Crítica: Mexicana

Título: Mexicana

Autor: Manuel Arroyo-Stephens

Editorial: Acantilado

Acantilado siempre acierta con sus títulos. Es un verdadero lujo saber que, aun en estos tiempos, sigue habiendo editoriales que apuestan por la calidad de lo que publican. Si a esa certeza le sumamos lo bien que editan (aún no he visto ningún libro suyo ni mal editado ni poco atractivo en lo estético).

Este “Mexicana” me llamó la atención sin saber muy bien por qué. No sabía de qué trataba ni conocía al autor (personaje con una biografía muy, muy interesante, por cierto), pero leí unas pocas palabras de la contra y supe que quería leerlo: 

“Homenaje personalísimo a México y su abrumadora capital, a su pasado y su presente, a sus sabores, olores y colores, a sus cielos, tierras y mares, y, sobre todo, a sus personajes, propios y adoptivos, con quienes el autor tuvo la suerte de cruzarse durante los años que vivió entre México y España”.

Esta presentación, sumado a una portada tan preciosa y a saber, como digo, que Acantilado nunca defrauda, me hicieron querer leerlo. Y lo leí. Y no me equivoqué ni un poco en mi sospecha de que sería una muy buena lectura, y afirmo que lo es por varias razones.

Porque México es un país fascinante que me muero por descubrir, y con este libro se está en México. Los lugares, las costumbres, la gastronomía, el habla (cualquiera diría que el autor no vivió toda su vida en México), la fauna… Es impresionante la capacidad descriptiva de Manuel Arroyo-Stephens, de quitarse el sombrero.

Porque el lenguaje es ese lenguaje que sabéis que me gusta tanto. Un lenguaje cuidado, poético, estudiado. Siempre he creído que los autores latinoamericanos cuidan más el castellano que nosotros mismos y, aunque el autor de “Mexicana” nació en Bilbao, su estilo, al menos en este libro, es más cercano a ese otro lado del océano. Y, en mi opinión, es todo un acierto. Os pongo por aquí una pequeña muestra, porque son fragmentos de una belleza extraordinaria:

“Por muy luminoso que sea, el mar siempre es triste. Hay algo en él que recuerda a la muerte, que de algún modo la hace presente. Su inmensidad es pretenciosa, resulta excesiva. Cuando uno mira el mar más de quince minutos siente que piensa algo profundo”.

“Me quema ahora el recuerdo. ¿Cómo iba a saber hasta qué punto esta memoria reciente iba a llenarlo todo, sin dejar sitio al reposo ni al sueño? Debí haberlo previsto, y en parte lo hice. Por eso el intento, quizá para ti desconcertante y contradictorio, por defenderme de ti, por defenderte de mí. Ese culto continuo al pudor y a la distancia. Hacer y sentir como si no se hiciese ni se sintiese nada”.

¿No os parece un lenguaje precioso?

También es buena lectura porque los personajes son casi magnéticos. Desde aquellos que son “simples” lugareños, amigos del autor o producto de su literatura, a esos que se redescubren gracias a su memoria. Ocurre con la gran Chavela Vargas, redescubierta y traída a España por el propio Arroyo-Stephens (os dije que su biografía era muy interesante), y a quien he querido acercarme para conocer mejor su vida y su música; y ocurre con Manuel Ulacia Altolaguirre, poeta y nieto de Manuel Altolaguirre.

Otro punto que me ha encantado es que aparezca Madrid. Ya he dicho en varias ocasiones que me hace muy feliz ver mi ciudad en los libros que leo.

Hablaría mucho más sobre la belleza y la rotundidad de este libro. De lo que lo he disfrutado. De la facilidad con la que a vertido una buena parte de México en mi sangre, el hambre de comida mexicana que me ha dado, incluso la necesidad de brindar con tequila. Y todo, amigos y amigas, a través de la lectura. De estas ciento seis páginas con música de mariachis y boleros; con ruido de cantina y tormenta; con aroma a totopos y picante.

Qué inmensidad se siente cuando te encuentras con un buen libro. 

Aquí os quiero contar el cambio que he decidido hacer en mis reseñas. Llevo varias en las que me doy cuenta que, al hablar de puntos fuertes, me repito, pues ya los he dejado claros al hablar del libro. Por ese motivo, a partir de ahora solo incluiré lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: la sensación real de haber estado en todas las localizaciones de las que habla el libro, de haberme sentido mexicano mientras leía, de haber sentido la necesidad (como veis en la foto) de comer comida mexicana; haberme empapado de la cultura del país azteca. Que un libro pueda conseguir todo eso es una gran parte de la magia de la literatura.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, encontrarme un “éstos” así, con tilde. 

