Despedida a Antonio Hernández

Nos ha dejado Antonio Hernández.

Maestro de una generación ya casi desaparecida, deja un vacío inmenso en la literatura nacional, en nuestra cultura, en los corazones de quienes hemos tenido la inmensa suerte de conocerlo y de (no podía ser de otra forma) admirarlo y quererlo.

Poeta enorme, dos veces Premio Nacional de la Crítica y Premio Nacional de Poesía con ese monumento poético que es su “Nueva York después de muerto”, de lectura obligada para todos los que nos pensemos poetas.

Antonio fue una persona siempre comprometida con la justicia, con la solidaridad, con el respeto. Un adelantado a su tiempo que siempre tuvo lugar en su pecho para quienes no encobraban cobijo. Un ser excepcional sin que, hoy, el mundo es un poco más frío.

Su nombre va a estar siempre ligado a mi poesía, pues me leyó y avaló mis libros con su apoyo firme y absolutamente desinteresado. Este hecho es y será mi mayor orgullo, y llevaré el nombre de Antonio Hernández cosido a la voz durante toda mi vida, una vida a la que, con su muerte, le arrancan un pedazo.

Tu literatura y tu poesía quedarán en nuestra historia.

Tu sonrisa y tu cariño serán luz en mi camino. 

Descansa en paz, queridísimo Antonio. 

Adiós en Arcos

Si no lo expliqué bien, vuelvo a decirlo.
Cuando me muera quiero que me quemen
y arrojen mis cenizas por la Peña de Arcos.
De esa manera iré a parar al río
donde bañé mi infancia y juventud
purificándolas de mis muchos errores.
Algún vencejo o algún alcaraván
me acogerá en sus alas. Incluso algún jilguero
o un dulce chamariz al picar en las frutas
del Llano de las Huertas
añadirá a su canto algún secreto mío,
su inédita sustancia. Y será el canto suave
al que apenas la vida me dio opción.
Nada de preces, nada de misereres.
Quiero que se haga todo con discreta ternura.
Y si alguien no quiere reprimir un sollozo
que piense cómo todo, hasta la primavera,
contiene su naufragio, y que tendré la suerte
del aire que se integra en la belleza de Arcos
con naturalidad, anónimo. Y eterno.

Crítica: Últimos poemas de amor

Título: Últimos poemas de amor

Autora: Elsa López

Editorial: Hiperión

Elsa López (y esto es un hecho objetivo) es una de las mejores poetas nacionales que tenemos.

Yo siempre lo he sabido, pero, cuanto más la leo, más sé que estoy en lo cierto.

Estos “Últimos poemas de amor”, su último poemario, es también mi última lectura suya después de haberla leído casi por completo, y, una vez más, se me queda enganchado.

Me llegó, además, en el momento perfecto, cuando yo estaba escribiendo (creo que por primera vez) poesía de amor, así que, como os imaginaréis, ha sido una muy buena fuente de inspiración.

Es, además, una manera diferente de escribir poesía de amor, porque, aunque nace en los labios de la poeta, la voz es la del amado, intercambiando los papeles para ser la propia Elsa quien lee unos versos sobre el amor que por ella sienten, un amor que, si bien ha escrito con sus dedos, se dirige a sí misma al mismo tiempo que lo dirige hacia su compañero.

Puede resultar complicado de entender (de hecho, releyendo el párrafo anterior, me ha quedado como un trabalenguas, pero no pienso cambiarlo), pero creedme si os digo que leer estos poemas en esa forma en la que Elsa los ha escrito es una auténtica delicia.

Yo, un desenamorado crónico, un poeta más bien de lo trágico que de lo ceremonioso, he sentido con esta lectura que no todo está perdido, que existe amor en el mundo y en la poesía contemporánea de calidad, que quizá, algún día, yo mismo publique un poemario de amor. Y, si esto ocurre, será en parte (junto a otros y otras “culpables”) gracias a Elsa López, a su poesía y a su amor.

Es una reseña breve, sí, pero poco más se puede decir de una poeta de tanta altura.

Tan solo pediros que la leáis, que hagáis por saber cómo es, porque (y esto es también un hecho objetivo e irrefutable) es una persona excepcional.

