Crítica: La utilidad de lo inútil

Título: La utilidad de lo inútil

Autor: Nuccio Ordine

Editorial: Acantilado

Hace ya algo de tiempo que cada vez me intereso más por los clásicos, los ensayos y la filosofía.

No sé si, después de mi “fiebre oriental”, en la que solo leí libros de autores orientales (y que, de momento, parece que ha pasado), me está llegando otra fiebre lectora filosófica y ensayística, porque varios de los libros que tengo por leer van en esa línea.

Este que traigo hoy no es mío. Me lo prestó mi ya-conocida-por-todos vecina María cuando vio que estaba leyendo un libro de escritos de Hannah Arendt que lleva por título “Más allá de la filosofía. Escritos sobre cultura, arte y literatura”. Le expliqué que lo estaba leyendo porque me interesaba saber cómo se ha tratado el tema de la cultura desde la filosofía, así que no tardó en decirme que este “La utilidad de lo inútil” me venía al pelo. Y no se equivocó, porque lo he disfrutado muchísimo.

Se trata de un libro estructurado en tres partes: La útil inutilidad de le literatura; La universidad-empresa y los estudiantes-clientes; y Poseer mata: “Dignitas hominis”, amor, verdad. Termina con un ensayo de Abraham Flexner titulado “La utilidad de los conocimientos inútiles”.

La parte que más me ha interesado es la primera, sin duda, pues trae una mirada a lo largo de la historia sobre esa “inutilidad” indispensable de la literatura de la mano (o de la voz) de filósofosautores y pensadores. Una delicia, os lo aseguro.

En un mundo (ya lo he hablado muchas veces) en el que parece que todo se viene abajo; que la cultura se infravalora cada vez más; que la educación parece importar menos y menos; que cualquiera sabe más que nadie sin tener ni idea de nada; quien escribe afirmando que jamás se ha acercado a un libro (y se nota); o que lo que más se lee es lo más comercial, lo que más peso tiene en redes sociales y lo que va a portar, por ende, más beneficios; este libro y lo que nos enseña se vuelve absolutamente necesario.

No solo deja claro que el arte, la cultura y el saber es lo más útil a lo que podemos (y debemos) acercarnos, sino que no podemos dejar que los poderes económicos, mediáticos o de cualquier otro término esdrújulo nos lo arrebaten.

Ante el retroceso, educación.

Ante el odio, cultura.

Ante el servilismo, arte.

Ante la involución, literatura.

Y, ante lo mediocre, lo clásico.

Una sociedad que no lo arriesga todo a la educación de las personas, a su patrimonio cultural y artístico, al saber que ha arrastrado a lo largo de tantos y tantos siglos está abocada al fracaso más absoluto, al borreguismo, a un lugar donde los clásicos no se conozcan y se pongan pedestales a incultos que solo saben posar en redes, canales de YouTube o programas televisivos.

Yo no quiero una sociedad así y, quizá, por ese motivo, cada vez me acerco más a esa cultura que es la raíz más profunda de la Tierra, a la lectura de quienes, miles de años después, siguen teniendo una voz clara y rotunda, a quienes sí tienen algo que aportar.

Quizá, por ese motivo, tengo un cuaderno repleto con frases que he ido apuntando mientras leía este maravilloso libro. Porque un pueblo que olvida está condenado a la muerte.

Lo que más me ha gustado: ese recorrido a lo largo de la historia en el que voces tan importantes y variadas como las de Dante, Petrarca, Aristóteles, Shakespeare, Platón, Kant, Ovidio, Cervantes, Baudelaire, García Lorca, Italo Calvino o Heidegger nos llenan de motivos para proteger la cultura, el arte, la literatura, la educación y todas las demás “inutilidades” de quienes, conscientes de su poder, quieren limitarlas. Y afirmo esto, sí, en plena jornada de reflexión antes de las elecciones en la Comunidad de Madrid.

Lo que menos me ha gustado: que ha aumentado (mucho) mi necesidad de buscar más lecturas al respecto, de seguir sumergiéndome en la filosofía, de dejarme arrastrar por la sabiduría de los sabios, por esa utilidad de lo inútil.

