Crítica: Vi. Una mujer minúscula

Título: Vi. Una mujer minúscula

Autor: Kim Thúy

Editorial: Periférica

Ya he hablado varias veces por aquí y por redes de lo que me gustan Kim Thúy y Periférica, pero tengo que hacerlo una vez más.

He dejado pasar algo de tiempo entre la lectura de “Mãn” y este tercer libro de la autora vietnamita porque no quería leer todo seguido y que se me atragantara (aunque eso era bastante difícil), pero ya lo he leído. Y solo he vuelto a confirmar lo muchísimo que me encanta cómo escribe Kim Thúy y, como ya he dicho en varias ocasiones, lo que me encanta lo maravillosamente bien que edita Periférica (qué cómodos de leer son sus libros y qué buena selección hacen).

Lo que es un regalo (además de haber descubierto de casualidad a la autora y leerla) es que puedo hablar con ella y decirle lo que la admiro, conversar con ella, aconsejarnos lecturas, compartir poemas (porque la “empujé” un poco a escribir poesía y lo está haciendo), charlar de literatura… Y no sé si os hacéis una idea de lo que lo disfruto.

Me enamoré de su forma de escribir y de su historia (exiliada a Canadá desde su país natal, Vietnam, por la guerra) desde que leí “Ru”, su primera novela (sus tres novelas están editadas por la misma editorial). Y seguir leyéndola me enamora más aún. Esa forma tan sutil de escribir que tiene, tan precisa en el lenguaje, con esos capítulos breves donde va desgajando la historia… Es arte, no me cabe duda. Cómo escribe esta mujer es arte.

Otro punto muy a favor de las novelas de Kim Thúy es que, literalmente, te hacen viajar. Te hacen interesarte por cada lugar que aparece, buscar en internet palabras, frutas, monumentos, festividades, comidas… ¡Hasta he visto documentales de Vietnam! Y, sí, me ha despertado unas ganas inmensas de viajar allí… 

Este libro nos habla de la historia de Vi, una mujer como la autora, exiliada de Vietnam (cuánto tendrá de ella), y de cómo el amor y la familia la llevan a vivir y a ser de una determinada manera. Como siempre, con la delicadeza de la autora, con su pluma inconfundible y su conocimiento en primera persona de las vivencias de sus personajes.

Deseando estoy que en septiembre salga “Em”, su cuarta novela, también con Periférica.

Lenguaje poético. Historia sencilla (que no simple). Personajes cercanos. Gastronomía. Viajes. Amor. Todos los ingredientes de las novelas de Thúy, tan bien mezclados como siempre.

Una vez más: MA-RA-VI-LLA.

Lo que más me ha gustado: no creo que sea necesario insistir más. La literatura de Kim Thúy me encanta. 

Lo que menos me ha gustado: quizá se me ha hecho una pizca menos interesante que los dos anteriores. 

Mi sensación final es la misma que ya he apuntado las veces anteriores: Kim Thúy es una autora a la que seguiré siempre, leeré todo lo que escriba y me seguiré enamorando de sus libros, sin ninguna duda. Os la recomiendo mucho, mucho, mucho.  

“La historia de Vietnam y de los vietnamitas se vive, se amplifica, se vuelve compleja sin ser escrita ni contada”.

Kim Thúy, Vi. Una mujer minúscula

Crítica: Dónde van las tortugas cuando mueren

Título: Dónde van las tortugas cuando mueren

Autor: Beatriz Osés

Ilustradora: Ester García

Editorial: Edebé “Finalista Premio Edebé de Literatura Infantil 2015”

Vuelvo a la literatura infantil y lo hago de la mano de una de las grandes: Beatriz Osés.

Llevaba ya un tiempo leyendo literatura adulta (poesía, ensayo y novela), así que decidí buscar otro aire con este libro, que me envió la editorial Edebé (mil gracias) para completar mi colección de Beatriz (¡y todos dedicados!).

Es una historia breve, sencilla de leer, tierna (como los libros para niños de Osés), quizá más infantil y más sencilla de lo que esperaba, pero otra buena historia de la autora madrileña, muy apta como primera lectura.

No es el libro de Beatriz que más me gusta, pero se nota su pluma y eso siempre es un punto a favor.

Una buena historia para los niños que pierden una mascota, bien resuelta, con tres personajes con los que podrán identificarse muy bien y, como digo, fácil de leer.

