Sobre ‘Hogares impropios’

Quienes me sigáis por redes, leáis mi blog o me hayáis escuchado hablar sobre literatura y poesía en alguna charla, entrevista, recital o en las entrevistas que hago en Radio off the record (que retomamos ya en breve), sabréis cuál es mi opinión sobre el mercado editorial actual y, de forma más específica, sobre la poesía actual.

Siempre he sido lector de poesía y siempre he escrito poesía, desde muy pequeño, porque pronto supe que era algo que me llamaba, algo que estaba en mí y que, algún día, aprendería y haría con cierta soltura.

Recuerdo leer, de niño, a Miguel Hernández, a Machado, a Lorca, a Gloria Fuertes… Y escuchar cómo mis padres me leían algunos poemas. Del mismo modo, recuerdo escribirle un poema a mi madre con rimas propias de mi edad como uno de los primeros textos escritos por mí de los que tengo recuerdo (en cuanto pueda, subiré el poema a las redes, para que veáis mis orígenes, jeje). Como he dicho en algunas ocasiones, ya desde bien pequeño, poesía, poesía y poesía.

Con el tiempo seguí escribiendo algunos versos, sobre todo impulsado por el concurso de mi instituto, el Felipe II de Moratalaz, con un equipo de profesores y profesoras de lengua maravilloso y de quienes guardo muy buen recuerdo (Isabel, Carmen, Pilar, Trini, Alicia…), siguiendo en contacto aún con alguna de ellas, que siguen mi carrera como escritor. Si no recuerdo mal, aunque sí recibí algún premio con mis poemas, nunca gané el concurso salvo en una ocasión, aunque fue con un relato. Lo que sí sé es que ese aliciente me hizo seguir buscando esa voz que seguía diciéndome que escribiera poesía.

Después, aunque siempre he ido escribiendo algunos textos, la poesía quedó algo apartada mientras me sacaba las dos carreras, trabajaba, pasaba un año en Florencia, dos en Londres y, sobre todo, mientras empezaba a publicar mis libros de cuentos y la novela de fantasía juvenil. Un periodo largo en el que escribí muy, muy poca poesía y en el que tampoco leí demasiada.

El siguiente momento importante para mi yo poético fue, sin duda, el confinamiento. Aquella locura que nos tocó vivir y ante la cual cada uno tuvo que buscar la forma de no perder la cabeza supuso, para quienes realizamos alguna labor creativa y tuvimos la fuerza suficiente, un empujón al vacío. Entre otros entretenimientos, me lancé a publicar un poema al día por Instagram, y lo mantuve durante muchos, muchos días. Hoy, los leo y, sinceramente, tan solo salvaría algunos versos y algunas imágenes, aunque tendría que meter tijera y sutura en todos ellos. Eso sí, como ejercicio de escritura poética fue brutal, porque me obligué a explorar(me), a observar(me) y a crear(me) a través de la poesía. Como aprendizaje fue un paso fundamental.

En esta época escribí un poemario adulto (el primero que he cerrado estando conforme, aunque es algo peculiar) que sigue en un cajón y del que ya os hablaré cuando le llegue el momento y, también, algunos poemarios infantiles que, por el momento, no encuentran su lugar.

En los últimos años había leído más poesía de lo habitual, pero fue aquí cuando me hice un lector voraz de versos. Tengo que destacar, una vez más, el papel fundamental de mi maestro, Manuel Francisco Reina, que, por suerte para mí, fue despiadado con mi poesía, me guio sin dirigirme, me iluminó sin cegarme con su luz; y, además, viendo cómo iba siendo esa voz poética mía que ya empezaba a vislumbrarse, me recomendó infinidad de poetas y poemarios que podrían ser, como lo ha sido siempre él, un aprendizaje. Leí a Francisca Aguirre, a Ángela Figuera Aymerich, a Elsa López, a Guadalupe Grande, a Alberti, a Blas de Otero, a Antonio Hernández, a Gamoneda, a Rilke, a Gioconda Belli, a Raquel Lanseros… A un montón de poetas que, sí, fueron maestros desde el papel y la tinta.

También, cómo no, quise profundizar en la filosofía y, según el tema del que tuviera pensado escribir, leí a Ortega y Gasset, a Cicerón, a María Zambrano, a Hannah Arendt… Qué necesaria es la filosofía. Cuánto se aprende de ella.

Con todo esto que cuento, mi voz poética se hizo una realidad. Por fin, con treinta y cinco años, me encontré. Y, por suerte, con esa misma edad, me encontraron.

En este 2021 tan horrible para mí en todo menos en lo literario, por fin, pude decir (no sin cierto pudor aún) que soy poeta.

