Sobre determinados premios de poesía…

“A la persona correcta tu mundo no le dará miedo, sino ganas de conocerlo”.

“Cuando la vida te regala personas extraordinarias, cuídalas. Esas no regresan”.

“Quien quiera estar, está, incluso en la distancia. Porque el interés no se oculta, se demuestra”.

“No detengas lo que se va ni te alejes de lo que está viniendo. Algunos cambios son buenos”.

“¿Y si te amas con la fuerza que usas para amar a otra persona?”.

No. No son frases encontradas en productos de Mr. Wonderful.

No. Tampoco son proverbios antiguos encontrados en azucarillos ni en galletas de la suerte.

No. No son frases encontradas en libros de autoayuda.

No. No son poemas.

¿O sí?

Esperad. Culpa mía. No lo he copiado bien.

“A la persona correcta

tu mundo no le dará miedo

sino ganas de conocerlo”.

“Cuando la vida te regala

personas extraordinarias,

cuídalas.

Esas no regresan”.

“Quien quiera estar,

está, incluso en la distancia.

Porque el interés no se oculta,

se demuestra”.

“No detengas lo que se va,

ni te alejes de lo que está viniendo.

Algunos cambios son buenos”.

“¿Y si te amas con la fuerza

que usas para amar a otra persona”.

Ay, qué fallo más grande he tenido. Se me había olvidado darle al tabulador después de algunas palabras. Ahora, sí. Mucho mejor. Perfecto. POEMAS. Es más, poemas de premio. Incluso más, poemas premiados. 20.000€, ni más ni menos. Por escribir frases de azucarillo, de carpeta de adolescente, de galleta de la suerte, de taza de mercadillo, de libro de autoayuda y separarlas sin ton ni son para que, al menos, parezca que tengan forma de poesía.

Pero, no. No lo es. No es poesía. Será otra cosa. Alguna, quizá, de todas esas que acabo de enumerar. Quizás otra cosa distinta. Pero poesía no es.

Es tan evidente que este premio se lo ha sacado la editorial de la chistera para vender poesía como churros que da hasta un poco de nausea. Tres ediciones se han realizado de este premio. Las tres (oh, casualidad) para influencers o, al menos, personas que cuentan sus seguidores en Instagram por miles (más de 700.000 este último ganador). Porque, no, amigos y amigas. Como ya he dicho muchas veces, no hace falta saber escribir para ser escritor. No hace falta ser poeta para escribir poemas. No hace falta saber escribir bien para ganar premios. Basta con llegar con un aval que se convierta en el símbolo del dólar o del euro en los ojos de los editores. Basta con haber pasado por la televisión y haberse granjeado una buena horda de fans con capacidad de crítica mínima. Basta con comprar seguidores y likes en Instagram hasta reventar los números. Porque, sí, me he dado una vuelta por el Instagram de este último ganador y, con ochenta y ocho publicaciones (todas iguales, ¿poemas? escritos en negro sobre fondo blanco), cuenta con setecientos diecisiete mil seguidores. No he ido uno a uno, pero sí he bajado lo suficiente como para ver que muchos de ellos son falsos. Por algo el propio autor tuvo que publicar un vídeo en el que aseguraba existir y no ser una cuenta manejada por bots que vomitaban, perdón, escribían frases en su cuenta. Sin palabras. De verdad que me quedo sin palabras.

Esto, amigos y amigas, es lo que triunfa ahora. O lo que tiene que triunfar. Insisto, me quedo sin palabras.

Los premios literarios se entienden (o se deberían entender) solo como un trampolín para impulsar voces nuevas que lo merezcan o reforzar a voces ya existentes que lo merezcan. Una oportunidad brindada por las distintas editoriales para ayudar a esas voces. Hacer lo contrario es repugnante. Usar a personas sin ninguna calidad literaria como trampolín para que las editoriales ganen ventas fáciles es repugnante. Dejar en la cuneta a poetas con voces gigantescas en detrimento de influencers con menos poesía en su voz que vergüenza es repugnante. A mí, al menos, me repugna.

Sigo deseando a diario que, algún día, la estupidez humana toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Que la codicia humana toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Que la capacidad humana para hacer el ridículo toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Porque esto ya cansa, y mucho. Apesta, incluso. 

Por favor, dejen de un lado la estupidez. Dejen de un lado la codicia. Dejen de hacer el ridículo.

“Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.

Albert Einstein (en su versión científica).

“Hay dos cosas infinitas:

el universo

y la estupidez humana.

Y del universo

no estoy seguro”.

Albert Einstein (en la que podría haber sido su versión poética, quizá premiada).

Entrevista a Pedro Mañas

Hoy os traigo una entrevista con el que se ha convertido en mi escritor nacional de literatura infantilfavorito: Pedro Mañas.

Su carrera, su obra (“Ciudad laberinto”, “Trastario”, “Anna Kadabra”, “Princesas dragón” y otros muchos) y sus premios (“El príncipe preguntón 2008”, “Ciudad de Orihuela 2009”o “Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil 2018”) hablan por sí solos, pero creo que es de justicia hablar de un autor que, en mi humilde opinión, tendría que estar aún mejor considerado.

Ya sabéis que detesto el triunfo de los mediocres o los “enchufados” (ya sea por fama, seguidores o cualquier otro motivo) en la literatura y que, del mismo modo, apoyo el talento de quien lo merece y ofrezco mi pequeño altavoz para darlos a conocer todo lo posible.

Como ya he dicho alguna vez al reseñar alguno de sus libros, Pedro es, además, un tío muy majo, muy cercano y muy humilde (no me extraña que sea un buen autor con esas cualidades), así que accedió desde el primer segundo a responderme a unas pocas preguntas. Muchas gracias, Pedro. Prometo (o no) ser breve.

Sin enrollarme más, voy con esta entrevista. Espero que os guste.

Como escritor consolidado, ¿desde cuándo supiste que eso era lo que querías ser?

Solo desde que lo fui. Me explico: en realidad, no entraba dentro de mis planes dedicarme a la literatura. Ni siquiera tenía una vocación clara, no hay más que ver mi currículum académico: empecé la carrera de Medicina, me matriculé en Periodismo y terminé licenciándome en Filología Inglesa. Lo que sí es cierto es que desde pequeño me sentía atraído por el mundo de las artes. Escribía, pintaba, actuaba, participaba en los programas de una radio local… En el verano de 2007 me topé con el anuncio de un certamen de cuentos infantiles. Participé solo por probar, y resultó que gané. Creo que al ver mi primera novela publicada empecé a entender que, tal vez, había encontrado al fin una vocación. Por eso suelo decir que no hay que obsesionarse con tener un sueño en la vida. A veces es la vida la que sueña por ti. 

¿Fuiste un niño lector? Tanto si la respuesta es positiva como negativa, ¿crees que eso influyó en que seas escritor?