Mi sensación final es que no me queda otra que recomendar la lectura de este libro y que os empapéis del peso de todos los postulados que vais a encontrar. Libros así son necesarios, imprescindibles, insustituibles, porque aúnan saberes que no han de perderse nunca.  

“Sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad”.

Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil

Enredando voces con Iván Alfaro

No todo en la literatura son las letras. Sobre todo, me atrevo a decir, en la literatura infantil.

En unos libros que se ofrecen a los más peques, lo visual cobra una importancia tremenda.

Ahí es donde entran los y las ilustradores e ilustradoras

Son quienes ponen el color, la luz, el reflejo de las palabras de los autores. Qué tarea más maravillosa…

En esta nueva entrevista, en este nuevo “Enredando voces”, en Radio Off the Record, he querido conversar con uno de los ilustradores a los que más admiro: Iván Alfaro.

Lo conocí por las redes sociales y, al instante, me enamoré de su trabajo. No sé si os pasará lo mismo que me pasó a mí, pero, en cuanto vi cómo ilustraba, pensé que eran las ilustraciones de un niño con la maestría de un adulto. Y me ocurrió eso por la ternura, por la inocencia, por el amor que se ve en todo lo que hace.

No voy a aburriros más con mis letras.

Esta vez, el tiempo es para Iván. Para sus colores. Para su inocencia. Para su magia.

Espero que disfrutéis escuchando el podcast.

Crítica: Los nombres propios

Título: Los nombres propios

Autor: Marta Jiménez Serrano

Editorial: Sexto Piso

Ya sabéis que soy sincero al cien por cien cuando leo y reseño un libro, y esta vez no será distinto.

Este libro me llegó gracias a Casa del Libro. Ya os conté que me han hecho embajador y que estamos empezando a hacer cositas muy chulas juntos. Una de ellas, la primera, fue hacerme un regalo con cuatro libros, dos libretas y una bolsa de tela (regalazo). Como saben que me interesa mucho la poesía, tres de los cuatro libros eran poemarios y, el cuarto, era esta novela. ¿Por qué? Me pregunté. Pero la respuesta, creo, es sencilla. Marta Jiménez Serrano ha sido accésit del último Premio Adonáis de Poesía (reseñé el poemario ganador, “Toda la violencia”, de Abraham Guerrero Tenorio, maravilloso), y esta novela es (en mi opinión) muy, muy poética.

En mi primer acercamiento a la sinceridad, confieso que, de primeras, no me interesó demasiado.

En el segundo acercamiento, confieso que, llevando treinta o cuarenta páginas, pensé en no seguir leyendo.

En el tercer acercamiento, confieso que fue Laura Riñón, escritora y dueña de la librería Amapolas en octubre, quien me dijo “Jorge, léela. Es una historia muy bonita”.

En el cuarto y último acercamiento, confieso que seguí leyendo, que la he terminado y que, sí, es una historia muy bonita y me ha gustado mucho

Una vez más, salirme de esos libros elegidos por mí mismo me ha traído un regalo.

Cuando entrevisté a Laura Riñón en “Enredando voces”, mi podcast literario, nos contó que había una moda de escribir novelas sobre la vuelta a la infancia, sobre volver a los pueblos donde veraneábamos, sobre reencontrarnos con, como diría Pilar Paz Pasamar, nuestros niños interiores.

Este es el enlace de la entrevista, por si os apetece escucharla (merece mucho la pena, creedme): https://www.radiofftherecord.com/2021/04/22/7581/

La propia Laura, en su cuenta de Instagram, dijo que “esta es una novela que ya hemos leído”, en clara referencia a esas historias que se están escribiendo sobre esa temática. Pero no lo hizo como una crítica negativa. De hecho, su opinión sobre el libro, tal y como me confesó en su librería, es muy, muy buena. Sobre el libro y, sobre todo, sobre el estilo de Marta. Que es joven, sí (nacida en el 90). Que es su primera novela, sí (quién lo diría). Que no ha traído una historia distinta a todas las demás (¿puede ocurrir eso?), pero que sí nos trae una muy buena novela, muy bien escrita, muy original en el planteamiento y, lo que a mí más me ha gustado, real, tierna y anclada a los recuerdos de infancia y juventud de, al menos, todos los que compartimos edades similares (yo nací en el 85).

