Crítica: Los ángeles de la ira

Título: Los ángeles de la ira

Autora: Juana Pinés

Editorial: Versátil

Premio Provincia de Guadalajara de Narrativa “Camilo José Cela” 2021

El año que gané el “José Antonio Ochaíta”, 2021, en poesía, Juana Pinés ganó con este libro en narrativa, haciéndose con el “Camilo José Cela”.

Coincidimos en el autobús que nos llevó a Cogolludo, al Palacio de los Duques de Medinaceli, donde se concedieron los premios, pero hablamos más bien poco.

Cuando gané el “Ciega de Manzanares”, Juana me escribió un mensaje por Instagram donde me preguntaba si me acordaba de ella y me decía que ella era (es) de Manzanares, así que el círculo se cerraba. Cruzamos varios mensajes y decidimos intercambiar algunos de nuestros libros por correos. Yo le envié mis dos poemarios publicados hasta la fecha (Escrito bajo las uñas y Hogares impropios) y ella, su poemario Es tuya la palabra y esta novela, Los ángeles de la ira.

Como últimamente no estoy leyendo mucha poesía (se me acumulan los libros, porque de comprar y recibir por varios sitios no paro), empecé por la novela. 

qué preciosidad de novela.

La historia, aunque dura (muy dura) es una delicia y está tan, tan, tan bien narrada, con tanta dulzura, con tanta delicadeza y con un cuidado del lenguaje propio de poetas que, a pesar de esa dureza, es imposible no contagiarse de ternura. Los personajes, tallados como si fueran figuras de bronce en manos de un escultor experto, hacen muy fácil que podamos identificarnos con ellos, quererlos, odiarlos, sentir hacia ellos lo que ocurre con las personas de carne y hueso. Del primero al último, qué personajes tan bien creados.

Por otra parte, ocurren con esta novela dos cosas fortuitas que han hecho que me gustara aún más.

La primera, a pocos meses ya de que se publiquen mis “Alas para los ángeles”, en el título del libro de Juana aparecen, también, esos ángeles, empeñados en seguir persiguiéndome.

La segunda (y más importante) es que el costumbrismo manchego de la novela ha hecho que recuerde mucho a mi abuela paterna (de Almagro, como mi padre), su forma de hablar, el encaje de bolillos, la cocina… y, de la misma forma, a mis tías, a quienes escuchaba mientras leía los diálogos, pues el acento de los personajes del libro y el de ellas debe de ser el mismo.

No sé a vosotros, pero a mí, cuando suceden estas conexiones, se me ilumina la cara. 

Qué maravilloso es leer. Qué maravillosa es la literatura.

De verdad os digo (sabéis que soy sincero cuando reseño) que es una muy buena novela, sin el eco de los grandes premios (en otras cosas distintas a la calidad de lo premiado), pero con una maestría en la elaboración de todos los aspectos necesarios en la narrativa y con una historia tan magnética que merece cada segundo invertido en su lectura. Hacedme caso.

Lo que más me ha gustado: podría hablar de la historia, de los personajes, del lenguaje… pero, la verdad, me quedo con esa conexión con mi abuela y mis tías, porque eso es único.

Lo que menos me ha gustado: el regusto amargo que queda al saber que puedan existir personas que hayan tenido que pasar por situaciones como la que se cuenta en el libro, porque es doloroso para todos los que hacemos de la empatía forma de vida.

“Y, una vez más, pensé en lo sola que a veces puede estar la soledad”.

Juana Pinés

Crítica: El expreso de Tokio

Título: El expreso de Tokio

Autora: Seicho Matsumoto

Editorial: Libros del Asteroide

En cuanto leí mi primer Matsumoto, quise más, así que fui corriendo a hacerme con un nuevo libro suyo.

Hacía mucho que no había leído libros de este género (negro) que me tuvieran tan en vilo, que me obligaran a seguir leyendo sin poder parar como los de este autor. Si el primer libro que leí suyo me encantó, este ha sido la confirmación de que voy a leer todo lo que saque, sin ninguna duda.

Con el mismo estilo, con ese crescendo que no deja tiempo para respirar, esta historia es de una minuciosidad tan rigurosa que, para mí, se ha convertido en un libro clave del género, en una de las obras de referencia de la novela negra contemporánea.