Las ilustraciones de Ester García son bonitas (sin llegar a encantarme) y cumplen su función de dar algo de color al texto, algo que los y las peques agradecerán.

Lo que más me ha gustado: el tema, porque me gusta que los lectores que empiezan a leer tengan historias diferentes (y reales) a la mano. 

Lo que menos me ha gustado: quizá que, a pesar de haber sido finalista del Edebé, puede ser la historia que menos me ha gustado de la autora. Claro, que todo lo que había leído de ella me había encantado, así que gustarme algo menos sigue dejando al libro en muy buen lugar.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Tal vez, entonces, Leopolda sacaría de nuevo su cabeza escondida y hablaría la lengua de los océanos”.

Beatriz Osés en “Dónde van las tortugas cuando mueren”.

Crítica: Memoria por correspondencia

Título: Memoria por correspondencia

Autor: Emma Reyes

Editorial: Libros del Asteroide

Este tiempo lleva conmigo algo más de un año. 

Me lo dejó mi vecina María (esa vecina con la que comparto, entre otras cosas, libros), lo empecé el verano pasado y, sin saber muy bien por qué, lo he acabado un año después.

Digo que no sé por qué porque es un libro fantástico. Una lectura para disfrutar de principio a fin, tierna, inocente, interesante, amena… De verdad os lo digo, un libro espléndido, pero lo dejé a medias, fue amontonando polvo y me he tomado muy tiempo para terminarlo.

Llevaba más o menos la mitad y he tardado un par de días en terminarlo. Ay, tiempo, qué caprichoso eres…

El libro es un conjunto de cartas que la artista colombiana Emma Reyes le envió a su amigo, el intelectual Germán Arciniegas, en las que le narra sus vivencias infantiles. Este amigo, conmocionado por su historia, se las enseñó al gran Gabriel García Márquez, quien se enamoró de ellas.

Con el permiso de Reyes para publicar las cartas tras su muerte, y con la decisión de donar los ingresos generados a la Fundación Hogar San Mauricio, Arciniegas cumplió su palabra y esta historia se convirtió desde que vio la luz en uno de los libros más importantes de la literatura iberoamericana.

La historia de Emma Reyes (os recomiendo buscar información sobre ella, además de leer el libro) es atroz. Es una historia triste, dura, miserable, dolorosa… Y, sin embargo, la dulzura en la narración, la inocencia infantil que palpita en las cartas, el humor que rebosa en tantos comentarios y tantas anécdotas hacen que ese dolor se diluya, en parte, y quede una sensación agradable al saber que, a pesar de todo, esa niña consiguió salir adelante y obtener un lugar privilegiado entre los artistas de Colombia, de Latinoamérica y de todo el mundo.

Todo, como digo, a través de la correspondencia que le envió Reyes a Arciniegas. Veintitrés cartas repletas de todo lujo de detalles, sin ninguna pretensión (Emma Reyes fue analfabeta hasta los dieciocho años), plagada de errores que no importan ni una pizca y que incluso se agradecen porque le dan a la historia mayor realismo y crudeza.

Llevaba tiempo sin decirlo, así que tengo que hacerlo: MARAVILLA de libro.

Muy, muy, muy recomendable.

Como siempre, y también hay que decirlo, perfectamente editado por Libros del Asteroide.

Lo que más me ha gustado: me quedo con la ternura. Con cómo una niñez tan horrible puede ser narrada de una forma tan tierna e inocente. Sencillamente espectacular.

Lo que menos me ha gustado: el paréntesis tan grande que he dejado entre que lo empecé y el momento en que lo he terminado, porque me cortó la historia y eso nunca es bueno.

Mi sensación final es que es un libro perfecto para recomendar y para regalar, algo que siempre viene bien. Para empezar, os lo recomiendo a vosotrxs. Estoy seguro de que os gustará. 

“Estaba tan feliz que me volví payaso”.

Emma Reyes, Memoria por correspondencia

Crítica: Anna la dulce

Título: Anna la dulce

Autor: Dezso Kosztolányi

Editorial: Xordica

En el último paquete de libros que recibí de La Casa del Libro por ser embajador, me encontré con esta novela tan inesperada como atrayente.

Hacía ya un tiempo que no leía literatura clásica y nunca había leído a ningún autor húngaro (a pesar de tener en casa “La mujer justa”, de Sándor Márai), así que me ha sentado muy bien recuperar este tipo de lecturas.

He podido revivir esos momentos de mi adolescencia en los que empecé a conocer a los clásicos, y me ha gustado mucho la sensación.

