Crítica: Como nace el agua

Título: Como nace el agua

Autor: Andrés París

Editorial: Huerga & Fierro

Leer a amigos a los que se tiene cariño es, a veces, un arma de doble filo, casi más aún si se trata de poesía, un género con el que, como sabéis, soy muy exigente, conmigo y con los demás. Siempre que me asomo a los versos de personas a las que quiero, lo hago con cierto miedo. ¿Me gustará? ¿Veré calidad? ¿Seré capaz de opinar con honestidad, empatía y, sobre todo, objetividad?

Eso fue, precisamente, lo que me pasó cuando abrí este libro de Andrés por primera vez. Aunque ya sabía que había –que hay– un poeta hecho, sus palabras de advertencia sobre su propio poemario me hicieron suspirar antes de hincarle el diente. Ya en la dedicatoria indica que ve distante este tercer poemario. Sé, por lo que me ha dicho en alguna ocasión, que ha encontrado esa “madurez” que todos los poetas buscamos (quizá, demasiado pronto) ahora. Que su mejor libro, con diferencia, es ese esperado “Donde el azul del mundo”, con el que acaba de ganar el “II Premio Internacional de Poesía Joven Antonio Santano”(¡enhorabuena!). Y puede que sea así, pero, ¿qué es un poeta sin sus inicios, sin esa primera búsqueda de su voz? 

Y empecé a leer. Y, sí, aunque vi algunos dejes de un poeta que se estaba haciendo (pocos y discutibles, como casi todo en esto de la poesía), se ve, de forma clara, que hay poeta. Por la sensibilidad. Por laoriginalidad (Andrés, además de poeta, es bioquímico, un hombre de ciencias amante de las letras). Por imágenes preciosas como “El mar se ahorca cada noche” o ese “corazón, primero de nube/y de rojo por herir después”

Hay poeta, sí, porque siempre lo ha habido. Y es un gusto leer a Andrés París sabiendo de cerca, además, de toda esa sensibilidad, esa mirada de niño voraz de aprendizajes, esa generosidad, esa humildad tan poco habitual entre muchos de esos “nuevos jóvenes poetas” que caminan levitando entre tertulias y recitales, como si hubieran inventado ellos la poesía o como si fueran la única bandera de poesía joven existente. Andrés tiene la calidad y tiene las cualidades, así que, estoy seguro, seguirá creciendo aún más y mostrando que tiene mucho que decir en su labor como poeta, además del maravilloso trabajo que está realizando en el campo científico.

Ya sabéis que no me gusta analizar los poemarios más allá de dar un par de pinceladas sobre ellos y sus autores o autoras, además de mostrar algunos versos. A lo que sí os invito es a que busquéis la poesía de Andrés París. Que leáis a Andrés París. Que crezcáis junto a él, del mismo modo que yo crezco un poco después de leer su poesía.

Además, por si fuera poco, el prólogo es de Marina Casado. Ahí es nada.

Lo que más me ha gustado: leer a Andrés conociéndolo tan bien; ver, en su poesía, a esa persona a la que tanto quiero; sentir orgullo por compartir con él todo lo bueno que le está llegando y saber que lo seguiré sintiendo a lo largo de muchos años.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, algunas palabras en determinados versos que, por poco frecuentes, a mí, personalmente, me han sacado un poco del poema. Pero ya digo que esto es una cosa mía, porque Andrés, amante del lenguaje como es, se esmera en navegar entre palabras.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“[…] es curioso,

la vida no puede ser un poema”.

Andrés París

Crítica: No

Título: No

Autora: Francisco José Martínez Morán

Editorial: Pre-textos

I Premio Internacional de Poesía Francisco Brines

Ya sabéis que me dejo orientar, en cuanto a lecturas poéticas, de determinadas personas, y a Francisco José lo conocí por mi querida Marina Casado, así que no dudé en leerlo.

En una de las tantas visitas a la Feria del Libro de Madrid de este año, fuimos a verlo y compartimos conversación, dedicatorias y versos. Y yo me hice con este “No” de título tan conciso, con la siempre sobria y perfecta edición de Pre-textos (me encanta la paleta de colores que usa) y que se alzó con el I Premio Internacional de Poesía Francisco Brines.

