“A la persona correcta tu mundo no le dará miedo, sino ganas de conocerlo”.
“Cuando la vida te regala personas extraordinarias, cuídalas. Esas no regresan”.
“Quien quiera estar, está, incluso en la distancia. Porque el interés no se oculta, se demuestra”.
“No detengas lo que se va ni te alejes de lo que está viniendo. Algunos cambios son buenos”.
“¿Y si te amas con la fuerza que usas para amar a otra persona?”.
No. No son frases encontradas en productos de Mr. Wonderful.
No. Tampoco son proverbios antiguos encontrados en azucarillos ni en galletas de la suerte.
No. No son frases encontradas en libros de autoayuda.
No. No son poemas.
¿O sí?
Esperad. Culpa mía. No lo he copiado bien.
“A la persona correcta
tu mundo no le dará miedo
sino ganas de conocerlo”.
“Cuando la vida te regala
personas extraordinarias,
cuídalas.
Esas no regresan”.
“Quien quiera estar,
está, incluso en la distancia.
Porque el interés no se oculta,
se demuestra”.
“No detengas lo que se va,
ni te alejes de lo que está viniendo.
Algunos cambios son buenos”.
“¿Y si te amas con la fuerza
que usas para amar a otra persona”.
Ay, qué fallo más grande he tenido. Se me había olvidado darle al tabulador después de algunas palabras. Ahora, sí. Mucho mejor. Perfecto. POEMAS. Es más, poemas de premio. Incluso más, poemas premiados. 20.000€, ni más ni menos. Por escribir frases de azucarillo, de carpeta de adolescente, de galleta de la suerte, de taza de mercadillo, de libro de autoayuda y separarlas sin ton ni son para que, al menos, parezca que tengan forma de poesía.
Pero, no. No lo es. No es poesía. Será otra cosa. Alguna, quizá, de todas esas que acabo de enumerar. Quizás otra cosa distinta. Pero poesía no es.
Es tan evidente que este premio se lo ha sacado la editorial de la chistera para vender poesía como churros que da hasta un poco de nausea. Tres ediciones se han realizado de este premio. Las tres (oh, casualidad) para influencers o, al menos, personas que cuentan sus seguidores en Instagram por miles (más de 700.000 este último ganador). Porque, no, amigos y amigas. Como ya he dicho muchas veces, no hace falta saber escribir para ser escritor. No hace falta ser poeta para escribir poemas. No hace falta saber escribir bien para ganar premios. Basta con llegar con un aval que se convierta en el símbolo del dólar o del euro en los ojos de los editores. Basta con haber pasado por la televisión y haberse granjeado una buena horda de fans con capacidad de crítica mínima. Basta con comprar seguidores y likes en Instagram hasta reventar los números. Porque, sí, me he dado una vuelta por el Instagram de este último ganador y, con ochenta y ocho publicaciones (todas iguales, ¿poemas? escritos en negro sobre fondo blanco), cuenta con setecientos diecisiete mil seguidores. No he ido uno a uno, pero sí he bajado lo suficiente como para ver que muchos de ellos son falsos. Por algo el propio autor tuvo que publicar un vídeo en el que aseguraba existir y no ser una cuenta manejada por bots que vomitaban, perdón, escribían frases en su cuenta. Sin palabras. De verdad que me quedo sin palabras.
Esto, amigos y amigas, es lo que triunfa ahora. O lo que tiene que triunfar. Insisto, me quedo sin palabras.
Los premios literarios se entienden (o se deberían entender) solo como un trampolín para impulsar voces nuevas que lo merezcan o reforzar a voces ya existentes que lo merezcan. Una oportunidad brindada por las distintas editoriales para ayudar a esas voces. Hacer lo contrario es repugnante. Usar a personas sin ninguna calidad literaria como trampolín para que las editoriales ganen ventas fáciles es repugnante. Dejar en la cuneta a poetas con voces gigantescas en detrimento de influencers con menos poesía en su voz que vergüenza es repugnante. A mí, al menos, me repugna.
Sigo deseando a diario que, algún día, la estupidez humana toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Que la codicia humana toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Que la capacidad humana para hacer el ridículo toque techo y emprenda el viaje de vuelta. Porque esto ya cansa, y mucho. Apesta, incluso.
Por favor, dejen de un lado la estupidez. Dejen de un lado la codicia. Dejen de hacer el ridículo.
“Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.
Albert Einstein (en su versión científica).
“Hay dos cosas infinitas:
el universo
y la estupidez humana.
Y del universo
no estoy seguro”.
Albert Einstein (en la que podría haber sido su versión poética, quizá premiada).
No es la primera vez que os traigo a Francisca Aguirre (ni será la última, porque me acabo de comprar su “Ítaca”), así que no es necesario que os la presente.
Ya sabéis que es una de mis poetas favoritas y que, aun habiendo sido Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de las Letras Españolas (ahí es nada), creo que su nombre y su obra no ocupan el lugar que merecen. Queda demostrado en comprobar la poca gente que la conoce…
Este libro lo pedí en la librería que tengo al lado de casa el primer día que abrió después del confinamiento (tenía hambre de libros), y me lo trajeron hace bien poco, alegando problemas para que el distribuidor se lo facilitase. No sé si esa espera ha ido erosionando las ganas que tenía de leerlo o que mis expectativas eran muy altas, pero he de decir que, aun habiéndome gustado, no me ha encantado.
No es necesario decir que la poesía de Paca Aguirre es buena. Muy buena. Pero no me ha llegado del mismo modo en que lo ha hecho, por ejemplo, su poemario “Los trescientos escalones”.
He puesto varios post-its para marcar los poemas que más me han gustado, pero van pegados a poemas que me han gustado, no a ninguno que me haya vuelto loco.
Dicho esto, no creo que hacer mi análisis habitual tenga mucho sentido, por lo que solo compartiré algunos de los versos que más me han gustado del libro.
“La muerte y el amor no tienen modos,
sólo tienen promesas absolutas,
paraísos repletos de misterio,
y una voracidad desesperada”.