Lo cierto es que el libro se presentaba bien. Una edición muy cuidada de una editorial, Xordica, que no conocía hasta ahora, una historia muy apetecible y los buenos comentarios que se leen en la contra, nada más y nada menos que de voces tan potentes como la del propio Márai y Thomas Mann.

“Anna la dulce” nos cuenta la historia de Anna, una criada húngara, mientras, alrededor de ella, se tejen lascostumbres de la época, la situación política y militar y, sobre todo, cómo era la sociedad húngara del momento. No soy yo muy de costumbrismos, pero qué bonito es aprender historia con buena literatura.

Más allá de la historia en sí, ese relato social tan bien presentado; esos personajes tan bien definidos; y, sobre todo (para mi gusto), esa forma tan maravillosa de escribir, dan forma a un muy bien libro. Y qué descripciones. En mi opinión, lo mejor del libro, Os dejo un ejemplo (algo largo, pero una delicia):

“Los desconocidos, los que veían por primera vez a ese joven alto y delgado, no se imaginaban que fuese tan divertido.

Jancsi era muy ágil de movimientos, pero también bastante sosegado, y eso aumentaba la impresión de distanciamiento que producía en sus interlocutores. Su vestimenta impecable y elegante también contribuía a subrayar ese aspecto un tanto reservado de su carácter. Era fuerte y musculoso, pero tenía el tórax estrecho, las manos pequeñas y la piel seca. Nunca sudaba, por mucho calor que hiciese. Su cabello, grueso, corto y del color del bronce, cubría un cráneo bien formado pero sorprendentemente pequeño, a cuyos lados parecían flotar dos orejas casi transparentes y sin bordes, como si hubiesen sido recortadas en papel y mal cosidas. Sus labios delgados le conferían un aire de obstinación y crueldad. Su rostro estaba desprovisto de vida y era de rasgos irregulares, todo ángulos y superficies caprichosamente superpuestas, hasta el punto que recordaba una escultura cubista tallada en madera”.

No me digáis que nos os habéis hecho una imagen clarísima del personaje…

Por cerrar la reseña, tengo que destacar la edición. Un poco obsesionado como estoy con la corrección (para algo soy corrector), he encontrado muy pocos (muy, muy pocos) errores. No sé si he visto más de una errata (creo que no) y la puntuación (que es una de mis mayores obsesiones) está prácticamente perfecta. Después de lecturas recientes donde la puntuación era un absoluto desastre, no sabéis lo que he agradecido encontrar un texto así de limpio.

Para terminar, y aunque sé tanto húngaro como arameo, creo que es de justicia aplaudir, también, la traducción de Judit Xantus. Un trabajazo, la verdad.

Dicho todo esto, paso a lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: volver a los clásicos, conocer a un nuevo autor, iniciarme en la literatura húngara y, como he dicho, esas descripciones tan espectaculares.

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, la extensión de algunos capítulos que, mucho más largos que otros, cortan un poco el ritmo. 

¿Habéis leído a algún autor o autora de Hungría?

¡Un abrazo!

“Una nueva escoba siempre barre bien”.

Dezso Kosztolányi, Anna la dulce

Crítica: Amapolas en octubre

Título: Amapolas en octubre

Autor: Laura Riñón Sirera

Editorial: Tres hermanas

Al terminar este libro, he llegado a una conclusión (o la he confirmado): es difícil leer a quien se quiere.

Enfrentarse a un texto escrito por alguien conocido al que se tiene, además, tanto cariño, nos sitúa un poco ante un abismo y (creo) condiciona un poco la lectura.

Tardé un tiempo en hacerme con “Amapolas en octubre” porque conocí a Laura antes que al libro, me adentré en la librería antes que en su historia.

Creo que lo compré (dedicado, por supuesto) en la cuarta o quinta visita. Me veía preparado para leerlo. Y, aunque tardé algo en hincarle el diente y lo he leído en dos partes porque no me lo llevé a la playa, ya está terminado.

Aquí es cuando vuelvo a esa conclusión que da inicio a la reseña: es difícil leer a quien se quiere. Y lo es porque te lanzas al interior de una persona con nombre, apellidos, sonrisa y abrazos. Porque no sabes hasta dónde la historia es real, hasta dónde alguna parte del sufrimiento narrado es propio, y eso, si se es mínimamente empático, duele. Y en este libro, en esta historia, hay sufrimiento. Por eso, he de reconocer que me ha costado un poco leerla.