Cuesta encontrar poetas nacionales contemporáneos entre tanto fango. Sabéis de sobra cuál es mi opinión sobre esos “poetas” con tan poco mérito como el de tener muchos seguidores en redes y/o ser famosos, con una poesía tan pobre a la que se lanzan las grandes editoriales para hacer caja, sin que la calidad importe. Entre todo ese barro, como digo, cuesta dar con poetas que merezca la pena leer (y los hay, está claro). Cuesta porque los poemarios de poetas con poco peso en redes o en platós de televisión (entre los que me incluyo) no están en las librerías, ni siquiera los que, aunque solo sea por haber ganado algún premio, puedan tener cierto interés. Hay que saber qué libro buscas, pedirlo, que lo encarguen, que lo traigan… Liarla un poco para, al final, conseguirlo. Por eso, también, son tan importantes las ferias de libros. Porque, si se huye de esas colas kilométricas de lectores de famosos, se puede encontrar a autores de verdad, a poetas de verdad, se puede encontrar, por ejemplo, a Francisco José Martínez Morán.

Porque su poesía merece este premio y merece ser leída. Porque es escueta, sutil, frugal. Porque está perfectamente medida. Lo está cada palabra, cada verso, cada idea e imagen. Es difícil, creo, llegar al lector de poesía con poemas tan breves. Hay que dominar mucho las reglas poéticas del mal entendido verso libre, que no supone escribir como a uno le dé la gana, ni mucho menos. Hay que ser muy buen poeta para situar todo en su lugar preciso y, además, crear poemas tan bonitos y tan “de pellizco” como muchos de los que hay en este libro.

Sabéis, también, que no hablo más de la cuenta de cómo es la poesía de un determinado poeta, sino que prefiero contaros una opinión breve e invitaros a que los leáis desde el ofrecimiento de algunos de esosversos. Estos son los que he seleccionado para poneros el anzuelo y que leáis a este poeta:

De ZURCIDO:

“Aquí y allá los versos se repiten:

siempre trazan las mismas obsesiones,

el mismo ramillete

de círculos y fobias;”.

De TENSÓ:

“Ahora ya no sirve la agudeza:

has descendido al barro y en el barro

se dilucidan todas tus opciones”.

De NOCTURNO (DESCONEXIÓN):

“Aquí, pero tan lejos.

Viajas en el preludio de lo roto”.

De ARCO DE MÍ:

“Que se lleve el incendio la memoria,

que arrase con la ruina

y deje tras de sí sólo silencio”.

De HIPÁLAGE (NOVIEMBRE):

“Camino sin propósito,

como cualquiera vive”.

Lo que más me ha gustado: me repito bastante en este argumento, pero, además de gustarme mucho la poesía de este poeta, me quedo con descubrir luz entre tanta cueva, de encontrar verdad entre tanta impostura.

Lo que menos me ha gustado: por ponerme algo pejilguero y caprichoso, algún poema largo, por tener el tiempo de poder introducirme más en él.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Repasas la penumbra.

Este es tu territorio:

nada te pertenece

con más limpia justicia

que la indefinición”.

Francisco José Martínez Morán

Crítica: Tiempo de paz y de memoria

Título: Tiempo de paz y de memoria (Treinta poemas comentados)

Autora: Mariluz Escribano Pueo

Edición: Remedios Sánchez

Editorial: Hiperión

Según de quién vengan las recomendaciones poéticas, me fío más o me fío menos. Si quien está a cargo de esta edición es Remedios Sánchez, las dudas se disipan al instante. Si, además, la poeta de la que hablamos es alguien de la altura de Mariluz Escribano y si algunos de quienes comentan los poemas tienen la autoridad poética de Manuel Francisco ReinaRaquel LanserosLuis Alberto de CuencaGioconda BelliRafael Soler o Antonio Gamoneda (entre otros y otras), ¿cómo no iba a leer yo este libro?

Es una lástima, hay que decirlo, que una poeta tan inmensa como Escribano tenga que ser “rescatada” y haya que justificar por qué ha de ser una de las autoras más importantes de la poesía en castellano. También, del mismo modo, es de agradecer que haya personas como Remedios Sánchez, ocupada en dignificar nuestra poesía desde su erudición poética, desde su buen hacer y desde el amor no solo a quien fue su maestra, sino a este género que tanto amamos ambos.

Es un libro perfecto para un primer acercamiento no solo a la obra de la poeta granadina, sino, también, a su persona, a su vida, a su historia, a todo eso que responde al por qué de su poesía. Esto se consigue gracias a los comentarios que poetas de peso (como los citados anteriormente) hacen sobre quién fue esta mujer tan generosa como talentosa, tan amplia como íntima, tan desconocida para muchos como necesaria para todos.

