Crítica: Mi hogar es una caja de mudanzas

Título: Mi hogar es una caja de mudanzas

Autora: Cristina Angélica

Editorial: Valparaíso

V Premio Valparaíso de Poesía

Premio Ópera Prima de la Crítica Andaluza

Existen algunas personas de las que me fío al 200% cuando me recomiendan lecturas, sobre todo si es poesía.

Este fue el caso con Cristina Angélica y su ‘Mi hogar es una caja de mudanzas’, recomendado, ni más ni menos, por Remedios Sánchez y Manuel Francisco Reina, respaldado, además, por el V Premio Valparaíso de Poesía y, claro, editado por Valparaíso, que siempre es un seguro.

Da la casualidad, además, de que esa experiencia de las mudanzas, de ver tu vida en cajas, de despedir un lugar que ha sido hogar la tenía (por desgracia) muy reciente, así que la conexión ha sido, aunque dolorosa, muy clara.

Venezolana de nacimiento y malagueña de adopción, y con una juventud que no implica una poesía simple o pobre (como ocurre tantas otras veces), Cristina Angélica nos trae un poemario serio, muy bien entrelazado, directo y con esa dureza tan necesaria para mí cuando leo poesía.

Hay infancia, hay añoranza, hay lazos familiares, hay memoria, herencia, raíces, exilio, soledad… Hay preguntas, a veces sin respuesta, sobre las complicaciones de vivir para quienes emigran (cuánto mérito tienen y cuánta empatía despiertan en mí), sobre la volatilidad que impide clavar las pisadas de algunos terrenos, sobre cómo el sentimiento de acogida se tambalea entre puertas, ventanas, cajas llenas y paredes vacías.

Hay, también, una poesía muy bien construida, sencilla y cargada de imágenes tan transparentes a las que es fácil asomarse a ellas, tan sólidas que podemos agarrarnos a ellas, abrazarlas para hacerlas propias, para asumir parte del dolor que emanan. 

El libro avanza al ritmo oportuno, con citas que le dan más peso aún, como las de Francisca AguirreMiguel Hernández o Cavafis, aunque también haya alguna que me guste menos. No todo iba a ser perfecto.

En definitiva, un muy buen poemario de una poeta que puede dar mucho que hablar, pues su juventud le deja por delante un largo camino por recorrer.

Lo que más me ha gustado: creo que me quedo con esa conexión vital, con esa unión casi umbilical que sentí desde el primer poema. 

Lo que menos me ha gustado: esas citas, seguramente.

“Mi infancia huele a pared recién pintada”.

Cristina Angélica

Crítica: Los misterios de la taberna Kamogawa

Título: Los misterios de la taberna Kamogawa

Autora: Hisashi Kashiwai

Editorial: Salamandra

Este es uno de esos libros que, de repente, encuentro en una librería, me encuentra él a mí y se viene conmigo a casa.

El título me gustaba. La cubierta me gustaba. La sinopsis me gustaba. Editaba Salamandra. Era japonés. 

¿Qué más podía pedir?

Recuerdo que era verano, y tanto viaje me impidió leer con la regularidad que necesitaba. El libro estuvo conmigo en Gandía, en Málaga, en Gran Canaria y en Menorca, donde, finalmente, lo terminé de leer. 

Hoy, por fin, tras poder hacerme la foto pertinente, subo la reseña.

Se trata, como digo, de uno de esos libros de lectura ágil, de los que, sin esperar una trama vertiginosa, te regalan momentos de leer con la calma necesaria. Además, la escritura de Kashiwai está a la altura de los buenos escritores japoneses, algo que siempre se agradece.

Gastronomía japonesa a raudales, curiosidades sobre el mundo de la cocina, sobre las recetas que se desarrollan a lo largo de cada caso resuelto y un cierto misterio son los ingredientes de esta novela, además de, como digo, un estilo trabajado y esa sensación de lectura que, sin pretensiones, se va quedando adherida a la piel.

Una muy buena opción, sin duda, para darse “un paseo” por Japón y por algunos de sus platos más importantes.

Lo que más me ha gustado: esa invitación a una lectura sencilla y agradable, además de saber un poco más de la cultura japonesa.

Lo que menos me ha gustado: quizá, al ser varios casos que se resuelven, esa primera idea tan original se va diluyendo al avanzar la historia.