Creedme si os digo que he vuelto a mi niñez una y mil veces mientras leía. Que he recordado las Noches de Reyes, flipando al leer sobre esos Kinder Schoko Bons que solo asocio a ese momento de mi vida. Los juegos infantiles. Los enfados por nadas que eran todo. Lo compartido con los primos, que son nuestros primeros amigos. Las conversaciones con adultos, algunos que nos entendían y otros que, no tanto. El (necesario) aburrimiento. Las películas y canciones de Disney. Las rajas de melón en el verano. La familia. Tantos hilos que me han unido a la historia de Marta…

Creedme si os digo que he vuelto a mi adolescencia una y mil veces mientras leía. Que he revivido las angustias del instituto. La vergüenza. La timidez. Los primeros amores. Los primeros besos. Las mentirijillas. La fuerza que adquirían los abrazos de los amigos y amigas. Las fiestas en casas. Los primeros tragos. Los primeros miedos. Las primeras veces. Los primeros siempres, aunque fueran perecederos.

Y, así, en ese paso de sabernos pequeños a creernos grandes, nos hacemos adultos. Y, también, creedme si os digo que he vuelto a mi primera etapa de adultez (¿la adultez tiene etapas?) una y mil veces mientras leía. La universidad. Cómo las relaciones cobran otro sentido. Cómo queremos huir del nido, aunque no nos atrevamos. Cómo pensamos que podemos con todo mientras nos tiemblan las canillas. Las decisiones. Cómo empezamos a comprender de verdad lo que es el sufrimiento en las desilusiones, las traiciones y, sobre todo, en las pérdidas. Incluso, casualidad, he revivido mi Erasmus en la misma ciudad donde la hace la protagonista: Florencia.

Marta, la protagonista, me ha gustado. Mucho. Pero, del mismo modo, me ha gustado muchísimo Belaundia Fu, su amiga imaginaria y narradora en una segunda persona que es una primerísima persona. Y, sobre todo, me he enamorado de la abuela y me he emocionado con un homenaje tan bonito sobre el papel de las abuelas. Yo perdí a las dos hace ya mucho (demasiado), y las he recordado gracias a esos actos, a esas conversaciones, a esa complicidad. Y, también, perdí a mi madre hace ya casi seis años (mucho más que demasiado) y, aunque no fuera abuela en la definición, lo era en la acción, en su forma de ser, de cuidar, de comprender y de querer. Y sí, Marta Jiménez afirma que es un regalo haber compartido veintidós años con la abuela, y me parece un buen punto de vista. Tanto que, aunque me parezca horrible haber podido disfrutar de mi madre solo veintinueve años, leer esa frase consuela, aunque sea un poco.

Dicho esto (como si fuera poco), voy con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: está claro, ¿no? Revivirme. Haber podido recuperar tantos momentos que, al fin y al cabo, me han hecho ser quien soy y estar donde me encuentro. Saberme en todas esas vivencias, reconocerme, abrazarme, comprenderme mejor. Gracias por eso, Marta.

Lo que menos me ha gustado: creo que la razón podría ser, precisamente, que es un libro con un lenguaje muy poético y plagado de recursos propios de la poesía, pero ha habido algunas estructuras que se me han hecho un poco repetitivas. Es lo único que puedo decir como algo que me haya gustado un poco menos. 

Mi sensación final es que estoy muy agradecido a Marta por escribirlo, a Casa del Libro por regalármelo y a Laura Riñón por decirme que no lo dejara. Porque me ha reconfortado mucho esta historia. Porque ese reflejo de mí mismo en el agua de una piscina lo he revivido tantas veces en mi vida real (muchas, muchas horas en piscinas) que me ha encantado asomarme, de nuevo, a él, a mí, a nosotros. Y porque, aunque me duela (mucho) siempre me gusta recordar a mi madre, porque ella fue Belaundia, Anuncia, Martín, Gabriel y todas las personas que lograron que mi vida, al menos la que llega hasta hoy, haya estado repleta de momentos que merece la pena vivir una y mil veces. 

“Vejez, divino tesoro. La juventud la tiene cualquiera”.