Sí, era un lector caótico pero voraz, y creo que ambas cosas han influido en mi modo de entender la escritura. Por un lado, el leer mucho me dio una buena base literaria,  enriqueciéndome con lo que otros habían creado. El hecho de leer lo que me daba la gana se tradujo en una gran libertad a la hora de desarrollar un estilo y de atacar diferentes géneros sin prejuicios. Y, también, desgraciadamente, en un gran desorden para gestionar la escritura. Confieso que desearía ser más metódico.

¿Cuáles son tus libros y autores favoritos? ¿Cuáles o a quiénes recomendarías a tus lectores, teniendo en cuenta sus edades?

Uf, el panorama de la literatura infantil es tan rico que me resulta difícil elaborar una lista breve de favoritos. Siempre salgo del paso recomendando clásicos… o aquellos que van camino de convertirse en clásicos. En primer lugar, porque han pasado la prueba infalible del tiempo, y en segundo porque temo que recomendando a actores actuales puedo caer en el agravio comparativo. Dicho esto, tengo que citar necesariamente a Roald Dahl, Gianni Rodari, Michael Ende y Christine Nostlinger (no creo necesario señalar ninguna obra porque todo lo suyo es bueno). Pero también se me ocurren otros menos populares e igualmente excelentes como Mira Lobe (La nariz de Moritz), Sebastià Sorribas (El zoo de Pitus), Pilar Mateos (Historias de Ninguno) o José Luis Olaizola (Cucho y La leyenda de Boni Martín). Tal vez sus libros no estén tan a la vista hoy en día, pero merece la pena el esfuerzo de buscarlos. Los lectores se sorprenderán.

¿Recuerdas cómo fue el momento en que viste tu primer libro publicado?

Recuerdo especialmente el momento en que supe que lo publicarían. Me enteré a través de una llamada de Pablo Cruz (responsable editorial de Anaya Infantil y Juvenil), que me comunicó que mi obra Klaus Nowak, limpiador de alcantarillas había resultado vencedora en el concurso de literatura infantil Vila d’Ibi. A partir de aquel momento se sucedieron cuatro meses de ilusión y nervios en los que no acabé de creerme que mi libro iba a ver la luz de la mano de una editorial tan importante. Recuerdo también que estaba saliendo hacia la universidad cuando recibí en casa el primer ejemplar. Estaba tan orgulloso que me lo llevé bajo el brazo para enseñárselo a todos, compañeros y profesores.

Si tuvieras que definirte como autor, ¿qué definición emplearías?

Esta sí que es difícil. Me vienen a la cabeza palabra como “heterogéneo”, “lúdico”, “caótico“… (y, a la vista de los adjetivos escogidos, “esdrújulo”). Sobre todo, me temo que no soy un autor que se tome demasiado en serio, por eso no he reflexionado mucho sobre el asunto. Simplemente escribo lo mejor que sé, buscando un equilibrio entre lo personal y lo comercial, casi siempre en clave de humor y tratando de buscar nuevos retos para crecer profesionalmente.

¿Qué es, para ti, importante en un poeta?

Que sea un enamorado del lenguaje. De las musicalidad de las palabras, de las sensaciones que evocan, de la polisemia, de los matices de un par de sinónimos, de la rima, de la sintaxis, de los dobles sentidos, de la lectura en voz alta, de las metáforas, de la importancia de una coma, de las agudas, las llanas y esdrújulas… En definitiva, considero importante que ame de corazón las palabras. Si además escribe poesía infantil, que sepa jugar con ellas como los niños con sus juguetes. Casi como si pudiera cogerlas con las manos.

¿Cómo ves el panorama nacional actual en la literatura infantil y juvenil?

No me considero el mejor para opinar al respecto, puesto que es un panorama tan rico y variado (y yo un lector tan disperso), que no sé si alguna vez llegaré a tener siquiera una mínima visión global. Vaya por delante que hay numerosos y magníficos autores en España trabajando duramente para intentar vivir de esta profesión. Hay incluso quien dice que la LIJ está viviendo una época dorada en nuestro país. Por desgracia, la literatura ha de competir con otro tipo de libros que son meros productos de marketing que beben del tirón mediático de celebridades de internet, y que enmascaran la calidad y el talento que hay en el sector. Se publica tanto y a tal velocidad y tantas que habrá que esperar bastante para que el tiempo vaya poniendo cada cosa en su sitio. Me consuela pensar que, a la larga, la buena literatura perdurará y permanecerá para las nuevas generaciones. ¡Me bastaría con que un solo libro mío sobreviviese!

¿Qué importancia le das a las redes sociales para darte a conocer y promocionarte?

Creo que, en mi caso, las redes sociales han sido más una consecuencia que una causa. Es decir, que ante todo me he dado a conocer a través de los certámenes, de los encuentros con lectores y de las propias obras. Al fin y al cabo, comencé a publicar cuando las redes aún no eran una herramienta tan fundamental en este oficio. Las uso profesionalmente desde 2015 y, aunque al principio me resultaban ingratas, ahora las veo como una ayuda estimable para informar de eventos, publicaciones y demás noticias. También me permiten un contacto inmediato con lectores, libreros, maestros y editores. Las uso con moderación y procurando no saturar su potencial.

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser escritor de libros para niños y jóvenes?

A menudo digo que el único consejo que puedo dar es el de escribir a doble espacio y por una sola cara. Es un modo de expresar mis dudas sobre lo que yo pueda enseñar. Tengo la sensación de que lo esencial suele ser indescifrable, incluso para el propio autor. No obstante, ante todo recomiendo huir de tópicos y prejuicios sobre la literatura infantil. Los textos para niños no han de ser pueriles, ni cuajados de moralejas, ni recrear ese mundo ficticio de magia e ilusión que algunos creen que es la infancia. Un buen libro infantil puede gustar también a lectores adultos. En pocas palabras, debe tener una historia interesante, bien hilada… y narrada con un estilo atractivo, casi como cuando contamos un cotilleo a un vecino.

Y, por último, ¿nos puedes dar algunos detalles sobre los proyectos que tengas ahora entre manos?

Son muchos, seguramente demasiados… ¡aunque no sé si mis editores me dejan hablar de todos! Ante todo, estoy comprometido con las colecciones que tengo en marcha (las más recientes, Los Cazapesadillas y Anna Kadabra) y que exigen constancia y continuidad en la escritura. También ando metido en un proyecto muy bonito de poesía mientras le doy vueltas a algunas ideas para álbum ilustrado. Por si esto fuera poco, siempre me persiguen los fantasmas de las novelas inacabadas, textos personales que quedaron abandonados por falta de tiempo o inspiración. Ahora que las actividades en ferias, colegios y bibliotecas escasean, tal vez sea el momento de retomar alguno de ellos.

No me digáis que no os han gustado las respuestas de Pedro Mañas. Esto es lo que tienen los grandes autores, que, aun sin pretenderlo, enseñan. Porque, no sé vosotrxs, pero yo he aprendido algo con cada una de sus palabras.

Mil, mil, mil gracias por tu tiempo, Pedro. Te seguiré leyendo.

“No hay que obsesionarse con tener un sueño en la vida. A veces es la vida la que sueña por ti”.

