Crítica: Mãn

Título: Mãn

Autor: Kim Thúy

Editorial: Periférica

Hay amores que crecen con el paso de tiempo y con la insistencia, y eso es lo que me pasa con Kim Thúy y con Periférica.

Mi idilio con esta editorial no es tan reciente. Todo lo que he leído suyo me ha encantado, y sigo pensando que es una forma de editar casi perfecta. Libros bonitos, en la misma línea, con ese rojo tan atrayente, cómodos, ligeros… Me encantan, qué os voy a decir.

En cuanto a la autora, si con “Ru” https://jorgepozosoriano.com/2021/02/14/critica-ru/ descubrí a esta autora vietnamita (qué agradecido le estoy a esta fiebre oriental lectora) y pensé que leería más libros suyos, con “Mãn” lo he confirmado. Tengo algunas lecturas pendientes que me apetece mucho hacer (hoy mismo empezaré con “Territorio de luz”, de Yuko Tsushima), pero el tercer libro de Thúy, “Vy”, no tardará en llegar. Además, justo ayer, Periférica subió a su Instagram una publicación sobre esta maravillosa autora y anunciaron que, en septiembre, publicarán “Em”, su nueva novela. Sabéis quién se la leerá en cuanto salga, ¿verdad? (Por cierto, me encanta los títulos tan escuetos como cargados de significado, porque así es la literatura de Kim Thúy).

En esta novela se cuenta, de esa forma tan poética y cuidada de esta autora, la historia de “Mãn”, una inmigrante vietnamita en Canadá (como la propia Thúy) que encuentra su lugar en el mundo gracias a la amistad (qué personaje más bonito el de Julie), el amor (lo que me gusta encontrarme historias de amor reales y no las tan prefabricadas de muchos libros tan de moda) y, sobre todo, la cocina. Y, a través de la cocina, se nos muestra Vietnam, su Vietnam, sus sabores, olores, recuerdos, vivencias… Y qué forma tan bonita de viajar a Vietnam y al interior y a niñez de una autora como Thúy.

Una vez más, sin pretensiones. Con una pluma delicada y exacta, con un lenguaje medido al detalle, con una sencillez tan complicada de conseguir que casi no se encuentra en ninguna novela. 

La estructura, esta vez, es algo distinta. La historia se cuenta desde términos que aparecen en vietnamita y en español (muchos, relacionados con ingredientes y comidas) y a través de los cuales se estructura la vida de “Mãn”. Muy original y, en mi opinión, muy acertado.

Como habréis imaginado, sí. Una vez más… MA-RA-VI-LLA.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La delicadez: es muy difícil escribir prosa con tanta poesía y que no sea un error enorme. La poesía es poesía y la prosa, prosa. Mezclarlas, casi siempre (y a no ser que se tenga un dominio absoluto de ambas), supone un texto complicado de leer. No es el caso. Esta prosa tan poetizada de Kim Thúy es perfecta. Al menos, para mí, lector asiduo de poesía.

La estructura: una vez más, como he dicho, la estructura me parece un acierto. Leer pequeños fragmentos que van hilando una historia tan dulce como la de la protagonista ayuda a que la lectura sea tranquila, a que tenga la pausa necesaria para leer a esta autora, experta en esa pausa. 

El enamoramiento: lo puedo decir sin riesgo a equivocarme: Kim Thúy se ha convertido en una de mis escritoras favoritas. No tengo ninguna duda al respecto.

Vietnam: es un país que conozco muy poco, pero que siempre me ha fascinado. Por esa razón, encontrar tantos fragmentos de Vietnam en los libros de Thúy es un regalo que estoy disfrutando como un niño pequeño.

Lo que más me ha gustado: vuelvo a decir lo que dije al leer “Ru”: el lenguaje. No conozco muchos libros cuyo lenguaje me enamore de esta forma. Por decir algo distinto en cuanto a un aspecto que me ha gustado mucho, la forma en la que se trata la amistad y el amor me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: imposible apuntar nada en este punto. Una auténtica delicia de lectura. 

Mi sensación final es esa que os digo. Kim Thúy ha llegado a mi vida para quedarse, y haré que llegue a la vida de más personas recomendándola y regalándola.  

“Me saludó con el entusiasmo de una arqueóloga que hubiese descubierto la huella del primer beso”.

Kim Thúy, Mãn

Título: Mãn

Autor: Kim Thúy

Editorial: Periférica

Hay amores que crecen con el paso de tiempo y con la insistencia, y eso es lo que me pasa con Kim Thúy y con Periférica.

Mi idilio con esta editorial no es tan reciente. Todo lo que he leído suyo me ha encantado, y sigo pensando que es una forma de editar casi perfecta. Libros bonitos, en la misma línea, con ese rojo tan atrayente, cómodos, ligeros… Me encantan, qué os voy a decir.

En cuanto a la autora, si con “Ru” https://jorgepozosoriano.com/2021/02/14/critica-ru/ descubrí a esta autora vietnamita (qué agradecido le estoy a esta fiebre oriental lectora) y pensé que leería más libros suyos, con “Mãn” lo he confirmado. Tengo algunas lecturas pendientes que me apetece mucho hacer (hoy mismo empezaré con “Territorio de luz”, de Yuko Tsushima), pero el tercer libro de Thúy, “Vy”, no tardará en llegar. Además, justo ayer, Periférica subió a su Instagram una publicación sobre esta maravillosa autora y anunciaron que, en septiembre, publicarán “Em”, su nueva novela. Sabéis quién se la leerá en cuanto salga, ¿verdad? (Por cierto, me encanta los títulos tan escuetos como cargados de significado, porque así es la literatura de Kim Thúy).

En esta novela se cuenta, de esa forma tan poética y cuidada de esta autora, la historia de “Mãn”, una inmigrante vietnamita en Canadá (como la propia Thúy) que encuentra su lugar en el mundo gracias a la amistad (qué personaje más bonito el de Julie), el amor (lo que me gusta encontrarme historias de amor reales y no las tan prefabricadas de muchos libros tan de moda) y, sobre todo, la cocina. Y, a través de la cocina, se nos muestra Vietnam, su Vietnam, sus sabores, olores, recuerdos, vivencias… Y qué forma tan bonita de viajar a Vietnam y al interior y a niñez de una autora como Thúy.