Porque la poesía de Mariluz Escribano se abre como un río, se hace grande desde la sencillez que solo alguien con una sensibilidad especial puede mostrar a través de unos versos limpios, comprensibles, de una introspección brutal que, no obstante, poseen una universalidad abrumadora.

Y esto en solo treinta poemas.

Estoy deseando leer más a Mariluz, profundizar más aún en su literatura, que es su vida, sus miedos, su dolor, su concordia y su memoria.

“Geografía de la memoria” no creo que tarde mucho en caer en mis manos…

Por dejaros algunos versos, me quedo con esta selección:

De LOS OJOS DE MI PADRE:

“Mi padre es un silencio que observa cómo crezco”.

De CANCIÓN DE TRISTEZA:

“Ahora tengo una mano de marfil

y otra de ausencia

y ejerzo de tristeza y de noviembre”.

De EL TIEMPO:

“Después de tantas lluvias

y atardeceres lentos,

ahora es tiempo de paz,

de paz y de memoria”.

De NO COMÍ PAN DE PADRE:

“Ahora sé que mi padre

edificó mi estampa,

despacito en las noches

en que crecen las lunas”.

De LOS NIÑOS SOLDADO:

“Tienen la piel oscura como oscura es la noche,

y los ojos tan negros como la piel de un toro,

guardan para sus madres una sonrisa dulce,

pero en sus casas suena el fragor de la guerra”.

Lo que más me ha gustado: descubrirla, como digo, no solo a través de su poesía (que es una maravilla), sino también a través de lo que fue, de cómo fue, de cuál fue su lugar en el mundo.

Lo que menos me ha gustado: por poner una pega, algunas erratas que mi ojo de corrector no puede pasar desapercibidas (que todo error en un libro sean un par de erratas, también os lo digo).

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Una silla vacía es el corazón del tiempo

Certeza que vivimos cuando algo se nos muere

y nos deja en las manos el helor del invierno”.

Mariluz Escribano Pueo

Crítica: Una nueva temporada en el infierno

Título: Una nueva temporada en el infierno (poemas inéditos)

Autor: Rafael Alberti

Edición: Manuel Francisco Reina

Editorial: Ediciones del Genal

Colección: Libros sobre ruedas

Acercarse a Rafael Alberti es acercarse a la POESÍA, así, con mayúsculas, a uno de los poetas más grandes que nuestro país ha dado, a un maestro de maestros, a un señor con todas las letras, a una figura imprescindible en las letras hispanas (y no solo en las letras), a una leyenda de la literatura nacional.

Si hay que nombras, por poner un número, a tres poetas españoles imprescindibles, Alberti es, sin duda, uno de esos tres nombres que hay que citar sí o sí.

Siendo conscientes de todo eso, encontrarnos, en pleno 2022, con poemas inéditos del poeta gaditano es, además de una noticia maravillosa, un regalo para todos los que amamos la poesía.

Que lo haga, además, en una colección que hace tanto bien a la cultura como esta de los “Libros sobre ruedas” (además de en el diario ABC), tan bien dirigida por su creador, Manuel Francisco Reina, y con unas palabras previas de alguien como él, con tanto conocimiento sobre la obra y la figura de Alberti (a quien tuvo de maestro), suma. Porque la cultura suma. El conocimiento suma. La poesía suma.

Y qué poemas. Qué intensidad. Qué dureza. Qué (hay que decirlo) temblor.

Porque la poesía sirve, a veces, para poner a cada cual en su sitio. Y entorno a la figura de Alberti se han dicho tantas tonterías y se han volcado tantas mentiras desde su propia familia (aquí queda muy bien explicado y documentado el nefasto papel de su hija Aitana, que es todo menos hija y a quien el mismo poeta, su propio padre, se ve obligado a apartar de su vida) y desde quienes se creyeron familia y solo quisieron (como de tantos otros poetas) aprovecharse, que es necesario poner ciertos puntos sobre ciertas íes. Porque lo peor que puede hacerse ante la generosidad es aprovecharse de ella en el peor sentido posible. Y porque algunas personas, con nombres, apellidos y cargos públicos nunca supieron estar a la altura de aquellos a quienes quisieron considerar sus maestros cuando lo único que hicieron fue chuparles la sangre en vida y tratar de seguir haciéndolo en muerte. Es algo que a mí me repugna. Y, por eso, agradezco muchísimo que se empiecen a contar ciertas verdades incómodas para esas personas, per necesarias para hacer justicia, poética y de la que ajusticia con toda su fuerza.