“De joven, uno solo se rinde ante los manjares, pero cuando envejece lo que lo atrae de verdad es el sabor que el recuerdo añade a los platos”.

Hisashi Kashiwai

Los márgenes remotos, XXII Premio Nacional de Poesía «Ciega de Manzanares»

Después de dejar por redes varios comentarios sobre la felicidad que me da haber ganado un nuevo premio de poesía, paso por aquí solo para ofreceros uno de los poemas que son parte del libro.

ESCRUTINIO

Estoy hecho de todo lo que he sido.

También de lo que duele todavía.

De cada cicatriz que me ha marcado

conservo el escozor. Nadie más sabe

por qué no las tapé, por qué las muestro

tal y como quedaron, sin temer

que volverlas a ver suponga

sangrar una vez más. No me preocupa

sentirme vulnerable. No soy fuerte

por huir del dolor,

lo soy por enfrentarlo, por mostrarme desnudo

ante ojos curiosos;

por exponerme al escrutinio,

a los dedos acusatorios,

al juicio que al final es la condena.

Recorro con el paso firme

los puentes destruidos por las lluvias.

No hay tormenta que borre mis huellas en el barro.

Espero que os guste 🙂

También os dejo por aquí el enlace a la noticia en prensa: https://www.manzanares.es/actualidad/noticias/jorge-pozo-soriano-gana-xxii-premio-nacional-poesia-ciega-manzanares

¡Un abrazo enorme!

Crítica: Poesía completa, Mariluz Escribano

Título: Poesía completa, Mariluz Escribano Pueo

Autora: Mariluz Escribano Pueo (Edición de Remedios Sánchez)

Editorial: Cátedra

Este libro llegó a mis manos con dos sensaciones muy distintas. La primera, una inmensa alegría por saber que, por fin, se le daba a Mariluz Escribano el lugar que merecía como una de las mejores poetas que ha dado nuestra tierra. La segunda, la indignación de saber que se hable (o hablara) tan poco de ella y que, si no hubiera sido por la infatigable lucha y el inconmensurable trabajo Remedios Sánchez, su poesía llegaría tan solo a unos pocos, negando al gran público una obra que está a la altura de los y las más grandes poetas.

Dicho esto, las palabras que pueda decir sobre Escribano solo pueden ser de admiración, de celebración y de entusiasmo. Es un hecho que, por lo general, me conmueve más la poesía escrita por mujeres, me llega más. Por eso, al hablar de los poetas que más me gustan, entre algunos nombres como AlbertiMargarit o Manuel Francisco Reina, quienes resuenan con más fuerza son otras como Francisca AguirreÁngela Figuera AymerichElsa LópezRaquel Lanseros o Marina Casado, por nombrar solo a unas pocas. 

Por supuesto, a esas mujeres poetas se suma Mariluz, con su voz de noviembre, de silencio, de infancia, de memoria… y de luz.

Es la poesía de Mariluz Escribano una poesía limpia, clara, con la complicada sencillez que solo permite un talento como el suyo, que es incuestionable. Su anclaje en el pasado, en la nostalgia, en el recuerdo constante de esa felicidad que pareció irse escapándosele de las manos, de un pasado, el suyo, que evoca casi de manera constante en sus versos. Su escritura es un canto a la memoria, a la concordia, un puente entre generaciones, un río que fluye a lo largo de una existencia plasmada con la maestría de una poeta inmensa, tanto como lo fue su persona (interesantísima su biografía).

En esta edición a cargo de Remedios Sánchez, una de las mayores expertas en poesía contemporánea del momento, con una valía sin igual en el mundo académico, nos sitúa frente a la poesía de Mari Luz, nos acompaña, nos hace el regalo de conocer la vida y la obra de esta autora esencial, tan necesaria como otras grandes voces de la poesía española y universal.

Lo que más me ha gustado: además de, por supuesto, su poesía, tener una edición tan completa, tan trabajada, hecha con tanto rigor y cariño.

Lo que menos me ha gustado: que Mariluz Escribano no haya ocupado un lugar más importante en la poesía española, porque, a la vista queda, es una de las grandes.

(Porque la noche tiene una tristeza

que no cabe en la mano).

Mariluz Escribano Pueo

Crítica: Casa de misericordia

Título: Casa de misericordia

Autora: Joan Margarit

Editorial: Visor

Cuanto más leo a Margarit, más me gusta.