Pedro Mañas

Por eso leo y releo a los mismos y mismas poetas

Ya sabéis lo importante que es para mí la poesía. Ya sabéis lo en serio que me tomo escribirla y, aunque esto pueda sonar raro, cuánto me esfuerzo en leerla. En buscar poetas de quienes aprender (o preguntar a quien sé que puede asesorarme al respecto). Me encanta leer poesía, eso ya lo he dicho y enseñado muchas veces, por eso me tomo mi tiempo en buscar a quién leer y, también, a quién no.

Porque, tan cierto es que me encanta leer poesía buena como que detesto encontrarme con poesía mala o con “nuevas voces poéticas” que escriben “poemas” como si estuvieran haciendo churros.

¿Qué es bueno y qué es malo? ¿Quién lo decide? ¿Quién eres tú para acoger o rechazar poemas y poetas? ¿Qué es poesía y qué no lo es?

El eterno debate, más aún en nuestros tiempos. Tantas veces me han hecho esas preguntas cuando hablo de este tema…

No creo que descubra la pólvora cuando afirmo (como lo hace tantísima gente) que la literatura está, hoy en día, bastante contaminada. Pensad en no hace tantos años, cuando costaba tanto ser publicado (podemos irnos al caso de J. K. Rowling), cuando costaba tanto asentarse como autor o autora. Había algunos casos debatibles, pero eran más bien pocos. Y los autores y autoras que han perdurado son quienes son. Imaginaos esto mismo, pero en el campo de la poesía. Qué pocos poetas son recordados, pero qué nombres más inmensos tienen. 

Pensad en el panorama literario actual. Buscad un poco en redes sociales. Plagadas de “autores” y “autoras”. Cualquiera que tenga el tiempo de juntar letras hasta completar un libro (sí, completar), es autor. Si, además, esa persona tiene el apoyo de hordas de seguidores incapaces de ser críticos y decir que el libro no vale ni para calzar una mesa coja (sin perder la cordura) o de haber pasado por algún reality de televisión que poco o nada tiene que ver con la literatura (sin que nunca lo llegaran a imaginar), puente de plata. 

Por eso, me reafirmo en buscar y leer poesía de verdad, no productos de marketing o de egos insoportables. Por eso, leo y releo a los y las poetas que saben lo que escriben porque lo conocen, porque lo respetan y porque se dejan la piel en encontrar el lenguaje y los recursos apropiados para considerarse poetas (y no tantos orgasmos y folleteos absurdos plagando versos vacíos).

Por eso sigo leyendo, entre otros, a estos que traigo hoy. A Manuel Francisco Reina. A Francisca Aguirre. A Gloria Fuertes. A Ángela Figuera Aymerich. A Raquel Lanseros. Porque ellas y él son poetas buenos que escriben buena poesía. Y eso, amigos y amigas, es irrebatible solo con leerlos.

Crítica: Los versos del libro tonto

Título: Los versos del libro tonto

Autora: Beatriz Giménez de Ory

Ilustradora: Paloma Valdivia

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

No entiendo, no me entra en la cabeza, lo logro comprender por qué no me había fijado antes en la Colección Orihuela de Kalandraka, porque menudos descubrimientos estoy haciendo. Ojalá hubiera más concursos así, porque está claro que hay talento (y mucho) en la poesía infantil. Además, las ediciones(como todas las de la editorial) son una preciosidad. Si en algún momento buscáis poemarios infantiles, son una muy, muy buena opción.

Hay que recalcar que este libro fue el ganador del “Premio de Poesía para Niños y Niñas Ciudad de Orihuela 2010”. Me pongo yo a pensar en ganar este premio y se me pone la piel de gallina…

Lo que más me ha llamado la atención del poemario es su estructura, porque es muy original. Se trata de un libro (tonto) cuyos versos huyen por aire, mar y tierra hasta que vuelven a reunirse. En mi opinión, una idea muy acertada. Además, algunos de los poemas tienen, también, una estructura distinta, creando caligramas, incluido uno espectacular en la forma.

Me ha parecido un libro muy tierno, bien planteado y con muchos poemas muy buenos, aunque… no. No puedo decir que me haya encantado como me ha ocurrido otras veces, ya que hay más de un poema que ni fu ni fa (siempre desde mi opinión y sin decir que sean malos, porque no es, para nada, un mal libro).

Dicho esto, paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

La estructura: vale, ya lo he dicho, pero voy a ampliar mis argumentos. Creo que la clave (o una de ellas) para crear un buen poemario infantil es tener muy clara la estructura, la idea, para poder desarrollarla después. En eso, este libro es un diez.

La “historia”: no me he encontrado con muchos poemarios infantiles que sigan una historia en la forma en la que este lo hace. Esa “huida” de los versos, divididos en aire, mar y tierra, hasta volver a reunirse me parece un acierto y creo que suma mucho.

La edición: insisto también, en este aspecto. Qué bien editan en Kalandraka. Qué bonitos quedan los que ya tengo de esta colección y qué bien van a quedar los que me siga comprando. 

Lo que más me ha gustado: saber que hay muchos poemarios infantiles que leer, muchos sitios donde buscarlos, y que yo tengo muchas ganas de leerlos.

Lo que menos me ha gustado: además del hecho de que las ilustraciones no me han encantado (se mezclan con collage), me ha venido una idea a la cabeza al leerlo. Vaya por delante que me ha gustado, que me parece un buen libro y que en ningún momento quiero que se entienda que piense que la poesía es mala, porque no es así. Lo que sí he sentido al terminarlo y ver que hay bastantes poemas que no me han dicho demasiado, pero que algunos eran muy buenos en lo estético (sobre todo, el caligrama “Pie con bola”), me pregunto: ¿hay veces en las que se antepone lo estético a lo literario en la poesía infantil? Creo (mi opinión, insisto) que, en este poemario, sí. Que a nivel estructural y estético la poesía es espectacular, pero que la poesía en sí no lo es tanto. No sé si me he explicado bien, pero espero que me entendáis.

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais esta colección y este premio? Si no es así, ¿me haréis caso y buscaréis alguno de estos libros?

¡Un abrazo!

“Mil larvas sueñan

con la camisa

que mudarán mañana”.

Nana para dormir a un millar de larvas, Beatriz Giménez de Ory

Crítica: La herida absurda

Título: La herida absurda

Autor: Francisca Aguirre

Editorial: Bartleby Editores

No es la primera vez que os traigo a Francisca Aguirre (ni será la última, porque me acabo de comprar su “Ítaca”), así que no es necesario que os la presente.

Ya sabéis que es una de mis poetas favoritas y que, aun habiendo sido Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de las Letras Españolas (ahí es nada), creo que su nombre y su obra no ocupan el lugar que merecen. Queda demostrado en comprobar la poca gente que la conoce…

Este libro lo pedí en la librería que tengo al lado de casa el primer día que abrió después del confinamiento (tenía hambre de libros), y me lo trajeron hace bien poco, alegando problemas para que el distribuidor se lo facilitase. No sé si esa espera ha ido erosionando las ganas que tenía de leerlo o que mis expectativas eran muy altas, pero he de decir que, aun habiéndome gustado, no me ha encantado.