Una vez más, sin pretensiones. Con una pluma delicada y exacta, con un lenguaje medido al detalle, con una sencillez tan complicada de conseguir que casi no se encuentra en ninguna novela. 

La estructura, esta vez, es algo distinta. La historia se cuenta desde términos que aparecen en vietnamita y en español (muchos, relacionados con ingredientes y comidas) y a través de los cuales se estructura la vida de “Mãn”. Muy original y, en mi opinión, muy acertado.

Como habréis imaginado, sí. Una vez más… MA-RA-VI-LLA.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

La delicadez: es muy difícil escribir prosa con tanta poesía y que no sea un error enorme. La poesía es poesía y la prosa, prosa. Mezclarlas, casi siempre (y a no ser que se tenga un dominio absoluto de ambas), supone un texto complicado de leer. No es el caso. Esta prosa tan poetizada de Kim Thúy es perfecta. Al menos, para mí, lector asiduo de poesía.

La estructura: una vez más, como he dicho, la estructura me parece un acierto. Leer pequeños fragmentos que van hilando una historia tan dulce como la de la protagonista ayuda a que la lectura sea tranquila, a que tenga la pausa necesaria para leer a esta autora, experta en esa pausa. 

El enamoramiento: lo puedo decir sin riesgo a equivocarme: Kim Thúy se ha convertido en una de mis escritoras favoritas. No tengo ninguna duda al respecto.

Vietnam: es un país que conozco muy poco, pero que siempre me ha fascinado. Por esa razón, encontrar tantos fragmentos de Vietnam en los libros de Thúy es un regalo que estoy disfrutando como un niño pequeño.

Lo que más me ha gustado: vuelvo a decir lo que dije al leer “Ru”: el lenguaje. No conozco muchos libros cuyo lenguaje me enamore de esta forma. Por decir algo distinto en cuanto a un aspecto que me ha gustado mucho, la forma en la que se trata la amistad y el amor me han encantado.

Lo que menos me ha gustado: imposible apuntar nada en este punto. Una auténtica delicia de lectura. 

Mi sensación final es esa que os digo. Kim Thúy ha llegado a mi vida para quedarse, y haré que llegue a la vida de más personas recomendándola y regalándola.  

“Me saludó con el entusiasmo de una arqueóloga que hubiese descubierto la huella del primer beso”.

Kim Thúy, Mãn

Crítica: Mi padre y su museo

Título: Mi padre y su museo

Autor: Marina Tsvietáieva

Editorial: Acantilado

Conocer la vida familiar y, por tanto, personal de aquellos a quienes se admira siempre aporta una visión más profunda de su obra. Si, además, la forma de conocerla es a través de una literatura tan potente como la de Marina Tsvietáieva, aún es mucho mejor.

Conocí a esta autora gracias a mi siempre buen consejero de poesía. “Lee a la Tsvietáieva y a la Ajmátova, te van a encantar”. Y así hice. Es más, compré un libro de con poemas de ambas, “El canto y la ceniza”, y lo voy leyendo poco a poco. Aunque la estructura de esta poesía rusa me resulta bastante diferente a la poesíaescrita en español, son dos poetas espectaculares, reconocidas como las dos grandes poetas rusas del siglo XX.

Por esa razón, tuve que hacerme con este “Mi padre y su museo”, tan maravillosamente editado por una de mis editoriales favoritísimas: Acantilado (¿se puede editar más bonito?).

Ingreso hospitalario por medio, me lo he leído en un par de ratos. Es un libro muy breve (78 páginas) en el que Marina Tsvietáieva nos presenta a su padre, Iván Tsvietáiev, y toda su vida a través de la creación del Museo de Bellas Artes de Moscú (actual Museo Pushkin). Y qué forma más preciosa de hablar de él, qué lenguaje, cuánta poesía cabe en un texto que no es poético y que, además, se basa en unos cuantos relatos cortos.

Siempre he tenido claro que un buen poeta puede ser buen novelista (algo que no es tan fácil de conseguir a la inversa), y esta es una prueba más de que alguien que escribe poesía como lo hace Marina Tsvietáievaes muy capaz de escribir prosa de una forma sublime, valiéndose de toda su fuerza poética, como es el caso.

Una muy buena lectura que he hecho entre mis ahora mismo habituales lecturas orientales (a las que volveré en seguida), y una forma estupenda de conocer mejor a esta autora tan importante en la literatura universal. Muy, muy recomendado.

Mención especial para la traductora, Selma Ancira (me han dado un tirón de orejas por no citarla y añado estas palabras para arreglarlo). Si bien Marina Tsviétaieva tiene toda la literatura del mundo en sus manos, es, del mismo modo, muy valioso el trabajo de quien traduce su lenguaje al castellano.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El lenguaje: con lo que me gusta la poesía y lo complicado que es encontrar un lenguaje poético en prosa que no canse ni dé evidencias de ese “quiero y no puedo” que aparece en tantas ocasiones, encontrar una lectura así de agradable es un regalo.

La edición: no voy a descubrir a estas alturas que Acantilado es una de las grandes editoriales del panorama nacional actual. Saben muy bien qué editan, a quién editan y cómo editan, y aciertan siempre en esas decisiones. Este libro es una preciosidad tanto por fuera como por dentro, algo que siempre se agradece. 

La historia rusa: aunque la brevedad de los relatos no da para profundizar demasiado, sí hay un buen reflejo de cómo era la sociedad rusa de la época, sus costumbres, su forma de vida, su manera de ser. Curioso como soy, me pica un poco leer algo más sobre esa parte de la historia.

La cultura: aunque hay un personaje que fue real (como todos los que aparecen) que se quejaba de que se construyeran museos y no escuelas, laboratorios o maternidades (necesarias, también, obviamente), qué suerte que hayan existido en la historia personas como Iván Tsvietáiev, que dieran casi su vida por apostar por la creación de museos y el auge de la cultura.

