Crítica: Argentías

Título: Argentías

Autora: Laura Morgenthaler

Editorial: Valparaíso

Tuve la inmensa suerte de que, un poco por azar, otro poco por conexiones, Laura Morgenthaler contactara conmigo para compartir poesía y, más tarde, para pedirme que le presentara el libro en Madrid.

Moviéndome solo por mi intuición (que no suele fallarme), le dije que sí, y eso que ni siquiera había leído el libro. Eso sí, había algunos detalles que pusieron muy fácil la decisión. En primer lugar, que el libro está publicado por Valparaíso. El segundo, y de mucho peso, el perfil de Laura. Su trayectoria profesional y su nivel de estudios son dignos de admirar y deja bastante claro que sabe mucho de lenguaje y de literatura. Solo me faltaba comprobar si también sabía de poesía y, sobre todo, de escribirla, pero, en cuanto leí unos pocos poemas una vez que me hice con el libro, supe a ciencia cierta que había poeta, que había poesía.

Es un libro precioso donde Laura nos habla de diversos temas convertida en argentía, ese brillo tan especial y característico de las aguas marinas canarias, brillo, luz, que también emana de ella. Amor, erotismo, maternidad, pérdida, tristeza, amistad, feminismo, memoria, esperanza… y una generosidad abrumadora para hablarle directamente a personas concretas o colectivos que necesitan de la poesía, de su poesía, para salir a flote, abandonar las profundidades de los océanos y poder ser, también, argentías.

Con una buena dosis de simbolismo, con metáforas que adquieren la forma adecuada, con un ritmo que se adapta al oleaje de cada poema, “Argentías” confirma que Laura Morgenthaler es una poeta muy a tener en cuenta, por no hablar de que es una de esas personas que (no tengo dudas) mejora la vida de aquellos que tiene cerca.

Como digo, he tenido la suerte y el honor de ser quien ha realizado la primera presentación en España del libro. Fue ayer, día 25 de noviembre, en la Librería Iberoamericana de la calle Huertas, rodeados de un montón de personas (creo que nunca había hecho una presentación con tanta gente), y fue, en pocas palabras un regalo.

Lo fue ya no solo por lo bonito de la poesía de Laura, por haberla conocido en persona, haberla escuchado hablar de la raíz del libro, recitar algunos de sus poemas, poder leer yo también algunos versos, conversar con ella, hacer simbiosis. Lo fue, también, por lo que se generó en ese tiempo y en ese espacio. Por las emociones compartidas también con el público, por lograr que la poesía trascendiera hasta el interior de cada uno de los oyentes y recibir de vuelta comentarios tan maravillosos como aquel de una mujer que nos dijo que nunca había leído poesía, pero que, gracias a lo que acababa de vivir, iba a darle un lugar especial a partir de ese momento.

También hubo muchos comentarios ya en privado (y que guardaré para mí) que me hicieron sentirme aún más feliz. Siempre que creo en algo o en alguien, me lanzo casi en picado. Últimamente me han pedido varias veces que presente los libros de otras personas y es algo que me encanta hacer, pero ante lo que siento la inevitable presión de no saber si lo haré bien, si estaré a la altura de lo que se espera de mí, si el autor o autora a quien presiento queda contento con mi trabajo. Esos comentarios de varias personas que estuvieron allí, sumados a los de la propia Laura, me hicieron sentirme muy satisfecho y, sí, muy, muy, muy feliz.

Y, gracias a momentos y a personas así, creo con mayor firmeza aún que la poesía es más necesaria que nunca (o, quizá, tan necesaria como siempre); que su fuerza es capaz de mover, de conmover; que haré todo lo que pueda por hacer que la gente lea más poesía desde mi pequeño altavoz; que hay pocas cosas en la vida que me aporten más felicidad que vivir la poesía.

Gracias, Laura, de corazón, por haberme elegido a mí para acompañarte. Ha sido una suerte inmensa haberte conocido.

Lo que más me ha gustado: hay varios poemas, como “Luz de las naranjas”, “Hasta África feliz” o “El pescador de Bárbara” que me han hecho polvo, que me han abierto algunas heridas, y eso, ya sabéis, es lo que más me gusta de la poesía. 

Lo que menos me ha gustado: que Laura viva en Alemania, porque, como digo, es luz, y la luz siempre es mejor tenerla cerca.