“Niégate a que el destino te arrodille,
no consientas que el mundo te haga cómplice
de sus viejos rencores homicidas.
Tú no puedes estar desanimada
ya no te queda tiempo suficiente
para andarlo dilapidando en la miseria”.
Lo que menos me ha gustado: hay muchos poemas que van dedicados a personas y dirigidos a esas personas. Esto es una manía mía, pero no me suelen gustar los poemas en los que se nombra a personas concretas. Me sacan de las letras al no poder apropiarme de ellas. Si el poema no puede ser mío, sentirlo mío y darle mi propio sentido porque aparece un nombre específico… No me llega del mismo modo…
¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?
Cuando me puse a hacer la lista de lecturas recomendadas para mi cole antes de las vacaciones, el bueno de Pedro Mañas (de quien he reseñado varios libros, por si queréis echar un ojo) me recomendó, entre otros, este “Niños raros”. Como yo soy muy bien mandado (según de quién me venga el mandado), le hice caso y me lo compré.
Sabéis que adoro a Gloria Fuertes (más en su poesía adulta que en la infantil), pero en España tenemos bastantes autores que también escriben poemas para niños y que merece la pena leer. Os hablo de autores como el propio Pedro Mañas, Mar Benegas (de quien reseñé su maravilloso “Bestiario”) o a quien os traigo hoy: Raúl Vacas. Además de otra de las grandes (creo que mi poeta favorita) como es Ángela Figuera Aymerich, con dos preciosos libros de poesía infantil prácticamente desconocidos (y que pronto reseñaré).
Este libro contiene muchos poemas sobre niñosraros (la historia de cómo nació el poemario es muy curiosa). La Niña Alga, la Niña de Humo, la Niña Sombra, el Niño Frío, el Niño Díscolo o el Xilofoniño, cada uno con su ilustración, que son una preciosidad.
Es un libro muy, muy, muy original y muy, muy, muy trabajado. Ya no solo por el tema y por esa creación de niños y niñas tan dispares, sino porque cada poema es distinto al anterior y usa ideas y recursos que son una pasada. Desde un poema (bastante largo, además) en el que todas las palabras (todas) empiezan por la “a” a otro cuyas últimas palabras son siempre esdrújulas, pasando por poemas con eco o con palabras a medias. De verdad, en cuanto a originalidad, he visto pocos poemarios iguales. Peeeeeero… Bueno, mejor lo dejo para mi análisis de puntos fuertes y menos fuertes.
Puntos fuertes:
La originalidad: vale, ya lo he dejado claro, pero, como comprenderéis, tenía que ir en el primer punto del análisis.
La maestría poética: me explico. Aunque parece absurdo decir que, para escribir poesía, hay que saber escribir poesía, hoy en día existe la idea de que cualquiera que escriba un par de frases haciendo un abuso del tabulador o escriba una dedicatoria “wonderfulizada”, es poeta. Y no. Ser poeta es algo muy serio. Ser poeta es algo muy complicado. Ser poeta no se consigue así como así. Si me apuráis, escribir poesía infantil tiene una complicación extra. No digo que sea más difícil que escribir para adultos, pero el público infantil es muy exigente y, para los niños y niñas, hay que tener un cuidado especial. Raúl Vacas demuestra que es poeta ya no solo por lo bien que están escritos sus poemas y la cantidad de recursos y figuras que utiliza, sino porque da una clase magistral de los tipos de estrofas en poesía. Hay sonetos, sonetillos, martinetes, octavillas italianas, redondillas, romances… Vamos, que no hay dos poemas iguales. ¿Os he dicho ya lo original que es?
Las ilustraciones: crear un grupo de niños raros requería sus respectivas ilustraciones. Además, de esas ilustraciones nacieron los poemas…
Lo que más me ha gustado: seguir descubriendo a poetas infantiles nacionales y a ilustradores que se merecen ser leídos y conocidos. Sabéis lo importante que es para mí la poesía y, además, la trabajo mucho con mis peques porque creo que tiene muchísimos beneficios. Poder seguir ampliando mi biblioteca personal de poemarios para niños y niñas es un regalo, así que solo puedo darle la bienvenida a libros así
Lo que menos me ha gustado: además de que el formato del libro no me parece el más atractivo para un libro así, ha habido algo que sí me ha chirriado un poco. En algunos poemas me ha parecido que tanta originalidad y tanto buscar hacer algo distinto ha dado lugar a versos o recursos un poco forzados y que no han terminado de encajarme. Creo que es un reto (conseguido) por parte del autor hacer poemas únicos que, probablemente, no existan en otros libros, pero hay ocasiones en las que hay cositas como metidas con calzador para adaptarse a esa originalidad. O esa es mi opinión, al menos.
¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿leeréis algo suyo?
MA-RA-VI-LLA. Ya se lo dije ayer al bueno de Pedro (que, además de ser un escritorazo, es un tío muy majo): qué pasada de poemario. Como también se lo dije, puedo afirmar por aquí que, definitivamente, es mi escritor español favorito de literatura infantil (buscad sus títulos, tiene bastante obra publicada, toda recomendada desde este blog) y, sin duda alguna, mi poeta infantil favorito del momento. Y lo es por méritos propios, no por haber sido aupado por ninguna red social ni un concurso televisivo. Lo es por su buen hacer, por ser un escritor de oficio, de los que cree en la literatura y en su poder, sobre todo en los niños. Lo es, también, por ser un tío sencillo, agradable al trato y humilde (o eso es lo que desprende, al menos).
Ya sabéis que conocí al autor a través de una amiga, y qué agradecido le estoy. Como yo mismo estoy liado trabajando en varios poemarios infantiles (cruzad los dedos por mí), llevo bastante tiempo muy pendiente de la poesía infantil española. Entre todo lo que he leído, hay muchas diferencias. He encontrado libros premiados que no me han gustado nada. Libros sin premiar que son espectaculares. Libros que ni fu ni fa. Autores muy conocidos que no me convencen. Autores casi en las sombras que merecen un foco mucho más grande. Y, entre todo eso, está Pedro Mañas.