Matsumoto convierte hechos cotidianos, historias mundanas en crímenes tan curiosos, tan fuera de lo común y tan bien resueltos que engancharse a la lectura es algo obligado, una trampa perfectamente ideada para que el lector no pueda salir de ella hasta leer la última palabra.

Este expreso de Tokio es una maravilla, una auténtica delicia que los amantes de la novela negra no podemos dejar pasar y que, estoy seguro, todos y todas disfrutaréis si lo leéis.

Yo tengo muy claro que, cuando tenga que regalar libros de este género, iré directo a por Matsumoto, del mismo modo que también sé que pronto leeré los otros dos títulos suyos que Asteroide ha publicado.

Lo que más me ha gustado: lo minucioso de la historia, lo cuidado de los detalles, la exactitud de cada dato.

Lo que menos me ha gustado: libro de 10.

La noche del 13 de enero, Tatsuo Yasuda invitó a uno de sus clientes al restaurante Koyuki del distrito de Akasaka, en Tokio. Su invitado era un alto cargo ministerial”.

Seicho Matsumoto (primera frase del libro)

Crítica: Mi vida con Alberti. Para algo llegaste, Altair

Título: Mi vida con Alberti. Para algo llegaste, Altair.

Autora: María Asunción Mateo

Editorial: Almuzara (Berenice Contemporáneos)

Hay libros que son tan necesarios que uno se pregunta por qué han tardado tanto tiempo en escribirse. Libros que no aportan solo las bondades de la literatura, sino que van más allá, por diversos motivos.

Este es, sin duda, uno de esos libros.

María Asunción Mateo nos regala una delicia de historia, la suya, la de su vida con Alberti (y después de él), con una delicadeza y una pluma que están a la altura de la propia historia, porque, aunque algunos (a quienes se nombra) hayan intentado menospreciarla, María Asunción es una intelectual que, además, escribe como los ángeles, si se me permite el juego.

Tienen estas memorias algo que, en mi opinión, es el mayor de sus aciertos: el equilibrio. Podría haber caído en muchos errores, en ser demasiado “esto” o demasiado “lo otro”, en haber insistido más de la cuenta en determinados temas o en haber contado todo de una manera lineal que podría llevar al cansancio, pero ese equilibrio entre la vida de Alberti, las anécdotas, los sentimientos de la autora, la literatura, la crítica, los documentos y el tema (así lo veo yo) principal del libro, el amor, hacen que la lectura se haga con un apetito voraz, con ganas de adolescente.

Seguramente, conocer a María Asunción y quererla tanto como la quiero me hagan partir de una cierta (y reconocida) imparcialidad, pero en lo objetivo no flaqueo (lo sabréis si habéis leído algunas de mis reseñas menos positivas), y este libro, el libro del año en su género (sin dudarlo), no tiene ni una mínima arruga, ni un simple pero, ni un solo descuido.

Lo único que molesta/duele/indigna cuando se lee es no llegar a comprender cómo unas personas que han presumido de cariño y admiración por Alberti (una de las figuras, no nos olvidemos, más importantes de la literatura universal de todos los tiempos), incluso de su amistad, pueden ser tan mezquinas, tan dañinas, y mentir tanto y de forma tan descarada. No tendría que hacer falta que fuera así, pero, yo, que conozco a María Asunción y que he compartido con ellas ya bastantes conversaciones y momentos, os aseguro que no es solo que estuviera enamorada de Alberti mientras duró su relación, sino que lo sigue estando. Que su amor por Rafael ha sido (y es) para ella una luz inextinguible, y que siempre, siempre, siempre tiene palabras preciosas para hablar tanto de él como de María Teresa León, a quien también admira muchísimo.

Es difícil de digerir que personajes que se las dan de grandes poetas (y cuyos mayores méritos no han llegado en ningún caso de su poesía) puedan dirigir palabras y acusaciones tan graves (y tan falsas) como las que no han parado de volcar sobre María Asunción e, incluso, sobre Alberti, a quien han llegado a acusar de dejarse manipular, de no estar en plenas capacidades mentales al final de su vida (absurdo, no hay nada más que leer sus últimos escritos) o poco más que de baboso por haber estado con una mujer mucho más joven que él. Es el caso de Luis García Montero, el “cabecilla” de todo ese grupo de poetas que no han sabido hacerse un hueco con su poesía (ya lo decía el propio Alberti, que, como poetas, eran bastante poca cosa) y han necesitado convertirse en parásitos para sacar rédito de aquellos a quienes intentaron parasitar, ya se llamaran Rafael AlbertiÁngel GonzálezJoan Margarit o Almudena Grandes. Lo grave es que esta persona cope tantos espacios mediáticos y culturales, mucho más aún que dirija una institución tan importante como el Instituto Cervantes, cargo que, además de grande, le queda muy lejos por su desprecio a un referente cultural tan inmenso como el poeta porteño.

