Crítica: 18 ciervas

Título: 18 ciervas

Autora: Rosana Acquaroni

Editorial: Bartleby

Quien siga pensando que la poesía no sirve para nada, que lea cualquiera de los dos últimos poemarios de Rosana Acquaroni (el anterior, La casa grande, es una barbaridad).

Quien piense que la poesía no es lugar de encuentro, que no es refugio, que no es abrazo, arañazo… que lea este 18 ciervas. Y que lo lea, también, quien diga que la poesía es algo que se escribe así, a la ligera, en un ratito, volcando solo “lo que uno tiene dentro”, sin leer, sin estudiar, sin buscar, sin escuchar, sin trabajar, sin esforzarse… que lea este libro y vea, también, todas las notas que nos deja la propia autora sobre su investigación para escribirlo (y, no obstante, será solo una pequeñísima parte de todo el tiempo y la dedicación invertidos). Eso, por lo hablar de lo que uno (de lo que Rosana) se deja en lo que respecta a lo emocional, a la piel, al daño implícito que uno recibe cuando escribe, al fin y al cabo, lo que nos ha dolido, lo que nos duele.

Porque en estos poemas hay dolor, hay añoranza, hay herida, hay sangre y, sobre todo, hay culpa. Y la culpa, ya sabemos, hay que tratar de sacarla lo antes posible, porque se enquista, porque se necrosa, porque nos va destruyendo poco a poco. Rosana ha esperado, pero quiero pensar que, con estos poemas, ha conseguido liberarse, al menos, de una gran parte de ella. ¿Sirve o no sirve la poesía?

Si ha logrado perdonar(se), solo lo sabrá la propia poeta, pero está claro que este ha sido un ejercicio de liberación absoluta; una penitencia autoimpuesta donde “la Acquaroni” se entrega al juicio de sus lectores y a su juicio; una condena incriminatoria sobre la que pide, también, ese perdón, esa comprensión, esa absolución.

Mi abrazo lo tiene. Y, sobre todo, tiene mi agradecimiento. Porque no es fácil dejar en papel y para siempre aquello que tanto nos oprime, aquello que, quizá, nos avergüenza, nos atemoriza y nos es difícil de asumir. 

En este libro, maravilloso (como toda la poesía de Rosana Acquaroni, que es una de las poetas contemporáneas más importantes, en mi opinión), nos acercaremos a esos sentimientos y al de la redención, y lo haremos gracias, también, a la simbología del ciervo, de la cierva, de esa fortaleza, ese espíritu de renovación, esa capacidad de supervivencia que Rosana acoge para vencer al dolor, para ayudarnos a vencer al dolor y a nuestros miedos.

Como muestra, dos pequeños fragmentos que ilustran muy bien la idea de este poemario:

“Extintas servidumbres:

la que se enrosca en la garganta

y nos obliga

a silenciar aquello que sentimos”

“¿Qué hacer con el perdón?

palabra que autoriza a perpetuar el ciclo”.

No dejéis de leer a esos y esas poetas de oficio, historia viva de la poesía española, a esos y esas poetasque se toman lo de escribir en serio y lo hacen con la maestría que la poesía (más que ningún otro género literario) reclama, con el respeto que la poesía exige. No dejéis de leer a Rosana Acquaroni.

Lo que más me ha gustado: la verdad que hay en cada verso. La valentía. La humildad necesaria para escribir de experiencias tan duras y compartirlas con los lectores.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, y sin que tenga nada que ver con la poesía, diré que la imagen de la cubierta no me encanta, pero solo es una cosita mínima.

Hacia dónde seguir

más allá de la herida.

Rosana Acquaroni

Crítica: Fleco de nube

Título: Fleco de nube

Autora: Fabiana Margolis

Ilustradora: Concha Pasamar

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

XV Premio de Poesía para Niñas y Niños Ciudad de Orihuela 2022

Qué mejor forma de celebrar el Día del Libro que con poesía. Con poesía, además, infantil. Con esta colección que (ya sabéis) considero imprescindible en la poesía infantil en castellano, la Colección Orihuela de Kalandraka.