En otro momento duro en mi vida, una baja por diversas enfermedades, me agarré a la poesía como mi mayor aliada, y, en esos meses nació “Escrito bajo las uñas”, el poemario con el que, como sabéis, gané el XV Premio Internacional de Poesía Antonio Galami primer reconocimiento como poeta. En este mismo año, la editorial Cuadernos del Laberinto me incluyó en esa preciosa antología de poesía breve que es “Laberinto breve de la imaginación”, rodeado de poetas a quienes leo y admiro.

En estos complicados años (y, ya, por fin, os hablo de “Hogares impropios”), mientras leía a poetas que me cortaban la respiración, vi que hay una corriente que ha tomado mucha (demasiada) fuerza en la poesía actual. Es un hecho (y hay que reconocerlo) que se está escribiendo algo que pretende ser poesía sin parecérsele apenasInfluencers, youtubers, cantantes, actores, actrices, famosos y famosas se han lanzado, con el beneplácito y el símbolo del euro en los ojos de determinadas editoriales, a escribir eso que yo llamo pseudopoesía, esas frases de azucarillo, esos textos misterwonderfulizados y creados a golpe de tabulador sin calidad, sin estudio, sin respeto y con muy poca calidad. Podría escribir muchos ejemplos y dar muchos nombres, pero os dejo esa tarea como entretenimiento. Al ver, horrorizado, esta tendencia me lancé a escribir algunos poemitas más como desahogo que como otra cosa, criticando esta situación. Al principio, los reuní bajo el título “La fe del converso”, aunque tampoco les hice demasiado caso. Los escribí, me desahogué, los olvidé.

Poco después vi que la Universidad Carlos III sacaba un premio de poesía en el que solo pedían 300 versos, así que revisé lo que tenía en cajones, encontré estos poemas, los retoqué algo y di forma a un poemario, ya bajo el título de “Hogares impropios”, que aparece en uno de los poemas. No lo gané. Eso sí, supe que tenía que mejorarlo y seguir intentando hacer algo con este poemario.

El siguiente paso fue ver que había otro premio donde podría encajar y que me valía por fechas, el Premio Provincia de Guadalajara de Poesía José Antonio Ochaíta. Eso sí, pedían un poemario de 500 a 1000 versos, casi el doble de lo que yo tenía, como mínimo. Me puse manos a la obra.

Retoqué lo que tenía. Eliminé algunos poemas. Leí (leí mucho). Escribí poemas nuevos. Leí (leí mucho más). Me exploré, me observé, creé… Y, en algo menos de 700 versos, “Hogares impropios” se cerró. Lo presenté al premio… y lo gané.

Y fui feliz. Muy feliz. Por el premio, por supuesto, por el reconocimiento que supone, porque es un nuevo empujón que me invita a seguir escribiendo poesía y, también, porque valida esta crítica que llevo tanto tiempo haciendo sobre esa corriente de poesía que no es poesía, de poetas que no son poetas, de esta evidente puesta en valor de la calidad (de seguidores y, por lo tanto, de ventas) ante la calidad, que importa cada vez menos y que nos ha llevado a un punto en el que ya ni se esconde.

El poemario, con un poema introductorio, se divide entres partes. “La voz poética”, que pretende ser un homenaje a la poesía de verdad, a los poetas de verdad; “La palabra que se recuerda”, que es una crítica a esa pseudopoesía actual; y “Ciegos para siempre”, que habla de las consecuencias de desabrazar a la poesía de verdad por abrazar esa nueva forma de escribir que ni siquiera considero poesía.

El premio lo recojo el 14 de enero en Guadalajara. Estoy viendo cuál es la mejor forma de que se publique, ya que las bases dan la opción a hacerlo con una editorial tradicional, en acuerdo con la Diputación. Saldrá, seguro. Lo compartiremos. Me muero de ganas.

Crítica: Este mar al final de los espejos

Título: Este mar al final de los espejos

Título: Este mar al final de los espejos

Autor: Marina Casado

Editorial: Torremozas

Premio Carmen Conde de Poesía 2020

Soy capaz de identificarme con pocos poetas. Por una parte, porque hacerlo con los grandes poetas que admiro y cuyo estilo puede ser un tanto parecido a la forma que tengo de escribir me da mucho reparo. Quién soy yo para compararme con esos y esas poetas que son historia de la poesía. En cuanto a los poetas jóvenes, me ocurre que hay algunos que pretenden dárselas de innovadores sin tener asentadas las bases. Para innovar en algo tan serio como la poesía no vale con hacer lo que a uno le venga en gana sin ton ni son, y hay muchos que así lo creen y, por desgracia, un sector de la poesía (con algunos premios de antiguo renombre que han perdido todo el prestigio) lo apoya. Quién sabe por qué. Con esos, aunque me corresponderían más por edad, no me identifico en absoluto. Sin embargo, sí hay una hornada de poetas jóvenes que escriben buena poesía sin tanta chorrada, con la tradición bien integrada, con respeto y con el conocimiento de un género tan complicado como el que nos ocupa. Entre esos y esas poetas jóvenes destaca, sin duda, Marina Casado

El primer libro que leí suyo fue “De las horas sin sol”, que me enamoró desde el primer verso y que reseñé hace poco: https://jorgepozosoriano.com/2021/09/22/critica-de-los-dias-sin-sol/ (sí, lo puse mal al principio y el nombre de la entrada sigue siendo incorrecto). En este libro ya vi un estilo con el que sí me identificaba, que me gustaba leer, que era, más o menos, similar a lo que yo escribía y que es ese tipo de poesía que disfruto leyendo. Un regalo, vaya, en toda esta vorágine de poetas de tres al cuarto que, encima, van de poetas consagrados.