“Yo tuve un gen de África en los úteros”.

Laura Morgenthaler

Crítica: Antología poética. Ernesto Cardenal.

Título: Antología poética

Autora: Ernesto Cardenal

Editorial: Valparaíso

Hay poetas cuyo nombre es universal. Cuya poesía es universal. Cuyo legado es universal.

Hay poetas tan inmensos que su obra es patrimonio de la humanidad.

Uno de esos poetas es, sin duda, Ernesto Cardenal.

“Anda, nicaragüense, como Rubén Darío”, como escribió William González Guevara, también compatriota suyo, en su fantástico primer libro publicado, ‘Los nadies’. ¿Qué tendrá Nicaragua, que atesora tanta buena poesía?

Poeta revolucionario en forma y en intención, la poesía de Cardenal recorre sus vivencias (quizá pueda ocurrir, también, de manera inversa) y nos muestra un país en manos de tiranos desde hace ya muchos, demasiados años. 

Incluso para eso sirve la poesía, para, en un poema, dejar constancia de la historia reciente de Nicaragua, para poner nombres y apellidos a quienes la desangran en su propio beneficio, para lanzar un grito de lucha, de dolor o de desesperanza.

Y qué poesía… Qué sencillez tan endiabladamente complicada. Qué dominio del lenguaje poético para contar vida, para mostrarse al mundo, para vivirse a uno mismo, también, con los demás.

Una muy buena edición de Valparaíso, además, para iniciarse en la poesía de este maravilloso autor, para conocer mejor la historia de su país, para amar más a esa tierra hermana que es Hispanoamérica, con figuras de tantísimo peso como Ernesto Cardenal, con su canto cósmico, que resuena por todos los caminos de cualquier galaxia, que retumba en las paredes de cualquier planeta.

Leed poesía, amigos y amigas. 

Leed a Cardenal.

Leed a Nicaragua.

“De las estrellas somos y volveremos a ellas”.

Ernesto Cardenal

Los márgenes remotos, XXII Premio Nacional de Poesía «Ciega de Manzanares»

Después de dejar por redes varios comentarios sobre la felicidad que me da haber ganado un nuevo premio de poesía, paso por aquí solo para ofreceros uno de los poemas que son parte del libro.

ESCRUTINIO

Estoy hecho de todo lo que he sido.

También de lo que duele todavía.

De cada cicatriz que me ha marcado

conservo el escozor. Nadie más sabe

por qué no las tapé, por qué las muestro

tal y como quedaron, sin temer

que volverlas a ver suponga

sangrar una vez más. No me preocupa

sentirme vulnerable. No soy fuerte

por huir del dolor,

lo soy por enfrentarlo, por mostrarme desnudo

ante ojos curiosos;

por exponerme al escrutinio,

a los dedos acusatorios,

al juicio que al final es la condena.

Recorro con el paso firme

los puentes destruidos por las lluvias.

No hay tormenta que borre mis huellas en el barro.

Espero que os guste 🙂

También os dejo por aquí el enlace a la noticia en prensa: https://www.manzanares.es/actualidad/noticias/jorge-pozo-soriano-gana-xxii-premio-nacional-poesia-ciega-manzanares

¡Un abrazo enorme!

Crítica: Poesía completa, Mariluz Escribano

Título: Poesía completa, Mariluz Escribano Pueo

Autora: Mariluz Escribano Pueo (Edición de Remedios Sánchez)

Editorial: Cátedra

Este libro llegó a mis manos con dos sensaciones muy distintas. La primera, una inmensa alegría por saber que, por fin, se le daba a Mariluz Escribano el lugar que merecía como una de las mejores poetas que ha dado nuestra tierra. La segunda, la indignación de saber que se hable (o hablara) tan poco de ella y que, si no hubiera sido por la infatigable lucha y el inconmensurable trabajo Remedios Sánchez, su poesía llegaría tan solo a unos pocos, negando al gran público una obra que está a la altura de los y las más grandes poetas.

Dicho esto, las palabras que pueda decir sobre Escribano solo pueden ser de admiración, de celebración y de entusiasmo. Es un hecho que, por lo general, me conmueve más la poesía escrita por mujeres, me llega más. Por eso, al hablar de los poetas que más me gustan, entre algunos nombres como AlbertiMargarit o Manuel Francisco Reina, quienes resuenan con más fuerza son otras como Francisca AguirreÁngela Figuera AymerichElsa LópezRaquel Lanseros o Marina Casado, por nombrar solo a unas pocas. 