En el libro de María Asunción Mateo hay evidencias más que suficientes como para saber quién miente y quién no en esta historia, aunque cualquiera con dos dedos de frente sabrá que es algo cristalino. No obstante, si a alguien le quedara alguna duda al respecto, no tiene más que leer los artículos publicados en prensa de Manuel Francisco ReinaAnna CaballéRebeca ArgudoJuan Manuel de PradaLuis Alemany o las propias docentes del Cervantes, que dejan negro sobre blanco quién es ese señor que se definió a la perfección como el machista (y otras tantas cosas) que es con su artículo llamado “Feminismo manipulado”, un decálogo de maldad, mentira, machismo y envidia, dejándose una vez más en evidencia.

Saliendo de todo eso, y volviendo al libro, que es lo importante, “Mi vida con Alberti: Para algo llegaste, Altair” es de obligada lectura. Pocos libros hay que se hayan convertido en imprescindibles en tan poco tiempo, por justicia, por verdad, por valentía y, por encima de todo, por amor.

No dejéis de leerlo.

Lo que más me ha gustado: saber más de una persona a la que siempre he admirado, Alberti, y de otra a la que siempre he querido, María Asunción Mateo.

Lo que menos me ha gustado: del libro me gusta absolutamente todo. Quizá, por poner una queja, que algunas fotografías no se ven del todo bien, y es una pena.

“Donde mi corazón ha sido tu casa mientras tú seguías en la cumbre y yo en la orilla, esperándote siempre”.

María Asunción Mateo

Crítica: El Señor de las moscas

Título: El Señor de las moscas

Autor: William Golding

Editorial: Colección Millenium (El Mundo)

De vez en cuando, es necesario volver a los clásicos. Entre tanta novedad, tanto best-seller (en los que confío bastante poco) y tanta recomendación, siempre es bueno recuperar uno de esos libros universales. Volver a la raíz para comprender las ramas. Eso es lo que hice con este libro.

Me movió, también, que una muy buena amiga muy lectora me había dicho que era su libro favorito, así que, al verlo en casa de mi padre, y aunque la edición es terrorífica (es lo que tiene este tipo de colecciones), me lo traje a casa y ha sido mi última lectura.

Lo primero que he de decir (y que repetiré en “lo que menos me ha gustado”) es que me arrepiento muchísimo de no haberme leído este libro en mi adolescencia, cuando leí y disfruté una barbaridad de otros libros similares como “La isla del tesoro”. Ese habría sido el momento perfecto para leer a Golding.

Lo segundo, que no me ha encantado. No sé si ha sido por eso del momento en que lo he leído, porque es bastante previsible y de una crudeza algo sádica o porque esperaba mucho más, pero es una lectura que, aunque me ha gustado, me ha dejado más bien indiferente.

Quizás esperaba algo más de movimiento, algo más de aventura y menos diálogo (muy repetitivo, en mi opinión), pero me ha costado avanzar en la lectura y lo he terminado un poco por esa obligación, contraria a los principios de Rodari, que nos empuja a terminar un libro que hemos empezado.

Dicho esto, sí hay algunos puntos que destacar, como pueden ser algunos de los personajes (Piggy, Jack y Ralph están muy bien construidos), lo atractivo de la localización o el hecho de que sean niños quienes pongan voz a miserias humanas como el odio, la envidia, la maldad o la crueldad. Y, también (y, para mí, por encima de todo), destaca un lenguaje muy bien cuidado, poético en algunas ocasiones, que ha sido luz en momentos en los que leer era algo oscuro. Por ejemplo, hay frases tan bonitas como estas:

“Se sentía feliz y vestía la húmeda oscuridad del bosque como si fueran sus antiguas prendas”.

“Allá arriba, los cañones de las nubes volvieron a disparar”.