De hecho, no tengo ninguna duda de que es uno de mis poetas favoritos, uno de esos maestros que sientan cátedra con tan solo leerlos, alguien de quien aprender a escribir mejor.

Llegué a él algo tarde. Si no recuerdo mal, después de ver el documental “El poeta y el muro”(recomendado para todo el mundo, buscadlo en la aplicación de RTVE, porque es una maravilla), y me enamoré por completo de su poesía.

Han sido varios los libros suyos que he leído y, como os digo, me gusta tanto cómo escribe que ya los he leído varias veces.

Es el estilo, es el lenguaje, son las imágenes, son los temas… Es todo, sin excepciones, un poeta descomunal que hay que leer sí o sí, como a tantos y tantas poetas inconmensurables que hemos tenido y tenemos en nuestro país.

En este poemario, Margarit, siempre cercano al dolor, a la tristeza, a la nostalgia, hace un recorrido por esas casas de misericordia llenas de pobreza, de desesperación, de niños y niñas sin niñez, de un pasado trágico que aún sigue en el recuerdo de muchos. También, cómo no, hay espacio para su hija, para Joana, regalándonos poemas de esos que te estrujan un poco por dentro.

Para que veáis mejor de lo que hablo, algunos ejemplos:

Dolor:

“Era un miedo más duro. Más real.

Más como cuando tú te ibas con otro,

o cuando nuestra hija se murió”.

Tristeza:

“Y, dentro de la mente,

la tristeza que crece.

Y dentro de lo triste

está creciendo el miedo”.

Nostalgia: 

“No fue difícil en la juventud

compartir el mañana. El pasado

ahora huele a sal, gasoil y podredumbre.

Son olores del mar. Y de la soledad”.

Joana:

“Y a una hija ¿cómo se la amortaja?

Por favor, leed a Margarit. Leed buena poesía.

Lo que más me ha gustado: no puedo evitar que me maten los poemas hacia Joana. Me ponen la piel de punta.

Lo que menos me ha gustado: estas ediciones tan sobrias de Visor, que no es que me encanten…

Jamás, antes de serlo, el mañana lo parece.

Joan Margarit

Crítica: Mi planta de naranja lima

Título: Mi planta de naranja lima

Autor: José Mauro de Vasconcelos

Editorial: Libros del Asteroide

Hay viajes que no salen como unos los esperaba. Personas que, en la cercanía, se diluyen hasta desaparecer.

Entonces, se pueden hacer dos cosas. Desaparecer también o buscar otra forma en la que poder estar bien.

Yo opté por la segunda opción.

Tanto tiempo tuve que pasar solo que el libro que me llevé (bastante extenso) me lo acabé en un par de días, así que tuve que ir a comprar otro. Allí, en una librería pequeñita pero bastante bonita de Mahón, estuve mirando libros sin terminar de decidirme. Sabía que quería leer narrativa y de autor extranjero. Quizá oriental, aunque ya había leído varios este año, incluido el que me había terminado allí. Quizá africano, aunque allí tampoco había mucho. ¿Quizá Kallifatides? Pregunté. No les quedaba ningún título. Seguí mirando. Me fui a ver qué tenían de esas editoriales que casi nunca fallan. Periferia. Acantilado. Anagrama. Libros del Asteroide. Me fijé justo en este libro porque me gustaron el título y el color, pero, al ver el nombre, pensé que sería un autor español (no, no conocía este libro, ¡algo que me avergüenza!), así que lo dejé donde estaba. Después de un tiempo sin ver claro qué llevarme (y sabiendo que tenía que llevarme algo sí o sí), volví a preguntarle al librero, dándole algunas pistas sobre lo que me apetecía leer. Después de enseñarme varios que no me llamaban demasiado, pasamos delante de “La librería ambulante” y le dije que, por ejemplo, ese me había gustado muchísimo. Ante esa información, muy seguro, me dijo “siempre recomiendo ese y este otro”, sacando “Mi planta de naranja lima”. Con eso ya casi era suficiente, pero la certeza de que ese era el libro que tenía que llevarme llegó, primero, cuando vi que el autor era brasileño (qué inculto, Jorgito) y, segundo, cuando leí la primera frase de la contra: “De mayor Zezé quiere ser poeta y llevar corbata de lazo, pero de momento es un niño brasileño de cinco años que se abre a la vida”. ¿Cómo no me lo iba a llevar?

Y el librero acertó. Absolutamente. Qué preciosidad de libro.