Por supuesto, a esas mujeres poetas se suma Mariluz, con su voz de noviembre, de silencio, de infancia, de memoria… y de luz.

Es la poesía de Mariluz Escribano una poesía limpia, clara, con la complicada sencillez que solo permite un talento como el suyo, que es incuestionable. Su anclaje en el pasado, en la nostalgia, en el recuerdo constante de esa felicidad que pareció irse escapándosele de las manos, de un pasado, el suyo, que evoca casi de manera constante en sus versos. Su escritura es un canto a la memoria, a la concordia, un puente entre generaciones, un río que fluye a lo largo de una existencia plasmada con la maestría de una poeta inmensa, tanto como lo fue su persona (interesantísima su biografía).

En esta edición a cargo de Remedios Sánchez, una de las mayores expertas en poesía contemporánea del momento, con una valía sin igual en el mundo académico, nos sitúa frente a la poesía de Mari Luz, nos acompaña, nos hace el regalo de conocer la vida y la obra de esta autora esencial, tan necesaria como otras grandes voces de la poesía española y universal.

Lo que más me ha gustado: además de, por supuesto, su poesía, tener una edición tan completa, tan trabajada, hecha con tanto rigor y cariño.

Lo que menos me ha gustado: que Mariluz Escribano no haya ocupado un lugar más importante en la poesía española, porque, a la vista queda, es una de las grandes.

(Porque la noche tiene una tristeza

que no cabe en la mano).

Mariluz Escribano Pueo

Crítica: Libro mediterráneo de los muertos

Título: Libro mediterráneo de los muertos

Autora: María Ángeles Pérez López

Editorial: Pre-textos

IV Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro

Desde luego, nadie puede decir que María Ángeles Pérez López (acabo de ser consciente de que sus dos nombres y sus dos apellidos van tildados) no es una buena poeta. O que se quede con lo sencillo de la poesía. O que no conozca bien el lenguaje. 

De hecho, si tuviera que describirla como poeta, lo haría diciendo que es una experta en lenguaje, una escritora que sabe a la perfección el orden de las palabras, que no las escribe, sino que las va posando delicadamente una tras otra, consciente de que esa, y no una distinta, es la que corresponde.

Luego, claro está, sabe escribir poesía (no, no todos los poetas saben), conoce la tradición poética y la urde como las hilanderas hacen con cada hebra de tejido, nos atrae hacia sus versos con la sutilidad de las sirenas.

Conocí su poesía con su maravilloso Incendio mineral, libro a través del cual también la conocí a ella, siempre agradable, siempre pausada, siempre sonriente (qué bueno es constatar que las personas a las que admiramos por su obra también merecen admiración por su forma de ser), y ya “me la quedo” para seguirla de cerca.

También en poesía en prosa (sabéis lo poco que me gusta el cariz que se le ha dado al término de prosa poética), María Ángeles nos invita a un recorrido por el exilio, por el éxodo, por la desraización, por el abandono, por el dolor, por la desolación. Lo hace, además, en una eterna reflexión que nos hace, también, caer en ella, imbricarnos a ella, dudar con sus dudas, sentir como propias sus inquietudes. ¿No es eso, al fin y al cabo, lo que consigue la buena poesía?

Para redondear aún más el poemario, Pérez López disecciona el lenguaje con la misma precisión que lo hace con la humanidad. 

Un libro que es toda la poesía, toda la tradición, todo el lenguaje, toda la humanidad

Lo que más me ha gustado: leer poesía diferente a la que estoy más habituado a leer y bebérmela, con todo el mar que hay en este libro.

Lo que menos me ha gustado: no atreverme yo, por el momento, a escribir poesía en prosa (dadme tiempo…).

La tumba no es el mar, sino el lenguaje.

María Ángeles Pérez López

Crítica: Casa de misericordia

Título: Casa de misericordia

Autora: Joan Margarit

Editorial: Visor

Cuanto más leo a Margarit, más me gusta.

De hecho, no tengo ninguna duda de que es uno de mis poetas favoritos, uno de esos maestros que sientan cátedra con tan solo leerlos, alguien de quien aprender a escribir mejor.