Este Fleco de Nube es el último ganador del premio, y nos trae un viaje por jardines, por corrientes de viento, por las estaciones, por el mar, por los amaneceres, por las estrellas… Nos presenta a animales (mariposas, ciempiés, gaviotas, pulpos) y plantas (magnolias, azucenas, ese precioso ombú) y nos lleva de la mano por un universo onírico de recuerdos y vivencias al que siempre es recomendable volver: nuestra niñez.

Hay inocencia, hay asombro, hay descubrimiento, hay amor, hay nostalgia, hay sonrisas… Hay un poco de todo lo que nos conforma, lo que, con el paso del tiempo, va dando forma a nuestra historia, que es la historia de nuestra vida.

Con una sonoridad perfecta, con imágenes de una naturaleza que se vuelve el lienzo más grande del mundo, con el blancor necesario para llenarlo con nuestros propios colores. 

Este libro, de Fabiana Margolis, es una invitación para las niñas y niños a que disfruten de su infancia, sí, pero también lo es para nosotros, los adultos, a que no dejemos demasiado atrás esos días, que no los lancemos al olvido empujados por las prisas, el estrés y nuestras “cosas de adultos”.

Yo he viajado a ese tiempo donde las nubes tenían flecos, formas e, incluso, rostros. Y lo he hecho feliz, como siempre que tengo entre las manos un buen libro de poesía.

Mención especial a las preciosísimas ilustraciones de Concha Pasamar. Creo que son las ilustraciones que más me han gustado de toda la colección, y eso es mucho decir. Qué maravilla.

Lo que más me ha gustado: esa invitación a volver a la infancia siempre que podamos, además de las ilustraciones, que son una delicia.

Lo que menos me ha gustado: quizá lo he encontrado un poco breve (quizá, sí, me habría gustado seguir viajando un poquito más…).

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais la colección? Si no es así, ¿me haréis caso y buscaréis alguno de sus libros?

¡Un abrazo!

“Allá donde llegue mi amigo 

después de tanto viaje

seguro encontrará otro nido

donde hospedarse”.

Fabiana Margolis

Crítica: Me duele respirar

Título: Me duele respirar

Autor: William González Guevara

Editorial: Valparaíso

IV Premio de Poesía Hispanoamericana “Francisco Ruiz Udiel”

Quedaos con el nombre, porque William González Guevara es ya uno de los grandes poetas del momento

Lo demostró con su primer poemario publicado, Los nadies (Hiperión, Premio Antonio Carvajal) y lo ha dejado solo no solo sumando este Me duele respirar y su correspondiente premio, sino que, también, añade haber ganado el Premio Hiperión con Inmigrantes de segunda, que publicará Hiperión en el mes de mayo de este 2023.

Tres libros con tres premios como tres soles. Porque, sí, hay veces en las que los premios, pues ya se sabe, pero todo lo que premien a William es merecido, todo lo que premien la poesía de William es poesía.

Porque William González Guevara es uno de esos poetas que escribe desde la entraña, sin artificio, desde una experiencia que conoce muy bien y que comparte a través de una literatura tan dolorosa como cierta, tan acertada como agitadora. Habla, sobre todo, de las injusticias, de la pobreza, de ganarse el pan, del desarraigo, de Nicaragua, su país, de su gente, de esos “nadies” de los que tan orgulloso se siente y a quienes defiende con su palabra. Habla, también, desde otras voces, porque, a pesar de su juventud, tiene los bolsillos llenos de versos de compatriotas como Rubén DaríoErnesto Cardenal o Gioconca Belli y de poetas españoles como LorcaHernández o Manuel Francisco Reina. Buen fondo, desde luego, para escribir poesía.