Ya me conquistó con su poemario “Poemas para leer antes de leer”https://jorgepozosoriano.com/tag/poemas-para-leer-antes-de-leer/ , pero este “Trastario” me ha parecido una barbaridad de poemario. Qué original. Qué divertido. Qué bien escrito. Qué idea tan bien hilada. Qué librazo, de verdad. Me ha encantado de principio a fin. Qué difícil es escribir poesía infantil y qué fácil parece que le brota a Pedro Mañas.
Se trata de un libro de poemas sobre trastos (lavadoras, tostadoras, frigoríficos, relojes…), con un humor, una ternura y una inocencia tan geniales que he tenido que pararme a releer varios poemas y que me ha sacado mil sonrisas mientras lo he leído. Si a mí, casi con treinta y cinco años, me ha parecido así de divertido, no me quiero ni imaginar lo que se reirán los y las peques que lo lean.
Dicho esto, paso a mi análisis.
Puntos fuertes:
Quedarme con Pedro Mañas: va a ser mi autor de infantil de referencia. Hace no mucho, hablando con mis agentes, les dije que, si había un autor español al que me gustaría parecerme (en cuanto al perfil de escritor), ese era Pedro Mañas. Me da un orgullo enorme que haya escritores así de buenos tan cerca.
El humor: no es fácil, en mi opinión, levantar sonrisas a personas adultas con poesía infantil. Son poemas divertidísimos, y eso siempre ayuda en el fomento de la lectura y en intentar que adquieran cierto gusto por la poesía.
La edición: que Kalandraka edita de muerte no es nada nuevo. Pero es que, además, esta Colección Orihuela es una maravilla y dan ganas de tenerlos todos. Ay, si un día pudiera publicar yo con ellos… Las ilustraciones, a cargo de Betania Zacarias, también son muy bonitas y ayudan a que esta edición sea tan bonita.
La originalidad: hay ya tanto escrito y la poesía infantil, a veces, se ve tanto como una poesía que tiene que ser simple, que hay mucha poesía infantil que no (me) aporta nada. Que si animalitos, colorcitos, arbolitos y florecitas, todo muy chiquitito… Pedro Mañas no entiende (por suerte) la poesía de ese modo. Esta colección de trastos tan humanizados es una muy buena muestra de su poesía.
Lo que más me ha gustado: verme reflejado en lo que quiero conseguir como aprendiz de poeta, en este caso, de poesía infantil. Pedro Mañas ya existe y no quiero decir que pretenda hacer lo mismo ni ponerme a su altura, pero sí es el escritor que me gustaría ser y, perdonadme el atrevimiento, sí me veo algo reflejado en su literatura. Vamos, que es un maestro y que estaré muy pendiente de su obra, porque lo merece.
Lo que menos me ha gustado: por ponerle un solo pero (sin que tenga nada que ver con la calidad del libro), hay un par de páginas dobles sin ninguna ilustración. Con lo bonitas que son y la vida que le dan al libro, ver dos páginas seguidas en blanco no me ha gustado tanto.
¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais a este autor? Si no es así, ¿me haréis caso y leeréis algo suyo?
Como muchos veríais ayer (domingo, 16 de agosto), El País Semanal puso en portada “El desafío de los profesores ante la pandemia”. Un reportaje que ahonda en cómo fue el final del curso pasado desde el confinamiento hasta su final y en cómo algunos docentes vemos, con mucha preocupación, cómo puede ser este que está casi al caer.
Es un reportaje bastante amplio en el que se tocan muchos temas importantes, pero, como había que repartir el tiempo y el espacio entre todos los que participamos, se me quedaron algunos puntos que tratar. Por eso, esta entrada.
Para quienes no lo leyerais, si os interesa, os dejo el enlace:
También por si no podéis acceder al reportaje escrito por tema de suscripciones, os dejo en enlace de YouTube al vídeo:
En primer lugar, que quede claro que no va a ser una entrada con colores políticos. De la política (y de los políticos) tengo mi opinión y me decanto hacia un lado, obviamente, pero mi intención con esta reflexión no es enfrentar a bandos de un color con los del otro. Además, como en este tema ni el gobierno central ni los autonómicos (de quienes depende la educación) han estado a la altura, no tendría mucho sentido debatir sobre quién lo está haciendo peor o quién tiene más responsabilidades.
También quiero dejar claro que ese desafío que da nombre al titular no nos atañe solo a los profesores. Tal y como les digo a mis familias en las reuniones al inicio de cada curso, la educación no tiene sentido si no se hace en equipo: centros escolares y familias; así que el desafío, tal y como se vio de marzo a junio, también es para ellas. Si voy más allá, y creo que es algo evidente, tampoco es solo un tema de profesores y familias. Nuestro trabajo se ha visto frente a un reto enorme no solo por el hecho de cómo afrontar esta situación (como ha ocurrido en, prácticamente, todos los sectores), sino porque trabajamos con niños que (disculpad la obviedad) “pertenecen” a unas familias y porque esas familias tienen unos trabajos y necesitan del tiempo en que sus hijos están en el colegio para desempeñarlos. Y ese, el de las complicaciones para la conciliación, ha sido (y será) uno de los grandes problemas que hemos enfrentado y enfrentaremos.
Antes de hablar un poco sobre cómo veo, con la información que tengo, el próximo curso, quiero hacer algo más de hincapié en lo que ya dije en el reportaje. Quienes conocen cómo trabajo (en primer lugar, mis alumnos y alumnas, sus familias y mis compañeros y compañeras) saben muy bien la forma en que entiendo la educación en edades tan tempranas (salvo nuevas noticias, suelo cubrir casi la totalidad de mi horario en primero y segundo de primaria). Por eso, saben que mi máxima preocupación cuando los colegios cerraron fue la estabilidad emocional de mis peques y de “mis” familias. En eso me volqué, movido, también, por mi colegio, que, con sus aciertos y sus errores, sí vio claro que lo emocional era lo más importante. Nunca me preocupó demasiado que se perdieran ciertos contenidos, que no pudiéramos terminar los libros (ese es otro tema con el que me alargaría bastante más) o que algunos conocimientos teóricos no llegaran de la mejor forma posible. Nada de eso es insalvable en estas edades. Lo emocional sí puede serlo. Yo siempre educo desde el cariño, desde el abrazo, desde la igualdad y el respeto, desde la ayuda en la gestión de las emociones… Desde el grupo. Eso es, para mí, lo más importante de la primaria (sobre todo, de los primeros cursos) y eso fue, precisamente, lo que más perdieron al no poder acudir al cole.