Llegué a él algo tarde. Si no recuerdo mal, después de ver el documental “El poeta y el muro”(recomendado para todo el mundo, buscadlo en la aplicación de RTVE, porque es una maravilla), y me enamoré por completo de su poesía.

Han sido varios los libros suyos que he leído y, como os digo, me gusta tanto cómo escribe que ya los he leído varias veces.

Es el estilo, es el lenguaje, son las imágenes, son los temas… Es todo, sin excepciones, un poeta descomunal que hay que leer sí o sí, como a tantos y tantas poetas inconmensurables que hemos tenido y tenemos en nuestro país.

En este poemario, Margarit, siempre cercano al dolor, a la tristeza, a la nostalgia, hace un recorrido por esas casas de misericordia llenas de pobreza, de desesperación, de niños y niñas sin niñez, de un pasado trágico que aún sigue en el recuerdo de muchos. También, cómo no, hay espacio para su hija, para Joana, regalándonos poemas de esos que te estrujan un poco por dentro.

Para que veáis mejor de lo que hablo, algunos ejemplos:

Dolor:

“Era un miedo más duro. Más real.

Más como cuando tú te ibas con otro,

o cuando nuestra hija se murió”.

Tristeza:

“Y, dentro de la mente,

la tristeza que crece.

Y dentro de lo triste

está creciendo el miedo”.

Nostalgia: 

“No fue difícil en la juventud

compartir el mañana. El pasado

ahora huele a sal, gasoil y podredumbre.

Son olores del mar. Y de la soledad”.

Joana:

“Y a una hija ¿cómo se la amortaja?

Por favor, leed a Margarit. Leed buena poesía.

Lo que más me ha gustado: no puedo evitar que me maten los poemas hacia Joana. Me ponen la piel de punta.

Lo que menos me ha gustado: estas ediciones tan sobrias de Visor, que no es que me encanten…

Jamás, antes de serlo, el mañana lo parece.

Joan Margarit

Cítrica: Demens

Título: Demens

Autora: Cristina Sanz Ruiz

Editorial: El toro celeste

XVI Premio Internacional de Poesía Antonio Gala

Demens, de Cristina Sanz Ruiz me interesa no solo por la poesía en sí, que también, sino porque es el libro que me sucede como ganador del Premio Antonio Gala, y eso me genera muchas ganas de leerlo.

El perfil de Cristina también es muy interesante. Escribe. Dibuja. Enseña. Investiga. Una todoterreno de las artes que nos regala su primer poemario con el Antonio Gala, lo mismo que me habría ocurrido a mí si no se hubiera publicado antes “Hogares impropios”, a pesar de que el premio José Antonio Ochaíta fuera posterior al Gala.

El tema también es atrayente. La memoria, o, quizá, mejor dicho, la desmemoria. Esa maldita enfermedadque se lleva lo más preciado de un ser humano: sus recuerdos, sus vivencias, su recorrido vital. Vivido, además, en primera persona, el testimonio de Cristina adquiere la validez de quien habla (o escribe) de lo que conoce, de lo que le ha marcado, de lo que le ha hecho sufrir.

El poemario es una andadura de la mano de Cristina y su madre, de su vida en común, de aquello que la enfermedad les dio y les fue quitando, un compendio de situaciones, objetos, conversaciones y gestos a los que la poeta se agarra para que el olvido no la devore también a ella.

Nosotros, los lectores, formamos parte de ese periplo atravesado desde el dolor hacia la alegría de lo vivido, de lo compartido, hacia el amor incomparable de una madre.

Este viaje se hace a través de una poesía bien elaborada, con una estructura muy original que sigue la Escala de Deterioro Global (GDS) y que nos arrastra con un lenguaje cuidado y cercano al mismo tiempo a vivir una enfermedad tan tremenda, que nos invita a vivir sin condiciones.

Lo que más me ha gustado: que Cristina ha conseguido eso que tanto me gusta cuando leo poesía, hacerme un poquito de daño, no permitirme salir indemne de la lectura.

Lo que menos me ha gustado: que aún no lo tengo dedicado, así que, a ver si puedo coincidir pronto con su autora y solucionamos este “problema”.

Lloro por las cosas que no recuerdas,

lloro a la madre que fuiste y ya no eres.

