Sobre La bola negra (después de verla)

Si leísteis mi entrada anterior, en la que hablaba de algunos prejuicios que tenía antes de ver La bola negra, podréis ver en esta nueva entrada, una vez ya vista la película, que se cumplieron prácticamente todos. Ahora que la he visto y que, ya os digo, no he terminado de disfrutar y no me voy a sumar a la ola de comentarios exagerados y oportunistas diciendo que es la mejor película de la historia y esos «no consigo salir de ella», quiero dejar por aquí algunas preguntas que me hago y mi propia opinión, que será la mía, no la que la «viralidad» me dice que tenga y comparta.

En primer lugar diré que, sí, que la película, visualmente, es bonita; que hay poesía; que hay imágenes; que hay simbolismo; que la fotografía, la dirección de actores y demás tecnicismos cumplen. No voy a decir que es una mala película ni me voy a ir al otro extremo, pero, lo siento mucho, es una película más de la Guerra Civil, no mejor que muchas otras. Mucho marketing, muchos contactos, mucho saber qué y a quién usar, mucho arrimarse a los soles más cálidos… Y, sí, cómo no, Lorca.

Aquí, me hago varias preguntas. ¿Hasta dónde es lícito usar a un personaje histórico para inventarse una historia? ¿Hasta dónde es lícito conocer la historia y darle las vueltas oportunas hasta que se ajuste a lo que se quiere contar? ¿Hasta dónde es lícito valerse de una figura con el tirón de Federico García Lorca para asegurarse el éxito y hacer caja?

Comentándolo en pequeños grupos o en redes sociales, veo que hay algunos comentarios del tipo «no es un documental, no necesita ser fiel a la historia» como argumento para justificar la falta casi absoluta de rigor histórico. No es así. Yo no lo veo así, al menos. Si se tiene el arrojo (por hablar de forma pausada) de creerse con la capacidad de terminar una historia inacabada de una figura tan crucial como Lorca (no solo Los Javis, sino también el coguionista, Alberto Conejero, con su también atrevida La piedra oscura), hay que ser riguroso con lo que se cuenta. Si se usa a Lorca, se usa contando su historia como es. Si no va a ser así, se podría haber escrito una obra de teatro o una película sobre la Guerra Civil y el amor entre dos hombres sin tener a Lorca como principal reclamo, pero, claro, habría vendido mucho menos.

Dicho esto, pasemos a hablar un poco más de algunos aspectos que me han «molestado» de esta historia.

No me considero ningún experto en Lorca, pero sí tengo, por mi proximidad con personas que sí lo son, bastante información sobre su vida y sus últimos años, la suficiente para poner en duda mucho de lo que en la película se da por sentado. Comprendo que, para las personas que sean más ajenas a la biografía de Federico, la película cuenta lo que es y como es, que les parezca todo correcto y que crean que lo que ocurre en la película se ajusta a la perfección con la vida del poeta granadino, pero… no es así.

El principal error es que la figura de quien fue el último amor de Federico García Lorca se nombre solo de pasada y como si hubiera sido alguien que pasaba por allí sin pena ni gloria, sin importancia. En ese diálogo inventado entre Lorca (un Lorca, por otra parte, muy caricaturizado) y Rodríguez Rapún (seguramente, su gran amor, pero no el último), lo único que se dice (no sé si son palabras exactas) es:

–¿Y el rubio?

–No sé, estará en el Albacete.

Bueno, ese «rubio de Albacete», Juan Ramírez de Lucas, fue tan importante en la vida de Lorca que:

Lorca le dedicó un soneto precioso (que sí está manuscrito por Lorca en un papel, en un recibo de la Academia Orad y fechado en 1935, no como el papel que guarda el Rodríguez Rapún de la película, que nunca existió).

Fue la razón de algunos sonetos de los Sonetos del amor oscuro de Lorca, porque, si no, con qué motivo Luis Rosales le entregaría una copia de esos sonetos, y para quién, si no él, ese «Amor de mis entrañas, viva muerte/en vano espero tu palabra escrita», quien se separó de su gran amor para pedir, sin éxito, un permiso paterno que le permitiera irse junto a él a México.

La última carta que escribió Lorca (una carta preciosa en la que aconseja a Juan pausa para enfrentarse a su padre y a la vida) está dirigida a él.

A Lorca lo mataron justo en esa espera.

Con todo esto, creo que dejar su presencia en un par de frases que solo restan importancia a su existencia es un error imperdonable. Peor aún es peor saber que es un error a sabiendas, porque, obviamente, tantos Los Javis como Conejero conocían esta historia y, en lugar de ser fieles, decidieron usarla a su manera. Me explico:

La figura de Ramírez de Lucas sí está presente en la película, pero lo está a conveniencia y mezclada con otros personajes. El personaje de Sebastían se asemeja a Juan Ramírez de Lucas en algunos aspectos. Era mucho más joven, artista, enamorado con miedo. Formó parte del bando enemigo, como le ocurrió a Juan más tarde, cuando su padre le obligó a formar parte de la División Azul (aunque, claro, no aparece enamorado de Lorca, sino de Rodriguez Rapún, en un retorcimiento forzado y extraño de la historia). Fue quien guardó una relación casi en secreto durante toda su vida y pidió que todo se publicara cuando muriera.