Lo que más me ha gustado: que es un libro conciso, breve, con lo justo para saber más sobre la autora y, en este caso, su padre (y su familia), además de, como ya he dicho, el lenguaje tan cuidado esta poeta rusa.

Lo que menos me ha gustado: que ahora me han entrado unas ganas terribles de leer “Mi madre y la música”, donde Marina Tsvietáieva habla de su madre. Me tendré que hacer con él… 

Mi sensación final es que me hace muy feliz descubrir que no solo se edita lo que va a vender, sino que hay editoriales independientes que siguen apostando por la calidad. La tarea de Acantilado es absolutamente necesaria para que podamos seguir acercándonos a maestros y maestras de la literatura, para que no nos despeguemos de los grandes escritores y escritoras, para que podamos aprender de quienes han dejado escritas tantas palabras que merecen ser leídas.  

“Todos han muerto ya, y yo debo contarlo”.

Marina Tsvietáieva, Mi padre y su museo

Crítica: Apostasía

Título: Apostasía

Autor: Antonio Díaz Mola 

Editorial: Pre-textos

Me vais a decir que siempre digo lo mismo, pero es la realidad. Si tengo que preguntarle a alguien sobre qué libros de poesía leer, ese es Manuel Francisco Reina. Y, si hay alguien que siempre acierta en las recomendaciones, es él. Precisamente porque sabe “un poquito” de poesía, me fío a ciegas. De hecho, una vez más, ha acertado de pleno.

Este poemario, “Apostasía”, ganador del XII Premio de Poesía Joven RNE-Fundación Montemadrid, es un muy buen poemario, al menos en mi humilde opinión. Y lo es porque, detrás de él, hay un muy buen poeta. Un poeta bastante joven, todo sea dicho. Pero no un poeta joven de los que abundan ahora y cuyos referentes son Mr. Wonderful y las frases de los azucarillos (ya sabéis que hago bastante referencia a estas dos fuentes de “literatura”), sino otros, como el propio Reina o, tal y como cita en algunos de sus versos, Catulo, Machado, Byron o Juan Ramón Jiménez. Y, ay, amigos y amigas, cuánto se nota siempre lo leído en lo escrito.

Estudiante de Filología Hispánica (cuánto se nota siempre lo estudiado en lo escrito), Antonio Díaz Mola nos trae un poemario personal, con un lenguaje muy cuidado, sencillo en la mayoría de sus versos (sencillo el lenguaje empleado), pero con un punto más de cultismo, de elaboración, de conocimiento. Para mí, un lenguaje muy bien medido y compensado. Su primer poemario publicado, y vaya forma de entrar en este mundo tan complicado. Con un premio más que merecido y, sobre todo, con una poesía de calidad, de emoción, de rasguño y de caricia. Además, estoy seguro, una poesía que llega desde el estudio, la lectura, la humildad y el respeto por el género. En definitiva, una mezcla de ingredientes muy bien seleccionados y cocinados con mano detallista y cuidadosa. 

No me cabe duda de que Díaz Mola dará mucho que hablar y ya os aseguro que leeré todo lo que escriba. Porque, sí, amigos y amigas, aquí hay un POETA.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El “nacimiento”: me alegra, y me alegra mucho, ver que sí hay poetas jóvenes a quienes se puede llamar poetas. Antonio Díaz Mola lo es. Este libro es la prueba evidente. Y, además, es un tío muy majo, muy cercano, muy humilde y muy agradecido, y eso, como sabréis, no es lo habitual y es algo que siempre suma.

La “inclusión”: es una sorpresa descubrir a un autor y, después de leerlo, contactar por redes (algo bueno tienen) y crear cierta relación de amistad o, al menos, una unión en lo literario. Con Antonio, como me ha pasado con Raquel Lanseros, Pedro Mañas o Beatriz Osés, me quedo ya para siempre. ¿Será que ser buena gente suma a la hora de escribir bien?

El tema: a mí, que no me suele gustar nada la poesía mística, esta apostasía me ha parecido (disculpad el término), una bendición. Sin faltar al respeto de quien sí cree (solo faltaba), el poemario transcurre a lo largo de una puesta en duda de algunos dogmas cristianos, de ciertos imperativos y determinadas obligaciones. Muy bien escogido (el título, además, es una maravilla) y muy bien resuelto.

El premio: que se premie a un autor que no había publicado antes y comprobar que no ha sido por méritos ajenos ni digitales, sino por su propia valía, es muy de agradecer. Por premios así, seguimos teniendo la oportunidad de descubrir a nuevos poetas como el que nos ocupa.

La edición: no voy a descubrir nada nuevo, pero la edición de Pre-textos es una preciosidad. Ese color vino tinto y esa textura de la cubierta, sumado a un interior muy bien cuidado, nos regala un libro muy bonito por dentro y por fuera.

Lo que más me ha gustado: creo que me quedo con esa felicidad que me da que hay poetas jóvenes que beben de la tradición y los maestros y que escriben con mimo, oficio y humildad. Del mismo modo que critico a esos escritores “wonderfulizados”, creo que es obligación poner donde se merecen a autores como Antonio Díaz Mola. Os traigo algunos de los versos que más me han gustado:

De “Dios”:

“Todos los dioses siguen siendo iguales.

No han cambiado, no es tiempo de tal cosa

y cuentan el sermón desde la cima”.

De “Confesión”

“Tenemos una vida por delante

y, si me apuras,

una muerte constante en darnos calma”.

Si queréis conocer más, el libro es una MA-RA-VI-LLA (qué bien leo últimamente) y os recomiendo a todos haceros con él, ya me lo agradeceréis.

Lo que menos me ha gustado: la única pega que le pongo, por decir algo, es que no será un libro fácil de encontrar en librerías, que le costará mucho hacer buenas ventas porque no es un libro comercial ni lo ha escrito un autor mediático. Eso, ya sabéis, me da mucha rabia. Porque poemarios así tendrían que estar en las secciones de poesía del mayor número posible de librerías. 