Cristina Sanz Ruiz

Crítica: Historia del silencio

Título: Historia del silencio

Autora: Alain Corbin

Editorial: Acantilado

Por el mismo motivo que leí el último libro que he reseñado (Breve tratado de la soledad), he leído esta Historia del silencio: por escribir poesía. Sabía que esos –la soledad, el silencio, la sombra– iban a ser temas fundamentales en el poemario que estaba escribiendo (y que ya he terminado, todo sea dicho), así que busqué ensayos que tuvieran que ver con esos términos y, de casualidad, encontré este de Alain Corbinque es muy, muy interesante.

También ayuda, obviamente, que esté publicado por Acantilado, una de mis editoriales favoritas, como ya sabéis.

Ya el título es muy interesante, y la contra nos avisa que se hará un recorrido por la historia sobre la calma, la contemplación, el diálogo interior a través de la filosofía, de la escritura y el arte. No podía fallar y la verdad es que no lo ha hecho.

La lectura nos lleva por distintos lugares, por la propia naturaleza, por la palabra de otros que ya le dieron la importancia necesaria al silencio y a la quietud, por las relaciones amorosas, por la religión, por distintas técnicas y aprendizajes… Nos acompaña por un camino hacia nosotros mismos, hacia el pensamiento, hacia el recogimiento, hacia conocernos más y mejor. En definitiva, hacia el punto exacto al que yo llevo un tiempo dirigiéndome.

Es una lectura muy agradable, llena de curiosidades, de citas, de otros autores a los que se nos invita a llegar. Un ensayo muy bien construido.

Además, ha cumplido su “cometido” y me ha ayudado mucho con la escritura. ¿Qué más le puedo pedir a un libro?

Lo que más me ha gustado: siendo egoísta (o práctico, quizá), esa ayuda para darle forma al poemario.

Lo que menos me ha gustado: puede ser que haya más religión de la que me habría gustado, aunque este libro y el tema sobre el que gira también lo requería.

El silencio santifica nuestras cruces y nuestras aflicciones. Protege de la cólera, es el medio más rápido para vencer la presión de la venganza y los deseos de curiosidad.

Alain Corbin

Crítica: Otros sabrán de mí

Título: Otros sabrán de mí

Autora: Marina Casado

Editorial: Fundación Valparaíso

Premio Paul Beckett de Poesía 2022

Marina Casado es, sin ninguna duda, una de las mejores poetas contemporáneas en castellano.

Con una obra poética lo suficientemente extensa como para hacer tal afirmación (sumada, además, a sus novelas y su obra ensayística), su poesía es ya muy reconocible, y eso, teniendo en cuenta su corta edad, es algo muy a tener en cuenta.

La calidad no puede ponerse en entredicho, pues Marina deja claro en cada uno de sus libros que es una poeta merecedora de premios que, como este Paul Becket –al que suma el Carmen Conde y el León Felipe–, evidencian que su voz poética sigue evolucionando, sigue creciendo con un dominio absoluto del ritmo, de la tradición, con la lectura y el estudio de otras voces que han sonado y suenan con la fuerza necesaria para sonar con maestría.

Los inviernos, las noches, la lluvia o el mar de Marina nos arrastran a su memoria, a su melancolía, pasando a formar parte de nuestro torrente sanguíneo, pues sus imágenes son tan universales que no solo permiten que nos apropiemos de ellas, sino que son esas imágenes las que se apropian de nosotros, golpeándonos, sacudiéndonos, empujándonos a esos momentos en los que la infancia era un velo blanco que no permitía que el dolor se nos acercase. Por eso leer a Marina Casado es tan bello como necesario, porque aquellos que hemos abrazado al dolor (y, ¿quién no lo ha hecho alguna vez?) podemos identificarnos, podemos encontrar en sus poemas aquello que se convierte en salvavidas. Porque eso es lo que hace la buena poesía, salvarnos en determinados momentos en los que nada más ayuda.

Poema de apertura y tres partes –Todo cuanto supeDestierros y Perpetuar la memoria– que nos invitan a conocer mejor a la poeta, quien nunca ha tenido reparos en mostrar su vulnerabilidad cuando escribe, que nos recibe en sus recuerdos y sus vivencias para facilitar ese abrazo entre autora y lectores.

