Sobre La bola negra (antes de verla)

Desde que supe de la existencia de La bola negra, me he visto en la necesidad de escribir al respecto.

La realidad es que pensé que lo haría una vez que hubiera visto la película (cosa que no tardaré en hacer, aunque verla viviendo en los Estados Unidos es algo más complicado que si estuviera en España), pero me apetece dejar por escrito lo que pienso ahora mismo y, una vez que la haya visto, volver a escribir sobre ella desde otra perspectiva.

Puede que me equivoque en cada uno de los puntos que voy a desarrollar, pero me gusta la idea de ponerme frente al espejo y ver si tenía razón o si erraba de principio a fin (no tendré ningún problema en reconocer lo segundo si así ocurre). También puede ocurrir que, por hablar desde el desconocimiento, dé por hecho algunas cosas que no sean así, pero tampoco dudaré en autocorregirme si es necesario.

Lo primero que he de decir es que siempre me ha parecido bastante oportunista acercarse a la figura de Lorca, más aún cuando se cumplen años de su asesinato y cuando se conmemora el centenario de la Generación del 27. Hay muchas personas que han dedicado buena parte de su vida a leer y estudiar a Lorca, pero ver que, justo ahora, su figura se emplea para atraer el foco me chirría un poco. Quiero explicarme bien. Todo lo que sea reivindicar su figura, mantener su obra y su figura con vida, mantenerlo como parte de la lucha contra el odio y la homofobia me parece perfecto, pero… hay ocasiones en las que veo que el oportunismo es casi mayor. A esto se suma que me cuesta pensar que alguien se vea con el arrojo de terminar una obra inacabada de nadie, casi menos aún si es la de un genio como el autor granadino. Si yo tuviera esa oportunidad o ese deseo, pensaría «¿Quién soy yo para creerme capaz de escribir como si fuera Lorca?» y, directamente, abandonaría la idea.

Continúo esta «crítica» desde lo que creo que cuenta la película (insisto en que ni la he visto ni he querido leer demasiado al respecto porque quiero verla con la mirada lo más transparente posible). Si lo poco que he leído lo he entendido bien, se habla de Rodríguez Rapún como el último amor de Federico García Lorca, y está más que demostrado que eso no es así. Puede que fuera su gran amor, pero, con lo descubierto por Manuel Francisco Reina al documentarse para escribir su novela Los amores oscuros, con esos sonetos dedicados a un «rubio de Albacete» (o, lo que es lo mismo, a Juan Ramírez de Lucas), con las fechas en que se escribieron esos sonetos y con los testimonios de una persona tan próxima a Lorca como Margarita Ucelay (hija de Pura Maortúa Lombera, una de las fundadoras del Lyceum Club Femenino), que confirmó la fecha en la que se conocieron Juan y Federico, queda más que claro que aquel «amor de mis entrañas, viva muerte» y de quien «en vano espero tu palabra escrita» no era Rodríguez Rapún, sino Ramírez de Lucas, a quien Lorca esperó para irse juntos a México, ya que Juan, por entonces, era menor de edad y necesitaba un permiso paterno para abandonar el país que nunca llegó. Dicho esto (y si no me equivoco en lo creo plantea la película, en la que no sé si se llega a mencionar al verdadero último amor de Lorca), parece que se han seguido las tesis «oficialistas» que siguen empeñadas en negar la evidencia y las pruebas y siguen afirmando que el último amor de Lorca fue Rodríguez Rapún. Gracias a mi amistad con Manuel Francisco (además de por mi propio interés por uno de los mejores poetas que han existido), sé mucho sobre Lorca, así que me temo que veré la película con un ojo muy, muy crítico.

Aquí van algunas opiniones más personales o subjetivas (contra las que estoy luchando, no lo niego) y que no tienen que ver tanto con la película, sino con lo que la rodea.

Empiezo por Los Javis. Aunque estoy casi seguro de que me caerían genial y de que, en el caso de conocernos, seríamos buenos amigos, en lo profesional me cargan un poco (bastante). Quizá no tenga que ver tanto con ellos, sino con esa facilidad que tenemos en España de encumbrar tan rápidamente a alguien de la noche a la mañana. Mi madre decía mucho eso de «Más vale caer en gracia que ser gracioso», y creo que es un dicho que se puede aplicar muy bien en nuestra forma de endiosar a determinadas personas, a veces muy pronto, a veces muy falsamente. Ha pasado con cantantes que, tras un éxito, están ya en todas partes, en todos los programas de televisión, en las revistas, en especiales… Con presentadores que pasan de ser unos completos desconocidos a estar en tres o cuatro programas a la vez… Con actores que han protagonizado alguna serie de éxito y parecen convertirse en los únicos actores del panorama nacional… Con escritores que (después de un trabajo de marketing brutal) lo rompen con una novela y ya se dice que serán los próximos Premios Nobel españoles y demás barbaridades… Y, creo, ha pasado con Los Javis. Quizá yo esté algo anticuado (no niego que, para algunas cosas, lo estoy), pero creo que cada artista debería ocupar su espacio y no invadir el resto, porque corre el riesgo de eso, de que acaban cargando al espectador, de que terminen por saturarnos. Con directores de cine tan inmensos en nuestro país como Almodóvar, Buñuel, Garci, Trueba, Bollaín, Coixet (por citar unos pocos), ahora parece que los mejores directores del universo son Los Javis y, a mí, eso me vuelve a chirriar bastante y me crea una animadversión de la que me cuesta mucho desprenderme.

Por último, algo que, sí, me enfada y me cansa mucho: lo de vender la piel del oso antes de cazarlo. Ni siquiera sabemos aún si La bola negra será seleccionada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos para competir por el Oscar (de momento, solo sabemos que es la candidata que ha seleccionado España) y ya he leído en infinidad de sitios que va a ganar no solo el galardón a mejor película internacional, sino que, directamente, va a ganar el Oscar a mejor película (algo que, si no me equivoco, solo ha ocurrido una vez en la historia, con la surcoreana «Parásitos») y que, además, se va a llevar los Oscar a mejor director, a mejor banda sonora, a mejor canción, a mejor actriz secundaria, a mejor actor y poco más que va a superar las once estatuillas que lograron Ben-Hur, Titanic y la tercera parte de El señor de los anillos. No me entendáis mal. Ojalá (y lo digo con toda la sinceridad del mundo) gane todos los premios que pueda. Lo que sea bueno para mi país, lo celebraré como el que más, incluso con más fuerza si se potencian la poesía y la figura de Lorca, pero… ¿podríamos esperar a ver qué ocurre antes de hacer premoniciones?

Para terminar, espero y deseo que, a pesar de mis reticencias, la película me guste (tengo muchas ganas de verla), pero, como os he dicho, tenía ganas de dejar por escrito estas sensaciones que tengo.

Volveré cuando llegue el momento…

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