Lo que más me ha gustado: pues, sí, a pesar de que cada vez creo menos en el amor, me ha gustado mucho saber que hay una pequeña llama que siempre se mantiene viva.

Lo que menos me ha gustado: no poder recibirlo directamente de manos de Elsa, con su abrazo.

“No hubo un tiempo mejor y lo sabíamos”.

Elsa López

Crítica: Ha callado el silencio

Título: Ha callado el silencio

Autora: Jesús Orea

Editorial: Valparaíso

Jesús Orea, a quien conocí hace bastante poco, siempre se presenta con la humildad que lo caracteriza, afirmando que no es poeta, “no como vosotros” dice si se ve rodeado de quienes él sí considera poetas, con un cierto pudor al entregarte su poemario después de habértelo dedicado.

En algo de eso, coincido con él. No es un poeta. Es un amante confeso de la poesía y de los poetas. Un estudioso. Un lector voraz. Un admirador del lenguaje, de la palabra, del verso. Y, sí, aquí entramos (entro) en contradicción conmigo mismo y con él. Porque, si una persona que lee poesía con esa voracidad –incluso (me consta) leyendo el mismo poemario varias veces para sacarle todo el jugo–, que la respeta, que la abraza, que la estudia, que la disfruta y que, al final, termina escribiéndola… ¿no es, al fin y al cabo, un poeta?

Después de contradecirme para afirmarme, para afirmar a Jesús Orea y a su poesía, este “Ha callado el silencio” es, por suerte, un grito atronador en la calma, un manifiesto actual de tiempos pasados, un homenaje a los maestros desde la voz de este nuevo (ya no tanto) siglo. Y lo es –tenía que ser así– desde el propio magisterio de Orea, desde todas esas horas de lectura que han dejado el poso poético necesario, desde el amor por un género que le ha regalado tanto tiempo de disfrute. 

Y, quizá sin quererlo, con este libro, Orea se ha convertido en el poeta que, probablemente, nunca pretendió ser. Cierto es que no es su primer acercamiento a la poesía, pero creo acertar cuando digo que este es, en realidad (y sin serlo), su primer poemario. Y qué buen poemario.

Es arriesgado en la forma, controvertido en los temas (“Viagra azul para noches / sin sábanas de blanco satén”), acertado en el fondo. Plagado de citas de escritores fundamentales como Manuel AltolaguirreFernando QuiñonesAntonio HernándezElliotCelaya o Alberti (qué importante leer poesía de poetas que sí son poetas), Jesús Orea nos habla del amor, del paso del tiempo, de la muerte… Juega con el lenguaje, nos lleva de viaje, nos sacude, nos invita a compartir la vida, su vida, la de escritor, la de amante, la de padre, la de hermano, la de abuelo… la de poeta.

Y quienes lo leemos no podemos más que aceptar esa invitación, viajar con él, disfrutar de su poesía con la misma felicidad que él ha disfrutado la nuestra.

Eso y felicitarlo. Porque un libro como el suyo no es fácil de escribir (sé lo que me digo). Porque lanzarse al vacío de la poesía es una decisión sin vuelta atrás y produce una sensación de vértigo que ya jamás nos abandona.

Por eso, querido Jesús, poeta, te agradezco, además de tu cariño, este regalo que nos has hecho.

Lo que más me ha gustado: constatar cómo el amor por la poesía, el respeto, la admiración hacia quienes lo han hecho mucho mejor que nosotros (además de, no nos engañemos, una pizca de talento) puede llevar a una construcción tan bella como esta.

Lo que menos me ha gustado: diría que saber que Orea ha llegado a la poesía más tarde de lo deseado, pero casi siempre pienso que todo llega a su debido tiempo.

“Adiós no es suficiente para irse”.

Jesús Orea

Crítica: Las locas piedras de Alejandra

Título: Las locas piedras de Alejandra

Autora: Eduardo Herrera Baullosa

Editorial: Poéticas

Premio Provincia de Guadalajara de Poesía 2023 “José Antonio Ochaíta”

Eduardo Herrera Baullosa es, en mi opinión, el mejor poeta cubano del momento.