Sigo pensando que su De las horas sin sol es una preciosidad de libro (quizá, también, por el tema que toca), pero este Otros sabrán de mí es uno de sus mejores poemarios. Serio, con una estructura incuestionable, con poemas que adquieren una universalidad desde lo íntimo, desde lo personal, desde la experiencia vivida y, afortunadamente para quienes leemos a Marina, compartida.

Lo que más me ha gustado: podría decir mil cosas que me han gustado, destacar varios poemas, pero, así tiene que ser, he de decir que lo que más me ha gustado es encontrarme un maravilloso poema, “Esta herida”, dedicado a mí. Además de que el poema es una preciosidad, ver mi nombre ahí me hizo una ilusión gigantesca y me llena de orgullo. Gracias, Marina.

Lo que menos me ha gustado: en lo literario, y soy sincero, no hay nada que pueda criticar, así que lo único cuestionable es el papel, pues un error en imprenta provocó que esta primera edición no saliera con el papel apropiado.

Y sin embargo, amo desesperadamente

esta herida en el pecho

que el tiempo me ha dejado.

Marina Casado

Crítica: Inmigrantes de segunda

Título: Inmigrantes de segunda

Autora: William González Guevara

Editorial: Hiperión

XXXVIII Premio de Poesía Hiperión

William es ya, a pesar de su corta edad, una de las grandes voces de la poesía en castellano, y esta es una realidad rotunda.

No lo es solo por haber ganado, del tirón y en cuestión de meses, tres premios: el Antonio Carvajal con Los nadies; el Francisco Ruiz Udiel con Me duele respirar; y este Hiperión con su Inmigrantes de segunda. Eso ya sería, de por sí, buena prueba de la importancia de su poesía, pero hago esa afirmación con la certeza absoluta de que la poesía de William es poesía de la de verdad, porque él es un poeta de verdad, porque la calidad poética de estos tres libros (por no hablar de la profundidad de las temáticas) es más que evidente.

Se nota (y cuánto) que este joven poeta ha sabido leer, ha sabido escuchar, ha sabido conectar con sus raíces, tanto las latinoamericanas como las españolas, y, en consecuencia, se aleja de ese grueso de “poesía joven” que poco tiene que ver con la tradición, mucho menos con la calidad. Quien escriba sin humildad ni conocimiento escribirá otra cosa, pero no poesía.

En este tercer libro publicado por William volvemos a las claves del primero, de Los nadies. Inmigración, racismo, pobreza, injusticia, clasismo, hipocresía… y, de nuevo, la poesía nace de la propia experiencia del poeta, de sus familiares, de sus conocidos, de un trabajo casi periodístico sobre la problemática que muchos inmigrantes atraviesan cuando se ven en la obligación de abandonar su país y ganarse la vida casi de cualquier forma.

Si la poesía sirve para algo, es, en mi opinión, para otorgarle belleza a lo triste, a lo doloroso, a lo injusto; para nombrar aquello de lo que (casi) nadie quiere hablar; para decir las palabras que muchos no saben, no pueden o no se atreven.

William ha entendido que su voz puede ser la voz de los desfavorecidos, de esas empleadas de hogar que, como su madre, han perdido las huellas dactilares por la acción de la lejía, de sus cuerpos cansados, de sus sueldos miserables, de todo lo que tienen que soportar sus hombros, sus oídos y sus bolsillos. La suerte es que, también, y como ya he dicho, González Guevara es muy buen poeta, por lo que el resultado es un libro más que llega justo donde tiene que llegar, que duele, que escuece, que sacude conciencias.

Qué tres poemarios tiene ya publicados este jovencísimo poeta nicaragüense. Qué recorrido más espectacular le espera.

Lo que más me ha gustado: ser más consciente aún de todo lo que William describe y critica en este libro, sentir cómo se sienten todos esos inmigrantes “de segunda” que tantísimo mérito y valor tienen. También, no puedo evitarlo, me encanta el homenaje a su madre, a todas las madres. Tampoco puedo no mencionar el precioso texto que le dedica en la contracubierta ni más ni menos que Irene Vallejo. Qué maravilla de palabras…

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, que los tres libros hayan salido tan seguidos, pero de eso, obviamente, nadie tiene la culpa.

Les pesa el alma, diría un poeta.

–No te equivoques. Nos pesa la vida,

le diría mi madre.

William González Guevara