Crítica: El curioso incidente del perro a medianoche

Título: El curioso incidente del perro a medianoche

Autora: Mark Haddon

Editorial: Salamandra

Clásico de la literatura contemporánea, un must-be-read en toda regla, este libro lleva en mis estanterías desde hace ya unos cuantos años (me lo regaló una familia de mi anterior cole), aunque ha sido ahora cuando, por fin, me ha dado por leerlo.

Sabéis que me fío bastante poco (por no decir nada) de los best-sellers, pero este libro es uno de esos pocos que cambia de nombre para ser un long-seller, uno de esos títulos que se siguen vendiendo a lo largo de los años y no solo por el boom de marketing del momento o la fama del autor o autora. Cuando un libro se queda durante tanto tiempo (se publicó en 2003) y se convierte tan rápido en un clásico, la cosa cambia. Y, ahí, sí se me puede encontrar.

Sabía que me iba a gustar, pero, por alguna razón (¿quizá porque me cuesta leer en bolsillo?), no me había lanzado aún, pero, por fin, lo he leído. Y, no. No me equivocaba. Me ha gustado mucho.

Lo mejor del libro, sin duda (en mi opinión), es el protagonistaChristopher Boone es un personaje único, excepcional, maravillosamente bien construido, que no puede dejar a nadie indiferente.

Creo que es muy complicado situar a personajes con algún tipo de característica que lo incluya en alguna minoría, cualquiera que sea el motivo. Hacerlo es sinónimo de valentía, de saber que no se seguirá lo que impera en literatura, personajes que se puedan ajustar más a la realidad de un grupo mayor de lectores. Pues Christopher es un niño con lo que hoy denominaríamos TEA (trastorno del espectro autista), con todas sus peculiaridades, su forma de comprender el mundo, su manera de comunicarse, el modo en que dan forma a sus relaciones sociales. Un niño único, especial, que hace de la historia, de su historia, una historia única y especial.

El argumento en sí, la verdad, es lo de menos. Asesinan a un perro y Christopher lo investiga. Fin. No es lo más importante del libro (siempre desde mi opinión, obviamente). Lo que importa es Christopher, los diálogos, sus reflexiones, sus relaciones, su manera de pensar, de deducir, de actuar y de interactuar. Todo lo que ocurre a su alrededor es fascinante y, no hay duda, enseña muchísimo a comprender mejor a las personas que viven con este tipo de trastornos.

Una novela original como pocas, divertida, tierna, muy interesante y perfecta para pasar un rato de lectura muy, muy, muy entretenido.

Lo que más me ha gustado: como habréis intuido, Christopher Boone.

Lo que menos me ha gustado: pensar en la falta de comprensión y de empatía de algunas personas.

“[…] y fui valiente y escribí un libro y eso significa que puedo hacer cualquier cosa”.

Mark Haddon

Crítica: El Señor de las moscas

Título: El Señor de las moscas

Autor: William Golding

Editorial: Colección Millenium (El Mundo)

De vez en cuando, es necesario volver a los clásicos. Entre tanta novedad, tanto best-seller (en los que confío bastante poco) y tanta recomendación, siempre es bueno recuperar uno de esos libros universales. Volver a la raíz para comprender las ramas. Eso es lo que hice con este libro.

Me movió, también, que una muy buena amiga muy lectora me había dicho que era su libro favorito, así que, al verlo en casa de mi padre, y aunque la edición es terrorífica (es lo que tiene este tipo de colecciones), me lo traje a casa y ha sido mi última lectura.

Lo primero que he de decir (y que repetiré en “lo que menos me ha gustado”) es que me arrepiento muchísimo de no haberme leído este libro en mi adolescencia, cuando leí y disfruté una barbaridad de otros libros similares como “La isla del tesoro”. Ese habría sido el momento perfecto para leer a Golding.

Lo segundo, que no me ha encantado. No sé si ha sido por eso del momento en que lo he leído, porque es bastante previsible y de una crudeza algo sádica o porque esperaba mucho más, pero es una lectura que, aunque me ha gustado, me ha dejado más bien indiferente.

Quizás esperaba algo más de movimiento, algo más de aventura y menos diálogo (muy repetitivo, en mi opinión), pero me ha costado avanzar en la lectura y lo he terminado un poco por esa obligación, contraria a los principios de Rodari, que nos empuja a terminar un libro que hemos empezado.

Dicho esto, sí hay algunos puntos que destacar, como pueden ser algunos de los personajes (Piggy, Jack y Ralph están muy bien construidos), lo atractivo de la localización o el hecho de que sean niños quienes pongan voz a miserias humanas como el odio, la envidia, la maldad o la crueldad. Y, también (y, para mí, por encima de todo), destaca un lenguaje muy bien cuidado, poético en algunas ocasiones, que ha sido luz en momentos en los que leer era algo oscuro. Por ejemplo, hay frases tan bonitas como estas:

“Se sentía feliz y vestía la húmeda oscuridad del bosque como si fueran sus antiguas prendas”.

“Allá arriba, los cañones de las nubes volvieron a disparar”.

Por lo demás, ha sido una lectura que pasará más bien sin pena ni gloria en mi caso, aunque, insisto, creo que la habría disfrutado mucho más si la hubiera leído con unos trece años.

Lo que más me ha gustado: ese lenguaje tan metafórico, tan poético. La poesía (casi) siempre lo mejora todo.

Lo que menos me ha gustado: quedarme sin saber si me hubiera gustado tanto como “La isla del tesoro” si lo hubiera leído en mi adolescencia. 

“No había más luz que el fulgor de las estrellas”.

William Golding