En cuanto a Rafael Rodriguez Rapún, pues… bueno, qué deciros. Que, sí, fue una figura importantísima en la vida de Lorca, seguramente su amor más importante, pero, como digo, no fue su último amor. No fue el único destinatario de los Sonetos del amor oscuro. No fue a quien Lorca esperaba antes de que lo mataran. Lorca no le escribió en un papel el (precioso) soneto que aparece a lo largo de la película y con cuyo último verso termina, a modo de mensaje final: «Mira que nos acechan todavía». Tampoco fue él quien tenía las pocas páginas escritas de La bola negra. De hecho, ni siquiera muere así, fusilado. ¿Qué sentido tiene contar que lo fusilan si murió por heridas en el campo de batalla? Aquí, una vez más (y esto son suposiciones mías), viene bien inventarse la historia para jugar con ese papel de Sebastián/Juan Ramírez de Lucas, para poner en relieve ese dolor de tener que luchar en el bando que ha asesinado al amor de tu vida. No le veo otro sentido, aunque no lo comparta ni me parezca justo ni le encuentre la lógica.

Hay otras muchas cosas a las que no les encuentro sentido o, por decirlo mejor, cuyo sentido no comprendo. Aquí también haré una lista, creo que se ve mejor.

La escena de Penélope Cruz. Ella es y está maravillosa, pero, ¿qué le aporta a la historia? ¿Qué suma, además de más minutos de rodaje en una película ya de por sí bastante larga? ¿Un alegato más sobre la libertad? Ya había suficientes a lo largo de la película. La impresión que me da es que está ahí para que Penélope le sume al proyecto, para internacionalizarlo, para darle más peso.

Lo mismo me ocurre con Glenn Close, aunque su papel no me parezca tan bien ejecutado como el de Cruz. Lo único que creo que aporta (además de eso mismo, darle más presencia internacional a la película) es ensalzar la figura de Ian Gibson, quien creyó tener la verdad absoluta de Federico García Lorca hasta que se habló de Juan Ramírez de Lucas a quien él, como en la película, siempre citó de pasada. Además, se aprovecha este papel para criticar que no haya grandes biógrafos/historiadores españoles sobre figuras como Lorca, pasando por alto a alguien tan importante como Agustín Penón o como a Manuel Francisco Reina.

Que aparezca Grindr como contraposición a la falta de libertad durante esos años tan oscuros me parece algo frívolo. El propio anciano que aparece al final deja claro que la libertad actual es digna de celebración cuando le dice a Alberto que su abuelo habría estado feliz al ver que vive con su novio, sin miedo ni escondites. Eso, por no hablar de una escena de sexo que está solo por eso, por el sexo. No hacía falta.

Aquí es cuando hago una de mis mayores críticas, y quiero que se me entienda bien. Antes de La bola negra, Los Javis habían hecho La llamada, Paquita Salas, Veneno y La mesías, además de aparecer en programas y concursos de televisión como Operación Triunfo, Mask Singer o el Ru Paul´s Drag Race español. Hasta aquí, mamarrachismo puro. Ojo, que soy muy fan del mamarrachismo y me gusta cómo Los Javis lo llevan a la pantalla. Paquita Salas me parece un aciertazo, me divierte muchísimo, me parece original, fresca, divertida… pero es eso, mamarrachismo. Entre eso y creerse expertos en Lorca… hay un mundo. Y es peligroso. De hecho, en La bola negra puede verse parte de ese mamarrachismo en momentos como las conversaciones entre Alberto y su madre (papel maravilloso y actuación maravillosa de Lola Dueñas), esas escenas de Grindr, el sexo o una fiesta desfasada en casa donde, ni más ni menos, se cita a Mario Vaquerizo. No sé a vosotros, pero a mí, que se nombre a Mario Vaquerizo en una película que gira alrededor de Lorca se me atraganta mucho.