Lo descubrí con su genial “Welcome to mí”, un libro que me sorprendió para bien por su apuesta por la originalidad, y este nuevo libro (merecedor, por unanimidad, del Premio Provincia de Guadalajara de Poesía 2023 “José Antonio Ochaíta”) es el apuntalamiento de un estilo, el de Herrera Baullosa, plenamente identificable.

La idea es un acierto absoluto. Una “conversación” entre el poeta cubano y una de figuras más importantes de la poesía universal, la argentina Alejandra Pizarnik. Un diálogo poético en el que se tratan temas como la infancia, el dolor, la pérdida de los seres queridos, el suicidio, la locura, la familia… Son poemas breves, todos precedidos de exergos (citas) de Pizarnik, unos poemas que responden, a través de las propias inquietudes del autor, a las inquietudes de Alejandra.

Esta estructura supone un reto para el lector, pues no es suficiente con leer y comprender a Herrera Baullosa, sino que también hay que hacerlo con la Pizarnik. Es casi necesario detenerse tras cada poema, pensarlo, tratar de introducirnos en la mente de cada uno de ellos, buscando esa conexión casi espiritual entre ambos poetas. Cada poema pide un ejercicio de comprensión doble, de exploración de esas dos vías que nos llevan, no obstante, al mismo destino.

Y nada es gratuito en este libro. El trabajo que hay detrás de cada poema es la evidencia de que Eduardo Herrera Baullosa es uno de los poetas más relevantes del panorama poético hispanoamericano. Que la suya es una corriente que aúna si propio estilo con el del anclaje en la tradición poética, al estudio, a la búsqueda de una voz desde la escucha activa de las voces que dan forma a la humanidad desde la poesía.

Un poemario necesario de un poeta necesario con el que la editorial Poéticas se estrena en la publicación de poetas vivos, estreno que, con Herrera Baullosa, es el mejor posible.

Lo que más me ha gustado: dejadme que “me olvide” de todo lo que me gusta el libro para decir que para mí también ha sido un honor y una alegría inmensa haber escrito el que ha sido mi primer prólogo. Ser parte de este libro es motivo de orgullo para mí, así que, permitidme que diga que me ha gustado muchísimo hacerlo.

Lo que menos me ha gustado: que Eduardo no viva en España, porque compartir vida con él es un regalo.

Expulsado del cuerpo corro peligro

Eduardo Herrera Baullosa

Crítica: El sol y las otras estrellas

Título: El sol y las otras estrellas

Autora: Raquel Lanseros

Editorial: Visor

XXVI Premio de Poesía Generación del 27

Si alguna vez me habéis escuchado hablar de poesía, es muy probable que me escucharais decir que la poesía de amorme interesa más bien poco. Al menos, que no me interesa tanto como la poesía de las pérdidas, del dolor, de la duda. También he podido decir que no acostumbro a escribir poesía de amor, que soy más del desamor.

Pues… este libro me ha vuelto loco de lo que me ha gustado y, sí, he escrito poesía de amor; pero es que Raquel Lanseros es una de esas (pocas) poetas capaces de todo, y por ella, por este libro y por una conversación con ella sobre el amor (y por razones obvias), me he atrevido a escribir, de momento, un poema amoroso.

¿Qué no es capaz de conseguir la poesía?

En cuanto a este libro, me ha gustado absolutamente todo. Desde un detalle en principio poco importante, como coincidir en que “La noche estrellada” que embellece la cubierta es mi cuadro favorito y, también, el cuadro favorito de la madre de Raquel. Pero este motivo, obviamente, es lo de menos.

Lo importante es toda la poesía que hay en este poemario. Toda la tradición. Toda la sapiencia de una de las mejores poetas actuales en nuestra lengua (no admito dudas). De una poeta cuya trayectoria es ya una poética única, sostenida no solo por la maestría de quien la escribe, sino por todo el conocimiento que atesora, por toda la lectura que alberga, por toda la sensibilidad que la configura.