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Ahí es donde imagino el principio

del lenguaje: querer nombrara el mundo

en un poema al filo del silencio”.

 “No habrá más paraíso que el paisaje”, Antonio Díaz Mola

Crítica: Kitchen, Banana Yoshimoto

Título: Kitchen

Autor: Banana Yoshimoto

Editorial: Tusquets

No sé por qué he tardado tanto en adentrarme más en la literatura oriental, pero, supongo, lo que cuenta es que, por fin, lo he hecho. Qué bien que no me he limitado solo a Murakami, porque estoy descubriendo verdaderas joyas.

Este “Kitchen” fue un regalo (otro) de Laura, la excepcional librera de “Amapolas en octubre” (escritora, también). Una mañana de paseo (una de las mejores medicinas que estoy auto-administrándome en esta etapa), quise hacerle una visita. “¿Qué te apetece”, me dijo. “ “Estoy completamente en modo oriental”, respondí. Me dio dos libros. “Territorio de luz”, de Yuko Tsushima (lo leeréen breve) y “Kitchen”. “Es maravilloso”, añadió. Como siempre, no lo dudé. Pocas libreras recomiendan tan bien como esta vendedora de amapolas y sueños. No me equivoqué. No se equivocó. Es absolutamente maravilloso.

El libro se compone de dos relatos. El primero, “Kitchen” es precioso y tiene tres protagonistas de los que es imposible no enamorarse. El segundo, “Moonlight shadow”, que no comprendí muy bien porque no fui consciente hasta que llevaba varias páginas de que el libro contenía dos relatos diferentes, lo es más aún. Más breve, más intenso y, sí, más precioso. Pocas veces un libro me ha emocionado hasta la lágrima, y este lo ha conseguido. También es verdad que toca un tema, el de la muerte de un ser querido, que me arrastra, pero qué bien lo trata. Qué forma más delicada tienen los autores orientales de hablar de la muerte. Un aprendizaje, desde luego.

Banana Yoshimoto no la conocía. Ya os digo que estoy empezando a interesarme más por descubrir autores orientales. Creo que la lectura, al menos para quienes leemos mucho, va por etapas. Que lo que disfrutábamos mucho hace unos meses no nos satisface tanto tiempo ahora. Que algo que no nos apetecía nada antes nos acaba obsesionando y buscamos leerlo todo lo posible. Que volvemos a eso que dejamos. Que dejamos eso a lo que habíamos vuelto. Yo soy muy de obedecerme en todo lo que puedo, y, si el cuerpo me pide literatura oriental, es justo lo que le voy a dar.

Por el momento, he leído, del tirón, a Aki Shimazaki, a Kim Thúy y a Banana Yoshimoto, y tengo esperando el que mencioné antes de Yuko Tsushima y otro de Thúy (autora vietnamita que me enamoró desde la primera palabra suya que leí). Y seguiré en esta línea hasta que se me rasguen los ojos, porque me está encantando.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El tema: no es un secreto que me gusta leer sobre la tristeza, sobre el dolor, sobre la muerte… Sobre temas que me sacudan, que me emocionen, que me hielen. La forma en que tienen los autores orientales de tratar la muerte es única. Lo bonito que escriben, el estilo tan cuidado que tienen y esa cultura que tanto me atrae hacen que sea sano leerlos, casi terapéutico. Para mí, lo ha sido. He visto a mi madre en cada página que he leído, y eso es un auténtico regalo.

La extensión: también estoy en un momento en el que no me apetece leer libros demasiado extensos. La extensión de estos dos relatos es perfecta. Casi son fábulas. Justo lo que necesitaba. 

La esencia japonesa: esto también lo sabéis ya. Sabéis que la cultura (y la literatura) japonesa me atraen muchísimo, y esta historia es muy, muy japonesa.

El lenguaje: como los buenos autores japoneses, Banana Yoshimito hace un uso precioso del lenguaje. Cuidado en las descripciones y en los diálogos. Poético. Genial.

La puntuación: esto puede ser algo un tanto trivial para algunos, pero yo soy muy, muy, muy pesado con la puntuación al escribir. Sobre todo, con las comas. Y esta traducción está muy bien puntuada, con todas las comas en su sitio, y eso me hace muy feliz.

Lo que más me ha gustado: claramente, haber podido revivir a mi madre a lo largo de todo el relato “Moonlight shadow”, para mí, mucho más potente que el propio “Kitchen”, que da título al libro. Qué regalo más bonito…

Lo que menos me ha gustado: por decir algo, el formato. No me gusta mucho leer en bolsillo, y es una edición funcional, pero nada bonita. 

Mi sensación final es que estoy encantado de poder disfrutar de estos autores tan lejanos en lo físico como en lo cultural, pero tan próximos en lo poético y lo literario. A ver lo que me dura esta “fiebre”, pero, el tiempo que dure, leeré y leeré libros que vengan de ellos y ellas, porque es una MA-RA-VI-LLA

“Mi manera de actuar, al enamorarme, siempre ha sido la misma: atravesar un sitio corriendo muy deprisa”.

Banana Yoshimoto, Kitchen

Crítica: Ru

Título: Ru

Autor: Kim Thúy

Editorial: Periférica

¿Estoy enamorado de Periférica? Sí. ¿Estoy enamorado de la literatura oriental? También. ¿Me he enamorado perdidamente de Kim Thúy y voy a leer todo lo que escriba? Sin duda.

Así que, sí. De nuevo… MA-RA-VI-LLA.

Cuánto me gusta cuando mi intuición acierta con un libro… Este lo compré “de rebote”. Fui en busca de “Hozuki, la librería de Mitsuko” (ya sabéis lo que me encantó) y, mirando y mirando, apareció esta preciosidad. Vale que los ojos se me suelen ir a las editoriales que me gustan y que el rojo de Periférica es muy atrayente, pero tuve otros tantos en las manos y, saber nada de este libro, me decanté por él. Y qué acierto, amigos y amigas. Qué gran acierto.