No es necesario decir que la poesía de Paca Aguirre es buena. Muy buena. Pero no me ha llegado del mismo modo en que lo ha hecho, por ejemplo, su poemario “Los trescientos escalones”.

https://jorgepozosoriano.com/2019/06/30/critica-los-trescientos-escalones

He puesto varios post-its para marcar los poemas que más me han gustado, pero van pegados a poemas que me han gustado, no a ninguno que me haya vuelto loco.

Dicho esto, no creo que hacer mi análisis habitual tenga mucho sentido, por lo que solo compartiré algunos de los versos que más me han gustado del libro.

“La muerte y el amor no tienen modos,

sólo tienen promesas absolutas,

paraísos repletos de misterio,

y una voracidad desesperada”.

“Niégate a que el destino te arrodille,

no consientas que el mundo te haga cómplice

de sus viejos rencores homicidas.

Tú no puedes estar desanimada

ya no te queda tiempo suficiente

para andarlo dilapidando en la miseria”.

Lo que menos me ha gustado: hay muchos poemas que van dedicados a personas y dirigidos a esas personas. Esto es una manía mía, pero no me suelen gustar los poemas en los que se nombra a personas concretas. Me sacan de las letras al no poder apropiarme de ellas. Si el poema no puede ser mío, sentirlo mío y darle mi propio sentido porque aparece un nombre específico… No me llega del mismo modo…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Definitivamente amo

el escándalo deslumbrante de la vida”.

Paca Aguirre

Crítica: Niños raros

Título: Niños raros

Autor: Raúl Vacas

Ilustrador: Tomás Hijo

Editorial: SM, El Barco de Vapor

Cuando me puse a hacer la lista de lecturas recomendadas para mi cole antes de las vacaciones, el bueno de Pedro Mañas (de quien he reseñado varios libros, por si queréis echar un ojo) me recomendó, entre otros, este “Niños raros”. Como yo soy muy bien mandado (según de quién me venga el mandado), le hice caso y me lo compré.

Sabéis que adoro a Gloria Fuertes (más en su poesía adulta que en la infantil), pero en España tenemos bastantes autores que también escriben poemas para niños y que merece la pena leer. Os hablo de autores como el propio Pedro MañasMar Benegas (de quien reseñé su maravilloso “Bestiario”) o a quien os traigo hoy: Raúl Vacas. Además de otra de las grandes (creo que mi poeta favorita) como es Ángela Figuera Aymerich, con dos preciosos libros de poesía infantil prácticamente desconocidos (y que pronto reseñaré).

Este libro contiene muchos poemas sobre niños raros (la historia de cómo nació el poemario es muy curiosa). La Niña Alga, la Niña de Humo, la Niña Sombra, el Niño Frío, el Niño Díscolo o el Xilofoniño, cada uno con su ilustración, que son una preciosidad.

Es un libro muy, muy, muy original y muy, muy, muy trabajado. Ya no solo por el tema y por esa creación de niños y niñas tan dispares, sino porque cada poema es distinto al anterior y usa ideas y recursos que son una pasada. Desde un poema (bastante largo, además) en el que todas las palabras (todas) empiezan por la “a” a otro cuyas últimas palabras son siempre esdrújulas, pasando por poemas con eco o con palabras a medias. De verdad, en cuanto a originalidad, he visto pocos poemarios iguales. Peeeeeero… Bueno, mejor lo dejo para mi análisis de puntos fuertes y menos fuertes.

Puntos fuertes:

La originalidad: vale, ya lo he dejado claro, pero, como comprenderéis, tenía que ir en el primer punto del análisis.

La maestría poética: me explico. Aunque parece absurdo decir que, para escribir poesía, hay que saber escribir poesía, hoy en día existe la idea de que cualquiera que escriba un par de frases haciendo un abuso del tabulador o escriba una dedicatoria “wonderfulizada”, es poeta. Y no. Ser poeta es algo muy serio. Ser poeta es algo muy complicado. Ser poeta no se consigue así como así. Si me apuráis, escribir poesía infantil tiene una complicación extra. No digo que sea más difícil que escribir para adultos, pero el público infantil es muy exigente y, para los niños y niñas, hay que tener un cuidado especial. Raúl Vacas demuestra que es poeta ya no solo por lo bien que están escritos sus poemas y la cantidad de recursos y figuras que utiliza, sino porque da una clase magistral de los tipos de estrofas en poesía. Hay sonetos, sonetillos, martinetes, octavillas italianas, redondillas, romances… Vamos, que no hay dos poemas iguales. ¿Os he dicho ya lo original que es?

Las ilustraciones: crear un grupo de niños raros requería sus respectivas ilustraciones. Además, de esas ilustraciones nacieron los poemas…

Lo que más me ha gustado: seguir descubriendo a poetas infantiles nacionales y a ilustradores que se merecen ser leídos y conocidos. Sabéis lo importante que es para mí la poesía y, además, la trabajo mucho con mis peques porque creo que tiene muchísimos beneficios. Poder seguir ampliando mi biblioteca personal de poemarios para niños y niñas es un regalo, así que solo puedo darle la bienvenida a libros así

Lo que menos me ha gustado: además de que el formato del libro no me parece el más atractivo para un libro así, ha habido algo que sí me ha chirriado un poco. En algunos poemas me ha parecido que tanta originalidad y tanto buscar hacer algo distinto ha dado lugar a versos o recursos un poco forzados y que no han terminado de encajarme. Creo que es un reto (conseguido) por parte del autor hacer poemas únicos que, probablemente, no existan en otros libros, pero hay ocasiones en las que hay cositas como metidas con calzador para adaptarse a esa originalidad. O esa es mi opinión, al menos. 

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿leeréis algo suyo?

¡Un abrazo!

“Te regalo algún beso si esta noche me subes

varios metros y pico por encima del suelo”.

Niño Zancudo, Raúl Vacas

Crítica: Trastario (Nanas para lavadoras)

Título: Trastario (Nanas para lavadoras)

Autor: Pedro Mañas

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

MA-RA-VI-LLA. Ya se lo dije ayer al bueno de Pedro (que, además de ser un escritorazoes un tío muy majo): qué pasada de poemario. Como también se lo dije, puedo afirmar por aquí que, definitivamente, es mi escritor español favorito de literatura infantil (buscad sus títulos, tiene bastante obra publicada, toda recomendada desde este blog) y, sin duda alguna, mi poeta infantil favorito del momento. Y lo es por méritos propios, no por haber sido aupado por ninguna red social ni un concurso televisivo. Lo es por su buen hacer, por ser un escritor de oficio, de los que cree en la literatura y en su poder, sobre todo en los niños. Lo es, también, por ser un tío sencilloagradable al trato y humilde (o eso es lo que desprende, al menos).