Además, si añadimos que es un chico majísimo, humilde, sencillo, con los pies muy en la tierra, leal con los suyos, curioso por saber más, por conocer más, por llegar más lejos, tenemos a un poeta con un recorrido que, si bien acaba de empezar, será muy, muy largo.

Este libro, este Me duele respirar, es una brutalidad. Hacía mucho tiempo que un poemario no me dolía tanto, que no me hacía parar para digerir lo que acababa de leer, para asumir que todo era cierto, que esa violencia, que esas muertes, que ese llanto era tan real como la vida. Y me ha ocurrido con cada uno de los poemas que dan forma a este libro. Me duele, a mí también, este respirar del que William nos hace partícipes. Me siento ya un poco nicaragüense. Un poco “nadie”. Un poco exiliado. Este libro es la voz de quienes la perdieron o tuvieron que silenciarla. La voz de aquel abril tan sangriento. La voz de estudiantes asesinados, de madres que arrastran tumbas con sus hijos dentro, de quienes tienen que ver lo que ocurre en su Nicaragua a miles de kilómetros.

Un libro, en definitiva, absolutamente necesario y que tendrían que leer todos y cada uno de los y las nicaragüenses.

Lo que más me ha gustado: desde mi ya conocido “masoquismo” poético, he sentido tan dentro todo el dolor que hay en este libro que me he reafirmado aún más en la importancia de la poesía y de los buenos poetas. Ya sabéis, poesía, SIEMPRE.

Lo que menos me ha gustado: ese mismo dolor, porque yo lo he vivido de lejos, pero hay quienes, como William, lo ha vivido muy de cerca, y eso es muy duro de asumir.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“¿Cómo le explico al niño que hay en mí

lo valiente que ha sido al empuñar

una pluma y no un arma?”.

Wiliam González Guevara

Crítica: Joana

Título: Joana

Autor: Joan Margarit

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Margarit, como a cualquier poeta de los grandes, hay que leerlo. 

Yo me acerqué a él, primero, leyendo algunos poemas sueltos. Desde ahí, ya supe que iba a ser poeta de referencia.

Después, vi “El poema y el muro”, el Imprescindibles de RTVE acerca de su vida y su obra, y confirmé que su poesía iba a gustarme tanto como su figura.

El primer libro completo suyo que leí fue “Animal de bosque”, una maravilla que escribió ya sabiendo que la muerte estaba cerca.

El segundo en el que me he sumergido ha sido este, que ya quise leer desde que vi el documental y que –me atrevo a decir– es uno de los poemarios más importantes de la poesía contemporánea.

Porque… vaya libro.

Por situaros a quienes no conozcáis a Margarit, Joana fue su hija, una hija que nació con una enfermedad rara y que murió con treinta años. Una hija a la que tanto su padre como su madre y sus hermanos adoraron y de la que aprendieron, día a día, mejorándolos como personas. Ya solo la historia merece la lectura, no me digáis que no.

Pero, además, qué poesía… Qué homenaje más bonito y qué forma más maravillosa de recordar a Joana, de compartirla con la humanidad, de celebrar su vida junto a su familia.

Es duro, porque el tema lo es, pero, a la vez, es tan, tan tierno… Es una manera tan preciosa de regalarnos esos sentimientos tan puros, ese dolor, ese nexo tan fuerte que los unía… Es tan sincero en cada uno de los versos que lo único que podemos hacer es secarnos esas lágrimas que, sin poder remediarlo, se nos escapan; releer aquellos poemas que se nos quedan clavados; abrazar el libro al terminarlo; y sentirnos muy agradecidos al poeta, a Margarit, por haber dejado constancia literaria de Joana.

La edición, además, es una delicia.

Por haceros partícipes, también, de la poesía de Margarit, comparto algunos de los versos que más me han gustado.

“Triste felicidad la de esta paz

mientras recuerdo que tú y yo teníamos

mañanas que guardaban nuestros ojos”.

“Tu despedida, ahora, es para siempre,

ya no podrás entrar ni salir nunca.