En este libro que hoy os traigo, ese estilo, que es el de Marina, me ha vuelto a hacer disfrutar mucho de la poesía. A través de sus distintas partes, Marina se coloca frente a diversos espejos y se muestra frágil y vulnerable, se expone al lector sin escudos ni argucias, tal cual es y cual es siente. El hueco. La herida. La poesía. Espejos arrastrados por mares o mareas que arrastran, al mismo tiempo, a la autora. Que nos arrastran, por su sinceridad, a quienes la leemos.

“Habrá un hueco erigido de nostalgias,

una herida sin tiempo

                                           y la poesía,

la poesía que vino a salvarme la vida.

Mi vida: tres espejos

y al final este mar que a todos nos aguarda”

(De “Tres espejos sonámbulos”).

Como ya hablé de ella al reseñar “De las horas sin sol”, no quiero enrollarme más. No soy un estudioso de la poesía ni mis reseñas van en esa línea. Tan solo soy un lector feroz de poemas, un insaciable descubridor de poetas que habla de lo que le gusta y lo que no sin dármelas de erudito y sin usar palabras gigantescas para esconder las mil carencias que tengo. A la poesía, creo, se llega a través de la sencillez, y eso nadie me lo arrebatará nunca, por muchas trabas que me encuentre en el camino.

Seguiré leyendo a los grandes y, con alegría, descubriendo a poetas que ya son grandes para mí, también como personas, como es el caso de mi amiga Marina Casado.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: me quedo con ella, con Marina. Con su poesía, por supuesto, pero, por encima de todo, con la persona. Porque sé que, aunque nos hayamos conocido hace poco, compartimos mucho en común y, estoy seguro, compartiremos muchas más que están por venir.

Lo que menos me ha gustado: que este poemario, digno ganador del Carmen Conde, no corriera la misma suerte en uno de esos premios que van de importantes y que están, por desgracia, absolutamente denostados.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“La ausencia ocupa un hueco exacto

entre los huesos.”.

Fragmento de “Rigidez articular”, Marina Casado

Crítica: Hotel para erizos

Título: Hotel para erizos

Autor: Guadalupe Grande 

Editorial: Calambur

Tuve la suerte de conocer a Félix Grande y a Paca Aguirre, pero no pude conocer a Guadalupe. Joven como era, siempre pensé que nos conoceríamos en algún momento, pero no pudo ser, y es algo que me entristece. 

El día que murió, fui a buscar alguno de sus libros (solo había leído algunos poemas suyos por internet), y este fue el único que encontré. Me hice con él, pero no lo he leído hasta ahora.

Antes de este “Hotel para erizos” leí “El libro de Lilit”, que tuve que pedir a la editorial porque no lo encontré en librerías (si alguien pudiera explicármelo…), uno de mis poemarios favoritos. Por eso, quizá, por lo que me gustó ese libro, quise posponer este otro, pero ya le llegó el momento.

“Hotel para erizos” es un poemario peculiar, ya desde su título. Muy distinto a “El libro de Lilit”. Una poesía diferente, mucho más simbólica, con poemas muy largos, versos muy largos, poemas en prosa (que no prosa poética, un término que ya sabéis que detesto), estructuras más abiertas.

He de reconocer que me costó un poco entrar y que los primeros poemas no terminaron de engancharme (a pesar de la calidad). Quizá la culpa es mía por esperar encontrarme a la Guadalupe de Lilit, pero he tenido que releer el inicio después de terminar el libro para comprender mejor esos poemas. Y, en esa segunda lectura, el poemario se ha vuelto un todo.

El refugio para todos los desamparados que es este hotel nos habla de la pobreza, de la infancia, del exilio, de la guerra, de las heridas, del ayer… Animales abandonados y doloridos que buscan un hogar tras perderlo todo y acaban llegando a este hotel, a esta cuna, a estos versos. Puede que no sea un libro peculiar, como he dicho, sino uno muy original. Quizás ese sea el motivo de que me descolocara al principio.

Cuando he sabido comprenderlo… qué maravilla. Qué familia de poetas esta familia Grande-Aguirre. Qué vacío han dejado en la poesía nacional… Y qué difícil para Guadalupe encontrar su voz entre las tremendas voces de sus padres, qué mérito tiene en haberlo conseguido.