Por poneros un solo ejemplo de estos inéditos y desgarradores poemas, solo dejaré un verso, dedicado a su hija Aitana (fijaos en la dureza):

“Yo voy a destruirte. Tu imagen será menos

que el polvo derribado de una estatua de aire.

Serás en el recuerdo menos de lo que eras

en el túnel materno, antes de haber nacido”.

Poesía, amigos y amigas. Poesía y verdad. Poesía y justicia. Poesía y temblor. Y, por supuesto, poesía y Alberti. ¿Qué más se puede pedir?

Lo que más me ha gustado: TODO, así, sin más.

Lo que menos me ha gustado: que siga habiendo sanguijuelas aprovechándose de la poesía y de los poetas para seguir trepando.

¡Un abrazo!

“Su fragancia infinita envenena mis noches,

su futuro es el rayo fatal que me aniquila”.

Rafael Alberti

Crítica: Animal de bosque

Título: Animal de bosque

Autor: Joan Margarit

Editorial: Visor

Cuando un poeta trasciende y lo hace en la manera de Margarit, es por algo.

En pleno debate sobre qué es o qué no es poesía; a quiénes podemos considerar poetas y a quiénes no; quién tiene la autoridad para responder a esos interrogantes… En plena explosión pseudopoética donde solo cuentan los seguidores y/o (por lo tanto) los números de ventas y no se atiende apenas a la calidad, leer a Margarit es necesario.

Y lo es porque él fue (es) un poeta de verdad, de oficio, de libreta y bolígrafo y correcciones, y estudio, y vivencias, y respeto por lo que hacía, y calidad, amigos y amigas, mucha, mucha calidad.

Menudo libro, este último libro suyo, ya sabiendo que no le quedaba mucha vida.

Mi primer acercamiento al tremendo poeta catalán tenía que ser con este homenaje a la vida, a la muerte, a lo vivido, a lo perdido, a la familia, al amor, a la poesía, a la música… A la propia existencia de Margarit y de los suyos, algo que nos hace comprender mejor al poeta. Al fin y al cabo, ¿no sirve un poco para eso, también, la poesía?

Es un poemario extenso, muy duro, muy sincero, real y honesto. Sencillo en la lectura, porque Margarit es un poeta sencillo de leer, con la dificultad que eso supone. Un poemario en el que Joan va colocando nuestros pasos sobre sus propias huellas, desde que era un niño, pasando por sus logros, sus fracasos, su dolor, sus alegrías; en el que nos hace partícipes de todo lo que fue, de lo que es, por supuesto, a través de su poesía.

Inmenso y universal, tan nuestro como tantos otros grandes poetas (qué país, el nuestro, de buenos y buenas poetas), uno de los grandes, sin duda.

Por haceros partícipes, también, de la poesía de Margarit, comparto algunos de los versos que más me han gustado.

“Siempre la multitud bordea la violencia.

Y sin embargo es la soledad

lo que se considera un castigo:

da miedo a tanta gente”.

“Cada uno es su casa. La que fue construyéndose.

Que, al final, se vacía”.

“Sin la fuerza con la que desde jóvenes

tuvimos que hacer frente a la infidelidad,

no habríamos llegado a sentir nunca

la ternura de nuestra senectud”.

No sé qué os parecen, pero a mí me parecen versos preciosos…

Lo que más me ha gustado: leer, por fin, a uno de los gigantes de la poesía contemporánea en español, que siempre es un regalo.

Lo que menos me ha gustado: ya sabéis que no suelo leer poesía traducida porque (creo) que traducir poesía y que el poema sea el mismo es prácticamente imposible. Como la mejor muestra de esta creencia, este libro. En edición bilingüe (porque Margarit escribía en catalán), los poemas en castellano son traducción del propio autor y, aun así, no son los mismos poemas. Hay rimas donde en el original no existen, cambia el orden de las palabras, cambian las palabras muchas veces… No es igual. Y esto es lo único que puedo decir como aspecto que menos me haya gustado menos, porque el libro es una maravilla.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Porque la poesía es, para quien la escribe,

aprender a escribirse a sí mismo.

Y para quien la lee, aprender a leerse”.

Joan Margarit

Crítica: Travesía

Título: Travesía

Autor: Elsa López

Editorial: Hiperión

XIII Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”

Qué barbaridad.

Permitidme que eso sea lo primero que escriba sobre este poemario y que eso sea lo primero que leáis sobre mi opinión de él.