El sol y las otras estrellas” habla del amor, sí, pero no solo de ese amor idílico que causó tantos versos en otras épocas, sino al amor como concepto, como término extenso, conformado por múltiples ramificaciones que llegan a casi todas partes. El amor de pareja, el amor entre madres, padres e hijos e hijas, entre abuelos y abuelas y nietos y nietas, el amor por el mundo, por la humanidad, por la vida. Y habla de todo ese amor desde su propio conocimiento (“quien lo probó lo sabe”), desde su experiencia, desde su vivencia, desde su corazón.

Y qué bonito es, amigos y amigas, disfrutar de la felicidad de las personas a las que se quiere. En un mundo cada vez más egoísta, cada vez más individualista, cada vez menos humano, es casi una obligación agarrarse a la felicidad con todas nuestras fuerzas cada vez que se cruza en nuestro camino, abrazarla mientras se quede cerca. Igual de importante es (sobre todo para los y las poetas) compartir esa felicidad, ese amor, cantarlo, hacer todo lo posible por expandirlo, por ampliar sus márgenes hasta que estos nos queden tan lejos que nos sea imposible salir de esos lugares felices. “Cantar, cantar, cantar es lo que importa”, que escribió la también gaditana Pilar Paz Pasamar. Porque el silencio nunca es cómplice de la sonrisa, y hoy día cuesta tanto sonreír que más nos vale gritarlo tan fuerte como podamos.

Raquel Lanseros, una vez más, nos regala un poemario con oficio, con grandeza de espíritu, con generosidad desprendida. Nos invita al amor, al suyo, al nuestro, al de la memoria y al del presente. Nos ofrece un río de posibilidades que fluye a través de nosotros. Nos hace cómplices de ese “amor que mueve el sol y las otras estrellas”

Lo que más me ha gustado: volver al amor, sin lugar a ninguna duda.

Lo que menos me ha gustado: con lo que me cuesta dar con poesía de amor que me guste… ¡se me ha hecho corto!

Qué tristeza más triste tiene la alegría.

Raquel Lanseros

Crítica: Raíz dulce

Título: Raíz Dulce

Autora: Juan F. Rivero

Editorial: Candaya

Juan F. Rivero es uno de esos poetas a los que no se le puede perder la pista.

Lo conocí con su “Las hogueras azules” y la originalidad de la propuesta ya fue entonces un punto muy a favor para interesarme por su poesía.

Esa originalidad sigue estando muy presente en esta, su última propuesta, “Raíz dulce”.

Si tuviera que hablar del libro, y siendo sincero, me costaría un poco, porque no es un poemario, no es un libro de poesía en prosa, no es prosa poética, no es narración, no es un libro de reflexiones, no es un diario… y, sin embargo, es un poco de todas esas cosas, una mezcla de distintos tipos de texto que sí tienen algo en común: un lenguaje poético irrenunciable para Juan.

El origen también es algo muy a tener en cuenta. Hay veces en las que pensamos y repensamos sobre qué escribir, qué terreno ocupar con la poesía, cuál va a ser esa cuerda en la que vayamos tendiendo los poemas hasta que todo quede al aire. Juan F. Rivero ha encontrado en la muerte de una amiga el camino en el que ir posando sus pasos, el terreno donde sembrar todo lo que tenía que decir.

Y lo ha hecho desde la memoria, desde el dolor, desde la añoranza… desde el amor. Porque, si hay un sentimiento que puede respirarse al leer este libro es precisamente ese, el del amor, un amor multiplicado, quizá, por ese recuerdo de una época cada vez más lejana a la que casi todos volvemos de vez en cuando para abrazarnos a sus momentos felices.

Un libro diferente, con mucha fuerza, con un trabajo minucioso en la búsqueda del lenguaje –y el formato– apropiado, un “rivero” en toda su esencia, un regalo.

Lo que más me ha gustado: los textos que sí son poemas, por razones obvias. 

Lo que menos me ha gustado: diría, quizá, que la parte de la conversación, pues me ha faltado, ahí, algo más de literatura.

La tristeza está aquí, ya tiene cuerpo, y las palabras merecen alimentar otras cosas”.