Destacan, para mí, los poemas “El sonajero de Casandra”“Gatas pariendo”“Jardín de las variaciones” y el brutal Post scriptum Para un poema borrado” (espectacular). Os dejo algunos versos de esos poemas para que podáis disfrutarlos.

De “El sonajero de Casandra”:

Eso era ayer, ayer al fondo, cuando la lluvia y su lengua de ausencia, cuando el untuoso mecanismo da cuerda al péndulo del extravío.

De “Gatas pariendo”:

y ese gato no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín Un coche un faro luego nada

De “Jardín de las variaciones”:

Y ahora miramos absortos las horas con la infancia atravesada en los labios

De Post scriptum Para un poema borrado”:

Madre padeció hambre. Suele suceder después de una guerra. Quedaban las mondas de patata, las de naranja en primavera, flores de acacia, pequeños copos dulces, opulencia de la imaginación. Cualquier cosa parece buena para llenar el abismo del hambre

No me digáis que son unos versos maravillosos…

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: además de ese pedazo de poema cuyo inicio acabáis de leer, creo que me quedo con esa originalidad para tratar temas tan duros, desde el cobijo que todos los desamparados pueden encontrar en este hotel, no solo para erizos.

Lo que menos me ha gustado: como he dicho al principio, no haber podido conocer a Guadalupe y poder hablar con ella de poesía, de la suya, de la de sus padres, de la de verdad. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“El universo es un misterioso laberinto de compensaciones: un trozo de pan de ayer, un dedal de aceite: la pobreza”.

 “Post scriptum Para un poema borrado”, Guadalupe Grande

Crítica: Welcome to mí

Título: Welcome to mí

Autor: Eduardo Herrera Baullosa

Editorial: Cuadernos del laberinto

Adquirido en: caseta de Cuadernos del laberinto en la Feria del Libro de Madrid

A Eduardo lo conocí por las redes sociales gracias (qué raro) a Manuel Francisco Reina, y conectamos desde el primer segundo. Será que los dos amamos la poesía, que eso siempre une mucho.

Mi alegría llegó al ver que compartiríamos la antología “Laberinto breve de la imaginación”. Ya sabéis que me gusta rodearme de buenas personas y de buenos poetas.

Este libro, “Welcome to mí” lo adquirí, como indico, en la caseta de la editorial en la feria. De hecho, fui el primer en comprarlo. Tengo el primer ejemplar vendido de este poemario, y dedicado por el autor. Una joya en toda regla.

Siendo sincero, poco podía fallar. Editorial que me gusta. Una preciosa contra del propio Manuel Francisco Reina. Un autor del que sabía que podía fiarme. El resultado no podía ser otro: un libro maravilloso al que querré volver una y otra vez.

Además, con esa suerte mía, pude conocer a Eduardo, pasear por la feria (esto queda un poco Rocío Jurado, sí, “qué no daría yo…”), escuchar a Antonio Gamoneda, a Ana Blandiana y a otros y otras poetas de España y Rumanía, compartir cena, vino, anécdotas, poesía y sonrisas. Y cariño. Porque es un tío estupendo y, en una sola tarde, me llevé a un amigo que será para siempre. Un amigo que me trajo la poesía, algo que, últimamente, no me deja de ocurrir.

No sé cómo seguís leyendo mis reseñas, con lo que me enrollo…

En cuanto al libro solo puedo decir que es un librazo. Casi cien poemas (ahí es nada) en los que se tratan temas como el dolor, el sexo y la sexualidad, la infancia, el maltrato, la muerte… Temas que se tratan sin velos, sin ningún tipo de pudor ni eufemismos, algo que, al menos yo, agradezco en la poesía. 

La forma de escribir de Eduardo, además de valiente y sincera, es original por esa mezcla de vocablos españoles, cubanos y norteamericanos; por esos juegos con paréntesis y guiones que nos hacen detenernos en algunos términos; por el uso de símbolos hermosos, potentes, vitales.

Un buenísimo poemario de un buenísimo poeta. Un acierto esta bienvenida a la vida de un autor fundamental ya para mí.

Un poemario, además, con una edición muy bonita y cuidada de manos de Cuadernos del laberinto.

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado:

Del poema El otro

La cama y su vacío excéntrico como único resguardo.

Del poema Hábito de la (super)vivencia

por eso la próxima vez que me echen a los perros,

me pondré a lamer el dolor, rozando a toda costa

la parte más deliciosa de la herida.

Del poema Estafa

Una casa sin muertos no es un lugar seguro.

Pondría cien versos más, pero creo que es mejor que los descubráis junto al resto del poema.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: aunque la poesía es brutal y aunque la edición me encanta, me tengo que quedar con la persona. Con Eduardo. Me quedo con él.