Aquella fe, ¿hoy debo abandonarla

solo porque dejó de ser verdad?

¿No podré estar contigo solo porque no estés?”.

“Son unos días de felicidad.

Con el viento sin techo, el mar tan frío.

El pueblo y su abandono. Ser feliz

siempre ha sido una cosa muy extraña”.

No comparto más porque, de verdad, os pido que, si os gusta la poesía, os hagáis con el libro. Es absolutamente maravilloso.

Lo que más me ha gustado: hacerme con un libro que quería desde hacía tiempo y que, además, sea en una edición tan bonita.

Lo que menos me ha gustado: nada que tenga que ver ni con el libro ni con Margarit, sino con algo que aparece en el libro como la sombra que es, como ese cáncer que envenena todo lo que toca. Ahí lo dejo.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Hoy tus manos son todo su pasado:

hay treinta años de amor al fondo de tus palmas”.

Joan Margarit

Crítica: Lo que saben los erizos

Título: Lo que sabe los erizos

Autora: Beatriz Osés

Ilustradora: Miguel Ángel Díez

Editorial: Kalandraka (Colección Orihuela)

Cuando en mi nuevo cole me pidieron libros de poesía infantil para tener en la biblioteca y poder trabajar algo mejor la poesía con los alumnos y alumnas, lo tuve claro: Colección Orihuela de Kalandraka.

Ya lo he dicho en varias ocasiones porque creo que lo merece, pero es una colección fundamental a cargo de una editorial imprescindible. Por la selección de autores y autoras. Por las ilustraciones. Por la edición. Por todo.

Este “Lo que saben los erizos”, de mi querida y admirada Beatriz Osés, aún no lo tenía, así que aproveché que una compañera se enamoró de él, hicimos un nuevo pedido para profes y me hice con él. Aprovechando que Beatriz vino al colegio a charlas de poesía y literatura con 1º, 2º y 6º de primaria (qué maravilla), también lo tengo dedicado, algo que siempre suma.

No cabe duda de que “la Osés” es una de las mejores escritoras nacionales de infantil y juvenil y, por supuesto, una poeta fantástica. Lo que supongo generará más debate es decidir cuál de sus tres poemarios publicados hasta la fecha es mejor y, supongo también, será cuestión de gustos. El que no duda tanto soy yo (que para eso tengo el gusto que tengo), y me quedo con este.

Me parece tan, tan, tan bonito, tan tierno, tan dulce… Un libro sobre la tristeza, sobre el llanto, sobre los problemas, ¡y para niños y niñas! Una preciosidad porque, además, como digo (aunque no haga falta decirlo), Beatriz Osés escribe una poesía maravillosa.

Lo que más me ha gustado: que se hable de una emoción tan habitual como la tristeza desde la poesía infantil.

Lo que menos me ha gustado: ¡que haya tardado tanto tiempo en leerlo y añadirlo a mi colección! Menos mal que ya le he puesto remedio…

¿Qué os parece a vosotrxs la poesía infantil? ¿Conocíais ala autora? Si no es así, ¿me haréis caso y buscaréis alguno de sus libros?

¡Un abrazo!

Azul

La niña se viste

con traje de niebla.

Se mira al espejo,

refleja tristeza.

Recoge una gota

redonda y pequeña,

pregunta en silencio:

“dime, ¿cuánto pesas?”.

Beatriz Osés

Crítica: Tiempo de espera

Título: Tiempo de espera

Autor: José Sarria

Editorial: Valparaíso

Me crucé con José Sarria en Granada, durante el Festival Internacional de Poesía de Granada del año pasado, en el local de la editorial Valparaíso. Yo sabía quién era, claro, y él, que salía de allí en el momento en que yo entraba, me saludó con una sonrisa. “Además de buen poeta, es un tipo educado”, pensé (siempre me han gustado las personas que sonríen al saludar y al despedirse). Dudo que él me conociera en ese momento, pues yo iba a ver por primera vez mi “Hogares impropios”, a tener, por primera vez, un libro de poesía mía entre las manos. Parecerá una tontería, pero, desde ese momento, José Sarria fue parte de esa vivencia mágica, pues su sonrisa precedió a la mía al ver lo bonito que había quedado mi libro.