Juan F. Rivero

Crítica: Matriz

Título: Matriz

Autora: Pedro J. Plaza

Editorial: Valparaíso

VIII Premio Valparaíso de Poesía

Premio Andalucía de la Crítica de Poesía

Conocí a Pedro en una llamada que, una tarde, me hizo, sin que yo tuviera su número ni supiera quién era. Se presentó y me contó que, desde ese año, la Editorial El Toro Celeste –que dirige– iba a editar los libros ganadores del Premio Antonio Gala de Poesía, empezando conmigo. Desde entonces, claro, es mi editor, y esa ya es una relación bastante estrecha.

Pero, además de editor (y de otras tantas cosas), es un poeta enorme, tal y como demuestra en esta, su primera obra publicada. De hecho, como veis, “Matriz” ha merecido no solo el Premio Valparaíso de Poesía, sino, ni más ni menos, el Premio Andalucía de la Crítica. Merecidos los dos premios, ya os lo digo. Merecidísimos.

Con el libro llevo desde la pasada Feria del Libro de Madrid, donde nos conocimos en persona, y lo tengo con una dedicatoria preciosa, desde entonces. Y, no, no lo he leído hasta ahora. Creo con firmeza que los libros eligen su momento para ser leídos (me pasa más aún con los libros de poesía), y este ha esperado casi un año hasta reclamarme el suyo. 

Qué deciros de esta “Matriz”… Con toda la poesía que he leído (y la que me queda por leer), puedo afirmar que es un libro diferente, separado de corrientes y modas, que se salta toda estructura posible para (así lo he sentido yo) darle la importancia a lo que en realidad importaba, a la historia, a la vivencia, al dolor, al sufrimiento. Porque el libro duele. Mucho. Muchísimo. Siempre se dicen frases del tipo “una madre es una madre”, “madre no hay más que una” o “como el amor de una madre, ninguno”; y, sí, somos muchos los afortunados que hemos contado con una madre a la altura de todas esas frases, pero, por desgracia, hay otros muchos que no. Y este es el caso de Pedro J. Plaza, quien no duda en sacar a la puerta de su casa todos los escombros vitales que ha ido acumulando a lo largo de los años, todas las vivencias que lo partieron en dos, todos los recuerdos que vuelven a abrir las cicatrices. Muchas de esas vivencias, muchos de esos recuerdos, vienen del mismo sitio, de la “matriz” entendida desde su etimología, desde la madre, la maternidad, matermatrix. Y duele leerlo, os lo aseguro, más aún a quienes conocemos y tenemos cariño a la persona que ha atravesado todo ese dolor.

Pero, amigos, amigas, esta es una de las razones por las que la poesía es imprescindible. Con todo el daño, con todo el sufrimiento, con todas las lágrimas, las heridas, las cicatrices… con todo el dolor, sin literatura, sin poesía, ¿qué quedaría? ¿Cómo nos sacaríamos toda esa negrura de dentro, ya sea como lectores o como escritores? Probablemente haya otros canales en los que volcar las lágrimas, pero quienes amamos la poesía sabemos que no hay ninguno tan poderoso.

Reconozco que me costó un poco habituarme a la forma de los poemas (yo, que soy tan de un tipo de estructura al leer y al escribir), pero, la verdad (y sabéis que no miento cuando reseño libros) es que me ha encantado. He tenido que hacer algunas pausas para asimilar el pinchazo, pero toda la crudeza de lo que se cuenta en este poemario se supera gracias a la capacidad amatoria de Pedro, a su resiliencia, a su perdón, a su crecimiento.

Un ejemplo de vida a través de la poesía. ¿Qué más le podemos pedir a un poemario?

Lo que más me ha gustado: que me haya gustado tanto, aunque se salga de “mi estilo”, haber encontrado tanta belleza en el dolor. 

Lo que menos me ha gustado: como siempre que leo un libro así, pensar en cómo pudo sentirse quien lo escribe. Es uno de los problemas de esta empatía mía…

“¿Cuál ha sido

el precio de tu familia y cuál ha sido, dime, la matriz

de nuestro desmadre?”.