Lo cierto es que, en realidad, es un clásico, aunque yo no lo supiera, y a esto se suman tres aspectos más para haber sabido antes que me iba a encantar. Los clásicos casi nunca fallan. Libros del Asteroide casi nunca falla. Un buen librero casi nunca falla. Y mi intuición, aunque mi idiotez me hiciera desobedecerla por no conocer la procedencia del autor, casi nunca falla.

Esa primera frase de la contra es la perfecta sinopsis del libro. Un niño, Zezé, de cinco años que quiere ser poeta (que quiere ser mayor), pero que “tan solo” es un niño que se abre a la vida. Y cómo es Zezé. Qué personaje más bonito, más tierno, más real. Es imposible no sentir hacia él un cariño inmenso, unas ganas inmensas de abrazarlo, de ayudarlo, de consolarlo, de defenderlo, de enseñarle, de quererlo. ¿Y lo maravilloso que es eso? ¿Y lo difícil que es crear un personaje así?

La historia acompaña, claro. El estilo es una delicia. Hay otros personajes que son también muy atrayentes, pero, en mi opinión, la mayor parte del peso de este libro la lleva Zezé, protagonista absoluto y un verdadero ladrón de corazones. Solo con poder descubrirlo a él, hay que leer este libro. Os lo digo completamente convencido de que a también os va a robar el corazón. No me cabe ninguna duda al respecto.

Además, es un libro perfecto para regalar cuando se quiera regalar un libro sin saber muy bien cuál. Es imposible que a una persona a la que le guste leer no le guste la historia de Zezé. Es imposible que a un buen lector no le guste “Mi planta de naranja lima”.

Lo que más me ha gustado: es obvio, ¿no? Zezé. Uno de mis personajes literarios favoritos desde que lo descubrí.

Lo que menos me ha gustado: además de la rabia que me da no haber tenido constancia de este libro antes, el título, que no me encanta, pero eso es una minucia.

Yo me moría por las historias. Cuanto más difíciles, más me gustaban.

Zezé, en Mi planta de naranja lima

Crítica: Mis días en la librería Morisaki

Título: Mis días en la librería Morisaki

Autora: Satoshi Yagisawa

Editorial: Plata

Sabéis lo que me gusta la literatura asiática. Sabéis, también, que, de vez en cuando, me apetece una lectura sencilla, más del tipo feel-good, una lectura que haga sonreír, desconectar, reconciliarme con el mundo. Y esta novela breve japonesa ha sido justo eso que quería.

Además, se le suma otro aspecto que suele ser un punto a favor a la hora de elegir este tipo de lecturas: trata sobre una librería (por no hablar de lo bonita que es la cubierta).

Se vino conmigo a casa desde que la encontré. He tardado algo más en leerla porque, primero, me la pidió un amigo. Vio que me la había empezado a leer en un viaje que hicimos juntos a Rumanía, la empezó a leer en el avión de vuelta y se la quedó para terminarla. No sé a vosotros, pero a mí me encanta compartir lecturascon mis amigos. Siempre es una forma de descubrir libros que, quizá, no habríamos encontrado por nuestra parte. La reseña también la subo tarde, porque la leí hace ya algunas semanas, pero la vida me suele ganar la carrera y me cuesta sacar tiempo para escribir las reseñas, sin comentar lo que tardo en dar con el momento para hacerme la foto.

¡Pero aquí estoy! Y ya, por fin, os hablo un poquito de esta lectura.

Es un libro de lectura ligera, sin más pretensiones que entretener, hacernos pasar un buen rato, descubrirnos una parte de Japón y, cómo no, hablarnos de libros, de librerías, de la importancia de leer, de rodearnos de libros, de hablar sobre literatura.

Entre todo eso, como buen libro japonés, también nos habla de una protagonista en busca de su propio yo, con sus problemas, con una vida que no le encaja. Los japoneses, en mi opinión, son brillantes cuando hablan de sentimientos, con esa sutilidad tan suya, con esa delicadeza.

Para rematar, se nombra a un buen número de autores japoneses cuyos nombres y obra es muy interesante investigar. 

Un libro muy recomendado si, como a mí, os apetece este tipo de lecturas de vez en cuando.

Lo que más me ha gustado: además de esa lista de autores japoneses, que ha sido justo la lectura que necesitaba en el momento oportuno.

Lo que menos me ha gustado: que cada día que pasa tengo más y más ganas de viajar a Japón… ¿Me estaré autotorturando?