Ya sabéis que conocí al autor a través de una amiga, y qué agradecido le estoy. Como yo mismo estoy liado trabajando en varios poemarios infantiles (cruzad los dedos por mí), llevo bastante tiempo muy pendiente de la poesía infantil española. Entre todo lo que he leído, hay muchas diferencias. He encontrado libros premiados que no me han gustado nada. Libros sin premiar que son espectaculares. Libros que ni fu ni fa. Autores muy conocidos que no me convencen. Autores casi en las sombras que merecen un foco mucho más grande. Y, entre todo eso, está Pedro Mañas.

Ya me conquistó con su poemario “Poemas para leer antes de leer”https://jorgepozosoriano.com/tag/poemas-para-leer-antes-de-leer/ , pero este “Trastario” me ha parecido una barbaridad de poemario. Qué original. Qué divertido. Qué bien escrito. Qué idea tan bien hilada. Qué librazo, de verdad. Me ha encantado de principio a fin. Qué difícil es escribir poesía infantil y qué fácil parece que le brota a Pedro Mañas.

Se trata de un libro de poemas sobre trastos (lavadoras, tostadoras, frigoríficos, relojes…), con un humor, una ternura y una inocencia tan geniales que he tenido que pararme a releer varios poemas y que me ha sacado mil sonrisas mientras lo he leído. Si a mí, casi con treinta y cinco años, me ha parecido así de divertido, no me quiero ni imaginar lo que se reirán los y las peques que lo lean. 

Dicho esto, paso a mi análisis.

Puntos fuertes:

Quedarme con Pedro Mañas: va a ser mi autor de infantil de referencia. Hace no mucho, hablando con mis agentes, les dije que, si había un autor español al que me gustaría parecerme (en cuanto al perfil de escritor), ese era Pedro Mañas. Me da un orgullo enorme que haya escritores así de buenos tan cerca.

El humor: no es fácil, en mi opinión, levantar sonrisas a personas adultas con poesía infantil. Son poemas divertidísimos, y eso siempre ayuda en el fomento de la lectura y en intentar que adquieran cierto gusto por la poesía.

La edición: que Kalandraka edita de muerte no es nada nuevo. Pero es que, además, esta Colección Orihuela es una maravilla y dan ganas de tenerlos todos. Ay, si un día pudiera publicar yo con ellos… Las ilustraciones, a cargo de Betania Zacarias, también son muy bonitas y ayudan a que esta edición sea tan bonita.

La originalidad: hay ya tanto escrito y la poesía infantil, a veces, se ve tanto como una poesía que tiene que ser simple, que hay mucha poesía infantil que no (me) aporta nada. Que si animalitos, colorcitos, arbolitos y florecitas, todo muy chiquitito… Pedro Mañas no entiende (por suerte) la poesía de ese modo. Esta colección de trastos tan humanizados es una muy buena muestra de su poesía.

Lo que más me ha gustado: verme reflejado en lo que quiero conseguir como aprendiz de poeta, en este caso, de poesía infantil. Pedro Mañas ya existe y no quiero decir que pretenda hacer lo mismo ni ponerme a su altura, pero sí es el escritor que me gustaría ser y, perdonadme el atrevimiento, sí me veo algo reflejado en su literatura. Vamos, que es un maestro y que estaré muy pendiente de su obra, porque lo merece.

Lo que menos me ha gustado: por ponerle un solo pero (sin que tenga nada que ver con la calidad del libro), hay un par de páginas dobles sin ninguna ilustración. Con lo bonitas que son y la vida que le dan al libro, ver dos páginas seguidas en blanco no me ha gustado tanto. 

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿me haréis caso y leeréis algo suyo?

¡Un abrazo!

“Más vale amar bajo cero

que churruscarse de amor”.

Amor bajo cero, Pedro Mañas

Curso escolar 2020-2021

Como muchos veríais ayer (domingo, 16 de agosto), El País Semanal puso en portada “El desafío de los profesores ante la pandemia”. Un reportaje que ahonda en cómo fue el final del curso pasado desde el confinamiento hasta su final y en cómo algunos docentes vemos, con mucha preocupación, cómo puede ser este que está casi al caer.

Es un reportaje bastante amplio en el que se tocan muchos temas importantes, pero, como había que repartir el tiempo y el espacio entre todos los que participamos, se me quedaron algunos puntos que tratar. Por eso, esta entrada.

Para quienes no lo leyerais, si os interesa, os dejo el enlace:

https://elpais.com/elpais/2020/08/11/eps/1597146268_131560.html 

También por si no podéis acceder al reportaje escrito por tema de suscripciones, os dejo en enlace de YouTube al vídeo:

En primer lugar, que quede claro que no va a ser una entrada con colores políticos. De la política (y de los políticos) tengo mi opinión y me decanto hacia un lado, obviamente, pero mi intención con esta reflexión no es enfrentar a bandos de un color con los del otro. Además, como en este tema ni el gobierno central ni los autonómicos (de quienes depende la educación) han estado a la altura, no tendría mucho sentido debatir sobre quién lo está haciendo peor o quién tiene más responsabilidades.

También quiero dejar claro que ese desafío que da nombre al titular no nos atañe solo a los profesores. Tal y como les digo a mis familias en las reuniones al inicio de cada curso, la educación no tiene sentido si no se hace en equipo: centros escolares y familias; así que el desafío, tal y como se vio de marzo a junio, también es para ellas. Si voy más allá, y creo que es algo evidente, tampoco es solo un tema de profesores y familias. Nuestro trabajo se ha visto frente a un reto enorme no solo por el hecho de cómo afrontar esta situación (como ha ocurrido en, prácticamente, todos los sectores), sino porque trabajamos con niños que (disculpad la obviedad) “pertenecen” a unas familias y porque esas familias tienen unos trabajos y necesitan del tiempo en que sus hijos están en el colegio para desempeñarlos. Y ese, el de las complicaciones para la conciliación, ha sido (y será) uno de los grandes problemas que hemos enfrentado y enfrentaremos.

Antes de hablar un poco sobre cómo veo, con la información que tengo, el próximo curso, quiero hacer algo más de hincapié en lo que ya dije en el reportaje. Quienes conocen cómo trabajo (en primer lugar, mis alumnos y alumnas, sus familias y mis compañeros y compañeras) saben muy bien la forma en que entiendo la educación en edades tan tempranas (salvo nuevas noticias, suelo cubrir casi la totalidad de mi horario en primero y segundo de primaria). Por eso, saben que mi máxima preocupación cuando los colegios cerraron fue la estabilidad emocional de mis peques y de “mis” familias. En eso me volqué, movido, también, por mi colegio, que, con sus aciertos y sus errores, sí vio claro que lo emocional era lo más importante. Nunca me preocupó demasiado que se perdieran ciertos contenidos, que no pudiéramos terminar los libros (ese es otro tema con el que me alargaría bastante más) o que algunos conocimientos teóricos no llegaran de la mejor forma posible. Nada de eso es insalvable en estas edades. Lo emocional sí puede serlo. Yo siempre educo desde el cariño, desde el abrazo, desde la igualdad y el respeto, desde la ayuda en la gestión de las emociones… Desde el grupo. Eso es, para mí, lo más importante de la primaria (sobre todo, de los primeros cursos) y eso fue, precisamente, lo que más perdieron al no poder acudir al cole.