Marta Jiménez Serrano, Los nombres propios

Crítica: Sobre el dolor

Título: Sobre el dolor

Autor: Cicerón

Editorial: Los secretos de Diotima

Leer a los clásicos siempre ha sido una de mis asignaturas pendientes. Y, cuando hablo de clásicos, me refiero a romanos y griegos. A esos filósofos y pensadores que pusieron los cimientos del pensamiento y cuyos postulados, milenios después, siguen tan vigentes como cuando los plantearon.

Este pequeño (por extensión) libro llegó a mí en una de mis habituales visitas a la Librería Taiga Madrid

Llevaba unos días rumiando un poemario que quería escribir. Sabía, más o menos, qué temas quería tocar. Y el dolor era una de ellos.

Por eso, cotilleando por la librería, encontré esta colección propuesta por “Los secretos de Diotima” y, ya sabéis, llamaron mi atención. Me llevé este “Sobre el dolor” y “Sobre el desprecio de la muerte”, también de Cicerón. El primero ya ha cumplido su cometido y me ha servido en una buena parte del poemario que terminé esta misma semana (ya veremos qué ocurre con él). El segundo lo leeré buscando inspiración para otro poemario al que llevo tiempo dándole vueltas.

Y, por lo que estoy comprobando, los clásicos no suelen fallar, sencillamente, porque son una fuente inagotable de sabiduría.

De lectura muy sencilla por lo breve y lo conciso; con multitud de citas y frases que van directas a la consciencia; es un libro perfecto para aprender. Y ya sabéis que aprender es una de mis actividades favoritas.

Si os interesan el mundo clásico, la filosofía, los pensadores romanos y griegos… Esta colección es una maravilla. Os recomiendo echarles un ojo a sus títulos, seguro que encontráis alguno que os llame la atención.

Lo que más me ha gustado: que ha sido clave a la hora de estructurarme la mente de cara al poemario. Me ha dado una visión filosófica del dolor que no conocía e, incluso, me ha facilitado una cita (la que incluiré al final) para uno de los poemas.

Lo que menos me ha gustado: sin que sea nada negativo, que ha hecho aumentar mis ganas de acercarme más aún al mundo clásico. 

Mi sensación final es que todos y todas tendríamos, en mayor o menos medida, que acercarnos a lo clásico, a la raíz, a los cimientos. Si los pensamientos de estos filósofos y pensadores han trascendido a lo largo de tantos y tantos años, será por algo… ¿no creéis?  

“No es fuerte aquel que yace”.

Cicerón

Enredando voces con Laura Riñón

Seguimos entrevistando a personas relacionadas con la literatura en Radio Off the Record.

Esta semana le ha tocado el turno a Laura Riñón. Amiga. Escritora. Propietaria de la maravillosa librería «Amapolas en octubre», en la calle Pelayo de Madrid.

Alguien que representa a la perfección el espíritu de la celebración del libro, de la lectura, de lo bueno que es compartir historias. No en vano, además de pensar (con acierto) que su librería es un hogar, también afirma que una librería es una farmacia porque «la literatura, lo que hace, es salvar».

Y qué razón tiene.

No sé qué habría sido de mí sin la literatura en este año tan duro que nos ha tocado vivir.

Qué afortunados somos los que tenemos en Amapolas, también, una extensión de nuestro hogar.

Los que cruzamos su puerta con la confianza de quien visita a un familiar querido, de quien siempre recibe una sonrisa y un abrazo.

Y, por si eso fuera poco, Laura siempre tiene el libro que recomendarte.

Porque sabe de libros, mucho, y también sabe de personas, de momentos vitales, de sentimientos.

Quizá, en el fondo, sí sea un poco farmacéutica.

La entrevista, lo digo como lo siento, es una preciosidad. No por mí, sino por ella. Yo solo soy la excusa.

Os dejo el enlace.

Me hará muy feliz que la escuchéis.

Un abrazo muy fuerte y feliz Día del Libro.

Crítica: El columpio de Madame Brochet

Título: El columpio de Madame Brochet

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Emilio Urberuaga

Editorial: Edebé

Sigo conociendo más y mejor a Beatriz Osés y, cuanto más la conozco, más me gusta.

Y no solo me refiero a seguir leyendo libros suyos, que me encanta, sino, también, a haberla conocido en persona por fin gracias al Club de Lectura Infantil que organizo en la Librería Taiga y de seguir estrechando los lazos de la amistad que ya nos unen.