Mi sensación final es que sigo pensando que las editoriales como Acantilado son absolutamente necesarias. Lo son por estar fuera de modas, de no pensar solo en cuántos libros podrán vender (cantidad), sino en la calidad de lo que publican. Sin estas editoriales, estoy seguro, nos quedaríamos sin conocer historias maravillosas de autores maravillosos, como es el caso de esta. Gracias.  

“México es el país donde todo es lo mismo, solo que es distinto”.

Manuel Arroyo-Stephens, Mexicana

Crítica: Los nombres del fuego

Título: Los nombres del fuego

Autor: Nando J. López

Editorial: Santillana (Loqueleo)

Nando J. López se ha convertido en uno de esos autores a los que volver cuando necesitas leer un buen libro (y el primero al que reseñé en el blog). Después de tres libros suyos (el maravilloso “La edad de la ira”y “El reino de las Tres Lunas”) ya puedo decir que es uno de mis autores nacionales favoritos y que estoy seguro de que, me guste más o me guste menos la historia, leer algo suyo es siempre un acierto. Porque sabe escribir (sí, esta afirmación parece absurda hablando de un escritor, pero, ay, si yo os contara…). Porque sus ideas no son las mismas que pueden leerse en otros trescientos libros. Porque no solo cuenta historias, sino que, en ellas, incluye personajes, diálogos y situaciones que hacen mucha falta en la literatura juvenil. Nando, que sepas que seguiré “volviendo a ti”.

En cuanto al libro, es uno de esos que me llamaron la atención por el autor, el título y la información de la contraportada. Literatura juvenil mezclada con fantasía podría estar muy bien y lo cierto es que es algo distinto a lo que había leído hasta ahora. Del resultado, como de todo lo demás, os hablo en mi análisis de puntos fuertes y débiles.

Puntos fuertes:

El estilo: vale, ya lo he dicho, pero es que cada vez cuesta más encontrar libros que estén bien escritos, y este lo está. Perfectamente escrito. Además, de vez en cuando me gusta leer en primera persona.

La fantasía: gracias a esa mitología tan presente en la historia, a esa magia ancestral, he podido encontrar en este libro algo de la fantasía que tanto me gusta.

Personajes femeninos fuertes: creo que es tan necesario que dejemos de darle el protagonismo siempre a personajes masculinos. Encontrar a Abril y a Xalaquiay ver que son, a pesar de su juventud, chicas tan seguras, tan rotundas y tan valientes es un aspecto muy positivo a destacar.

Descubrir algo más de la historia y la mitología mexicana: dioses, leyendas, mitos, personajes históricos, literatura… Todo un descubrimiento que me lleva a incrementar mis eternas ganas de ponerme (de una vez) a leer mitología en profundidad.

Lo que más me ha gustado:

Xalaquia. Las hechiceras siempre han sido mis ojitos derechos (lo podéis ver en el cariño que vertí en Tenesoya, la Gran Dulviana de mi “Tamarán”), y este personaje me ha gustado muchísimo.

Puntos débiles:

La portada: quizá sea una tontería, pero sabéis que me fijo mucho en las portadas a la hora de elegir lectura y os puedo asegurar que, si no es por lo que me fío del autor, nunca me habría fijado en este libro.  Sí, tendrá su simbolismo y tiene su sentido, pero, siento decirlo así, me parece una portada horrible que no llama nada de nada la atención. Con una historia tan potente (dos historias, de hecho), creo que se podría haber hecho una portada mil veces más bonita.

Demasiado largo: puede que sea impresión mía, pero habría agradecido algunas páginas menos. Se me ha hecho un poco largo, sí.

Lo que menos me ha gustado:

La mezcla de las dos historias. Tal y como puede leerse en la contraportada, se mezclan el Tenochtitlan del siglo XVI con el Madrid y el París del siglo XXI. Así leído, bien. Puede resultar interesante. Dejando claro siempre que es mi opinión (y que no pretendo sentenciar ni decir que es un error por parte del autor), no me ha terminado de gustar. La estructura del libro, alternando un capítulo de la actualidad con otro de ese Mexico del XVI, me ha puesto muy difícil meterme en ninguna de las dos historias. He estado entrando y saliendo de dos historias que, por mucho que se entremezclen, me obligaban a eso, a estar entrando y saliendo tantas veces que, al final, se me ha quedado una sensación rara en la que creo que las dos historias son muy buenas por separado, pero que algo me falla en la mezcla.

Aun con todo, me parece un muy buen libro, con un muy buen trabajo detrás (ay, si todos los escritores se preocuparan por contar buenas historias y por contarlas bien) y con muchos aspectos positivos que negativos.

Y vosotrxs, ¿lo habéis leído? ¿Conocéis al autor?

¡Un abrazo!

“Necesitamos aprender a compartir silencios más que a compartir palabras”.

Nando J. López, en “Los nombres del fuego”