Ahora, por raro que parezca, ese olor a antiguo del papel era de las cosas que más apreciaba en el mundo.

Satoshi Yagisawa

Crítica: Historia del silencio

Título: Historia del silencio

Autora: Alain Corbin

Editorial: Acantilado

Por el mismo motivo que leí el último libro que he reseñado (Breve tratado de la soledad), he leído esta Historia del silencio: por escribir poesía. Sabía que esos –la soledad, el silencio, la sombra– iban a ser temas fundamentales en el poemario que estaba escribiendo (y que ya he terminado, todo sea dicho), así que busqué ensayos que tuvieran que ver con esos términos y, de casualidad, encontré este de Alain Corbinque es muy, muy interesante.

También ayuda, obviamente, que esté publicado por Acantilado, una de mis editoriales favoritas, como ya sabéis.

Ya el título es muy interesante, y la contra nos avisa que se hará un recorrido por la historia sobre la calma, la contemplación, el diálogo interior a través de la filosofía, de la escritura y el arte. No podía fallar y la verdad es que no lo ha hecho.

La lectura nos lleva por distintos lugares, por la propia naturaleza, por la palabra de otros que ya le dieron la importancia necesaria al silencio y a la quietud, por las relaciones amorosas, por la religión, por distintas técnicas y aprendizajes… Nos acompaña por un camino hacia nosotros mismos, hacia el pensamiento, hacia el recogimiento, hacia conocernos más y mejor. En definitiva, hacia el punto exacto al que yo llevo un tiempo dirigiéndome.

Es una lectura muy agradable, llena de curiosidades, de citas, de otros autores a los que se nos invita a llegar. Un ensayo muy bien construido.

Además, ha cumplido su “cometido” y me ha ayudado mucho con la escritura. ¿Qué más le puedo pedir a un libro?

Lo que más me ha gustado: siendo egoísta (o práctico, quizá), esa ayuda para darle forma al poemario.

Lo que menos me ha gustado: puede ser que haya más religión de la que me habría gustado, aunque este libro y el tema sobre el que gira también lo requería.

El silencio santifica nuestras cruces y nuestras aflicciones. Protege de la cólera, es el medio más rápido para vencer la presión de la venganza y los deseos de curiosidad.

Alain Corbin

Crítica: Otros sabrán de mí

Título: Otros sabrán de mí

Autora: Marina Casado

Editorial: Fundación Valparaíso

Premio Paul Beckett de Poesía 2022

Marina Casado es, sin ninguna duda, una de las mejores poetas contemporáneas en castellano.

Con una obra poética lo suficientemente extensa como para hacer tal afirmación (sumada, además, a sus novelas y su obra ensayística), su poesía es ya muy reconocible, y eso, teniendo en cuenta su corta edad, es algo muy a tener en cuenta.

La calidad no puede ponerse en entredicho, pues Marina deja claro en cada uno de sus libros que es una poeta merecedora de premios que, como este Paul Becket –al que suma el Carmen Conde y el León Felipe–, evidencian que su voz poética sigue evolucionando, sigue creciendo con un dominio absoluto del ritmo, de la tradición, con la lectura y el estudio de otras voces que han sonado y suenan con la fuerza necesaria para sonar con maestría.

Los inviernos, las noches, la lluvia o el mar de Marina nos arrastran a su memoria, a su melancolía, pasando a formar parte de nuestro torrente sanguíneo, pues sus imágenes son tan universales que no solo permiten que nos apropiemos de ellas, sino que son esas imágenes las que se apropian de nosotros, golpeándonos, sacudiéndonos, empujándonos a esos momentos en los que la infancia era un velo blanco que no permitía que el dolor se nos acercase. Por eso leer a Marina Casado es tan bello como necesario, porque aquellos que hemos abrazado al dolor (y, ¿quién no lo ha hecho alguna vez?) podemos identificarnos, podemos encontrar en sus poemas aquello que se convierte en salvavidas. Porque eso es lo que hace la buena poesía, salvarnos en determinados momentos en los que nada más ayuda.

Poema de apertura y tres partes –Todo cuanto supeDestierros y Perpetuar la memoria– que nos invitan a conocer mejor a la poeta, quien nunca ha tenido reparos en mostrar su vulnerabilidad cuando escribe, que nos recibe en sus recuerdos y sus vivencias para facilitar ese abrazo entre autora y lectores.