Ya había leído algo de su poesía, pero ha sido este “Tiempo de espera” el primer libro suyo que he leído. Y, sin haber leído ningún otro, creo que tenía que ser justo así. 

Me llega este poemario en un momento en el que hago todo lo posible por acumular tiempo vivido, por saber cultivar la espera, por buscar paciencia, calma, sosiego, paz. Y este libro es justo eso. Un cúmulo de instantes tan pequeños como imprescindibles, tan sutiles como ceremoniosos, tan impredecibles como ciertos.

Sarria nos agarra la mano y nos muestra sus claves para atesorar todo aquello que importa, lo que siempre queda adherido al recuerdo, lo que da forma a la forma que vamos adquiriendo según vivimos y según cómo vivimos.

Un canto a descubrir la belleza en cada mirada, en cada caricia, en lugares que son nuestros por derecho, que nos pertenecen porque nos han abrazado alguna vez y nos han hecho sentir indestructibles.

Una duda abierta y ofrecida al lector con la hospitalidad de un poeta que sonríe al saludar y al despedirse, que entrega su palabra como quien abre su casa al amigo de siempre. Un saber compartido con la humanidad con olor a café y a especias. Una vuelta al primer brote, al primer eco, a la esencia de la que todos partimos.

Un libro que es un regalo de uno de los poetas a los que el tiempo no envejece, sino que agiganta.

Un libro donde esperar al tiempo con el corazón lleno de memoria.

Lo que más me ha gustado: volver a mis orígenes gracias al viaje a la infancia que el libro propone y, por conexión, esa última parte donde Sarria lanza preguntas para que busquemos respuestas en todo aquello que recordamos.

Lo que menos me ha gustado: sin que sea algo que me disguste (es más, es algo que siempre agradezco cuando leo poesía), ese pellizco al revivir ausencias, al saberme un poco más solo que antes, un poco más frágil, un poco más expuesto al dolor. GRACIAS.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“¿Por qué lo llaman olvido si su nombre verdadero es herida?”.

José Sarria

Crítica: Servido en frío

Título: Servido en frío

Autor: Manuel Francisco Reina

Editorial: Visor

XXXII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

Es cada vez más agradable encontrar poemarios premiados que merezcan dichos premios. Y lo digo sin querer entrar en más detalles…

Antes de hablar de este libro, hay que saber que es un libro “paralelo” a El fiel de la balanza, publicado por Cuadernos del Laberinto y cuya reseña en mi blog podéis leer aquí: https://jorgepozosoriano.com/2021/03/24/critica-el-fiel-de-la-balanza/ . Si aquel, que es poesía en prosa (y no prosa poética, cuidado), ya era un grito feroz en contra de las injusticias, de los desequilibrios (en varias de sus acepciones), de la traición y la perfidia, este otro, en verso, remata la faena. No sé si se puede decir que lo completa, porque El fiel de la balanza es un libro muy completo, pero sí es cierto que lo hace más redondo, que cierra el círculo con doble hilo, que son dos poemarios que se dan la mano para dar carpetazo a una historia de desamor tan real que duele al leerla, del mismo modo que es dolorosa de escribir.

Reina, que no tiene nada que demostrar a estas alturas, se hace con uno de los premios poéticos más prestigiosos del panorama nacional, editando, además, en una editorial del peso de Visor y con una imagen de cubierta ni más ni menos que creada por Alberti. Maestro y discípulo uniendo fuerzas para ofrecernos un poemario que es, sin duda, de los mejores del año; amigos que se reencuentran, cómo no, en la poesía.