Lo que menos me ha gustado: poco tengo que decir, pero, por poner algo, diré que hay algo bueno en este poemario que, quizá, encaje (para mí) en esta parte. Como he dicho, son casi cien poemas. Algo a lo que no estoy acostumbrado y que, con el tiempo mínimo que tengo, he tenido que leerlo en demasiadas tandas. Y, creedme, me habría encantado poder leerlo del tirón. Pero ya os digo que habría leído otros cien poemas más.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Abro bien los ojos y el silencio me parece demasiado obvio”.

 Fragmento de “Col-millo de leche”, Eduardo Herrera Baullosa

Crítica: De las horas sin sol

Título: De las horas sin sol

Autor: Marina Casado

Editorial: Huerga & Fierro

Adquirido en: Caseta de Huerga & Fierro, Feria del Libro de Madrid

Muchos se preguntan para qué sirve la poesía. Por qué, en los tiempos que corren, sigue habiendo personas que siguen escribiendo poemas. Un género que casi nadie lee. Que es complicado de encontrar en la mayoría de librerías. Un género sobre el que (dicen) ya está todo inventado.

Por otra parte, muchos hemos hablado acerca de esa nueva (y mal llamada) nueva corriente poética, tan abundante en redes sociales como carente de calidad poética. Esos textos (ya sabéis que me niego a llamarlos poemas) se leen, se comparten, dan dinero y seguidores… La única explicación que he encontrado cuando he preguntado por ahí es que “es sencilla y se entiende”. Vamos, que ni se han parado a leer a poetas que escriben poesía de verdad y que se entiende y que nos (les) gusta lo simple, lo inmediato, lo que no les hace dedicar más de un segundo. Insisto: a mí, no me vale con eso.

Vuelvo a esta nueva crítica dos días después de haber tenido el inmenso honor de escuchar a Antonio Gamoneda hablar de poesía, además de recitarla. En su intervención, que escuché con el vello de punta, dijo que, a esos “poetas realistas” (así llama él a quien dice escribir poesía sin pudor ni vergüenza), siempre les dice lo mismo: “No se escribe la vida. Se vive la escritura”. Y yo, que sabéis que tengo un respeto enorme por los grandes poetas, no voy a añadir más al respecto.

Volviendo al primer párrafo, la poesía sirve. Claro que sirve. Y este “De las horas sin sol”, de Marina Casado, es un claro ejemplo de esta afirmación. En un rato sabréis por qué.

A Marina llegué después de que @elgeneracional , a través de @williamalex_26 ,la entrevistara. Como ha sido la siguiente en hablar de poesía después de mi entrevista, me interesé en leerla y vi, con alegría, que opinábamos de forma muy parecida respecto a lo que he expuesto antes. Además, viendo lo que tenía escrito hasta ahora, me llamó mucho la atención este poemario que hoy os traigo, y lo hizo por la simple razón de que, por desgracia, tenemos algo en común: haber perdido a uno de nuestros padres demasiado pronto. Este “De las horas sin sol” habla, precisamente, de esa pérdida que sufrió la autora, convirtiéndose en un precioso homenaje a su padre y, al mismo tiempo, en una terapia aplicada a sí misma a través de los versos, gracias a la poesía. Del mismo modo, y de forma indirecta, también me ha servido a mí para volver al recuerdo de mi madre, para verla en algunos de los poemas de Marina, para recuperar con más fuerza aún su recuerdo y, tal y como hizo ella al escribirlos, homenajearla con la lectura. Fijaos si la poesía sirve de algo…

El libro lo compré en esta maravillosa Feria del Libro de Madrid que tanto he disfrutado este año, con la suerte de que Marina vino a verme firmar y pudo dedicármelo “con la terrible conciencia de que me comprendes”. Y tanto que te comprendo. Y tanto que es terrible.

Poeta joven, pero con un buen catálogo de libros, madrileña, sincera, profesora de Lengua y Literatura, Licenciada en periodismo, Doctora Cum Laude en Literatura Española… Y, desde que cruzamos un par de palabras por redes y nos pusimos cara en El Retiro a los pocos días, amiga y poeta a la que seguiré leyendo, sin duda.

Porque, no. No todos los poetas jóvenes pertenecen a ese grupo de “poetas realistas” del que hablaba Gamoneda. No todos escriben desde la ignorancia y la falta de interés en la poesía. No todos viven por y para las redes y sus miles de seguidores. También hay poetas jóvenes, como Marina, que se toman muy en serio esto de escribir poesía. Que la leen, la trabajan, la respetan y la hacen aún más grande. Porque, sí. Sigue habiendo poetas a quienes merece la pena descubrir y leer.

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado:

Del poema Western, domingo

Tengo los ojos llorosos de pretéritos.

Tengo todos los sueños conspirados

para perder la fe en la realidad.