No seré yo quien descubra, a estas alturas, a Elsa López. De hecho, por fin han reconocido su carrera literaria con el Premio Canarias de Literatura a toda su obra. Ahí es nada. Además, ya hablé de ella después de leer “A mar abierto”, su poesía reunida entre los años 1973 y 2003, pero este libro es posterior (2005), y ya os digo que pasa a ocupar la breve (por selecta) colección de poemarios favoritos, entre los que se encuentran, por ejemplo, “La paternidad de Darth Vader”, de Manuel Francisco Reina; “Toco la tierra”, de Ángela Figuera Aymerich; “Los trescientos escalones”, de Paca Aguirre; “El libro de Lilit”, de Guadalupe Grande; “Matria”, de Raquel Lanseros; o “De las horas sin sol”, de Marina Casado. De verdad, qué auténtica maravilla.

El libro me llegó (no sorprenderá ya a nadie) de manos de Manuel Francisco Reina, quien, después de pasar varios días en La Palma en los Encuentros “Mujeres de carne y verso” rodeado de buenas poetas, me trajo este inesperado regalo que, como si fuera poco, venía dedicado por Elsa (casi me muero al verlo). “A Jorge Pozo Soriano, nuevo testigo de mi muerte…”, empieza esa dedicatoria, y yo, al leerla, no comprendí muy bien a qué se refería.

Solo he podido entenderlo al ir sintiendo cómo se me iban clavando los versos a medida que iba leyéndolos.

Porque, sí. El libro es una preparación para la muerte, la antesala de un adiós en la que poder aguardar sabiendo que ese final llega con una vida plena, repleta de un amor al que se refiere la poeta de forma constante, indicándole que todo está bien, que todo estará bien, que no ha de cambiar nada cuando el final llegue.

Y, será por lo espectacular de los poemas. Será por mi situación personal actual. Será porque yo también estoy viviendo un final y estas despedidas me han hecho temblar, me han hecho tener que pararme durante unos segundos, me han hecho llorar.

Qué forma más bella de despedirse, de escribir, de dejar la paz que se te intuye solo con verte o escucharte. Qué inmensa poeta eres. Qué privilegio leerte y tener cierta conexión contigo.

Hay versos y poemas que, como digo, han hecho que me estremezca (de manera literal), y quiero compartir algunos por aquí, porque la poesía hay que compartirla, porque quiero pediros que busquéis este libro y os hagáis con él, porque es uno de los mejores poemarios de una poeta en lengua castellana que se han escrito jamás (y, no, no estoy exagerando).

“[…]

Así la luz que se va mitigando

hasta darme esta cálida sensación de vacío.

Así la dulzura de esta pena tan mía

que a nadie importa ya”.

“Que es imposible, amor, que vuelvas la cabeza

cuando ves que, dolida, me doblo sobre el suelo

congeladas las alas.

Es imposible, amor,

que yo me quede sola en medio de la calle

y tú me digas vete

y no notes el llanto que me acogota el pecho

ni entiendas que mi alma tiene los pies helados

de gris y transparente que está el frío.

Es imposible, amor, 

que el corazón despliegue tal suerte de tristeza

y tú no te des cuenta.

Que es imposible, amor,

recorrer este mundo sin saber ya de ti,

sin encontrar tus huellas sobre el barro”.

(Decidme que este, mi poema favorito del libro y uno de mis poemas favoritos ya del mundo, no es una auténtica preciosidad y no se os clava un poco en el pecho).

“[…]

Es encontrarse el mundo,

la belleza del mundo, por ejemplo,

su riguroso acierto, su armonía,

su deslumbrante forma de aparecer de pronto.

Y luego darte cuenta de que no está contigo

o que ha muerto

y ya no volverás a verlo ni a mirarlo

por culpa de la lluvia”.

“[…]

Yo miro el horizonte, las montañas,

sus abultados vientres,

sus rodillas hinchadas cubiertas de amapolas.

Y me limito a constatar el aleteo

y el suave parpadeo de los ángeles.

Navego hacia otras islas”.

“[…]

Y pienso en el arrastre del fondo del océano

y te clavo en el alma y sueño que estoy muerta”.

(¿Se puede escribir alejandrinos más bonitos y más bien hechos?)

Lo que más me ha gustado: podría decir mil cosas, pero tengo que quedarme con dos. Por un lado, tener el libro dedicado (gracias infinitas, Elsa). Por otro, sentir una conexión tan grande con la poesía de este libro que he sentido muchos versos y muchos poemas como parte de mi vida, de mis propias emociones, de mis tristezas y mis miedos. Poesía, queridos y queridas, siempre poesía. Y sus alejandrinos, por favor. Sus alejandrinos.