Pedro J. Plaza

Crítica: Musa insumisa

Título: Musa insumisa

Autora: Manuel Francisco Reina

Editorial: Valparaíso

Premio Provincia de Guadalajara “José Antonio Ochaíta” 2022

Siempre que Manuel Francisco Reina publica libro nuevo es un acontecimiento, especialmente (si me lo permitís) si se trata de poesía.

Esta Musa insumisa no es menos, por mucho que llegara después de todo un Premio Jaime Gil de Biedmacon ese librazo que es Servido en frío. De hecho, este poemario también va con premio, además de con una imagen de cubierta, a cargo de Javier Cámara Sánchez Seco, que es una preciosidad y todo un acierto.

Es este un libro diferente. Un libro en el que se percibe el universo lírico de Reina, pero, quizá, con un punto más de sofisticación que lo elevan a un nivel distinto, que lo destacan por encima de otros poemarios del autor en ese sentido.

Puede que lo más curioso del libro y lo que hacen que se distinga de otros es todo el tiempo durante el que se ha ido escribiendo, ni más ni menos que veinticinco años. Como comprenderéis, en tanto tiempo se ha escrito, reescrito, ampliado, desechado, corregido, incluido, eliminado… Veinticinco años dan, además, para vivir mucho, para evolucionar tanto a nivel personal como a nivel poético, y eso se puede apreciar en el recorrido que supone la lectura.

El tema es otro de los puntos clave. La libertad. ¿Existirá concepto más amplio que este? Libertad desde su opuesto, desde la jaula con la que comienza el primer poema, pasando por distintas patrias –reales o metafóricas–, por fronteras, por límites, paisajes, destierros… por el amor, por el dolor, por el recuerdo. En definitiva, por todos los momentos vitales en los que sentirse libre es casi el único objetivo, la meta final, el compromiso.

“No es un libro fácil”, me avisó el propio autor cuando supo que lo estaba leyendo. Y no, no lo es, pero nadie quiere que la poesía sea fácil. Porque no entraña una dificultad extrema, sino que requiere de una mayor concentración, de una mayor capacidad de abstracción, de una implicación con la lectura más próxima, más profusa. Solo así seremos capaces de absorber todo aquello que Reina nos entrega en sus poemas, en ese largo periodo vital de escritura, en ese compromiso absoluto con la poesía, con la verdad, con la libertad más palpable que existe, que no es otra que nos hace vivir sin yugos ni ataduras, aquella que nos concede la ligereza necesaria para caminar sin cadenas, aquella que nos permite ser.

Un poemario, como todos los publicados por Manuel Francisco Reina, que guardar cerca, que releer, que abrazar siempre que se quiera dar respuesta a la sempiterna pregunta de para qué sirve la poesía: para ser libres.

Lo que más me ha gustado: hay un poema que me gusta muchísimo y que tengo recitado por aquí: Ara belli. Maravilloso. Eso y algo que siempre me ha encantado de los libros de Reina, las citas que se incluyen, que son una delicia.

Lo que menos me ha gustado: sería incapaz de destacar algo negativo de la poesía de Manuel Francisco Reina.

“La risa es tan solo una trinchera”.

Manuel Francisco Reina

Crítica: Casa Árbol Persona

Título: Casa Árbol Persona

Autora: José Manuel Gallardo

Editorial: Huerga & Fierro

Me habría encantado leer este libro cuando aún no sabía cómo manejar la poesía.

Habría sido un punto muy a favor a la hora de comprender mejor los porqués del quehacer poético, de conocer los motivos (si es que los hay) por los que escribimos poesía, de abrazar la belleza del mundo y del propio proceso de escritura como quien sonríe ante la risa de un niño pequeño.

No fue así. No encontré este libro en ese momento, sino cuando ya sabía un poco de todas esas cosas, cuando ya había dado algún paso hacia esa comprensión, hacia mis porqués, hacia mis motivos, hacia mi búsqueda de la belleza. Aun así, qué gusto leer un poemario que ratifica mis suposiciones, que se suma a todos mis pensamientos acerca de por qué escribo, de cómo escribo, de desde dónde escribo. Porque JoséManuel Gallardo viene con un libro de poesía sobre la propia poesía, sobre el proceso creativo al escribir, sobre el acto poético, que es una delicia y que nos acerca un poco más a la ansiada paz, a lo bello, a lo sencillo.