Quienes estamos acostumbrados al lenguaje poético de Manuel Francisco lo vemos claramente en estos versos. Esta poesía suya, más actual (sin olvidar la tradición y con un dominio absoluto de la métrica, del ritmo y del lenguaje), más personal, más visceral es, en mi opinión, su mejor poesía. Ya sabéis de mi manía de enamorarme de los poemarios que me hacen un poco de daño, y este, que conozco desde hace ya mucho tiempo, me ha encantado.

Esta vez no voy a dejar por aquí algunos versos de distintos poemas, sino que voy a compartir un poema breve que he leído ya unas mil veces porque me parece maravilloso, por si os animáis a haceros con el libro y leerlo completo. Sobra decir, aunque vaya a hacerlo, que es un poemario que hay que tener sí o sí.

PATIENTIA

De toda tempestad en nuestra vida,

no hay náufrago que encuentre escapatoria

luchando contra el mar y su elemento,

Titán para el que somos una gota.

Yo alcanzo cada costa cotidiana

dejándome llevar por la tormenta

sobre el mástil partido de mis planes,

y vadeo huracanes casi ileso.

No sé vosotros, pero yo leo ese poema y me muero un poquito…

Lo que más me ha gustado: del libro no puedo decir nada más que insistir en que es una brutalidad, pero sí voy a añadir que me ha gustado mucho, muchísimo, que se le concediera un reconocimiento tan justo y tan servido en frío como el Gil de Biedma. Justicia poética, lo llaman algunos. 

Lo que menos me ha gustado: que no estés leyéndolo ya mismo, así que, corre, ponle remedio.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Tal vez es la justicia la que se sirve en frío”.

Manuel Francisco Reina, Servido en frío

Crítica: Desde el azul del mundo

Título: Desde el azul del mundo

Autor: Andrés París

Editorial: Alhulia

II Premio Internacional de Poesía Joven “José Antonio Santano”

Qué bonito es ver crecer, en lo poético, a personas a las que se quiere. Qué bonito ver, en la sonrisa de Andrés, la felicidad por haber logrado encontrarse, situarse y compartirse como poeta que ya se reconoce del todo en sus versos, que se enorgullece de ellos, que comenta, con su ilusión tan desbordante, que ahora sí, que ahora es él.

Y todo esto ocurre porque, de forma evidente, este no es ya el poemario de un poeta joven buscando su voz, sino el libro que presenta en sociedad la voz definitiva de Andrés París, su voz cuidada, armoniosa y, sí, su voz científica. Porque Andrés no podría elegir un mundo o el otro. Andrés los une, los imbrica, los enlaza con mimo hasta que el resultado es una simbiosis única que se plasma poema a poema.

Y el resultado es maravilloso.

Y este es un poemario muy especial, no solo por lo que ya he dicho, sino porque viene con premio bajo el brazo, un premio merecido para un poeta que lo merece todo, por escribir bien y por su forma de ser.

Un lenguaje cuidado. Un tema, el del amor, que no es tan habitual en un poemario que merezca la pena, que no caiga en los tópicos de siempre. Unas imágenes poco frecuentes por esa dualidad humanística-científica. Una edición, además, muy bonita que ayuda, cómo no, a que este libro sea más redondo aún. Un prólogode Marina Casado que es una preciosidad y que nos hace comprender mejor la poética de París.

Enhorabuena, Andrés, por evidenciar con este libro que el camino recorrido era el correcto, que los pasos los has ido dando en la dirección adecuada, que llegarás, como lo estás haciendo, al lugar que te corresponde.

Para que conozcáis un poco más la poesía de Andrés París, os dejo algunos versos.

Del poema “Antes”:

“El beso fue

el primer átomo”.

Del poema “Dos árboles”:

“La ciudad es un bosque

en el que se ha salvado

lo indivisible”.

Del poema “El amor”:

“Aunque el amor sea

una certeza, un diamante,

también desaparece”.

Del poema “La rosa”:

“Como el mar es infinito,

también alberga

la posibilidad

de una rosa”.