Hay que reconocer que, entre mucho sinsentido, las redes sociales nos traen, de vez en cuando, regalos en forma de personas, como ha sido el caso de Beatriz.

Este libro, que fue un regalo que me hizo, con dedicatoria incluida, ha sido una delicia. Si bien, en lo que se refiere a narrativa, me inicié en la pluma de Beatriz con “Benjamin Wilson y el caso de la mano maléfica” y me gustó mucho, esta historia, en mi opinión, la supera.

Me parece mucho más completa, absolutamente redonda, como un círculo anudado en los extremos. También me parece más divertida, más original, más entretenida y, en definitiva, mucho más libro. No en vano, fue finalista del Premio Edebé en 2016 y del Premio Nacional en 2018. Desde luego, es un libro que lo merece.

Mientras lo leía, se me iba formando una sonrisilla al pensar en algo que he confirmado nada más leer la última palabra y que le he comentado a Beatriz en seguida: si me dijeran que se ha descubierto una historia inédita de un autor que me encanta y me hubieran dado este libro para que lo leyera, no habría duda. Habría pensado que es una historia escrita por Roald Dahl.

Puede que suene atrevido. Roald Dahl es mucho Roald Dahl. Pero lo cierto es que, manteniendo el estilo ya muy reconocible para mí de Beatriz Osés, he descubierto muchos de los rasgos del genial escritor galés. Elhumor (a raudales); el protagonismo absoluto de los niños; la maldad de los adultos, especialmente de los padres; la pizca de magia… Muy en la línea de las mejores historias de Dahl, lo cual tiene un mérito inconmensurable, como os podréis imaginar.

Siempre digo que un buen libro infantil o juvenil tiene que ser capaz de gustar, también, al público adulto. Al menos en mi caso, Madame Brochet me ha enamorado de principio a fin, por lo que estoy segurísimo de que les encantará a los más peques.

De nuevo, las ilustraciones vienen de la maravillosa mano de Emilio Urberuaga, mejorando aún más este libro.

Una historia más que va a la lista de recomendaciones para mis alumnos.

Lo que más me ha gustado: ya que he leído casi todo de Roald Dahl, ha sido un regalazo poder revivir esas lecturas que tanto disfruté, sabiendo, además, que estaba leyendo a una amiga como Beatriz.

Lo que menos me ha gustado: ni una coma le cambiaría. Es una historia de diez.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“¡Después de tantos años, su deseo se había cumplido al fin!”.

Beatriz Osés en “El columpio de Madame Brochet”.

Entrevistas en Radio Off The Record

Aunque ya lo he anunciado en mis redes sociales, me faltaba contarlo por aquí y no quiero dejar pasar más tiempo.

Estar de baja tanto tiempo (y no haberlo estado nunca antes) me llevó a buscar todos los medios posibles para no aburrirme, para aprovechar el tiempo y para intentar no caer en esa sensación tan horrible del confinamiento.

Pensé qué podría hacer para que estos casi cuatro meses no se convirtieran en tiempo perdido, y lo cierto es que puede que se me haya ido un poco de las manos.

Así, a modo de lista de la compra, os resumo todos los fregados en los que me he metido:

He escrito un poemario (para adultos).

He escrito una pequeña novela infantil.

He leído una barbaridad (ya casi he llegado al propósito que me propuse en Goodreads y no hemos llegado ni al quinto mes).

He hecho un curso de «Boot Camp Google Educador Level 1», de (dicen) veinte horas.

Estoy haciendo el curso «El blog en la enseñanza», de (dicen) cuarenta horas.

Estoy haciendo el curso «El taller de escritura: de la teoría a la práctica en el aula», de (dicen) setenta horas.

Me encargo del Club de Lectura Infantil de la Librería Taiga, con un inicio precioso acompañado de Beatriz Osés.

He firmado dos contratos editoriales (uno, para «La hija del soplador de vidrio», novela de la que ya os he hablado; otro, para una serie infantil de, por ahora, cinco libros de la que ya os hablaré cuando se acerque el momento de la publicación, aún algo lejano).

Me han hecho embajador de Casa del Libro.

Y, por último (de momento, y si no me olvido de nada), he empezado el proyecto que apunto en el título de la entrada y que me hace muy, muy, muy feliz: he empezado a grabar podcasts con entrevistas a gente relacionada con la literatura (porque escriben, porque editan, porque venden, porque leen, porque ilustran…) de la mano de Radio Off The Record.