Por suerte, los y las peques nos han dado a todos y todas una lección enorme y me alegró mucho ver que estaban llevando la situación casi mejor que nosotros y nosotras. He de decir, también, que las familias del grupo que dejé en junio han estado de diez, volcadas en esa estabilidad emocional de sus hijos e hijas, haciendo malabares para que realizaran las tareas, superando la altura a la que siempre estuvieron. Esto no quita que las familias se hayan estresado, se hayan desesperado, se hayan frustrado, agobiado, enfadado… Su papel de padres, trabajadores (algunos y algunas) y “profes de apoyo” era muy complicado, por eso hablo de que el desafío es, también, para las familias.
Dicho todo esto (y no pensaba enrollarme tanto), hoy, a día 17 de agosto de 2020, comparto con vosotros y vosotras mis impresiones para la vuelta al cole que tan en boca de todos puso El Corte Inglés con esa brillante (apréciese el sarcasmo) campaña publicitaria (eso sí, si lo que buscaban era eso, estar en boca de todos, se habrán felicitado).
Lo primero que tengo que decir es que cada vez es más evidente que la educación, en España, importa lo justo. Se oye hablar (sin cesar) del ocio nocturno, del turismo, de si se puede o no se puede fumar en terrazas (ojalá lo prohíban, pero para siempre), de las residencias de mayores, de eventos deportivos, de aforos en bares, restaurantes y espectáculos varios… ¿Qué pasa con la vuelta al cole? Si no hubiera sido por esa campaña de El Corte Inglés, quizá no se habría hablado nada. E, insisto, estamos a 17 de agosto.
¿Nadie está preocupado? Y, lo que es peor, ¿nadie está ocupado en ello?
Desde el Ministerio de Educación lo único que se aporta es, básicamente, que cada comunidad autónoma se las apañe como pueda, para lo que da unas recomendaciones bastante vagas y para las que no era necesario ni redactar un documento, además de ser, en ocasiones, bastante complicadas (si no imposibles) de implementar. Lavado de manos, mascarilla, primar la educación al aire libre (¿?), ventilar los espacios, escalonar las entradas y los patios, evitar el contacto y, atención, garantizar una distancia en clase de metro y medio. No sé cuántos colegios han visto, pero que me expliquen cuántas aulas admiten a veinticinco (o más) niños y niñas separadas por un metro y medio. Porque, sí, se propuso bajar las ratios (algo fundamental, en mi opinión, no solo en tiempos de pandemia, aunque esta situación lo ponga aún más en evidencia), pero las comunidades pusieron el grito en el cielo con esa frase tan repetida por los políticos cuando se refieren a educación: “no hay dinero”.
Desde las consejerías de educación de las distintas comunidades autónomas, la pelota pasa a estar en los centros educativos. No sé si habéis visto que ha habido algunos equipos directivos que han dimitido en bloque al verse superados por una situación que no tendría que depender única y exclusivamente de ellos, tal y como ocurre. Organizar espacios. Retorcer horarios. Establecer todas las medidas que puedan (mamparas, geles, mascarillas, cartelería…). Reubicar a profesores. Y todo, por supuesto, por el mismo precio.
En Madrid, que es la comunidad en la que trabajo, os cuento las propuestas para la vuelta al cole, sacadas de la Consejería de Educación y Juventud (citaré literalmente).
“El inicio de curso se hará con normalidad si la situación sanitaria lo permite”.
¿Cómo os quedáis? “Con normalidad”. ¿Qué normalidad? “Si la situación sanitaria lo permite”. La misma situación que nos deja unas cifras de contagiados bestiales, con focos por todas partes, con hospitales que ya empiezan a colapsar (este, el de la sanidad en Madrid, es otro tema que también tiene lo suyo), con nuevas medidas casi a diario para limitar los contactos y los posibles contagios, con grupos de personas manifestándose en la Plaza de Colón, sin mascarilla, al grito de «¡libertad!» y de «bote, bote, bote, aquí no hay rebrote»… ¿De verdad creen que esta situación sanitaria va a permitir un inicio de curso con normalidad? Han tenido que cerrar campamentos de verano con grupos muy reducidos y uno o dos monitores… ¿De verdad piensan que no va a pasar lo mismo cuando colegios que, como el mío, tienen seiscientos alumnos y unos cuantos profes solo en primaria? ¿De verdad alguien piensa que estamos en esa situación?
Tras esta propuesta brillante, siguen tres posibles escenarios, con sus correspondientes medidas:
Escenario I: Presencialidad y medidas extraordinarias de higiene.
En este escenario (para el que ni siquiera dan las condiciones qué implicarían olvidarnos de esa “normalidad” salvo por un banal “según la evolución de la pandemia”), todo lo que se plantea para primaria es: grupos estables de convivencia (léase “encaje imposible de bolillos”) y “se incentivará el uso de plataformas educativas, materiales digitales y dispositivos electrónicos con el fin de consolidar la transformación digital”. Ya está. Sí, sí, eso es todo. Ni siquiera merece la pena hablar de la brecha digital…
Escenario II: Semipresencialidad.