La vida se disfraza de domingo

con las alas cerradas.

Del poema La eternidad

Y cuando nos sonríe,

es también tu sonrisa

la que vive por dentro de sus labios,

y algo en la noche que no acaba

me descifra, despacio,

el guiño triste y victorioso de la eternidad.

Dicho esto, voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: haber descubierto a una nueva (para mí) poeta y ver que nos unen tantas cosas, algunas terribles; otras, maravillosas.

Lo que menos me ha gustado: que ahora tendré que hacerme con más poemarios de Marina. Para empezar, “Este mar al final de los espejos”, poemario ganador del Premio Carmen Conde de Poesía.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Cada ciudad escoge un corazón para llorarlo.”.

Fragmento de “Todas las lluvias que pasé contigo”, Marina Casado

Crítica: A mar abierto

Título: A mar abierto (poesía 1973-2003)

Autor: Elsa López

Editorial: Hiperión

Cuando me dejo aconsejar por personas que saben infinitamente más que yo de poesía, rara es la vez que no aprendo algo nuevo.

Hace ya tiempo que tenía en casa estos treinta años de la poesía de Elsa López y, por fin, me puse a leerla.

Fue complicado encontrarla. Será que no tiene miles de seguidores en Instagram o que no ha salido lo suficiente en la tele, pero me costó recorrerme varias librerías hasta dar con una que había tenido a bien darle cobijo a esta poeta tan maravillosa.

Nacida en Guinea Ecuatoria, vivió en La Palma, Madrid y Córdoba, ciudades en las que, entre otras tareas, preside la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, funda Ediciones La Palma (que publica, principalmente, poesía) o dirige la Fundación Antonio Gala.

En cuanto a su poesía, sin ser yo crítico, me arriesgaré a decir que recorre la senda de la naturaleza, de los mares, del amor, de lo erótico, de la maternidad, del desamor… Y lo hace con sencillez, con un vocabulario que no se enreda en complicaciones, lo que nos regala una poesía fácil de leer.

A lo largo de distintos poemarios, Elsa López se ha convertido para mí en una muy buena maestra del alejandrino. Y no solo eso, también me ha cautivado con esos versos tan suyos de veintiuna sílabas, agrupadas en tres golpes de siete sílabas cada una.

Pobres esos que dicen que escriben poesía, pero que nunca la leen…

En este libro constas los poemarios:

A esta obra poética sumará, también otros tantos poemarios, además de varias novelas, libros sobre antropología y guiones. Lo que se dice una mujer prolífica.

Elsa es una más de tantas poetas españolas poco consideradas para lo importantes que son. La sumo a ese elenco de Ángela Figuera AymerichPaca Aguirre o Gloria Fuertes, con la única diferencia de que, por suerte, Elsa López sigue viva. Muy, muy, muy buena poeta (aunque esto no lo haya descubierto yo…).

Lo que más me ha gustado: como he dicho antes, poder leer alejandrinos tan bien construidos y tan potentes. Ya me he lanzado a escribir algunos poemas usando este verso, como en el último que publiqué en Instagram.

Lo que menos me ha gustado: evidentemente, hay algunos poemarios que, por temática o tipo de poesía, me han gustado menos, como es el caso de “La casa cabrera”, pero no es eso lo que menos me ha gustado. Ese “honor” se lo dejo a la inmensa cantidad de erratas que contiene el libro. Tratándose de Hiperión y de una antología, la verdad es que esperaba un libro mucho más pulido. Una pena…

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Tengo medido el mar

y averiguado el modo de envejecer la tarde”.

Elsa López

Crítica: Fantasma de primavera

Título: Fantasma de primavera

Autor: Gerard Bertrán Burgueño

Editorial: Ayuntamiento de Alhaurín el Grande

XIV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala

El Premio Internacional de Poesía Antonio Gala tiene un aspecto que nunca entenderé: publicar el libro ganador un año después, en el acto de entrega del premio del siguiente ganador (incomprensible, desde mi punto de vista).

Por ese motivo, mi libro, ganador este año, no verá la luz hasta junio de 2022 y, por ese motivo, pude recoger el libro que ganó la edición anterior cuando fui a recoger el premio.

Se trata de este “Fantasma de primavera”, de Gerard Bertrán Burgueño, que da inicio a esta nueva Colección “La Baltasara”, coincidiendo con que este ha sido el primer año que el acto ha tenido lugar en dicha finca, donde Antonio Gala vivió tanto tiempo y escribió una buena parte de sus libros (algo que, en realidad, tampoco tiene mucho sentido, porque el año pasado no ocurrió en La Baltasara).

Sin ahondar más en estos hechos, voy a hablaros un poco de este poemario, que es lo importante.

Según el jurado del premio, se trata de un libro “muy difícil de apreciar en lo poético, puesto que está planteado dentro de un gran prosaísmo”, y es esta afirmación (en mi opinión) la que define de forma clara la realidad del poemario.