La forma de escribir de Kim Thúy (mi primera incursión en la literatura vietnamita) es espectacular. Directa. Perfectamente estructurada dentro de su peculiar desestructuración. Y, sobre todo, tan, tan, tan poética que se te va agarrando a las venas para estrujarlas, abrazarlas, acariciarlas, arañarlas… Tan poética que te hace sentir todo lo que se propone como si lo estuvieras viviendo en primera persona. Qué difícil es que la “incursión” de un género en otro funcione, pero qué bonito es cuando lo consigue. Enamorado de la poesía, como bien sabéis, este híbrido (quizá, sin pretenderlo) entre lo novelado y lo poético es una verdadera delicia.

Para que os hagáis una idea (aunque he compartido algunos fragmentos en Instagram), os dejo el tercer párrafo de esta historia:

“Nací a la sombra de esos cielos adornados con fuegos artificiales, decorados con guirnaldas luminosas, recorridos por cohetes y bengalas. Mi nacimiento tenía la misión de reemplazar las vidas perdidas. Mi vida tenía el deber de continuar la de mi madre”.

¿No os parece de una belleza extraordinaria?

Como digo, no había leído aún a autores vietnamitas, pero ya os aseguro que buscaré leer a muchos más. Por lo pronto, todo lo que encuentre de Thúy lo voy a leer, empezando por “Ma” (me lo ha traído San Valentín), una historia que me llama muchísimo la atención. Qué poder tiene la literatura, que te hace viajar en la distancia, enamorarte de un país o una cultura sin conocerlas más que de lejos, querer saber más sobre eso que acabas de conocer de una forma tan etérea como pura. Ay, qué feliz soy cuando leo una buena historia…

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El lenguaje: con una forma tan preciosa de narrar, la autora es capaz de hablarnos de la guerra, de la muerte, de la prostitución, del horror y de otros temas dolorosos con una delicadeza tan cuidada que resulta, incluso, agradable. Entendedme. El dolor está, y lo narra de forma cruda, pero está tan bien contado que resulta casi dulce, aunque nos atrape la tristeza. Esa es la magia de la buena literatura.

La estructura: narrado en primera persona, con fragmentos cortos (nunca más de un par de páginas) que nos permiten respirar entre las distintas vivencias que se cuentan, la lectura es muy cómoda, muy agradable y muy satisfactoria. Puede parecer que la autora escribe a saltos, que no sigue un hilo centímetro a centímetro, pero el hilo sigue, aunque tengamos que ir tirando de él para mantenerlo firme. En mi opinión, una estructura perfecta (y difícil de conseguir). 

El descubrimiento: en este momento lector en la que estoy de acercamiento a la literatura oriental, me hace muy feliz salir de Japón (que es lo que había leído hasta ahora), “visitar” nuevos países y descubrir a otros autores y autoras, como Kim Thúy, de quienes no quiera soltarme.

La historia: la historia de este libro es la historia de la autora. Su vida. Su viaje. Su sangre, sus heridas, sus sonrisas y sus lágrimas. Y, amigos, qué historia más bonita…

Lo que más me ha gustado: me ha gustado absolutamente todo, pero, si tengo que destacar algo, sería el lenguaje. Encontrar un lenguaje tan poético en una novela que encaje tan bien y que sea tan humano es un lujo. Un diez, sin duda.

Lo que menos me ha gustado: no le puedo poner ni un pero. Es, en mi opinión, un libro sobresaliente. Único. Incomparable. 

Mi sensación final es que lo leeré más veces, aunque sea algunos fragmentos. Esa estructura tan particular y ese lenguaje que me ha enamorado dan esa facilidad e invitan a hacerlo. Y esto no suele ocurrir con las novelas, pero esta no es una novela al uso. Sino una poesía hecha novela. Lo recomendaré, lo regalaré y, como digo, lo releeré. Qué feliz me ha hecho este descubrimiento. 

“La vida es un combate donde la tristeza implica la derrota”.

Kim Thúy, Ru

Crítica: En la quietud del tiempo (antología poética)

Título: En la quietud del tiempo (antología poética)

Autor: Pablo García Baena

Editorial: Renacimiento

El día que decidí hacerme con “El libro de Lilit”, de Guadalupe Grande (preciosidad de poemario), tuve que hacerlo directamente en la web de Renacimiento. Como había un mínimo para tener los gastos de envío gratis, le pregunté, una vez más, a esa voz que me recomienda a determinados poetas. Me dijo “Pablo García Baena es un poeta al que tienes que leer”. Y, como siempre, le hice caso.

Y, sí. Era un poeta al que tenía que leer. Pero, no. No me ha vuelto loco como otros y otras a quienes he leído, orientado por esa voz. 

No digo que no me haya gustado. Ni se me ocurre decir que no es un buen poeta. La calidad de la poesía de García Baena es incuestionable. Su oficio poético es descomunal. Tiene un dominio del lenguaje y una capacidad de crear imágenes poéticas con un léxico casi infinito que pocas veces he visto. Pero, no. No ha terminado de encantarme, y creo que ha habido varios motivos.

En primer lugar, me ha parecido una poesía (me duele decirlo) algo antigua, desfasada, con demasiados términos algo rebuscados… Seguramente, el fallo es mío, por tener un léxico muchísimo más reducido que poetas de la talla de García Baena (Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1984, entre otros galardones), pero encontrar tantas palabras tan poco comunes me hace perderme un poco en la lectura y me saca del poema. Por poneros un ejemplo, este verso: “y el coturno falaz de la guardarropía”. Me gusta más la poesía con palabras que se usan en el día a día.

También, la tendencia a usar términos de plantas, animales y naturaleza de forma tan constante me aburre un poco. Alguna referencia me gusta, pero encontrarme poemas con tanto jazmín, tanta buganvilla, juncos, tanto jardín y tanto bosque… Se me atraganta. Y hay muchas de esas referencias así a lo largo de la poesía de Pablo García Baena: “lleno de leves malvas y azules nomeolvides/que gotean, en guirnaldas de trinos, del pico de los pájaros;/un jardín con caballos de mármol y verdina/que se encabritan al sentir la brida tibia de la primavera,/aplastando el corazón morado de los heliotropos”. Bonito, sí, muy bien elaborado, pero no es el tipo de poesía que me gusta leer.