Lo que menos me ha gustado: del poemario no puedo decir absolutamente nada porque me he enamorado de todos y cada uno de los poemas. Solo, como ya he dicho muchas veces, que es una pena que este libro no esté en las secciones de poesía de todas las librerías de España, bien a la vista, mostrándolo con el orgullo que todos los que amamos este género deberíamos sentir al saber que Elsa López es nuestra, que su poesía es nuestra, que su legado es nuestro.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Por eso aunque me muera

no le digas a nadie cómo sientes el alma

o cómo te hace daño el saberme tan lejos.

No quiero que estés triste ni con la hiel partida”.

Elsa López

Crítica: Los ojos fríos del vals

Título: Los ojos fríos del vals

Autor: Marina Casado

Editorial: Bajamar

Vuelvo a leer a Marina Casado y vuelvo a enamorarme de su poesía.

No lo puedo evitar. Su estilo me gusta tanto que se ha convertido ya en una de mis poetas de referencia, en alguien en quien confiar para cruzar poemas y decirnos qué opinamos, para (como ella también ha visto) caminar de la mano por esta andadura poética de ambos, porque nos respetamos tanto que, por lo que parece, nuestros estilos y temas se están entrelazando (y eso es algo que me encanta).

Llegan estos ojos fríos del vals (su quinto poemario publicado) casi a la par que su maravillosa novela juvenil “Los doce reinos del tiempo”, dejando clara la versatilidad de esta poeta, que se atreve –con éxito y soltura– con todo tipo de literatura.

Llega con una editorial, Bajamar, que está haciendo una apuesta firme por cuidar una colección de poesía con poetas emergentes y poetas ya de altura, como es el caso de Marina Casado.

Quizá gracias a esa apuesta, Marina se ha atrevido a dejar de lado posibles pudores o encorsetamientos y ha dado rienda suelta a su voz más salvaje, más libre, más (en algunos momentos) modernista. Porque, a veces, escribir poesía supone aceptar y seguir ciertas normas –escritas o tácitas– que pueden llegar a ser una limitación de la creatividad, la forma o el estilo. Y, con poemarios cerrados de una forma (digamos) más clásica, este libro se sale de esas normas para abrir a la poeta casi en canal, para hablar y dejar por escrito que, también fuera de esos límites, es una de las mejores poetas que existen en el panorama nacional.

En “Los ojos fríos del vals”, Marina convoca a los espíritus de Odette y Odile, de esos cisnes antagónicos que representan la realidad de la humanidad y del mundo, y lo hace a través de la poesía, por supuesto, pero, también, del cine, de los cuentos infantiles y, como es habitual en ella, de la música.

El resultado es un poemario tan arriesgado como acertado; tan personal como global; tan intrínseco como magnético. Un poemario que es la esencia de Marina, que es su voz desnuda, su latido poético. Un poemario que, como toda su obra, merece ser leído por quienes amamos la poesía y, sí, también por quienes queremos y admiramos a Marina, que somos muchos. 

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: la valentía que Marina demuestra al escribir algo que de le apetecía escribir, sin seguir más señales que su instinto, su buen hacer poético y sus ganas de salirse de “lo establecido”.

Lo que menos me ha gustado: que, ya que es novedad, pasará algo de tiempo hasta poder tener su próximo poemario (aunque esto lo salvo al leer los distintos poemas que va escribiendo y comparte conmigo, beneficios de la amistad).

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Devolvedles la voz a aquellos muertos.

A los hombres que aúllan debajo de la tierra,

a los huesos sin nombre, a los naufragios.

[…]

Devolvedles la voz

para que no se mueran”.

Fragmento de “1936”, Marina Casado

Crítica: Babilonia dream

Título: Babilonia dream

Autor: Alicia Louzao

Editorial: Bajamar

Es complicado hablar de los libros escritos por gente conocida, más aún si, como en este caso, lo ha escrito una amiga a la que se tiene mucho cariño.

No. No es el prolegómeno a una crítica negativa. El libro me ha gustado mucho, pero, para bien o para mal, es complicado cumplir la objetividad que siempre ejerzo en mis reseñas, y creo que es de justicia que lo diga.