Decidme que no son bonitos…

Lo que más me ha gustado: aunque el libro me ha gustado mucho, aunque haya mil aspectos que resaltaría, me quedo (no puede ser de otra forma) con la sonrisa de Andrés. 

Lo que menos me ha gustado: que al amor le cueste ya encontrar buenos poetas. Suerte, eso sí, que tenemos a Andrés.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Cuando no hay nadie,

espero el brote de esta tierra”.

Andrés París, Desde el azul del mundo

Crítica: La casa grande

Título: La casa grande

Autor: Rosana Acquaroni

Editorial: Bartleby Editores

Llegué a Rosana Acquaroni por esa maravillosa antología a cargo de Manuel Francisco Reina llamada “Mujeres de carne y verso”, una rosa de los vientos para ubicarse en lo mejor de la poesía escrita por mujeres en castellano que debería estar en todas las bibliotecas del mundo. Allí pude leer algunos poemas de “la Acquaroni” que ya me cautivaron, pero no ha sido hasta ahora cuando me he tomado en serio leerla con mayor detenimiento, con más pausa.

Yendo a una librería –como acostumbro a hacer– solo para ver la sección de poesía, la mirada de la Rosana niña de la cubierta (qué foto más preciosa) se clavó en mí, pidiéndome que la llevara conmigo. Y así hice. Y qué acierto. ¿Sabéis esos poemarios que te quiebran un poco los talones? ¿Esos como “Los trescientos escalones”, “Toco la tierra”, “La paternidad de Darth Vader”, “Travesía”, “El libro de Lilit”, «Welcome to mí» o “De las horas sin sol”? Ese es otro de esos libros. Otro que se va a mi lista de poemarios favoritos, de los que recomendaré siempre, de los que regalaré, a los que volveré una y otra vez.

Porque los buenos poemarios cuentan historias, nos incluyen en ella y nos hacen atravesar las vivencias de quienes los escriben. Y menuda historia hay en este libro. Y qué preciosidad de poemas para contarla. Qué regalo nos ofrece Rosana Acquaroni revelándonos este secreto familiar. Qué grande hay en la poesía, amigos y amigas, cuando la poesía es grande.

Por suerte, además, he tenido el inmenso honor de conocerla, de escuchar a Luis Rosales en su voz, de conversar un ratito con ella y de traerme el libro a casa con una dedicatoria que le suma aún más al libro. Ella fue, también, quien me dijo que escuchara el primer episodio del podcast “De eso no se habla”, titulado “Preguntan por ti”, en el que habla de esta historia de “La casa grande”, de la historia de su madre (historión) y del porqué de este libro.

¿Tengo que decir, de nuevo, la felicidad que le debo a la poesía?

Como acostumbro a hacer con los poemarios que leo, os dejo algunos versos como muestra, por si os animáis a haceros con el libro y leerlo completo (creedme, en esta ocasión, no hay riesgo de equivocación).

“De la casa grande

solo recuerdo aquel armario blanco

encallado en aquel largo pasillo

como en un río encajonado y pedregoso

Un útero vacío que no sangrase nunca

y alumbrara por dentro”.

“Y es así como encuentro la tibieza

de una madre que sangra en otra herida, 

que prende en otro cuerpo de mujer”.

“Cuando abres los ojos 

todo se desvanece.

Has cumplido de pronto veinte años

y te han dejado sola,

en el instante mismo en que la vida

nos suelta de la mano

                                        para siempre”.

“Este es mi oro, madre,

un cuerpo de mujer hecho palabra,

cartomancia de pájaros e insectos

–su abanico de alas deslumbrantes–

señalando caminos.

Una vez me dijiste:

No hay edad suficiente para acallar la infancia.

Y mi espejo se empaña cada vez que te nombro”.

Venga, que alguien se atreva a decirme que no te estremece… 😉

Lo que más me ha gustado: todo. Sin peros. Sin quitar un solo espacio entre palabras. 