Por último, en esta antología (bastante extensa), se incluyen muchos poemas dedicados a distintas personas. Esos poemas, salvo algunos muy concretos, no me gustan. No me gustan porque, para mí, lo mejor de leer poesía es poder sentirme identificado en las emociones y vivencias del poeta, y saber que ese poema ha sido escrito de manera explícita para alguien me arranca esa posibilidad. Lo mismo me ocurre con los poemas sobre lugares (ciudades, plazas, parques, pueblos…). No me suelen gustar en absoluto.

Por último, hay muchos (demasiados, para mí) poemas muy largos, que dan vueltas y se enredan en imágenes que me han hecho perder el hilo principal del poema.

Seguro que estos “problemas” se deben más a mí que a la propia poesía recogida en este libro. No quiero, ni por un segundo, que se piense que me veo capaz de argumentar en contra de un poeta de este calibre. Tan solo vuelco mi opinión sobre lo que me ha parecido su poesía, lo que he sentido al leerla, y la comparto con vosotros y vosotras.

Dicho esto, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

Conocer a un nuevo poeta: siempre es algo positivo leer por primera vez a un (buen) poeta. El aprendizaje que hay detrás de la lectura de poesía no tiene precio, y Pablo, aunque no sea un poeta que me encante, es un muy buen poeta, y hay que aprender de los maestros.

La edición: no son muchas las antologías poéticas con ediciones tan acertadas como esta. Muchas nos ofrecen poemas apelotonados, uno debajo del anterior, con tipografías minúsculas… Y esas ediciones me agobian mucho. Este es un libro bastante grande para tratarse de un poemario, pero, en mi opinión, es un acierto enorme.  

Lo que más me ha gustado: sin desmerecer que me ha gustado mucho descubrir la poesía de García Baena, se queda en mí una sensación que no he tenido muchas veces. Es más, dentro de esas veces que la he tenido, esta ha sido la mejor de todas. El sonido que se ha producido a lo largo de la lectura al pasar las páginas y, sobre todo, el olor de este libro han sido dos detalles que me han enamorado cada vez que lo abría. No sé si vais a creerme, pero el libro huele a tierra mojada tras la lluvia (a petricor, que es un nombre feísimo), y ese es, precisamente, uno de mis olores preferidos. Quizás os parezca absurdo comentarlo, pero de verdad que me ha sorprendido mucho y ha sudo muy, muy agradable.

Lo que menos me ha gustado: creo que lo he dejado bastante claro al hablar del libro, pero toda esa terminología tan fuera del lenguaje que se usa normalmente me ha impedido disfrutar como esperaba de este poeta.

¿Conocéis al autor? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

¡Un abrazo!

“Qué huellas de otros labios revives en mi boca”.

 Pablo García Baena 

Crítica: Hôzuki, la librería de Mitsuko

Título: Hôzuki, la librería de Mitsuko

Autor: Aki Shimazaki

Editorial: Nórdica

Sí, sí y sí. MARAVILLA. Qué bien he elegido esta vez, después de la desilusión de mi última lectura. 

Por si os ayuda a encontrar lecturas (y creo que esto ya lo he comentado alguna vez), tengo en Instagram una carpeta donde guardo esos libros que me voy encontrando y me llaman la atención. Este, desde que lo vi, se vino a esa carpeta. Y qué bueno el momento en que esa publicación se me cruzó, porque… Insisto, qué preciosidad de libro.

Solo el título fue más que suficiente para convencerme, ya sabéis que me encantan los libros que ocurren en librerías. Que la autora sea japonesa, con lo que me gusta la literatura nipona. Esa portada tan bonita, con la garantía, además, de Nórdica. Y una primera frase que no desvelo aún porque la dejo para la cita del final de la entrada y que me terminó de asegurar que tenía que llevármelo a casa. No podía fallar.

Qué historia más bonita. Qué estilo más bonito (a pesar de la sobriedad de los novelistas japoneses). Qué personajes más impecables. Qué escenarios, donde destacan la librería y esos paisajes nevados. Qué de pequeñas sorpresas que se van desvelando a lo largo de las páginas y que mantienen un ritmo perfecto. Y qué final tan bien atado, tan circular, tan mágico.

Me lo empecé anoche, en la cama, y lo he terminado hoy, con el café de después de comer (y eso que tenía trabajo que hacer). A esto me refiero cuando digo que no hace falta alargar una historia sin más sentido que acumular páginas y que, en ocasiones, es negativo hacerlo. Que una buena historia necesita las palabras justas. Y que existen, como es el caso, libros breves que se leen en unas pocas horas y que son auténticasjoyas.

No será el último libro que lea de esta autora, os lo puedo asegurar.

Dicho esto, ahí voy con mi análisis.

Puntos fuertes:

El disfrute: como sabéis, venía de leer aburrido, forzando la lectura… Leer este libro ha sido un auténtico disfrute, desde que lo hojeé en la librería hasta que lo he terminado en el sofá con el sabor del café, pasando por el rato que leí metido en la cama. Cómo me gusta encontrar libros así y disfrutarlos tanto…

Los personajes: pocos, los justos, pero muy bien planteados. Cada uno, incluido Sócrates, el gato, con su importancia y su esencia y personalidad bien marcadas. Si uno solo de ellos fallara, la historia se quedaría a medias. Qué bien traídos, de verdad. 

La cultura japonesa: presente, muy presente, como en todo buen libro japonés. Me sigue atrayendo cada vez más este país y esta cultura y, hasta que pueda ir, tendré que conformarme con su literatura, que también me gusta cada vez más.

Descubrir una nueva autora: no llega muchísima literatura japonesa a España (esa es mi sensación, al menos, quizá tenga que investigar más), así que es un lujo saber que los libros de Aki Shimazaki están por ahí, esperándome.

Que aparezca Madrid: en realidad, es un detalle trivial, pero me ha hecho mucha ilusión que aparezca mi ciudad en una historia tan lejana en la distancia.