Para que se dé este escenario sí son más claros (sarcasmo, de nuevo). “Se plantea en caso de un empeoramiento de la evolución de la crisis del Covid-19, respecto de la situación actual”. Qué concisión, qué clarificador, qué útil… Aquí también hay más medidas (me sigo centrando solo en primaria), y os van a encantar:
Reducción de los grupos según dos criterios: distancia de metro y medio y convivencia estable de veinte alumnos (léase “tetris imposible y encaje de bolillos aún más imposible»). Para rematar su brillante plan, añaden una “organización en espacios alternativos en el centro o espacios municipales” (sin información alguna al respecto de esos espacios municipales) y “flexibilizar horarios y materias”. ¿Alguien me explica qué pasa con los centros que no dispongan de espacios suficientes y cómo se van a reducir los grupos sin esos espacios y sin más docentes? ¿De verdad nadie ve que están planteando un imposible? Contar con espacios que no se tienen, con personal que no se va a tener y con una flexibilización de horarios y materias complicadísima y que implicaría, además, que las familias también tuvieran que flexibilizar sus horarios es, simplemente, un absurdo.
Escenario III: Confinamiento.
Como estarán tan contentos con lo bien que han actuado durante el primer confinamiento (o mucho cambia todo o será el primero de varios), tan solo hablan de “teletrabajo”, “centro tres días abiertos tras el confinamiento” y “conectividad y dispositivos de alumnos/alternativas”. Vamos, que la pelota sigue en el tejado de la voluntad y disposición de los centros educativos y sus equipos directivos y docentes, porque la consejería no aporta NADA. Para comentar lo planteado para primaria en este último escenario, sus planteamientos son “clases diarias en línea y deberes” y “flexibilidad en currículos y horarios”. Todo esto, por supuesto, en manos de los profes. ¿Cómo iban ellos a perder tiempo diseñando nuevos currículos adaptados a esta nueva situación o pensando en soluciones? Mucho mejor decir “que los centros hagan todo lo que puedan, bajo su responsabilidad”, ¿no os parece?
Eso es todo lo que las autoridades educativas aportan a nivel nacional y a nivel de Comunidad de Madrid. ¿Tenéis todos y todas la impresión de que eso y nada es lo mismo, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que septiembre va a ser un caos absoluto, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que van a ir cerrando un centro tras otro nada más empezar el curso, o lo pienso yo solo? ¿Tenéis todos y todas la impresión de que no van a hacer nada más, de que seguirán improvisando y trasladando toda la responsabilidad a los centros escolares, o lo pienso yo solo?
De verdad, la solución (teniendo en cuenta la complicación de la situación que vivimos y que la solución perfecta no existe) es muy sencilla: recursos. Recursos en forma de nuevos espacios para poder disminuir las ratios. Recursos en forma de contratación de docentes para ocuparse de esos nuevos grupos y poder garantizar, así, esa creación de “grupos estables de convivencia”. Recursos en forma de tecnología, porque ni todos los centros ni todos los docentes ni todas las familias tienen igualdad de condiciones y, si el sistema educativo no es capaz de igualar esas diferencias… ¿para qué sirve? Pero, imagino, sabéis la respuesta, ¿verdad? “No hay dinero”.
Ahora, os pregunto, ¿conocíais esta información? Porque hay que escarbar un poquito para encontrarla… No, amigos y amigas, la educación no tiene la importancia que tendría que tener. Nunca la ha tenido y, o mucho cambia todo, nunca la tendrá.
Mientras tanto, yo sigo preocupado por cómo será todo; por cuánto se verán perjudicados y perjudicadas los y las peques, sobre todo en lo emocional; en cómo de alto será el grito de esa parte de la sociedad que entiende la escolaridad como la única forma en la que “deshacerse” de sus hijos e hijas durante el tiempo necesario; en cómo de alto será el grito de las empresas que sigan obcecadas en que la presencialidad es imprescindible cuando no lo es; en cuántas serán las excusas y contradicciones de las autoridades educativas; y, entre otras muchas preocupaciones, en cuánto tardarán los centros educativos, como los hospitales, en colapsar. Han tenido desde marzo, con todo el verano incluido, para dejar todo bien atado. Ahora entrarán las prisas y no dará tiempo a organizar un nuevo curso que viene con curvas…
Por lo pronto, me quedan dos semanas para terminar de relajarme, para seguir liberándome del estrés acumulado, para retomar energías, porque las necesitaré. Porque, sí, los profes hemos trabajado, y mucho. Nos hemos dejado la piel y los nervios para que las carencias educativas y emocionales fueran las mínimas, además de volcarnos en ser un apoyo para unas familias (con razón) desbordadas. Y nos hemos estresado. Mucho. En mi caso, un lumbago, un cuadro leve de ansiedad, algo de insomnio y unas semanas con hipertensión lo evidencian.
Para terminar, solo puedo enviar ánimos para todos y todas. Por supuesto, a la comunidad educativa (compis, estamos solos), pero, también, al resto de sectores (la idea de esta entrada no es anteponer mi trabajo a todos los demás), que, de igual modo, han sufrido y sufren las consecuencias devastadoras de este horror. Y, también, a las familias con hijos o hijas en edad escolar. Como siempre les dije a mis familias, aunque no existe la receta perfecta, todo será más sencillo con empatía, con comprensión y con colaboración.
Nota:
Reportaje: Guillermo Abril
Vídeo: Jaime Casal
Fotografías: Sofía Moro
“La educación es lo que sobrevive cuando todo lo demás se ha olvidado”.
Después de leer toda la poesía de Ángela Figuera Aymerich, he de reconocer que tengo sentimientos enfrentados: el primero es una admiración absoluta; el segundo, una inmensa rabia por el desconocimiento de esta pedazo de poeta.
No voy a entrar en aspectos biográficos (os recomiendo leer sobre su vida, eso sí), pero me llama mucho la atención algo concreto. Cualquiera que sepa lo mínimo de poesía conoce a Blas de Otero y a Gabriel Celaya. Se estudian en secundaria, sus nombres se sitúan en lo poético. Junto a ellos dos, Ángela Figuera Aymerich forma el denominado “triunvirato vasco”. Sed sinceros y sinceras: ¿os sonaba su nombre?