Por suerte, los y las peques nos han dado a todos y todas una lección enorme y me alegró mucho ver que estaban llevando la situación casi mejor que nosotros y nosotras. He de decir, también, que las familias del grupo que dejé en junio han estado de diez, volcadas en esa estabilidad emocional de sus hijos e hijas, haciendo malabares para que realizaran las tareas, superando la altura a la que siempre estuvieron. Esto no quita que las familias se hayan estresado, se hayan desesperado, se hayan frustrado, agobiado, enfadado… Su papel de padres, trabajadores (algunos y algunas) y “profes de apoyo” era muy complicado, por eso hablo de que el desafío es, también, para las familias.

Dicho todo esto (y no pensaba enrollarme tanto), hoy, a día 17 de agosto de 2020, comparto con vosotros y vosotras mis impresiones para la vuelta al cole que tan en boca de todos puso El Corte Inglés con esa brillante (apréciese el sarcasmo) campaña publicitaria (eso sí, si lo que buscaban era eso, estar en boca de todos, se habrán felicitado).

Lo primero que tengo que decir es que cada vez es más evidente que la educación, en España, importa lo justo. Se oye hablar (sin cesar) del ocio nocturno, del turismo, de si se puede o no se puede fumar en terrazas (ojalá lo prohíban, pero para siempre), de las residencias de mayores, de eventos deportivos, de aforos en bares, restaurantes y espectáculos varios… ¿Qué pasa con la vuelta al cole? Si no hubiera sido por esa campaña de El Corte Inglés, quizá no se habría hablado nada. E, insisto, estamos a 17 de agosto.

¿Nadie está preocupado? Y, lo que es peor, ¿nadie está ocupado en ello?

Desde el Ministerio de Educación lo único que se aporta es, básicamente, que cada comunidad autónoma se las apañe como pueda, para lo que da unas recomendaciones bastante vagas y para las que no era necesario ni redactar un documento, además de ser, en ocasiones, bastante complicadas (si no imposibles) de implementar. Lavado de manos, mascarilla, primar la educación al aire libre (¿?), ventilar los espacios, escalonar las entradas y los patios, evitar el contacto y, atención, garantizar una distancia en clase de metro y medio. No sé cuántos colegios han visto, pero que me expliquen cuántas aulas admiten a veinticinco (o más) niños y niñas separadas por un metro y medio. Porque, sí, se propuso bajar las ratios (algo fundamental, en mi opinión, no solo en tiempos de pandemia, aunque esta situación lo ponga aún más en evidencia), pero las comunidades pusieron el grito en el cielo con esa frase tan repetida por los políticos cuando se refieren a educación: “no hay dinero”.

Desde las consejerías de educación de las distintas comunidades autónomas, la pelota pasa a estar en los centros educativos. No sé si habéis visto que ha habido algunos equipos directivos que han dimitido en bloque al verse superados por una situación que no tendría que depender única y exclusivamente de ellos, tal y como ocurre. Organizar espacios. Retorcer horarios. Establecer todas las medidas que puedan (mamparas, geles, mascarillas, cartelería…). Reubicar a profesores. Y todo, por supuesto, por el mismo precio.

En Madrid, que es la comunidad en la que trabajo, os cuento las propuestas para la vuelta al cole, sacadas de la Consejería de Educación y Juventud (citaré literalmente).

“El inicio de curso se hará con normalidad si la situación sanitaria lo permite”.

¿Cómo os quedáis? “Con normalidad”. ¿Qué normalidad? “Si la situación sanitaria lo permite”. La misma situación que nos deja unas cifras de contagiados bestiales, con focos por todas partes, con hospitales que ya empiezan a colapsar (este, el de la sanidad en Madrid, es otro tema que también tiene lo suyo), con nuevas medidas casi a diario para limitar los contactos y los posibles contagios, con grupos de personas manifestándose en la Plaza de Colón, sin mascarilla, al grito de “¡libertad!” y de “bote, bote, bote, aquí no hay rebrote”… ¿De verdad creen que esta situación sanitaria va a permitir un inicio de curso con normalidad? Han tenido que cerrar campamentos de verano con grupos muy reducidos y uno o dos monitores… ¿De verdad piensan que no va a pasar lo mismo cuando colegios que, como el mío, tienen seiscientos alumnos y unos cuantos profes solo en primaria? ¿De verdad alguien piensa que estamos en esa situación?

Tras esta propuesta brillante, siguen tres posibles escenarios, con sus correspondientes medidas:

Escenario I: Presencialidad y medidas extraordinarias de higiene.

En este escenario (para el que ni siquiera dan las condiciones qué implicarían olvidarnos de esa “normalidad” salvo por un banal “según la evolución de la pandemia”), todo lo que se plantea para primaria es: grupos estables de convivencia (léase “encaje imposible de bolillos”) y “se incentivará el uso de plataformas educativas, materiales digitales y dispositivos electrónicos con el fin de consolidar la transformación digital”. Ya está. Sí, sí, eso es todo. Ni siquiera merece la pena hablar de la brecha digital…

Escenario II: Semipresencialidad.

Para que se dé este escenario sí son más claros (sarcasmo, de nuevo). “Se plantea en caso de un empeoramiento de la evolución de la crisis del Covid-19, respecto de la situación actual”. Qué concisión, qué clarificador, qué útil… Aquí también hay más medidas (me sigo centrando solo en primaria), y os van a encantar:

Reducción de los grupos según dos criterios: distancia de metro y medio y convivencia estable de veinte alumnos (léase “tetris imposible y encaje de bolillos aún más imposible”). Para rematar su brillante plan, añaden una “organización en espacios alternativos en el centro o espacios municipales” (sin información alguna al respecto de esos espacios municipales) y “flexibilizar horarios y materias”. ¿Alguien me explica qué pasa con los centros que no dispongan de espacios suficientes y cómo se van a reducir los grupos sin esos espacios y sin más docentes? ¿De verdad nadie ve que están planteando un imposible? Contar con espacios que no se tienen, con personal que no se va a tener y con una flexibilización de horarios y materias complicadísima y que implicaría, además, que las familias también tuvieran que flexibilizar sus horarios es, simplemente, un absurdo.

Escenario III: Confinamiento.

Como estarán tan contentos con lo bien que han actuado durante el primer confinamiento (o mucho cambia todo o será el primero de varios), tan solo hablan de “teletrabajo”, “centro tres días abiertos tras el confinamiento” y “conectividad y dispositivos de alumnos/alternativas”. Vamos, que la pelota sigue en el tejado de la voluntad y disposición de los centros educativos y sus equipos directivos y docentes, porque la consejería no aporta NADA. Para comentar lo planteado para primaria en este último escenario, sus planteamientos son “clases diarias en línea y deberes” y “flexibilidad en currículos y horarios”. Todo esto, por supuesto, en manos de los profes. ¿Cómo iban ellos a perder tiempo diseñando nuevos currículos adaptados a esta nueva situación o pensando en soluciones? Mucho mejor decir “que los centros hagan todo lo que puedan, bajo su responsabilidad”, ¿no os parece?