Por lo demás, ha sido una lectura que pasará más bien sin pena ni gloria en mi caso, aunque, insisto, creo que la habría disfrutado mucho más si la hubiera leído con unos trece años.

Lo que más me ha gustado: ese lenguaje tan metafórico, tan poético. La poesía (casi) siempre lo mejora todo.

Lo que menos me ha gustado: quedarme sin saber si me hubiera gustado tanto como “La isla del tesoro” si lo hubiera leído en mi adolescencia. 

“No había más luz que el fulgor de las estrellas”.

William Golding

Crítica: Nuestras riquezas (Una librería en Argel)

Título: Nuestras riquezas. Una librería en Argel.

Autora: Kaouther Adimi

Editorial: Libros del Asteroide

Premio Renaudot des Lycéens 2017

Prix du Style 2017

Hay en Málaga una librería“Mapas y compañía”, que es de visita obligadísima siempre que voy. Sin exagerar, una de las librerías más bonitas en las que he estado. Un desorden ordenado en el que es fantástico perderse, buscar libros, regalos, curiosidades… Y donde es difícil, muy difícil, encontrar una mala lectura.

Sucede, también, que hay una editorial“Libros del Asteroide”, que es una de las mejores editoriales que existen en España. La selección que hacen es espléndida (aún no he leído nada suyo que no me haya encantado) y la edición… Conmigo han conseguido algo muy complicado, y es que vaya buscando libros suyos en las siempre abarrotadas estanterías de las librerías. Muchas de esas veces que voy sin una idea concreta, me fío de sus vivos colores y, como digo, nunca fallo. Gracias a esa confianza, he descubierto libros que me han encantado y me he enamorado de autores que no conocía hasta encontrarlos en su catálogo. Este “Nuestras riquezas” se une a esa cada vez más extensa lista de aciertos.

Un libro sobre libros, sobre librerías, sobre libreros, sobre injusticia, sobre guerras, sobre dolor, sobre fortaleza, sobre mérito, sobre esfuerzo, sobre pasión, sobre resiliencia… Un viaje a Argelia (qué bonito es siempre viajar a través de los libros). Una mezcla de realidad y ficción para acercarnos a esa mítica librería, a su fundador, Edmond Charlot, y autores de la talla de Saint-Exupéry o Camus. Una prosa muy cuidada y una historia cuyo interés es incuestionable nos hacen conocer más de cerca las complicaciones que Charlot tuvo para tratar de sobreponerse con libros al horror, a la pobreza, a la guerra… y conseguir, al mismo tiempo (y casi por encima de él mismo), que los demás también puedan sobreponerse.

Una oportunidad única para conocer mejor la historia de Argelia, su cultura, su forma de vida. Un billete para viajar (“Mapas y compañía” se presenta como una librería de viajes) al continente vecino y perdernos por sus calles. Una lectura que recomiendo si, como a mí, os gustan los libros que hacen que amemos aún más la literatura.

Lo que más me ha gustado: no estoy tan acostumbrado a leer literatura de estas latitudes, así que ha sido una delicia poder hacerlo (además, como ya he dicho, de que es de esos libros que siempre me gusta leer).

Lo que menos me ha gustado: que quiero viajar, viajar y viajar… 

“La mañana de un útimo día es como un día de vergüenza”.

Kaouther Adimi

Crítica: La amaba

Título: La amaba

Autora: Anna Gavalda

Editorial: Seix Barral (Booket)

A veces (no muchas) pido a algunos amigos que me presten. Normalmente prefiero patearme alguna libreríay dejarme sorprender, pero, si me fío del gusto lector de alguien (como fue el caso), le pido que me deje alguna lectura que haya leído recientemente y le haya gustado. Esa fue la manera en que este libro llegó a mí.

Lo cierto es que no acostumbro a leer libros editados en bolsillo, como tampoco me suelen llamar la atención mensajes como el que aparece en la cubierta “Una novela sobre el valor de amar que ha arrasado en Francia antes de ser traducida a más de veinte idiomas”. No soy yo muy de “libros que arrasan”. Pero me dejé aconsejar por mi amiga Ana y, la verdad, he de reconocer que me ha gustado mucho.

Lectura breve, historia muy bonita, lenguaje cuidado. A veces, con esos tres ingredientes, es más que suficiente. 