También hay tiempo para tratar otros temas, como la memoria, la familia, el transcurso vital del autor (mar-camino), que fluyen como esos ríos mencionados en algunos poemas, como esa agua que acoge y guía nuestros pasos, como esa tierra que los recibe y los empuja para seguir avanzando.

Casa. Árbol. Persona. Poeta (añadiría yo).

Un gusto confirmar que la poesía sigue estando, a pesar de (casi) todo(s), en las manos de personas que la tratan como merece.

Lo que más me ha gustado: la sencillez, pues me ha aportado una buena dosis de tranquilidad.

Lo que menos me ha gustado: por sacar algo (y ni siquiera estoy seguro), he decir que, a pesar de que me parecen muy bonitas, no termino de ver que un libro de poesía lleve ilustraciones. No es, como digo, ninguna crítica a la ilustradora, porque sus ilustraciones son preciosas, ni pretendo contrariar la decisión del poeta de incluirlas, pero las veo y, aunque me gustan, siento que no las necesito.

“Si este soy yo,

si soy un cuerpo,

un árbol,

una casa”.

José Manuel Gallardo

Crítica: Una muerte íntima

Título: Una muerte íntima

Autora: Teresa Núñez 

Editorial: Huerga & Fierro

Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares” 2022

Este libro ganó el “Ciega de Manzanares” el año antes que yo, por lo que tuve la suerte de compartir acto con su autora, de poder escuchar cómo recitaba algunos de los poemas y de conversar un rato con ella.

Si os soy sincero, no me lo monté muy bien (y me arrepiento de no haberlo hecho). No investigué absolutamente nada sobre ella ni sobre el libro, y creo que tendría que haberlo hecho (enero ha sido un mes muy complicado, diré a mi favor). Eso sí, quizá la sorpresa fue mayor al saber de ella y de su poesía esa misma tarde, en Manzanares, en el acto en que se me premiaba a mí y se presentaba su libro. Porque me gustó mucho escucharla, igual que me gustó mucho cruzar con ella algunas palabras.

Podría enumerar los premios que atesora Teresa, que son muchos, pero me voy a centrar solo en este poemario, que es el que reseño. 

“Una muerte íntima” es uno de esos libros que se escriben estando mal, tratando de (como dijo Félix Grande), “poner al dolor a trabajar al servicio de la vida”. Una ruptura es una tormenta que hay que atravesar con las fuerzas al mínimo; una ruta que hay que transitar a oscuras; un luto más con el que debemos convivir acompañados de un dolor inmenso. Eso es este poemario. Un libro de un dolor palpable, tanto que está en cada objeto de la casa, en los muebles, en la ropa, en todas y cada una de las habitaciones compartidas. Una forma terapéutica de intentar sanar a través de la escritura. Ya sabéis que es justo esta la poesía que me gusta (y la que yo también he escrito últimamente, la que veréis en mi siguiente poemario, “Alas para los ángeles”), así que ha sido una auténtica delicia leer a Teresa.

Me gusta, además, saber que mi libro va a formar parte de esta misma colección, que será el número XXII de este premio que ha logrado unirme a La Mancha, el otro 50% de mi sangre, tierra en la que espero poder compartir mi poesía.

Leed poesía, amigos. Sabed encontrar la poesía que de verdad merece ser leída. Buscad a poetas de los que escriben desde el conocimiento y la autenticidad. Huid de quienes solo son producto del marketing. Teresa Núñez es una poeta a la que leer, y esta muerte íntima que nos trae es un libro cuya lectura es, además de disfrute, aprendizaje.

Lo que más me ha gustado: verme reflejado en ese mismo proceso de duelo posruptura, identificarme con muchos de los versos.

Lo que menos me ha gustado: como no puedo reprocharle nada al libro, diré que las ganas que tengo de ver mi libro publicado ya, con lo que pesa la espera hasta noviembre.

“Escapaste

mucho antes del alba,

sin que yo adivinase que vivía

con un desconocido”.

Teresa Núñez