Siempre me ha gustado mucho la radio y, aunque sea maestro, mi primera carrera fue Publicidad y RR.PP., por lo que soy licenciado en comunicación, aunque no sea periodista. Me gusta esa calidez, esa cercanía, esa comodidad que ofrecen las voces radiofónicas. Por eso, aproveché la posibilidad de grabar podcasts para iniciar esta serie de entrevistas y le pedí a Miryam, responsable de la radio, unirme a su equipo. La respuesta fue inmediata y, la verdad, no podría haber tenido más suerte, porque me ha acogido con los brazos abiertos y es una maestra genial.

Para no enrollarme más, os dejo el enlace con la primera entrevista. No había nadie más oportuno para iniciarme en esta aventura que quien es, en mi opinión, el mejor poeta nacional que tenemos ahora mismo. Una de las personas más cultas, íntegras, humildes y buenas que, por suerte, tengo en mi vida. Alguien a quien me unen casi veinte años de amistad y a quien no considero un amigo, sino un hermano. Y, sí, quien es mi maestro en mi versión poética (menudo lujo). Hablo, como muchos ya sabréis, de Manuel Francisco Reina. En la entrevista (que espero escuchéis) nos habla de literatura, de poesía, de cultura… Y, tal y como le pedí (y pediré a mis invitados e invitadas), nos leyó un poema de su último (y maravilloso) poemario, «El fiel de la balanza», y, también, un poema de otra de mis poetas preferidas, Raquel Lanseros.

Feliz de estar donde estoy y con quien estoy.

Feliz de estar con vosotros.

Espero que os guste.

Crítica: Mexicana

Título: Mexicana

Autor: Manuel Arroyo-Stephens

Editorial: Acantilado

Acantilado siempre acierta con sus títulos. Es un verdadero lujo saber que, aun en estos tiempos, sigue habiendo editoriales que apuestan por la calidad de lo que publican. Si a esa certeza le sumamos lo bien que editan (aún no he visto ningún libro suyo ni mal editado ni poco atractivo en lo estético).

Este “Mexicana” me llamó la atención sin saber muy bien por qué. No sabía de qué trataba ni conocía al autor (personaje con una biografía muy, muy interesante, por cierto), pero leí unas pocas palabras de la contra y supe que quería leerlo: 

“Homenaje personalísimo a México y su abrumadora capital, a su pasado y su presente, a sus sabores, olores y colores, a sus cielos, tierras y mares, y, sobre todo, a sus personajes, propios y adoptivos, con quienes el autor tuvo la suerte de cruzarse durante los años que vivió entre México y España”.

Esta presentación, sumado a una portada tan preciosa y a saber, como digo, que Acantilado nunca defrauda, me hicieron querer leerlo. Y lo leí. Y no me equivoqué ni un poco en mi sospecha de que sería una muy buena lectura, y afirmo que lo es por varias razones.

Porque México es un país fascinante que me muero por descubrir, y con este libro se está en México. Los lugares, las costumbres, la gastronomía, el habla (cualquiera diría que el autor no vivió toda su vida en México), la fauna… Es impresionante la capacidad descriptiva de Manuel Arroyo-Stephens, de quitarse el sombrero.

Porque el lenguaje es ese lenguaje que sabéis que me gusta tanto. Un lenguaje cuidado, poético, estudiado. Siempre he creído que los autores latinoamericanos cuidan más el castellano que nosotros mismos y, aunque el autor de “Mexicana” nació en Bilbao, su estilo, al menos en este libro, es más cercano a ese otro lado del océano. Y, en mi opinión, es todo un acierto. Os pongo por aquí una pequeña muestra, porque son fragmentos de una belleza extraordinaria:

“Por muy luminoso que sea, el mar siempre es triste. Hay algo en él que recuerda a la muerte, que de algún modo la hace presente. Su inmensidad es pretenciosa, resulta excesiva. Cuando uno mira el mar más de quince minutos siente que piensa algo profundo”.