Maestra, catedrática, empleada de la Biblioteca Nacional… y una de las grandes voces femeninas (y no solo destaca entre las mujeres, si es que alguien piensa que es necesario comparar la poesía escrita por hombres con la escrita por mujeres) de la poesía social. Una figura trascendental en la poesía en castellano que, sin embargo, apenas se conoce. ¿No os parece muy triste?
Yo no la conocía hasta que pude acudir, invitado, al concierto de Valderrama en el Circo Price, concierto de su disco “Mujeres de carne y verso”(“Mujer de carne y verso me declaro,/ pozo de amor y boca dolorida,/ pero he de hacer un trueno de mi herida/ que suene aquí y ahora, fuerte y claro”, en versos de la propia Ángela Figuera Aymerich en su poema “Aunque la mies más alta dure un día”), con poemas cantados que forman parte de la antología poética femenina en lengua castellana con el mismo nombre, realizada por Manuel Francisco Reina (ojalá esta antología ocupara, también, el lugar que merece). Uno de los temas cantados por Valderrama, introducido y acompañado con música de piano, es “No quiero”, con versos del mismo poema, de Ángela Figuera Aymerich. Lloré al escucharla. Literal. A partir de ahí, busqué su poesía y la leí hasta que me hice con estas obras completas, que he leído y disfrutado como lo he hecho con pocos, muy pocos libros. Qué maravilla. De verdad. Qué absoluta maravilla.
La obra de Ángela Figuera Aymerich consta de los poemarios:
Y los poemarios infantiles (que dejo para otra reseña):
El libro incluye, también, números poemas suyos no recogidos en poemarios.
Hablaría durante horas sobre la poesía de esta poeta, que ya es, sin duda, una de mis poetas favoritas y a quien recomendaré siempre que pueda, además de volver a ella muy a menudo. Por suerte para vosotros y vosotras, no voy a hacerlo. Solo espero que, si os apetece leer buena poesía, acudáis a “la Aymerich”. Como he dicho algunas veces (con el propio Manuel Francisco Reina, con Gloria Fuertes o con Paca Aguirre o con una autora actual que acabo de conocer y me encanta, Raquel Lanseros) os haréis un regalo si leéis a esta autora.
Sin más, voy a mi análisis de estas obras completas.
Puntos fuertes:
El amor “a primera vista”: como habéis leído, fue así. Y, podéis creerme, es amor verdadero.
Conocer la historia de la autora: nacida en 1902 y madre en pleno estallido de la Guerra Civil Española, la vida de Ángela Figuera Aymerich es apasionante. Si tenéis un rato, investigad un poco sobre ella.
Poesía infantil: aunque, como he dicho ya, dejaré sus dos poemarios infantiles para otra reseña, me encanta que haya autoras de la talla de la que nos ocupa que se lanzó (movida por el nacimiento de su nieta) a escribir poemas para niños. Como ya he dicho en alguna ocasión, y con toda la admiración que siento hacia ella, hay mucha más poesía infantil en castellano lejos de Gloria Fuertes. Y, para muestra, un botón.
Lo que más me ha gustado: aunque su libro más celebrado y más conocido es “Belleza cruel” (que es un libro espectacular), me quedo con su último poemario, “Toco la tierra”, donde su poesía hace un buen repaso de alguno de los males del mundo, de “la tierra” como raíz de la humanidad y, particularmente, de la femineidad, de lo maternal. Además de ese “No quiero” (que es brutal), os dejo versos de otros poemasincluidos en este poemario tan desgarrador:
SEGUIR
Muchos por ti mataron, tierra mía.
Hicieron de sus huesos plomo airado
y mataron por ti.
Convirtieron
su dulce corazón en fiera lanza
y mataron por ti.
Ardieron
de amor y de furor hasta los ojos,
y mataron por ti.
[…]
ESTAMOS VIENDO TODO LO QUE PASA
Hacia los treinta y tantos años de mi edad
Éramos los poetas tan felices.
teníamos el cielo en la ventana,
estrellas que meter en los bolsillos,
cumbres al sol para tender la ropa,
noches y mar para mecer los sueños,
los bosques al extremo de la calle
con mirtos y laureles
para tejer coronas y ceñirlas.
[…]
¿Quién nos sajó los párpados, quién puso
todo nuestro sentir en carne viva?
Porque ahora vemos todo lo que pasa.
Y nos lastima el suelo que pisamos
y es una llaga el tacto más ligero.
Los muertos se nos cuelgan de los hombros
y ocupan nuestra almohada por la noche.
Los vivos nos exigen sangre a diario
y vienen a beberla en nuestra boca.
[…]
No me digáis que no son absolutamente bestiales…
Lo que menos me ha gustado: además de esa tristeza por saber que, en gran parte por ser mujer, no se conoce lo suficiente a una de las mejores poetas que nuestro país ha dado (y lo digo con pleno convencimiento), y por poner algún pero, su libro “Soria pura” no me ha gustado mucho. Cuando leo poesía suelo buscar amor, desamor, dolor, sufrimiento, temas sociales, emociones… La poesía sobre lugares no me gusta, así que este en concreto no me ha gustado apenas.
¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?
La suerte de contar en mi vida con personas que saben muchísimo más que yo en muchísimos temas es que, al final, algo se acaba pegando. Ya sabéis (porque lo he traído al blog y a mis reseñas varias veces) que, en poesía (en literatura, vaya, pero, sobre todo, en poesía), me fío de Manuel Francisco Reina más que de nadie. A Pilar Paz Pasamar (que fue maestra suya y que, en este libro que reseño, le dedicó un poema) he llegado, como a otras tantas, gracias a él. Y, gracias a él, una vez más he descubierto a una poeta espectacular. Es una suerte, ¿no creéis?
Cada vez soy más selectivo con la poesía. Cada vez busco poemas y poetas que me lleguen, que me enseñen, que nutran a mi pequeño yo poeta, y lo hago por dos motivos. El primero, por disfrutar de un género que siempre me ha gustado y que me gusta cada vez más. El segundo, por aprender. Porque, si quiero considerarme (y que se me considere) poeta algún día, será porque mi poesía lo merezca (y, en eso, soy bastante autoexigente).
