo ahí que no me termina de cuadrar.

Lo que está claro es que, por suerte o por desgracia, los gustos de cada uno son los que son y que, también por suerte o por desgracia, hay libros para cubrir todos esos gustos.

Mi sensación final, y el poso que espero dejar a quien lea esta reseña, es que no es un mal poemario ni pienso que la autora sea una mala poeta, sino que no me parece un libro merecedor de un premio tan importante. ¿Lo recomendaría leer? No puedo decir que no merece la pena leerlo, porque hay detalles que sí me han gustado y, como digo, no es, en absoluto, un mal libro. Pero hay muchos otros libros de poesía, incluso actual, que recomendaría muchísimo más. Sin ir más lejos, el último ganador del mismo premio: “Toda la violencia”, de Abraham Guerrero Tenorio, reseñado, por si os apetece leer mi opinión, hace muy poco:

Lo que más me ha gustado: esos poemas del principio, más “clásicos”, sin menos florituras estéticas que a mí no me suelen gustar, con esas imágenes potentes, precisamente, por el dificilísimo hallazgo de la sencillez.

De “Biografía cero”:

“el mismo miedo difuso,

la misma ira repentina,

las mismas imprevisibles

y verdaderas ganas de llorar”.

De “Amiga imaginaria”:

“Le he dado ojos para verme

llorar y no hace nada.

Le he dado pies para venir

conmigo a todas partes.

Le he dado boca y me dice:

«El corazón se te está pudriendo»”.

Lo que menos me ha gustado: además de todo lo que ya he argumentado, tengo que decir que no me gusta nada el título. Lo de la eternidad del tiempo es un concepto ya desgastado por el uso, y verlo, precisamente, en el título lo hace aún más hiriente. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“La despedida comienza siempre

mucho antes que la separación”. “Díptico: lunes, 21 de marzo de 2016”, María Elena Higueruelo

Entrevistas en Radio Off The Record

Aunque ya lo he anunciado en mis redes sociales, me faltaba contarlo por aquí y no quiero dejar pasar más tiempo.

Estar de baja tanto tiempo (y no haberlo estado nunca antes) me llevó a buscar todos los medios posibles para no aburrirme, para aprovechar el tiempo y para intentar no caer en esa sensación tan horrible del confinamiento.

Pensé qué podría hacer para que estos casi cuatro meses no se convirtieran en tiempo perdido, y lo cierto es que puede que se me haya ido un poco de las manos.

Así, a modo de lista de la compra, os resumo todos los fregados en los que me he metido:

He escrito un poemario (para adultos).

He escrito una pequeña novela infantil.

He leído una barbaridad (ya casi he llegado al propósito que me propuse en Goodreads y no hemos llegado ni al quinto mes).

He hecho un curso de “Boot Camp Google Educador Level 1”, de (dicen) veinte horas.

Estoy haciendo el curso “El blog en la enseñanza”, de (dicen) cuarenta horas.

Estoy haciendo el curso “El taller de escritura: de la teoría a la práctica en el aula”, de (dicen) setenta horas.

Me encargo del Club de Lectura Infantil de la Librería Taiga, con un inicio precioso acompañado de Beatriz Osés.

He firmado dos contratos editoriales (uno, para “La hija del soplador de vidrio”, novela de la que ya os he hablado; otro, para una serie infantil de, por ahora, cinco libros de la que ya os hablaré cuando se acerque el momento de la publicación, aún algo lejano).

Me han hecho embajador de Casa del Libro.

Y, por último (de momento, y si no me olvido de nada), he empezado el proyecto que apunto en el título de la entrada y que me hace muy, muy, muy feliz: he empezado a grabar podcasts con entrevistas a gente relacionada con la literatura (porque escriben, porque editan, porque venden, porque leen, porque ilustran…) de la mano de Radio Off The Record.

Siempre me ha gustado mucho la radio y, aunque sea maestro, mi primera carrera fue Publicidad y RR.PP., por lo que soy licenciado en comunicación, aunque no sea periodista. Me gusta esa calidez, esa cercanía, esa comodidad que ofrecen las voces radiofónicas. Por eso, aproveché la posibilidad de grabar podcasts para iniciar esta serie de entrevistas y le pedí a Miryam, responsable de la radio, unirme a su equipo. La respuesta fue inmediata y, la verdad, no podría haber tenido más suerte, porque me ha acogido con los brazos abiertos y es una maestra genial.