Además, nos cuenta la relación de una mujer con su suegro, o la de un hombre con su nuera, un tipo de relación sobre la que (que yo sepa) no se ha escrito demasiado y por lo que me parece una lectura muy interesante. 

Un diálogo entre esos dos personajes en el que hay pinceladas de distintas aristas de la humanidad, de nuestras miserias, nuestras pulsiones, nuestros miedos, nuestras certezas, nuestros defectos y virtudes… Un diálogo a través del cual asoma el amor, el orgullo, el enfado o el perdón.

Un libro muy recomendable si queréis leer una historia breve, bien contada y que llega justo donde tiene que llegar.

Lo que más me ha gustado: lo bien escrito que está, la precisión del lenguaje.

Lo que menos me ha gustado: haber vuelto a leer en bolsillo después de siglos sin hacerlo (a la historia no le pongo pegas).

“¿Por qué? ¿Por qué se dejó besar por una mujer a la que ya no amaba?”.

Anna Gavalda

Crítica: Argentías

Título: Argentías

Autora: Laura Morgenthaler

Editorial: Valparaíso

Tuve la inmensa suerte de que, un poco por azar, otro poco por conexiones, Laura Morgenthaler contactara conmigo para compartir poesía y, más tarde, para pedirme que le presentara el libro en Madrid.

Moviéndome solo por mi intuición (que no suele fallarme), le dije que sí, y eso que ni siquiera había leído el libro. Eso sí, había algunos detalles que pusieron muy fácil la decisión. En primer lugar, que el libro está publicado por Valparaíso. El segundo, y de mucho peso, el perfil de Laura. Su trayectoria profesional y su nivel de estudios son dignos de admirar y deja bastante claro que sabe mucho de lenguaje y de literatura. Solo me faltaba comprobar si también sabía de poesía y, sobre todo, de escribirla, pero, en cuanto leí unos pocos poemas una vez que me hice con el libro, supe a ciencia cierta que había poeta, que había poesía.

Es un libro precioso donde Laura nos habla de diversos temas convertida en argentía, ese brillo tan especial y característico de las aguas marinas canarias, brillo, luz, que también emana de ella. Amor, erotismo, maternidad, pérdida, tristeza, amistad, feminismo, memoria, esperanza… y una generosidad abrumadora para hablarle directamente a personas concretas o colectivos que necesitan de la poesía, de su poesía, para salir a flote, abandonar las profundidades de los océanos y poder ser, también, argentías.

Con una buena dosis de simbolismo, con metáforas que adquieren la forma adecuada, con un ritmo que se adapta al oleaje de cada poema, “Argentías” confirma que Laura Morgenthaler es una poeta muy a tener en cuenta, por no hablar de que es una de esas personas que (no tengo dudas) mejora la vida de aquellos que tiene cerca.

Como digo, he tenido la suerte y el honor de ser quien ha realizado la primera presentación en España del libro. Fue ayer, día 25 de noviembre, en la Librería Iberoamericana de la calle Huertas, rodeados de un montón de personas (creo que nunca había hecho una presentación con tanta gente), y fue, en pocas palabras un regalo.

Lo fue ya no solo por lo bonito de la poesía de Laura, por haberla conocido en persona, haberla escuchado hablar de la raíz del libro, recitar algunos de sus poemas, poder leer yo también algunos versos, conversar con ella, hacer simbiosis. Lo fue, también, por lo que se generó en ese tiempo y en ese espacio. Por las emociones compartidas también con el público, por lograr que la poesía trascendiera hasta el interior de cada uno de los oyentes y recibir de vuelta comentarios tan maravillosos como aquel de una mujer que nos dijo que nunca había leído poesía, pero que, gracias a lo que acababa de vivir, iba a darle un lugar especial a partir de ese momento.

También hubo muchos comentarios ya en privado (y que guardaré para mí) que me hicieron sentirme aún más feliz. Siempre que creo en algo o en alguien, me lanzo casi en picado. Últimamente me han pedido varias veces que presente los libros de otras personas y es algo que me encanta hacer, pero ante lo que siento la inevitable presión de no saber si lo haré bien, si estaré a la altura de lo que se espera de mí, si el autor o autora a quien presiento queda contento con mi trabajo. Esos comentarios de varias personas que estuvieron allí, sumados a los de la propia Laura, me hicieron sentirme muy satisfecho y, sí, muy, muy, muy feliz.