Lo que más me ha gustado: todo, de verdad. Os aseguro que me he quedado con una sensación maravillosa después de leerlo. Qué bonito es leer bonito.

Lo que menos me ha gustado: no haberlo leído con la nevada de hace unas semanas, porque el entorno habría ayudado (creo) a que me hubiese gustado aún más.

Mi sensación final es que lo voy a recomendar y regalar todo lo que pueda, porque quiero compartir esa sensación de la que os hablo. Os animo a buscarlo y a leerlo. Es una verdadera joya. 

“Coloco en el escaparate unos libros de ocasión que acabo de comprar. Son más o menos las cuatro de la tarde y empiezan a caer copos de nieve”.

Aki Shimazaki, Hôzuki, la librería de Mitsuko

Crítica: El aroma de los libros

Título: El aroma de los libros

Autor: Desy Icardi

Editorial: AdN

En cuanto supe de este libro, me llamó la atención. La portada es preciosa. El título es muy bonito. Habla de libros. Las frases en la contracubierta presentaban un libro maravilloso… No lo he podido terminar.

De verdad que lo he intentado. Que lo empecé con muchas ganas. Que la historia pintaba muy bien, muy original y parecía que los libros iban a ser tratados de una forma distinta (por eso del aroma). He llegado a un poco menos de la mitad y, aburrido como una ostra cada vez que me ponía a leerlo, lo he dejado ahí. Si abres un libro sabiendo que te vas a aburrir, solo esperando a que, de una vez, pase algo que te atrape (y llevas ya unas cuantas páginas), la lectura se vuelve un suplicio, y eso no puede ser.

Está bien escrito, sí. Ese no es el problema. El problema, para mí, ha sido que es muy (muy, muy) lento y muy aburrido. No engancha. La forma de intercalar las distintas historias que cuenta se hace muy pesada y dificulta mucho el ritmo de lectura. No tiene unos personajes fuertes que te hagan querer saber lo que les ocurre. Y, lo peor de todo, el punto de fuerte del libro, el de ese aroma de los libros, está tan mal resuelto que no es creíble (sabiendo que es un episodio propio de la fantasía). Además, sigo pensando que, muchas veces, se alargan los libros sin ningún sentido y te encuentras con historias larguísimas a las que les sobran la mitad de las páginas. Parece, también, que hay determinados libros que, por una u otra razón, hay que aupar desde las editoriales. Con este, si os soy sincero, he tenido esa sensación.

Por no alargarme mucho más en mi opinión (pongo el acento en la palabra opinión), voy con mi análisis de siempre. 

Puntos fuertes:

La portada: muy bonita y atrayente, tanto por la ilustración como por la tipografía, los colores…

El título: ahí es donde cometí (creo) el principal error. Vi la palabra “libros” y me vine arriba…

Lo que más me ha gustado: sintiéndolo mucho, he de decir que no puedo encontrar nada que me haya gustado tanto como para destacarlo.

Puntos débiles:

El ritmo: lentísimo. Además, como digo, el intercalar esas dos historias de esa forma lo enlentece aún más hasta hacerlo muy, muy denso.

El poco peso de los personajes: no me ha enganchado ninguno. Y hay unos cuantos…

El mal uso de una idea que podía ser buena: creo que la idea de que alguien pueda leer libros gracias al olfato es una buena idea, pero no me lo he creído nada. Es un punto de la fantasía, sí, pero, tal y como está estructurada y contada la historia, no me entra, no cuela, no puedo asumirla como parte de ella. Una pena, la verdad.

Lo que menos me ha gustado: que, en cierto modo (además del dinero), tengo la sensación de haber invertido un tiempo en algo que no merecía la pena. 

¿Alguien lo ha leído? ¿Qué opinión tenéis?

¡Un abrazo!

Crítica: El libro de Lilit

Título: El libro de Lilit

Autor: Guadalupe Grande 

Editorial: Renacimiento (Premio “Rafael Alberti” 1995)

Después de un tiempo buscando alguno de los libros publicados de Guadalupe Grande, al final me decidí a encargarlos al saber de su triste fallecimiento, el pasado 2 de enero.

Enamorado como estoy de la poesía de su madre, Francisca Aguirre, y con Félix Grande como padre (menudos genes), a Guadalupe tenía que leerla, y qué pena haber tardado tanto y, sobre todo, qué pena no haber hecho por conocerla, como sí conocí a sus padres.

Si os soy sincero, antes de este “Libro de Lilit” me hice con “Hotel para erizos”, pero alguien en quien confío a ciegas en esto de la poesía (quien se acaba de autoproclamar, no sin motivos, mi asesor literario) me dijo que este primer libro de Guadalupe era brutal. Como me conoce bien y sabe perfectamente la poesía que me gusta, le hice casi y, como siempre ocurre cuando lo hago, ha acertado de pleno.

Para continuar con la sinceridad, leí a Guadalupe con algo de miedo. Ser poeta siendo la hija, ni más ni menos, que de dos poetas de la talla de Paca y Félix (“Premio Nacional de las Letras” y “Premio Nacional de Poesía”, respectivamente y entre otros muchos galardones) no tiene que ser sencillo. Las comparaciones surgen siempre, en estos casos, y yo no quería caer en ese error. Cada poeta es solo suyo (si es de los buenos). Y Guadalupe es suya, muy suya, como muy suyos fueron sus padres.

Dicho todo esto, qué poemario, amigos y amigas. Qué absoluta maravilla. Qué complicado es (al menos, a mí me lo resulta) poemarios que te encrespen la piel de esta forma, que te leas de corrido porque te atrapan, que se disfruten tanto… De pocos, muy pocos libros de poesía puedo decir que me hayan gustado por completo. “Ítaca”, “Los trescientos escalones”, “Toco la tierra”, “La paternidad de Darth Vader”, “Solo tu nombre es mi enemigo” o las antologías “A las órdenes del viento”, “Pecábamos como ángeles” o“El ojo de la mujer” son algunos ejemplos. Solo poetas como Manuel Francisco Reina, la propia Paca AguirreÁngela Figuera AymerichRaquel LanserosGloria Fuertes o Gioconda Belli me dejan sin palabras y me hace leer y releer los mismos poemas una vez tras otra. En ese grupo se han colado Guadalupe Grande y “El libro de Lilit”. Y, por el momento, no devolveré el libro a la estantería, porque lo quiero releer ya mismo.