Alicia la conocí en un recital de poesía y entró al grupo de Los Bardos unos pocos días antes de lo que hiciera yo, y vi en ella a una chica que vivía la poesía con dulzura, que la leía con ese acento tan mágico de las tierras gallegas, que empezaba a moverse en este universo, el poético, con todas sus peculiaridades.

Ganadora del VIII Premio de Poesía Jovellanos, y con varios poemarios publicados antes que el que nos ocupa, Alicia Louzao comienza a dar pasos firmes en la poesía, y lo hace con una voz muy característica, muy personal, muy (me atrevería a decir) arriesgada. Y (vuelvo a atreverme), es un riesgo que solventa con éxito.

Porque, para alguien como yo, acostumbrado a leer un tipo de poesía muy específico, a seguir unas normas en cuanto a métrica, ritmo y temas, a insistir en esos y esas poetas con los y las que puedo identificarme, es un reto leer a otro tipo de poetas, otro tipo de poesía. Y, no creáis, leo con cierto temor. Sobre todo, como dije al principio, si quien escribe es conocido. Y, sí, tuve ese temor al principio (aunque, por lo que le había escuchado, sabía que no era un temor muy grande), pero se fue diluyendo a medida que los versos avanzaban. Y, alejado de esos temores, he disfrutado mucho la lectura.

Sin ser yo un estudioso de la poesía que pueda (ni quiera) hablar de generaciones, tendencias, similitudes y demás, he encontrado en los poemas de “la Louzao” imágenes muy impactantes que beben, en muchos casos, de lo urbano, de la calle, de graffitis, pintadas; de recuerdos de la infancia; de la nostalgia de dejar atrás la niñez (un tema que me atrae bastante en lo poético); del cine; de la música; de los clásicos de la literatura… Una mezcla tan bien unida que consigue que, al leer poema tras poema, avancemos de la mano de la autora por su urbe personal, por sus recuerdos, sus miedos y sus preocupaciones.

Y eso, siempre, es de agradecer.

Quiero destacar y, también, agradecer, la preciosa labor que la Editorial Bajamar está haciendo con la poesía, especialmente con esta colección que está dando voz a jóvenes poetas como Alicia, con cariño, con respeto y con una edición tan sutil como cuidada.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: descubrir que hay voces que se atreven a mostrarse con personalidad, con aplomo, y que escenarios corrientes, mundanos y menos concurridos pueden ser las localizaciones perfectas para la poesía. Creo que esa apuesta por lo cotidiano es un acierto en este Babilonia dream. Además de eso, hay repeticiones en algunos poemas que son maravilla.

Lo que menos me ha gustado: por lo (podríamos decir) rígido que yo soy con la poesía, quizás habría agradecido algo más de estructura, algo más de andamios. Eso sí, esta es la poesía de Alicia, no la mía, por la que ni mucho menos es una crítica negativa, sino algo que únicamente tiene que ver con mis gustos y mis hábitos como lector.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Los condenados tienen un himno que recoge todas las espinas que penetran en el pecho”.

 Fragmento de “Cántico. Espectáculo al aire libre”, Alicia Louzao

Crítica: Libro del frío

Título: Libro del frío

Autor: Antonio Gamoneda

Editorial: Siruela

Reconociendo (y viendo) la maestría de Gamoneda y su poesía, no va a ser este “Libro del frío” el poemario suyo que más me guste.

Hay figuras que (permitidme el juego fácil de palabras) te dejan helado (suena incluso peor escrito que pensado), pero ya sabéis que la poesía breve me gusta en su justa medida, y aquí casi todo es poesía breve.

Insisto en que Gamoneda es tan buen poeta que llega casi de cualquier forma, aunque no sea la que más nos guste, y que siempre se aprende cuando escribe un maestro. Creo, también, que es bueno que un poeta investigue distintas versiones de su poesía, que no escriba siempre de los mismos temas o de la misma forma, y estos poemas del Premio Cervantes 2006 hacen ver su escritura desde otra esquina, desde otro plano, desde otra mirada.

Porque el sentimiento está. El mensaje está. La calidad está. Esta una visión brutal de envejecer, del deterioro, de la enfermedad y las pérdidas. Pero a mí, que soy más de leer o escribir poemas algo más extensos, estos se me quedan algo cortos. Quizá porque les veo tantas posibilidades de haber sido más largos que me quedo un poco a medias.

Pero esto es cosa mía. No seré yo quien diga que un poeta de la talla de Gamoneda no escribe bien. Es, supongo, cuestión de gustos.