Sigo pensando que su De las horas sin sol es una preciosidad de libro (quizá, también, por el tema que toca), pero este Otros sabrán de mí es uno de sus mejores poemarios. Serio, con una estructura incuestionable, con poemas que adquieren una universalidad desde lo íntimo, desde lo personal, desde la experiencia vivida y, afortunadamente para quienes leemos a Marina, compartida.

Lo que más me ha gustado: podría decir mil cosas que me han gustado, destacar varios poemas, pero, así tiene que ser, he de decir que lo que más me ha gustado es encontrarme un maravilloso poema, “Esta herida”, dedicado a mí. Además de que el poema es una preciosidad, ver mi nombre ahí me hizo una ilusión gigantesca y me llena de orgullo. Gracias, Marina.

Lo que menos me ha gustado: en lo literario, y soy sincero, no hay nada que pueda criticar, así que lo único cuestionable es el papel, pues un error en imprenta provocó que esta primera edición no saliera con el papel apropiado.

Y sin embargo, amo desesperadamente

esta herida en el pecho

que el tiempo me ha dejado.

Marina Casado

Crítica: Inmigrantes de segunda

Título: Inmigrantes de segunda

Autora: William González Guevara

Editorial: Hiperión

XXXVIII Premio de Poesía Hiperión

William es ya, a pesar de su corta edad, una de las grandes voces de la poesía en castellano, y esta es una realidad rotunda.

No lo es solo por haber ganado, del tirón y en cuestión de meses, tres premios: el Antonio Carvajal con Los nadies; el Francisco Ruiz Udiel con Me duele respirar; y este Hiperión con su Inmigrantes de segunda. Eso ya sería, de por sí, buena prueba de la importancia de su poesía, pero hago esa afirmación con la certeza absoluta de que la poesía de William es poesía de la de verdad, porque él es un poeta de verdad, porque la calidad poética de estos tres libros (por no hablar de la profundidad de las temáticas) es más que evidente.

Se nota (y cuánto) que este joven poeta ha sabido leer, ha sabido escuchar, ha sabido conectar con sus raíces, tanto las latinoamericanas como las españolas, y, en consecuencia, se aleja de ese grueso de “poesía joven” que poco tiene que ver con la tradición, mucho menos con la calidad. Quien escriba sin humildad ni conocimiento escribirá otra cosa, pero no poesía.

En este tercer libro publicado por William volvemos a las claves del primero, de Los nadies. Inmigración, racismo, pobreza, injusticia, clasismo, hipocresía… y, de nuevo, la poesía nace de la propia experiencia del poeta, de sus familiares, de sus conocidos, de un trabajo casi periodístico sobre la problemática que muchos inmigrantes atraviesan cuando se ven en la obligación de abandonar su país y ganarse la vida casi de cualquier forma.

Si la poesía sirve para algo, es, en mi opinión, para otorgarle belleza a lo triste, a lo doloroso, a lo injusto; para nombrar aquello de lo que (casi) nadie quiere hablar; para decir las palabras que muchos no saben, no pueden o no se atreven.

William ha entendido que su voz puede ser la voz de los desfavorecidos, de esas empleadas de hogar que, como su madre, han perdido las huellas dactilares por la acción de la lejía, de sus cuerpos cansados, de sus sueldos miserables, de todo lo que tienen que soportar sus hombros, sus oídos y sus bolsillos. La suerte es que, también, y como ya he dicho, González Guevara es muy buen poeta, por lo que el resultado es un libro más que llega justo donde tiene que llegar, que duele, que escuece, que sacude conciencias.

Qué tres poemarios tiene ya publicados este jovencísimo poeta nicaragüense. Qué recorrido más espectacular le espera.

Lo que más me ha gustado: ser más consciente aún de todo lo que William describe y critica en este libro, sentir cómo se sienten todos esos inmigrantes “de segunda” que tantísimo mérito y valor tienen. También, no puedo evitarlo, me encanta el homenaje a su madre, a todas las madres. Tampoco puedo no mencionar el precioso texto que le dedica en la contracubierta ni más ni menos que Irene Vallejo. Qué maravilla de palabras…

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, que los tres libros hayan salido tan seguidos, pero de eso, obviamente, nadie tiene la culpa.

Les pesa el alma, diría un poeta.

–No te equivoques. Nos pesa la vida,

le diría mi madre.

William González Guevara