Este libro, su último poemario, es la voz de la niña interior de Pilar, pero con todo el peso de su experiencia y su vida. Una voz poética en cada palabra, dolorosa, que sacude todas las demás voces y las estremece. Una voz que quiere ser escuchada y que os invito a escuchar.
Puntos fuertes:
La desnudez: cuando se ve al poeta a través de sus versos es significarse y asentarse, es ver la poesía desde sus propios ojos, desde su propia tinta. En este poemario se ve a la autora, sus preocupaciones, su tristeza… Esto. Esto es poesía.
La modernidad: en una autora nacida en 1932, alumna de Gerardo Diego y Dámaso Alonso, amiga de Fernando Quiñones, aplaudida por Juan Ramón Jiménez o CarmenConde, leer versos tan modernos (“yahoo”, “arroba”, “hotmail”…) o títulos de poemas en inglés es muy gratificante. Sin perderse en modernidades, sin pretensiones absurdas, con todo el sentido. Ay… Tanto que aprender de los maestros…
La crítica a la sociedad:
“Voy a poner los puntos sobre las íes
a estas señoras, a estos señores
que no respetan las amapolas recién nacidas
y me critican si me equivoco de fecha y hora”.
“Cuando […]
me dijeron
que allí murieron muchos,
se me clavó en la boca el pan con chocolate”.
Nada más que añadir…
Lo que más me ha gustado: ya que intento aprender de mi maestro, Manuel Francisco Reina, saber que él aprendió (entre otros y otras) de Pilar Paz Pasamar significa que, en un giro poético, yo esté aprendiendo, también, a través de ella. Si los versos de Manuel bebieron de las enseñanzas de Pilar, algo me llegará a mí. O eso me gusta pensar (llamadme pretencioso, pero me parece algo precioso).
Lo que menos me ha gustado: haber tardado tanto en leer a esta inmensa poeta, pero eso tiene fácil remedio.
¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?
Título: Pecábamos como ángeles (gloripoemas de amor)
Autor: Gloria Fuertes
Editorial: Torremozas
Siempre (o casi siempre) que se habla de Gloria Fuertes se hace para mencionar sus poemas infantiles, su voz ronca, su carácter o sus programas de televisión. Todo genial. Está claro que su poesía infantil es maravillosa e imprescindible, su personalidad era arrolladora y su popularidad fue tan grande que tuvo programas en la tele.
Mi propuesta es que no nos quedemos ahí. Gloria es mucho más que todo eso (que ya es un montón). La historia de su vida es interesantísima, os invito a indagar en ella. Y, lo que trae esta reseña es su poesía, pero la adulta.
Es un hecho que no se conoce tanto como su poesía infantil y, creedme, es espectacular. Con una originalidad propia de Gloria (única) y una maestría que va mucho más allá de la rima “facilona” (sin que sea fácil) de sus poemas para niños, la poesía adulta de Gloria toca temas muy poco infantiles de una forma brillante. El amor, la guerra, las injusticias, el dolor… Vamos, que Gloria Fuertes es mucho, mucho, mucho más que “Don Pato Pito”, “Doña Pitu Piturra” o “Un globo, dos globos, tres globos”. Muchísimo más.
Esta antología es una selección de poemas de amor hecha por la propia autora. Se trata de una ediciónsencilla, bien hecha, sin mucha floritura, pero sin fallos y muy cómoda. Una breve información sobre la autora, una fotografía suya y, lo que sí resalto, sesenta poemas. La última antología que leí, de Concha Méndez, se me quedó muy corta (cortísima) en el número de poemas incluido. Poder leer tanta poesía ha sido, en este caso, un regalo.
Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.
Puntos fuertes:
El tema: los poemas de amor se me suelen hacer algo “ñoños” cuando repiten recursos, figuras o se habla del sol, la luna y demás simbología ya tan manida. No es lo que ocurre en este libro de amor, porque Gloria no lo necesita.
Conocer un poco mejor a Gloria Fuertes: dejadme que insista, pero de verdad que merece la pena indagar un poco más en la vida de esta autora tan inmensa, además de en su poesía.
Lo que más me ha gustado: me gusta mucho saber que hay una colección de poemas de la autora seleccionado por ella misma que recomendar a quien quiera conocer mejor a Gloria. Hay veces que las antologías se quedan pobres o que recogen toda la obra de un autor o autora que pueden hacerse pesados. Es una muy buena colección de poemas de amor y desamor que, ya os lo digo, lo voy a recomendar mucho.
Lo que menos me ha gustado: por decir algo, algunos poemas que no me han terminado de llegar (difícil que nos gusten todos los poemas de un poemario). Eso sí, son pocos.
¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?
Descubrí a Pedro Mañas gracias a una amiga profe a la que pedí recomendaciones de poesía infantil (que ya sabéis que me encanta). Entre otros autores (como Mar Benegas, de quien ya os hablé), citó a Pedro. Y yo, que soy muy obediente, compré “Poemas para leer antes de leer”, y me encantó.
A Partir de ahí, lo que tocaba. Seguí a Pedro en redes y descubrí que, además de un autor muy prolífico y muy premiado (menos mal que también se premia a gente que sabe escribir y que lo hace muy bien), es un tío muy cercano y muy majo.
Sabiendo todo eso, y después de leer más cositas suyas y apuntarme muchas más para leer, puedo afirmar varias cosas: es uno de los autores actuales más importantes de literatura infantil español y, sí, si hay algún autor ahora mismo al que me gustaría parecerme, sería a él.
y me parece un librazo de poesía. Ahora, tras leer algo muy distinto, pienso lo mismo. Sabéis que pienso que la poesía es la raíz de la literatura y que es el mejor maestro para los escritores. Dudo que cualquier novelista pueda escribir poesía, pero estoy casi seguro de que cualquiera que sepa escribir (bien) poesía, puede escribir novela. Esto le ocurre a Pedro. Con una poesía tan bien escrita, es comprensible que escriba así de bien otro tipo de libros.
