Lee, lee y lee… Escribe, escribe y escribe

La entrada de esta semana es especial por dos motivos. En primer lugar, como habréis notado, hoy es martes y no miércoles, como es habitual. Por otra, va a ser muy breve porque lo que quiero que leáis está en otro sitio.

De vez en cuando, aparecen personas que, generosa y desinteresadamente, te tienden la mano para ofrecerte su ayuda. Es lo que ha ocurrido con las chicas de Boolino, que se pusieron en contacto conmigo para preguntarme si me gustaría escribir algo para su maravilloso espacio. Si no lo conocéis, merece la pena «darse una vuelta» por él, ya que encontraréis multitud de entrevistas a autores, ilustradores y demás personas relacionadas con la literatura, artículos sobre literatura y/o educación (como es mi caso), recomendaciones de lecturas… Sobre todo si sois profes o si tenéis niños cerca, es una visita obligada.

Los que seguís mi blog veréis que es un artículo muy en relación con lo que he ido publicando, pero en un lugar en el que podré acercarme a mucha más gente, al menos por esta vez.

¡Espero que os guste!

http://www.boolino.com/es/blogboolino/item/68983

«Para las almas generosas todas las tareas son nobles».

Eurípides

Recuerdos con forma de letras

¿Qué libros recordáis de vuestra infancia? ¿Os leían cuentos antes de dormiros? ¿Son las letras parte de vuestros recuerdos?

Hay gente que no le da casi importancia, pero leer y ser leídos cuando somos pequeños es fundamental si queremos que tanto nuestra educación literaria como nuestros hábitos de lectura sean lo más positivos posible. Ese primer contacto con la literatura puede conseguir que un niño la vea como algo entretenido, algo divertido y, sobre todo, algo habitual. No solo es importante que los niños lean o que sus padres u otros familiares les lean. El simple hecho de ver que en casa se lee con asiduidad, saber y ver que hay libros en las estanterías, en las mesillas de noche o en los bolsos es otro aspecto que puede significar mucho en la idea que los niños se creen sobre la literatura.

Una de mis mayores suertes y uno de los motivos más importantes por los que puedo sonreír cada día son mis padres. Ya no es solo lo maravillosos que son (¡os quiero!), sino que siempre han estado en un contacto permanente con los libros y me han facilitado esa cercanía desde antes incluso de tener uso de razón. Recuerdo con un cariño inmenso cómo mi padre se acostaba en mi cama para inventarse cuentos sobre Mortadelo, Filemón y un pequeño ratón que siempre les robaba un bocadillo de queso. Pobre Mortadelo, siempre se llevaba todas las broncas. Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo y, aunque era muy pequeño, lo veo con claridad absoluta.

También recuerdo cómo me leían las «Nanas de la cebolla», uno de mis poemas preferidas, y cómo a partir de ese momento comencé a interesarme por la poesía hasta el punto de empezar a escribir algunos versos.

Libros por todas partes. Regalos. Préstamos. Compras. Recomendaciones. Mi casa siempre ha estado (y lo seguirá estando) llena de libros. Porque los libros son amor, son sonrisas, lágrimas… Son sentimientos compartidos, aventuras vividas, viajes realizados… ¿Por qué privarles de todo eso a los niños?

Pd. Gracias a Víctor por la fotografía 🙂

«Una casa sin libros es como una habitación sin ventanas».

Heinrich Mann