Sin enrollarme mucho más, voy con mi análisis con lo que más y lo que menos me ha gustado del libro.

Puntos fuertes:

El descubrimiento: qué fácil y qué difícil, al mismo tiempo, tenía Guadalupe Grande ser una buena poeta, pero lo consiguió. Con creces. Su voz se separa de la de sus padres y se hace gigante. Qué mérito más enorme.

El tema: si habéis leído mis reseñas de poemarios y algo de la poesía que escribo, sabréis que la que más me gusta es la que duele. La poesía triste, la que brota de las entrañas, la que nace después de un desamor, una pérdida, una desilusión o algo que haya removido las tripas del poeta. El tema que se trata en este libro es uno de esos, y qué forma más brillante de expresar ese dolor, compartirlo y, casi con total seguridad, deshacerse un poco de él.

Lo que más me ha gustado: el libro en sí, al completo. Saber que, siempre que necesite volver a estos versos, Guadalupe y Lilit me estarán esperando.

Lo que menos me ha gustado: como he dicho antes, no haberla descubierto antes y haber podido hablar con ella sobre poesía, sobre sus padres y sobre la vida. 

¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?

* Si lo queréis adquirir, en la propia página de Renacimiento lo encontraréis sin problema y, además, a un muy buen precio (que conste que no se trata de una colaboración y compré, junto a “En la quietud del tiempo”, de Pablo García Baena, este libro).

¡Un abrazo!

“Durante un tiempo estuve muerta

como una crisálida guardada en un cajón de cartón,

detenida en el umbral, olvidada del gusano y de la mariposa.

instante perpetuo, cómo duele despertar de tu sosegada indiferencia,

de tu dócil y atónita bondad”.

 “Oficio de crisálida”, Guadalupe Grande

Crítica: Flores para la señora Harris

Título: Flores para la señora Harris

Autor: Paul Gallico

Editorial: Alba

¿Os acordáis de María, mi genial vecina de al lado? Ha vuelto a la carga con más libros prestados, así que esta reseña es gracias a ella.

Como iba a tener que viajar en metro, gracias al desastre que hizo en Madrid Filomena, le pedí este libro, que ya me había recomendado y que era ligero, “buenrollista” y finito. Desde luego, ha cumplido su misión: entretenerme en esos viajes.

La historia, desde luego, promete: una señora de la limpieza londinense cuyo mayor deseo es ir a la tienda de Christian Dior de París y comprarse un vestido. ¿No os parece un argumento genial para un libro?

Sin haceros esperar más, os diré que sí. Me ha parecido un buen libro. Feelgood total, que se agradece, en los tiempos que corren. Una historia breve, bonita, con Londres (ya sabéis mi enamoramiento absoluto) y París (que me encanta, también) como los pilares sobre los que se sustenta y con otro pilar más que también me ha enamorado, casi a primera vista: la señora Harris. Es imposible no morir de amor con esta mujer humilde, chapada a la antigua, trabajadora al máximo… y, sobre todo, tan soñadora. Es, sin duda, uno de esos personajes que se te queda en el corazón para siempre.

Por lo demás, sí quiero hacer algunos apuntes. Ha habido varios momentos que se me han hecho un poco pesados. He tenido la sensación, en algunos fragmentos, de que estaban metidos con calzador para explicar una parte de la historia y, para ser un libro bastante breve, se me ha hecho algo largo… 

Aun así, como ya he dicho, me ha parecido una historia bonita que nos deja el corazón un poco más blandito. Recomendado si os gusta el feelgood y si os apetece conocer a esta peculiar y maravillosa protagonista.

Dicho esto, paso a mi análisis:

Puntos fuertes:

El formato: que venga de María, que me lo prestara con esa ilusión de estar compartiendo conmigo un trocito de felicidad y que, además, esta señora Harris haya traído buenas noticias…

Los escenarios: Londres París. Nada más que añadir salvo un (qué ganas de viajar).

La bondad: justo en esta situación que nos está tocando vivir, pensar que hay personas bondadosas, generosas y dispuestas a alegrar las vidas de los demás es un hecho a recalcar.

La lucha por los sueños: siempre que hablo de este tema (y lo he hablado hace muy poco con una de mis mejores amigas) lo hago en los mismos términos. Creo con firmeza que hay que luchar por los sueños y hacer todo lo que esté en nuestras manos para alcanzarlos, pero sin despegar los pies de la tierra. Hay muchos, muchísimos casos de personas que se “estrellan” por haberse planteado metas inalcanzables o por haber dejado todo lo demás para correr hacia algo inasible. En mi opinión, en un error. Siempre que se tenga uno de esos sueños es mucho más fácil si se tienen en cuenta dos aspectos: el primero, saber si es realista y realizable; el segundo, no hacer que nuestra vida dependa única y exclusivamente de lograr ese sueño. Justo como hace la señora Harris, un ejemplo hasta para esto.

Lo que más me ha gustado: como he recalcado, la protagonista. Sus diálogos, su inocencia, su sencillez, la fuerza con la que lucha por conseguir su sueño, el poso que deja en las personas que la conocen… Ojalá(como dice mi vecina María) hubiera muchas más señoras Harris en el mundo. Sería un mundo mucho más bonito.

Lo que menos me ha gustado: esas partes un poco más densas que me han sobrado, aunque no han sido muchas y son llevaderas.

Mi sensación final es que es un libro bonito, sencillo, muy apropiado para desatancar bloqueos lectores o para intercalar entre lecturas más densas o extensasY, sobre todo, un libro recomendable si queréis hacer una nueva amiga literaria y terminar con una sonrisa.

“Si una persona quiere algo con la fuerza suficiente, siempre hay formas de conseguirlo”.

Flores para la señora Harris