Aun así, tengo que decir que he disfrutado de la lectura. He necesitado dejar de pensar en Laura y pensar que Carolina Smith no tiene nada que ver con ella (algo casi imposible), y he sido capaz de leerla y descubrir algunos detalles que me han gustado muchísimo.

Como sabréis quienes hayáis ido leyendo mis reseñas, me encantan los libros sobre libros y sobre librerías. Y este “Amapolas” tiene libros (muchos) y tiene, además, una librería preciosa y que existe. En ese sentido, no podía pedir nada más.

Además, qué libros. O, mejor dicho, qué autores. Plath, Alcott, Laforet, Shakespeare, Neruda, Woolf… Solo por descubrir el hilo que Laura ata a sus personajes, en un extremo, y a estos autores en el otro, merece la pena. Y, claro, si no se contenta con eso y le da un peso bastante importante a “La señora Dalloway”, que es mi clásico favorito, pues qué os voy a decir.

Es un libro que se lee de forma sencilla, al que le pega un té bien aromático (quizá tendría que haberlo leído en invierno), una música de piano y mucha paz. Porque, sí, este libro aporta paz, y mucha. Al menos, a mí me la ha regalado.

Dicho esto, os dejo con lo que más y lo que menos me ha gustado.

Lo que más me ha gustado: todas las partes en las que, de una u otra forma, esos libros tan importantes en la historia de la literatura universal encajan con la historia creada por Laura y con sus personajes. 

Lo que menos me ha gustado: aquí tengo que ser muy sincero, ya sabéis que es uno de los fundamentos de mis reseñas. No puedo entender que en una sexta edición de una novela siga habiendo tantos, tantos, tantos, tantísimos errores. Puede que sea la deformación profesional y que ser profesor y corrector me hagan estudiar cada texto que cae en mis manos con más voracidad de lo normal, pero de verdad que es una barbaridad los errores que el libro tiene. Y es una pena, porque, además de esa sensación tan bonita que deja la historia, también queda el poso de esos errores. Tan sencillo como someter el texto a una buena revisión profesional, porque la historia está, y es una historia que merece la pena leer.

¿Lo conocíais o lo habéis leído? 

¡Un abrazo!

“Es sensacional cómo algunos libros consiguen transportarnos hasta el lugar que anhelamos”. 

Laura Riñón Sirera, Amapolas en octubre

Crítica: Fantasma de primavera

Título: Fantasma de primavera

Autor: Gerard Bertrán Burgueño

Editorial: Ayuntamiento de Alhaurín el Grande

XIV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala

El Premio Internacional de Poesía Antonio Gala tiene un aspecto que nunca entenderé: publicar el libro ganador un año después, en el acto de entrega del premio del siguiente ganador (incomprensible, desde mi punto de vista).

Por ese motivo, mi libro, ganador este año, no verá la luz hasta junio de 2022 y, por ese motivo, pude recoger el libro que ganó la edición anterior cuando fui a recoger el premio.

Se trata de este “Fantasma de primavera”, de Gerard Bertrán Burgueño, que da inicio a esta nueva Colección “La Baltasara”, coincidiendo con que este ha sido el primer año que el acto ha tenido lugar en dicha finca, donde Antonio Gala vivió tanto tiempo y escribió una buena parte de sus libros (algo que, en realidad, tampoco tiene mucho sentido, porque el año pasado no ocurrió en La Baltasara).

Sin ahondar más en estos hechos, voy a hablaros un poco de este poemario, que es lo importante.

Según el jurado del premio, se trata de un libro “muy difícil de apreciar en lo poético, puesto que está planteado dentro de un gran prosaísmo”, y es esta afirmación (en mi opinión) la que define de forma clara la realidad del poemario.

Es un libro tan prosaico que podría decirse que los poemas podrían leerse como si fueran pequeñas historias, pequeños relatos que narran vivencias y anécdotas, solo que lo hacen en verso.

He de reconocer que, antes de leer el libro, no me llamaba mucho la atención. Si leo poesía, me gusta que el lenguaje sea poético, que la esencia sea poética, y el prosaísmo, en poesía, me suele chirriar bastante.

No ha sido el caso.

Sí es cierto que algunos poemas no han terminado de llegarme, precisamente, por ese prosaísmo, pero hay otros (la mayoría) que me han gustado mucho y que, justo por el hecho de aportarme algo a lo que no estoy acostumbrado, me han llegado. Puede que me haya ocurrido un poco como cuando admiro un cuadro bien pintado: trato de sacarle todo el gusto posible, ya que yo sería incapaz de reproducirlo.