Y, gracias a momentos y a personas así, creo con mayor firmeza aún que la poesía es más necesaria que nunca (o, quizá, tan necesaria como siempre); que su fuerza es capaz de mover, de conmover; que haré todo lo que pueda por hacer que la gente lea más poesía desde mi pequeño altavoz; que hay pocas cosas en la vida que me aporten más felicidad que vivir la poesía.

Gracias, Laura, de corazón, por haberme elegido a mí para acompañarte. Ha sido una suerte inmensa haberte conocido.

Lo que más me ha gustado: hay varios poemas, como “Luz de las naranjas”, “Hasta África feliz” o “El pescador de Bárbara” que me han hecho polvo, que me han abierto algunas heridas, y eso, ya sabéis, es lo que más me gusta de la poesía. 

Lo que menos me ha gustado: que Laura viva en Alemania, porque, como digo, es luz, y la luz siempre es mejor tenerla cerca.

“Yo tuve un gen de África en los úteros”.

Laura Morgenthaler

Crítica: Tapiz de otoño

Título: Tapiz de otoño

Autora: Teru Miyamoto

Editorial: Hermida Editores

Ya lo he dicho muchas (nunca suficientes) veces, pero voy a volver a decirlo: qué bien me hace la buena literatura asiática.

Este, además, fue uno de esos libros que llegan porque tienen que llegar, sin esperarlo, sin buscarlo, apareciendo sin más. Tapiz de otoño para leer en otoño, la que ya es, sin duda, mi estación favorita del año.

Para mejorar la casualidad, es una lectura distinta a las habituales, principalmente porque es una historia que se cuenta a través de cartas a través de las cuales los dos protagonistas nos cuelan en sus vidas, en sus emociones, en su amor.

Quienes hemos vivido un desamor sabemos lo duro que es, lo mal que se pasa, el vacío que deja. Esta historia es una muestra de cómo cerrar esas heridas es no solo positivo, sino muy necesario (salvando casos extremos, por supuesto), de cómo poder recordar ese amor que (por mucho que a veces se niegue) existió sin odio, sin rencor, sin rabia es algo que trae mucha paz a nuestra vida, que nos permite dormir más tranquilos por las noches. Al menos, a mí me ha servido para eso, además de para no tirar por la borda seis años de mi vida.

Este reencuentro epistolar nos arrastra a esos sentimientos que todos hemos experimentado alguna vez cuando nos hemos expuesto al amor o cuando el desamor ha terminado por arrastrarnos, con la particularidad de esa forma tan especial que los japoneses viven (y cuentan) el amor. Con esa sutileza tan suya. Con ese hermetismo. Con esa delicadeza.

Es, sin duda, un libro perfecto para esta época del año, para manta, música lenta de fondo y una infusión calentita. Un libro precioso, maravillosamente escrito, diferente, muy, muy recomendable.

Y ya no sé cuántos libros de autores japoneses he leído, pero cada vez me gustan más…

Lo que más me ha gustado: esa singularidad de avanzar en la historia a través de cartas. Salir de lo habitual. Me ha encantado.

Lo que menos me ha gustado: ha sido la lectura perfecta en el momento indicado, así que no puedo ponerle pegas.

“Lo que hay que olvidar, es primordial olvidarlo del todo”.

Teru Miyamoto

Crítica: La librera de París

Título: La librera de París

Autora: Kerri Maher

Editorial: Navona

Le regalé este libro a una de mis mejores amigas (lectora voraz) porque tenía toda la pinta de ser un librazo y de que le iba a gustar. No me equivoqué.

En uno de esos momentos de compartir lecturas, ella me pidió poesía y yo le pedí narrativa. Este fue uno de los libros que me dejó, porque pensó que era un librazo y que me iba a gustar. No se equivocó.