Lo que más me ha gustado: puede que eso mismo que no me ha terminado de convencer sea, a su vez, lo que más me ha podido gustar: descubrir que, cuando se sabe lo que se hace, se es capaz de expresar mucho en poco espacio, con las palabras justas.

Lo que menos me ha gustado: algunos poemas más largos, porque hay muy poquitos de esos en este libro y bastantes de ellos me han dejado (no aprendo y vuelvo a los juegos fáciles de palabras) un poco frío (perdón).

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Es la impureza y la piedad, el alimento de los cuerpos abandonados por la esperanza”.

Antonio Gamoneda”, en “Libro del frío”.

Crítica: Las hogueras azules

Título: Las hogueras azules

Autor: Juan F. Rivero 

Editorial: Candaya

Premio del Gremio de Librerías al Mejor Libro de Poesía del Año

Que los libreros y libreras hablen siempre es bueno. Que recomienden, que comenten, que sean faro literario en esta selva editorial en la que nos encontramos. Es necesario. Y han vuelto a hablar. Y nos han traído sus libros preferidos del año. Y yo os traigo, gracias a su trabajo, la reseña de este poemario tan especial, tan sutil, tan delicado y tan bello.

A mí me pusieron en las manos este libro las encantadoras libreras de la Librería Cervantes y Compañía (no dejéis de visitarla si estáis en Madrid). Al preguntarles por algunos poetas, me dijeron, con el cariño puesto en las palabras, que, si me gustaba la poesía, me iban a recomendar este libro, que a ellas les había encantado. ¿Veis por qué digo que los libreros y libreras tienen que hablar?

Porque, sí, esas son las palabras que me salen nada más leerlo. Llamadme cursi, ñoño o lo que os parezca mejor, pero es un libro así, lleno de una levedad cargada de belleza, firme a pesar de lo liviano, acertado en la búsqueda de palabras, imágenes y formas para contener justo lo que era necesario. Qué difícil, ¿no creéis?

Distinto ya desde que uno sabe que se va a ver inmerso en las tradiciones poéticas de China y de Japón. Porque, lejos de algunos haikus o tankas que podemos encontrar si buscamos un poco (yo mismo me atreví a escribir algunos en “Laberinto breve de la imaginación”, esa antología de poesía breve publicada por Cuadernos del Laberinto en la que participé), no estamos muy acostumbrados a adentrarnos en la poesía oriental, y es muy interesante (o así lo creo yo) buscar inspiración lejos de nuestras fronteras, de lo conocido, de lo que nos rodea.

Juan F. Rivero ha sabido beber de esas fuentes y nos las acerca a golpe de verso, con un cuidado propio, también, de esas culturas, con tacto, aroma, sonido y sabor a tierras lejanas donde buscar la belleza en la sutileza de lo cotidiano es casi una forma de vida.

Y yo me alegro, como me habréis leído o escuchado muchas veces, de que la juventud en un poeta no sea sinónimo de despreocupación por la tradición poética; de arrancar la raíz para sembrar malas hierbas; de creerse dueños de la certeza poética sin apenas saber qué es la poesía. Este poeta joven (nacido en 1991) tiene oficio, respeto y verdad en su escritura.  Sigamos a estos poetas y no a los poetas de escaparate, llegados al universo poético por méritos (o, más bien, deméritos) muy distintos a saber escribir poesía (llamémosle fama, llamémosle muchos seguidores, llamémosle venta asegurada, de una u otra forma). Y agradezcamos, también, la imprescindible labor de editoriales independientes como Candaya, que, además de hacer unas ediciones preciosas, apuesta por autores que sí, por autores que siempre, por autores que todo.

Gracias.

Lo que más me ha gustado: podría apuntar muchos aspectos, pero me voy a quedar con lo distinto que ha sido para mí leer un poemario así. Alejado (no en todo) de lo que suelo leer. Aunque suene a cliché, he podido viajar con los versos de Juan F. Rivero, un viaje sensorial que ha sido muy placentero. 

Lo que menos me ha gustado: quizá la parte de poemas más breves es algo extensa para mi gusto, pero solo es un quizá y, como sigo, solo para mi gusto.

Sin duda, un muy buen poemario de un poeta joven que merece ser leído. Recomendado al cien por cien.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Somos tangibles, tiernos

como el desorden de una habitación;

sentimos miedos nuevos

                                                  cada vez que diluvia

y asignamos un nombre

                                               a las cosas que amamos”.

 “Poemas para un biombo sobre la tristeza (Panel B)”, Juan F. RIvero