Para no enrollarme más, os dejo el enlace con la primera entrevista. No había nadie más oportuno para iniciarme en esta aventura que quien es, en mi opinión, el mejor poeta nacional que tenemos ahora mismo. Una de las personas más cultas, íntegras, humildes y buenas que, por suerte, tengo en mi vida. Alguien a quien me unen casi veinte años de amistad y a quien no considero un amigo, sino un hermano. Y, sí, quien es mi maestro en mi versión poética (menudo lujo). Hablo, como muchos ya sabréis, de Manuel Francisco Reina. En la entrevista (que espero escuchéis) nos habla de literatura, de poesía, de cultura… Y, tal y como le pedí (y pediré a mis invitados e invitadas), nos leyó un poema de su último (y maravilloso) poemario, “El fiel de la balanza”, y, también, un poema de otra de mis poetas preferidas, Raquel Lanseros.

Feliz de estar donde estoy y con quien estoy.

Feliz de estar con vosotros.

Espero que os guste.

Crítica: Individuo armado

Título: Individuo armado

Autor: Cristian Álvarez

Editorial: Letraversal

Este libro llegó a mí de una manera muy especial.

Como os conté hace unos días, @casadellibro me ha hecho uno de sus embajadores (sigo sonriendo solo de pensarlo), y este “Individuo armado” era parte del primer regalo que me hicieron.

Si os soy sincero (y sabéis que siempre lo soy), no conocía este libro ni a su autor ni a la editorial. Por eso, entre otras cosas, me hace tan feliz esto de ser embajador de Casa del Libro: porque me va a descubrir lecturas que, de otra forma, quizá no llegara a conocer.

Siguiendo con la sinceridad, no es la poesía que suelo leer. De hecho, lo empecé con alguna reticencia. Y, sí, me costó algo entrar.

Pero entré.

Y empecé a saborear los versos, la poesía.

Y el sabor, aunque desconocido, se fue pegando a mi paladar.

Y me dejó muy buen sabor de boca. En lo poético, claro, porque es un poemario duro en el que la humanidad (o la deshumanización de lo humano) se expone con las tripas abiertas, entre disparos, tiroteos y masacres. Eso sí, de una forma muy original y (en mi opinión) muy bien resuelta.

Un poemario bien escrito, bien estructurado, bien pensado y, si me permitís la obviedad, muy bien armado.

Además de lo poético, no puedo escribir esta crítica sin hablar del exquisito trabajo de la editorial “Letraversal”Una edición preciosa sin perder la sencillez que la poesía pide. Muy bien cuidada, pero sin florituras innecesarias. La cubierta, en diseño y textura, es perfecta. Elecciones tomadas a la perfección en los aspectos técnicos. Mención especial (no sé si esto es acierto del autor, de la editorial o de ambos) para el poema “Karpestraat [Gante, 19.00 horas]”, que aparece escrito a mano por el poeta. Un detalle que puede parecer absurdo, pero que me ha encantado.

Dicho esto, paso a compartiros algunos versos para que podáis conocer un poco la poesía de Cristian Alcaraz.

“Al presionar vuestra bandera

edifico nuestro nuevo orden social.

Aquí mi tacto. Aquí los bits

que me componen”.

“Yo, ser que recibe,

dudo si soy un hombre

menos hombre.

Cuántas veces han entrado dentro de mí

para modificarme”.

Y, puede que mis versos favoritos del libro, precisamente del poema que aparece escrito a mano:

“Es esto la fascinación: me han enseñado

a retener el duelo

de la gente que se me parece”.

Gracias a Casa del Libro por la copia.

Gracias a Cristian Alcaraz por ser valiente y original, por traernos un poemario que trata de tiroteos, matanzas y armas, y todo lo que suponen para el mundo.

Gracias a Letraversal, por preocuparse por la poesía, por ocuparse de ella, y por hacerlo tan bien.

Gracias, también, a vosotrxs, por leerme siempre que hablo de libros.

“La bomba va a estallar en el bar”.

Wislawa Szymborska