Por eso leo y releo a los mismos y mismas poetas

Ya sabéis lo importante que es para mí la poesía. Ya sabéis lo en serio que me tomo escribirla y, aunque esto pueda sonar raro, cuánto me esfuerzo en leerla. En buscar poetas de quienes aprender (o preguntar a quien sé que puede asesorarme al respecto). Me encanta leer poesía, eso ya lo he dicho y enseñado muchas veces, por eso me tomo mi tiempo en buscar a quién leer y, también, a quién no.

Porque, tan cierto es que me encanta leer poesía buena como que detesto encontrarme con poesía mala o con “nuevas voces poéticas” que escriben “poemas” como si estuvieran haciendo churros.

¿Qué es bueno y qué es malo? ¿Quién lo decide? ¿Quién eres tú para acoger o rechazar poemas y poetas? ¿Qué es poesía y qué no lo es?

El eterno debate, más aún en nuestros tiempos. Tantas veces me han hecho esas preguntas cuando hablo de este tema…

No creo que descubra la pólvora cuando afirmo (como lo hace tantísima gente) que la literatura está, hoy en día, bastante contaminada. Pensad en no hace tantos años, cuando costaba tanto ser publicado (podemos irnos al caso de J. K. Rowling), cuando costaba tanto asentarse como autor o autora. Había algunos casos debatibles, pero eran más bien pocos. Y los autores y autoras que han perdurado son quienes son. Imaginaos esto mismo, pero en el campo de la poesía. Qué pocos poetas son recordados, pero qué nombres más inmensos tienen. 

Pensad en el panorama literario actual. Buscad un poco en redes sociales. Plagadas de “autores” y “autoras”. Cualquiera que tenga el tiempo de juntar letras hasta completar un libro (sí, completar), es autor. Si, además, esa persona tiene el apoyo de hordas de seguidores incapaces de ser críticos y decir que el libro no vale ni para calzar una mesa coja (sin perder la cordura) o de haber pasado por algún reality de televisión que poco o nada tiene que ver con la literatura (sin que nunca lo llegaran a imaginar), puente de plata. 

Por eso, me reafirmo en buscar y leer poesía de verdad, no productos de marketing o de egos insoportables. Por eso, leo y releo a los y las poetas que saben lo que escriben porque lo conocen, porque lo respetan y porque se dejan la piel en encontrar el lenguaje y los recursos apropiados para considerarse poetas (y no tantos orgasmos y folleteos absurdos plagando versos vacíos).

Por eso sigo leyendo, entre otros, a estos que traigo hoy. A Manuel Francisco Reina. A Francisca Aguirre. A Gloria Fuertes. A Ángela Figuera Aymerich. A Raquel Lanseros. Porque ellas y él son poetas buenos que escriben buena poesía. Y eso, amigos y amigas, es irrebatible solo con leerlos.

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