“Me quema ahora el recuerdo. ¿Cómo iba a saber hasta qué punto esta memoria reciente iba a llenarlo todo, sin dejar sitio al reposo ni al sueño? Debí haberlo previsto, y en parte lo hice. Por eso el intento, quizá para ti desconcertante y contradictorio, por defenderme de ti, por defenderte de mí. Ese culto continuo al pudor y a la distancia. Hacer y sentir como si no se hiciese ni se sintiese nada”.

¿No os parece un lenguaje precioso?

También es buena lectura porque los personajes son casi magnéticos. Desde aquellos que son “simples” lugareños, amigos del autor o producto de su literatura, a esos que se redescubren gracias a su memoria. Ocurre con la gran Chavela Vargas, redescubierta y traída a España por el propio Arroyo-Stephens (os dije que su biografía era muy interesante), y a quien he querido acercarme para conocer mejor su vida y su música; y ocurre con Manuel Ulacia Altolaguirre, poeta y nieto de Manuel Altolaguirre.

Otro punto que me ha encantado es que aparezca Madrid. Ya he dicho en varias ocasiones que me hace muy feliz ver mi ciudad en los libros que leo.

Hablaría mucho más sobre la belleza y la rotundidad de este libro. De lo que lo he disfrutado. De la facilidad con la que a vertido una buena parte de México en mi sangre, el hambre de comida mexicana que me ha dado, incluso la necesidad de brindar con tequila. Y todo, amigos y amigas, a través de la lectura. De estas ciento seis páginas con música de mariachis y boleros; con ruido de cantina y tormenta; con aroma a totopos y picante.

Qué inmensidad se siente cuando te encuentras con un buen libro. 

Aquí os quiero contar el cambio que he decidido hacer en mis reseñas. Llevo varias en las que me doy cuenta que, al hablar de puntos fuertes, me repito, pues ya los he dejado claros al hablar del libro. Por ese motivo, a partir de ahora solo incluiré lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: la sensación real de haber estado en todas las localizaciones de las que habla el libro, de haberme sentido mexicano mientras leía, de haber sentido la necesidad (como veis en la foto) de comer comida mexicana; haberme empapado de la cultura del país azteca. Que un libro pueda conseguir todo eso es una gran parte de la magia de la literatura.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, encontrarme un “éstos” así, con tilde. 

Mi sensación final es que sigo pensando que las editoriales como Acantilado son absolutamente necesarias. Lo son por estar fuera de modas, de no pensar solo en cuántos libros podrán vender (cantidad), sino en la calidad de lo que publican. Sin estas editoriales, estoy seguro, nos quedaríamos sin conocer historias maravillosas de autores maravillosos, como es el caso de esta. Gracias.  

“México es el país donde todo es lo mismo, solo que es distinto”.

Manuel Arroyo-Stephens, Mexicana

Crítica: Individuo armado

Título: Individuo armado

Autor: Cristian Álvarez

Editorial: Letraversal

Este libro llegó a mí de una manera muy especial.

Como os conté hace unos días, @casadellibro me ha hecho uno de sus embajadores (sigo sonriendo solo de pensarlo), y este “Individuo armado” era parte del primer regalo que me hicieron.

Si os soy sincero (y sabéis que siempre lo soy), no conocía este libro ni a su autor ni a la editorial. Por eso, entre otras cosas, me hace tan feliz esto de ser embajador de Casa del Libro: porque me va a descubrir lecturas que, de otra forma, quizá no llegara a conocer.

Siguiendo con la sinceridad, no es la poesía que suelo leer. De hecho, lo empecé con alguna reticencia. Y, sí, me costó algo entrar.

Pero entré.

Y empecé a saborear los versos, la poesía.

Y el sabor, aunque desconocido, se fue pegando a mi paladar.

Y me dejó muy buen sabor de boca. En lo poético, claro, porque es un poemario duro en el que la humanidad (o la deshumanización de lo humano) se expone con las tripas abiertas, entre disparos, tiroteos y masacres. Eso sí, de una forma muy original y (en mi opinión) muy bien resuelta.

Un poemario bien escrito, bien estructurado, bien pensado y, si me permitís la obviedad, muy bien armado.