Es cierto que decir “nunca” es un tanto arriesgado, pero no creo que mi poesía vaya a definirse por ser prosaica, porque me parece muy complicado, muy arriesgado y porque, aunque este “Fantasma de primavera” me haya gustado, no es la poesía con la que me identifico ni la que suelo leer.

No obstante, creo que es un poemario muy bien construido e intuyo mucho trabajo a la hora de darle forma, lo cual tiene mucho mérito. Además, me parece muy acertado que se premie distintos tipos de poesía (siempre que sea buena), así que considero que es una buena elección y me hace muy feliz recoger el testigo de Gerard como ganador de este premio.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que es justo ese detalle de ser una poesía muy prosaica lo que merece ser destacado. Haberme gustado sin ser la poesía que leo y haber sabido reconocer la calidad de los poemas y su dificultad me agrada, ya que siempre está bien descubrir gustos nuevos en esto de la lectura. Voy a destacar, también, los últimos versos de muchos de los poemas, versos que se quedan colgando al leerlos porque nos empujan a alguna parte, nos hacen pensar, le dan el significado al poema. Me ha pasado en varios encontrarme con los dos últimos versos y tener que releerlos más de una vez porque me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: aunque pueda resultar contradictorio, y como he dicho en la entrada, ese prosaísmo se me ha hecho demasiado evidente en unos pocos poemas, que son los que menos he disfrutado leer.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Experimentar la anunciación de la poesía.

Soñar despierto. Volver a casa”.

 Fragmento de “De paso”, Gerard Bertrán Burgueño 

Crítica: El pez rojo que nada en el pecho

Título: El pez rojo que nada en el pecho

Autor: Gioconda Belli

Editorial: Visor

XXX Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

Poeta mujer. Latinoamericana. Feminista. Recomendada por Manuel Francisco Reina. ¿Qué podía fallar?

La descubrí con su libro de poesía reunida “El ojo de la mujer”

https://jorgepozosoriano.com/2020/12/08/critica-el-ojo-de-la-mujer/ , y ya me enamoré de ella.

Este último poemario suyo, ganador del prestigioso Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, es una auténtica maravilla. 

Amor. Feminismo. Crítica social. Homenaje a un poeta tan querido por ella como Ernesto Cardenal, o como a Katy, enferma de cáncer.

Todo, con ese castellano tan cuidado de las escritoras (y escritores) de Latinoamérica, tan cuidado por Belli.

Se habla, como digo, del amor, tanto el que se da a la pareja como a los hijos, los amigos o los amigos.

Hay feminismo, empoderamiento de la mujer, como es el brutal poema “Consejos para la mujer fuerte”:

Si eres una mujer fuerte

protégete con palabras y árboles

e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Hay, a través de la poesía (la tercera parte del poemario se llama “¿Qué puede hacer la poesía?”), crítica hacia quienes obvian el dolor del desconocido, del que sufre, como en el poema “¿Tiene patria el dolor?”, donde habla del drama de la inmigración; o en “Impunidad”, donde denuncia la violencia machista. Aquí os dejo un fragmento de ambos poemas:

¿Tiene patria el dolor?

Voces condenan a quienes sienten como propio

el ardor de los naufragios, la espalda que sangra del azotado.

Preguntan por qué llorar por desconocidos,

esos que no comparten su historia, su idioma, su pan de cada día”.

En el armario los vestidos de colores languidecen

víctimas de la doliente cobardía del esposo.

No me digáis que no queréis leer los poemas completos.

Desde luego, en poesía en castellano contemporánea, Gioconda Belli es una autora muy a tener en cuentay, por eso, os la recomiendo mucho.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Lo que más me ha gustado: creo que me quedo con la versatilidad de la autora, con cómo es capaz de expresar sentimientos tan distintos sin cambiar de voz, creando unos poemas muy distintos en cuanto al tema, pero siempre claros, limpios y rotundos.

Lo que menos me ha gustado: como en casi todo poemario, algunos poemas nos llegan algo menos. Hay varios por el final que no me han dicho gran cosa.

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Escuchemos a las mujeres

sus pies danzan sobre la tierra

escuchémoslas

hagamos el silencio”.