Sabéis que me encantan los libros sobre libros, sobre librerías, sobre libreros, sobre bibliotecas, sobre escritores. Y este libro es todo eso. Un libro sobre dos librerías parisinas (una, ni más ni menos que la Shakespeare & Company), sobre sus libreras (dos personajes espectaculares), sobre un montón de libros, sobre autores (Joyce, Hemingway, Pound…) y sus inicios. Pero no es solo eso. Este es también un libro sobre el amor, sobre la amistad, sobre la valentía, sobre París, sobre la homosexualidad, sobre la vida

Un relato histórico de una época única en la capital francesa, un relato que nos hace formar parte de esa propia historia, junto a tantos personajes que se vuelven aún más grandes cuanto más conocemos de ellos. Y, entre tantos escritores de tanto renombre, resplandece con luz propia Sylvia Beach, de quien, sin duda, querré leer mucho más. Un personaje crucial en la historia literaria no solo por haber sido la editora del ‘Ulises’ de Joyce (qué historia tan interesante), sino por cómo fue capaz de que su librería fuera (y siga siendo) un referente a nivel mundial, un faro, un abrazo, un salvavidas.

Leer este libro implica ampliar el deseo por viajar a París, por visitar la Shakespeare & Company, por leer más clásicos, por amar más aún a los libreros, a los autores, a las librerías, a los libros… Implica ser un poco más de todo eso, ser un poco más literatura, ser un poco más historia.

¿No es eso, al fin y al cabo, lo que buscamos cuando leemos?

Una maravilla de libro, no os quepa duda.

Lo que más me ha gustado: de lo literario he disfrutado muchísimo porque está escrito maravillosamente bien, pero creo que me quedo con el conocimiento, con lo aprendido.

Lo que menos me ha gustado: que ahora, como he dicho, me muero por volver a París…

“A veces se ha de acabar un mundo antes de que pueda comenzar uno nuevo.

Kerri Maher

Crítica: En la Tierra somos fugazmente grandiosos

Título: En la Tierra somos fugazmente grandiosos

Autora: Ocean Vuong

Editorial: Anagrama

Llevaba mucho tiempo queriendo leer a Ocean Vuong, mucho tiempo queriendo leer este libro.

No es ningún secreto que me encanta la literatura asiática y que, además de a la japonesa, le tengo un cariño especial a la vietnamita (creo que buena parte de esa “culpa” se la debo a Kim Thúy), así que leer a Vuong era tarea obligada.

Siempre he pensado que un buen poeta tiene mucho más sencillo ser un buen narrador. Al menos, es casi seguro que cuidará el lenguaje, que creará imágenes bellas, que sabrá bien dónde colocar cada palabra. Ocean Vuong refuerza esa teoría.

Con un lenguaje extremadamente bien trabajado y con la sutileza que siempre he envidiado de los buenos escritores asiáticos, el autor narra la historia de su vida, sin ocultar ni una pizca de crudeza, para presentarse al mundo (esta es su primera novela) como lo que es: un superviviente con el cuerpo repleto de heridas.

Su condición de inmigrante, de asiático y de homosexual lo llevaron a tener una infancia y adolescencia donde el dolor marcaba el inicio de cada día, pero ese dolor se va revirtiendo en paz, en fuerza y en perdón para dejar claro esa grandiosidad que aparece en el título, porque alguien que lucha contra la oscuridad se dejará la piel, si es inteligente, por mostrarse siempre luminoso, por no caer o hacer caer a otros en el mismo pozo del que consiguió salir.

Un libro sobre la resiliencia, sobre la búsqueda de la felicidad incluso entre la niebla, sobre el amor propio… Un libro precioso para descubrir a un autor que escribe desde la entraña, con maestría de poeta y memoria de niño convertido en adulto demasiado pronto.

Una delicia de lectura, aunque arranque alguna lágrima. 

Por cierto, ayer me enteré de que Ocean Vuong es uno de los escritores de cabecera de Rosalía, algo que dice mucho y muy bueno sobre sus gustos literarios. Rosalía, si me lees, busca cualquier libro de Kim Thùy, vietnamita, como él. Si te gusta Vuong, ella también te va a encantar.

Lo que más me ha gustado: haber descubierto a un autor que me acompañará ya siempre.

Lo que menos me ha gustado: como siempre que leo este tipo de historias, empatizar con el sufrimiento del autor, que me rompe un poquito el corazón.

* Como no he podido decidir cuál de las dos citas es más bonita, incluyo las dos.

“Ser un monstruo es ser una señal híbrida, un faro: a un tiempo refugio y advertencia”.

“A veces, cuando me descuido, creo que la herida es también el lugar donde la piel se reencuentra a sí misma, donde los bordes se preguntan: “¿Dónde has estado?””.

Ocean Vuong