Eso es todo lo que las autoridades educativas aportan a nivel nacional y a nivel de Comunidad de Madrid. ¿Tenéis todos y todas la impresión de que eso y nada es lo mismo, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que septiembre va a ser un caos absoluto, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que van a ir cerrando un centro tras otro nada más empezar el curso, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que no van a hacer nada más, de que seguirán improvisando y trasladando toda la responsabilidad a los centros escolares, o lo pienso yo solo?

De verdad, la solución (teniendo en cuenta la complicación de la situación que vivimos y que la solución perfecta no existe) es muy sencilla: recursos. Recursos en forma de nuevos espacios para poder disminuir las ratios. Recursos en forma de contratación de docentes para ocuparse de esos nuevos grupos y poder garantizar, así, esa creación de “grupos estables de convivencia”. Recursos en forma de tecnología, porque ni todos los centros ni todos los docentes ni todas las familias tienen igualdad de condiciones y, si el sistema educativo no es capaz de igualar esas diferencias… ¿para qué sirve? Pero, imagino, sabéis la respuesta, ¿verdad? “No hay dinero”.

Ahora, os pregunto, ¿conocíais esta información? Porque hay que escarbar un poquito para encontrarla… No, amigos y amigas, la educación no tiene la importancia que tendría que tener. Nunca la ha tenido y, o mucho cambia todo, nunca la tendrá.

Mientras tanto, yo sigo preocupado por cómo será todo; por cuánto se verán perjudicados y perjudicadas los y las peques, sobre todo en lo emocional; en cómo de alto será el grito de esa parte de la sociedad que entiende la escolaridad como la única forma en la que “deshacerse” de sus hijos e hijas durante el tiempo necesario; en cómo de alto será el grito de las empresas que sigan obcecadas en que la presencialidad es imprescindible cuando no lo es; en cuántas serán las excusas y contradicciones de las autoridades educativas; y, entre otras muchas preocupaciones, en cuánto tardarán los centros educativos, como los hospitales, en colapsar. Han tenido desde marzo, con todo el verano incluido, para dejar todo bien atado. Ahora entrarán las prisas y no dará tiempo a organizar un nuevo curso que viene con curvas…

Por lo pronto, me quedan dos semanas para terminar de relajarme, para seguir liberándome del estrés acumulado, para retomar energías, porque las necesitaré. Porque, sí, los profes hemos trabajado, y mucho. Nos hemos dejado la piel y los nervios para que las carencias educativas y emocionales fueran las mínimas, además de volcarnos en ser un apoyo para unas familias (con razón) desbordadas. Y nos hemos estresado. Mucho. En mi caso, un lumbago, un cuadro leve de ansiedad, algo de insomnio y unas semanas con hipertensión lo evidencian.

Para terminar, solo puedo enviar ánimos para todos y todas. Por supuesto, a la comunidad educativa (compis, estamos solos), pero, también, al resto de sectores (la idea de esta entrada no es anteponer mi trabajo a todos los demás), que, de igual modo, han sufrido y sufren las consecuencias devastadoras de este horror. Y, también, a las familias con hijos o hijas en edad escolar. Como siempre les dije a mis familias, aunque no existe la receta perfecta, todo será más sencillo con empatía, con comprensión y con colaboración.

Nota:

Reportaje: Guillermo Abril

Vídeo: Jaime Casal

Fotografías: Sofía Moro

“La educación es lo que sobrevive cuando todo lo demás se ha olvidado”.

Burrhus Frederic Skinner

Crítica: A las órdenes del viento

Título: A las órdenes del viento

Autor: Raquel Lanseros 

Editorial: Valparaíso

Hace no tanto que descubrí la poesía de Raquel Lanseros (gracias, Manuel) y, sin miedo a decirlo, puedo afirmar que ya es una de mis poetas contemporáneas favoritas.

Esta antología, con algunos de sus poemas publicados entre 2005 y 2015, es una muy buena muestra de la pluma poética de Raquel. Podría ponerle una infinidad de calificativos (todos positivos), pero creo que es mejor deciros lo que me ha gustado con un hecho concreto. Como algunos y algunas sabéis, siempre que leo poesía, tengo post-its para marcar los poemas que más me gustan, para volver a ellos siempre que lo necesite. Veinticinco han sido los que he usado. En una colección de cuarenta y seis poemas. No os confundáis. Esto no quiere decir que haya veintiún poemas que no me hayan gustado. No son poemas para decir “no me gustan”. Lo que quiere decir es que ha habido veinticinco poemas que me han encantado. Que me han hecho cerrar el libro para volver a leerlos. Que he leído varias veces. Que me han pellizcado el alma. Ya sabéis que soy muy estricto con la poesía, así que entenderéis que marcar la mitad de un poemario con post-its no es lo normal… Enhorabuena, Raquel.

Tiene este libro, además, algo que hace que me guste más aún. Con las antologías, a veces, me pasa que me quedo corto o que me sobran la mitad de los poemas. Las recibo con cautela, sin saber muy bien si me pasará una cosa o la otra. Esta colección está muy bien hecha. Es una muy buena muestra de la poesía de su autora. Si en “Matria” me cautivó en un solo libro, con este puñado de versos de otros de sus poemas puedo decir que me ha enamorado por completo. En esta sociedad actual en la que todo el mundo escribe “poesía”, qué bueno es esto de encontrar poetas de raza actuales.

Además, insisto, cuando puedes cruzar algunos mensajes con el autor o la autora por redes sociales y solo recibes agradecimiento, humildad y cariño (como me ha ocurrido con Raquel), la figura de, en este caso, dicha autora se engrandece aún más. Qué bueno “tenernos”, Raquel, aunque sea de esta forma tan leve.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El estilo poético: es el mismo punto con el que inicié la reseña de “Matria”, pero tengo que ratificarme en él. En mi opinión de aprendiz de poeta, la poesía es el género más complicado (por eso, entre otros motivos, me horroriza esa pseudopoesía que está, por desgracia, tan al alcance). Más complicado aún es, en mi opinión, escribir buena poesía con sencillez (o haciendo que parezca sencillo). Esos son, para mí, los poetas de verdad. Los que llevan la poesía en los latidos. Los que riegan, con su tinta, los corazones de quienes amamos leer este género, raíz de todos los demás.

“Quedarme” con Raquel: en los tiempos que corren, es difícil encontrar en el panorama nacional poetas actuales que me gusten tanto. A Raquel ya “me la quedo”. Por su maestría poética, por supuesto, pero, también, por el tipo de persona que me ha demostrado ser.

Lo que más me ha gustado: confirmar que lo de “Matria” no es una casualidad. Que Raquel Lanseros es una pedazo de poeta. Para muestra, algunos de los versos que más me han gustado de esta colección:

De “Doña Juana”:

“También conoce el riesgo porque ha visto

el abismo insondable que se extiende

justo donde comienza el desamor.

[…]

Es capaz de apostar todo su reino

por un segundo de ojos infinitos

por una infusión lenta de su alma

                               en medio de las almas”.