 Fragmento de “Vamos a dibujar”, Gioconda Belli

Enredando voces con Marta Ponce

Siempre he dicho que admiro a quien sabe dibujar o ilustrar bien, porque me encanta el arte y porque yo soy pésimo en esa disciplina…

Por eso disfruto tanto conversando con una ilustradora tan buena como Marta Ponce.

La conocí por sus preciosas portadas y las ilustraciones para Alma Editorial de las colecciones de cuentos de los Hermanos Grimm, Perrault y Andersen, y me enamoré de su trabajo porque es una pasada.

Por eso, sabía que tenía que entrevistarla.

Por eso me gustó tanto hablar un rato con ella.

Aquí os dejo la entrevista, espero que la disfrutéis tanto como lo hice yo.

Enredando voces con Andrea Reyes

La descubrí por casualidad (por una portada suya de un libro que leí).

Hablé con ella por otra casualidad (por ilustrar la Librería Taiga, donde hago el club de lectura infantil).

Por otra casualidad, descubrimos que vamos a «estar» juntos en un libro.

Ella es Andrea Reyes, una ilustradora maravillosa con la que he podido hablar sobre literatura e ilustración, aprovechando, también, que ha sido la encargada de hacer el corte para la Feria del Libro de Madrid de este año.

¿Os pasáis por la radio a escucharnos?

Crítica: Soy una nuez

Título: Soy una nuez

Autor: Beatriz Osés

Ilustrador: Jordi Sempere

Editorial: Edebé “Premio Edebé de Literatura Infantil 2018”

Leer a Beatriz Osés es sinónimo de encontrar una literatura infantil para todos los públicos, además de una ternura tan universal como suya propia, tan necesaria como, muchas veces, difícil de encontrar.

De todo lo que he leído suyo, puede que esta haya sido la historia que más me ha gustado, y eso es mucho decir, porque me encanta todo lo que escribe. 

Será, quizá, porque la historia me ha tocado por dentro, traspasando mi piel para llegar a las vísceras con un tema, por desgracia, que sigue siendo motivo de debate: la igualdad de los seres humanos, independientemente de cualquier diferencia.

Me alucina y me horroriza seguir, en los tiempos que corren, escuchando argumentos racistas y xenófobos, aunque sea contra menores. Aunque, claro, si esos argumentos caben en la esfera política, en un congreso o una asamblea (como la de Madrid, sin ir más lejos) y se permiten y se blanquean, ¿qué esperamos encontrar?

Por eso, contra el odio y el “garrulismo”, siempre debe estar enfrente la cultura. La literatura. Los libros. Y este libro, aunque se recomiende a mayores de ocho años, tendría que ser leído por aquellos que apuntan con sus dedos y sus palabras llenas de odio a los más vulnerables, a los que menos tienen, a los que más necesitan de nosotros.

Porque Omar (o Nuez) representa a la perfección a todos esos seres humanos (porque, por mucho epíteto que usemos, son eso, seres humanos) que lo tienen todo perdido y, por lo tanto, ya no tienen nada más que perder. Y se juegan la vida, y llenan los mares de cadáveres, y solo esperan un tanto de humanidad.

Esa página donde Omar cuenta el inicio de su historia (el texto que aparece, también, en la contracubierta y que tuve la suerte de escuchar en la voz de Beatriz en uno de nuestros encuentros literarios) es de una belleza y crudeza abrumadoras. Tanto es así que lo quiero compartir por aquí y, en lugar de una cita breve al final, terminaré con esa introducción a un personaje que ya se ha quedado conmigo para siempre.

Bien por Edebé al premiar esta historia valiente y fundamental. 

Maravilloso por Beatriz, por querer contar una historia como esta. 

Además, las ilustraciones de Jordi Sempere son preciosas. 

Lo que más me ha gustado: puede que me quede con este texto. Leedlo y entenderéis por qué. 

Lo que menos me ha gustado: que este tipo de historias sigan siendo necesarias, porque eso indica que no estamos evolucionando, sino que estamos en plena involución.

¿Conocíais a la autora? A los que no, ¿creéis que lo haréis algún día?

Gracias y un abrazo para todos.

“Me llamo Omar y soy una nuez. Mi padre era jardinero y mi madre olía a canela. A los dos se los comió el mar poco antes de llegar a la playa. Los vi desaparecer mientras flotaba en aquella cáscara de nuez junto a otros desconocidos. De los tres, solo yo llevaba un pequeño salvavidas con mi nombre. Lo había escrito mi madre con un rotulador desgastado para que no lo olvidara nunca”.

Beatriz Osés en “Soy una nuez”.