Lo que menos me ha gustado: que haga falta, a veces, vivir algo duro para que existan historias que contar.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Nada me pertenece.

Ni siquiera el olvido”.

Rosana Acquaroni, La casa grande

Crítica: Pepper Seed

Título: Pepper Seed

Autor: Malika Booker

Editorial: Valparaíso

Creo que no es la primera vez (ni creo que sea la última) que digo que es un hecho que me estoy perdiendo poesía de otros países por mi “manía” de leer poesía escrita en castellano. Sé que es así y sé que no debería serlo, pero no puedo luchar contra mis gustos. Al menos, no siempre.

El asunto cambia si pongo un poco de mi parte y “me fuerzo” a leer a poetas que escriben otros idiomas (a ser posible, que pueda leer tal y como los escriben) y si las traducciones son buenas, algo que Valparaísogarantiza siempre.

Llevo ya varios poemarios de autores y autoras que escriben en inglés y, la verdad, aunque no se ajustan a esos requisitos tan estrictos que tengo cuando leo poesía, hay que reconocer que son muy potentes, que está bien leer poemas diferentes a lo que se suele leer y, desde luego, que hay temáticas e imágenes que no dejan indiferente en libros como este “Pepper Seed”.

Porque es un libro crudo, como la vida de su autora. Un libro en el que se puede sentir el dolor, escuchar los gritos de desesperación, oler la sangre. Un libro que supone un escalofrío, una mueca de angustia, un alarido. Un libro que estremece.

Y a mí, como ya sabéis, me gusta que me duela la poesía. No me importa en absoluto esa poesía vacía de todo, es (en mi opinión) mal llamada “poesía de la experiencia”, porque no supone ninguna experimentación. La poesía tiene que ser aguja, tiene que ser puñal, tiene que incrustarse bajo la piel del lector. Si no, es otra cosa. Tendrá otro nombre. Pero –como siempre he defendido y defenderé– no es poesía.

En este libro se habla de maltrato, de machismo, de crueldad, de abusos, de violencia, de desamparo. Se habla de víctimas y de culpables, y de cómo las víctimas arrastran el dolor recibido durante toda su vida, durante cada verso, a través de los poemas. Porque la poesía es eso, un conductor de emociones, un vehículo en cuyo interior se vierte todo aquello que queremos hacer llegar a otras partes, sacar de nosotros, compartir, tratando de que sea más llevadero tanto para quienes la escribimos como para quienes puedan leernos.

Para abrir apetito, os dejo algunos de los versos que más me han gustado/impactado:

Del poema Salsa picante

Me dijeron que le separó las piernas y le dijo:

Voy a enseñarte que me robes, señorita.

Oí decir que sacó una cucharada de salsa de un cuenco blanco

y se la metió a la nieta en lo más hondo del coño.

Oí decir que se oyeron gritos en la casa durante todo el día.

Del poema Las hormigas rojan pican (algunos fragmentos)

Serás una puta como tu madre

me decía la abuela todo el tiempo

como si dijera buenos días.

[…]

Mi padre era todo para ella,

mi hermano, su mundo.

Sus hijas solo recibían insultos.

[…]

No puedo mencionar aquellas palabras clavadas para siempre,

no puedo hablar de los hombres bajo quienes permanecí indiferente,

tus palabras marcadas en la piel

de entre mis muslos, las piernas abiertas como una puta.

No me digáis que no golpean con una fuerza descomunal…

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: la facilidad con la que todo ese dolor ha sabido llegarme, cómo he podido ser protagonista de todo ese sufrimiento, comprenderlo para, sin hacerlo propio, apiadarme de él.

Lo que menos me ha gustado: quizá un poco denso para tratar temas tan duros, pero solo es un quizá… 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Estoy al borde de este acantilado esperando que

los huesos

se levanten y reclamen sus nombres”.

 Fragmento de “Saltadores”, Malika Booker