Por otra parte, leer literatura infantil a mi edad (y sé que esto suena muy viejuno) me hace ser muy crítico. Me pongo en el papel de niño, no os creáis. Por suerte, mi día a día con niños de esas edades me hace entender bastante bien cómo funcionan. Además, como les leo y como leemos tanto, sé qué les gusta, qué les hace gracia, qué les aburre… Estoy cien por cien convencido de que Anna Kadabra les encantaría (me consta que a muchos les ocurre, además de a mis vecinas, que son quienes me los han prestado). El texto justo, muy divertido, muy próximo a ellos y, además… qué ilustraciones más maravillosas. Además de asegurarme de que Pedro es un gran escritor, he descubierto, en David Sierra Listón, a un grandísimo ilustrador.
Dicho todo esto (aunque me enrollaría mucho más), paso a mi análisis.
Puntos fuertes:
Marca España (jeje): ¿hay algo que beneficie más a un país que la cultura? En mi opinión, no. Siempre he pensado que España se vende fatal. Que tenemos muchísimo que ofrecer y que no se nos ve como un país importante y, al final, otros países nos comen la tostada en cosas en las que somos incomparables (vino, aceite, embutido… por ir a lo gastronómico). En la literatura nos pasa algo parecido. Hace poco pregunté en Instagram por poetas españolas y salieron dos o tres. Creo que, si preguntara por autores españoles de literatura infantil, ocurriría algo parecido. Y tenemos un potencial en literatura infantil bestial. Para muestra, un botón. Amigos, amigas, si buscáis lecturas para los peques este verano, id a lo nuestro, que hay mucho y muy bueno. Esta serie es un muy buen ejemplo.
El humor: no es nada fácil que un libro infantil tenga humor, aunque pueda parecerlo. Hay que conocer muy bien el humor de esas edades, su mundo, su forma de pensar… Hay muchos libros que se venden como muy divertidos y no tienen ni pizca de gracia, pero este no es el caso. Es un libro con mucho humor, y con humor para quienes va dirigido.
Los personajes: bien definidos, con sus poderes correspondientes, sus personalidades… Eso es algo que siempre me ha gustado (algo por lo que me encantan los superhéroes, por ejemplo).
Las ilustraciones: como os he dicho, espectaculares. Y muchas, que es lo que los niños de estas edades necesitan.
Lo que más me ha gustado: saber que hay series así, de autores e ilustradores nacionales, tan bien creadas.
Lo que menos me ha gustado: pues es uno de esos libros a los que no les cambiaría ni una coma. Recomendado al cien por cien.
¿Conocíais al autor? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?
Gracias y un abrazo para todos.
“Lo que vas a leer es la historia de cómo supe que era bruja…”.
Pedro Mañas en “Anna Kadabra. El Club de la Luna Llena”.
Como sé que echáis de menos a mi supervecina María, la reseña de hoy es de un libro pertenciente a la nueva remesa de libros de su biblioteca personal. Me ha dejado tres novelas y dos poemarios, y este es el primero que he leído. Como ya he dicho alguna vez, qué bien lee esta chica… Y, para que os quedéis más tranquilos, yo le he dejado algunos, también.
Lo primero que tengo que decir es que me ha encantado, y es así por esa razón de la que ya he hablado otras veces: qué bien escrito está. La historia está muy bien, los personajes están construidos muy bien, la localización está descrita muy bien. Pero hay muchos libros así que no me encantan, precisamente, porque no están escritos muy bien. Este sí lo está. No conocía al autor, pero segurísimo que voy a leer más libros suyos. ¿No os encanta descubrir a autores que os encantan y que ya tienen varios libros publicados?
Dicho esto, paso al análisis.
Puntos fuertes:
El estilo: no es fácil encontrar un estilo tan cuidado en una novela negra. Aunque no estoy seguro de que sea una novela negra al cien por cien. Tiene parte, eso seguro, pero tiene mucho más, y es un regalo encontrar libros con un estilo y un lenguaje tan cuidados.
Los personajes: cada uno muy bien definido y con su apodo correspondiente (la Vieja, el Maestro, el Alcalde, el Emperador…), son capaces de llevar toda la carga de la historia con sus relaciones interpersonales. En cierto modo, me ha recordado a las novelas de Agatha Christie, que devoré en mi adolescencia, y me hecho plantearme leer más de sus libros.
El narrador: sin que sea un personaje, es un personaje más; sin que sea parte de la historia, pertenece a la historia; sin que sea el autor (sospecho), tiene mucho del autor. Sea personaje, historia, autor o una mezcla de los tres, lo cierto es que es un muy buen narrador, que también se agradece.
El reflejo que da: es una de esas historias que te agarran por los hombros y te ponen frente a un espejo. No para ver lo guapo que estás, sino para hacerte pensar si, además de una cara y un cuerpo, tienes un interior que merezca la pena ver. Es un bofetón que deja la condición humana muy cuestionada, con actuaciones no tan novelescas que te hacen pensar si la humanidad está haciendo todo lo posible por deshumanizarse. Un punto muy a favor de la novela, sin duda.
Lo que más me ha gustado: esa historia coral tan bien hilada, con cada detalle atado y bien atado, con diálogos que te sacuden, con situaciones que te ponen al borde del precipicio, con ese toque de atención a la humanidad… Un muy, muy buen libro y un muy, muy buen descubrimiento de un autor a quien, seguro, seguiré.
Lo que menos me ha gustado: pues este es uno de esos libros a los que no les puedo poner pegas. Está muy bien construido, es una trama muy interesante, los personajes cumplen su función… No hay nada que no me haya gustado, la verdad.
Mi sensación final es que es mi primer contacto con un autor al que seguiré buscando y leyendo y que os lo recomiendo si os gusta este tipo de historias. Quedaos con el nombre, Philippe Claudel.
A los que conozcáis al autor, ¿qué opinión tenéis? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?