 

De “Invocación”

“Engáñenme los cantos de sirenas,

tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.

[…]

Llore yo todavía

  por sueños imposibles

    por amores prohibidos

       por fantasía de niña hecha añicos”.

 

Compartiría muchos, muchísimos más, pero os va a tocar comprar el libro, que los poetas no viven del aire… jeje.

Lo que menos me ha gustado: este es uno de esos pocos libros a los que no pongo pegas. Hay poemas que me han gustado algo menos, obviamente, pero no le cambio ni una coma. Muy, muy buena colección. Os la recomiendo con la certeza absoluta de que os va a encantar. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Sólo quien ha besado sabe que es inmortal”.

 “Entonces me besaste”, Raquel Lanseros

Crítica: Obras completas, Ángela Figuera Aymerich

Título: Obras completas

Autor: Ángela Figuera Aymerich

Editorial: Hiperión

Después de leer toda la poesía de Ángela Figuera Aymerich, he de reconocer que tengo sentimientos enfrentados: el primero es una admiración absoluta; el segundo, una inmensa rabia por el desconocimiento de esta pedazo de poeta.

No voy a entrar en aspectos biográficos (os recomiendo leer sobre su vida, eso sí), pero me llama mucho la atención algo concreto. Cualquiera que sepa lo mínimo de poesía conoce a Blas de Otero y a Gabriel Celaya. Se estudian en secundaria, sus nombres se sitúan en lo poético. Junto a ellos dos, Ángela Figuera Aymerich forma el denominado “triunvirato vasco”. Sed sinceros y sinceras: ¿os sonaba su nombre?

Maestra, catedrática, empleada de la Biblioteca Nacional… y una de las grandes voces femeninas (y no solo destaca entre las mujeres, si es que alguien piensa que es necesario comparar la poesía escrita por hombres con la escrita por mujeres) de la poesía social. Una figura trascendental en la poesía en castellano que, sin embargo, apenas se conoce. ¿No os parece muy triste?

Yo no la conocía hasta que pude acudir, invitado, al concierto de Valderrama en el Circo Price, concierto de su disco “Mujeres de carne y verso” (“Mujer de carne y verso me declaro,/ pozo de amor y boca dolorida,/ pero he de hacer un trueno de mi herida/ que suene aquí y ahora, fuerte y claro”, en versos de la propia Ángela Figuera Aymerich en su poema “Aunque la mies más alta dure un día”), con poemas cantados que forman parte de la antología poética femenina en lengua castellana con el mismo nombre, realizada por Manuel Francisco Reina (ojalá esta antología ocupara, también, el lugar que merece). Uno de los temas cantados por Valderrama, introducido y acompañado con música de piano, es “No quiero”, con versos del mismo poema, de Ángela Figuera Aymerich. Lloré al escucharla. Literal. A partir de ahí, busqué su poesía y la leí hasta que me hice con estas obras completas, que he leído y disfrutado como lo he hecho con pocos, muy pocos libros. Qué maravilla. De verdad. Qué absoluta maravilla

Por si la queréis escuchar: https://www.youtube.com/watch?v=WZU92BhBYt0https://www.youtube.com/watch?v=WZU92BhBYt0

La obra de Ángela Figuera Aymerich consta de los poemarios:

Y los poemarios infantiles (que dejo para otra reseña):

El libro incluye, también, números poemas suyos no recogidos en poemarios.

Hablaría durante horas sobre la poesía de esta poeta, que ya es, sin duda, una de mis poetas favoritas y a quien recomendaré siempre que pueda, además de volver a ella muy a menudo. Por suerte para vosotros y vosotras, no voy a hacerlo. Solo espero que, si os apetece leer buena poesía, acudáis a “la Aymerich”. Como he dicho algunas veces (con el propio Manuel Francisco Reina, con Gloria Fuertes o con Paca Aguirre o con una autora actual que acabo de conocer y me encanta, Raquel Lanseros) os haréis un regalo si leéis a esta autora.

Sin más, voy a mi análisis de estas obras completas.

Puntos fuertes:

El amor “a primera vista”: como habéis leído, fue así. Y, podéis creerme, es amor verdadero

Conocer la historia de la autora: nacida en 1902 y madre en pleno estallido de la Guerra Civil Española, la vida de Ángela Figuera Aymerich es apasionante. Si tenéis un rato, investigad un poco sobre ella.

Poesía infantil: aunque, como he dicho ya, dejaré sus dos poemarios infantiles para otra reseña, me encanta que haya autoras de la talla de la que nos ocupa que se lanzó (movida por el nacimiento de su nieta) a escribir poemas para niños. Como ya he dicho en alguna ocasión, y con toda la admiración que siento hacia ella, hay mucha más poesía infantil en castellano lejos de Gloria Fuertes. Y, para muestra, un botón.

Lo que más me ha gustado: aunque su libro más celebrado y más conocido es “Belleza cruel” (que es un libro espectacular), me quedo con su último poemario, “Toco la tierra”, donde su poesía hace un buen repaso de alguno de los males del mundo, de “la tierra” como raíz de la humanidad y, particularmente, de la femineidad, de lo maternal. Además de ese “No quiero” (que es brutal), os dejo versos de otros poemasincluidos en este poemario tan desgarrador:

SEGUIR

Muchos por ti mataron, tierra mía.

Hicieron de sus huesos plomo airado

y mataron por ti.

Convirtieron

su dulce corazón en fiera lanza

y mataron por ti.

Ardieron

de amor y de furor hasta los ojos,

y mataron por ti.

[…]

ESTAMOS VIENDO TODO LO QUE PASA

Hacia los treinta y tantos años de mi edad

Éramos los poetas tan felices.

teníamos el cielo en la ventana,

estrellas que meter en los bolsillos,

cumbres al sol para tender la ropa,

noches y mar para mecer los sueños,

los bosques al extremo de la calle

con mirtos y laureles

para tejer coronas y ceñirlas.

[…]

¿Quién nos sajó los párpados, quién puso

todo nuestro sentir en carne viva?

Porque ahora vemos todo lo que pasa.

Y nos lastima el suelo que pisamos

y es una llaga el tacto más ligero.

Los muertos se nos cuelgan de los hombros

y ocupan nuestra almohada por la noche.

Los vivos nos exigen sangre a diario

y vienen a beberla en nuestra boca.

[…]

No me digáis que no son absolutamente bestiales…

Lo que menos me ha gustado: además de esa tristeza por saber que, en gran parte por ser mujer, no se conoce lo suficiente a una de las mejores poetas que nuestro país ha dado (y lo digo con pleno convencimiento), y por poner algún pero, su libro “Soria pura” no me ha gustado mucho. Cuando leo poesía suelo buscar amor, desamor, dolor, sufrimiento, temas sociales, emociones… La poesía sobre lugares no me gusta, así que este en concreto no me ha gustado apenas.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Si la verdad se hallara en los periódicos

y se callaran de una vez los necios

y hablaran los poetas en la calle”.

Ángela Figuera Aymerich, en “La vida más bonita”