Y esto creo que tiene una explicación (al menos, es la explicación que yo encuentro) y este es mi otro motivo principal para que no me haya gustado la película más que lo justo. La película es muy, muy pretenciosa. Y esto lo digo por varias razones. Ya he dicho que me parece de una pretenciosidad enfermiza creerse con capacidad de terminar una obra inacabada de Lorca o de escribir poesía que se incluye en La piedra oscura y en La bola negra pretendiendo ser Lorca. Pero, además, viendo la película, me parece que no solo se ha intentado ser Lorca, sino que, también, se ha intentado ser Almodóvar, se ha intentado ser Trueba y se ha intentado ser Garci, quizá dando por hecho que se va a convertir en la cuarta película española en ganar un Oscar (y ojalá sea así, pero aún no está ni nominada) y queriendo rendir ese homenaje a los tres directores españoles que lo han ganado ya. El poso de Almodóvar es claro (de hecho, El Deseo forma parte de la producción de la película) y se ve, por ejemplo, en ese papel de Lola Dueñas o en esa relación atormentada entre madre e hijo que es prácticamente una copia del núcleo principal de Todo sobre mi madre, esa madre que ha hecho lo posible por su hijo y un hijo que no conoce a su madre y que quiere saber más sobre su pasado y sobre su propio padre. ¿Coincidencia? No lo creo. En cuanto a Trueba y Garci, comparten momento histórico con Belle Époque y con Volver a empezar, además de ciertos temas como la memoria, la guerra, el exilio, la pérdida… Quizá me equivoque, pero me quedé con esa sensación, con esa necesidad de mostrarse como grandes directores a la altura de esos tres «monstruos» del cine español.

Salí de la sala con la sensación de haber querido meter demasiadas cosas en una batidora y esperar a ver qué mezcla aparecía, con la sensación de «quien mucho abarca, poco aprieta» y, sí, con la sensación de «más vale caer en gracia que ser gracioso» tan de mi madre.

En contraposición, y como he visto que en algún lugar se ha comparado La bola negra con Las horas, de Stephen Daldry (Billy Elliot, El lector, Tan fuerte, tan cerca…), diré brevemente que, mientras Los Javis utilizan a Lorca para inventarse y retorcer la historia y hacer una película sin rigor histórico, Daldry, siguiendo el libro de Michael Cunningham, habla de Virginia Woolf siendo escrupulosamente veraz con su biografía y con su historia y que no escribe en boca de la genial autora británica, sino que cuenta su vida en un momento determinado, mientras escribe un libro determinado al tiempo que se inventa otras historias que, por un motivo u otro, tienen que ver con ese libro (La Señora Dalloway, terminado y maravilloso), creando unas conexiones que en ningún momento pervierten la biografía ni la obra de Woolf.

A modo de conclusión, y enlazando esta con mi entrada anterior, diré que sigo pensando muy exagerados y muy distorsionados los comentarios de que es la mejor película española de la historia o de que va a ganar todos los Oscar posibles antes siquiera de haber sido nominada como mejor película internacional (insisto, ojalá tenga todo el éxito del mundo, pero vamos a intentar lograrlo desde la cautela y la objetividad). Parece que ahora es necesario decir a gritos lo brutal que es La bola negra, que queda mal decir que no te ha gustado o que no te ha dejado por los suelos, emocionado hasta la lágrima interminable. Yo disfruté algunas partes, a mi manera. Me gustó verla para poder opinar con más claridad. Pero, no, no me ha encantado, no me parece «la gran película española», Los Javis no me parecen los grandes directores españoles ni el elenco me parece que esté a la altura de las mejores producciones de la historia del cine, pero ese es otro debate en el que prefiero no entrar.

Un último detalle, quizá menos importante, es el hecho de tener que demostrar que se conoce el universo lorquiano, el simbolismo lorquiano. Sabemos que Lorca nombraba a algunos de los personajes de sus obras de teatro con todo el sentido posible (ahí tenemos a Angustias o a Martirio) y, en esa misma línea, el nombre de Sebastián no parece estar elegido al azar. Todos tenemos la imagen de San Sebastián con el cuerpo atravesado por una multitud de flechas, como representación del calvario al que fue sometido, ese dolor constante, ese sufrimiento al necesitar seguir las propias ideas, aunque no sean las «correctas». Quienes hemos leído a Lorca, lo sabemos. Ahora, si, para justificar ese nombre, es necesario que, en un pueblo minúsculo, de repente aparezca una estatua gigantesca de San Sebastián y que, al huir, el propio Sebastián escale por su cuerpo agarrándose a las flechas… lo que parece es que se ha necesitado justificar ante el público que se conoce bien el simbolismo y, al tener que explicarlo, hay un precipicio tan oscuro como las bolas negras del casino.

Por todas estas razones, mi opinión de La bola negra es que no es ni mucho menos para darle tanto bombo, que es muy pretenciosa, que la mata la falta de rigor histórico y que lo mejor que tiene, además de aspectos técnicos y algunas interpretaciones, es la impresionante campaña de marketing y de promoción que, por el motivo que sea, se ha llevado a cabo.

Para entrar en Lorca, amigos y amigas, hay que hacerlo con cuidado, con respeto y con mucho rigor. Si no es así lo que queda (lo que me queda) es que se ha usado su figura para vender, para ensanchar, para aprovecharse de su luz y su inmensidad.

Y eso, a mi entender, está feo.

Deja una respuesta