Además de lo poético, no puedo escribir esta crítica sin hablar del exquisito trabajo de la editorial “Letraversal”Una edición preciosa sin perder la sencillez que la poesía pide. Muy bien cuidada, pero sin florituras innecesarias. La cubierta, en diseño y textura, es perfecta. Elecciones tomadas a la perfección en los aspectos técnicos. Mención especial (no sé si esto es acierto del autor, de la editorial o de ambos) para el poema “Karpestraat [Gante, 19.00 horas]”, que aparece escrito a mano por el poeta. Un detalle que puede parecer absurdo, pero que me ha encantado.

Dicho esto, paso a compartiros algunos versos para que podáis conocer un poco la poesía de Cristian Alcaraz.

“Al presionar vuestra bandera

edifico nuestro nuevo orden social.

Aquí mi tacto. Aquí los bits

que me componen”.

“Yo, ser que recibe,

dudo si soy un hombre

menos hombre.

Cuántas veces han entrado dentro de mí

para modificarme”.

Y, puede que mis versos favoritos del libro, precisamente del poema que aparece escrito a mano:

“Es esto la fascinación: me han enseñado

a retener el duelo

de la gente que se me parece”.

Gracias a Casa del Libro por la copia.

Gracias a Cristian Alcaraz por ser valiente y original, por traernos un poemario que trata de tiroteos, matanzas y armas, y todo lo que suponen para el mundo.

Gracias a Letraversal, por preocuparse por la poesía, por ocuparse de ella, y por hacerlo tan bien.

Gracias, también, a vosotrxs, por leerme siempre que hablo de libros.

“La bomba va a estallar en el bar”.

Wislawa Szymborska

Crítica: El misterio del gato negro

Título: El misterio del gato negro

Autor: Beatriz Osés

Ilustradora: Ester García

Editorial: Editora Regional de Extremadura

Vuelvo a Beatriz Osés y a otro libro suyo de misterio. Este “El misterio del gato negro” será el libro que trabajemos en el club de lectura de once y doce años en la Librería Taiga, así que tenía que prepararlo todo en condiciones. Además, @mividaentrelibros me confesó que era el libro preferido de uno de sus hijos, así que todo cobró más sentido aún.

Una vez más, Beatriz nos sumerge en un caso misterioso, aunque el público al que se dirige esta historia requería un asunto un poco más truculento y un lenguaje algo distinto, dos aspectos conseguidos a la perfección.

En esta historia, el protagonista tendrá que descubrir qué le pasó a Irene Conti, la anterior inquilina de su habitación. Una investigación guiada por el fantasma de la joven y un misterioso gato negro que da título al libro.

Un muy buen libro para iniciar a los lectores jóvenes en la novela negra, ya que tiene todos sus ingredientes adaptados a esas edades, suponiendo un gancho estupendo para futuros lectores de Agatha ChristieConan Doyle y compañía.

Además, introducir la muerte en la literatura infantil y juvenil, si se hace bien, puede suponer algo muy positivo para empezar a familiarizarse con ella y a comprenderla.

También es un libro breve y con una lectura sencilla que no querremos detener para averiguar lo antes posible qué ha ocurrido. Otro libro que recomendaré siempre que tenga ocasión.

Dicho todo esto, paso a mi análisis (algunos puntos coindiden con los de “Benjamin Wilson”).

Puntos fuertes:

Marca España: Beatriz Osés no necesita presentaciones y algunos de sus libros han sido traducidos a varios idiomas, por lo que su internacionalidad es un hecho, pero sigo diciendo que me encanta saber lo bien que se escribe literatura infantil y juvenil en España.

El misterio: mantener al lector pegado al libro para desentrañar la trama es un acierto en la literatura para el público infantil y juvenil. Si yo estaba deseando saber qué le había ocurrido a Irene, los más pequeños tienen que acabar mordiéndose las uñas… 

La fantasía: aunque es una historia “real”, introducir a un fantasma le aporta un plus a la historia, al menos eso me parece a mí.

Las ilustraciones: no son muchas, pero sí acompañan muy bien a la historia, y eso siempre se agradece.

Lo que más me ha gustado: estoy seguro de que lo que más voy a disfrutar es el momento en que compartamos impresiones en el club de lectura.

Lo que menos me ha gustado: una vez más, la brevedad, pero, claro, esto lo digo desde la edad que tengo y lo leído que estoy, jeje.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Me llamo Irene –musitó la voz–. Irene Conti”.

Beatriz Osés en “El misterio del gato negro”.