Es un libro tan prosaico que podría decirse que los poemas podrían leerse como si fueran pequeñas historias, pequeños relatos que narran vivencias y anécdotas, solo que lo hacen en verso.

He de reconocer que, antes de leer el libro, no me llamaba mucho la atención. Si leo poesía, me gusta que el lenguaje sea poético, que la esencia sea poética, y el prosaísmo, en poesía, me suele chirriar bastante.

No ha sido el caso.

Sí es cierto que algunos poemas no han terminado de llegarme, precisamente, por ese prosaísmo, pero hay otros (la mayoría) que me han gustado mucho y que, justo por el hecho de aportarme algo a lo que no estoy acostumbrado, me han llegado. Puede que me haya ocurrido un poco como cuando admiro un cuadro bien pintado: trato de sacarle todo el gusto posible, ya que yo sería incapaz de reproducirlo.

Es cierto que decir “nunca” es un tanto arriesgado, pero no creo que mi poesía vaya a definirse por ser prosaica, porque me parece muy complicado, muy arriesgado y porque, aunque este “Fantasma de primavera” me haya gustado, no es la poesía con la que me identifico ni la que suelo leer.

No obstante, creo que es un poemario muy bien construido e intuyo mucho trabajo a la hora de darle forma, lo cual tiene mucho mérito. Además, me parece muy acertado que se premie distintos tipos de poesía (siempre que sea buena), así que considero que es una buena elección y me hace muy feliz recoger el testigo de Gerard como ganador de este premio.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que es justo ese detalle de ser una poesía muy prosaica lo que merece ser destacado. Haberme gustado sin ser la poesía que leo y haber sabido reconocer la calidad de los poemas y su dificultad me agrada, ya que siempre está bien descubrir gustos nuevos en esto de la lectura. Voy a destacar, también, los últimos versos de muchos de los poemas, versos que se quedan colgando al leerlos porque nos empujan a alguna parte, nos hacen pensar, le dan el significado al poema. Me ha pasado en varios encontrarme con los dos últimos versos y tener que releerlos más de una vez porque me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: aunque pueda resultar contradictorio, y como he dicho en la entrada, ese prosaísmo se me ha hecho demasiado evidente en unos pocos poemas, que son los que menos he disfrutado leer.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Experimentar la anunciación de la poesía.

Soñar despierto. Volver a casa”.

 Fragmento de “De paso”, Gerard Bertrán Burgueño 

Crítica: El pez rojo que nada en el pecho

Título: El pez rojo que nada en el pecho

Autor: Gioconda Belli

Editorial: Visor

XXX Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

Poeta mujer. Latinoamericana. Feminista. Recomendada por Manuel Francisco Reina. ¿Qué podía fallar?

La descubrí con su libro de poesía reunida “El ojo de la mujer”

https://jorgepozosoriano.com/2020/12/08/critica-el-ojo-de-la-mujer/ , y ya me enamoré de ella.

Este último poemario suyo, ganador del prestigioso Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, es una auténtica maravilla. 

Amor. Feminismo. Crítica social. Homenaje a un poeta tan querido por ella como Ernesto Cardenal, o como a Katy, enferma de cáncer.

Todo, con ese castellano tan cuidado de las escritoras (y escritores) de Latinoamérica, tan cuidado por Belli.

Se habla, como digo, del amor, tanto el que se da a la pareja como a los hijos, los amigos o los amigos.

Hay feminismo, empoderamiento de la mujer, como es el brutal poema “Consejos para la mujer fuerte”:

Si eres una mujer fuerte

protégete con palabras y árboles

e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Hay, a través de la poesía (la tercera parte del poemario se llama “¿Qué puede hacer la poesía?”), crítica hacia quienes obvian el dolor del desconocido, del que sufre, como en el poema “¿Tiene patria el dolor?”, donde habla del drama de la inmigración; o en “Impunidad”, donde denuncia la violencia machista. Aquí os dejo un fragmento de ambos poemas:

¿Tiene patria el dolor?

Voces condenan a quienes sienten como propio

el ardor de los naufragios, la espalda que sangra del azotado.

Preguntan por qué llorar por desconocidos,

esos que no comparten su historia, su idioma, su pan de cada día”.

En el armario los vestidos de colores languidecen

víctimas de la doliente cobardía del esposo.

No me digáis que no queréis leer los poemas completos.

Desde luego, en poesía en castellano contemporánea, Gioconda Belli es una autora muy a tener en cuentay, por eso, os la recomiendo mucho.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que me quedo con la versatilidad de la autora, con cómo es capaz de expresar sentimientos tan distintos sin cambiar de voz, creando unos poemas muy distintos en cuanto al tema, pero siempre claros, limpios y rotundos.

Lo que menos me ha gustado: como en casi todo poemario, algunos poemas nos llegan algo menos. Hay varios por el final que no me han dicho gran cosa.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Escuchemos a las mujeres

sus pies danzan sobre la tierra

escuchémoslas

hagamos el silencio”.

 Fragmento de “Vamos a dibujar”, Gioconda Belli

Crítica: Poemas, Hannah Arendt

Título: Poemas

Autor: Hannah Arendt 

Editorial: Herder

Siempre me ha gustado mucho Hannah Arendt como pensadora, y la he leído, en esa versión, en más de una ocasión.

Lo que no sabía era que, también, escribió algunos poemas. Así es mi cabecita loca…

Me gustó mucho la forma en la que este libro llegó a mí, porque no ocurrió que descubriera los poemas de Arendt y fuera a buscarlo. 

Como ya sabéis, me encanta perderme en las librerías. Hace unos días fui al Teatro Bellas Artes a ver a José Sacristán en “Mujer de rojo sobre fondo gris”, de Miguel Delibes. Aunque este es otro tema distinto, qué bestialidad de interpretación para un texto a la altura, solo, de Delibes. Volviendo al autor vallisoletano, esta de Sacristán y la de Lola Herrera en “Cinco horas con Mario” son las dos interpretaciones más espectaculares que he vivido en un teatro. Que viva la cultura.

A lo que iba. En la espera, di una vuelta por la librería Antonio Machado (visitadla si no lo habéis hecho, es una preciosidad). Mi idea inicial era encontrar el libro con el que Antonio Carvajal ganó el Premio Nacional de Poesía en 2012, porque también es miembro del jurado del Premio Antonio Gala que acaba de premiarme y me parece justo leer algo suyo. No lo encontré. Busqué entre los libros de poesía y no encontré nada que me apeteciera, así que fui a ver la sección de filosofía. Allí, colocado para que yo lo viera, estaba este libro, esperándome. “Poemas”“Hannah Arendt”. ¿Sabría el librero que yo iba a ir y lo puso ahí, para mí? Además, el tema del exilio me interesa bastante, y esa palabra aparece en la contra. Obviamente, el libro se vino conmigo.

Creo que hay algo en la forma de escribir poesía de Arendt que demuestra dos cosas diametralmente opuestas. Una, que es una escritora de los pies a la cabeza y que su lenguaje es abrumador. Dos, que no es o no fue poeta, entendido como persona que se dedica en cuerpo y alma a la poesía. Aunque el libro me ha gustado mucho y hay poemas e imágenes muy buenos y potentes (y aunque la edición sea una preciosidad), este poemario parece una colección de poemas anotados aquí y allá sin intención de que fueran publicados, sino, más bien, escritos por gusto propio, por satisfacción personal.

En las “Notas a la edición” se explica con brevedad que algunos de estos poemas ni siquiera fueron escritos a máquina ni revisados por la autora, lo que confirma un poco esa sospecha mía. A pesar de todo, no cabe duda de que estamos ante una de las pensadoras más importantes de la historia, que su conexión con la poesía es evidente y, en mi opinión, es una poeta más que destacable.

Además de los poemas, la explicación que Irmela von der Lühe, profesora de literatura alemana contemporánea, hace a modo de epílogo de libro en ese fragmento titulado “Sobre los poemas de Hannah Arendt” es otra delicia. Ya no solo por conocer más sobre esa aproximación poética de la autora, sino por saber más sobre ella, sus amistades y sus influencias.

Solo puedo agradecer a la Editorial Herder por hacer un trabajo tan bueno y al azar, por poner este libro ante mis ojos sin apenas esperarlo.

Lo que más me ha gustado ha sido, sencillamente, el maravilloso descubrimiento de la Hannah Arendt poeta, lo que me ha llevado, también, a conocer mejor su figura.

Lo que menos me ha gustado, por decir algo, que son pocos poemas… Pero son todos los que Arendt escribió, así que me parece más importante haberlos leído todos, aunque me habría encantado que fueran más.

Y vosotrxs, ¿conocéis a Hannah Arendt? ¿Os gustaría leer algo suyo?

“Ay, ¿quién querrá ponderar lo que no concibe?

¿Y quién querrá decir lo que solo se discierne 

tardíamente?

Pues tan pronto como lo agarra con ambas manos

deja de saber por qué lo sigue sufriendo.

Octubre por la mañana, Hannah Arendt

Enredando voces con Antonio Díaz Mola

Poesía, siempre. Siempre, poesía. 

“Enredando voces” con Antonio Díaz Mola, ganador del Premio de Poesía Radio Nacional de España 2020.

Un poeta de los pies a la cabeza. Un poeta de oficio, humilde, currante, respetuoso… Atributos necesarios, aunque no se cumplan siempre.

Aquí os dejo la entrevista que le hago en Radio Off the Record.

Espero que la disfrutéis:

Poesía, poesía y más poesía…